Un Rudeus diferente - Capítulo 268
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Capítulo 268: Pasado y presente.
—¿Que en serio? —dije aún asombrado ante la noticia.
—Así es, el doctor ya lo ha confirmado —me dijo Aisha con una sonrisa.
—Pues felicitaciones, hermana —dije abrazándola.
—Muchas gracias, ya tengo casi 24 años, ya era hora —dijo Aisha.
—¿Y se van a casar? —pregunté.
—Bueno, sí, pero no quiero una gran celebración ni boda Milis. Lo haremos a la antigua, una recepción normal. Además, compraremos una casa, así que me mudaré pronto.
—Ya veo. Será triste no verte aquí, hermana.
—Jaja, no pongas esa cara, Rudy. No es como que me vaya a vivir al otro lado del mundo como Norn, estaré cerca y vendremos a visitarlos. De hecho, compraremos una casita cerca de la de papá, ¿qué te parece?
—Me parece genial, Aisha, y estoy feliz por ambos —dije dándole la mano a Alek y hablándole al oído —. Más te vale cuidar a mi hermana y no hacerla sufrir.
—Claro que la cuidare. Además, entrenaré a nuestro hijo, será el futuro Kalman IV.
—¿Y si es una niña?
—Bueno, será entrenada igual, será una Ryback.
—Bueno, felicitaciones, hermana. O tal vez deba decir Aisha Ryback —dije con una sonrisa. Esa noche, mis esposas prepararon una cena, y celebramos en familia la buena noticia.
Poco tiempo después, apenas compraron la casa, Alek y Aisha se mudaron juntos y se casaron. Fue una recepción íntima, solo para familia y amigos, incluidos Alexander, el padre de Alek, y Ariel, que les compro la cuna y rola pata el bebé.
Nueve meses después, Aisha dio a luz a una niña. Tenía el cabello pelirrojo con el tono de Aisha y ojos rojizos como Alek; era una niña hermosa a la cual llamaron Layla.
Durante este periodo, entre el embarazo y el parto , Alek maduró mucho. Orsted me contó que en sus bucles, Alek nunca había sido padre, pero ya para estas alturas estaba aún más maduro que en los ciclos anteriores, cuando estallaba la Segunda Guerra de Laplace.
Rinia también había sido madre hace poco. Solo faltaban Zanoba y Pursena para que todos quienes estudiamos juntos fuéramos padres, aunque Pursena probablemente lo sería cuando regrese al Gran Bosque dentro de unos años.
Zanoba, por otro lado, no muestra interés en Julie o Ginger. De hecho, si no fuera porque sus autómatas son mujeres, pensaría seriamente que a Zanoba le gusta que lo rasquen por dentro.
Uno de esos meses, poco después del nacimiento de Layla, llegué de una misión con Eris donde debimos ir a un pueblo del continente celestial totalmente exhaustos y yo me quedé dormido.
De pronto, me vi en el Mundo Vacío. Y ahí, sentado en un rincón, sin esa luminosidad y burla que lo caracterizaba, estaba Hitogami en una posición fetal como si estuviera llorando.
—¿Esto es un sueño? ¿O estoy muerto? —dije asustado—. No debería estar viéndolo. Orsted no está en Sharia ya que fue al Continente Begaritt, pero tengo mi brazalete.
—¿Viniste a burlarte de mí, maldito? Me dijo con volteando a mirarme.
—No, se supone que no puedes verme, le dije.
—¿Qué quieres?
—Nada. Veo que ya no sonríes como antes… Penegami.
—¡Cállate! Aún no estoy derrotado. Y te veré muerto, ese será mi mejor momento, y luego a Orsted y a tu familia.
—Lo dudo, tu semblante dice otra cosa cara de bukake.
—Déjame en paz y muérete imbecil, me dijo con ira.
—Sabes no te entiendo ¿Por qué hiciste todo esto?
—Ya te lo dije, Mi futuro se veía negro.
—Eres un imbecil, debiste dejarme vivir tranquilo y en paz , nunca debiste visitarme.
—Jajajajaja. Aunque hubiese hecho eso, tu destino con Roxy era inevitable. El nacimiento de tu maldita hija se habría concretado de todos modos.
—Los malvados nunca ganan, eso ya lo deberías saber, el karma es una perra caprichosa.
—¡Cállate! Yo no soy el mal, ese es Orsted.
—Lo dudo, Orsted es un buen tipo, es mi compadre de hecho . El único psicópata fuiste tú. Lo único que lamento es que no te veré morir chupalogami.
—Si muero, este mundo se va a acabar, ¿es que acaso no entiendes imbecil?
—Lo dudo. Tú no eres el Hombre-Dios, y Orsted es nieto del verdadero, él perfectamente puede asumir ese papel, mientras te revienta el cráneo como a una garrapata .
—¿Tú qué sabes humano? Tu existencia es solo un soplo en el tiempo comparado con un dios
—Vengo de otro mundo, ¿lo olvidas? Se muchas cosas que tu jamás sabrás.
—Sí, ese maldito mundo, solo gracias a que recuerdas tu otra vida pudiste derrotar a Geese y Badigadi . Lástima que no puedo ejercer poder en ese maldito mundo del que vienes , si no, también lo habría eliminado.
—No hace falta un cerdo como tú en 3se mundo. Así como iba esa tierra alterna al momento de morir, se están eliminando solos. Ahora quién sabe qué estará pasando allí y que lunáticos gobiernan el mundo.
—Ya lárgate, Rúdeus Greyrat, no se que haces aquí, yo no quería verte.
—¿Sabes por qué vas a morir tragachelegami?
—¡Cállate!
—Vas a morie Por ser un maldito infeliz y psicópata. La maldad nunca gana, la injusticia en algún momento cae, así como tú vas a caer. Y espero que al morir no reencarnes, tú solo eres maldad, espero que exista un infierno donde te usen de perra .
—¡Te odio, Rudeus Greyrat! .
—¡Y yo te odio más! —dije escupiéndole en los pies.
—Espero que cuando mueras desaparezca todo vestigio de tu alma, maldito humano.
—No lo creo. Seguramente olvidaré quien fui, pero volveré a nacer por ahí, le dije con una sonrisa.
—Espero que en esa vida, se te quite toda felicidad que alcanzaste aquí, maldito.
—Si ese es el precio que tengo que pagar por salvar a mi familia, mis amigos y eliminarte, que así sea —dije con una sonrisa.
—¡Odio esa cara de burla que tienes!, me recuerdas a Idazlaid. Ese maldito elfo era igual, pero aún así murió a manos de Necros Lacross. Tienes su misma sonrisa y mirada, por eso te odio, y te odié desde el comienzo.
—Pues vas a tener que vivir con ello. Sabes… por cierto, ¿qué pasó con el abuelo de Orsted? El verdadero o el Hombre-Dios.
—Eso nunca lo sabrás, nunca lo diré ni aunque me maten.
—Bueno, no te preocupes, solo faltan unos 60 años para ese día. El día en que Orsted te meterá un palo por el culo y te usará de bandera mientras da la vuelta olímpica alrededor del planeta.
—¡Odio tus malditas referencias que solo tú entiendes, hijo de puta!, me dijo con ira.
—Sí, como sea, nos vemos, le dije.
—Espera, Rúdeus, me dijo con una voz casi suplicante y un rostro lleno de desesperación.
—¿Y ahora qué?
—Traiciona a Orsted. Te daré el control del mundo. Si lo matas, no habrá necesidad de dañar a tu familia. Te haré inmortal a ti y a tu familia y serás feliz eternamente.
—Suena tentador, le dije.
—¿Qué dices? —me dijo Hitogami dándome una sonrisa.
—Esta es mi respuesta —dije llevándome ambas manos a los genitales y haciéndole un gesto obsceno que ese futbolista inmortalizó hace tantos años en mi mundo anterior.
—¡Morirás, Rúdeus Greyrat! Tú y toda tu familia y tu estirpe, y Orsted también —dijo amenazándome mientras me Yo me desvanecía, mostrándole el dedo medio.
Cuando desperté, pensé que era un sueño, hasta que vi mi brazo: el brazalete no estaba. Me levanté asustado buscándolo por todos lados, hasta que descubrí que lo tenía Lara, la cual lo había pintado de rosa.
Cuando la descubrí, me dedicó una sonrisa idiota y tuve que tener con ella una seria conversación, no soy de castigar a las niñas físicamente, pero esta vez, con el dolor de mi alma , la delate con Eris .
3 meses después……..
Cuando Lucy cumplió 14 años, se graduó de la Universidad de Ranoa y empezó a acompañarme en misiones, pero un día decidió que prefería trabajar para Orsted en su oficina.
Sabía que algo extraño pasaba: al año siguiente cumpliría 15 años y sería considerada adulta. Y mis peores miedos empezaron a hacerse realidad el día que llegué de una misión y encontré a Elinalise, Cliff, Clive, Silphy y Lucy esperándome en la sala.
—Hola. ¿Qué pasó? ¿Por qué esas caras de preocupación? ¿Hubo algún ataque? —dije seriamente.
—No, nada de eso, amor. ¿Por qué no te sientas a mi lado? —dijo Silphy.
—Sí, claro. Hola, Cliff, Elinalise, Clive. ¿Qué sucede?
—Nada grave. Escúchame, Rúdeus: dentro de tres años podré llevarme a Elinalise y a Clive a Milis. Ahora que soy obispo en pleno ejercicio, pronto me autorizarán a hacer público que estoy casado con ella, —me dijo Cliff.
—Eso suena genial, pero faltan tres años… ¿Viniste solo para contarme eso Cliff?
—En realidad no. Vine para ver cómo están todos—me dijo Cliff quien miraba nervioso a Clive .
—Pues estamos bien.
—¡Habla claro de una vez Cliff ! —le dijo Elinalise con firmeza.
—¿Hablar de qué? —pregunté, y en ese instante vi que Lucy tomaba de la mano a Clive. Mi rostro debió desfigurarse de muy mala manera, porque Silphy me apretó la mano con fuerza, Elinalise abrazó a su hijo de forma protectora y Cliff se veía visiblemente preocupado.
—¡¿Qué demonios está pasando aquí?! ¡Hablen de una vez! —exclamé.
—Tío Rudy… Maestro… Señor… Yo… yo… yo…
—No, no, no, no, no, no ni te atrevas a decirlo Niño …
—Rudy, por favor, cálmate —me pidió Silphy mirándome con esa mirada tierna que siempre me calma.
—Lo que pasa, tío, es que estoy enamorado de Lucy y quería pedir su mano —se atrevió a decirme Clive, de manera rápida, ya que dijo la frase si pausas, y se veía pálido.
—¿Y qué te parece si te corto la mano, pequeño degenerado? —le respondí, pero Silphy me apretó la mano con tanta fuerza que me hizo callar.
—¡Ya basta! Deja de hacer un espectáculo, Rudy.
—¿Un espectáculo? ¿Un espectáculo? ¿Un maldito espectáculo? ¿No ves que Lucy sigue siendo una niña?
—Ya tiene casi 15 años.
—Rúdeus —intervino Cliff con voz nerviosa—sé que como padre puedes estar molesto y…
—¡Oh, cállate ya, santurrón de cuarta categoría! No me vengas con tus malditos sermones. Hace años te dije que no eres mi sacerdote, y nunca lo serás aunque quisiera tener uno.
—¡Rúdeus, por favor, escúchanos¡…
—¡Clive es el tío de tu madre, Lucy! ¡Por Dios Santo! —Le dije — creí que por eso se la llevaban juntos.
—¿Y eso que? mamá roja es tu prima, papá —me dijo Lucy con una altuvez qué no se como demonios heredó de Eris.
—Somos primos cuartos… solo primos cuartos, no es lo mismo nuestros antepasados no son tan cercanos Lucy.
—Tío Rúdeus, quisiera pedir formalmente la mano de Lucy para cuando yo cumpla los 15 años —insistió Clive qué saco fuerzas y me lo dijo con una voz forzada.
—Siempre pensé que terminarías con Lara —comenté.
—¡Puaj! ¡Qué asco! No me gusta ese enano —gritó Lara, que estaba escondida detrás de una puerta.
—¿Tú qué demonios haces aquí? —le preguntó Silphy, furiosa—. ¡Esto no te incumbe, hija!
—Lo siento, mamá… es que pasaba por aquí y escuché todo…
—Lárgate, Lara. No es buen momento —le dije, también muy molesto.
Lara me miró, y por primera vez en su vida vi miedo en sus ojos al verme, el mismo miedo que muestra cuando ve a Eris realmente furiosa. Ella Se dio la vuelta y se fue sin decir una palabra más.
—Tío, por favor… yo quiero mucho a Lucy —suplicó Clive.
Yo no dije nada; solo me tomé la cabeza con ambas manos, sin saber que decir, di un suspiro y miré a Lucy.
—¿Qué pasó con la esgrima? ¿No querías trabajar para Orsted y llegar a ser una santa en esgrima y magia, hija, dijiste que querías ser mi sucesora, que paso con tu sueño?
—Aún quedan más de dos años, papá. Todavía puedo lograr ser una santa en esgrima.
—Ya cálmate, idiota —interrumpió Elinalise—. Esto es algo natural. Los chicos se aman y…
—¡Cierra la boca, Elinalise! —le ordené, mirándola con mucha hostilidad y poniéndome de piey apuntando la con el dedo .
—Sabía que esto pasaría y que Lucy dejaría de ser una niña pronto. Pero Clive es su pariente cercano, y ese es mi problema —expliqué—. ¿No saben que cuanto más estrecho es el vínculo familiar, mayor es el riesgo de que sus descendientes tengan problemas genéticos que ni siquiera la magia pueda curar?
—¡Lo mismo se decía de ti y de Eris! —replicó Cliff.
—Nosotros somos primos en tercer o cuarto grado. Tenemos un bisabuelo en común, y eso no supone ningún riesgo grave. Pero si ellos dos tienen hijos, corren el peligro de que nazcan con enfermedades cardíacas o malformaciones.
—No seas tan exagerado —me dijo Silphy—. Solo dices eso porque sigues viendo a Lucy como una niña, ella pronto será adulta. Además, Clive alcanzará la mayoría de edad dentro de dos años. Solo ha venido a pedir tu permiso formalmente.
—Ya veo —respondí con sarcasmo.
—Tú sabías que esto era inevitable, Rudy. Y pasará lo mismo con Lara, con Lily, con Sariel, con Chris y con Amanda.
—Veo que ya tomaste una decisión por tu cuenta, Silphy, y veo que ya tenían esta charada lista a mis espaldas—le dije, molesto a mi esposa.
—No le guardes rencor a mi hijo, Rúdeus —dijo Cliff, visiblemente tenso.
—No le guardo rencor. Solo me siento estafado. ¿Por qué demonios tuvieron que reunirse todos aquí? , es como si fuera una trampa de la cual no tengo salida, si me niego de todos mofos se casara y Lucy me odiara, ¿que alternativa tengo?
—Porque sabía que reaccionarías así, papá —me respondió Lucy con la misma altivez de Eris.
—¿Y qué dicen tus otras madres sobre esto?
—Están de acuerdo. Solo dijeron que, como mamá Blanca fue quien me trajo al mundo, debía ser ella quien hablara contigo primero.
—Si , claro, Silphy— dije mirándola… —Creí Lucy que tenias la sufiente confianza para hablar conmigo, pero veo que no la tienes, simwmore te dije que estaría ahí para todo y que confiaras en mi, pero veo que no lo haces,— le dije …
—Yo le prometo —intervino Clive con voz firme— que cuidaré de Lucy con todo mi amor, incluso con mi propia vida si es necesario, tío Rudy. Se lo juro. Me convertiré en Santo del Norte y en Mago Santo solo para protegerla.
Yo seguía con la cara entre las manos, sin saber qué decir.
—¿No vas a decir nada, amigo? —me preguntó Cliff, poniéndome una mano en el hombro. Lo miré entre mis dedos.
—¿Es esto lo que realmente quieres, hija? ¿Casarte e irte a vivir a Milis? —le pregunté directamente.
—Sí, papá. Yo amo a Clive.
—Pues bien… entonces no me opondré. Siempre te he dicho que tienes derecho a hacer lo que quieras con tu vida, y si esto es lo que has elegido, no voy a ponerme en tu camino.
—¡Gracias, papá! —dijo ella, y me abrazó con fuerza, sin embargo yo no la abrace.
—Bien, vámonos a comer algo,prepararé algo rico, vamos a la cocina —dijo Silphy con una gran sonrisa, tratando de aliviar el ambiente.
—Ustedes vayan. Yo tengo que hacer unas cosas, dije.
—¿Qué te pasa, Rudy? —me preguntó Silphy, preocupada al verme qué me quede atrás .
—Nada grave. Solo tengo que ir a dar… eh… un informe a Orsted, pero ve a cocinar, después de todo últimamente mi opinión te vale un carajo Silphy —respondí, y salí de la casa sin esperar respuesta.
—¡Rudy espera! dijo Silphy , pero solo sentí la puerta cerraste tras de mi.
En el camino me encontré con Eris y Roxy, que volvían de la Universidad.
—¿A dónde vas tan deprisa, Rudy? —me preguntó Roxy.
—Nada, solo, tengo asuntos que resolver.
—Te acompaño —dijo Eris, poniéndose a mi lado.
—¿Ustedes ya lo sabían, verdad?, les dije.
—¿saber qué?
—¡Que nuestra hija está enamorada de Clive y que me estaban esperando para pedir su mano!
—Bueno… sí, era bastante obvio. ¿Ya hablaste con ellos?
—Sí, Roxy. Ahora están todos en casa celebrando.
—¿Y por qué no estás ahí con ellos?
—Tengo cosas que hacer, ya les dije.
—Entonces te acompaño —insistió Eris.
—¡Déjame en paz, Eris! —le grité de malas maneras. Fue algo inusual, porque casi nunca le hablaba así, y ella se quedó paralizada, sin saber qué hacer.
—Ustedes debieron habérmelo dicho antes, me sentí como un maldito idiota sin otra opción —les reproché.
—¿Estás enfadado? Es que Silphy dijo que ella se encargaría de decírtelo —me dijo Roxy.
—Puede que no la hayan traído al mundo, pero ustedes también son sus madres. Debieron habérmelo advertido. Ahora déjenme solo. Y si Silphy pregunta, díganle que fui a ver a Orsted.
—Está bien —respondió Eris, y por primera vez en mucho tiempo me habló con voz sumisa. Debía tener una cara terrible para que ella actuara así.
Caminé hasta llegar a una vivienda cerca de la casa de mi padre y golpeé la puerta.
—¿Qué haces por aquí? —me preguntó un hombre al abrir, con su hija en brazos.
—Quiero hablar con tu mujer —le dije sin rodeos.
—Pasa, por favor —respondió él. Entramos, nos sentamos en la sala y me sirvió una taza de té, mientras hablaba con su esposa.
—Así que Lucy se va a ir dentro de dos años…¿Pensé que quería ser espadachína? Siempre decía lo mismo —me dijo Aisha qué se sentó a mi lado.
—Sí, bueno… parece que ya no quiere eso, hermana.
—¿Y cuál es el problema, Rúdeus? —me preguntó Alek, que entre tanto hacía muecas a la pequeña Layla para hacerla reír.
—Siento que me tendieron una trampa, le dije.
—¿A qué te refieres?
—Trajeron a Cliff y a Elinalise para presionarme, y Silphy ya tenía todo decidido de antemano; solo me informaron como si yo no tuviera voz ni voto.
—¿Pero te pidieron permiso o no?
—Sí, claro que lo hicieron… ¿Pero qué iba a decirles si ya todo estaba arreglado a mis espaldas?¿ No? Lucy me habría odiado.
—Bueno, Lucy ya es casi una adulta. Era obvio que esto pasaría algún día , cuñado.
—Lo sé, Alek, lo sé… pero no esperaba que ocurriera tan pronto.
—Tú te casaste con Silphy cuando tenías 16 años, Rudy —me recordó Aisha.
—Tenía 17 —la corregí—. Y fue diferente. Silphy había perdido a sus padres, y ya sabes cuales eran las circunstancias en que vivíamos entonces… Fue todo muy distinto. A causa del accidente con el maná nos vimos obligados a madurar rápido. En cambio, Lucy siempre ha estado protegida en casa; nunca pasó por las dificultades que tuvimos que pasar todos nosotros Aisha.
—Era algo inevitable, hermano. Aunque tienes razón en una cosa: debieron habértelo dicho mucho antes. ¿Tú no sospechabas nada?
—Bueno… los veía juntos, pero pensaba que solo pasaba el tiempo porque Clive era el tío abuelo de Lucy y se llevaban bien por la familia.
—Además, me enteré de que Silphy decidió decírmelo ella sola, y las demás estuvieron de acuerdo —continué—. No sé… me siento fatal, ¡maldita sea! .
—Siempre fuiste muy dramático, Rúdeus —dijo Aisha sonriendo—.
—Es cierto ¿Acaso no saliste corriendo persiguiéndome cuando te enteraste de que salía con Aisha ?—me dijo Alek.
—¡Sí, porque tú intentaste matarme solo unos meses antes, idiota! ¡Era lógico que desconfiara de ti! —le respondí, y ambos soltamos una risa amarga recordando eso.
—Tienes razón, tienes razón —dijo Alek, y me pasó a Layla para que la sostuviera un rato.
—Lo que más me molesta es la forma en que me lo dijeron —seguí explicando—. Hubiera preferido que solo fuera Lucy quien viniera a contármelo. Siempre le he dicho que puede confiar en mí para lo que sea, pero no lo hizo… en su lugar llamó a Cliff, a Elinalise y a Silphy para que la respaldaran.
—Ya entiendo —asintió Aisha, sentándose a mi lado—. Pero recuerda una cosa: los hijos no son nuestros para siempre, Rudy. ¿Te acuerdas de que se lo dijiste a papá cuando Norn se casó con Ruijerd?
—Sí, lo recuerdo perfectamente.
—Intenta aceptarlo y mejora esa cara, porque si llegas así a casa, Lucy pensará que odias a Clive y se sentirá muy triste.
—¿Y qué se supone que haga? ¿Cómo arreglo esto?
—Pues dile la verdad. Dile exactamente lo que me acabas de contar a mí: que te dolió que no confiara lo suficiente en ti para decírtelo ella misma,—me dijo Aisha.
—Sí… puede que tengas razón. Después de todo, siempre fuiste la más lista de todos nosotros, Aisha.
—Además, todavía faltan dos años para que se vaya. Ya verás: a medida que pase el tiempo, el dolor irá desapareciendo.
—Eso espero … Sabes, Creo que me iré unos días a ver a Ariel.
—Ir a ver a Amanda y a Sariel no va a quitarte lo que sientes ahora, Rudy. Y piénsalo bien: llegado el momento, ellas también te harán pasar por esto.
—Lo sé… Pero no te preocupes. Ya hablaré con Silphy y con Lucy, y les diré cómo me siento.
—Eso es lo mejor que puedes hacer —me dijo Aisha.
Le di un beso en la mejilla a Layla y se la devolví a su madre antes de despedirme.
Esa noche estaba en la residencia de Ariel, jugando con Sariel mientras tenía a Amanda dormida en brazos.
—Papá… ¿estás bien? —me preguntó Sariel de pronto.
—Sí, cariño, ¿por qué lo preguntas?
—Estás muy callado… y tienes los ojos húmedos.
—Todo está bien, mi amor —le respondí, y le acaricié el cabello con suavidad. Al otro lado de la habitación, Ariel nos miraba en silencio, sin interrumpir el momento.
Esa noche estaba compartiendo la cama con Ariel.
—¡Uf, Dios, Rudy! Cada día estás mejor. ¿Es idea mía o te has puesto más corpulento?
—Sí, bueno… ya llegué a los 30 años; es normal, supongo… Oye, ¿no deberías tomar algún anticonceptivo o yo usar un condon ? Ya tenemos cuatro hijos, ¿no crees?
—¿Te molesta acaso?
—Para nada, solo que siempre que estás embarazada te pasas el tiempo maldiciéndome, y peor aún cuando llega el momento del parto.
—¡Jajaja! Son nimiedades provocadas solo por las molestias y el dolor, nada más.
—Dios, Ariel… no sé cómo lo haces. Tener cuatro hijos y seguir estando tan atractiva. Nunca te he visto hacer ejercicio ni una sola vez.
—Supongo que es cosa de la genética, como siempre dices, amor —respondió, abrazándome fuerte .
—Pero ahora dime, Rudy… ¿qué te pasa?
—¿A qué te refieres?
—Soy tu esposa y te amo. Sé perfectamente cuando algo te está afectando. Tal vez tú no te das cuenta, pero yo te conozco bien y hace años que no te veía con esa expresión tan seria y distante. ¿Hay algún peligro inminente? ¿Se avecina una guerra?
—No, nada de eso…
—¿Entonces pasó algo malo con la familia?
—No te hagas la tonta, Ariel; sabes perfectamente lo que pasó.
—Te juro que no sé nada. ¿Que sucedió? Cuéntame.
—Es por Lucy.
—¡Ah, ya entiendo! ¿Acaso Le pasó algo grave en alguna misión?
—No, nada de eso. Dejó de acompañarme y decidió dedicarse a trabajar en la oficina de Orsted.
—¿Creí que ella quería ser tu sucesora, amor? . Siempre la vi tener una especie de rivalidad con Ars precisamente por eso.
—Ya no es así.
—¿Y es eso lo que te tiene tan preocupado y decaído?
—No es solo eso… Lucy se va a casar dentro de dos años con el hijo de Cliff.
—¿Estás bromeando, verdad?
—No, es la verdad.
—Esto sí que no me lo esperaba para nada…
—Yo tampoco.
—O sea, yo siempre veía a los chicos entrenar juntos y pasar el tiempo, pero pensaba que era solo porque son parientes y se llevan bien…
—Yo también pensaba lo mismo.
—Pero entonces… ¿por qué Silphy no me dijo nada el otro día cuando nos vimos? —se preguntó a sí misma con voz baja.
—No lo sé. De hecho, cuando llegué de mi última misión, y ya me estaban esperando todos: Silphy, Lucy, Clive, Cliff y Elinalise, como si me hubieran tendido una emboscada.
—¿O sea que ni siquiera te enteraste tú primero de que estaban enamorados?
—No, y eso es lo que más me duele. Lucy no confió lo suficiente en mí para decírmelo. Siempre le dije que podía contarme cualquier cosa, que confiara en mí para lo que fuera… y no lo hizo.
—Rudy, no voy a justificarla del todo, pero piénsalo bien: cada vez que alguien mencionaba la posibilidad de que tuvieran una relación cuando fueran adolecentes, tú amenazabas con cortarle la cabeza o matarlo… y estas fueron tus palabras exactas, “ a ese pequeño bastardo” y cosas así.
—¡Pero lo decía en broma, amor! Solo estaba bromeando.
—Quizás Lucy se lo tomó demasiado en serio y tuvo miedo de tu reacción.
—Puede ser… Pero tampoco era necesario que Silphy organizara esa reunión y tomara la decisión prácticamente sin consultarme, ni siquiera hablándome primero a solas.
—Es raro en ella, lo reconozco… Pero no la juzgues tan duramente por este solo error. Quizás pensó que así sería mejor, o tal vez Lucy estaba muy asustada y también Clive. Y piénsalo bien: tú eres casi como un padre para él. Ha estado más tiempo contigo que con el propio Cliff. Te llama maestro, lo has entrenado como si fuera uno más de tus hijos…Clive te tiene un respeto inmenso.
—Ya lo sé…
—No te enfades tanto con Silphy. Seguro ella también está muy preocupada por cómo te sientes, y las demás igual.
—Lo sé… Ahora que lo pienso, Nanahoshi intentó decirme algo hace ya unos años sobre esto, pero al final nunca llegó a contarme nada.
—¿Y dónde está ella ahora?
—Supongo que con Perugius. Seguramente se fue a visitarlo junto con Siegh, porque tampoco lo vi.
—¿Quieres que te dé un consejo, mi amor?
—¿Tú aconsejándome a mí? Qué novedad…
—¡Claro! Soy la reina de Asúra, y no llegué hasta aquí solo por tener cara bonita o ser una diosa en el sexo, ¿sabes? Tengo experiencia y criterio.
—Me encanta tu humildad, cariño —le dije con sarcasmo.
—¡No te burles, hablo en serio! —insistió ella—. Rudy, lo que está pasando es algo completamente normal en la vida. Y aunque Silphy se equivocó al no hablar contigo primero y decirte que estaba pasando, no la culpes demasiado. Fue solo un error, nada más. Ella solo quiere lo mejor para Lucy; después de todo, fue Silphy quien la trajo al mundo. Además… tú a veces puedes ser bastante aterrador cuando te lo propones.
—¡Pero yo jamás les he hecho daño a ninguna de ustedes, ni a mis hijos!
—Lo sé perfectamente, pero aun así… eres Reidar Rei el Dios del cauce , y cuando te enojas, pones una expresión que impone mucho respeto, por no decir miedo. Aunque a mí, la verdad, me encanta cuando te pones así —añadió, y me agarro el muñeco con fuerza mientras me mordía el lóbulo de la oreja .
—¿Y cuál es tu consejo?
—Quédate unos días más aquí, descansa, juega con Edward, con Sariel, con Kael y con Amanda. Pero cuando te sientas más tranquilo y sereno, vuelve a tu casa, busca a tu hija y dile que la amas y que solo deseas verla feliz, sea cual sea su elección.
—Pero ella ya lo sabe… siempre se lo digo.
—Lo sé, pero ese gesto hará que vuelva a sentirse aceptada y querida por ti. En este momento seguro Lucy se siente mal porque te fuiste de esa manera y porque aceptaste la su compromiso solo por obligación .
—Y es que la verdad es que no me gustó nada la idea…
—Lo sé, pero ya no puedes hacer nada al respecto. Así es el ciclo de la vida, amor. Los hijos crecen y toman su propio camino es inevitable.
—Ha crecido demasiado rápido… parece que fue ayer cuando era una niña pequeña.
—Lo sé… A mí me pasa lo mismo cuando veo a Edward —respondió Ariel—. Últimamente me hace muchas preguntas difíciles y cuestiona todo lo que le Digo .
—¿Quieres que hable yo con él a ver qué pasa?
—No, no es necesario. Solo me cuestiona cosas a mí; es que tú eres su héroe, su gran ejemplo a seguir. Déjame lidiar con esto un tiempo más, a ver cómo evoluciona todo.
—Ariel, no cargues tú sola con esto. Si él tiene dudas o problemas, hablemos con él como padres juntos. Los dos.
—Está bien… pero mejor otro día —me dijo, y me besó dulcemente.
Una semana después volví a casa.
Silphy salió a recibirme, muy preocupada, pero yo apenas la saludé y fui directo a buscar a Lucy para hablar con ella.
Por lo visto, Aisha también había hablado con mi hija durante mi ausencia, porque nada más verme, fue ella quien empezó a hablar y me pidió perdón por no habérmelo dicho antes y por la forma en que sucedió todo. Después de una larga conversación, finalmente la abracé y le prometí que solo quería verla feliz, que mi único deseo era que estuviera bien y que la amaba.
Cuando nos tranquilizamos, también tuve una charla larga con todas mis esposas, incluida Nanahoshi, quien, como ya sospechaba, también estaba al tanto de todo desde hacía tiempo.
Esa noche me tomaba una copa de licor junto a mi padre.
—Bueno, hijo… así es la vida, ¿qué se le va a hacer? —me dijo él con voz tranquila.
—Ya lo sé… pero me cuesta aceptarlo.
—Aunque m3 molesta que sea precisamente con el hijo de Elinalise, —dijo Paul.
—¡Ya déjate de eso, papá! —le interrumpí—. Sé que estuviste con ella cuando eran jóvenes y que te cansaste de montarla , y sé que en el fondo le tienes afecto .
—Está bien, está bien sj, la. Rellene como pavo en navidad… uff será mejor no decir nada más… Pero sí, la verdad es que me divertí mucho con ella en ese tiempo —reconoció con una sonrisa maligna.
—Qué lindo saber eso, papá… —le respondí, moviendo la cabeza .
—Creo que ya es hora de que me vaya. Tus madres seguro están preocupadas esperándome.
—Sí, claro… hasta luego, viejo. Cuídate.
Esa noche, estaba solo en mi habitación, acostado boca arriba mirando el techo y jugando con pequeñas llamas con magia de fuego , tal como hacía cuando era niño y pasaba las noches solo en mi habitación de Roa o en el continente demoniaco.
—Creí que ya no hacías eso… —me dijo de pronto una voz suave desde la puerta.
Me giré y vi a Eris parada allí, vestida solo con una camiseta larga que dejaba ver sus muslos desnudos.
—¿Qué pasa, Eris? ¿Por qué estás despierta?
—Silphy me contó, casi llorando, que no quisiste dormir con ella… ¿Sigues enfadado o triste todavía?
—No, nada de eso… solo quería estar un rato solo y tranquilo.
—Entonces ve y habla con ella, dile que la quieres y que todo está bien. Ella lo necesita.
—Ya sabe que la amo, no hace falta que se lo repita siempre.
—Hace años que no te veía hacer esto de jugar con magia así… Siempre lo hacías cuando viajábamos juntos desde el Continente Demoníaco hasta Asúra y no podías dormir.
—Creí que tú siempre estabas dormida a esas horas…
—Yo nunca me perdía la oportunidad de mirarte —me confesó, y cerró la puerta despacio antes de acercarse a la cama y tumbarse a mi lado para abrazarme con fuerza.
—¿Qué te pasa hoy? Nunca eres tan tierna y suave conmigo Eris.
—Al verte jugando así, me entraron ganas de recordar la época en que solo éramos dos niños inocentes que no sabían nada de la vida y solo se tenían el uno al otro.
La abracé y le di un beso muy suave en la frente.
—¿Será cosa mía o te has puesto también más musculoso? —me preguntó, pasando sus manos por mi pecho y mis brazos.
—Quizás un poco… ya sabes que sigo entrenando a diario.
—Rudy… ya nos estamos haciendo mayores, estamos madurando… y nuestros hijos están creciendo demasiado deprisa.
—Ya lo sé… Aisha me dijo lo mismo, y Ariel también me lo recordó hace unos días.
—Pero tú sigues comportándote a veces como si fueras un niño pequeño… Mi madre me dijo una vez que los hombres nunca dejan de ser niños, y tú lo estás demostrando ahora mismo con todo esto.
—¿Y qué se supone que debo hacer entonces? —le pregunté.
—Ven conmigo, acompáñame —me dijo, tomándome de la mano y llevándome hacia la habitación de Silphy.
Cuando entramos, ella estaba en la cama, con la cabeza baja y llorando sobre la almohada.
—Rudy… ¿qué haces aquí? —preguntó sorprendida al vernos mientras se secaba las lágrimas.
Me senté a su lado y la atraje hacia mí para abrazarla con fuerza.
—Perdóname por irme así sin más y por dejarte sola estos días, Silphy, no quería hacerte daño.
—No, Rudy… la que debe pedir perdón soy yo. Debí hablar contigo primero a solas y contarte todo con tiempo… Aisha tenía toda la razón.
—¿Ella habló contigo también?
—Habló con todas nosotras —intervino Eris—. Nos pidió reunirnos a solas y nos regañó a todas por cómo manejamos la situación. Nos dijo que éramos unas idiotas por no pensar en cómo te sentirías tú.
—Ya tranquilas… ya está todo bien —les dije, acariciando el pelo de Silphy—. Pero quiero que sepas una cosa: te amo, Silphy, te amo con todo mi corazón y no quiero que vuelvas a sentirte culpable por nada, ¿entendido?
Ella se limpió las lágrimas y apoyó la cabeza sobre mi pecho, mientras yo la abrazaba y Eris nos rodeaba a los dos con sus brazos.
—Tengamos sexo —dijo Eris de repente, rompiendo el momento de ternura.
—Eris, ahora no es buen momento.
—¡Pero yo si tengo ganas! —dijo Silphy, levantando la cabeza y mirándome con ojos de cachorrita.
Esa madrugada estaba abrazado entre mis dos esposas, totalmente deslactosado pero feliz.
—Uff, Rudy… siempre pensé que eras muy guapo ya a los 17 años, pero cada día estás mejor —me dijo Silphy, pasando sus manos por todo mi cuerpo sin dejar rincón que toquetear.
—Me alegra que te guste —le Dije sonriendo.
—¿Tú estás bien, Eris? —le pregunté, mirando a mi otra esposa.
—¡Uf, sí! —dijo , apretándose más contra mí y abrazándome con fuerza—. Estoy muy bien, muy relajada.
—Ya casi terminan las vacaciones… El año que viene Lara se graduará de la universidad y pronto tendré que llevarla al Gran Bosque para esa ceremonia de quiere hacer Ghis.
—Es increíble lo rápido que pasan los años… ya son casi adultos —dijo Silphy con algo de nostalgia.
—Por cierto… ¿cuándo vuelve Ars a casa? Pregunté.
—Dentro de unas dos semana, aproximadamente —respondió Eris—. Cuando fui a dejarlo Nina me contó que se lleva muy bien con Jill y con Nell, y que los chicos están aprendiendo magia intermedia y ya leen perfectamente .
—Qué bueno … —murmuré, y poco a poco me fui quedando dormido entre ellas.
…………………… 0…………….
Toc, toc, toc.
—¡Ya voy…! .
Toc, toc, toc.
—¡Ya voy, maldita sea! ¡Dejen de golpear la puerta que van a despertar a mi bebe! .
Toc, toc, toc.
—¡Alek, te juro que si eres tú el que está ahí fuera haciendo una de tus estúpidas bromas, te vas a quedar durmiendo en el sofá durante un mes entero! —gritó Aisha, saliendo de su habitación y abriendo la puerta de entrada de golpe y con mucha furia. Pero al ver quién estaba allí parado, abrió los ojos con sorpresa y se quedó muda unos instantes.
—¿Qué haces tú aquí a estas horas? ¿Y con quién vienes? ¿Paso algo? —preguntó al fin, recuperando la voz.
—Tía, por favor… eres la única persona que puede ayudarnos —dijo de Ars .
—¿Qué demonios haces llamando a mi puerta de madrugada , Ars? ¿Y quién es esa persona que traes contigo?
—Por favor, tía… ayúdanos, te lo ruego… estamos en un gran problema.
—¿Pasó algo grave? ¿Te atacó algún enemigo? ¿Te persiguen? —preguntó Aisha con preocupación.
—No, nada de eso… Bueno… es que me he metido en un problema muy grande…
—Entra rápido. Tenemos que hablar con Rudy, él sabrá qué hacer.
—¡No, tía, por favor! Papá no puede enterarse de esto… ¡si se entera estoy perdido!
—¿Qué mierda has hecho ahora, Ars? —pregto Aisha enojada ¿ y quien es esta persona?.
La persona que acompañaba a Ars. Se quito la. Capucha revelando a una chica de unos 12 años, cabello rubio oscuro Y ojo azules.
Tía ella es Jill Farion, y estamos. Enamorados.
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