Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Un trato con Thorne Kingsley - Capítulo 69

  1. Inicio
  2. Un trato con Thorne Kingsley
  3. Capítulo 69 - 69 Capítulo 69 El Precio
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

69: Capítulo 69: El Precio 69: Capítulo 69: El Precio Su cuerpo se puso rígido.

El calor se le fue del rostro.

—¿Fiona?

—se le escapó el nombre, como si fuera un error.

Fiona soltó una risa discreta.

—¿De verdad creíste que la vida continuaría tranquilamente después de todo lo que pasó?

Carolina apretó con más fuerza el teléfono contra su oreja.

—¿Cómo me estás llamando?

Estás bajo arresto.

—¿De verdad crees que la custodia puede silenciarme?

—dijo Fiona, divertida.

—Debería —dijo Carolina, forzando la firmeza en su voz—.

Te arrestaron por lo que hiciste.

—Y por lo que tú hiciste —la corrigió Fiona, con la voz desprovista de toda suavidad—.

No te hagas la inocente.

Tú eres la razón por la que estoy aquí.

A Carolina se le hizo un nudo en la garganta.

—Me tendiste una trampa.

Lo manipulaste todo.

Tú me destruiste primero.

Fiona se rio de nuevo, con una risa más afilada.

—Oh, Carolina.

Sigues ensayando tu discursito.

—Esto no es un juego —espetó, pero se contuvo y respiró hondo—.

¿Por qué llamas?

Fiona hizo una pausa, y fue una pausa deliberada, como si estuviera eligiendo el mejor lugar para presionar.

—Porque hay un desequilibrio —dijo Fiona con calma—.

Tú estás viviendo, reconstruyendo.

Y yo estoy encerrada tras las rejas.

No me parece que sea justo, ¿sabes?

—Eso es culpa tuya.

Tomaste tus propias decisiones.

Se está haciendo justicia.

Fiona ignoró las palabras como si no tuvieran importancia.

—Me robaste la vida.

Mi futuro.

Todo lo que debería haber sido mío.

Carolina bufó.

—Yo no robé nada.

—Sí que lo hiciste —insistió Fiona, con voz suave y segura—.

Ocupaste el lugar en el que yo debía estar.

El respeto.

La protección.

El hombre.

El mundo.

—Tú arruinaste mi vida, mi matrimonio, todo.

Hablas como si tuvieras derecho a ello.

—Lo tenía —replicó Fiona, como si fuera obvio—.

Y lo sabes.

El pulso de Carolina se desbocó.

Fiona no llamaba para suplicar.

No llamaba para despotricar.

Estaba tranquila y era metódica.

—¿Qué quieres, Fiona?

—Quiero que dejes a Thorne —respondió Fiona sin dudarlo.

A Carolina se le cortó la respiración.

—¿Qué?

—Ya me has oído —insistió Fiona, sonando gratamente divertida—.

Déjalo.

Vete de Valorith.

Abandona la vida que has reconstruido.

Carolina se levantó tan rápido que la silla chirrió.

—No.

—El «no» no es una opción, cariño —dijo Fiona, manteniendo la suavidad en su voz.

—Tú no tienes derecho a decidir sobre mi vida —dijo, temblando—.

No tienes derecho a decidir a quién amo.

Fiona soltó un ruidito burlón.

—Amor.

Qué tierno.

Carolina apoyó la mano libre en el borde del escritorio, para anclarse a la realidad.

—Thorne no te ha hecho nada.

—Pues sí que lo hizo.

Te ayudó a quitármelo todo —explicó Fiona—.

Ninguno de los dos merecéis ser felices a mi costa.

A Carolina le temblaba la mandíbula y las lágrimas amenazaban con escapársele de los ojos.

—No eres quién para juzgar lo que merezco.

Fiona se rio por lo bajo.

—Todo el mundo te juzga, Carolina.

Ya deberías estar acostumbrada.

No iba a dar su brazo a torcer.

Sus amenazas podían sonar vacías, pero Carolina sabía que no era así.

Fuera lo que fuese que tuviera planeado, Carolina no podía permitir que afectara a Thorne.

No iba a permitirlo.

—Dime qué quieres de mí.

A él no lo tocas.

—Ya te he dicho lo que quiero.

Deja a Thorne.

Vete de Valorith —dijo Fiona como si leyera una sentencia, con un tono más frío—.

Si te niegas, Thorne sufrirá las consecuencias.

Carolina se quedó helada.

—Y no creas que no tengo el poder para hacerlo —la risa de Fiona fue suave, llena de confianza—.

Puedo arruinar a un hombre desde la cárcel.

No me subestimes.

Su voz se mantuvo firme.

—Es bastante simple.

Tú te vas y él no se ve afectado.

Te quedas y lo arrastras a tu desastre.

La rabia se abrió paso a través del miedo, pero Carolina se obligó a guardar silencio.

—¿Crees que lo proteges si te quedas?

—prosiguió Fiona, como si explicara algo obvio—.

No lo haces.

Le estás poniendo una diana en la espalda.

Thorne tiene una empresa.

Una reputación.

Gente que confía y depende de él.

Fiona continuó, con voz monótona y precisa: —Un escándalo no necesita ser verdad.

Necesita el momento oportuno.

Una filtración.

Un documento.

Una acusación susurrada.

Lo suficiente para que la gente adecuada entre en pánico.

Y sabes de sobra que se me da bien ese tipo de cosas.

A Carolina se le revolvió el estómago.

Recordaba aquellos días demasiado bien.

El aislamiento.

La vergüenza.

El modo en que su matrimonio se había derrumbado por la traición y la infidelidad, por el frío orgullo y las excusas egoístas de Jasper.

Había sido víctima de la crueldad y las artimañas de Fiona.

Carolina sabía lo que era capaz de hacerle a una persona.

Si quisiera, podría arruinarle la vida a Thorne.

La empresa que él había heredado de su abuelo podía acabar por los suelos en un abrir y cerrar de ojos.

Carolina nunca podría vivir con la culpa si supiera que ella había sido la responsable.

—Creíste que te habías librado de eso al meterte bajo la sombra de Thorne —suspiró Fiona, aburrida—.

Todavía tengo mis contactos, Carolina.

Incluso desde donde estoy.

La mente de Carolina se aceleró, imaginando a Thorne en una sala de juntas, tomado por sorpresa por documentos falsos, por inversores que retiraban su capital, por unos medios de comunicación sedientos de sangre.

—Una llamada al periodista adecuado —dijo Fiona de nuevo, con una voz suave como la seda—.

Un mensaje a la competencia.

Un soplo anónimo a un organismo regulador.

Ya sabes lo que viene después.

Los dedos de Carolina se entumecieron alrededor del teléfono.

—No pedirán pruebas.

Olerán la debilidad e irán a por ella.

Y Thorne se pasará meses, años, apagando fuegos.

A Carolina se le apretó la garganta.

—¿Haces esto solo para hacerle daño?

—Lo hago para hacerte daño a ti —la corrigió Fiona—.

Él es la única vía de acceso.

—Si lo dejo, ¿pararás?

Fiona guardó silencio, el tiempo suficiente para que a Carolina le diera un vuelco el corazón.

—Una última vez.

Deja a Thorne.

Vete de Valorith.

Entonces la llamada terminó.

Carolina se quedó allí, con la línea muerta pegada a la oreja, escuchando la nada.

Le temblaban tanto las manos que tuvo que bajar el teléfono.

La habitación parecía demasiado silenciosa, demasiado normal, como si no fuera consciente de lo que acababa de ocurrir.

El corazón se le aceleró y se le secó la boca.

Su primer instinto fue llamar a Thorne.

Advertirle.

Preguntarle qué hacer.

Pero en el momento en que se imaginó su rostro sereno, sintió que la amenaza se arraigaba más hondo.

Fiona no había llamado para iniciar una pelea.

Fiona había llamado para obligarla a tomar una decisión.

Carolina se quedó mirando el teléfono en la palma de su mano.

Fiona estaba bajo custodia.

Se suponía que estaba controlada.

Pero la llamada demostraba la verdad que Carolina no quería afrontar.

La influencia de Fiona no había terminado.

Y la felicidad de Carolina ahora tenía un precio que quizá se vería obligada a pagar.

Intentó respirar, pero cada bocanada de aire se sentía insuficiente.

La voz de Fiona se repetía en su cabeza como una grabación.

Carolina se apretó la palma de la mano contra el pecho, intentando calmar los latidos de su corazón.

El miedo ya no era solo por ella misma.

Era por Thorne, que se había adentrado en su tormenta sin pedir nada a cambio.

Ahora eso tenía un coste.

Se quedó mirando la pantalla en blanco del teléfono y luego la silenciosa habitación, como si esperara que Fiona saliera de entre las sombras con una sonrisa.

Nada se movió.

Esa era la peor parte.

La amenaza no necesitaba hacer ruido.

Simplemente estaba ahí, pesada y real.

—Esto no puede estar pasando —susurró Carolina en medio del silencio.

Pero ya había pasado.

Y supo, con una claridad nauseabunda, que Fiona no se detendría hasta cobrar su precio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo