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Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1 - Capítulo 29

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Capítulo 29: ¡Un duelo absurdo con este maestro espadachín! (3)

No logramos perder a Mitsurugi hasta que llegamos a Axel.

Para cuando lo hicimos el sol ya se había puesto por completo y la forma traslucida de las primeras estrellas comenzaban a hacerse visibles sobre la tranquila (al menos por ahora) ciudad de los aventureros principiantes.

—Dios, que tipo más pesado.

—¿Seguro que no estás enojado por haber perdido el duelo? — preguntó Aqua en un tono burlón.

—Claro que no —mentí— ¿qué tan inmaduro te piensas que soy?

—Vamos, que no te de pena admitirlo. Yo creo que hubieras tenido una muy buena posibilidad de vencerlo si llevabas algunos objetos de curación. De hecho, me sorprendió que no lo hicieras. Que novato.

—Ey, ¿vas a consolarme o vas a hacerme sentir peor de lo que ya estoy?

—¡Oh! ¡Entonces sí estás enojado! Jeje, a una diosa bella y perspicaz como yo no se le escapa nada.

—Lo que tu digas.

De pronto Aqua levantó los brazos e irguió su cuerpo al tiempo que soltaba un exagerado quejido de relajación.

—¡Aaah! ¡Que cansada estoy! Oye, Kaizer, ¿podrías cargarme hasta mi casa?

—¿Acaso te volviste loca? Apenas, puedo mantenerme en pie.

Aquello último no era del todo mentira. La pelea con Mitsurugi había consumido todas mis fuerzas.

—¿¡Eeeh!? —chilló la diosa. Tan empática como siempre— ¿Pero qué clase de paladín se supone que eres si ni siquiera puedes cargar a una persona convaleciente en tu espalda?

—El convaleciente soy yo. ¿O acaso fuiste tú la que luchó con una horda de monstruos y luego se batió a duelo con un maestro espadachín?

—¡Que exagerado! ¿Que no te lancé Heal después de la pelea?

—Pero eso no me cura el cansancio.

—Ya deja de poner excusas tontas y cárgame.

—Te dije que no. Vamos, pasaremos por el gremio y te invitaré una cerveza.

La diosa hizo una mueca de indignación.

—¿Perdón? Eso es algo que tienes que hacer por el simple hecho de gozar de mi compañía. Que me cargues no tiene nada que ver.

—Ah bueno. Igual, no voy a hacerlo.

—¡¿Eh?! —chilló la peliazul, más disgustada que nunca— ¿Pero por quéeeee? ¡Qué cruel eres! ¡Caminé toda la tarde! ¡Me duelen los pies y encima dejaste que me comiera un sapo gigante! ¡Lo mínimo que puedes hacer es cargarme hasta mi casa!

¿Y desde cuando pasó a ser mi culpa lo del sapo gigante?

—Así de dura es la vida en el plano mortal —le dije con voz cansada— acostúmbrate.

—Está bien. En ese caso…quizás debería ir a buscar al tipo de la espada maldita. Kaburagi. Si se lo pido a él, seguro que me carga.

—Pues si vas a hacer eso, por lo deberías tomarte la molestia de aprenderte su nombre, ¿no crees? A demás, esta vez ni siquiera dijiste un nombre remotamente parecido.

—Con esos brazos tan fuertes que debe tener, apuesto a que no le costaría nada llevarme —Continuó Aqua. Mirándome de reojo con una sonrisita plasmada en su rostro angelical.

Era evidente que me estaba provocando.

Mmm…¿Me pregunto si seguirá por aquí? —preguntó para sí misma. Llevándose una mano a la frente como para hacer la pantomima de que lo estaba buscando— ¡Eeeey! ¡Matsuragi! ¡Esta diosa hermosa y benevolente necesita que alguien la cargue! ¡Mis pobres pies ya no dan más! ¡Eeeeyyy—-Mnghhh!!!

Le puse una mano en la boca para que se callara de una vez…

—¡Oye! ¿Puedo saber que te pasa? Si no vas a ayudarme mejo—.

Y me incliné hacia adelante. Ofreciéndole mi espalda.

—¿Uh?

—Que “uh” ni que ocho cuartos, ¡Ya súbete de una vez!

—¿De verdad? ¿Puedo saber a qué se debe este cambio de actitud tan repentino?

—¿Acaso vas a hacer problema por todo? Si no te vas a subir, puedes ir a buscar a Mitsurugi.

—No, no, está bien. Me subiré. Es solo que me llamó la atención. Si no te conociera —canturreó con dulzura— diría que te pusiste celoso.

—Ok, irás caminando.

—¡Hiiia! ¡No, espera! ¡Lo siento, lo siento! Me subiré, ¿está bien? *Suspiro* Que delicado. Bueno, aquí voy.

Aqua resultó ser más liviana de lo que pensaba. Aunque bueno, no es como si ya no hubiese estado arriba mío antes…solo que en una situación totalmente diferente. Si ustedes me entienden.

Aunque esto tampoco estaba nada mal.

Conforme caminaba, podía sentir sus pechos aplastarse contra mi espalda. Sus brazos me rodearon gentilmente el cuello y ella se inclinó hacia adelante, buscando la posición más cómoda.

Su rostro estaba tan cerca del mío que hasta podía sentir su respiración en mi oreja.

Cada vez que daba un paso al frente, un mechón de cabello azul me rozaba la mejilla. Un leve cosquilleo, que lejos de molestarme me resultaba reconfortante. Como una caricia.

¡Y que bien huele! Como la brisa de mar.

Aunque muchas veces también suele oler a vino y cerveza. Pero bueno, una vez que te acostumbrabas a eso se podía decir que la diosa del agua en general olía muy bien.

Por un momento ninguno de los dos dijo nada y todo lo que se podía escuchar en las calles de Axel era el traqueteo de mi armadura con cada paso que daba.

De pronto siento como Aqua se estiraba sobre mi espalda, moviendo sus caderas de un lado a otro.

Al parecer estaba disfrutando el pequeño paseo a caballo.

—¡Aaaah…! ¡Esto es lo mejor! —exclamó la arcipreste con voz relajada— Con que esto es lo que debe sentir Megumin después de una explosión, ¿uh?

—¿Megumin? —pregunté yo, sin saber a qué se estaba refiriendo.

—Oh, estaba hablando sola. No me hagas caso.

…

…

…

—Vaya, tu y tu grupo sí que no escatiman en lujos —dije una vez que llegamos a las puertas de la imponente mansión en donde vivía Aqua.

—Ah, supongo que no está mal.

Más allá de la respuesta condescendiente de Aqua, a mí no se me escapó el hecho de que, para poder comprar una mansión como esta, de seguro ella y su grupo tuvieron que completar un sin fin de misiones de alto nivel.

Pero claro, con una archi maga, una crusader experimentada y Aqua, quien era el tanque curativo, supongo que no existía misión que este grupo no pudiera completar.

Sin dejar de lado a su líder, por su puesto. El temible Kazuma Sato. A quien ni siquiera Mitsurugi pudo vencer.

Si algún día quería aspirar a estar a la altura de esos dos monstruos no me iba a quedar otra que matarme entrenando.

—Bueno, final del recorrido —anuncié al tiempo que me agachaba para que la diosa pudiese hacer su descenso.

—¡Ey! ¿No podrías bajarme con un poco más de cuidado?

Era increíble, pero esta mujer siempre encontraba la manera de quejarse por algo.

—¿No quieres que también te lleve en brazos a tu cama?

Porque créeme que lo haría.

—Buen intento.

—¿Y por qué no? ¿No crees que ya es hora de que me presentes a los miembros de tu equipo?

Si bien en principio hice la pregunta a modo de broma, la verdad es que se me hacía un tanto extraño no saber con qué tipo de personas vivía Aqua. Después de todo, ya había transcurrido un tiempo considerable desde que decidimos formar equipo.

—Mis compañeros…no tienen nada de especial. Es más, te diría que hasta son una carga. Si no fuese por mí…

La diosa desvió su mirada hacia un costado. Sintiéndose algo avergonzada.

—De seguro estarían diez veces mejor —me burlé, terminando la frase por ella.

—¡Eeeeh! ¡¿Que quisiste decir con eso?! ¡Discúlpate ahora mismo por insinuar que soy una inútil!

Pero en lugar de hacer eso, coloqué mis manos en sus mejillas y la besé.

En un acto totalmente deliberado.

Por unos instantes el cuerpo de la diosa se puso rígido y noté como sus rodillas se tambaleaban ligeramente.

Claramente lo que menos se esperaba era esto.

No obstante, ni bien mis labios hicieron contacto con los suyos, su cuerpo, de forma involuntaria, no tardó en responder al gesto.

Al principio sus delicadas manos se apoyaron contra mi pecho, como si fuese a apartarme de un empujón. Pero aquella pantomima no duró ni medio segundo, puesto que enseguida sus manos se posaron alrededor de mi cuello. Ansiando más contacto.

Con mi boca todavía conectada a sus labios húmedos y dulces por el vino, di unos pasos al frente hasta dejarla apoyada contra la reja de la mansión.

—K-Kaizer…—jadeó Aqua— Espera, que ha—Mmm.

Escucharla jadear mi nombre siempre me encendía, por lo que comencé a besarla con más urgencia.

Mis manos soltaron sus mejillas para deslizarse hasta su cintura. Rodeándola completamente entre mis brazos al tiempo que forzaba sus labios con mi lengua para buscar la suya.

Era una noche particularmente tranquila. Cuyo silencio de repente se vio interrumpido por el chasquido húmedo que producían nuestros labios al separarse y volverse a conectar. Como dos bestias hambrientas por devorar la boca del otro.

—Mmm…Ka-Ka—Mmm….espera….No podemos…no aquí, Mngh. Alguien podría salir y… Por favor, para—Mmm—. ❤

Aqua seguía protestando, pero la realidad es que su lengua no paraba de moverse. De danzar junto a la mía en un beso que cada vez empezaba a tornarse más sucio e impertinente.

Mi mano empezó a descender por la mini falda de su traje, hasta llegar al dobladillo semitransparente.

Con un rápido movimiento de mi mano, se lo levanté. Para finalmente cerrar mis dedos en la jugosa y abundante carne de su trasero.

Pero no me detuve ahí.

Deslicé mi otra mano hacia más abajo y la coloqué detrás de su pierna. Enredando mi brazo en ella para, acto seguido, comenzar a levantarla por el aire. Dejándola bien contra la reja.

—¡Mmm…! ¡Kaizer! ¡No! ¡Espera! —continuaba implorando Aqua entre jadeos— ¿Qué vas a hacer?

Lentamente le abrí las piernas y le apoyé el cuerpo encima. De tal forma que quedó suspendida entre mi pecho y la entrada de la mansión.

—Aqua…—gemí, sin dejar de besarla— te deseo…deseo tu cuerpo…deseo estar dentro tuyo…ahora…

Y entonces me olvidé de todo.

De mi duelo con Mitsurugi, de mi diferencia de poderes con Kazuma, y el hecho de que mañana seríamos atacados por la fortaleza andante Destroyer.

Lo único que me importaba en ese momento era Aqua y las ganas que tenía de estar dentro de ella. Como si fuese un fuego consumiéndome desde adentro.

Comencé a desabrocharme los pantalones. Mi verga ya se encontraba bien erecta. Lista para reclamar su premio.

Que esta diosa anduviera por la vida sin bragas supongo que resultaba practico para este tipo de situaciones, ya que no tenía que lidiar con quitarle la ropa.

—Mmm —gimió la archi sacerdotisa, mordiéndose el labio inferior y cerrando fuertemente los ojos, a medida que le apoyaba la punta en la entrada de su humedecido coño.

Luego colocó sus manos sobre mi pecho y me empujó. No fuerte, pero sí con firmeza.

—¿Acaso te volviste loco? —susurró. Un poco de saliva se escurría por la comisura de su boca.

—¿Qué? ¿Por qué?

—No podemos hacer esto. No ahora. M-Mañana tenemos una misión muy importante, ¿o ya lo olvidaste?

—¿Ah? ¿Y desde cuando te han importado las misiones a la hora coger?

Aqua tragó. Su mirada se desvió hacia un costado, como si esperara que alguien le pasara la respuesta.

—Ese no es el punto. Además…—se acomodó un poco la mini falda de su trajecito azul— ¿Como se te ocurre hacer eso aquí? Eres un pervertido. ¡Kaizer pervertido!

—Bueno…en ese caso, ¿por qué no vamos a tu habitación?

Al escuchar mi pregunta, los ojos de Aqua se abrieron como dos faroles azules. Y un intenso rubor se expandió por todo su rostro.

—¡EEEEEH! —chilló— ¿C-como se te ocurre? ¡No, no! ¡Ni loca! ¡Ni en tus sueños! ¡No va suceder! ¡No! ¡No! ¡No!

Abrió la puerta y con la rapidez de un ratoncillo se escabulló para el otro lado. Por lo que ahora la reja de la entrada nos separaba.

Supongo que eso fue lo más lejos que llegaré esta noche. Encima que perdí contra ese pesado de Mitsurugi y mañana me iba a tocar defender la ciudad del Destroyer, por lo menos quería tener una buena revolcada con Aqua. Pero ni eso pude tener. ¡Que noche de mierda!

—Eres de no creer —continuó la diosa, acomodándose un poco el traje.

—Supongo que me dejé llevar. Bueno, me voy. Trata de no cagarla mañana.

—¿Que se supone que significa eso?

—¿No te dieron la responsabilidad de detener el avance del Destroyer con tu enorme poder mágico? Por supuesto que yo haré todo lo que esté a mi alcance para ayudar, pero, quizás ustedes sean la única oportunidad que tengamos de frenar esa cosa.

—¡Jum! Como si una diosa genial y perfeccionista como yo necesitara que alguien, en especial tú, me recordara lo que tengo que hacer—protestó Aqua con los puños apoyados en su cintura— Y si tan preocupado estás por la misión de mañana deberías irte a descansar en lugar de estar pensando en tener sexo conmigo.

—Bueno, bueno, ya me voy —me di la vuelta, comencé a caminar. Pero tras dar dos pasos me detuve y miré a Aqua por sobre el hombro— ¿Seguro que no quieres? ¿Ni siquiera uno rapidito?

—¡NO!

Tenía que intentarlo.

—Buenas noches —dije aceptando la derrota. La segunda del día.

—Buenas noches, paladín degenerado. Trata de no morir mañana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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