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Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1 - Capítulo 28

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  3. Capítulo 28 - Capítulo 28: ¡Un duelo absurdo con este maestro espadachín! (2)
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Capítulo 28: ¡Un duelo absurdo con este maestro espadachín! (2)

La situación no podía ser peor. Mis temores se habían vuelto una realidad. Al principio, cuando acepté tener un duelo con Mitsurugi, no pensé en las gravísimas consecuencias de esto, todo para no quedar como un cobarde en frente de Aqua.

De alguna manera, el destino se apiadó de mí y el duelo en cuestión resultó ser una competencia por ver quien de los dos mataba más monstruos.

Pero hasta ahí llegó mi suerte.

Dado que, justo cuando pensé que por lo menos iba a sacarle un empate al maestro espadachín, este, tras comprobar las habilidades de Kronos, decidió retarme a un combate para definir la competencia.

—Si te soy sincero, desafiarte a un combate directo fue mi idea desde el principio —admitió Mitsurugi— pero decidí que primero quería ver de lo que eras capaz. Y vaya que has superado mis expectativas, Kaizer Prester.

—¿Ah, sí?

¿Y a este que le pasa? ¿Acaso se piensa que somos maestro y discípulo?

Aún así, ya había llegado hasta acá, por lo que no podía negarme a su petición. A pesar de que sabía que mis posibilidades de ganar eran prácticamente nulas.

Pero de nuevo, no quería demostrar debilidad frente a Aqua. Ya suficiente había tenido con el hecho de que haya sido ella quien le dio el golpe final al demonio Demian.

—¡Eeeey! ¿Es necesario que me quedé para esto? —se quejó una voz muy familiar—. Ya suficiente tuve con que me comiera uno de esos sapos. Quiero volver y darme un baño.

Sí. Ahí la tienen, señores. La principal razón por la cual accedí a esta locura, lejos de mostrarse preocupada por mí situación, actuaba como si todo esto no fuera más que un contratiempo para ella.

Cambiando el peso de su cuerpo de una pierna a otra y con los brazos cruzados, la diosa del agua se veía aburrida y fastidiosa.

—Mi señora, le ruego que tenga un poco de paciencia —dijo el héroe de la espada maldita— ya que este duelo es crucial para determinar si este hombre realmente está a la altura de poder protegerla.

—¡Ey, Kaizer! —me llamó Aqua, haciendo caso omiso a las palabras de Mitsurugi— realmente no me importa si ganas o pierdes, pero termina de una vez, ¿quieres? Los pies me están matando.

Aaargh, ¿como puede ser que esta mujer sea tan desconsiderada? ¿¿No se supone que es una diosa??

—Ejem… ¿Que te parece si comenzamos de una vez? —preguntó mi oponente con cierta incomodidad luego ser ignorado por segunda vez en el día.

—Cuando quieras —repliqué. Esperando que no se notara lo nervioso que estaba.

¡Por favor diosa, Eris! ¡Ten piedad de mí y ayúdame a ganar este duelo ya que la diosa que tengo conmigo es una inútil!

Tal y como lo esperaba, los movimientos de Mitsurugi eran rápidos y precisos. Al punto de que apenas podía defenderme de sus ataques.

¡CLANG! ¡CLANG! ¡CLANG!

El sonido del acero contra el acero resonaba por la verde llanura. Siendo capaz de repeler sus ataques con lo justo, todo lo que podía hacer era retroceder, hasta que se presentara alguna oportunidad de contraatacar.

—¡Vamos! No vas a decirme que eso es todo lo que tienes, ¿o sí?

—¡Ja! ¡Por supuesto que no! —mentí. Ambas espadas se habían bloqueado mutuamente y mi rostro quedó pegado al de Mitsurugi. Una gota de sudor se deslizó por la frente del chico, pero más allá de eso, el héroe de la espada maldita parecía estar en óptimas condiciones.

No obstante, en fuerza física creo que yo contaba con algo más de ventaja. Por lo que usé eso a mí favor para arrojarle todo el peso de mi cuerpo encima. Con la intención de hacerlo perder el equilibrio.

Los dos estábamos tan concentrados en los movimientos del otro, que por unos instantes todo lo que se escuchó fue el chirrido metálico provocado por Gram y Kronos al rosar violentamente entre sí.

Entonces sucedió.

—¡Ngh!

Mitsurugi forzó un gemido y se tambaleó hacia atrás.

¡Tengo más fuerza que él! ¡Si consigo encajarle un buen golpe a corta distancia, le voy a poder ganar!

Con esto en mente, retiré mi peso haciendo que Mitsurugi se tambaleara aún más. Una fracción de segundo que me permitió liberar la espada, alzándola lo más alto que pude.

—¡Gaaaaaaah!

Solté un rugido que hizo sacudir toda la llanura, al tiempo que hacía descender a Kronos con todas mis fuerzas.

“¡Lo tengo!”, grité hacia mis adentros. Ya estaba saboreando el triunfo.

Pero el mejor aventurero de Axel no iba a caer tan fácilmente.

Con un control espectacular de su cuerpo, Mitsurugi dio una mortal hacia atrás, logrando esquivar mi golpe por un milímetro.

Un trozo de su capa blanca quedó volando en el aire como si fuese una hoja de papel. Antes de que esta cayera en el césped, mi oponente ya había conseguido aumentar la distancia con un segundo salto.

¿Como puede moverse así con semejante armadura?, me pregunté. Al tiempo que lo veía aterrizar casi sin despeinarse.

Pero no había tiempo para pensar en eso ahora. De pronto, el filo de Gram comenzó a brillar con un amarillo muy pero muy intenso.

—Que caraj—

—¡LIGHTING SLASH!

La hoja de Mitsurugi se movió con rapidez, dejando rastros de un polvo brilloso. Y lo siguiente que vi fue un haz de luz viniendo que se dirigía hacia mí a toda velocidad. Rajando la tierra.

Lo primero que se me vino a la cabeza fue intentar esquivarlo, lanzándome hacia a uno de los lados. Pero el ataque venía tan rápido que me pareció que no llegaría a tiempo. Por lo que, para no terminar partido en dos, lo único que atiné a hacer fue alzar a Kronos delante mío, sujetando la empuñadura con las dos manos, como si vida dependiera de ello.

—¡Ggggg…!

Una onda de choque hizo que mi cuerpo temblara violentamente al tiempo que era arrastrado hacia atrás. Dejando dos surcos de tierra en el suelo.

De haber sido una espada normal, seguramente se habría hecho pedazos. Por lo que sentí un profundo agradecimiento hacia Aqua y al ítem roto que me había dado.

Aferrado al mango de Kronos, comencé a empujar hacia arriba. Hasta finalmente soltar un grito eufórico. Y, haciendo acopio de todas mis fuerzas, mandé el haz de luz hacia arriba. El cual no tardó en perderse en el cielo despejado, dejando un débil destello hasta desvanecerse.

No obstante el peligro estaba lejos de terminar, ya que Mitsurugi aprovechó que había bajado la guardia por un instante, para acortar la distancia entre nosotros y descargar una serie de ataques frenéticos.

—¡En verdad eres extraordinariamente fuerte, Kaizer! —dijo el maestro espadachín— ¡Pero aún así, no pienso cederte la victoria! ¡Menos delante de la señora Aqua!

Oh, con que esas tenemos, ¿eh? Bueno, supongo que no puedo culparlo.

Y fue entonces cuando se me ocurrió.

—Pero…¿que dices? —pregunté haciéndome el tonto— Si la señora Aqua hace rato que regresó a la ciudad.

—¿Qué?

Sorprendido, el héroe de la espada maldita levantó las cejas y por medio segundo su mirada se desvió hacia un costado. Buscando a su diosa. Quien por supuesto seguía parada en el mismo lugar con una expresión de aburrimiento.

Fue todo lo que necesité.

Cerré mi puño, el cuál comenzó a brillar con una luz incandescente.

—¡DIVINE SMITE! —exclamé.

Y se lo hundí en el medio del estómago.

De hecho había conectado de una manera tan exquisita, que hasta pude sentir como la armadura de Mitsurugi crujía y se hundía contra mi puño cubierto de acero. Lo que en un video juego llamaría un hermoso Critical Hit.

Un spray de saliva salpicó mi cara y Mitsurugi voló. Dejando un rastro de luz brillante en el aire. Como si se tratara de una estrella fugaz.

—¡UAAAAARGH! —gritó el chico de dolor antes de estrellarse en el pasto con un ruido seco.

Yo por mi parte no podía parar de jadear. Usar el Fasto Speedo para salvar a Aqua y ahora esta técnica de alto nivel, había consumido más MP de lo que pensé. Sin contar todo lo que estuve peleando hasta recién en esa estúpida competencia por ver quien eliminaba más monstruos.

Solo espero que Mitsurugi no se ponga de pie porque ya casi no me quedaba energía.

—Ese golpe…estuvo increíble…—dijo mi rival mientras se ponía de pie.

¡La puta madre!

—Si tan satisfecho estás, ¿por qué no me haces el favor de quedarte en el suelo?

El joven se pasó el puño por la boca.

—Me temo que no puedo hacer eso. Cuando encuentro un adversario así de fuerte…doy todo de mí hasta el final.

Y entonces comenzó a trastabillar.

—¿Te parece? Yo te veo bastante hecho mierda. Quiero decir, ¿realmente crees poder continuar?

—Oh. Eres muy amable, Kaizer. Pero no te preocupes…desde que perdí mi duelo con Kazuma, decidí no subestimar a mis rivales y… —Mitsurugi hizo una mueca de dolor y escupió hacia un lado— venir preparado.

Metió la mano en su armadura y al sacarla produjo un pequeño frasco con un líquido azul y brillante. Lo abrió y se lo tomó de un saque.

El cuerpo de Mitsurugi destelló débilmente y todo el agotamiento que había mostrado hasta recién desapareció por completo.

—Hijo de puta… ¿¿Acaso tenías un Elixir??

—Pareces sorprendido.

—Pues claro que lo estoy. ¡Estás haciendo trampa!

Mitsurugi parecía confundido.

—¿Trampa? Es raro escucharte decir eso cuando tú también eres un reencarnado.

—Que quieres de—

—¡Eeeeey! ¡Kaizeer!

Al voltear me encontré con Aqua, quien no parecía estar sorprendida en lo más mínimo por lo que acababa de hacer mi oponente.

—Él tiene razón —dijo— ¿No dijiste que en tu mundo habías jugado muchos RPG? Pues ya deberías saberlo. En las batallas contra jefes el jugador puede usar objetos para recuperar salud. Bueno, esto vendría a ser algo parecido.

Bueno, visto de esa manera, lo que explicaba Aqua tenía bastante sentido. Después de todo, este mundo tiene muchas cosas propias de ese tipo de juegos. Niveles, clases, misiones…

Pero aún así, ¡Eso no quitaba para nada el hecho de lo jodido que estaba! ¡Yo no tengo ningún objeto encima! ¡Las últimas pociones de maná que tenía me las gasté follando con Aqua las noches anteriores!

—Bueno, y ahora que se aclaró el asunto, ¿qué te parece si continuamos? —Mitsurugi ya tenía a Gram lista para atacar.

¡Aaaaah! ¡¿Por qué el coño de esa diosa de mierda tiene que ser tan adictivo!?

Con un Mitsurugi totalmente revitalizado, intenté resistir sus ataques lo más que pude. Desviando los golpes de su poderosa espada con Kronos, a la espera de una oportunidad para contraatacar.

Pero como era de esperarse…acabé perdiendo.

—¡Mierda! —grite con rabia dándole un puñetazo al suelo.

Estuve tan cerca.

—Uff, por poco y casi me vences —dijo Mitsurugi en un tono tranquilo. Apoyando la espada contra su hombro. Sus labios esbozaban una sonrisita de satisfacción— admito que en un momento tuve que ir con todo. Se ve que todavía me falta entrenar más. Es más, de no haber usado ese Elixir quizás hubiese perdido este duelo.

¿Quizás? ¡Pero si habría barrido el piso contigo de no haber sido por ese estúpido ítem!

—Quien sabe —fue lo que dije en voz alta. No quería parecer un mal perdedor. Una derrota es una derrota, sin importar como la veas.

—Más allá de eso, no puedo dejar de admirar el enorme potencial que me has demostrado hoy, Kaizer. Quizás la señorita Aqua sí esté segura bajo tu cuidado después de todo.

—¡Oh! ¿En serio? —mis palabras apenas impregnadas con una cuota de sarcasmo.

¿Quien se cree que es el payaso este?

—Sí. Por lo menos hasta que consiga hacerme más fuerte.

—Oigan, si ya terminaron, ¿nos podemos ir de una vez?

Aqua, a quien parecía importarle un comino que Mitsurugi esté tan empecinado en protegerla, dio un paso hacia a nosotros. Se veía incluso más fastidiosa.

Y que sucia está. Ahora que lo pienso bien, que te coma un sapo gigante no debe ser nada lindo. Por lo que quizás lo mejor sea volver al gremio y, en una de esas, ¡darnos un baño juntos!

Sin decir nada, la tomé de la muñeca y empecé a caminar.

—¡Auch! —se quejó ella— ¡No hace falta que me jales tan fuerte!

—¿Sabes qué, Aqua? Tienes toda la razón. Se nos hizo tardísimo. ¿Que te parece si vamos pegando la vuelta a Axel?

—¿Uh? S-Sí. Supongo que eso estaría bien.

—Bueno, Mitsurugi, ¡nos vemos! —saludé al maestro espadachín y comencé a caminar hacia la ciudad sin voltear hacia atrás.

—¡Más vale que te vuelvas más fuerte, Kaizer! ¡Yo también entrenaré más duro y sobrepasaré mis límites! ¡Cuídese, mi señora Aqua! ¡Estaré velando por su seguridad!

—Ah, seguro, seguro. Adiós Katsuragi.

—Esteee…es Mitsurugi, mi señora. ¡Oigan! ¡Esperen! ¡Yo también voy para el mismo lado que ustedes!

Empecé a caminar más rápido. Prácticamente arrastrando a Aqua.

No logramos perder a Mitsurugi hasta que llegamos a Axel.

Para cuando lo hicimos el sol ya se había puesto por completo y la forma traslucida de las primeras estrellas comenzaban a hacerse visibles sobre la tranquila (al menos por ahora) ciudad de los aventureros principiantes.

—Dios, que tipo más pesado.

—¿Seguro que no estás enojado por haber perdido el duelo? — preguntó Aqua en un tono burlón.

—Claro que no —mentí— ¿qué tan inmaduro te piensas que soy?

—Vamos, que no te de pena admitirlo. Yo creo que hubieras tenido una muy buena posibilidad de vencerlo si llevabas algunos objetos de curación. De hecho, me sorprendió que no lo hicieras. Que novato.

—Ey, ¿vas a consolarme o vas a hacerme sentir peor de lo que ya estoy?

—¡Oh! ¡Entonces sí estás enojado! Jeje, a una diosa bella y perspicaz como yo no se le escapa nada.

—Lo que tu digas.

De pronto Aqua levantó los brazos e irguió su cuerpo al tiempo que soltaba un exagerado quejido de relajación.

—¡Aaah! ¡Que cansada estoy! Oye, Kaizer, ¿podrías cargarme hasta mi casa?

—¿Acaso te volviste loca? Apenas, puedo mantenerme en pie.

Aquello último no era del todo mentira. La pelea con Mitsurugi había consumido todas mis fuerzas.

—¿¡Eeeh!? —chilló la diosa. Tan empática como siempre— ¿Pero qué clase de paladín se supone que eres si ni siquiera puedes cargar a una persona convaleciente en tu espalda?

—El convaleciente soy yo. ¿O acaso fuiste tú la que luchó con una horda de monstruos y luego se batió a duelo con un maestro espadachín?

—¡Que exagerado! ¿Que no te lancé Heal después de la pelea?

—Pero eso no me cura el cansancio.

—Ya deja de poner excusas tontas y cárgame.

—Te dije que no. Vamos, pasaremos por el gremio y te invitaré una cerveza.

La diosa hizo una mueca de indignación.

—¿Perdón? Eso es algo que tienes que hacer por el simple hecho de gozar de mi compañía. Que me cargues no tiene nada que ver.

—Ah bueno. Igual, no voy a hacerlo.

—¡¿Eh?! —chilló la peliazul, más disgustada que nunca— ¿Pero por quéeeee? ¡Qué cruel eres! ¡Caminé toda la tarde! ¡Me duelen los pies y encima dejaste que me comiera un sapo gigante! ¡Lo mínimo que puedes hacer es cargarme hasta mi casa!

¿Y desde cuando pasó a ser mi culpa lo del sapo gigante?

—Así de dura es la vida en el plano mortal —le dije con voz cansada— acostúmbrate.

—Está bien. En ese caso…quizás debería ir a buscar al tipo de la espada maldita. Kaburagi. Si se lo pido a él, seguro que me carga.

—Pues si vas a hacer eso, por lo deberías tomarte la molestia de aprenderte su nombre, ¿no crees? A demás, esta vez ni siquiera dijiste un nombre remotamente parecido.

—Con esos brazos tan fuertes que debe tener, apuesto a que no le costaría nada llevarme —Continuó Aqua. Mirándome de reojo con una sonrisita plasmada en su rostro angelical.

Era evidente que me estaba provocando.

Mmm…¿Me pregunto si seguirá por aquí? —preguntó para sí misma. Llevándose una mano a la frente como para hacer la pantomima de que lo estaba buscando— ¡Eeeey! ¡Matsuragi! ¡Esta diosa hermosa y benevolente necesita que alguien la cargue! ¡Mis pobres pies ya no dan más! ¡Eeeeyyy—-Mnghhh!!!

Le puse una mano en la boca para que se callara de una vez…

—¡Oye! ¿Puedo saber que te pasa? Si no vas a ayudarme mejo—.

Y me incliné hacia adelante. Ofreciéndole mi espalda.

—¿Uh?

—Que “uh” ni que ocho cuartos, ¡Ya súbete de una vez!

—¿De verdad? ¿Puedo saber a qué se debe este cambio de actitud tan repentino?

—¿Acaso vas a hacer problema por todo? Si no te vas a subir, puedes ir a buscar a Mitsurugi.

—No, no, está bien. Me subiré. Es solo que me llamó la atención. Si no te conociera —canturreó con dulzura— diría que te pusiste celoso.

—Ok, irás caminando.

—¡Hiiia! ¡No, espera! ¡Lo siento, lo siento! Me subiré, ¿está bien? *Suspiro* Que delicado. Bueno, aquí voy.

Aqua resultó ser más liviana de lo que pensaba. Aunque bueno, no es como si ya no hubiese estado arriba mío antes…solo que en una situación totalmente diferente. Si ustedes me entienden.

Aunque esto tampoco estaba nada mal.

Conforme caminaba, podía sentir sus pechos aplastarse contra mi espalda. Sus brazos me rodearon gentilmente el cuello y ella se inclinó hacia adelante, buscando la posición más cómoda.

Su rostro estaba tan cerca del mío que hasta podía sentir su respiración en mi oreja.

Cada vez que daba un paso al frente, un mechón de cabello azul me rozaba la mejilla. Un leve cosquilleo, que lejos de molestarme me resultaba reconfortante. Como una caricia.

¡Y que bien huele! Como la brisa de mar.

Aunque muchas veces también suele oler a vino y cerveza. Pero bueno, una vez que te acostumbrabas a eso se podía decir que la diosa del agua en general olía muy bien.

Por un momento ninguno de los dos dijo nada y todo lo que se podía escuchar en las calles de Axel era el traqueteo de mi armadura con cada paso que daba.

De pronto siento como Aqua se estiraba sobre mi espalda, moviendo sus caderas de un lado a otro.

Al parecer estaba disfrutando el pequeño paseo a caballo.

—¡Aaaah…! ¡Esto es lo mejor! —exclamó la arcipreste con voz relajada— Con que esto es lo que debe sentir Megumin después de una explosión, ¿uh?

—¿Megumin? —pregunté yo, sin saber a qué se estaba refiriendo.

—Oh, estaba hablando sola. No me hagas caso.

…

…

…

—Vaya, tu y tu grupo sí que no escatiman en lujos —dije una vez que llegamos a las puertas de la imponente mansión en donde vivía Aqua.

—Ah, supongo que no está mal.

Más allá de la respuesta condescendiente de Aqua, a mí no se me escapó el hecho de que, para poder comprar una mansión como esta, de seguro ella y su grupo tuvieron que completar un sin fin de misiones de alto nivel.

Pero claro, con una archi maga, una crusader experimentada y Aqua, quien era el tanque curativo, supongo que no existía misión que este grupo no pudiera completar.

Sin dejar de lado a su líder, por su puesto. El temible Kazuma Sato. A quien ni siquiera Mitsurugi pudo vencer.

Si algún día quería aspirar a estar a la altura de esos dos monstruos no me iba a quedar otra que matarme entrenando.

—Bueno, final del recorrido —anuncié al tiempo que me agachaba para que la diosa pudiese hacer su descenso.

—¡Ey! ¿No podrías bajarme con un poco más de cuidado?

Era increíble, pero esta mujer siempre encontraba la manera de quejarse por algo.

—¿No quieres que también te lleve en brazos a tu cama?

Porque créeme que lo haría.

—Buen intento.

—¿Y por qué no? ¿No crees que ya es hora de que me presentes a los miembros de tu equipo?

Si bien en principio hice la pregunta a modo de broma, la verdad es que se me hacía un tanto extraño no saber con qué tipo de personas vivía Aqua. Después de todo, ya había transcurrido un tiempo considerable desde que decidimos formar equipo.

—Mis compañeros…no tienen nada de especial. Es más, te diría que hasta son una carga. Si no fuese por mí…

La diosa desvió su mirada hacia un costado. Sintiéndose algo avergonzada.

—De seguro estarían diez veces mejor —me burlé, terminando la frase por ella.

—¡Eeeeh! ¡¿Que quisiste decir con eso?! ¡Discúlpate ahora mismo por insinuar que soy una inútil!

Pero en lugar de hacer eso, coloqué mis manos en sus mejillas y la besé.

En un acto totalmente deliberado.

Por unos instantes el cuerpo de la diosa se puso rígido y noté como sus rodillas se tambaleaban ligeramente.

Claramente lo que menos se esperaba era esto.

No obstante, ni bien mis labios hicieron contacto con los suyos, su cuerpo, de forma involuntaria, no tardó en responder al gesto.

Al principio sus delicadas manos se apoyaron contra mi pecho, como si fuese a apartarme de un empujón. Pero aquella pantomima no duró ni medio segundo, puesto que enseguida sus manos se posaron alrededor de mi cuello. Ansiando más contacto.

Con mi boca todavía conectada a sus labios húmedos y dulces por el vino, di unos pasos al frente hasta dejarla apoyada contra la reja de la mansión.

—K-Kaizer…—jadeó Aqua— Espera, que ha—Mmm.

Escucharla jadear mi nombre siempre me encendía, por lo que comencé a besarla con más urgencia.

Mis manos soltaron sus mejillas para deslizarse hasta su cintura. Rodeándola completamente entre mis brazos al tiempo que forzaba sus labios con mi lengua para buscar la suya.

Era una noche particularmente tranquila. Cuyo silencio de repente se vio interrumpido por el chasquido húmedo que producían nuestros labios al separarse y volverse a conectar. Como dos bestias hambrientas por devorar la boca del otro.

—Mmm…Ka-Ka—Mmm….espera….No podemos…no aquí, Mngh. Alguien podría salir y… Por favor, para—Mmm—. ❤

Aqua seguía protestando, pero la realidad es que su lengua no paraba de moverse. De danzar junto a la mía en un beso que cada vez empezaba a tornarse más sucio e impertinente.

Mi mano empezó a descender por la mini falda de su traje, hasta llegar al dobladillo semitransparente.

Con un rápido movimiento de mi mano, se lo levanté. Para finalmente cerrar mis dedos en la jugosa y abundante carne de su trasero.

Pero no me detuve ahí.

Deslicé mi otra mano hacia más abajo y la coloqué detrás de su pierna. Enredando mi brazo en ella para, acto seguido, comenzar a levantarla por el aire. Dejándola bien contra la reja.

—¡Mmm…! ¡Kaizer! ¡No! ¡Espera! —continuaba implorando Aqua entre jadeos— ¿Qué vas a hacer?

Lentamente le abrí las piernas y le apoyé el cuerpo encima. De tal forma que quedó suspendida entre mi pecho y la entrada de la mansión.

—Aqua…—gemí, sin dejar de besarla— te deseo…deseo tu cuerpo…deseo estar dentro tuyo…ahora…

Y entonces me olvidé de todo.

De mi duelo con Mitsurugi, de mi diferencia de poderes con Kazuma, y el hecho de que mañana seríamos atacados por la fortaleza andante Destroyer.

Lo único que me importaba en ese momento era Aqua y las ganas que tenía de estar dentro de ella. Como si fuese un fuego consumiéndome desde adentro.

Comencé a desabrocharme los pantalones. Mi verga ya se encontraba bien erecta. Lista para reclamar su premio.

Que esta diosa anduviera por la vida sin bragas supongo que resultaba practico para este tipo de situaciones, ya que no tenía que lidiar con quitarle la ropa.

—Mmm —gimió la archi sacerdotisa, mordiéndose el labio inferior y cerrando fuertemente los ojos, a medida que le apoyaba la punta en la entrada de su humedecido coño.

Luego colocó sus manos sobre mi pecho y me empujó. No fuerte, pero sí con firmeza.

—¿Acaso te volviste loco? —susurró. Un poco de saliva se escurría por la comisura de su boca.

—¿Qué? ¿Por qué?

—No podemos hacer esto. No ahora. M-Mañana tenemos una misión muy importante, ¿o ya lo olvidaste?

—¿Ah? ¿Y desde cuando te han importado las misiones a la hora coger?

Aqua tragó. Su mirada se desvió hacia un costado, como si esperara que alguien le pasara la respuesta.

—Ese no es el punto. Además…—se acomodó un poco la mini falda de su trajecito azul— ¿Como se te ocurre hacer eso aquí? Eres un pervertido. ¡Kaizer pervertido!

—Bueno…en ese caso, ¿por qué no vamos a tu habitación?

Al escuchar mi pregunta, los ojos de Aqua se abrieron como dos faroles azules. Y un intenso rubor se expandió por todo su rostro.

—¡EEEEEH! —chilló— ¿C-como se te ocurre? ¡No, no! ¡Ni loca! ¡Ni en tus sueños! ¡No va suceder! ¡No! ¡No! ¡No!

Abrió la puerta y con la rapidez de un ratoncillo se escabulló para el otro lado. Por lo que ahora la reja de la entrada nos separaba.

Supongo que eso fue lo más lejos que llegaré esta noche. Encima que perdí contra ese pesado de Mitsurugi y mañana me iba a tocar defender la ciudad del Destroyer, por lo menos quería tener una buena revolcada con Aqua. Pero ni eso pude tener. ¡Que noche de mierda!

—Eres de no creer —continuó la diosa, acomodándose un poco el traje.

—Supongo que me dejé llevar. Bueno, me voy. Trata de no cagarla mañana.

—¿Que se supone que significa eso?

—¿No te dieron la responsabilidad de detener el avance del Destroyer con tu enorme poder mágico? Por supuesto que yo haré todo lo que esté a mi alcance para ayudar, pero, quizás ustedes sean la única oportunidad que tengamos de frenar esa cosa.

—¡Jum! Como si una diosa genial y perfeccionista como yo necesitara que alguien, en especial tú, me recordara lo que tengo que hacer—protestó Aqua con los puños apoyados en su cintura— Y si tan preocupado estás por la misión de mañana deberías irte a descansar en lugar de estar pensando en tener sexo conmigo.

—Bueno, bueno, ya me voy —me di la vuelta, comencé a caminar. Pero tras dar dos pasos me detuve y miré a Aqua por sobre el hombro— ¿Seguro que no quieres? ¿Ni siquiera uno rapidito?

—¡NO!

Tenía que intentarlo.

—Buenas noches —dije aceptando la derrota. La segunda del día.

—Buenas noches, paladín degenerado. Trata de no morir mañana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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