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Una Aventura Erótica con esta Autoproclamada Diosa! - Capítulo 35

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  3. Capítulo 35 - 35 ¡La batalla por esta ridícula y querida ciudad!
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35: ¡La batalla por esta ridícula y querida ciudad!

(4) 35: ¡La batalla por esta ridícula y querida ciudad!

(4) En cuanto al estado de la batalla, parece que si bien la operación de romper la barrera del Destroyer con el Sacred Break Spell de Aqua, seguido por la explosión combinada de Wiz y la chica maga del grupo de Kazuma Sato, había sido un éxito; esto solo sirvió para detener el avance de la terrible fortaleza andante.

Al parecer dentro del Destroyer había un núcleo el cual no solo mantenía la mayoría de sus funciones operables, sino que además y lo más terrible de todo, es que ahora que había sido derribado, este podía explotar en cualquier momento.

Y la ciudad no estaba lo suficientemente lejos como para que pudiésemos optar simplemente por esperar a que explote y listo.

No.

Si el núcleo efectivamente explotaba, lo más seguro es que Axel sería borrada del mapa.

Para evitar esto, según lo que pude escuchar de los guardias de la ciudad, un grupo de aventureros (incluido Kazuma Satou y sus compañeras) había subido al lomo de la monstruosa maquinaria para encontrar este núcleo y de alguna forma evitar que estallé.

O en el caso de hacerlo, que sea bien lejos de la ciudad.

Lo que nadie era capaz de explicar era de donde demonios habían salido los mini destroyers.

Si supuestamente no había nadie dentro de la fortaleza como para operarla.

A menos que alguno de los aventureros que se adentró en la fortaleza los haya dejado salir.

Pero seamos honestos, ¿quién podía ser tan estúpido de hacer algo así?

En fin, la batalla continuaba y Kronos no paraba deecortar las patas de estos engendros mecánicos.

Liberando chispazos eléctricos al tiempo que cables y circuitos volaban por los aires.

—¡Bah!

¡Al final no resultaron ser la gran cosa!

—dijo un guerrero con el que no había hablado nunca.

—Sí, todo gracias a nuestro paladin.

¡Viva Kaizer!

—¡Viva!

Si bien no era particularmente reacio a los cumplidos, no pude evitar darme cuenta de que uno de los mini destroyers estaba arremetiendo a toda marcha contra el pequeño grupo.

Y antes de que pudiese advertirles, me quedé atónito al ver como la parte superior del cuerpo se abría como si fuese una compuerta y dos enormes misiles salían disparados.

Aparentemente esta gente estaba empecinada en seguir llamando a la desgracia, cantando victoria antes de tiempo.

—¡SLOW!

—grité al tiempo que apuntaba mi espada hacia los dos proyectiles.

Estos inmediatamente pasaron a moverse en cámara lenta, dentro de una pequeña distorsión de aire.

Corrí hacia la grotesca maquinaria y usando un pedazo de chatarra como trampolín di un salto hasta quedar a la altura de los dos misiles.

Los cuales avanzaban a una velocidad tan lenta como a la de una tortuga —¡Divine Smite!

Una luz blanca envolvió mi puño enguantado y acto seguido lo estrellé con el misil más cerca que tenía.

Luego hice exactamente lo mismo con el otro.

Si bien no era tan poderoso como para destruirlos, la fuerza del choque fue lo suficientemente potente como para desviar su trayectoria hacia arriba.

Los aventureros que estaban a mi alrededor se quedaron boquiabiertos ante mi hazaña.

Viendo como los dos proyectiles ascendían hasta perderse en el firmamento.

—¡Eso fue increíble!

—¿Vieron eso?

Es como si el tiempo se hubiese detenido por unos instantes.

Técnicamente no se detiene, solo se vuelve muy pero muy lento.

Pero no había tiempo para explicarles eso ahora.

Rápidamente me trepé al lomo del bicharraco y tomando a Kronos con las dos manos, le enterré la hoja hasta la empuñadura.

Al retirarla, más chispas y tornillos salieron volando.

En eso escucho que la criatura empieza a hacer un extraño “pip, pip, pip” que no me gustó nada.

Por lo qué, teniendo más o menos una idea de lo que se venía a continuación, me revolqué hacia un costado y unos segundos después el mini destroyer explotó.

—¿Se encuentra bien señor Kaizer?

—me preguntó un preocupado Dikon.

—Sí, pero no podemos confiarnos…si esas cosas llegan a explotar en la ciudad.

—El daño sería terrible.

En el medio del caos, tres mini detroyers aparecieron ante nosotros.

Y para mi sorpresa llevaban a lo que parecían ser unos robots.

Que iban montados sobre sus lomos como si fuesen jinetes arriba de caballos.

El del medio blandía una enorme espada y a juzgar por como flaqueaba a los otros dos diría que era el líder.

—¡¿Que son esas cosas?!

—gritó un guerrero que luchaba usando dos espadas a la vez— ¡Vienen directo hacia nosotros!

—¡Atrás!

—alertó una jovencita.

A juzgar por su sombrero puntiagudo y su oscura túnica, no podía ser otra cosa más que una maga— ¡Les daré con mi bola fuego!

Apuntando su bastón hacia los tres jinetes, la valiente maga se puso a recitar su hechizo.

Liberando tres, cuatro, cinco esferas llameantes que atravesaron el aire, haciendo una hermosa curva hasta estrellarse contra sus objetivos.

Levantando una nube de polvo y humo que momentáneamente nos obstruyó la visión.

Fue un ataque impresionante, debo decir.

Justamente por eso a duras penas podía creer lo que estaban viendo mis ojos cuando desde el interior de la nube negra, emergieron los tres jinetes.

Todavía sobre sus monturas arácnidas, como si la explosión no los hubiera afectado en lo más mínimo.

¿Y ahora qué hacemos?

Ya prácticamente los tenemos encima.

¡A esta distancia me será imposible ralentizarlos usando Slow!

Viendo que estaba a punto de ser arrollada, la joven maga se tiró hacia un costado del camino, sujetando su sombrero con ambas manos para que no se le volara.

El resto de aventureros también buscó resguardarse de alguna manera.

Yo levanté mi escudo.

Preparado para recibir la embestida.

Era una locura, lo sé.

Pero es que estaban tan cerca que no iba a llegar a esquivarlos.

El impacto nunca llegó.

En lugar de eso, los tres jinetes siguieron de largo, ignorándonos por completo.

—¿Huh?

¿Que pasó?

—preguntó Dikon, sujetándose la cabeza.

Como si esperara que en cualquier momento le fuese a caer algo del cielo— C-Creí que nos atacarían.

—No.

—exhalé con horror— No, no, no, no.

El enemigo acababa de atravesar las puertas de la ciudad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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