Una Aventura Erótica con esta Autoproclamada Diosa! - Capítulo 36
- Inicio
- Una Aventura Erótica con esta Autoproclamada Diosa!
- Capítulo 36 - 36 ¡La batalla por esta ridícula y querida ciudad!
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
36: ¡La batalla por esta ridícula y querida ciudad!
(5) 36: ¡La batalla por esta ridícula y querida ciudad!
(5) El sonido del acero contra el acero resonaba en las calles de Axel.
Hacia donde mirara podía ver grupos de aventureros haciéndole frente a los mini destroyers, que encima ahora venían acompañados de unos robots.
—¡Defendamos este lugar sagrado a muerte!
—escuché gritar a alguien.
Un corpulento aventurero se estaba enfrentando solo a un mini destroyer.
El cual por alguna razón estaba empecinado en destruir cierto local administrado por ciertas súcubos.
—¡Muchachos!
¡Si este lugar cae será el fin de nuestra felicidad!
—alertó.
—¡No lo permitiremos!
—¡Malditas chatarras!
¡Deberán pasar por sobre mi cadáver si quieren meterse con esos ángeles!
Estoy seguro que una súcubo calificaba como algo totalmente opuesto a un ángel, pero bueno, ¿quien era yo para meterme con la fuente de motivación de estos tipos?
Eventualmente, el valiente guerrero logró derrotar al mini destroyer, gracias a la ayuda de otros tres aventureros que se unieron a la batalla.
Todos hombres por supuesto.
Seguí peleando.
Ayudando de tanto en tanto a cualquier aventurero o civil que estuviera en aprietos.
En un momento, mientras caminaba por la calle principal que llevaba al gremio, escucho los desesperados gritos de una chica.
—¡Uaargh!
¡Escorias!
¡Lacayos del mal!
¡Me las van a pagaarrrrr!
Parece que la estaba pasando mal.
Decidí apresurar la marcha y en eso me encuentro con una joven de cabello largo y rojo, atado en una cola de caballo.
La cual mostraba unos claritos amarillos en las puntas.
Evocando así la figura de una llama.
Llevaba puesta una brillante armadura naranja y estaba de rodillas en el piso con una expresión de dolor.
En su mano sostenía firmemente una lanza, la cual estaba usando de soporte.
Aún así, con el rostro magullado y lleno de sangre, diría que era una chica bastante atractiva.
—¡Ey!
¡Tú!
—gruñó hacia mi dirección— ¡Este lugar es muy peligroso!
¡Será mejor que salgas de aquí, si es no quieres salir herido!
—¿Me estás hablando a mí?
—¿Acaso eres estúpido?
¿A quién más si no?
¡Vete de una vez!
¡Estos tipos van en serio!
Si no te vas ahora no podré luchar con tranquilid-uuuaaaargh!
Pero la joven no pudo terminar la frase porque enseguida empezó a vomitar sangre.
Seguido de un ataque de tos.
Le habían dado una buena paliza.
Al mirar a mi alrededor, pude ver a los tres robots que nos habían emboscado en la entrada de la ciudad.
Y al parecer, esta chica estaba luchando con los tres a la vez.
En ese momento uno de los robots giró la cabeza directamente hacia mí, generando el típico zumbido mecánico que hacen estas fascinantes máquinas.
¡CHUUUUIK!
Ahora que lo veía quieto, noté que el grotesco ser no tenía ojos.
En lugar de eso, llevaba un visor rectangular con una luz roja en forma de punto.
Justo en el medio de la cabeza.
El robot avanzó hacia mí a una velocidad tal, que apenas tuve tiempo de levantar mi brazo y bloquear el ataque de su espada.
Se trataba del líder.
Sus dos compañeros, por otra parte, comenzaron a rodearme.
Desplazándose con cautela.
Uno llevaba una lanza y el otro si bien no blandía ningún arma blanca, abrí los ojos con asombro al comprobar que sus dos brazos tenían la forma de unas ametralladoras.
Igualitas a las que usaban los robots en algunas películas de ciencia ficción de mi antiguo mundo.
Me pregunto qué mente retorcida habrá creado estas cosas.
¿Un reencarnado como yo?
Por dios, Aqua, ¡¿A qué clase de locos has estado enviando a este mundo?!
—Para ser un pedazo de chatarra inútil te mueves muy bien —le dije burlonamente al líder.
Sin saber realmente si me entendía o no.
—Aún así, no podrás ganarme.
Di un salto hacia adelante y comencé a descargarle una serie de golpes con mi espada.
El robot empezó a retroceder, hasta quedar de espaldas contra la pared de un edificio.
Soltando una serie de chirridos robóticos.
¿Será que era su forma de maldecir?
Pero a pesar de mi clara ventaja, me vi incapaz de darle el golpe de gracia.
El problema no eran las habilidades de mi oponente en sí, sino que, cada vez que parecía que iba a asestarle un golpe crítico, sus dos compañeros se me tiraban encima.
Obligándome a desviar mi atención para defenderme de sus ataques.
Ni bien lograba contenerlos, los dos robots volvían a tomar distancia, solo para volver a atacarme ni bien veían que su líder estaba en apuros.
Encima el de la lanza tenía una pequeña ventaja al poder atacarme desde lejos.
Y ni hablar del tipo de las ametralladoras.
—¡Detrás de usted, señor Kaizer!
—escucho gritar a alguien a mis espaldas.
Parece que Dikon se había unido a la batalla.
Pero ahora no podía prestarle atención.
Puesto que al darme la vuelta me encuentro con una enorme lanza.
Descendiendo furiosamente hacia mí.
Rodé hacia un costado, esquivando el golpe con lo justo.
El robot había puesto tanta fuerza en el ataque, que un cuarto de la lanza había quedado enterrada en el suelo.
Por lo que ahora su dueño estaba forcejeando para sacarla.
Haciendo más de esos molestos chirridos.
—Bipbipbip…biiiip.
Mi idea era contraatacar mientras el tipo de la lanza se encontraba ocupado liberando su arma.
Pero en ese preciso instante, mi sentido divino se activa.
Por lo que vuelvo a tirarme hacia un lado, rodando tres veces por el suelo.
Esta vez para salir de la línea de fuego del otro robot.
El cual no dudó ni un segundo en descargar una ráfaga de disparos.
—Señor Kaizer, permítame asistirlo en este combate.
Negué con la cabeza.
—De ninguna manera, es demasiado peligroso.
Mejor ve a asistir a esa aventurera, que por lo que ví, está bastante malherida.
—¿Y dejarlo solo a usted?
¡Jamás!
Además, para que lo sepa, he estado subiendo algunos niveles desde la batalla contra Demian.
Observe bien.
Y entonces se puso a lanzar sus mejores hechizos contra el trio de robots.
Todos ataques de altísimo nivel.
Y de todos los tipos.
Agua, hielo, fuego, viento.
Ataques que por supuesto no le hicieron ni cosquillas a los robots, debido a los paupérrimos stats de Dikon.
—No…No puede ser…
¡Pero si fueron mis mejores hechizos!
—N-No te preocupes —le dije al joven con un poco de vergüenza ajena.
Al ver como el trio de robots se miraba entre sí.
Como diciendo “¿Se supone que eso fue un ataque?” —Mejor ve asistir a esa chica.
Trajiste pociones altas, ¿verdad?
Dikon me miró con los ojos bien grandes y asintió.
Todavía conmocionado por la inefectividad de sus ataques.
—¡Eeey!
¿Podrían…dejar de hablar como si no estuviese aquí?
Al escuchar esa voz medio moribunda, miré hacia mi lado y me topé con la aventurera maltrecha de cabello rojo.
Tenía un ojo cerrado cubierto de sangre y usaba su lanza para sostenerse.
Daba la impresión que si la soplabas un poco se caía.
—Yo…Flerier Burningside…no pienso rendirme ante el mal…yo…¡Seguiré luchando!
—Entiendo como te sientes, pero si continúas luchando con esas heridas morirás —le dije.
A pesar de que en el fondo algo me decía que era totalmente inútil.
Puesto que la chica parecía obedecer al estereotipo del típico personaje cabeza dura, que se obsesionaba con batallas que sabía que no podía ganar.
Es más, estoy seguro de que ahora me iba a salir con algo así como que sus heridas no eran nada serio y que estaba lo más bien.
A pesar de que claramente no lo estaba.
—¿Esto?
—la chica soltó una risita entre dientes— Esto no es más que un rasguño.
¿Que les dije?
—Se necesita mucho más que esto para apagar la llama de la justicia que arde en mi corazón —continuó la joven— Ahora, si no vas a ayudar, mejor hazte un lado.
Cada vez me convencía más de que los habitantes de este mundo tenían una adicción a las frases más estereotipadas que podías oír tanto en animes como en video juegos.
Era como la selección de lo peor de las cosas con las que había interactuado en mi mundo.
La chica escupió una flema sanguinolenta.
Llevaba una mirada penetrante.
—Si vas a luchar, será mejor que te tomes una de estas —le dijo Dikon, ofreciéndole una poción de alta calidad.
La chica bufó y apartó la botella con un gesto de la mano.
—Una guerrera tan honorable como yo jamás recurriría a artimañas como esa.
Y menos para ganarle a unos enemigos tan insignificantes como estos —aseguró.
Sosteniendo su lanza con ambas manos— Ganaré, con mi justicia.
Juro que lo haré.
¡Salvaré esta ciudad, aunque tenga que verla reducida a cenizas!
¡¿Que dijo?!
Eso no tenía ningún sentido.
¿Pero saben qué?
Al carajo con intentar entender a esta loca.
—¡HYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
Antes de que Dikon o yo pudiésemos agregar algo, Flerier empezó a hacer girar la lanza entre sus dedos con remarcable destreza.
Para finalmente salir disparada como un rayo hacia los tres robots.
Estos se pusieron en guardia de forma inmediata.
Listos para repeler cualquier ataque.
Sin embargo, en el último momento la chica dio un gran salto hacia arriba.
Hubo un pequeño chispazo y al siguiente instante, todo su cuerpo pasó a estar envuelto en una esfera de fuego.
—¡Señor Kaizer!
¡¿Que es esa técnica?!
—preguntó Dikon con asombro.
Pero las palabras no podían salir de mi boca.
Había quedado embelesado ante semejante despliegue de poder.
Eso hasta que escuché el nombre de la técnica…
—¡ESTOCADA LLAMEANTE FINAL DE LA JUSTICIA Y LA MUERTEEEEEEEEEEE!
Creo que hasta los nenes de seis años inventan nombres menos ridículos e infantiles cuando están jugando a los caballeros o lo que sea.
Pero esto…esto ya atentaba contra el buen gusto y el autorrespeto En fin.
Flerier descargó su poderoso ataque.
Cayendo en picada contra el trio de robots.
Generando un impacto tan fuerte, que como mínimo esperaba que los tres volaran en pedazos.
No obstante, me quedé boquiabierto al ver como la punta de la lanza quedó a escasos centímetros de lo que parecía ser una barrera transparente.
¿Que mierda era eso?
¿Acaso los robots le lanzaron una suerte de contraataque?
No parecía ser el caso, ya que los tres miraban a Flerier, quien ahora estaba suspendida en el aire, sin terminar de comprender ellos mismos lo que estaba aconteciendo.
Y entonces pasó.
Se produjo un fuerte destello rojo y lo siguiente que vieron mis ojos fue como el cuerpo de Flerier salía volando por los aires hasta estrellarse en un edificio con un crujido aterrador.
La chica gruñó de dolor al tiempo que un chorro de sangre emanaba de su boca, para finalmente desplomarse en el suelo y quedar inmóvil.
Desconozco por qué empecé a correr hacia ella.
Tras semejante golpe no tenía sentido que estuviese viva.
No obstante, este mundo absurdo decidió volver a sorprenderme.
—Arghh…mierda…me fallaron los cálculos…—dijo Flerier con una voz quebrada.
Casi agonizante.
Me arrodillé a su lado.
Todavía intentando procesar lo que acaba de ocurrir.
—¿Que pasó?
¿Por qué fuiste tú la que salió volando?
—Mi estocada llameante final de la justicia y la muerte es una técnica mortal…
—comenzó a explicar la joven.
Con los ojos llenos de bronca todavía puestos en los robots— Tiene una fuerza tremenda…el único problema es que tiene un 50% de probabilidades de que el impacto lo termine recibiendo el usuario…
¡Uaargh!
Más sangre.
¡Pero qué técnica de porquería!
Básicamente era un ataque de desesperación.
En los RPG que solía jugar había varias habilidades de ese tipo.
Las cuales solías guardar para casos extremos de vida o muerte.
Pensar que me encontraría con una habilidad así en este lugar…
—¡Mierda…!
¡Mierda…!
¡Mierda…!
—gruñó con rabia la chica, golpeando su puño contra el piso— si hubiese acertado el golpe…si mi justicia hubiese sido más fuerte…no sé quien seas…pero dejo el resto en tus manos…
Y tras decir esas últimas palabras, murió.
O quedó inconsciente.
No sé.
Momento, ¿qué fue lo que me dijo?
¿Dejo el resto en tus manos?
¡Pero si todo lo que hizo fue usar una técnica totalmente inútil que no sirvió ni para una mierda!
Grité internamente.
Resignado, coloqué mis diez dedos alrededor de la empuñadura de Kronos y apreté con fuerza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com