Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 24

  1. Inicio
  2. Una Vida (Casi) Perfecta
  3. Capítulo 24 - 24 CAPÍTULO 24 UN FANTASMA QUE REGRESA
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

24: CAPÍTULO 24: UN FANTASMA QUE REGRESA 24: CAPÍTULO 24: UN FANTASMA QUE REGRESA Es viernes por la mañana y decidimos no ir a trabajar.

Hoy es la fiesta escolar familiar, la primera en la que participan los niños y no me la perdería por nada.

Alex y yo llevamos a Caín y a los mellizos al colegio.

Aparco el coche frente al edificio y bajamos los cinco.

Caín va por delante, emocionado, con esa energía que sólo él sabe transmitir.

Yo llevo a Diego en brazos y Alex a Katie.

–No creo que esto lo hayan hecho antes en la escuela –me dice Alex mientras cerramos el coche.

–Es el primer año que lo organizan –le respondo con una media sonrisa.

Asiente y seguimos caminando.

Vemos a Caín reunirse con sus amigos en cuanto cruzamos la entrada.

Corre, ríe, juega.

Me encanta verlo así.

Dejamos a los mellizos con su clase y nos dirigimos a la zona donde se reúnen el resto de los padres.

Siento las miradas.

Algunas curiosas.

Otras, juzgadoras.

No es nuevo, pero duele igual.

Me acerco a Alex y la rodeo con un brazo.

–No sé cómo sobrellevar esto.

Nos miran como si no fuéramos normales.

–Lo he notado, bambina.

No me gusta nada.

–Es como si ser dos madres fuera un espectáculo.

–¿Y qué importa lo que piensen?

–me dice, mirándome con esos ojos que me devuelven la calma–.

Tienes a tu familia, a tus hijos, a mí.

El resto sobra.

Le sonrío.

Siempre consigue animarme, incluso en los peores momentos.

Me da un beso fugaz, justo cuando anuncian por megafonía que van a comenzar las actividades.

Vemos a Caín jugando feliz con su grupo, y a los mellizos riendo con sus compañeros.

Entonces sentimos la vibración de nuestros móviles al mismo tiempo.

Miramos.

Es un mensaje del trabajo.

Jason está en el colegio.

Me recorre un escalofrío.

–Vaya día ha elegido para aparecer –dice Alex, seria.

–Seguro se ha enterado de lo de la fiesta –respondo, cerrando los ojos un momento–.

Maldita sea.

–No se acercará a los niños.

Te lo prometo.

–¿Llamamos a los refuerzos?

–No.

No quiero arruinar este día para ellos.

Estaremos atentas.

Discretas.

Asiento.

Nos separamos para cubrir más terreno: ella se queda en el patio y yo me adentro en el colegio, recorriendo pasillos, escaleras, buscando algún indicio de él.

A los pocos minutos, me llama Alex.

–Ya está dentro.

Va hacia la dirección.

–Voy para allá.

Quédate vigilando a los niños.

–¿Segura?

¿Quieres que vaya contigo?

–No.

Puedo con él.

Te llamo si necesito ayuda.

Cuelgo.

Camino con paso firme hacia la oficina de dirección.

Lo veo.

Está sentado como si no pasara nada, esperándome.

En cuanto entro, levanta la mirada.

–Te estaba esperando –dice con voz seca.

–¿Qué haces aquí, Jason?

–He venido por mi hijo.

–No vas a llevártelo.

Caín se queda conmigo.

Conmigo y con Alex.

–¿Quién demonios es Alex?

¿Tu nuevo novio?

–Novia –le corrijo, sin apartar la vista.

–¿Así que ahora te van las mujeres?

–Se llama bisexualidad, por si no lo sabías.

Suspira y se levanta, acercándose.

Mantengo la postura.

–Quiero llevarme a Caín.

Es mi hijo.

–Lo dejaste hace seis años.

Lo abandonaste.

Desde entonces dejó de ser tu hijo.

–No seas ridícula, Kira.

Un niño necesita a su padre.

–No necesita un padre que se escapa de prisión y va por ahí matando gente.

Tiene una familia.

A mi, a su otra madre y a sus hermanos.

Tiene amor.

No te necesita.

–¿Te quedaste embarazada otra vez?

–Sí.

Fue la misma semana que te fuiste.

–Entonces son míos.

–Lo son.

Y aun así no vas a llevártelos.

–Me los voy a llevar.

A los tres.

–Ni en tus sueños.

Estás desquiciado.

–Quizá.

Pero eso no me detendrá.

–¿Qué te pasó, Jason?

¿En qué te convertiste?

–Me cansé de fingir ser alguien bueno.

Ahora hago lo que quiero.

–¿Y matar a Tom fue parte de eso?

¿De “hacer lo que quieres”?

–Me iba a entregar.

No tuve opción.

–Sí la tuviste.

Pudiste haber hecho lo correcto.

Él te quería como a un padre.

–Era un estorbo.

Trago saliva para no gritarle.

Me arde el pecho.

Siento cómo mi rabia me consume, pero entonces sigue preguntando cosas.

–¿Sigues trabajando en la CIA?

–Claro que sí.

–Eso significa que has venido a detenerme.

–No sé cómo lo puedes dudar.

–No podrás sola contra mí.

–No está sola, idiota.

Alex entra y se coloca a mi lado.

Sonrío al verla.

–¿Ella es tu novia?

–Sí.

Y juntas venimos a terminar esto.

Jason sonríe de forma desafiante.

–Pues venga.

Aquí me tenéis.

Alex es la primera en lanzarse.

Yo la sigo sin dudar.

La pelea es corta, intensa, pero logramos reducirlo.

Lo esposamos en el suelo justo cuando llega Alfonso con otros agentes.

–Más fácil de lo que imaginaba –dice Alex, jadeando.

–Estoy de acuerdo –le respondo, agotada.

Alfonso se lleva a Jason.

Me giro hacia Alex.

–Voy al patio.

No quiero que los niños sospechen nada.

Me da un beso antes de que me vaya.

Cuando llego, Caín, Diego y Katie corren hacia mí.

–¿Y mami?

–pregunta Caín.

–Ahora viene, cariño.

Ellos me arrastran hacia las actividades con una sonrisa.

Poco después, Alex se une a nosotros y me susurra al oído.

–Ya lo trasladan a la CIA.

Allí estará hasta que puedan devolverlo a prisión.

–Me alegra.

Por fin.

–¿Se lo dirás a los niños?

–A los mellizos, no.

Y a Caín… aún no.

No podría soportarlo.

–Haces bien, bambina.

La fiesta continúa.

Los padres y los niños se presentan uno a uno.

Cuando llega nuestro turno, la directora nos sonríe.

–¿Queréis presentaros?

–Claro –respondo, dando un paso al frente–.

Soy Kira Lewis, y ella es Alex Fox.

Trabajamos en NewsCoop, una empresa de periodismo e investigación policial.

–Y somos las madres de Caín, Diego y Katie Lewis.

Algunas personas nos sonríen.

Otras cuchichean.

Siento sus ojos, sus prejuicios.

Me tenso.

Alex me rodea la cintura con un brazo.

–No les des ese poder.

Ellos no importan.

–Lo sé –le respondo, apoyándome en ella–.

Sólo quisiera que un día nadie nos mirara raro.

–Ese día llegará, Kira.

Tal vez no hoy, pero llegará.

Después de unas horas, volvemos a casa.

Los mellizos se duermen en cuanto tocan la cama.

Caín, en cambio, sigue despierto.

Alex va a verlo antes de acostarse.

–¿No puedes dormir?

–No.

–¿Qué te pasa, campeón?

–Echo de menos a papá.

Alex se sienta a su lado.

–Tu madre ya te ha explicado por qué no puedes verlo.

–¿Y tú?

¿Tú me dejarías verlo?

–No puedo, enano.

–¿Sabes dónde está?

–Sí.

Pero no es un buen lugar para ti.

Tu padre ya no es bueno, Caín.

Podría hacerte daño.

–¿Y por qué mamá no me lo dijo?

–Porque sólo quiere protegerte.

Como yo.

¿Lo entiendes?

Caín asiente en silencio.

Alex lo arropa con ternura.

–Ahora duerme, ¿sí?

Ella se acuesta conmigo un rato después.

Me abraza por la espalda y se acurruca.

–¿Está bien?

–le pregunto medio dormida.

–Sí.

Lo echa de menos.

Pero entiende más de lo que creemos.

Asiento, dejando que sus brazos me rodeen.

–Gracias por estar aquí –susurro.

–Nunca voy a dejar de estarlo, bambina.

Y me duermo así, entre sus brazos, sabiendo que, pase lo que pase, seguimos siendo una familia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo