Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una Vida (Casi) Perfecta - Capítulo 25

  1. Inicio
  2. Una Vida (Casi) Perfecta
  3. Capítulo 25 - 25 CAPÍTULO 25 CICATRICES
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

25: CAPÍTULO 25: CICATRICES 25: CAPÍTULO 25: CICATRICES Es lunes por la mañana.

Alex y yo regresamos a la CIA.

Caminamos por los pasillos hasta nuestro despacho, ese que compartimos desde hace años.

Apenas entramos, cada una se sumerge en su rutina: tecleamos informes, revisamos archivos, consultamos pantallas.

Pero siento su mirada sobre mí.

–¿Qué te pasa?

–le pregunto, levantando la mirada del ordenador.

Suspira antes de hablarme.

–Jason sigue en el edificio, por si quieres ir a verlo antes de que se lo lleven –dice con voz suave.

Niego con la cabeza.

–No quiero volver a enfrentarme a él.

–Lo entiendo, bambina.

Pero si en algún momento del día cambias de opinión, sabes que puedes ir a verlo.

–Lo pensaré, aunque lo más seguro es que no lo haga.

Ella asiente y sigue trabajando.

Yo también lo intento, pero mi mente no colabora.

Más tarde, Alex se va a una misión.

Me quedo sola en el despacho.

Trato de concentrarme, pero la conversación pendiente con Jason no deja de dar vueltas en mi cabeza.

Finalmente me levanto.

Tomo el ascensor hacia la zona de celdas, insegura de si estoy tomando una buena decisión.

Camino por el pasillo hasta llegar a la última celda.

Ahí está él.

Jason levanta la cabeza al oír mis pasos.

–Parece que siempre vuelves a mí –dice, con esa sonrisa arrogante.

–Vaya ego el tuyo.

Se ríe y se acerca a los barrotes.

–Sigues igual de guapa.

–Y tú, en cambio, estás peor.

–¿Has venido solo a insultarme?

–No.

Solo quiero hablar.

–¿De qué?

–¿Por qué te fuiste sin decir una sola palabra?

–Es complicado.

–Inténtalo, al menos.

Jason suspira.

Se sienta en un taburete al borde de la celda y me observa.

–Me cansé de esa vida.

–¿En serio esperas que me crea eso?

Me podría creer más que tuvieras a otra mujer.

–Nunca hubo otra.

Solo quería desaparecer.

No quería arruinarlo todo.

–Y aun así lo arruinaste.

Me dejaste sola con un niño de cuatro años y embarazada de mellizos, Jason.

Él asiente en silencio y suspira.

–Ya no sientes nada por mí, ¿verdad?

–¿Qué clase de pregunta es esa?

–Solo respóndeme.

–No.

Ya no siento nada por ti.

Jason baja la mirada por un momento antes de volverme a mirar de nuevo.

–Me has cambiado por esa mujer.

–No te he cambiado por nadie.

Fuiste tú quien se fue.

Yo seguí adelante con mi vida.

Me enamoré de alguien que me quiere, que me cuida más de lo que tú lo hiciste jamás.

–No hace falta que me humilles.

–No te estoy humillando.

Te digo la verdad.

Y otra cosa: enamorarme de una mujer no es irreal.

Es lo mejor que me ha pasado.

–Eso no es natural.

–¿De verdad?

Eres un imbécil homófobo.

–Tal vez, pero sigo teniendo razón.

–Nunca la vas a tener.

Me alegra verte entre rejas.

Espero que te diviertas en prisión.

–Siempre lo hago –responde, con una sonrisa escalofriante.

–Claro que sí.

Psicópata.

Me doy la vuelta y me voy, escuchando su risa apagarse detrás de mí.

De vuelta en el despacho, me siento con el corazón acelerado.

Dejo un suspiro un poco largo.

La puerta se abre.

Levanto la vista.

Es Alex.

–¿Cómo ha ido?

–le pregunto, intentando sonar casual.

–Mejor de lo que esperaba.

Lo atrapamos.

Me acerco para abrazarla, pero suelta un pequeño gemido de dolor.

–Estás herida.

–No es nada.

–Sí lo es.

Déjame verte.

Ella se deja caer en la silla.

Tomo el botiquín, me acerco y le levanto la camisa.

La herida está ahí, no muy grave, pero duele verla.

–¿Es grande?

–Un poco.

–No me digas eso.

–No seas miedica –digo, sonriendo.

–Cúrame ya, bambina.

–dice con desesperación.

–Lo haré, tranquila.

Empiezo a curarla con mucho cuidado.

–Es más grande de lo que pensé.

–¿Cómo de grande?

–No necesitas puntos, pero voy a vendártela.

–Hazlo.

Le vendo la herida, luego recojo todo.

Ella me mira, agotada pero agradecida.

–Gracias.

–No hay de qué, mi amor.

–Odio sentirme débil.

–A mí me gusta.

Así puedo cuidarte.

Le sonrío.

Ella hace una rabieta fingida.

–Eres mala.

–Pero me quieres igual.

–Eso es verdad.

Me inclino y la beso en la cabeza.

Ella me toma del rostro y me besa.

Le respondo sin dudar.

El beso es lento, profundo.

Después de unos segundos nos separamos, recuperando el aliento.

–Te quiero, bambina.

–Y yo a ti, amor.

Tocan la puerta.

Ambas giramos la cabeza.

Caín asoma por el marco.

–Cariño, ¿qué haces aquí?

Entra, cierra la puerta y me abraza.

Algo va mal.

–¿Qué ha pasado?

–He visto a papá.

–¿Qué?

¿Cuándo?

– Ahora.

En la calle.

Un agente lo llevaba a un coche.

Suspiro.

Ya se lo han llevado.

–Cariño, papá se va a un sitio muy malo.

–¿Qué sitio?

Miro a Alex, en busca de apoyo.

Ella se levanta despacio y se acerca a mí.

–Díselo.

Ya no es un niño.

–¿Segura?

–Sí.

No puedo seguir ocultándoselo.

Me arrodillo frente a él.

–Papá va a la cárcel, cariño.

–¿Por qué?

Papá no es malo.

–Sí lo es.

Ha hecho cosas muy malas.

–¿Por eso nunca venía?

–Sí.

Caín me abraza fuerte.

Lo sostengo en silencio, con el corazón roto por dentro.

–¿Podremos ir a verlo?

Alex interviene.

–No es tan fácil.

No permiten visitas, a menos que sea algo urgente.

–Entonces, no lo veré más.

–No parece que lo hagas, enano.

Caín se queda pensativo.

Poco a poco empieza a entender.

–¿Puedo quedarme con vosotras hasta que vayamos a buscar a Diego y Katie?

–Claro que sí.

Me siento y él se acomoda en mi regazo.

Me ayuda con algunas tareas hasta que llega la hora.

Después vamos los tres a recoger a los mellizos.

Volvemos a casa.

Cenamos y acostamos a los niños.

Más tarde, ya en la cama, Alex y yo nos quedamos despiertas un rato más.

–Has ido a ver a Jason –dice, sin rodeos.

–¿Cómo lo sabes?

–No lo sabía.

Pero tu pregunta me lo acaba de decir.

Sonrío, cansada.

–No averigüé nada importante.

Ella me rodea con los brazos.

Me acurruco en su pecho.

–Gracias por todo –susurro.

–No tienes que agradecerme.

Solo te amo.

La lleno de besos.

Ella me responde con uno suave, dulce.

Así, entre caricias y suspiros, nos quedamos dormidas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo