Una Vida Sin Límites - Capítulo 24
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24: Capitulo 24: EL HERRERO DE ALBERION 24: Capitulo 24: EL HERRERO DE ALBERION El camino de vuelta hacia Alberion fue muchísimo más tranquilo que los días anteriores.
Por primera vez en bastante tiempo… no estaban luchando.
El bosque seguía siendo peligroso, sí, pero después de sobrevivir a aquella dungeon infernal y completar la misión del sistema a falta de segundos, todos parecían más relajados.
Incluso Arnau.
Aunque físicamente seguía destrozado.
Vendajes cubrían parte de su pecho y brazos, y todavía sentía dolores constantes cada vez que movía demasiado el cuerpo.
Aun así, caminaba delante del grupo con las manos detrás de la cabeza mientras observaba el cielo entre las ramas gigantes.
Pero su mente seguía atrapada en una sola cosa.
La recompensa.
[SISTEMA] Recompensa pendiente de desbloqueo… Procesando habilidad única… Y nada más.
Ni descripción.
Ni nombre.
Ni pistas.
Nada.
Arnau llevaba horas intentando abrir la información de la habilidad, pero el sistema simplemente no respondía.
Como si estuviera “pensando”.
Y sinceramente… Eso empezaba a ponerle nervioso.
Kael caminaba a su lado cargando un enorme trozo de carne monstruosa sobre el hombro.
—Sigues con esa cara rara.
Arnau suspiró.
—El sistema todavía no me ha dado la habilidad.
Daren abrió ligeramente los ojos.
—¿Cómo que no?
—Solo dice que está procesando algo.
Kael soltó una carcajada.
—Igual el sistema también piensa que estás loco.
Arnau lo miró mal.
—Cállate.
Lyra, que caminaba unos pasos más atrás, observó a Arnau unos segundos antes de hablar.
—Quizás sea una habilidad demasiado rara.
Arnau levantó una ceja.
—¿Tú crees?
—Has completado una misión prácticamente imposible.
Sería raro que la recompensa fuese normal.
Eso era verdad.
Y precisamente por eso Arnau estaba tan impaciente.
Había arriesgado literalmente la vida por esa misión.
Varias veces.
No podía evitar imaginar qué clase de habilidad sería.
Mientras seguían avanzando, el ambiente empezó a relajarse todavía más.
Kael comenzó a burlarse de Daren porque había salido corriendo durante parte de la pelea contra el jefe.
—¡NO ESTABA HUYENDO!
¡ESTABA REPOSICIONÁNDOME!
—Claro, claro… “reposicionando”.
Incluso Lyra soltó una pequeña risa.
Arnau los observó unos segundos.
Y sonrió.
Era raro.
Hacía apenas unas semanas estaba completamente solo en un mundo desconocido.
Ahora caminaba junto a personas que realmente parecían preocuparse por él.
Y eso… Le gustaba más de lo que quería admitir.
Especialmente cuando miraba a Lyra.
A veces ella se daba cuenta y le sostenía la mirada unos segundos con una pequeña sonrisa burlona que hacía que Arnau apartara la vista rápidamente.
Kael se dio cuenta enseguida.
—Ohhh… otra vez las miraditas.
—Te voy a pegar.
—Uy qué miedo.
Lyra negó con la cabeza mientras seguía caminando.
Pero en el fondo… Ella tampoco podía evitar sentirse más tranquila cerca de Arnau.
Después de todo lo ocurrido en la dungeon, algo entre ambos había cambiado.
Y ambos lo sabían.
Horas después, finalmente las enormes murallas de Alberion aparecieron a lo lejos.
La ciudad seguía siendo impresionante incluso después de haberla visto tantas veces.
Torres gigantescas.
Puentes elevados.
Cristales mágicos flotando sobre algunos edificios.
Y miles de personas moviéndose constantemente entre calles llenas de vida.
Mercaderes.
Aventureros.
Magos.
Bestias humanoides.
Todo mezclado.
El grupo cruzó las puertas principales mientras varios guardias observaban las heridas que llevaban encima.
Kael soltó un bostezo enorme.
—Necesito comida.
—Y un baño —dijo Daren—.
Sobre todo tú.
—Cállate antes de que te huela más de cerca.
Daren palideció.
Arnau soltó una pequeña risa antes de detenerse.
—Voy a hacer una cosa.
Lyra levantó ligeramente la mirada.
—¿Dónde vas?
Arnau desenvainó ligeramente su espada.
La hoja estaba llena de grietas y marcas después de tantos combates.
—Necesito mejorar esto.
Kael silbó levemente.
—Sí… parece que sobrevivió a una guerra.
—Porque sobrevivió a una guerra.
Tras separarse del grupo, Arnau empezó a caminar por las calles de Alberion siguiendo las indicaciones que le habían dado algunos aventureros días atrás.
Finalmente llegó a una calle mucho más tranquila, llena de humo, metal y sonidos constantes de martillos golpeando acero.
Y allí estaba.
Una enorme herrería construida parcialmente dentro de piedra negra volcánica.
El calor que salía del lugar era absurdo.
Arnau entró.
CLANG.
CLANG.
CLANG.
El sonido metálico resonaba constantemente dentro del taller.
Un hombre gigantesco golpeaba una espada sobre un yunque incandescente.
Medía más de dos metros, tenía los brazos completamente llenos de cicatrices y barba gris oscura hasta el pecho.
El herrero levantó ligeramente la mirada.
Sus ojos eran intimidantes.
—¿Qué quieres?
Arnau dejó la espada sobre la mesa.
—Quiero mejorarla.
El hombre agarró el arma y empezó a observarla detenidamente.
Silencio.
Luego soltó un pequeño gruñido.
—La espada aguanta bien… pero el material es mediocre.
Arnau cruzó los brazos.
—¿Puedes mejorarla o no?
El herrero sonrió apenas.
—Claro que puedo.
Pausa.
—Pero necesitaré materiales.
Arnau levantó ligeramente una ceja.
—¿Cuáles?
El herrero dejó la espada sobre el mostrador.
—Primero, Rubiszulis.
Arnau escuchó atento.
—Es un mineral granate con destellos violetas.
Muy resistente a la energía mágica y perfecto para reforzar armas.
Se encuentra en las montañas del este, cerca de zonas donde el maná se concentra de forma natural.
Arnau asintió.
Sonaba sencillo.
El herrero continuó.
—Después necesitaré Cuero de Encefalofaulo.
Arnau parpadeó.
—¿De qué?
El herrero sonrió levemente.
—Un encefalofaulo.
Y empezó a describirlo.
Mitad búfalo, Mitad gorila.
Con cuernos enormes similares a los de un alce y alas gigantes como las de un Ícaro.
Arnau levantó ligeramente una ceja.
—Suena raro.
—Y peligroso.
El herrero cruzó los brazos.
—Solo aparece un ejemplar aproximadamente cada año en los Bosques Tenebroques, al norte de la ciudad.
Arnau siguió escuchando sin preocuparse demasiado.
En su cabeza todo sonaba complicado… Pero posible.
Después de todo lo que había vivido últimamente, ya casi nada le parecía realmente imposible.
—¿Y el último material?
Entonces el herrero cambió ligeramente la expresión.
Lo miró directamente a los ojos.
Serio.
Mucho más serio que antes.
—Agusobrelador.
Silencio.
Arnau frunció ligeramente el ceño.
—¿Eso qué es?
El herrero abrió ligeramente la boca para responder.
Pero Arnau ya estaba absorto pensando en sus cosas…
Clases de espada.
Maestría.
Entrenamiento.
Más poder.
Su mente ya había cambiado completamente de tema.
—Vale, vale, luego veré cómo conseguirlo.
El herrero parpadeó.
—Espera, no has entendido— Pero Arnau ya había agarrado la espada.
—Volveré cuando tenga los materiales.
Y salió caminando de la herrería antes siquiera de escuchar la explicación completa.
El herrero se quedó en silencio varios segundos.
Luego soltó una carcajada grave.
—Ese chico va a meterse en problemas… Mientras tanto, Arnau caminaba nuevamente entre las calles de Alberion pensando en otra cosa completamente distinta.
El gremio de aventureros.
Si quería hacerse realmente fuerte… Necesitaba mejorar con la espada.
Porque hasta ahora había sobrevivido principalmente gracias al berserker y al sistema.
Pero eso no sería suficiente eternamente.
Y mientras avanzaba entre la multitud… La pantalla del sistema volvió a aparecer frente a él.
[SISTEMA] Procesamiento de habilidad única: 97%…
Arnau abrió ligeramente los ojos.
Y una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—Por fin…