Una Vida Sin Límites - Capítulo 27
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27: Capitulo 27: EL MURO 27: Capitulo 27: EL MURO Los días empezaron a mezclarse unos con otros.
Entrenar.
Dormir.
Volver a entrenar.
Así pasó una semana entera.
Una semana donde Arnau prácticamente desapareció del resto del mundo.
Ya casi no iba a la academia.
Apenas veía a Lyra, Kael o Daren más allá de algunos encuentros rápidos por Alberion.
Y aun así… No se arrepentía.
Porque estaba cambiando.
Cada mañana, antes incluso de que saliera el sol, Arnau ya estaba frente al gremio esperando a Hansk.
Y cada día el entrenamiento era peor.
Mucho peor.
Hansk no enseñaba como los profesores normales de la academia.
No daba largas explicaciones.
No hablaba demasiado.
Simplemente obligaba a Arnau a repetir movimientos hasta el límite absoluto.
Miles de veces.
Cortes.
Posturas.
Equilibrio.
Respiración.
Control.
Hubo días donde Arnau pasó más de diez horas simplemente practicando un único movimiento de espada.
Y si cometía un error… Hansk lo hacía empezar desde cero.
—Tu cuerpo todavía piensa demasiado lento.
—Tus hombros se tensan antes del golpe.
—Desperdicias fuerza.
—Tu respiración es basura.
—Otra vez.
Siempre “otra vez”.
Siempre más.
Y poco a poco Arnau empezó a entender algo importante.
La maestría con espada no tenía nada que ver con fuerza.
Ni con velocidad.
Ni siquiera con talento.
Era algo muchísimo más profundo.
Era control absoluto.
Control del cuerpo.
De la respiración.
Del ritmo.
De la intención detrás de cada movimiento.
Y eso era precisamente lo más difícil.
Porque Arnau siempre había luchado de forma salvaje.
Instintiva.
Brutal.
El berserker había reforzado todavía más ese estilo.
Por eso ahora sentía que estaba intentando reaprender completamente cómo pelear.
Y era frustrante.
Muy frustrante.
Porque aunque mejoraba… El sistema seguía igual.
[SISTEMA] Maestría con espada: Nivel I.
Aquello empezaba a desesperarlo.
Una tarde, mientras entrenaban cerca de las afueras de Alberion, Arnau golpeó violentamente un árbol tras fallar otro ejercicio.
CRACK.
Parte del tronco explotó.
—¡¿Por qué no sube?!
Respiraba agitado.
Sudando.
Frustrado.
—¡Llevo una semana entrenando sin parar!
Hansk estaba sentado sobre una roca observándolo tranquilamente.
—¿Y?
Arnau lo miró mal.
—¿Cómo que “y”?
Hansk dio un pequeño bostezo.
—Una semana no es nada.
Aquella respuesta hizo que Arnau apretara todavía más los dientes.
Porque para él aquella semana había sido un infierno.
Dolor constante.
Agotamiento.
Frustración.
Y aun así… Seguía atrapado en Maestría I.
Hansk lo observó unos segundos en silencio.
Luego habló.
—¿Sabes por qué la mayoría jamás supera ciertos niveles de maestría?
Arnau respiró profundamente intentando calmarse.
—¿Por qué?
—Porque llegan al muro.
Silencio.
El enorme hombre se levantó lentamente.
—Todos mejoran rápido al principio.
Pausa.
—Pero llega un momento donde el cuerpo deja de avanzar simplemente por repetir movimientos.
Hansk agarró su espada gigantesca.
—Ese es el momento donde decides si realmente quieres mejorar… o si solo te gustaba sentirte fuerte.
Arnau permaneció callado.
Porque en el fondo entendía exactamente lo que quería decir.
Hasta ahora había subido niveles constantemente.
Había conseguido habilidades.
Más fuerza.
Más velocidad.
Todo relativamente rápido.
Pero esto era diferente.
Esto no podía conseguirse simplemente matando monstruos.
Necesitaba tiempo.
Paciencia.
Disciplina.
Y sinceramente… Eso le costaba muchísimo más.
Los siguientes días fueron incluso peores.
Hansk empezó a añadir nuevas pruebas.
Combatir con los ojos vendados.
Mantener postura bajo cascadas heladas.
Esquivar ataques sin contraatacar.
Incluso llegó a hacer que Arnau cargara enormes bloques de piedra mientras practicaba movimientos básicos de espada.
El cansancio empezó a acumularse muchísimo.
Tanto física como mentalmente.
Hubo noches donde Arnau apenas podía mover los brazos.
Otras donde terminaba completamente solo entrenando hasta medianoche bajo la lluvia.
Y aun así… Nada.
[SISTEMA] Maestría con espada: Nivel I.
Aquello empezó a afectarle más de lo que quería admitir.
Porque por primera vez desde que llegó a este mundo… Sentía que estaba estancado.
Una noche, Arnau volvió agotado hacia Alberion mientras la lluvia caía lentamente sobre la ciudad.
Ni siquiera tenía fuerzas para hablar.
Su cuerpo entero dolía.
Y entonces vio a Lyra esperándolo cerca de una de las calles principales.
Ella llevaba una capa oscura cubriéndole parcialmente el cuerpo mientras observaba cómo Arnau caminaba casi arrastrando los pies.
—Tienes una pinta horrible.
Arnau soltó una pequeña risa cansada.
—Gracias.
Lyra se acercó un poco más.
Sus ojos azules lo recorrieron de arriba abajo viendo las heridas recientes en sus brazos.
—Te estás forzando demasiado.
Arnau suspiró.
—No estoy avanzando.
Lyra permaneció callada unos segundos.
—Sí lo estás haciendo.
—No.
Arnau apretó ligeramente el puño.
—El sistema sigue igual.
—¿Y desde cuándo dejas que el sistema decida todo?
Aquella pregunta hizo que Arnau levantara lentamente la mirada.
Lyra continuó.
—Te he visto pelear antes y después de entrenar con Hansk.
Pausa.
—La diferencia es enorme.
Arnau no respondió.
Porque en el fondo sabía que ella tenía razón.
Sus movimientos habían cambiado muchísimo.
Ahora atacaba mejor.
Gastaba menos energía.
Leía mejor los movimientos enemigos.
Pero aun así… Seguía frustrado.
Porque quería resultados.
Rápidos.
Como siempre.
Lyra suspiró ligeramente.
—Eres demasiado impaciente.
Arnau sonrió apenas.
—Supongo.
Ella lo observó unos segundos más.
Y luego le dio un pequeño golpe en el hombro.
—No abandones ahora.
Después se alejó caminando bajo la lluvia.
Y Arnau se quedó quieto observándola desaparecer entre las calles iluminadas de Alberion.
Aquellas palabras… Lo ayudaron más de lo que esperaba.
A la mañana siguiente, Hansk estaba esperándolo en un lugar diferente.
Una enorme zona rocosa cerca de un acantilado.
El viento golpeaba con fuerza toda el área.
Arnau frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué hacemos aquí?
Hansk lo observó en silencio unos segundos.
Y entonces habló.
—Hoy harás la última prueba.
Arnau sintió inmediatamente que el ambiente había cambiado.
Hansk parecía mucho más serio que normalmente.
—¿Última prueba?
El enorme hombre clavó sus ojos dorados en él.
—La más difícil.
Silencio.
El viento seguía soplando violentamente alrededor de ambos.
Hansk continuó hablando.
—Hay una razón por la que mucha gente abandona justo antes de alcanzar una nueva maestría.
Pausa.
—Porque llegan a la desesperación.
Arnau escuchaba atentamente.
—Tu cuerpo mejora.
Tus movimientos mejoran.
Todo mejora.
Otra pausa.
—Pero el resultado no llega.
Aquellas palabras golpearon directamente la cabeza de Arnau.
Porque describían exactamente cómo se sentía.
Hansk levantó lentamente su espada.
—Y ahí es donde la mayoría se rompe.
El enorme hombre señaló entonces una enorme roca negra al borde del acantilado.
Era gigantesca.
Mucho más dura que las anteriores.
—Tu prueba es simple.
Arnau observó la roca.
Y luego a Hansk.
—¿Cortarla?
—No.
Hansk negó lentamente con la cabeza.
—Tu prueba es entender cómo cortarla.
Silencio.
Arnau frunció ligeramente el ceño.
No entendía.
Hansk empezó a alejarse lentamente.
—Volveré mañana.
Arnau abrió ligeramente los ojos.
—¿Qué?
—Tienes un día.
Pausa.
—Si lo consigues, seguirás avanzando.
Otra pausa.
—Y si no… El viento sopló con fuerza entre ambos.
—Entrarás en desesperación.
Hansk desapareció caminando entre las rocas mientras Arnau se quedaba completamente solo frente a aquella enorme piedra negra.
La observó durante varios segundos.
Luego desenvainó lentamente la espada.
Respiró profundamente.
Y atacó.
CLANG.
La vibración recorrió todo su brazo.
La roca ni siquiera se movió.
Arnau volvió a golpear.
Otra vez.
Otra.
Otra.
Pero nada cambiaba.
Y mientras el sol empezaba lentamente a bajar… La frustración comenzó a crecer nuevamente dentro de él.
Porque por primera vez en mucho tiempo… Arnau sentía que quizás… No sabía cómo seguir avanzando.