Una Vida Sin Límites - Capítulo 32
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32: Capitulo 32: TRES SEMANAS…
32: Capitulo 32: TRES SEMANAS…
Tres semanas.
Eso era todo el tiempo que quedaba para la aparición del encefalofaulo.
Tres semanas para prepararse.
Tres semanas para hacerse más fuerte.
Tres semanas para alcanzar la Maestría III.
Y sinceramente… Arnau empezaba a entender que aquello sería muchísimo más difícil de lo que imaginaba.
El entrenamiento con Hansk cambió completamente después de alcanzar la Maestría II.
Antes era duro.
Ahora directamente parecía diseñado para romperlo.
El líder del gremio ya no se limitaba a enseñarle postura o precisión.
Ahora quería llevarlo al límite constantemente.
Mentalmente.
Físicamente.
Y emocionalmente.
Porque según Hansk: —La Maestría III no se alcanza solo moviendo bien la espada.
Aquella frase empezó a repetirse casi todos los días.
Cada mañana Arnau se levantaba antes del amanecer y llegaba al campo de entrenamiento completamente agotado incluso antes de empezar.
Pero Hansk jamás aceptaba excusas.
—¿Te duelen los brazos?
—Sí.
—Perfecto.
Entonces hoy entrenaremos más.
—… No había compasión.
Ni descansos largos.
Ni entrenamientos sencillos.
Y aun así… Arnau seguía apareciendo cada mañana.
Porque en el fondo sabía que Hansk tenía razón.
Si realmente quería llegar lejos en este mundo, necesitaba una base sólida.
No podía depender únicamente del berserker o de habilidades extrañas.
Porque tarde o temprano encontraría enemigos capaces de superar eso.
Y cuando ocurriera… Solo le quedaría su espada.
Los primeros días de aquella nueva etapa fueron un infierno absoluto.
Hansk empezó a enfrentarlo directamente durante horas enteras.
No para derrotarlo.
Sino para humillarlo.
Cada vez que Arnau atacaba, Hansk ya sabía exactamente lo que iba a hacer.
Cada movimiento.
Cada paso.
Cada cambio de ritmo.
Era como luchar contra alguien que podía leer el futuro.
Y eso frustraba muchísimo a Arnau.
CLANG.
Otra vez.
La espada de Hansk bloqueó fácilmente el ataque de Arnau antes de golpearlo con el mango en el estómago.
—UGH… Arnau cayó de rodillas tosiendo.
Hansk lo observó desde arriba.
—Otra vez.
Arnau levantó lentamente la mirada.
Sudor.
Tierra.
Sangre seca en el labio.
Y aun así volvió a levantarse.
—Todavía puedo seguir.
Hansk sonrió ligeramente.
—Eso espero.
La pelea continuó.
Y volvió a perder.
Una y otra vez.
Pero poco a poco… Algo empezó a cambiar.
Arnau empezó a darse cuenta de pequeños detalles durante los combates.
Cómo Hansk posicionaba los pies.
Cómo movía los hombros.
Cómo controlaba el ritmo de la pelea.
Nunca desperdiciaba movimientos.
Nunca atacaba de más.
Todo era preciso.
Todo tenía intención.
Y Arnau empezó a copiarlo inconscientemente.
Los días pasaban.
Y aunque seguía perdiendo… Ya no caía tan rápido.
Incluso Hansk empezó a notarlo.
Una mañana, mientras entrenaban cerca de un río rocoso, Arnau logró esquivar tres ataques seguidos del líder del gremio.
Hansk levantó ligeramente una ceja.
—Hm.
Arnau sonrió cansadamente.
—¿Eso fue un halago?
—No te emociones.
Pero aquella pequeña reacción fue suficiente para motivarlo muchísimo.
Porque Hansk rara vez reconocía algo.
Mientras tanto, la vida en Alberion seguía moviéndose alrededor de él.
A veces se cruzaba con Lyra al volver del entrenamiento.
Otras veces Kael aparecía burlándose de sus heridas nuevas.
Incluso Daren empezó a ayudarle algunas noches curando parcialmente sus músculos con magia básica.
—Tu cuerpo está hecho polvo.
—Lo sé.
—No, no lo entiendes.
Literalmente no sé cómo sigues moviéndote.
Arnau soltó una pequeña risa.
—Ni yo.
Pero aunque estuviera agotado… Le gustaba.
Porque sentía que avanzaba.
Sentía que estaba construyendo algo real.
Y sobre todo… Sentía que empezaba a entender realmente la espada.
Una noche, mientras entrenaba completamente solo cerca de las murallas exteriores de Alberion, Arnau empezó a repetir movimientos básicos lentamente.
Sin berserker.
Sin habilidades.
Solo él y la espada.
Slash.
Respiración.
Paso.
Movimiento.
Otra vez.
Y entonces lo notó.
Por un instante… La espada pareció mucho más ligera.
Como si el movimiento hubiese fluido perfectamente.
Natural.
Los ojos de Arnau se abrieron ligeramente.
Pero desapareció inmediatamente.
—…¿Qué fue eso?
Intentó repetirlo.
Otra vez.
Otra.
Pero no funcionó.
Aun así… Aquello se quedó grabado en su cabeza.
A la mañana siguiente se lo comentó a Hansk.
El enorme hombre permaneció callado unos segundos.
Luego habló.
—Estás empezando a acercarte.
Arnau levantó rápidamente la mirada.
—¿A la Maestría III?
—Quizás.
Aquella respuesta hizo que Arnau se emocionara ligeramente.
Pero Hansk continuó inmediatamente.
—Y precisamente por eso ahora viene la parte peligrosa.
Silencio.
Arnau frunció ligeramente el ceño.
—¿Peligrosa?
Hansk agarró la espada.
—Muchos espadachines se rompen intentando alcanzar la Maestría III.
—¿Por qué?
El líder del gremio clavó sus ojos dorados en él.
—Porque empiezan a obsesionarse.
Aquellas palabras hicieron que Arnau guardara silencio.
Hansk continuó.
—Cuanto más cerca estás… más desesperado te vuelves por alcanzarla.
Pausa.
—Y la desesperación arruina la espada.
Arnau bajó ligeramente la mirada.
Porque en el fondo sabía exactamente a qué se refería.
Cada vez pensaba más en ello.
Cada vez quería mejorar más rápido.
Más fuerza.
Más control.
Más poder.
Y sinceramente… A veces empezaba a preguntarse si eso era bueno.
Los entrenamientos siguieron aumentando de intensidad.
Hansk incluso empezó a llevarlo fuera de Alberion a zonas llenas de monstruos para obligarlo a combatir en situaciones reales.
Pero había una condición.
—No puedes usar el berserker.
Aquello fue horrible para Arnau.
Porque se había acostumbrado muchísimo a depender de aquella habilidad en situaciones peligrosas.
Ahora tenía que pelear usando únicamente técnica y control.
Y eso lo obligó a cambiar completamente su estilo.
Las primeras veces recibió heridas bastante serias.
Un lagarto blindado casi le rompe el brazo.
Un lobo negro gigantesco logró atravesarle parcialmente el hombro.
Pero aun así… Seguía mejorando.
Más rápido.
Más preciso.
Más eficiente.
Incluso el sistema empezó a reaccionar constantemente.
[SISTEMA] – Precisión aumentada.
– Sincronización corporal mejorada.
– Control de energía optimizado.
– Progreso de maestría incrementado.
Aquellos mensajes empezaban a aparecer casi diariamente.
Y aun así… La Maestría III seguía sin llegar.
Los días avanzaban.
Dos semanas.
Luego diecisiete días.
Después veinte.
El tiempo seguía pasando.
Y la presión empezaba a crecer dentro de Arnau.
Porque además del entrenamiento… También pensaba constantemente en el encefalofaulo.
Una bestia mítica.
Solo aparecería una vez cada cien años.
Y él planeaba cazarla.
Cuando Kael escuchó aquello casi se atraganta bebiendo.
—¿VAS A QUÉ?
Arnau se cruzó de brazos.
—Necesito el cuero.
—¡ESO NO LO HACE MENOS ESTÚPIDO!
Daren parecía igual de preocupado.
—Arnau… hablamos de una bestia mítica.
Lyra permanecía callada observándolo.
Y sinceramente… Eso era lo que más nervioso ponía a Arnau.
Porque cuando Lyra se quedaba callada significaba que realmente estaba preocupada.
Finalmente ella habló.
—Vas a intentarlo aunque te digamos que no, ¿verdad?
Arnau suspiró.
—Sí.
Kael se dejó caer sobre la silla.
—Algún día morirás y yo diré “lo sabía”.
Arnau soltó una pequeña risa.
Pero en el fondo… Sabía que aquello sería peligrosísimo.
Mucho más que cualquier dungeon anterior.
Y precisamente por eso quería llegar a Maestría III antes de enfrentarse a esa criatura.
Porque sentía que la necesitaría.
Muchísimo.
Los últimos días antes de la aparición del encefalofaulo llegaron rápidamente.
Y Hansk empezó a ponerse todavía más serio.
Una mañana llevó a Arnau nuevamente al acantilado donde consiguió la Maestría II.
El viento golpeaba violentamente las rocas mientras el cielo estaba completamente gris.
Hansk se giró lentamente.
—Hoy no entrenaremos movimientos.
Arnau levantó ligeramente la mirada.
—¿Entonces?
El líder del gremio señaló el borde del acantilado.
—Quiero que ataques.
—¿A qué?
—Al viento.
Silencio.
Arnau parpadeó.
—…¿Qué?
Hansk cruzó los brazos.
—Ataca hasta entenderlo.
Y sin decir nada más… Se sentó sobre una roca.
Arnau observó el vacío frente a él.
Luego el viento.
Y finalmente la espada en su mano.
No entendía nada.
Otra vez.
Pero aun así… Respiró profundamente.
Y empezó a atacar.
Slash.
Nada.
Otra vez.
Slash.
El viento seguía igual.
Pasaron horas.
Arnau siguió atacando sin entender absolutamente nada.
Y poco a poco… La frustración volvió a aparecer.
Porque sentía que Hansk siempre hacía lo mismo.
Le daba pruebas imposibles.
Pruebas absurdas.
Y esperaba que somehow entendiera algo oculto detrás.
El sol empezó lentamente a bajar.
Arnau respiraba agitado.
Cansado.
Frustrado.
Y entonces Hansk habló finalmente.
—¿Qué estás intentando cortar?
Arnau lo miró confundido.
—El viento.
Hansk negó lentamente con la cabeza.
—No.
Silencio.
El enorme hombre clavó sus ojos dorados en él.
—Estás intentando golpearlo.
Aquellas palabras hicieron que Arnau se quedara quieto.
Y entonces… Algo empezó a conectar lentamente dentro de su cabeza.