Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 30
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30: La gran ciudad 30: La gran ciudad Me había quedado mirando a la nada.
Según yo, solo habían pasado unos segundos, pero al ver a Marine dormida sobre mi regazo me di cuenta de que ya era de noche.
En otro momento ya los habría regañado a todos por dormir…
pero aquí no hay peligro alguno; o al menos eso deseo.
Mirar a Marine descansar me hace querer dormir también, pero ver a todos así, tan vulnerables, me obliga a querer montar guardia.
Es una contradicción perfecta: no sé qué hacer.
Siento que debo vigilar el perímetro, pero por el otro lado, mi cuerpo suplica por el sueño.
Esto es bastante malo…
creo que debo despegarme.
El zumbido constante de los aires acondicionados me mantenía alerta, pero hacía que mi cabeza diera vueltas en una espiral de agotamiento.
No creía que pudiera moverme de aquí sin despertar a Marine, así que me debatía en la indecisión.
Intentar levantarme parecía una mala idea; el olor a cloro impregnaba el aire y no me dejaba estar tranquilo.
Estoy seguro de que podría dormir mejor fuera del hospital, en cualquier zanja, lejos de esta esterilidad que me recuerda tanto al gas.
Hice mi saco una bola para dejarlo como almohada para Marine y comencé a retirarme.
Necesitaba dormir, y estar encerrado aquí no me lo permitía; aunque, en el fondo, estoy seguro de que ni siquiera podré conciliar el sueño lejos de este lugar.
Miré cómo los árboles se movían de un lado a otro de forma suave.
Este lugar es demasiado pacífico, demasiado silencioso; parece una gran trampa.
Si por mí fuera, ya estaría de nuevo en el frente; entre el barro y la sangre me siento más seguro.
Es extraño pensar así; nunca creí que preferiría la guerra antes que la paz.
Mirar este lugar me llena de fallas; busco enemigos donde no los hay.
Estoy jodido de la mente; no puedo ni sostener mi propia paz.
Estoy tan cansado que ya ni siquiera quiero dormir.
Tomé a Berenice; era la única cosa que realmente quería tener cerca cuando no estoy con Marine.
El hospital estaba totalmente limpio y la luz de la luna se colaba por los pasillos, creando una iluminación natural.
De pronto, la sangre se presurizó tras mis párpados y las pantallas brotaron a simple vista.
Mis ojos se fijaron en los datos, tratando de entender cada palabra; me indicaban rutas, pasillos y, sobre todo, recreaban lo que seguía, ayudándome a avanzar en un reconocimiento constante.
Cada paso que daba generaba un sonido continuo; no sabía si venía del suelo o era una recreación de mi mente.
El hecho de que los pasos sonaran justo detrás de mí era mi propia psique tratando de perturbarme.
Causarme miedo es una buena forma de que jamás baje la guardia, de que mi mente no se apague y de asegurar que todo se mantenga en su lugar mientras no esté en combate.
Es mi cerebro diciéndome que no olvide de dónde vengo.
Cada vez siento menos cosas; estoy perdiendo el miedo y algo dentro de mí se está extinguiendo.
Ha sido gradual, pero a paso continuo, terminará quemándose a fuego lento.
O al menos eso empiezo a creer.
Es uno de los mayores problemas que puedo alcanzar a tener es uno de los problemas que me joden, aun no entiendo bien que es esta cosa, pero no dudo de su eficiencia, aunque aun no entiendo cómo puedo utilizar de una buena manera estas cosas: Es casi como si me diera una orden en todo me digiera donde me tengo que apoyar o cual debe de ser mi siguiente paso.
En mi mente todo se empezó a nublar “cuídate del fuego azul” esa voz hace tiempo que no escuchaba era una parte de mí que no había logrado volver a escuchar; mi cabeza esta perturbada.
era un punto de no retorno mi mente se fracturo en pedazos y jamás se va a reconstruir, yo ya perdí todo no creo que mi familia sea real no recuerdo el rostro de mí misma madre y estoy olvidando la voz de mi abuelo…
Creo que debo de morir cuanto antes, estoy olvidando aquello que me hace humano y no sé qué hacer cuando eso pasé…
de pronto en lo más profundo de mi cabeza empecé a escuchar algo…
no era mi voz eran susurros gritos lamentos.
Todo dentro de mi cabeza dio un giro de trescientos sesenta grados.
El mundo exterior se sumergió en un silencio sepulcral, mientras en mi interior una voz me culpaba de cada atrocidad que había cometido.
Las acusaciones se volvieron nítidas, punzantes, hasta que la realidad se quebró.
De repente, todo se volvió negro.
El frío del hospital fue reemplazado por el calor sofocante y el rugido de un fuego cercano.
Ya no estaba en el pasillo; estaba con Berenice, de frente al “necro”.
Frente a mí se extendía una marea de cientos de muertos; sus ojos se salían de las cuencas, sus rostros estaban deformados por el último grito y sus extremidades habían sido arrancadas con saña.
Detrás de ellos, criaturas de piel gris devoraban sus intestinos, provocando en los cadáveres un dolor que no debería existir en la muerte.
Mi corazón empezó a latir tan fuerte que juraría que iba a explotar.
Miré a esa fosa antes de intentar escapar, solo para darme cuenta de que detrás de mí solo había muerte: pilas y más pilas de cadáveres cuyos uniformes pertenecían a todos los bandos.
No había enemigos ni aliados allí, solo carne desperdiciada bajo el mismo cielo gris.
Arrojados a la pila de fuego calcinados hasta que ya no existía nada, mi mente empezó a confundir la verdad; dudaba de estas imágenes, una criatura se paró frente a mi…
una sonrisa marcada de oreja a oreja…
levante mi arma dejando el dedo en el disparador.
Todo se volvió negro mientras mi cuerpo esperaba la orden de disparar…
La criatura dio unos pasos frente a mí antes de extender sus dos manos hacia mi rostro.
Una parte de mí decía que no era real, que no atacara, que podía herir a alguien; pero la otra simplemente repetía la frase: «mátalo, mátalo, mátalo».
No sabía qué hacer…
No quería disparar, ¿pero y si esto era real?
¿Qué debía hacer?
Tomé a Berenice; si algo había de matarme, que fuera ella.
Me apunté a mí mismo mientras mi cuerpo esperaba el impacto del arma; no dudé, solo hice lo que tenía que hacer…
Sentí el frío de la bayoneta entrando en mi cuerpo, un dolor punzante que me llenó de agonía mientras mis fuerzas se desvanecía y caía al suelo…
De pronto, todo se volvió claro mientras un grito desgarrador salía de Marine.
Al menos…
al menos no le disparé a ella.
El dolor se sentía como si desde dentro de mí me hubieran desgarrado de la peor manera posible.
Era un dolor que me haría llorar si no fuera porque Marine me sostenía; ella me sujetaba el arma, evitando que esta entrara más en mí, mientras la palma de su mano empezó a brillar de color verde pálido.
Ella estaba lista para darme un empujón de vida.
Estaba hecho mierda y, aun así, Marine me abrazaba.
No le importaba llenarse de sangre, de mi sangre…
supongo que a ella ya no le importa.
—¿Vas a tener que arrancarlo, cierto?
—Ella asintió antes de empezar a tirar de ella.
Mi cuerpo empezó a temblar conforme Marine movía la bayoneta.
La abracé mientras ella acariciaba mi cabello con una calma irreal para mí.
—A la cuenta de tres, Vaxen, voy a sacar la bayoneta de tu estómago, ¿sí?
—Ella me dedicó una suave sonrisa antes de que tomara a Berenice.
Sacó el cargador para evitar disparar…
mi corazón dio un vuelco cuando ella empezó a tirar de la base—.
Bueno, Vaxen: uno, dos…
Antes de llegar al tres, ella arranca la bayoneta de una forma violenta.
Mi cuerpo no entiende qué pasó y mi abdomen se contrajo.
No pude gritar; no había aire en mis pulmones.
Mi cuerpo reaccionó de forma exagerada ante el daño, contrayéndose de una forma arcaica.
Mi mundo se volvió negro.
El borde de mi vista dejó de existir, sustituido por un vacío que me quemaba los ojos, como si la misma oscuridad tuviera temperatura.
Dentro de mí la sangre se presurizó, mientras en mi vista dos cosas surgieron: una me advertía de la falta de la armadura y la otra mostraba mi cuerpo con un área roja en el centro de mi abdomen, de pérdida de sangre: treinta y dos mililitros por segundo.
Sentí el calor de mi cuerpo alrededor de mi abdomen antes de que la vista me fallara y solo distinguiera las luces, solo el verde pálido, antes de que mi cuerpo se empezara a unir de forma desesperada.
Mi cuerpo acepta el calor de la palma de Marine.
Todo se volvió claro.
El dolor se apagó, al igual que todas las demás emociones.
Un líquido de color naranja…
es curioso que mi sangre cambie a otro color cuando ella me sana.
Traté de levantarme, pero mi cuerpo apenas empezaba a reaccionar; sentía como si dos piedras se me ataran de manos y piernas.
Marine me tomó en brazos mientras evitaba que me moviera; ella alejó lo más que pudo a Berenice…
casi como si la odiara.
Mi cuerpo se destensó.
Mis hombros se dejaron caer; mi cuerpo empezó a dejar de sentir muchas cosas, como si todo se hubiera quedado en blanco.
Incluso la misma guerra se volvió lejana; me sentía como si todo se volviera más tranquilo y mi mente dejara el mundo.
La primera vez que Marine me curó no me sentía de esta forma; esa vez pude moverme de inmediato.
Ahora algo había pasado, algo fue diferente: ella no me deja moverme.
Mi cuerpo se empezaba a apagar, pero había una sonrisa en el rostro de Marine.
Mas bien me miraba con una mezcla de ternura y algo más oscuro…
en sus ojos un ligero tono negro se empezó a ver de forma simple, un tono antinatural.
—Te prometo que lo hago para que nada malo te pase querido Vaxen…
solo duerme un poco ¿sí?, te juro que lo hago por un amor tan profundo que tú también debes de sentir…
Parece que ya te dormiste soldado mío.
Eres un buen chico.
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