Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. Veluxe (Entre trincheras y barro)
  3. Capítulo 29 - 29 La gran ciudad
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

29: La gran ciudad 29: La gran ciudad La capital era gigante; ni siquiera se puede comparar con las demás ciudades.

Este lugar las hace ver como simples pueblos agropecuarios.

Era curioso ver cómo la mayoría del sitio luce de forma moderna, alejada del barro y las trincheras.

Además, aquí hay “soldados de casa” que solo portan sus fusiles mientras pasean de un lado a otro.

Sentí cómo mi sangre se presurizó; sentí un chorro de sangre pasar alrededor de mis ojos.

Fue un dolor breve pero fuerte que formaba un círculo en mi visión.

De pronto, apareció una serie de pantallas sobre muchos de los edificios, personas y armas; me indicaban modelos, nombres y cosas que no entendí.

Esto era como cuando Marine analizaba cientos de cosas en pocos segundos.

Giré el rostro y vi a Marine tirando baba por la boca; era obvio que estaba sobre estimulada por tanta información.

Otra plantilla salió debajo de ella: pulsaciones por minuto: cien; nivel de oxigenación en sangre: noventa y ocho, entre otros datos que no comprendía del todo.

Bajé la cabeza de Marine para que solo viera el suelo; tenía que guardar la compostura.

A mí también me hacía daño procesar tanta información en pocos minutos.

«¿Cómo mierda puedo apagar esto?

¿Es que no puedo apagarlo de alguna forma?».

Marine se recompuso en unos momentos antes de mirarme de nuevo a los ojos.

Sus ojos se tornaron de un color anaranjado mientras parecían darme un escaneo de pies a cabeza.

Ella se limpió con el dorso de su mano mientras encorvaba su cuerpo; sus ojos se quedaron fijos en los míos.

—Oye, Vaxen, tus ojos tienen una inscripción.

Puedes ver lo mismo que yo, ¿cierto?

También te duele la cabeza, ¿verdad?

Cuanto menos es curioso, pero ni yo entiendo qué es esta cosa…

Levanté mi rostro al nivel del suyo con una mueca de miedo absoluto.

—¿Sabes cómo mierda puedo desactivar esto?

—mi voz salió como agua a presión, como un balbuceo demasiado rápido.

—Habla un poco más lento, Vaxen, no entendí nada de lo que me dijiste.

Además, me duele la cabeza…

Vamos a un lugar más tranquilo, siento que mi cabeza está al borde de explotar.

Sentí cómo mis oídos zumbaban.

Era el momento de mi nuevo paso: el “paso del borracho”.

Era eso o quedarnos aquí como muertos en vida.

La capital es demasiado ruidosa, un lugar en donde yo no estaría.

Creo que, si no tuviera que dejar a Marine aquí para que Z se la lleve a los confederados, me largaría a mi pueblo ya mismo.

Pero estoy sujeto a un camino ya establecido, así que voy a quedarme un tiempo en la capital.

Mi propio cuerpo deseaba apagarse para ignorar todos los estímulos cercanos; juro que pude sentir cómo mi cabeza soltaba humo.

—¿Tienes idea de cómo irnos de aquí sin tener que sufrir tanto?

Mierda, quiero apagar mi cerebro, me duele mucho estar así…

Sentí sus manos envolverme antes de darme una orden con un tono tranquilo: —Cierra tus ojos y trata de ignorar todo.

Pon tu mente en modo automático, como cuando peleas.

Trata de no ver nada y a la vez verlo todo: sé que tú puedes lograrlo, Vaxen.

Yo creo en ti.

Sentí el toque de alguien en mi espalda y todo se apagó en mi mente.

Miré detrás de mí: era la mirada sin expresión alguna de Lien.

Tenía una gran costra en el rostro y gran parte del cuerpo vendado; se movía a duras penas mientras en su boca se dibujaba una sonrisa, aunque parecía comerse su propio dolor para tenderme una mano.

Es por esta gente por la que no me he vuelto loco.

—Sargento, están esperando órdenes.

Dicen que cuál es nuestro siguiente movimiento; esperan que usted nos diga qué vamos a hacer.

Él se apartó y, detrás de él, vi una columna formada por hombres heridos y otros sanos.

Mirar aquello me dejó la mente en blanco.

Habían sobrevivido de puro milagro y ahora querían que yo les diera una orden.

Pero en este momento no podía darla; no tengo ni la mínima idea de qué hacer.

Estamos en la capital, pero no tenemos ninguna señal de nuestro objetivo.

Todos se quedaron fijos, con sus miradas expectantes por lo siguiente que yo diría.

«Mierda, cuando quiero estar cerca de Marine, me arrastran de vuelta a mi vida de esclavo».

Me acercé a Marine para acurrucarme sobre ella.

Ella se sorprendió, pero no me apartó.

—¿Qué tienes, Vaxen?

¿Qué tienes?

—me tomó con ambas manos mientras las frotaba contra mis mejillas.

En ese momento no me importaba la opinión de los demás; solo importaba estar ante mi ángel.

Quería pasar tiempo con ella sin tener que lidiar con toda la tropa.

—Ya no quiero trabajar…

¿Por qué tengo que liderar a tanta gente?

Incluso yo me canso.

¿Es que no hay un mayor de sector por aquí?

Hundí mi cabeza sobre Marine.

Dios, quiero ir a comer a algún lugar bonito.

Quiero ver qué tan hermosa puede ser la capital, pero no me dejan estar tranquilo ni un solo día.

Me levanté de nuevo mientras buscaba mi gorra entre todo mi equipo.

Creo que me voy a cortar el pelo aprovechando que estoy en la capital; tengo algo de miedo de cuando tenga que dormir.

No es el lugar, pues puedo dormir en cualquier lado; el problema van a ser las pesadillas.

Supongo que es el precio de seguir vivo; al menos puedo tener unos momentos de “paz” con Marine.

Qué ganas de irme a cualquier otro lugar, tan lejano que ni la guerra me pueda alcanzar; pero ese sitio no existe, así que me propuse crearlo.

Estoy muy jodido; tengo que trabajar más de lo que deseo.

Creo que, por ahora, es la única opción que puedo seguir.

Al menos sé que no tengo que seguir una guía sobre cuáles son mis sueños, o al menos quiero creer eso.

Mirar a Marine me da energía para tratar de seguir adelante.

—Costa Marco, usted es toda una leyenda.

La voz era de un desconocido, hasta que miré su uniforme.

Su tono era un azul marino, casi negro; su gorra, de un color blanco que tenía una gran similitud con el cuarzo, tenía gran parte del conjunto adornado con tonos dorados decorativos.

En su pecho lucía una gran cantidad de medallas; aunque, por su rostro, diría que todas se las debe a su ejército.

Mi cuerpo reaccionó de forma inmediata, poniéndose rígido mientras me veía forzado a ponerme en firmes.

Él se acercó rápidamente para que no hiciera eso, antes de levantar su propia mano para darme un saludo.

—El honor es mío, Vaxen.

Dicen que haces defensas imposibles; el propio Emperador te quiere conocer…

Lleva al hospital a tu Novena.

Hoy tú serás el centro de celebración de la capital; es un honor poder estrechar su mano y ver que la leyenda es verdad.

Él mostraba cómo la guerra no había tocado aún a ciertas partes de la población.

Sentí cómo mi cuerpo tuvo un ligero temblor, sumado al cansancio por todo el tiempo en combate.

Estoy al borde de que mi mente deje de funcionar; es como si mi cerebro quisiera ponerse en blanco, pero Marine parece algo emocionada por la idea de una fiesta.

Voy a tener que comprar un buen vestido para que Marine se vea como una mujer decente; dentro de toda la realeza es una forma de que ella se dé a notar, aunque sea contraproducente.

Un color blanco creo que le quedaría muy bien.

Levanté mi mano antes de dar la orden: —¡Es hora de que partamos!

¡Debemos ir al hospital, muévanse!

Ellos empezaron a avanzar; se veían cansados.

Aunque teníamos tres días de descanso, eso no era suficiente.

En las calles, la gente se asomaba desde las ventanas y los niños sujetaban pequeñas banderas imperiales.

Hacia cualquier lugar que volteara, había gente mirándonos; parecía un desfile de la derrota, si no fuera porque la ciudad sigue siendo nuestra.

Miraba las cámaras tomando fotografías a los heridos; tal vez para decir que la Novena solo se sostenía con minusválidos.

Pero la gente celebra el regreso de esta división y mis soldados regresan los saludos.

Tengo muchas preguntas; espero, al menos, resolver mis dudas.

—¡Arriba!

¡La Novena de Asalto ha vuelto a casa una vez más!

—los gritos hablaban sobre cómo la Novena volvió de entre los muertos, entre otras cosas.

Sabiendo la historia de esta división, incluso yo me sorprendería; les ha pasado de todo y aun así siguen de pie, lo han dado todo en combate.

Metí la mano en mi equipo; quería ponerme la máscara antigás.

Estoy cansado de que me mire tanta gente; supongo que soy su oficial, así que es normal que esto pase.

Me equipé la máscara y todo se empezó a limitar a mi alrededor.

Ahora que me doy cuenta, no la he limpiado desde la última batalla; debe de estar cubierta de sangre al igual que mi pala, pero para mí eso es lo de menos.

Es el olor a hierro de mis enemigos recorriendo mis pulmones.

Detrás de mí, mi gente hizo lo mismo: se equiparon sus máscaras.

Frente a nosotros se paró un fotógrafo.

Levanté la mano para indicar el alto; seríamos una división fantasma que se niega a mostrar sus rostros.

Esto será usado en la propaganda imperial como una forma de mostrar la unidad del Imperio; ya veo a mi gente en un póster.

Va a ser gracioso ver nuestros rostros —o lo que los cubre— en un gran cartelón.

Tomé rumbo a nuestra izquierda, donde estaba el hospital militar.

Las enfermeras y doctores empezaron a acomodar a cada uno de nosotros mientras la calle se empezaba a despejar.

No quiero salir en el periódico con un título amarillista.

Dentro del hospital había un olor muy peculiar a cloro, como si dentro todo estuviera estéril; este aroma me recuerda mucho a un gas, pero no recuerdo a cuál de todos.

Marine me tomó de la manga del uniforme mientras miraba a los doctores del oficial; parecía querer decirme algo, pero esta vez no era sobre ayudar…

Por su rostro, juraría que estaba pidiendo irse; tenía miedo.

Quiero apagar mi cabeza, ya no tengo fuerzas ni para sostener a Marine.

Creo que tengo la opción de provocarme una herida con tal de no estar aquí.

—Marine, estoy aquí por una orden; tampoco quiero estar en un lugar como este.

Este día ha sido muy cargado, aunque al menos tuve un buen despertar.

Espero que me dejen descansar al menos un momento antes de ir a esa “fiesta”: puras cosas se inventan en la capital en vez de ponerse a trabajar.

Con razón el abuelo les decía “los buenos para nada y nada”.

Marine me miró con sorpresa; parecía que había dicho algo sobre mí que jamás pensó que escucharía.

Su boca formó una “O” e incluso mis hombres se vieron sorprendidos.

En sus ojos se formaba una sinfonía de expresiones; me hace sentir la persona más extraña del mundo con solo ver sus miradas.

Al darse cuenta de eso, ella esbozó una sonrisa incómoda.

—Bueno, Vaxen, pensé que eras huérfano; no imaginé que tuvieras familia —soltó una risa nerviosa—.

Pero, ¿por qué piensas eso?

Ella trata de evitar devolverme la palabra mientras juega con sus dedos; su mirada es huidiza mientras empieza a evadir cualquier tipo de conversación.

Fue un momento donde incluso el aire se sentía incómodo.

—Señor, es que usted…

pelea como si no le tuviera respeto a su propia vida —intervino uno de mis hombres—.

Es un suicida en cada carga.

No lo tome a mal, es un muy buen líder, pero no duda en saltar al fuego para salvar a las demás personas.

Es un gran hombre por eso.

Él me miraba con admiración, aunque teníamos la misma edad.

Es curioso que estas cosas pasen, pero no sé cómo tomármelo; no creo que sea un insulto, pero tampoco el mejor de los halagos que me hayan hecho.

Bueno, no debo tomármelo a pecho; tal vez solo no sabe cómo usar las palabras y ya.

Marine estaba sentada, simulando mirar a la calle mientras sus ojos seguían abiertos de par en par; lo sabía por su reflejo en la ventana.

Quiero acercarme a ella; tal vez piense que me enojé o algo similar.

Estoy bastante cansado, aunque debo mantener la cara de líder fuerte hasta el día que llegue mi descanso…

Creo que ese día será cuando muera, y eso si no me reviven y me sacan del abrazo de nuestra sagrada madre: Orythea.

Al menos, por ahora, solo quiero alejarme de aquí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo