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Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 46

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Capítulo 46: La presa y el depredador

El metal frío de las ventilaciones más la humedad, ese era el verdadero enemigo. Estaba tan frío que podía sentir cómo mis párpados eran congelados; mi interfaz mostró un gran descenso de la temperatura, de menos 18 a menos 25 grados. Supongo que debe de ser porque cayó la noche, aunque ese cambio se resiente bastante ya que se está formando escarcha. Además de eso, he dejado de escuchar disparos o al menos no son tan seguidos como durante el día; tengo de nuevo seis cargadores. Creo que debería de dormir un poco, los demás deben de estar haciendo eso.

Dejé que mi rostro tocara el metal de la ventilación; era momento de tomar un pequeño descanso y tomar algo de energía. Tengo que continuar con la caza; todos los que fueron impactados deberían de estar saliendo, ¿pero qué pasa si no siguen las reglas?

—Diosa de la vida, dame la fuerza que levanta a los caídos, no deje que mi cuerpo tiemble ante el frío y reconfórteme con su abrazo cálido, no deje que caiga en manos de mis asediadores —fue una pequeña oración; debía de dormir y no quería hacerlo sintiéndome lejos de mi diosa. Tomé una bocanada de aire antes de cerrar los ojos.

Tal vez fue un golpe seco, o un paso; el ruido fue constante. Eran muchos disparos, como si fueran trompetas; seguían disparando mientras debajo de mí había una gran movilización: cientos de hombres estaban moviéndose. Tomé a Berenice, estaba listo para tener que combatir; mis ojos se adaptaron a la oscuridad, trataba de aguantar la respiración para no ser descubierto. Continuaron su camino; con el tiempo dejé de escuchar voces y pasos. Tiré una ventanilla para tirarme; caí de costalazo.

Berenice se fue a mi lado, la tomé del cuerpo mientras sigo avanzando. Estaba semidormido; estaba tranquilo, los disparos estaban lejos y yo no debía de meterme donde no me llamaban. Las fortalezas se sienten como un hormiguero; estar dentro de las mismas me genera algo de confusión. Aquí estaban solo veinte soldados. El resto eran prisioneros de guerra, gente que solamente eran civiles de todas las naciones; ¿qué cosa era lo que los tenía refugiados aquí?

Por ahora no quiero volver a sufrir procesando todo lo que he vivido; la última vez que lo hice terminó de una forma terrible. Cuando menos me di cuenta, estaba en una cruz de caminos; en uno de ellos estaba escrito «Zona de calderas», el otro «Almacén». En ambos casos el camino era uno donde no tendría retorno. No sé por qué pensé que era una buena idea pelearme contra toda una división entera. Estoy bastante jodido, más que nada por el hambre; qué hago cuando mi vientre ruge, en verdad me he vuelto muy blando.

Me quedé parado; no tengo por qué seguir avanzando todo el tiempo, puedo quedarme, respirar y pensar con más claridad. Ya no soy el niño que tenía que disparar un arma, soy el Mayor de sector Vaxen, Costa Marco; no debo tener miedo, nadie vendrá a ayudarme, ni siquiera yo mismo.

Mi primer paso hizo que el suelo crujiera, mi segundo paso se volvió insonoro. Sentí cómo de nuevo esa figura se colgaba a mi espalda; hace tiempo dejé de temer a la muerte, aun así, debo de seguir viviendo porque, tal vez y solo tal vez, tengo un futuro lejos de esta guerra. Este lugar entrena a mis hermanos, quiero evitar que ellos mueran de forma fácil; son solo niños que son obligados a venir a una guerra eterna, una guerra que mires por donde mires ya está perdida. ¿Cuál es el sentido de morir por una patria que nos puede vender en cualquier momento?

Escuché unos pasos al frente de mí; me tumbé al suelo y me pegué a una pared. Berenice estaba lista para disparar; mis ojos se presurizaron al instante. De frente a mí tenía al menos a diez personas; todas estaban con sus armas en alto y manteniendo guardia de alguien que ya había estado en una trinchera toda su vida. Se movían por las esquinas como si tuvieran miedo del centro; me alegro mucho por ellos, ya están tomando mejores decisiones para avanzar.

Cuando asomé el cañón de Berenice hubo un silencio extremo. Dejaron de avanzar y se colocaron pecho a tierra; esperaron una respuesta violenta inmediata, pero solo salió una rata. Esa rata me había ayudado a pasar por alto mi movimiento; me quedé pausado unos momentos más. Estaba listo para empezar a disparar en cuanto ellos se quedaran sin alguna cobertura; ese era mi plan.

Cuando volvieron a ponerse de pie, siguieron avanzando; mostraban menos cuidado e incluso rompieron su formación. Ese error les costaría la vida en la trinchera, pero es parte de su entrenamiento; equivocarse demuestra que aún falta mucho que entender. Apreté el gatillo de Berenice; una ola de fuego cubrió todo el pasillo. Los proyectiles volaron en una ráfaga continua de disparos; miré cómo de uno en uno cayeron al piso por el dolor. Uno de ellos, el último en levantarse, abrió fuego contra mí; las balas de madera se fracturaban en cuanto tocaban las paredes. Me tiré al suelo mientras él seguía disparando; en algún momento él se lanzó en mi contra, la punta del fusil casi toca mi pecho.

Cayó al suelo junto conmigo mientras trataba de ponerse sobre mí. Lo tomé del cuello para poder abrazarlo y tratar de darle la vuelta; sus nudillos trataron de tomar mi cuello, pero con mi mano diestra lo lancé al suelo. Me coloqué encima de él, pero con un golpe lateral me derribó de nuevo; me tomó del cuello para empezar a sujetar mi tráquea. Lo tomé de ambas manos mientras sentía cómo el oxígeno empezaba a hacerme falta; apoyé mis pies contra la pared para hacer palanca y dar una vuelta entera.

Me lancé contra él dando golpes a donde fuera, no importaba el lugar, importaba incapacitarlo. Esa figura sentía cómo clavaba los ojos en aquel chico que con los golpes dejaba de poner resistencia. Sus manos cayeron al suelo mientras el sonido húmedo de mi puño al impactar con su rostro… cada golpe era más pesado, pero escuché cómo su respiración empezaba a volverse irregular. Dejé de golpearlo; de su nariz brotaba sangre, su cuerpo estaba tendido sobre el suelo. Sus ojos me miraban con miedo, un miedo que no me gustaba mirar.

Como si en mí viera al mismísimo Rey Demonio, sus ojos estaban cubiertos en lágrimas. ¿Estaba llorando? Mierda, cómo no hacerlo si le desvié la nariz. Tenía el uniforme cubierto de su sangre; no sé cómo había provocado tanto daño en solo unos momentos. Su cuerpo temblaba un poco, pero sus manos eran extendidas sobre su rostro para evitar que siguiera dañándolo. Es muy diferente matar a alguien que no conoces a hacerlo con alguien que viste y con quien hablaste un par de veces.

—Solo no le digas a nadie que yo puedo hacer esto —sentí cómo la energía cubría mi brazo de nuevo, mientras el pasillo se iluminaba de un ligero color verde pálido. Dejé que mi mano se posara sobre su rostro.

—Diosa de la vida, usted que camina descalza sobre el oro y la plata, permítame brindar pan a quienes mueran de hambre y fuerza a quienes en enfermedad anden; no deje que mis hermanos caigan en combate por el lazo del cazador, ni que nuestros cuerpos padezcan de pestes.

Los pliegues de su rostro empezaron a sanar de forma rápida; su sangre roja empezó a verse de un naranja fosforescente. Me quedé esperando a que su rostro fuera totalmente reconstruido por esta extraña magia; unas ganas de vomitar inmensas llegaron a mí.

Es posible que tenga que correr después de esto. Cuando todo el lugar estaba en silencio y unos disparos rompieron la poca paz que quedaba… estar peleando a oscuras puede llegar a generar un gran trauma. Aunque no tengan riesgo de morir, el simple hecho de que esto pase es nocivo para su moral; esto puede que los rompa mentalmente a todos por igual. Tomé a Berenice antes de empezar a correr; debía de terminar con todo esto. Este entrenamiento es una muy mala idea; alguien terminará quitándose la vida.

El sonido del metal activándose fue claro; dentro, un chirrido como el de un engranaje viejo empezó a surgir, seguido de algo como un pulso y el ruido de un motor activándose. Busqué entre mi uniforme un pequeño control que controlaba los altavoces de la fortaleza.

Frente a mí una mole de acero se hacía presente; era uno de esos tanques con piernas de la Unión. ¿Cómo mierda algo como eso se había pasado por alto? Detrás, un humano de cabello blanco surgió; al parecer era su piloto. Toqué una sola vez el botón.

—La prueba ha terminado, se recomienda salir de las instalaciones por su seguridad —aquella voz fue mecánica. Tomé impulso, era momento de salir de aquí; esa cosa podía acabar con todos nosotros. Aquel joven me miró con curiosidad mientras sus ojos se iluminaron brevemente de un color azul; era otro más de nosotros. Analizó varias cosas de mí antes de extender su mano.

—¿Cuál es su unidad, piloto? —su voz era fría, mecánica, algo que solo Marine me había hecho sentir; un miedo surgió desde mi interior.

—Soy la unidad de asalto H2-223, mi deber es defender estas fortalezas de las amenazas externas. Soy oficial de maquinaria y debo de sostener las fortalezas del fuego —¿Qué debería de contestar? ¿Por qué me llamó piloto?

Me quedé mirando; esperé unos cuantos segundos antes de contestar: —Soy… un Mayor de sector S-5. Estoy haciendo un adiestramiento dentro de este lugar; actualmente se encuentra bajo dominio imperial. Supongo que tu deber está basado en proteger estas fortalezas.

—Señor Vaxen, usted no tiene municiones letales, no tengo razones para atacarlo, no representa una amenaza; más sin embargo tengo que negarle el acceso. La Unión actualmente está en un periodo de hostilidad contra el imperio. Usted es un piloto, debe de poder manejar un mecha, pero al parecer no tiene idea de cómo sucedió eso.

Dentro de mí una pregunta se empezaba a formular; este hombre es de la serie H-2, ¿tendrá algún conocimiento sobre los H-1, o sobre qué mierda son esos experimentos?

—¿Puedo hacerte una pregunta? Solo quiero pedirte un momento —aquel hombre asintió antes de que su mecha abriera las compuertas; dentro de las mismas había una gran cantidad de espejos que dejaban ver para afuera.

—¿Sabes algo sobre las unidades H-1? Para ser más específicos, de la unidad 645.

—Los H-1 son unidades de apoyo; suelen tener una apariencia semihumana, pero según lo que sé sobre ellos, pueden llegar a tener registros biológicos de diferentes razas. Pero en definición siguen siendo autómatas. Son como los pilotos, pero ¿tú no estás registrado? Tal vez seas un H-3: eres más humano que máquina. Si eso es así, tú puedes morir, pero también puedes tener recuerdos, emociones y enfermedades. Eres un ser que fue diseñado para ser una máquina con corazón.

Aquel hombre subió a su mole de acero; extendía su mano para llevarme.

—Vamos, sube, te mostraré el camino de salida. Eres una versión que es capaz de sentir miedo, amor y esperanza, no una serie de códigos que dictan una respuesta. El puente entre las unidades H-2, H-1 y el peligro. Somos descendientes de la raza de las máquinas que, cuando aún los dioses existían, decidieron engendrar para poder derrotar a los demonios. Somos seres que deben de morir; debemos de sostener a los humanos, a las demás razas de los demonios, porque esas cosas son aberraciones que provocarían el final. Debes de seguir, aunque dudes de si en verdad eres humano. Somos seres diseñados para poder ayudar a los humanos; no tenemos pasado, todo lo que recuerdas es un implante de tu memoria. Pero tu fe, tu miedo, tus sonrisas, tus llantos y el amor que sientas es real. Tienes que ayudar a la humanidad, Unidad de servicio H-3 12. Tú eres quien irá al frente del camino; tu mayor defecto es también tu mayor virtud: tu corazón es más grande que el de muchos humanos. No dejes que tu mente te apague antes de tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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