Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 45

  1. Inicio
  2. Veluxe (Entre trincheras y barro)
  3. Capítulo 45 - Capítulo 45: Contra el miedo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 45: Contra el miedo

Este día es la mayor prueba de todas; debemos bajar a las fortalezas. Desde que entramos, descubrimos un olor bastante peculiar: era una mezcla de hierro con humedad y concreto, un olor que me genera recuerdos horribles.

Mis manos temblaban con solo sentir cómo me envolvía en la oscuridad que un día traté de dejar atrás. Era extraño, porque una vez lo hice, sentí como si algo se me colgara en la espalda; algo que era muy pesado y me obligaba a tomar mucho más aire. Detrás de mí entraba el resto del equipo. Éramos hombres ciegos; las guardianas blancas nos guiaban evitando que cayéramos. El olor y el tacto eran lo que me mantenía con vida. Cada pequeño paso que daba era una sentencia; sentía cómo alguien me guiaba con sus cálidas manos.

A mi alrededor, lo único que existía era un frío que me hacía temblar. Sé que conforme bajemos el frío será más fuerte, pellizcando cada parte de mi piel descubierta. De vez en cuando escuchaba cómo mis botas pisaban una superficie húmeda y el agua saltaba; es muy posible que los sistemas de drenaje fallaran y ese sea el motivo por el cual se escucha el agua. O tal vez esto fue intencionado, y todo el lugar esté inundado a conciencia para que no podamos adueñarnos de él.

Cuando finalmente las vendas fueron retiradas de mis ojos, me encontré con una oscuridad que me abrazaba. Era una soledad que me dejaba claro que este lugar sería un infierno psicológico para todos, sobre todo para quienes ya han matado. Espero que nadie se pegue un tiro, eso nos desmoralizaría a todos. Muchos empezaron a buscar algo que hacer; ese sería nuestro enemigo: el no saber qué hacer con tanto tiempo libre. Tenemos comida para una semana. Según tengo entendido, son tres recámaras donde cada una tiene un aproximado de tres mil trescientos cincuenta a tres mil trescientos veinte hombres.

—Bueno, como pueden ver, estamos aquí abajo. Nuestro deber es eliminar a sus contrapartes dentro de estos túneles. Sus balas son de madera, traten de no apuntar al rostro. Vuestros anteriores hermanos ahora representan a dos facciones opuestas y hostiles. La manera de eliminar a alguno de ellos es quitando sus dog tags. Sus bayonetas deben estar caladas para evitar dañarnos a nosotros mismos. La manera de saber que somos del mismo equipo será con dos frases: “muralla” y la contestación debe ser “catapulta”.

De esta manera tengo planeado dos cosas: número uno, que cuando tengan que buscar caídos no se les haga tan difícil quitarles sus placas; y la número dos, que aprendan a dar guerra cuando no pueden ver a más de veinte fosas. Estoy seguro de que, si se logra de buena manera, esta gente no dependerá de su vista para poder dar buenos tiros. Me quedé mirando cómo todos empezaban a agruparse en equipos de ocho a catorce hombres; sus armas empezaron a ser cargadas.

—Un pequeño dato: en una hora se pueden empezar a mover de aquí, y soy su enemigo. Todos ustedes, los diez mil hombres, serán mis enemigos. Eso lo hago porque, como su mayor al mando, no puedo organizar sus estrategias. Les deseo suerte y organícense como puedan.

Tomé mi equipo para empezar a salir de ese lugar. Era verdad que tenía seis cargadores de 32 balas y solo uno de cincuenta, aunque tengo un total de trescientas cincuenta balas sueltas. El problema es que mi sistema ocular sería demasiada ventaja para cualquiera de los bandos.

A cada paso que daba, sentía cómo la humedad inundaba mi cuerpo. El frío se volvía insoportable y, cada vez que respiraba, una nube blanca se creaba a mi alrededor. Mis ojos se presurizaron de forma rasposa; un indicador mostraba una temperatura de -18 grados. La interfaz recreaba cada parte del pasillo y me mostraba incluso sus pequeños relieves. Conforme avanzaba, un mapa se creaba; cada pasillo era un nuevo punto donde mi interfaz moldeaba el terreno. Esto crea una ventaja absurda. No puedo pelear contra todos, tengo que ser como un depredador: moverme en total silencio.

Creo que solo tendré problemas cuando haya demasiadas cosas en un mismo pasillo, pero al menos puedo aprender un poco más de cómo funciona esto. Será algo divertido para mí; para ellos no. Creo que entenderán cómo se siente ser cazado, algo que no le debería gustar a nadie que esté en su sano juicio, aunque debe haber por lo menos un loquillo al que le guste que eso pase.

A cada paso, mi visión se volvía más innecesaria, al punto en el que me guiaba con los protones en vez de con mi vista. Dentro de una hora un reloj debe sonar: es la señal de que la caza inicia. Desde ese momento me voy a quedar en una esquina esperando a que una pobre alma se cruce en mi camino. Me quedé mirando hacia uno de los pasillos; no estaba jugando con lo de quedarme sentado en una de las esquinas.

Apagué la interfaz. Mis ojos pudieron descansar, aunque solo fueran unos minutos. Cerré los ojos para llevar mi arma al pecho. Estaba cansado y el frío me seguía alcanzando, pero puedo seguir avanzando, aunque mi cuerpo se pueda llegar a joder.

Un aura negra empezó a surgir desde mis hombros. Sentí cómo algo me abrazaba; era una persona que me acompañaba a cada lugar al que yo fuera. Sé quién eres. “¿Pero por qué estás aquí?”. No tuve respuesta, como siempre, mas un olor a flores marchitas llegó a mi nariz. Estoy seguro de que es Zethiris; debe ser ella, porque si no, no me puedo explicar su olor. Me quedé esperando a que algo pasara. Al menos no hace calor; prefiero mil veces sentir cómo los mocos se me congelan a sentirme pegajoso por el sudor.

Un sonido me puso alerta: oficialmente iniciarían los periodos de combate. Quien ganara sería porque realmente es bueno en su trabajo o porque sus líderes fueron mucho más competentes que los demás. Aquí también se forja la habilidad de liderazgo; un buen líder hace que una bala atraviese a dos hombres, o al menos eso es lo que imagina mi cabeza perturbada. Qué bonito es tener miedo en un lugar trágico; esa sensación de no querer avanzar porque las piernas pesan demasiado.

Este lugar me trae muchos recuerdos. Tiene una gran similitud al laboratorio republicano; diría que con el tiempo empezaré a ver pequeños destellos azules para recordarme que debo estar alerta ante cualquier cosa. Incluso al más mínimo movimiento, es algo que debo poder controlar. Necesito controlar mi pasado; no quiero ser devorado por él. El frío me calaba en el alma y hacía que mis dedos se engarrotaran, casi como si mi cuerpo empezara a dejar de enviar sangre. Si me viera en un espejo, estoy seguro de que vería mi rostro pálido por el frío.

Un fuerte disparo recorrió todo el lugar; fue un ruido seco. Otro fue devuelto, seguido de una sinfonía de disparos al unísono. Todo era un rugir de cañones. Algunos empezaron a gritar como si el necro surgiera del centro de Ouro. Los disparos siguieron, no pararon. En momentos el combate se encarnizó; surgieron aún más disparos, sonidos secos seguidos de gritos e incluso llantos. Las balas de madera deben demoler los huesos. Con cada disparo mis oídos empezaban a resentir el ruido. Me levanté de esa esquina cuando mi bota crujió contra el agua.

Mis ojos se presurizaron de forma rápida. Un pequeño brillo de color blanco surgió desde mis ojos grises. El humo blanco emanaba de mi nariz junto a mi arma lista para disparar. El sonido del metal al golpear las paredes o el ligero raspe de la tela de mi uniforme eran sonidos que me delataban. Mi interfaz empezó a moldear y recrear el lugar en donde estaba; los disparos eran marcados con una fecha y mi proximidad a los mismos: sesenta fosas de distancia. Tengo entendido que son, por lo menos, unos tres avances de distancia; son túneles que atraviesan la mayoría de la montaña.

Pero, bajo cualquier… “¡Agáchate!”. Hice caso a esa voz. Me lancé al suelo y una bala surgió desde detrás de mí; el sonido retumbó entre las paredes. Un pitido surgió en mis oídos, me sentía aturdido. Levanté a Berenice, la cual escupió una ráfaga de disparos. El pasillo se iluminó de forma momentánea, dejándome ver a los hombres que habían abierto fuego contra mí. Las balas rompieron el silencio; su impacto los fragmentaba. Lo siguiente fue el grito de uno de los hombres que cayó al suelo.

El fuego se concentró en mí. Tres armas dispararon, dejando ver dónde estaban. Me arrastré para tomar cobertura en un pequeño desnivel. Las balas de madera rebotaban por doquier; cuando chocaban, un sonido seco se volvía lo único claro. Lancé otra ráfaga de disparos, apuntando a donde se veían los destellos de fuego.

Cada bala que salía creaba un ruido rasposo, como si les costara salir. Ellos seguían disparando, casi como si tuvieran munición infinita. Cuando menos lo pensé, había ocho armas disparando en mi contra. Tarde o temprano me superarían en número, así que debo retirarme en cuanto pueda. No puedo estar seguro aquí. Me levanté del suelo mientras vaciaba el cargador contra ellos. Sus disparos cesaron y los míos los obligaron a esconderse el tiempo suficiente para largarme. Estaba bastante jodido; necesitaba seguir luchando.

Dejé de disparar. Pronto notarían mi ausencia y, para cuando eso pasara, yo ya debería estar muy lejos. Me encorvé para seguir avanzando. Correr entre los pasillos creaba un gran ruido, sobre todo porque mi equipo rebotaba. Tomé el fusil por el cuello, con cuidado de que no golpeara las paredes. Estaba frente a una intersección en T; tomé algo de aire, el cual entró a mis pulmones como cristales.

Mi mano tocó la pared; el frío traspasaba el guante. Siento cómo mi cuerpo empieza a calentarse por correr, pero esto es algo bastante malo: me estoy mojando con el sudor y eso solo me dará más frío a largo plazo. Me quedé ahí unos momentos y saqué un nuevo cargador. Tenía que estar listo para combatir de nuevo. Tengo cinco cargadores y uno con cincuenta balas; puedo estar seguro de que podré seguir aguantando por algunas horas más.

Retomé el camino izquierdo, avanzando con cuidado. Esta vez iba un poco más calmado, tratando de no crear ninguna clase de ruido. Tenía que moverme de la forma más fluida, cambiar de posición y atacar a los eslabones más débiles. No puedo ganar esto, pero quiero saber cuánto tiempo podría vivir en una situación de combate real, aunque supongo que no debería durar mucho más tiempo.

Aún así, no pierdo nada. En algún momento debo tener la oportunidad de seguir, aunque me superen varias veces en número. Eso es parte de querer volver a ver a Lyna. En algún punto me puedo ver envuelto en un infierno de esos donde deba seguir sujetando mi arma; aunque mis enemigos sean varias veces más grandes que yo, quiero poder luchar cuando todo se pudra. Me quedé mirando a la nada, pensando en cómo mierda podía avanzar cuando sentía que mi propio cuerpo se quería desplomar sobre el suelo.

—¡Muralla! —una voz recorrió el pasillo entero. Estaban en la otra punta. Mi interfaz mostraba un pequeño punto palpitante: estaba parado, apuntándome con su arma. Levanté de forma lenta a Berenice y lancé una ráfaga de disparos rápidos. Aquel hombre cayó al suelo. Mis disparos fueron respondidos de forma rápida; una lluvia de balas pasó cerca de mí. Me encorvé todo lo que pude mientras me movía para evitar que una de sus balas me llegara a dar.

—¡Rápido, tenemos uno aquí, muévanse! —Las balas empezaron a hacerse visibles para mí, cada una con su trayectoria. Me quedé pausado en el aire, como si el tiempo se ralentizara mientras un aura azul engullía mi cuerpo. Mi cuerpo actuó de forma natural ante la extraña velocidad que alcanzaba; mi interfaz mostraba que llegaba a las 28 fosas por minuto. Tomé a Berenice para abrir fuego contra esos puntos rojizos, abatiendo a varios de ellos. Con impulso, dirigí la culata de Berenice al rostro del último que quedaba.

—¡Wow, Vaxen, eres realmente ágil! —dijeron algunos mientras me extendían la mano—. Por eso eres nuestro líder.

Me seguí moviendo; esos hombres ya habrían muerto. El aura azul, al parecer, no era visible para nadie más que para mí, o tal vez era tan tenue que ni siquiera se notaba a simple vista. Estaba seguro de que podía seguir avanzando; el único problema es que mi cuerpo lo va a resentir cuando esto se acabe. De un salto me tomé de una de las barandillas. Me metería por la ventilación; por ahí me movería el resto del tiempo. Que la diosa me acompañe.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo