Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Veluxe (Entre trincheras y barro) - Capítulo 47

  1. Inicio
  2. Veluxe (Entre trincheras y barro)
  3. Capítulo 47 - Capítulo 47: ¿Quién soy yo?
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 47: ¿Quién soy yo?

La noche cayó, toda la división había salido de ahí abajo, yo fui dejado por esa mole de hierro sobre la salida, estaba bastante cansado; mi mente trataba de buscar alguna razón para continuar avanzando. Me quedé mirando a la nada, las nubes tapan de forma sutil la luna de Vora, aquella máquina me dejó con muchas dudas, más de las que quiero admitir.

Era una parte que necesitaba, tenía que sostener mi realidad, pero si no tengo algo a donde volver, ¿Quién soy yo realmente?… Mis manos estaban cubiertas de la sangre de aquel soldado, el cual me miraba desde la esquina, trataba de recordar cuál era realmente mi origen, ¿de dónde soy yo? Esto es demasiado para mí. No puedo seguir avanzando, si yo no tengo algo para seguir avanzando, no tengo razón para continuar peleando si yo no tengo una familia, ¿por qué sigo peleando? Creo que no tengo una razón, no puedo aspirar a tener una paz.

Las guardianas de blanco ayudaban a quitar las astillas de las balas de madera, eran unos momentos donde nos quedamos pausados, todos tenían la misma duda marcada en su rostro: qué mierda era lo que había pasado. Algunos cuantos se miraban aliviados, esta fase terminó mucho más rápido de lo planeado, aunque no voy a negar que los soldados no necesitaron realmente tanto tiempo.

Me acerqué a la enfermera con el moño verde, quería pedirle que me hiciera un muy pequeño favor: —¿Puedes hacer algo? —Ella asintió de forma suave, mientras me volteaba a ver—. Quiero que hagas un recuento de cuánta gente fue herida de gravedad y si llegamos a tener alguna baja.

Ella se retiró mientras anotaba la orden sobre su portapapeles. El entrenamiento era duro, estoy seguro de que en esta prueba alguien debió de perder la vida, o ser herido de gravedad; esto es parte de un entrenamiento que está hecho para evitar la muerte en combates, ser tan duro que la guerra parezca un juego de niños. Pero eso no sirve de nada si por alguna razón mueren muchos más, este entrenamiento solo será un exterminio.

Mierda, trato de ignorar el hecho de que no tengo motivos para seguir dando guerra, soy un estúpido que tiene un gran rango, y una unidad de niños que juegan a ser hombres; creo que todo esto no tiene ningún tipo de sentido. ¿Qué sentido tiene ir a morir? Llevé mis manos a mi rostro, tirando del mismo; estaba cansado, no tenía idea de qué mierda era lo que seguía. Quedarme aquí, mirar el cielo y esperar si de pura suerte tengo una revelación divina, o alguna mierda que me quisiera apoyar; es verdad, eso no va a pasar nunca, soy un simple autómata que puede usar el corazón de un humano, me pregunto si mi lucha valdrá algo.

Me quedé ahí parado con cara de perro regañado, sentía cómo el frío abrazaba mis huesos —o lo que yo pensaba que lo eran—. Con la bayoneta de Berenice me hice una pequeña abertura; la sangre de color rojizo oscuro empezó a surgir manchando la palma de mi mano. ¿Por qué tengo sangre tan similar a la humana? Esto solo me hace tener más dudas sobre lo que en verdad soy.

—Señor, necesitamos órdenes, estamos ansiosos. Uno de los soldados más jóvenes me sacó de mi trance; tenía una venda mal puesta, y los ojos inyectados en un rojo sangre, tenía su uniforme desarreglado, su bayoneta manchada con barro y su arma cubierta de agua. Sus ojos eran expectantes, sostenía una mirada fría; sus manos jugaban con el arma de un lado al otro. La sangre desde la palma empezó a resbalar sobre la manga de mi uniforme, dejé que esta se cayera a un lado mío; el suelo se empezó a manchar de sangre.

—Quiero verlos a todos limpios, además quiero que sus armas estén en perfecto estado, después de eso quiero verlos dando vueltas a todo el campamento. Me alejé de forma lenta a mi oficina, quería escribir un poco, tal vez hacer una carta para Lyna, o algo que me haga sentirme cerca de casa. Cuando entré, un ligero aire caliente me llegó al rostro, una luz cálida golpeaba las hojas que estaban sobre el escritorio; me senté sobre el mismo tomando la pluma, dejé que mi sangre cayera sobre ella.

Antes de que siquiera pudiera tomar la pluma, un ligero golpeteo surgió desde la puerta; debajo de la puerta se proyectaban tres figuras, de las cuales una de ellas era femenina. ¿Quién mierda tenía la decencia de venir a joder? Solo quiero algo de paz. El crujir de la madera debajo de cada una de mis pisadas me puso alerta; me quedé parado, mi mano se detuvo antes de que siquiera pudiera abrir la puerta para dejarlos pasar. Era extraño, no quería seguir mirando rostros, no quería comer, no quiero dormir, no quiero tomar agua. ¿Cuál es mi edad verdadera? ¿O acaso solo soy una máquina que no tiene un origen? ¿Quién es mi creador?

Puedo sangrar, puedo reír, llorar, gritar, sentir frío y miedo. ¿Eso es lo que realmente siento o solo es un código dentro de mí? —¡Vamos Vaxen, no te hagas el que no está, te acabo de ver por la ventana! Esa era la voz de Ruhit, es posible que Lien lo esté acompañando, ¿pero quién es esa figura femenina? Tomé la manija antes de girarla. —Pueden entrar, solo no quiero que hagan un desastre aquí adentro.

La puerta dejó que la luz de la luna entrara junto a sus sombras, la sangre de mi mano se vertió sobre la manija. Miré quiénes eran los de la puerta; entre Ruhit y Lien había dos hombres, ambos vestían trajes de un color negro, similar al de la noche. Parecían estar aquí para asegurarse de algo, en uno de sus hombros portaban un parche del Servicio de Inteligencia Imperial. En cuanto abrí la puerta, ellos entraron como si de una brisa de aire se tratara; fueron rápidos, revisaron de forma rápida cada uno de los cajones, esperando mirar algo que yo no entendía. En sus ojos había una gran sospecha, como si yo estuviera ligado a un crimen contra la soberanía del imperio; el aire se volvió denso, lleno de una carga negativa que en cualquier momento podía reventar.

La calma que trataba de construir en mi soledad fue rota por el ruido de los papeles siendo buscados, por mis armas siendo confiscadas, incluso mis plumas y lápices; checaron debajo del colchón para después salir. Cuando eso pasó, una joven de piel pálida y ojos morados entró a la habitación: era Lyna. Estaba abrigada por grandes pieles, mientras se las empezaba a quitar para dejarlas sobre una silla y mi perchero. Su mirada se volvió una de pura alegría; conforme dejó sus prendas, ella se sentó sobre mi cama cruzando sus piernas con una elegancia entrenada. Ella se acomodó como si mi cama también fuera suya, como si compartiera el barro y la sangre.

—Perdón por no poder informar sobre mi llegada, Vaxen, es solo que me sentía sola en el palacio. Dime, ¿sirvieron de algo todas esas tardes de práctica? Creo que sí. Me he encargado de forma personal de leer cada uno de tus informes, y noto cómo cada día practicas un poco más. De la comisura de sus labios una pequeña sonrisa se formaba, el olor de su perfume prontamente se vio envuelto en el aire.

—¿Te tomaste el tiempo de leer cada uno de mis informes? —Aquello hizo que de forma inconsciente se formara una “O” en mi boca. —Claro, ¿por qué no hacerlo? Solo con ver el cómo escribes sé lo que puedes estar pasando. Dime, ¿estás durmiendo lo suficiente? Estoy segura de que no; muchas veces haces tus informes como si algo te estuviera siguiendo, tu letra se vuelve errática y confusa, además de eso tiemblas demasiado. Creo que esas son señales de que tratas de trabajar durante la madrugada para realizar los entrenamientos junto a tus hombres por la mañana, ¿o acaso me equivoco?

Negué con la cabeza: —No te equivocas, pero en parte es porque odio mucho cuando todo está callado, cuando no hay algún animal que cree un ruido, o por lo menos alguna señal de que yo no soy el único que sigue despierto.

Ella se dejó caer contra mi cama antes de que yo formulara mis siguientes palabras; ella extendió sus brazos, como si quisiera abrazarme. —Ven, quiero que puedas dormir, aunque sea una noche de buena manera. Mañana tengo que volver de nuevo al palacio, mi madre únicamente me dejó estar aquí una noche.

Me quedé helado al escuchar lo que ella decía, mis ojos se fijaron en ella; di unos cuantos pasos para sentarme. Le estaba dando la espalda a alguien que, en caso de venir a acabar con mi vida, lo haría en este mismo momento. Cuando me dejé caer, Lyna me tomó por la espalda; pegaba su cuerpo al mío mientras hundía su cabeza en mi espalda. No me había quitado mi uniforme, pero a ella no parecía importarle; su respiración pegó contra mi nuca mientras esta misma me pasaba su calor corporal al mío. Ella se quedó así unos momentos, casi como si disfrutara estar a mi lado. No era la primera vez que compartíamos cama, pero sí la primera vez en la que yo de forma voluntaria le daba la espalda. Me quedé conteniendo mi respiración para evitar molestarla; sentía cómo ella enredaba sus brazos alrededor de mí.

—Cuando era niña, mamá me contaba historias de un hombre como tú, Vaxen: ojos grises, mirada fría, casi muerta. Según la tradición de las tribus, antes de que el héroe humano surgiera, alguien como tú estaría entre nosotros. Su deber era morir para que la humanidad viviera una nueva época dorada, una donde todo el llanto y todo el sufrimiento se irían. Los mitos de los ancianos lo llaman el «Ejecutor», alguien que sería capaz de usar el Parna y controlar a las armas celestiales a voluntad, alguien que cuidaría a los débiles.

Ella empezó a jugar con mi cabello, haciendo pequeños círculos de una forma rítmica; su voz era suave y calmada, en un momento donde me contaba una historia que en algún momento le contaron al Vaxen real.

—Su muerte sería agónica, desesperante y horrible, pero con su muerte todos nosotros entraríamos en un periodo de paz durante tres generaciones enteras. Pero si este vive, la humanidad se verá unida bajo un solo estandarte, y su descendencia será la que domine el mar, el cielo y la tierra. Solo que para alcanzar ese punto la humanidad entera debe de arder en el fuego purificador de las diosas, un fuego que será provocado por el Ejecutor.

Mientras ella seguía hablando, mis ojos empezaron a cerrarse, su historia empezaba a ser recreada en mi mente, tal y como si fuera real. «En mi mente y en mis sueños, la única figura que realmente me importa eres tú», fue lo último que pensé antes de que mi cerebro se apagara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo