Vendida al Ala Negra - Capítulo 106
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Capítulo 106: Exigiendo bendición-2
Se mece y se mece, el viento helado que se filtraba hasta su piel se sentía como un suave cosquilleo, pero entonces sintió un par de manos cálidas que le sostenían las suyas. Parecían estar apretándole los dedos; el tipo de apretón que uno le daría a un adorable y tierno bebé sumido en un profundo sueño.
Evangeline no se despertó ni siquiera después de sentir ese contacto. Era extraño, ya que ella misma tenía el sueño bastante ligero y se despertaba si una sacudida de su cama le parecía extraña. Pero ahora, aunque no estaba tan agotada, el contacto no la despertó.
Podía sentirlo en medio de su siesta, pero no fue algo que la despertara de golpe. Quizá por el tacto que se sentía tan tierno.
—Ángel —la voz de Hades se deslizó hasta sus oídos—. ¿No tienes un sueño?
Evangeline, que se había apoyado en sus hombros, se despertó lentamente. Tardó un momento en darse cuenta de que estaba apoyada en su cuerpo, dejando que todo el peso de su cuerpo se inclinara sobre el de él.
Aún sin ser consciente de su cercanía, miró sin expresión la silla frente a ella, sumida en sus pensamientos por la pregunta que él le había hecho.
—Un sueño… —susurró—. Sueño a menudo.
—No el tipo de sueño que tienes al dormir, tonta —se rio entre dientes—. El tipo de sueño que deseas alcanzar.
Lo pensó con la mente en blanco, pero por más que le daba vueltas, no se le ocurría nada. Una parte de ella se sintió desanimada y le preguntó: —¿Es normal no tener un sueño?
—¿No tienes un sueño?
Ella negó lentamente con la cabeza.
—¿Usted tiene un sueño, Lord Hades? —le preguntó ella con delicadeza, esperando conocerlo un poco más. Todavía medio dormida, fue lo bastante valiente para hacer la pregunta, pero si hubiera estado completamente serena, habría dudado, temiendo estar metiendo las narices donde no le correspondía.
Pudo oírle murmurar algo y, como no lo escuchó con claridad, levantó el cuello y vio sus labios moverse ante su vista borrosa. Estaba diciendo algo…, pero no pudo mantenerse despierta lo suficiente para oírlo de verdad.
—…muerte.
Esa fue la única palabra que pudo oír de verdad antes de que el sueño la reclamara de nuevo a un profundo letargo.
Cuando sintió que el balanceo la despertaba de nuevo, estaba mirando la silla vacía del carruaje. Un carruaje de lujo se siente diferente a un carro o a un carruaje normal y barato, y eso es quizá por lo poco que se balancea al pasar por un camino rocoso.
Por primera vez en su vida, sintió como si hubiera dormido muy bien, lo cual era extraño considerando que había estado durmiendo en la cama más blanda posible. Pero aquí, dentro del carruaje, se sentía extrañamente segura.
Se levantó lentamente de su asiento y sintió que la tela que la cubría se deslizaba. Al tirar del abrigo, se dio cuenta de que era el que Hades solía llevar, el abrigo negro como el carbón.
«Muerte».
La palabra se le vino a la cabeza de nuevo. Extraño… ¿por qué podía oír la voz de Hades hablando de la muerte?
Evangeline frunció el ceño, ya que tenía un muy, muy mal presentimiento sobre la palabra que él había dicho. Pero no recordaba haber hablado nunca con él de un tema tan denso como la muerte.
De alguna manera, algo se sentía solitario. Había un rastro de calor alrededor de su cintura que ya no podía sentir… y eso sí que se sentía solitario.
Así que, lentamente, intentó encontrar a la persona que se suponía que estaba con ella, el hombre alto que nadie podría dejar de ver.
Cuando se dio la vuelta, sus ojos se abrieron de par en par.
Más allá de la ventana del carruaje se extendía una interminable extensión de blancura, saludándola como un mundo intacto. La nieve cubría todo lo que alcanzaba la vista, lisa e inmaculada, reflejando una luz pálida tan uniformemente que el horizonte parecía fundirse con el propio cielo. Era onírico, completamente silencioso, como una escena sacada directamente de un cuento de hadas que nunca le habían permitido leer.
Se levantó lentamente de su asiento y se acercó. Sus manos flotaron sobre el cristal antes de apoyarse en él, y el frío se filtró en su piel, anclándola en el momento.
—¿Dónde es esto…? —susurró.
Antes no era así. Estaba segura de ello. No había nieve la última vez que miró fuera, ni campos blancos e interminables que se tragaran el mundo entero. Por un momento fugaz y absurdo, se preguntó si había dormido durante siglos, si el tiempo mismo se le había escapado sin piedad.
—¿Te gusta?
La voz la sobresaltó.
Se giró bruscamente a su izquierda y casi gritó, deteniéndose justo a tiempo. Hades estaba sentado frente a ella, con las piernas cruzadas con una facilidad exasperante, como si hubiera estado allí todo el tiempo. Su corazón latía dolorosamente en su pecho.
—Yo…, yo no lo vi ahí antes —susurró, todavía alterada—. Así que, ¿cómo…?
—Te dije que soy un hada —dijo él encogiéndose de hombros, como si la revelación ya no importara ahora que la verdad había sido desvelada. Levantó un dedo e hizo un gesto hacia la nieve tras la ventana—. ¿Quieres salir? Te traje aquí a propósito, para que pudieras verlo bien.
Había algo en la forma en que la miraba entonces, oscuro y sereno con las piernas cruzadas, que le cortó la respiración. No se parecía a ningún hada de la que hubiera oído hablar. No, allí de pie, con esa intensidad silenciosa, parecía más la encarnación de un dragón negro que una criatura de luz y fantasía.
El recuerdo de su sueño de la noche anterior afloró sin ser llamado, vívido y mortificante.
Su mirada huyó de él al instante, y el calor floreció en sus mejillas. El solo pensamiento de haberlo imaginado así, de haberlo visto de una manera tan indigna y desvergonzada, hizo que se le oprimiera el pecho. Apretó los labios, reprendiéndose en silencio, como si la pura vergüenza pudiera borrar las imágenes que persistían en su mente.
No se atrevía a mirarlo de nuevo.
—¿P-por qué estamos aquí?
—Para pedir una bendición. —Cuando ella frunció el ceño con curiosidad, él sonrió ampliamente—. Te dije que las hadas están hechas para bendecir a las criaturas, ¿no? Bueno, excepto yo. Así que pensé que podrías necesitar una.
—¿Vamos a ver a otra hada? ¿Un amigo suyo? —La idea la complació, ya que conocer a alguien de su vida, sabiendo lo discreto que era siempre, la hizo sentir especial.
—Mjm, un amigo.
Y su oscura sonrisa se dibujó en sus labios, pareciendo alguien que está a punto de encontrarse con la persona que le debe mucho dinero en lugar de un simple amigo, pensó ella.
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