VERANO DEL 98 - Capítulo 15
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15: EL BOSQUE DE LOS MARGINADOS 15: EL BOSQUE DE LOS MARGINADOS Seguía asimilando muchas cosas, encontró respuesta a preguntas sin sentido, a cosa que se preguntaba desde que llego, tomaba café de una vieja cafetera y salía a hurtadillas por un aperitivo, no quería ser visto por Nick, ni por Abrahela, pero ese plan no funcionaría por mucho tiempo.
Paso unos días para recuperarse por completo de todas las heridas, estaba en paz, dejo de ser molestado, perturbado y maltratado por las criaturas del recinto.
Leonardo abandono el estudio para ir a tomar una ducha caliente, comer algo e hidratarse.
—Por fin regresas, hace días que no te veo, creía que me habías abandonado —dijo la mujer interceptándolo.
—No, solo que me perdí, vengo saliendo, fui atacado por una de tus mascotas.
—Es para que aprendas a no husmear en cosas que no te competen.
Abrahela se acercó con delicadeza al hombre, quien aun después de una buena recuperación estaba lastimado, lo miro por todas partes, abrazándolo.
—Pobrecito, estas muy maltratado, debemos de cambiarte de ropa, usas puro trapos viejos —expreso la mujer.
La observo, no podía ver tanta hipocresía en ella.
Suspiro.
—No necesito nada —dijo encogiéndose de hombros—, solo tomare un baño, me cambiare y saldré a dar una vuelta.
—¿A dónde iras?
—Perderme un rato al pueblo, hace mucho que no salgo, es acaso que no puedo ir.
—Eres libre de ir a donde quieras, solo cuídate, no quiero que mueras, mira lo que te paso estando allá abajo, dudo que el pueblo sea igual seguro que aquí en nuestro hogar —expreso la mujer.
—Otro lugar es mejor que este —pensó.
Leonardo tomo el picaporte de la puerta, en la habitación donde solía dormir con Abrahela, entro ignorándola.
La mujer frunció el ceño, no dio replica a nada, dejo que el hombre solo siguiera su curso, ella se encontraba en un estado de reposición mental, jugaba el papel de la esposa dulce, lo que era perturbador con la poca o mucha información que Leonardo recabo.
—Hola, soy yo de nuevo —dijo la voz en su cabeza.
—¿Qué es lo quieres ahora?
—respondió al ser larguirucho.
—Tranquilo, quiero ayudarte, Abrahela no dejara que salgas de la propiedad, es una mentira que acepte que andes por ahí recopilando información, no vayas al pueblo, ve al bosque.
—Por fin cambiaste de opinión, me ayudara.
—No como tal, si yo mato a la criatura ahora mismo, ella vendrá por mí, si interfiero ahora mismo, vendrá por mí, debo esperar a que sea mi turno, por ahora, te puedo guiar para que salgas y escapes al bosque.
—¿Por qué al bosque y no al pueblo?, en el pueblo puedo contar con ayuda de amistades.
—Te guiare que para que salgas de aquí, nada de amistades, no puedes confiar en nadie más, no deberías ni confiar en mí, todos pueden traicionarte solo los que hayan pasado por lo que estás viviendo, entenderán, ellos pueden ayudar —hizo una pausa—.
Sal por la puerta trasera y corre hacia el bosque, dirígete hacia las montañas y después podrás escapar.
—¿Así de fácil?
—busca la forma de evitar al mayordomo, ten cuidado al adentrarte en el bosque, adiós.
—Espera, ¿Qué hay en el bosque?
—grito Leonardo sin recibir respuestas.
El jugador se desconectó de su mente ya no pudo responderle o lo hizo apropósito, dejando a su suerte, ahora solo faltaba creer en él y salir de la mansión, el problema era, ¿qué hay en el bosque?, si aquí en la casa habitan criaturas peligrosas, no podía imaginarse lo peligroso de estar en ese lugar.
Uno, Como deshacerse de Nick, dos, como vencer a Nick, si era una especie de criatura similar al jugador, cuál era su otra apariencia.
Dejo la habitación atrás, pasando por la sala, comedor y el pasillo de la cocina que te llevaba a la puerta trasera.
—La comida esta lista, desea comer algo —dijo Nick, quien salió sorpresivo a la puerta trasera.
—Me asustaste, no pensé que me seguías.
—No fue mi intensión, señor.
Solo es mi deber el proteger de ti y los intereses de la señorita Abrahela.
—Creo que comeré algo ahora —mintiendo para ganar tiempo e idear un plan para escapar de la casa.
Seguí al mayordomo hasta el comedor, mientras iba ideando un plan, pasamos por la cocina, olía muy bien, me senté y él me sirvió un plato, la verdad no podía distinguir nada de lo que era la comida, ya que todo estaba muy batido, todo estaba revuelto, el olor era excelente, la preparación una basura.
—¿Qué es esto?
—pregunte.
—Es un platillo especial para engorda, señor.
Queremos que este un poco más lleno y saciar tanto a la señorita Abrahela, como los invitados, en especial al señor oscuro.
—¿Para engorda?
—pregunte.
—Sí, usted será el plato fuerte para la ceremonia, creía que ya lo sabía, perdóneme por haber arruinado la sorpresa —parloteo el mayordomo, con una sonrisa y risa picará.
—¿Es esta noche?, moriré hoy.
—No, aún faltan más tiempo para el más grande evento del año, así que debes de comer y dejar de andar paseando por la casa.
—Como sabremos eso, ¿Cómo sabré yo cuando llegue el momento?
—Espera a que el satélite natural de la tierra, redonda y grande salte en lo más alto del cielo, cuando se tiñe de rojo y el evento de luna se sangre empiece, ese día, será el último.
—¿Cuándo será el próximo eclipse?
—se preguntó—.
Va ser un buen evento, me imagino.
—Ya pronto estarás ahí, no te desesperes.
—¿John Kamper… estará presente?
—No menciones su nombre en vano —dijo el mayordomo mientras se acercaba a Leonardo.
—Está bien, disculpa lo que menos quiero es que tú me mates.
—Debería de hacerlo ahora mismo, antes escapaste de mi custodia con ayuda, ahora que estas solo, que harás.
—No fue mi intención, Nick, ¿crees que es agradable ser un preso?
Si pudiera lo volvería hacer.
—Ahora te vigilare, no te quitare los ojos de encima, eres importante para la familia Yamhir y el señor oscuro.
Come de una vez —exigió el mayordomo.
—Sé que moriré, tratare de no llegar a eso, sé que el tiempo corre de forma diferente y que está a favor de John y Abrahela.
Pero debe de haber una maldita forma, siempre la hay, ¡eres un obstáculo!
—grito Leonardo.
Aventó el plato de comida a la cara del Mayordomo, corrió como loco por la casa.
Nick camino lento detrás del hombre, sin ninguna prisa por atraparlo, su intención era la de jugar y divertirse un poco.
Limpiando su cara con una toalla.
Los pasillos rechinaban en cada paso al correr, tropezaba en cada intento, alguien antes trapeo el suelo, la casa iluminada por la luz del sol que entraba por todas las ventanas y puertas abiertas.
La finca de la familia Yamhir es extensa en territorio, a lo lejos el bosque, las montañas.
El pueblo se caracteriza por estar cubierto del gran bosque y los cerros, pero lo peligroso este son las montañas que dan detrás de la propiedad de los Yamhir y parte del bosquejo.
El paisaje siempre fue fenomenal algo que, desde niño siempre le gusto a Leonardo, prácticamente la única salida es la principal del pueblo o cruzar los cerros.
El escritor estaba afuera de la mansión, corriendo en dirección a los arboles del bosque, a lo lejos un mayordomo tranquilo, espero un tiempo para tacar.
—¿Por qué no me persigue?
—se preguntó.
Paro entre unos nogales dentro de la propiedad, cansado, respirando fuerte y agitado, se recargo sobre él, dejando caer su cuerpo.
La tarde caía, era momento de avanzar o perder más el tiempo y ser atrapado por el mayordomo, a lo lejos Nick lo miraba con ojos acosadores, lo que le inquietaba al hombre, que secaba sus lentes y su frente por el sudor.
La noche daba aviso de su llamada, oscureció tan rápido, una niebla cayo en la propiedad no dejando ver nada.
Por completo, sin una guía para avanzar.
Entre reojo estaba al pendiente de Nick.
Se levantó y se alejó del árbol en el cual se recargo.
dio dos ligeros pasos al bosque, aún estaba muy lejos, un kilómetro a lo mucho, su mirada la postro hacía el frente, necesitaba llegar, no importaba otra cosa que entrar.
Se escuchó un grito muy fuerte y seguido de eso, como si algo se rompiera.
El hombre no quiso prestar atención a lo que escucho atrás de él, peor la curiosidad fue más grande, guio su vista y a lo lejos entre la niebla un mayordomo de comportamiento extraño tomando una forma rara de su cuerpo como si algo quisiera salir dentro de él, sus huesos se quebraban, se distorsionaban en cada movimiento, mientras Leonardo corría a toda prisa, vio como Nick se levantó con unas piernas de araña de tamaño enorme , su torso hacia arriba colgaba de la espeluznante criatura hibrida, fue ahí cuando recordó las palabras del jugador, en las formas que adaptaría el engendro del mayordomo y que había renunciado a su forma original, por adoptar la forma humana y la de una araña.
El cuerpo humano de Nick se levantó con firmeza y corrió en sus patas y cuerpo arácnido, alcanzo al hombre en unos segundos, dándole una embestida, sacándolo a volar a unos metros, en el suelo y herido.
El mayordomo regresaba a su forma humana, desnudo, posando delante de Leonardo.
—Terminaste —dijo el mayordomo.
—Aun no —respondió.
El bosque solo estaba a unos metros, cerca de la libertad, el poder irse y ser feliz, adolorido se puso de pie, agarrando un puñado de tierra, la aventó a la cara de Nick, quien la esquivo con mucha facilidad, pero suficiente para volver a correr.
De nuevo el mayordomo tomo la forma de una araña.
El escritor corrió con sus últimas energías, estaba a nada de entrar al bosque.
Se aventó para llegar, creyendo que el mayordomo ya no lo perseguiría.
Al volar por el aire una de las patas delanteras de araña atravesó la pierna derecha de Leonardo, como una cuchilla, cayó gritando del dolor.
Miro al mayordomo y este, efectivamente se paró en seco, sin poder entrar.
El bosque se comenzó a cerrarse, arbustos taparon el hueco por el dónde se aventó Leo, haciendo un muro brusco, dándose cuenta que el bosque tiene más vida de la que aparenta y es un refugio para los desahuciados.
—Lo lamentaras, morirás ahí —se escuchó del otro lado.
Se había desecho del mayordomo, el mini jefe a vencer en la casa y la criatura que lo tormento para llegar al bosque, ahora que iba ser, resonaba en su mente.
Tomo la pata de la araña de Nick y la quito de su pierna atravesada, gritos de dolor y alivio sonaron en la penumbra del silencioso bosque, ahuyentando a aves nocturnas, pisadas de pequeños animales terrestres, corrían del lugar, tiro la pata, por un lado, postrado en el frio suelo húmedo del bosquejo.
En poco tiempo oscureció, observaba la luna y las estrellas, admirando la belleza de la vida, sentía su descansar después de mucho tiempo.
—¡Así se siente la libertad!
—gritaba.
Aun persistía el miedo, el lugar no ayudaba mucho para mantener la calma, todo es oscuridad aquí afuera, extraños ruidos por todos lados, el sentir que alguien te observa y vigila, las ganas de no seguir, el estar herido, el sentir placer por cerrar los ojos y dormir, descansar.
Todas las cosas que hace un hombre para sentirse vivo.
La vibra de algo estaba presente, y no solo de un ser, si no de muchos, pero no podían ser vistos, o al menos no por el momento.
Apoyándose de la pata de araña camino, cogiendo para no lastimarla más, aplico un pequeño torniquete para que dejara de sangrar.
Al seguir avanzando los ruidos de coyotes se hicieron presentes, lo único que pensaba era que faltaba que saliera un hombre lobo o algo por el estilo.
Adentrándose más al bosque y entre las ramas podía ver cosas saltando las cuales no podía identificar, sabía que no eran humanos, pero por la corpulencia parecían pequeños humanoides brincando de árbol en árbol, de ojos brillantes.
Lo que sí pudo ver a lo lejos fue a una persona o ser, de una estatura de un metro ochenta, igual que la suya, revestido con una gran capucha, entre la penumbra de esa capucha solo se asomó un punto rojo, brillante, después de eso, el ser corrió lejos del hombre, se alejó en forma que corre un perro o un felino grande.
Se quedó paralizado, en verdad no quería pelear contra un hombre lobo, solo lo pensaba de juego, debía de dejar de imaginarse estupideces, ya que todo aquí era posible.
Se desplomó en el suelo, por un instante olvido del dolor de su pierna, seco sus ojos llorosos, respiro un poco, se escuchó un rugido entre los arboles del lugar, tapo su boca, estaba gritando con desesperación, eso lo mataría en cuestión de segundos, arrancándole las entrañas.
—Estaba mejor en la casa —se decía a sí mismo.
Risitas sonaron cerca.
Algo salto a su espalda, reacciono queriéndoselo quitar, se paró, tomo la pata ocupándola como espada, tiro unos espadazos al aire, entre la oscuridad sin ver que era lo que lo atacaba, otra cosa se le aventó al cuello mordiéndolo y retirándose con risa.
Varias cosas diminutas lo corretearon detrás, parecían ser las mismas que brincaban por los árboles.
Se tropezó, en el suelo cubrió su rostro, risitas los acosaban, alrededor de él se escuchaba como hojas se rompían por pequeñas pisadas, se arrastró unos metros, jalando la espada improvisada, una cosa cayo en su rostro, arañándolo, por la luz de la luna pudo ver al diminuto ser, un hombrecillo peludo de la cara, con dientes chuecos, arrugado, de ojos rojos, orejas en punta y un pequeño penacho arreglado en plumas y flores, se lo quito de un golpe, pero la criaturitas eran muy fuertes, resistentes y duras, los puños dolían en cada golpe.
Leonardo se tropezaba entre charcos, que lo conducían a un pantano.
levanto su rostro, abriendo sus ojos, solo para admirar el espectáculo de luces, un increíble pantano que se iluminaba por el arte de fuegos fatuos, las pequeñas criaturas retrocedieron, no ingresaron en el pantano, se perdieron en tres los árboles, furiosos, gritaban.
Se sentó por un rato, dejo de prestar atención a los hombrecillos.
Del otro lado del pantano el ser encapuchado, quien lo veía fijo, sin inmutarse, era como si lo esperara, la criatura volvió a correr a cuatro patas y se fue de ahí, dejándolo, sentado admirando lo que estaba viendo, algo que nunca había visto en su vida.
Los fuegos fatuos se elevaron en simultaneo, formando una cortina de humo, del pantano salió la figura de una mujer con vestido indígena, en color blanco, grandes arracadas, cabello en trenzas, revestida en joyería de piedras preciosas.
Su presencia flotaba ente el pantano y la cortina de humo, las demás bolas de fuego se seguían alzando dando luz al lugar, como pequeñas almas.
La mujer se acercó hacia a Leonardo, este solo estaba sorprendido por el increíble espectáculo que estaba viendo, todo a su alrededor era maravillo como si lo hubieran esperado para que vira el increíble show.
De pronto la mujer desapareció convirtiéndose en humo, solo para aparecer detrás del hombre.
Leonardo, dio la vuelta al sentir la presencia de la mujer, pudo ver su rostro pálido y sus grandes dientes como si fueran grandes espinas, ojos completamente oscuros, dio un paso hacia atrás y fue empujado por la mujer, cayendo al pantano.
La mujer se elevó convirtiéndose de nueva cuenta en humo.
El escritor se ahogaba la densidad del agua del lugar le hacía imposible el nadar a la superficie.
—¿Así es como moriré?
—escuchaba su propia voz al tragar agua.
Recuerdos lo inundaron, era el agotamiento y el sufrimiento por ahogarse o es que veía su vida pasar mientras solo vía en la superficie a la mujer volando.
—Hola Leonardo, gracias por venir —dijo Enrique.
Fue el agradecimiento que le hubiera gustado escuchar de parte de su amigo si hubiera asistido a su boda y no a su funeral.
—Gracias por no haberte ido —la voz de María que le agradecía por seguir luchando.
—Eres un estúpido, morirás —La voz de Josué, quien lo veía cambiado, muy diferente a como era.
La mujer sobrevolaba, veía como Leo se ahogaba, otra víctima más de ella.
Se escuchó un gran estruendo, la espalda de la mujer fue impactada por una bomba y se desplomo.
Una gran mano felina tomo a Leonardo por la camisa para sacarlo de ahogarse en el pantano.
El escritor escupía agua, respiraba muy fuerte, se quejaba en cada oportunidad.
—Gracias —balbuceaba Leonardo, sin poder recuperar el aliento.
—No hay descanso, sígueme, es peligroso —dijo el ser misterioso.
Corrieron rodeando el pantano, alrededor todo era penumbra por la cortina de humo que se había formado y cada vez los encerraba más, cerrándose el radio.
—¿Quién eres?
—insistía el hombre.
—No hay tiempo, la prioridad es ponernos a salvo —exhalaba el encapuchado.
La mujer los atormentaba de cerca, las risas perturbadoras se escuchaban entre la oscuridad y la cortina de humo, fuegos fatuos los impactaban por todos lados, en su mayoría los esquivaban.
Golpearon dos en la espalda de Leonardo tirándolo, el ser encapuchado lo tomo, ayudándolo a seguir.
—quédate detrás de esos árboles —exigió la criatura.
El hombre solo asintió con la cabeza mientras se retorcía de dolor por las quemaduras en la espalda.
El ser se alejó atrayendo la mujer que volaba por encima de ellos, el encapuchado saco la pata de araña y la enfundo.
—Vamos bestia, ataca —gritaba.
Las risas iban en aumento, la mujer lo disfrutaba, dejaba un humo detrás de ella.
—¿Dónde estás?
¿Dónde te encuentras?
—dijo la mujer, con una voz horrible.
—Olvídate del chico, estamos tu y yo en esto.
—No me importas tú, guardián.
Estoy aquí por ese hombre —explico la mujer.
Desde el cielo dejo caer las bolas de fuego, parecían pequeños meteoritos, el ser esquivaba con la espada y con su agilidad.
—Debemos hacer que baje —decía el ser a Leonardo.
—¿Cómo haremos eso?
—Serás la carnada, debes de salir, que te vea, que te siga y yo la atacare.
—Suena a que moriré esta noche.
—No morirás, lo prometo.
Leonardo solo se quejó ligeramente, la espalda le ardía por las quemaduras, la cortada en la pierna y el dolor de viejas heridas le incomodaban, se deslizo por los árboles, alejándose de la batalla.
La mujer lo visualizo y voló hacia él.
—Te encontré —dijo la mujer, que se le apareció en el camino, rasguño la cara del hombre y luego se volvió a materializar en humo.
La cara de Leonardo sangró, la mujer estaba jugando, quito su camisa para parar el sangrado, la mujer volvió aparecer a unos cuatro metros, echo a reír de forma sínica y gozando todo, con su lengua larga, mojo sus labios, era evidente que saboreaba la muerte del hombre.
—Mírate ahí, igual que todos los hombres, incapaz de defenderte, la estupidez masculina.
Las uñas de la mujer crecieron varios centímetros, camino despacio, haciendo el momento más de terror, estaba a punto de atacar a Leonardo.
Cuando el humanoide de capucha salto para contratacarla y hacerla retroceder, esta lanzo fuego contra la criatura quien tiro su capucha negra, revelando su cuerpo, la especie de un jaguar humanoide, con unos harapos cubriendo sus partes, en la espada un arco y flechas, en su cadera un cinturón de cuero, amarrados unos frascos, tomo uno y rego un liquidó, el líquido saco un pequeño humo morado el cual repelía el ataque de los fuegos fatuos que la mujer lanzaba, tiro otros frascos que cargaba en el cinturón estos al hacer contacto con el suelo explotaban y ardían, dos impactaron en el cuerpo de la mujer.
El hombre jaguar saco su arco y disparo a la nativa, una de las flechas la impacto, quemándola.
—¡Otra vez tú!
Sí que eres una ladilla —grito la nativa.
—Soy el protector de este bosque —dijo el hombre jaguar.
Los dos corrieron para enfrentarse, pero la mujer solo fintó, se volvió hacerse humo y se alejó desvaneciéndose en el cielo.
—Nos volveremos a ver —dijo la mujer con unas palabras al aire que desaparecían en forma de eco.
El hombre jaguar se acercó hacia Leonardo, este entrecerraba los ojos, se estaba desmayando por desangrado, el humanoide saco un frasco, le quito la mano junto la camisa del rostro y rego un líquido, la herida comenzó a cicatrizar.
El hombre por arte de magia se recuperó lento y despacio.
—¿Estas bien?
—pregunto el hombre jaguar.
—Sí, estoy bien, gracias, ¿Tú quién eres?
—pregunto Leonardo, mientras observaba que el punto rojo que había visto en él, era el rojo de su ojo, producto del reflejo de la luz de la luna, solo del lado derecho, con múltiples cicatrices en el rostro, entre ellas una gran cortada en su ojo izquierdo, cerrado, producto de haber perdido el ojo.
—Responderé todas tus preguntas, pero aquí no es seguro, como ya pudiste observar, sígueme —finalizo el hombre jaguar.
El escritor solo asintió con la cabeza, siguiendo al humanoide por el bosque, perdiéndose entre la maleza y desolada noche.
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