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VERANO DEL 98 - Capítulo 29

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29: EL FIN SIN SALIDA 29: EL FIN SIN SALIDA  1 Todos conscientes con él único propósito, destruir a Abrahela.

Afuera de la mansión, deteriorada, derrumbándose, un comportamiento de que la casa moriría pronto, un ligero lamento proviene de las catacumbas, a sincerado por sus últimas horas.

Planeando la mejor de las estrategias.

—He aquí el momento de buscar una aguja en un pajar —dijo la niña.

—Entraremos por separado para poder encontrar Abrahela más rápido —menciono el chamán.

—Hay que tratar de combatir con ella juntos, esta lastimada, pero aún es muy fuerte.

—propuso Leonardo.

—Escuchen todos los demás, traten de no subestimar a la bruja malvada, hoy todos tendremos nuestra venganza, cada uno de nosotros fue afectado por ella, de alguna forma, pero hoy tenemos la oportunidad de cambiar eso, antes lo intentamos y fallamos, pero ahora tenemos a este Leonardo, y sé que lo podemos lograr, así que desde hoy todos seguiremos sus órdenes, él nos llevara a la gloria —dijo el chamán mientras se quitaba la máscara dejando ver su rostro ante todos.

Leonardo lo miro y quedo pasmado, muy asombrado de ver su verdadera cara, nunca lo había visto sin mascara, salvo que sabía que el hombre jaguar es tuerto.

—Supongo que es una verdadera sorpresa —dijo el chamán.

—Creo que lo veía venir, algo así en mis secuelas pude llegar a ver, me di cuenta que esas secuelas no eran mías, aunque parecían reales, es cuando comprendí que eran tuyas y las estaba compartiendo contigo, porque somos la misma persona, pero… ¿cómo?

El chamán era idéntico a Leonardo, era su viva imagen, salvo por algunos detalles en el rostro como cicatrices y que el ojo izquierdo no lo tenía, heridas de guerra, de igual forma solo se veía ligeramente más grande, por un par de años quizá.

—Somos lo mismo, pero versiones alternas, yo ya estuve aquí, he pasado por esto muchas veces y ayude a un par de nosotros que no corrieron con la misma suerte, si antes no te lo mencione fue porque, quería darme cuenta si transcurriría igual a mi historia o sería diferente, en algún momento yo fui el protagonista, pero ahora que estoy de este lado me di cuenta de las pocas probabilidades que hay de sobrevivir y salir de esto, así que el contar o decirlo, puede de que afecto el orden de las cosas.

—Hiciste las cosas mal, y no querías que pasara por lo mismo.

Al ser la misma persona, temías al fracaso.

—Lo siento por eso, pero a veces así deben de ser las cosas, yo fracase y en efecto, no quería que pasaras por lo mismo —concluyo el chamán —Bueno se terminó el tiempo, ya habrá momentos para hablar, debemos de continuar —interrumpió la niña—.

Es importante no dejar que Abrahela se recupere, aprovechemos que está muriendo.

De forma cautelosa y a la defensiva se dividieron al entrar a la mansión, sin saber lo que les aguarda.

Conscientes de lo difícil al ser el último reto y peligroso para todos.

Estaban entrando a un laberinto donde un demonio femenino los esperaba para asesinarlos.

El desorden, la casa un caos, destruido, crecieron raíces y enredaderas el tiempo la afecto, carne expuesta y sangre que se dirige a las catacumbas.

Leonardo dio la orden de que unos se quedaran cuidando arriba y que no bajaran a las catacumbas, los demás seguirían avanzando, se dividieron en, la niña, el chamán, Leonardo y Kuesoli tomaron a unos cuantos y siguieron el camino de sangre, que para su suerte se había enredado, y marcaba en todas direcciones, haciendo más difícil la búsqueda.

Leonardo, tenía en mente el ir a los féretros para sacar a Abrahela la buena, era su objetivo principal, más allá de acabar con la mala, era el querer escapar con su chica, de la cual se había enamorado.

Las catacumbas llevaron a la niña hasta su casa de las muñecas donde pasaba horas jugando y peinándolas.

—Puede que sea una maldita trampa, conozco las catacumbas se cuando cambian, sé a dónde van y este sitio no debería de estar aquí, manténganse todos al margen —gritaba la niña a los aliados.

Todos estaban preparados, las muñecas de la niña las cuales estaban bajo un hechizo para de algún cierto modo cobrar vida y atacarlos, al fondo Abrahela, sonriendo, manipulando el hechizo para usarlo a su conveniencia, los aliados peleaban con dificultad ya que eran blancos pequeños y agiles y al contacto con alguien explotaban, así hubo muchas bajas, uno tras otro caían, no se podían defender, les costó el pelear con los peluches explosivos y muñecas asesinas, a lo lejos corría el chamán para ayudar pero la puerta de la habitación se cerró, sin la posibilidad de entrar o de salir, era un hechizo fuerte por parte de Abrahela.

—Supongo que este es nuestro último cara a cara, aquí se define todo, quien es mejor, quien es más fuerte —expreso la niña.

—Así lo quisiste tú, solo te agradezco por haberme creado, darme una voluntad, y siento lastima por ti, niña, hubieras sido un gran guerrero para mi abuelo, pero preferiste no ser una de nosotros, buscaste tus propios intereses, creíste el poder derrocar a nuestro abuelo y quedarte con todo, pero te quedaste sin nada, y peor.

El chamán trataba de abrir la puerta con fuerza ayudado de los aliados y nativos que lo acompañan.

Leonardo llego para ayudar, pero no podían destruir ni el ventanal de cristal de la puerta, el hechizo bloqueaba todo, las muñecas seguían explotando por todos lados, aunque ya no hubiera aliados a los cuales matar de una explosión, el cuarto de las muñecas se prendía en fuego, el gran estante-cama de muñecas en madera quemado y casi reducido a cenizas, todo ardía, se veía reflejado en los ojos de los que estaban presenciando todo desde afuera, el guardián de hilos terrorífico ataco a la mujer cubriendo su cuerpo y asfixiándola, Casimiro llego por detrás de todos para destruir la puerta con su enorme maso.

—Que esperan, bobos, hay que ayudar a la niña, venga —dijo Casimiro.

Atacaron a Abrahela con furia, la niña entro en mente de la mujer para dañarla y vencerla, le exigió a Leonardo hacer lo mismo.

—De lo único que me arrepiento, es el no haberte educado mejor —menciono la niña a su versión adulta la cual esta inmutable, débil, desgastada y asfixiada por el guardián de hilos—.

Te llego el día.

—Aun puedo entregarte a tu amada, Leonardo —soltó la mujer.

—No la escuches, está jugando —agregó el chamán.

—No juego, te dije desde antes que te la entregaría si ayudabas.

Aun estas a tiempo, renuncia a tus secuelas, puedo dárselas a mi abuelo y traerlo de vuelta.

Casimiro golpeo el estómago de la mujer con el mazo, para que dejara de hablar.

—Recuerda lo que me paso a mi Leonardo, fracase, seguí los consejos de esta mujer desde el principio, me enamore.

Pensé que tú al ser yo y viceversa, también fracasarías, pero me demostraste lo contrario, rompiste el patrón, somos el ciclo especial porque ha habido más versiones de nosotros y todos han fracaso, pero contigo se logró, rompiste ese molde y estamos a nada de ser salvados por ti.

—Nunca ganaran, no lo lograran, entiéndanlo.

Casimiro replico el golpe con más fuerza dañando incluso al guardián quien soltó a la mujer.

—Lo siento, me pase.

Al soltar esas palabras y que retrocediera el guardián, la mujer aprovecho para crear un pequeño campo de fuerza que explotaría a los segundos liberando energía suficiente para apartarlos, volando por el lugar y cayendo a escasos metros, ganando tiempo.

Tomo al guardián y lo quemo hasta desintegrar sus hilos que lo conformaban como un muñeco.

—¡No!

—grito la pequeña—.

Te destruiré.

Las dos se batieron a un duelo a muerte, aunque Abrahela estaba débil, cansada y había perdido demasiada sangre, la niña seguía siendo inferior.

La pequeña ataco con todo, y lograba herir más a Abrahela adulta.

Alrededor se incorporaron lastimados, se limitaron a observar, no podían ayudar en nada.

Casimiro se encogió en hombre, segado por la culpa, ya tenían a la mujer a su merced, lista para ser derrotada, solo les falto un poquito más para matarla, algo quería que esa yerba mala no muriera aún.

Entre tropiezos y aciertos las dos conectaban destruyéndose en furia y enojo.

—Ríndete —manifestó la niña agotada—.

Solo una sobrevivirá a esto, o las dos caeremos, no tengo miedo a morir ¿Y tú…?

Abrahela herida, sonrió y entre ataques y bloqueos rodeo a la niña, atacando sus puntos ciegos y livianos, le sacaba un poco más de poder y experiencia, las dos ya muy débiles le sirvió para adelantar su último ataque, la niña esperaba que ocupara su última energía, la canalizara y atacara directo, pero el ataque fue más sencillo, solo con un estirón de dedos en forma de cuchillas, Abrahela corto la cabeza de la niña, cayendo en el suelo, mientras la habitación seguía prendiendo en fuego.

Todos quedaron pasmados ante lo sucedido, el chamán grito de enojo y rabia, Casimiro escurrió en lágrimas, no hubo nada que hacer, para cuando todos estaban un poco recuperados, era el fin para la niña.

Leonardo se desplomo de rodillas al suelo, el no haber podido ayudar a la niña, alguien más que moría y que no podía ayudar a salvarlo, el cuarto se incendió por completo.

La mujer tambaleo y adolorida por las heridas rio burlándose de todos, cantando la victoria, si es bien que perdieron a su mejor elemento en fuerza, aún queda el arma para destruirla.

El techo se agrieto cayendo y dividiéndolos formando una pequeña barrera entre escombro y fuego, salieron como pudieron, Leonardo fue arrastro negado a levantarse tras la situación.

Abrahela salió del otro lado del lugar en llamas.

—Escúchame Leonardo, debemos de seguir, debemos de buscar otro lugar por el cual pasar y continuar, esto no se puede y debe de quedarse así —dijo el chamán Leonardo atónito, volvió en sí, asentó con la cabeza y camino a un lado del chamán para continuar con la misión.

—Iremos juntos, ya no hay que separarnos —menciono el hombre jaguar.

Todos obedecieron, incluyendo Leonardo, caminaron por los pasillos de las catacumbas quienes se hacían más pequeñas, a lo lejos vieron pasar corriendo a Abrahela con dificultad.

—Vamos detrás de ella, síganme, está herida, caerá, en venganza por nuestros seres queridos, amigos, familiares y todos aquellos que murieron por culpa de estos seres.

Todos corrieron detrás del chamán que dio vueltas entre las catacumbas y pasillos de esta misma.

Todo seguía deteriorándose, muriendo, infestado por ratas y animales que comían la carne putrefacta de las paredes y suelos, las criaturas desprendidas cayendo y muriendo en gritos agónicos.

—La perdimos, ¿A dónde se pudo haber ido?

—pregunto el chamán—.

Si tú sabes algo, que hayas visto antes con las secuelas, es momento de que nos lo digas, de una vez, yo no sé qué podamos hacer Leonardo, no sé cómo se va a desarrollar tu historia, no sé por lo que estés pasando, pero si sabes algo que nos pueda beneficiar, es el momento —finalizo.

—Los féretros, se dirige hacia los féretros, ella sabe que yo quiero rescatar a Abrahela, incluso me la había ofrecido en un trato, si yo aceptaba en dar mis secuelas sin poner resistencia.

—Debiste haberlo dicho antes, Leonardo, nos hubiera podido ahorrar tiempo.

—Tú mismo lo dijiste chamán, tal vez sea peligroso el revelar todo.

—De acuerdo, nos iremos para allá de una vez a acabar con todo esto —finalizo el chamán.

Mientras corrían por los pasillos para llegar a su destino, se interceptaban con Abrahela en ocasiones, pero los duelos eran breves por continuar y llegar la habitación de los féretros.

—Mira allá, más adelante, el pasillo no ha cambiado de posición, Abrahela está encerrada —dijo el chamán.

—En cuanto cambie, del otro lado están los féretros, si Abrahela llega primero destruirá a lo que más deseo y aun que la podamos matar, se saldrá con la suya —dijo Leonardo.

—Matémosla entonces, aquí mismo —concluyo el chamán Corrieron hasta pararse frente a una Abrahela, muy débil y sin fuerza, que hasta para hablar se le dificultaba hacerlo.

—Supongo que es el fin —balbuceaba.

—En definitiva, lo es para ti —agrego Leonardo.

Abrahela ataco con sus dedos de cuchilla, mientras lanzaba unas bolas negras que quemaban a lo que tocasen, matando e hiriendo a los aliados, el chamán brinco sobre ella y la ataco de un golpe, Abrahela cayó al suelo, el chamán en modo jaguar, era un poco más fuerte que ella, ya que se encontraba demasiado débil, Leonardo empuño la espada frente al cuerpo moribundo de Abrahela, Kuesoli enterró dos dagas en los hombros de la mujer.

—Muere de una vez por todas —grito Leonardo.

Abrahela no se iba dejar tan fácil vencer, activo un recuerdo de Leonardo, repitiendo la muerte de su amigo Enrique, una y otra vez, y aun que Leonardo, trataba de hacer que el recuerdo se arreglara, las secuelas de Abrahela en cierta forma eran más fuertes, las cuales recupero tras la muerte de la niña.

Detrás de ellos el pasillo cambio poniendo la puerta de la entrada hacia los féretros, la puerta se abrió sola, las catacumbas pensantes lo hicieron para que entra el ganador o ganadora.

Abrahela se arrastró para entrar en la habitación, la puerta se mantuvo abierta, sin cerrarse, el chamán llegó hasta Leonardo para ayudarlo.

—Vamos, es algún tipo de truco sucio, el que ella está usando, no debería de pasar esto, tu eres más fuerte, más resistente, tu puedes Leonardo, levántate y sal de esta.

—exigía el chamán.

Leo había podido entrar en una especie de transe que lo hizo estabilizarse, las convulsiones desaparecieron, logro arreglar el problema, la nariz le sangraba, había recobrado la razón de sí mismo, entendió que lo que paso había sido anti natural, pero parecía que con lo que había peleado no era Abrahela, era algo más, algo diferente, algo con lo que no estaba familiarizado, no había podido hacer contacto, no había podido ingresar en su recuerdos, es como si no hubiera tenido recuerdos, nunca, se lo trato de explicar al chamán, pero este tampoco entendía nada, era la primera vez que le pasaba eso o veía algo similar.

El chamán lo ayudo a incorporarse, entraron los dos en la habitación, ahí iba Abrahela caminando hacia el féretro, desangrándose, peleando por seguir viva, abrió el féretro donde estaba el cuerpo de Abrahela la buena.

—Si dan un paso más, la matare, lo juro —amenazaba, mientras tenia uno de sus dedos punzo cortantes en el cuello de la buena —Se acabó, ríndete, ya no hay salida para ti, hagas lo que hagas, estas, muerta —dijo el chamán.

—Crees que es así de fácil, no mis amores, si me voy yo, nos vamos todos —grito Abrahela, apurando su dedo para matar a la Abrahela buena que estaba dormida en el féretro.

Casimiro sorprendió por detrás a la mujer y la golpeo con el mazo gigante, rompiendo costillas y parte de la columna, quien vio con sus gafas de soldador.

Leonardo se abalanzo y le corto un brazo a Abrahela, con Andramarianda haciéndola retroceder, gritaba del dolor, se desangraba, se apartó y contrataco con sus dedos que se estiraban y llegaban hasta Leonardo, logro repelar varios ataques con la espada, pero fue alcanzado en dos ocasiones, perforando su cuerpo y soltando a Andramarianda, Abrahela ataco de nuevo, el chamán lo protegió sirviendo como escudo humano, recibiendo todos los ataques de Abrahela, pero uno dio al ojo izquierdo de Leonardo, fue un golpe de rebote, dañando su ojo, el mismo ojo que el chamán alguna vez perdió.

—Supongo que así termina esta historia, fue diferente, ahora es tu turno de proteger lo que sigue —dijo el chamán con su último aliento, con las cuchillas en todo su cuerpo que lo cortaron al entrar y salir—.

Fue un placer amigo, lo lograste, gracias por romper con esta maldición.

Leonardo lo miro del suelo, con el ojo sangrando.

—¡No!

Por favor, gracias por todo.

Leonardo muy lastimado, se incorporó, tomo el arma y mientras Abrahela acuchillaba al chamán, este corrió para enterrarle la espada a la mujer de una vez por todas, una luz se abrió en el estómago de la mujer liberando toda la energía acumulada que salió del lugar, dejando las catacumbas y esparciéndose por todo el pueblo.

—Toma uno de los elixires y échalo a tu ojo —escupió el chamán moribundo en el suelo.

Casimiro ayudo a leo para curarlo del ojo, lo vendo.

—Mi momento aquí termino amigos, fue un gusto, lo logramos, la niña estaría orgullosa —finalizo Casimiro golpeando la espalda de Leo y despidiéndose del hombre en el suelo.

Leo se arrodillo a una pierna junto al hombre.

—Lo logramos, versión mía de otro tiempo, Leonardo, fue difícil, pero se pudo.

—Hace muchos años que no me llaman así.

Gracias Leo por ayudarnos y confiar hasta el último momento en nosotros.

Hiciste lo correcto, yo cedi de un inicio por el placer y el amor, traicione a mis amigos y ayude a la gente equivocada, solo después pude redimir ese camino, ayudando a los demás, me demostraste que podemos ser buenos y hacer lo correcto.

Sal de aquí y visita a tu familia que te espera, así como me hubiera gustado visitar a la mía.

El chamán falleció por las heridas provocadas de las cuchilladas de Abrahela, desenmascarando otro de los misterios y preguntas que tuvo Leonardo.

Esa noche, de ese verano, de ese año, los ojos de Abrahela se cerraban, cayendo muerta, Leonardo, el que alguna vez fue un escritor reconocido, famoso y alabado, dejaba sin vida a la cosa que lo llevo a todo este tormento, se alejó del chamán, quien estaba boca abajo sin vida.

Leonardo, no lo quiso mover, planeo destruir todo, esto quedaría atrás, no querías saber más sobre el tema, había sufrido demasiado.

Una victoria no tan grata y con mal sabor de boca y que aún no acaba para Leonardo en el pueblo de San Juan Caído.

2 Habían pasado un par de horas, Leonardo llevaba la espada colgando en su espalda y en sus brazos cargando Abrahela buena, quien saco del féretro.

habían salido de las catacumbas, iban por las escaleras principales que lo sacaban del sótano a la casa, a lo lejos pudo escuchar el ultimo latido de las catacumbas, había dejado todo atrás, había podido por fin salir, la pesadilla aun no terminaba, aun debía dejar el pueblo y encontrar la forma de despertar a su amada, por la que había luchado todo este tiempo.

Dejo a Abrahela en el mueble de la sala, fue a lavar su rostro, sus manos, tomo una ducha rápido, limpio sus heridas, en especial a de su ojo izquierdo, lo curo y lo vendo muy bien, se cambió y se fue a sentar a un lado de Abrahela, rezando porque despertara.

Salió de la casa, estaba amaneciendo, la mañana era fresca, el sol en lo más alto, el día era muy agradable, a lo lejos podía ver el pueblo, como si nada hubiera pasado.

había gente y carros transitando el lugar, se respiraba armonía, fue hasta donde estaba su coche, lo intento prender, pero batallo para hacerlo, lo checo mecánicamente, todo parecía que estuviera bien pero como llevaba tiempo sin ser usado eso fue lo que le pudo haber hecho mal, después de unos momentos más, por fin el auto dio marcha, acelero un poco, el ruido era agradable, sonaba a libertad, era lo que estaba buscando.

Salió del auto, a lo lejos vio que Abrahela salía de la casa, desorientada, se apresuró para poder hablar con ella.

—Hola, tranquila, siéntate, descansa, llevas mucho tiempo dormida, deberías de tomarlo con más calma.

Leonardo, ayudo a que se sentara en una banca del patio, los dos estaban sentados, viendo el pueblo desde la colina.

—¿Quién eres?

—pregunto Abrahela.

—Me llamo Leonardo fuentes, es una larga, pero muy larga historia, te rescate, supongo que si sabes quién eres y como llegaste aquí.

—En verdad no se mucho, pero si tú me rescataste, supongo que ya no debería de convencerte en los cuentos de hadas y esas cosas.

—Descuida es más de lo que te imaginas —dijo Leonardo con una sonrisa.

—¿Todo eso lo hiciste por mí?

—pregunto Abrahela.

—Por ti haría más que esto, volvería a dar mi vida, garantizado.

Los dos rieron y estuvieron unas horas charlando, apreciando el día, era como si no hubiera pasado absolutamente nada, y todo fuera muy cómodo y relajante, los sentimientos de la mujer pasaron desapercibidos para el escritor, quien no recordó algo importante.

Lo segundos se volvieron minutos, los minutos pasaron hacer horas, esa mismas horas se convirtieron en días, Leonardo estaba feliz de estar con su amada, estaba feliz de respirar esa paz, los días que pasaron, se volvieron semanas, remodelaron el lugar, clausuraron las escaleras para bajar a las catacumbas, estaba extremadamente prohibido el bajar, iban al pueblo que se estaba recuperado en su totalidad, pareciera que nunca hubo una guerra, una explosión o que un ser gigantesco ataco al pueblo, había dejado de usar las secuelas, habían desaparecido, había perdido ese poder, la maldición se había ido de su vida.

Pero seguía no estando cómodo, sentía que, aunque todo fuera felicidad, seguía con la idea de irse de abandonar el lugar, quería regresar a su antigua vida, dejar todo este terror atrás.

Pero el veía a Abrahela aquí y sentía la necesidad de no irse, por más que el hablara con ella, por más de que la convenciera para que se fueran, esta no quería, Leonardo entendía que ella aquí había crecido, entendía el hecho por el cual se negaba a dejar su zona de confort, Abrahela siempre decía que esto había terminado, que lo malo ya había pasado, que no había de que preocuparse y que se sentía segura en los brazos de Leonardo.

3 —Puede que no llegues a sentirte cómodo, pero te necesito aquí conmigo, Leonardo —Era la voz de Abrahela en su cabeza.

La voz que escuchaba todas las mañanas, era lo que lo despertaba, como su alarma.

Todos los días eran hermosos, parecían repetirse.

Siempre soleados, el frio nunca los invadía, no había días lluviosos, ni nada por el estilo, todo tan precioso, cómodo y reconfortante, así eran las mañanas en las que podía disfrutar de una buena taza de café de olla con su amada, leer el periódico y con la misma nota de siempre, comenzaba a ser curioso para Leonardo, quien en su mundo perfecto se le había olvidado su afán de irse del pueblo.

Una mañana a temprana hora se encontraba arreglando su auto, lo encendió, medito y pensó en lo que haría este día, estaba decido en irse hoy mismo, una noche antes, había bajado a las catacumbas a poner explosivos, acabar con todo de una vez, quería borrar al pueblo del mapa y solo despertar y decir que fue un mal sueño, una pesadilla.

Esa misma mañana Abrahela salió de la casa, mientras el preparaba el coche, Abrahela estaba bañada y ya arreglada como siempre, todas las mañanas, se veía radiante y eso lo mantenía por el resto del día, en verdad que es una mujer hermosa, de buen porte y finísima elegancia.

—Iré al pueblo por algunas cosas, regresando si quieres puedes venir conmigo, si no me iré solo, necesito saber, si me acompañaras fuera de este pueblo que solo transcurre mi vida lentamente, y no sé qué es lo que pasa afuera, es como si mi cerebro no diera para más y se reiniciara todas las mañanas —dijo Leonardo.

—Entiendo tu frustración mi amor, sé que fui egoísta, y que no quiero dejar el pueblo para irnos lejos, se por todo lo que has pasado, sé que nunca has estado cómodo y solo estas aquí por mí, por compromiso, cuando regreses yo tendré mi maleta lista para irnos, lo prometo —respondió Abrahela.

Leonardo subió a su auto y condujo al pueblo, iba lento, miraba con más detalle todo, como era posible que estaba todo en orden, se preguntaba, era imposible el no ver algo de lo de antes, las estructuras no están destruidas, el teatro estaba en perfectas condiciones, él se hacia la idea que, al romper la maldición, todo regresaría a la normalidad, pero no se creía que fuera así de fácil, condujo para la carretera principal y se paró a unos metros, apago el coche pensaba si en irse o regresar por Abrahela, estaba a nada de hacerlo, estaba que quería largarse de una vez por todas, pero había algo que lo hacía regresar, como todas las veces que intento escapar, pero nunca se armó de valor, y ahora que tiene la oportunidad, no lo hace, golpeo el volante, haciendo sonar el claxon, el ruido se escuchó un poco lejos, y más porque estaba completamente solo.

Encendió de nuevo el auto, dio vuelta atrás, y condujo hasta la mansión, subió la pequeña colina, el gran portón metálico lo esperaba con las dos hojas abiertas, subió y se paró frente a la casa, ahí estaba Abrahela esperando con sus maletas, iba vestida con un conjunto de short blanco, con un top y chaleco blanco, unas zapatillas no muy altas y un sombrero blanco con acabados en rosas, lentes oscuros, el sombrero era grande, le cubría perfecto del sol.

—Haz vuelto, pensé que habías decidido el irte sin mí.

—Jamás me iría sin ti, regrese es porque quiero que nos vayamos juntos a vivir a otro lado, y después si se puede regresar —dijo Leonardo.

—Entonces que esperamos, vámonos de aquí.

Leonardo tomo las maletas de Abrahela y las subió, también cargo las suyas, le abrió la puerta a su amada, la ayudo a subir, cerró la puerta y después subió el, dio la vuelta para salir de la mansión, avanzo unos metros, iba lento, como si sus piernas no le respondieran, le temblaban.

—¿Sucede algo?

—pregunto Abrahela.

—Es una sensación muy rara —respondió.

Las piernas le temblaban, no podía avanzar, se había quedado congelado.

—¿Qué pasa amor?

—insistió.

Leonardo se quedó estático, veía por el retrovisor, en los asientos traseros iba sentada la mujer gorda, las piernas le volvieron a funcionar, escuchaba una voz distorsionada que le decía «¿Qué pasa?».

Dio media vuelta, volvió acomodar el carro frente a la mansión.

Abrahela salió de la casa, la pudo ver, a lado de él, no había nada, nunca se subió con al carro.

Las maletas de ella y de él estaban acomodadas en el asiento trasero.

—¿Todo bien amor, como te fue en el pueblo?

—pregunto Abrahela.

Leonardo esta atónito con lo que había sucedido, con lo que había visto, no tenía recuerdos ni memoria de nada, de nada en absoluto, su mente estaba en blanco, Abrahela se había acercado al carro apoyo sus brazos en la puerta, la ventana abajo.

—Vas a entrar a la casa o te quedaras ahí afuera, la comida se enfría —dijo Abrahela.

—¿En qué momento?

—pregunto Leonardo.

—¿En qué momento?

¿Qué?

¿A qué te refieres?

¿De qué hablas?

—respondió la mujer con muchas preguntas.

—¿En qué momento sucedió todo esto?

¿En qué momento, nunca salí de esta pesadilla?

La mujer tomo un respiro y expulso el aire por la nariz.

—Hay muchas cosas que nunca vas a poder llegar a comprender —expreso Abrahela.

Leonardo veía de reojo a Abrahela que estaba en la ventana, y veía a la mujer gorda que estaba sentada en sus anchas en la aparte de atrás.

—Fue justo cuando llegaron al pasillo de los féretros, yo había cambiado la posición de las catacumbas, había liberado Abrahela buena, como ustedes le llaman, en lo que me daba tiempo de esconderme y hacerme pasar por ella.

—Se supone que ella no tenía poderes, ¿cómo fue nos atacó?

—pregunto Leonardo.

—Por eso mate a la niña, ocupe su última voluntad la regrese al cuerpo vacío y sin alma de esa pobre criatura que mataste, y la manipule con magia para que los atacara, como si fuera yo.

La mataron con facilidad, porque solo era un simple cuerpo humano, común y corriente, si hubiera sido yo la historia hubiera tomado otro curso, pero te necesitaba vivo y aun que admito que, si me lastimaron y casi acaban conmigo, fui más inteligente.

Bajaron la guardia, tú en especial, te doblegaste ante una mortal de la que te enamoraste y esta fue la consecuencia más grande que ha pasado en tu vida.

Leonardo escucho todo lo que Abrahela le decía, al final supo que la historia estaba condenada a repetirse.

—No te sientas mal, no eres el primero y no serás el ultimo —dijo Abrahela—.

Pero en ti estuvo y lo dejaste ir.

Leonardo la volteo a ver, había aceptado su derrota, y se arrepentía de no haberse ido, cuando estaba en el pueblo solo, también se arrepintió de no haber matado a John cuando pudo.

4 Los dos estaban en la banca bajo el árbol, viendo la vista panorámica del pueblo, un día soleado y hermoso, agradable para pasar el rato.

—Recuerda que tú me juraste amor, eterno, recuerda que siempre me dijiste de estar juntos por siempre, no te puedes ir así de mi vida como si nada —seguía Abrahela.

Leonardo asentía con la cabeza, había perdido, no había nada que hacer, en definitiva, entendió que no se puede salir de este lugar.

—Vayamos adentro, no hay a donde ir, no hay salida, estarás ligado a mi vida para siempre, tú me prometiste que nunca te irías… —hizo una pausa—, ¿recuerdas que me lo prometiste, Leonardo?

Hasta que la muerte nos separe…

El escritor solo asintió con la cabeza.

—… ¡Hasta que la muerte nos separe!

—finalizo Leonardo Fuentes Paz.

Los dos caminaron hacia la casa agarrados de la mano, Leo muerto en vida, había aceptado su realidad, pero también había aceptado que siempre podía seguir luchando otro día, había más planes y uno de esos estaba esperando ser activado.

Detrás de ellos caminaba la mujer gorda, la escena que subía enfocando al pueblo, en reconstrucción esperándose a ser protagonista de otra historia más…

—¿Verdad que nunca te iras de mi vida?

—Abrahela…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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