VERANO DEL 98 - Capítulo 3
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
3: VERANO DEL 98 3: VERANO DEL 98 1 El hombre no recordaba la última vez que hubiese dormido más de ocho horas, incluso no recordaba que hubiera dormido como mínimo ocho horas, despertaba casi todas las mañanas en un sofá, que en su momento le costó miles de pesos, la cama la tenía de adorno, casi no pasaba sus noches ahí, su compañía era el sofá ya viejo, desgastado y mugriento, y a su lado una botella de tequila, había tenido sueños raros, como pesadillas, esos sueños raros solo él, las podía tener, para otras personas eran extraños sueños, pero para el hombre eran demasiado comunes, en el pasado había sido un escritor de renombre pero desde hace diez años no escribía, no publicaba, se había exiliado en una casa que compro para que fuera su guarida y poder escribir a gusto, lejos de la sociedad, lejos de las distracciones.
Su nombre Leonardo Fuentes Paz.
El escritor que tenía más de treinta libros publicados, y que hoy en día no es ni la mitad del hombre que era, perdió a su familia por culpa de la fama, el alcohol, drogas, mujeres y excesos, engaño a su exesposa en cada oportunidad que tuvo y nunca desaprovecho ni una sola vez.
Su exesposa le quito la custodia de sus hijos y una parte de su dinero que gano como escritor, él se quedó con la otra parte del dinero y un par de propiedades, la casa que ocupa como sitio para escribir en una comunidad de Oaxaca y una casa en la ciudad de México, que desde hace unos años era ocupada por sus padres, le escaseaba el dinero y lo poco que tenía guardado lo seguía desperdiciando en alcohol, había dejado las drogas, había dejado de meterse con mujeres, pero el vicio de beber continuaba.
Todas las noches se sentaba en el sofá pensando y analizando en escribir, no quería darse por vencido, sabía que, dentro de él, todavía estaba la chispa de sacar algo bueno, algo que relanzara su carrera como escritor, en la calle todavía lo reconocían, saben quién es, seguía siendo invitado a ferias de la lectura, escritura, y firma de autógrafos, seguía recorriendo el país, parte de estados unidos, centro américa y Sudamérica.
No era constante, pero al menos una vez al año, era invitado en algún lugar.
Los sueños extraños para otros, pero comunes para el eran los que le servían de inspiración para que quedaran plasmados en sus obras, tenía sueños lucidos, extrañas visiones y recuerdos de momentos que todavía no pasaban o no eran suyos.
Eso le servía de mucho para ser un genio incomprendido y poder hacer de sus libros, obras maestras.
En su momento se había apropiado del mercado con sus libros de terror, sus historias fascinantes, pero hace años que la pluma en sus hojas ya no escribe nada interesante, había perdido el don de plasmar y transmitir lo que el soñaba, sus pensamientos eran vacíos y lúgubres, no necesitaba presumir nada, su talento era nato, los demás escritores lo llegaban a envidiar por su forma tan peculiar de contar y atrapar al público.
Ahora solo batalla para dejar el alcohol… Ahora solo batalla para conciliar el sueño… Hace diez años que no escribe nada importante, algo que llevar a su mente a fantasear, recordar lo que es escribir capitulo tras capitulo, terminar una obra, publicarla.
Tiene casi cuarenta años y comienza a creer que tal vez su magia e inspiración ya ceso y nunca más regresara.
2 “La llamada”.
¿Cómo te pondrías tú, si recibes la llamada de alguien con el que no hablas en muchos años?
Fue una mañana seca, apenas se estaba asomando el sol, movía el cuello de un lado para otro había dormido mal, y de ahí las pequeñas molestias, un poco entumido, dio ligeros masajes para recuperarse, el sofá ya era incomodo, movió uno de sus pies y la botella de tequila cayó regando el líquido, traía unos lentes de lectura los cuales retiro, llevo sus manos a la cara tallando sus ojos, una y otra vez, por ratos bostezaba, se había dormido tarde y se había despertado relativamente temprano, se incorporó temblando, unos destellos entraron por una de las ventanas dando en su rostro con ligereza pero siendo incomodo, más por la resaca que debía de aguantar.
Se levantó para sostenerse de una silla junto a él, ya que se tambaleaba de un lado para otro, camino hacia el baño llevaba sus brazos cruzados, sentía escalofríos en todo el cuerpo, la resaca se asomó en su despertar, trago un poco de pasta para después escupirla, agarro el cepillo con dificultad, cepillo sus dientes, a lo lejos un sonido ascendente, era el teléfono de la casa, sonó una vez y lo dejo pasar, sonó por segunda vez ya había dejado de cepillar sus dientes, lavo su melena negra, busco sus lentes para ver, ya que necesitaba por su poca claridad y camino hacia el teléfono, sonó por tercera vez, lo tomo y contesto.
Ya voy, ya voy decía en la sala.
—¿Hola?
—levanto el teléfono y con duda pregunto.
—Hablo con el escritor, Leonardo Fuentes Paz.
—Sí, soy Leonardo, ¿Con quién hablo?
—respondió y pregunto confuso, eran pocas las personas que sabían de este número.
—Hola Leo, soy Josué, Josué Méndez, de San Juan Caído.
Estaba por recordar sus vagos recuerdos que alguna vez tuvo en ese lugar, Josué eran un gran amigo de su infancia, habían ido a la misma escuela primaria, la llamada le tomó por sorpresa, ya que tenía muchos años que no había tenido contacto con nadie del pueblo, desde que había conseguido fama, se había olvidado de todo y todos, así que esa llamada le extraño y lo puso nostálgico.
Pero esa llamada más allá de ser amigable, solo trajo malas noticias, noticas amargas que le hubiera gustado no haber escuchado, y aun que el tiempo en ese lugar, su estancia ya había pasado hace muchos años, era trasportarse de nuevo al pueblo donde alguna vez fue feliz.
—Me da mucho gusto de que te ha ido muy bien, me da gusto el haber platicado contigo, pero el gran motivo de mi llamada es el avisarte que Enrique Gómez falleció, hace un día, se suicidó en su casa, logramos contactarte, suponíamos que te hubiera gustado saber y si es posible el que pudieras venir para su funeral, regresar al pueblo para velarlo —Concluyo Josué.
Leonardo no pudo tragar saliva, un nudo en la garganta lo freno, estaba destruido, Enrique había sido el mejor amigo de su infancia, habían pasado momentos inolvidables, lo conocía desde el prescolar hasta la preparatoria, podría sentarse a contar todas las anécdotas que vivieron juntos, y no terminaría nunca de contarlas, jamás, escuchar eso, la pérdida de un amigo, la conciencia de no haber podido darse algunas vueltas de vez en cuando al lugar donde nació, el no escribir una carta o una llamada de vez en cuando, el no poder haberse despedido de su mejor amigo en persona y ahora la posibilidad de hacerlo en su féretro.
Después de unos minutos más, los dos colgaron, Leonardo tomo asiento en su sofá, respiro profundo y medito las cosas.
Ese día en el verano del noventa y ocho, había recibido la llamada que termino de sembrar mi realidad por completo, la que me hizo reflexionar como persona, como humano, había llegado apreciar lo material más que lo físico, más que el amor, la compañía, solo experimentaba la soledad y si no hubiera sido por esa llamada, si no hubiera levantado ese teléfono, no me hubiera dado cuenta de lo impactante y corta que es la vida.
Yo había ido a estudiar al distrito, a la capital del país, Enrique se había quedado en San Juan Caído, nuestros mundos se habían separado, y desde entonces, yo jamás había regresado, había perdido toda comunicación, fue muy agradable escuchar la voz de Josué, y fue doloroso escuchar la partida de Enrique, más de esa forma.
Cuando había comenzado a ganar dinero y después de que me hice rico con mis libros, tuve la oportunidad de traer a mis padres a vivir conmigo, olvidándome así de mi lugar natal, ya no había necesidad de regresar, pero estaba muy equivocado.
3 “Regreso a la civilización” El lugar a donde vivía era una cabaña con gran extensión de terreno, había comprado todo eso como su base de operaciones de escritura, en una comunidad de Oaxaca, llamada “Tranquila Soledad”, el suponer que Leonardo compro ahí es por la coincidencia del nombre, lo más llamativo para él, él era un hombre de esos estigmas, de que las coincidencias son verdades y convencido de que todo pasa por algo, pero también era consciente de la curiosidad y saber la verdad, próximo a sus cuarenta, estúpido o sabio, hizo llamadas para saber, como es que Josué había podido dar con su teléfono, solo una persona en primer lugar sabia eso, su exesposa, la cual le confirmo que ella había dado el número a Josué para que pudiera hablar con Leo.
Leonardo Fuentes el escritor más exitoso de su época y aun que ya no escribe lo siguen recordando y reconociendo por las calles, siempre le hacen mención de cuando sacaría una nueva novela, a lo que nunca responde, como puede responder algo que ni el mismo sabe.
Tomo su ropa, hizo un par de maletas, había hecho otro par de llamadas para un vuelo a la capital del país, una persona de confianza lo recogería en su guarida, si todo salía bien llegaría a la capital en menos de cuatro horas, tomaría las cosas que le faltaran y conduciría hasta San Juan Caído.
Estando en el avión a punto de despegar, vino a su mente el quedarse unos días en el pueblo para poder recordar cosas que le sirvieran como inspiración divina para una nueva novela de terror o suspenso.
Podría despejar mi mente, las ideas para escribir podrían volver a llegar, la pluma sobre mis hojas, podrían mancharse nuevamente de tinta, y así escribir algo que traiga paz a mi mente.
Pensó, una nueva novela podría estar apareciendo en el mercado, termino.
Al llegar al aeropuerto del distrito, consiguió quien lo llevara en un taxi privado hasta el lugar donde tiene su residencia, su casa grande, moderna y lujosa, para la época, sus padres no estaban, le hubiera dado gusto saludarlos, pero no les llamo de ningún teléfono por temas de tiempo, paso por unas cosas, y revisando en su habitación entre la ropa, encontró los recuerdos de su infancia en una cajita de zapatos, trompos, canicas, cartas, y un encendedor.
Le pertenecía a Enrique, Leonardo recordaba el habérselo quitado, cuando lo encontró fumando, eran unos adolescentes de secundaría, pero Enrique se sentía un malote por hacerlo y seguir malas amistades, Leonardo le había dado un sermón de adultos, de aquellos que te hablan por horas de lo malo y las consecuencias de fumar a temprana edad, casi como si fuera su padre, y todo ese discurso de lo malo de fumar, el sermón no servía de nada si Leonardo de adulto, no lo pudo llegar aplicar en sí mismo, al final él estuvo peor por todo lo que paso.
El encendedor sería arrojado a la tumba de su amigo, como ultima forma de despido y en cierto sentido de pedir disculpas por no haber regresado algún día para verlo vivo por última vez.
4 “La carretera y el Gran Torino” Una vez que había terminado de acomodar todas sus cosas las llevo a la cochera de su casa, la puerta eléctrica se elevó y dejo ver un Gran Torino del sesenta y ocho, color rojo brillante, hermoso, una preciosura de ingeniería automotriz, cargo las maletas al auto, sonreía, siempre había estado orgulloso de ese auto, le había resultado difícil el poder tenerlo aquí en México, por temas legales entre los países que lo comercializaba y el país receptor.
Las horas que pasaría en carretera le servirían para despejar su mente, idear cosas, hace mucho tiempo que no manejaba y más en carretera, planeaba quedarse lo suficiente para empaparse de sabiduría, relatos e historias del pueblo, todo lo que le fuera posible para retomar el viejo habito de escribir, cuando era un niño había escuchado muchas historias que lo cautivaron, su creatividad por imaginar y plasmar vinieron desde muy joven, sabía que los tiempos cambian y que la gente mayor que alguna vez le contaron esas historias increíbles y que el adoraba, ya no estarían, pero se debía de conservar un legado de historias de terror que pasaban de generación en generación.
Subió a su carro y salió de su residencia, manejo para salir de la capital, tomo la autopista más corta, para llegar más rápido a su destino, había encendido su estéreo, noticias locales, lo típico sobre temas relacionados con la política, el infierno que se vive con la delincuencia en el país, las estaciones ponían una que otra canción del momento, algunas las cantaba otras no las conocía, bajo los cristales de la puerta para sentir el aire en su rostro, el aire de libertad, la ansiedad de tomar se le insinuaba, tenía ganas de un trago, pero quería mantenerse sobrio todo este tiempo, era un viaje de cero alcohol, un viaje de recuperación, salir de esos problemas y regresar a la rutina de la escritura, que fuera eso lo único que le preocupara, quería estar bien consigo mismo y empezar de cero con todos los demás, en especial con sus hijos, a quienes no veía desde hace mucho tiempo.
No le tocaron muchas curvas, iba rápido, el cabello parecía volarle con el aire, como si se le fuera a desprender, en el camino paro para comer algo y cargaba gasolina y seguía con su ruta, compro un periódico casi ya cuando iba entrando al estado, quería saber las buenas nuevas noticas, pero solo mencionaba cosas sobre león y Guanajuato, no se decía nada de San Juan Caído, era como si el pueblo se hubiera esfumado, preguntaba a la gente local para ubicarse, pero no sabían darle referencia alguna, no los culpaba, su pueblo no era el más famoso ni conocido del estado era de extrañarse, lo querían hasta exiliar, quien quisiera vivir en ese lugar, lleno de problemas y polémicas.
Desde hace un buen rato que había entrado al estado no había visto ninguna señal de cómo llegar, eso lo hacía más raro, pero con su instinto en confiar en el mapa que llevaba, era lo que lo guiaba, pensaba con sarcasmo que tal vez el gobierno ya había hecho todo lo posible para desaparecerlo, por fin habían logrado destruirlo.
El camino lo comenzaba a sentir pesado, lleva ya un poco más de seis horas manejando, tenía sueño, bostezaba y aún tenía un poco de resaca de la noche anterior, le faltaba por llegar entre una media hora a cuarenta y cinco minutos dependiendo el caso, la noche ya estaba cayendo.
Llego a una de las carreteras que entroncaban con el ultimo pueblo antes de llegar a donde se supone que debería de estar San Juan Caído.
Paro para entrar a uno de sus restaurantes favoritos que hace milenios ya no visitaba.
“Héctor Tomates”.
Las famosas pizzas caceras del lugar eran la especialidad del restaurante, la famosa salsa de pizza era lo mejor.
Leo entro, como un forastero al local, gracias al restaurante se había ubicado, el lugar había cambiado demasiado, toda esta parte del territorio ya le pertenecía al pueblo de su infancia, pero aún faltaban unos kilómetros para llegar a su destino.
—¿Qué desea ordenar?
—pregunto la mesara.
Leonardo miro con desprecio el restaurante, no era lo que recordaba, la gente lo miraba raro, ahora era un punto de pandillas, vendían más alcohol que otra cosa, el olor a hierba por el aire.
—Solo el café, el periódico local por favor —respondió.
—De inmediato —finalizo la mesera mascando chicle de una forma desagradable.
Pasando unos minutos la mesara regreso con el café y el periódico, Leonardo dio las gracias y se puso a leer, cubriendo su cara para que los pandilleros no lo siguieran viendo.
“Sale el sol en San Juan Caído, un pueblo de paso, que sigue aumentando su racha en abandono, el gobierno local, estima que para el 2002, el lugar será aun pueblo fantasma, solo faltan tres años”.
Nota por: Claudio bravo.
“Múltiples desapariciones en San Juan Caído, la gente está harta del pueblo, piden a las autoridades el intervenir con investigación y el uso de la fuerza para acabar con esto” Nota por: Karen Pérez.
“Fallecimiento del contador Enrique Gómez, la familia está de luto en el pueblo” Nota por: Wilfredo Matías.
Las notas eran tristes, pero había poco que hacer, apuro el tomarse el café para salir de ahí, la gente lo seguía con la mirada, había dejado un poco de propina y salió rápido, tomo las llaves dio vuelta para abrir la puerta, tomo el volante, dio marcha atrás y regreso a la carretera para conducir los pocos kilómetros que le faltaban.
Había pasado mucho tiempo, que parecía eterno, manejando desde el centro del país, el cansancio lo invadió, sentía como un hormigueo recorría todo su cuerpo, de pies a cabeza.
Quitando sus lentes, tallaba sus ojos, ponía de nuevo en su lugar las gafas, bostezaba, y a lo lejos, podía ver un gran cartel verde, una señal con reflectantes, que lo recibía, su destino estaba al frente.
“Bienvenidos a San Juan Caído”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com