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VERANO DEL 98 - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 SAN JUAN CAÍDO
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4: SAN JUAN CAÍDO 4: SAN JUAN CAÍDO 1 El famoso pueblito de San Juan Caído, un lugar polémico en su momento, conocido por la historia de su fundador, historias de mitologías locales, en el estado todos aquellos que alguna vez hayan escuchado hablar del pueblo, recordaran sobre el culto que alguna vez vivió, pero eso fue hace muchos años, ahora son leyendas, leyendas que todo niño del pueblo conoce, se transmiten de generación en generación, y la gente ajena al pueblo, las cree aún menos, siempre se sabe que el conocido de un amigo, sabe tal cosa o vio tal cosa, no hay pruebas que demuestren que todo lo que se ha dicho o visto sea real, y eso no impulsa ni el turismo para los curiosos, al contrario el gobierno del estado siempre ha desmentido y tratando de silenciar al pueblo es por eso, que se vive de lo local y nadie va, se habla de que es un pueblo fantasma, el comercio local es por lo que se vive, la pesca, agricultura y ganadería, el consumo es local.

Se cuentas muchas leyendas sobre que alguna vez hubo un culto satánico, criaturas y monstruos que está arraigado desde la cultura prehispánica, seres alados que reinaron el lugar y que un cazador logro matar todas esas bestias y mato a Juan el demonio local.

La fantasía en el pueblo es inmensa, Leonardo tuvo mucha fuente de inspiración para poder escribir sus libros y ser muy popular, en San Juan Caído podrías inventar o decir la historia de que el diablo se apareció y ellos lo creerían, las historias de los duendes, extraterrestres.

Los periódicos locales y ajenos habían dejado de hablar del tema hace mucho tiempo, se había dejado de hablar de apariciones, la gente se dedicaba a su vida, no les gustaba la mala imagen, muchos puestos de comida, tiendas, cerraron, pequeños negocios familiares quebraron, la gente se estaba yendo de poco a poco y nadie quería comprar tierras ahí, un lugar maldito, uno de los muchos lugares embrujado en México.

Desde las historias de los montes altos de la sierra madre occidental que es un lugar basto y rico con una fuente de historias de terror inagotables, leyendas se vinieron recorriendo hasta San Juan Caído, está prohibido el grabar o hacer documentales para dejar de esparcir rumores, la gente local se queja por cómo el mundo los ve y quieren acabar con eso algún día.

El último censo de población arrojo que viven alrededor de 419 personas, no se sabe con certeza si nacen bebes en el pueblo, desde que la gente lo dio por muerto y el gobierno dejo de impulsar el turismo, el pasar por carretera y no ver un señalamiento es sinónimo de no entrar, no ir.

Los pueblitos a los alrededores dejaron de mencionar a San Juan Caído, los nativos que alguna vez vivieron, están desplazados en otros municipios contando las historias y riquezas del que alguna vez fue un pueblo prospero, pero también se ha encontrado en los meses de verano pequeños carteles que invitan a los foráneos y extranjeros visitar el pueblo, pero desde las ultimas desapariciones a turistas, el gobierno prohibió el acceso en esas fechas, solo gente local puede entrar y salir, pero la corrupción y falta de elementos policiacos que no cuidan la única entra han hecho que se pueda colar uno que otro foráneo curioso.

*** La llegada al pueblo había sido ya por la tarde-noche, la iluminación comenzaba a prenderse, la entra del pueblo no estaba tan oscura, como antes, otra diferencia era la pavimentación de la carretera central que lo lleva directo a la única avenida del pueblo y viceversa, Leonardo estaba cansado, se paró en un hotel cercano al pueblo, en medio de la carretera, era la primera infraestructura de negocio que le daba la bienvenida, el hotel no muy grande, parecía más bien una casa, con una fachada en colores naranjas con bordes sombreados en azul marino, iluminación al frente de piso que resaltaba la maceta con plantas desérticas, como el cactus, era un hotel de paso, un tres estrellas, pero cumplía con la función.

El hotel: 2 “Santa Cecilia” La morada lo ocuparía para pasar como mínimo esa noche, su intención era la de tomar una buena ducha, alistarse, salir a dar la vuelta, ir hasta la casa de Enrique y darle su pésame a María, la viuda de Enrique.

En los pueblos siempre acostumbran el velar al fallecido por tres días.

Acompañar al difunto noche y día, hacen comida para los asistentes al velorio, la familia, amigos, gente cercana y vecinos se reúnen para estar ahí cuidando y despidiendo a la persona.

Así que no sería mala idea el llegar a estas horas, inclusive no sería tarde, iban a dar la ocho y media de la noche, un muy buen tiempo incluso para encontrar a otras personas con las que solía frecuentar.

El auto lo dejo en el estacionamiento, bajo las cosas y camino hasta la recepción donde la recibió una puerta de cristal corrediza, el ambiente frio del aire acondicionado, un mueble de recepción en madera, detrás de él un joven, de unos dieciocho años, paliducho y delgado, sus brazos como popotes, cabello corto con mechones azules, de toques afeminados y muy amable.

—Quiero solo una noche, esta noche —dijo Leonardo.

—¿Placer o negocios?

—pregunto el joven.

—Un poco de ambas —respondió Leo de sorpresa al escuchar la voz ronca y más varonil que la suya.

El joven recepcionista escribía en su computadora, le preguntaba datos y los ingresaba, se llevó una sorpresa cuando escucho el nombre de Leonardo.

—¡Usted es Leonardo Fuentes!, es un placer el tenerlo aquí, soy su gran fan, mucha gente del pueblo es fan de usted, podría firmar mi libro, por favor —menciono el joven, mientras sacaba una de las novelas de Leonardo.

La novela por nombre: “Llama primero” —¡Muchas gracias!, soy su fan, número uno —dijo el recepcionista.

Leonardo solo sonrió y asintió con la cabeza, el joven había retirado su libro y seguía de vuelta en lo que estaba haciendo.

—Perfecto, ya quedo el registro, es un placer tenerlo esta noche como uno de nuestros huéspedes, aunque estoy seguro de que lo tendremos por más noches y no se va a querer ir jamás, le hago entrega de su control de la televisión, el aire acondicionado y llave de su habitación, la 061.

—finalizo el joven Se levantó de su silla, dejo el escritorio y señalo a Leonardo que lo siguiera para mostrarle su habitación, cuando el joven le había dicho a Leonardo acerca de que se quedaría más días, no le sorprendió, ya que ese era el plan en primer lugar, si se quedaría, pero no más tiempo en ese hotel de paso, que no estaba mal, pero no era de sus gustos.

Llegaron a la habitación, Leo entro, el joven le dio las buenas noches y se retiró de ahí, tiro sus cosas en el suelo y se aventó a la cama, no quería absolutamente nada solo el descansar, pasaron unos minutos se levantó quitándose la ropa y entrando a tomar una ducha, el agua caliente era reconfortante en su cuerpo, cada tallada con el jabón era un alivio que lo hacía descansar, había el prometido no beber, pero las ganas eran más fuertes al caer la noche.

En la habitación hizo revoloteadora de cosas, ropa por todos lados, la organización no era lo suyo, se puso lo que tenía a la mano, abrió la puerta de su habitación y camino por los pasillos, pasando por recepción donde no se encontraba nadie.

3 “San Juan Caído” Pensaba el caminar por la calle y llegar a la casa de Enrique, pero desde que no había vuelto no sabía que tanto la inseguridad había cambiado, en todos lados la delincuencia era un problema y un poco más en lugares como este, donde la iluminación no era tan buena, se dirigió al estacionamiento, la noche estaba fresca, agradable, hermosa, las estrellas se podían apreciar con claridad, algo que en ciudad era difícil de poder ver, tomo su carro y condujo por la principal, la que lo llevaba al pueblo, iba con las luces altas esquivando baches que entre más se acercaba más iba desapareciendo el asfalto, llego una carretera empedrada, rustica, ahí acababa el final de la civilización por la que venía, ahora si comenzaba la entrada al pueblo, La avenida principal.

Las luces de la unidad iluminaban bien las pequeñas casas al frente a él, de cada lado, pero en verdad la iluminación pública era mala, si el apagaba sus focos estaría todo oscuro, no podrías apreciar nada, no podrías ver si alguien más viene o va, manejo con precaución, y más por el hecho de no dañar el carro con tanta piedra que rebotaba y salía disparada entre las llantas, condujo por unos diez minutos por las calles rusticas, el pavimento solo era de la carretera, era el pueblo viejo que el recordaba, pero no lo recordaba tan demacrado, sucio e infeliz, sino todo lo contrario, eran las diez de la noche, a esa hora todavía en sus tiempos había niños jugando, porque el en su momento fue uno de ellos, comenzó a tener sentimientos extraños, el lugar le parecía raro y fuera de su lugar, estaba dando vueltas, no veía gente, se le hacía más irrealista que no hubiese ni un poco de ruido, todo muy tranquilo y calmado, daba la impresión de ya ser un pueblo fantasma.

Después de una media hora, entro por una muy corta y reducida calle de tierra con lodo, que se hacía más estrecha al paso en el que avanzaba que le resultaba inútil el poder pasar, las casas a su alrededor se manifestaban con un efecto óptico de ficción ya que se reducían al paso del coche por en medio de las dos guarniciones.

Dio marcha atrás a la palanca para echarse de reversa, el carro llego a un punto donde se estancó en el lodo y la tierra seca, fuerte y pesada que inundaron las llantas traseras, pero más las delanteras, poco a poco, despacio el carro fue avanzando, la carrocería estaba enlodada, sucia, en algún momento sintió como si flotara y el carro no batallara más, miro por el retrovisor mientras el carro por fin salía del lodo, la calle regresaba a su tamaño, el efecto óptico de las casas ahora era al contrario, se hacían más grandes.

Dio marcha atrás muy rápido volvió a ver por el retrovisor y freno de golpe, en seco cuando vio pasar a una niña que atravesó la calle justo cerca del carro, riendo ligeramente, pero retumbando en sus oídos, más por el miedo que sintió al poderla atropellar.

4 “La niña” «Se perdió entre unos arbustos que rodeaban la esquina de la casa, recargue mi cabeza al volante para que se me pasara un poco la pesadilla que había pasado, recree la imagen vivida y me di cuenta que la niña jamás volteo a verme, ni se percató de mi presencia en lo absoluto, no deje que eso me afectara ya era tarde, la noche era muy oscuro y mi única fuente de luz natural era la luna que se escondía tras de nubes negras cargadas de agua» Había pasado más de una hora y Leonardo no podía llegar al velorio de Enrique, seguía sin ver una persona adulta que le diera indicaciones, pensó que conocía a su pueblo natal como la palma de su mano, pero no fue así, decidió regresar al hotel sin éxito alguno, tal vez el recepcionista pueda guiarme, pensó.

Iba de regreso al hotel, de igual forma era complicado, estuvo dando vueltas en círculo, pasaba por lugares que ya había recorrido, con cero iluminación, era cansado ver con la luz de sus faros, a lo lejos un punto blanco que al avanzar se hacía más grande, era el arribo de la carretera principal, la que, si tenía por lo menos más luz, había salido de las principales casas del pueblo, del que no pudo llegar más allá, ni siquiera a la plaza principal, fue la especie de una muralla de casas o un laberinto con solo retorno que no lo dejo avanzar, las casa detrás de él se veían vacías, desoladas, el ambiente de la penumbra que dejaba atrás, era tétrica, sumado a los ruidos constantes de los árboles y animales nocturno de la zona, el viento corría con una sensación de pesadez, sueño y cansancio.

El hotel cerca y conforme avanzaba, pudo volver a ver a la niña de antes a un costado de la carretera, con un vestido color crema, dos trenzas, sosteniendo en sus pequeñas manos un muñeco de trapo con pedazos de madera como extremidades amarradas con ramas, la observo por unos segundos mientras pasaba frente a ella, conduciendo despacio, nos veíamos fijamente los dos, como un duelo de miradas, esos segundos que en realidad no sé cuántos fueron, pero parecían haber sido una eternidad.

Llevo su dedo índice izquierdo a sus labios y le hizo la señal de que guardara silencio, algo dentro del hombre se paralizo, entró en un estado de shock con escalofríos muy fuertes, que le hicieron helar la sangre, sin saber si fue el resultado de haber visto a la niña a un costado de la carretera a ciertas horas de la noche, ella sola, sosteniendo un muñeco que por lo que se podía apreciar era un especie de muñeco vudú o verla a los ojos, ver su rostro pálido, arrugado y con características de una anciana.

Fue un lapso de cinco segundos, tal vez diez, «pero me había parecido una eternidad» lo único que le reacciono de su cuerpo ante ese suceso escalofriante fue la pierna derecha metiendo el pedal del acelerador al fondo haciendo que el carro avanzara rápido en ese arrancón dejando a la esa niña atrás perdiéndola en la oscuridad de la carretera «o lo que fuera eso que dejo atrás».

Entre la iluminación delante de él y la oscuridad posterior, el valor de ver por el retrovisor era de cero posibilidades de hacerlo, el miedo le recorría por todo el cuerpo, sentía como se le adormecían los brazos y piernas y un calambre recorrió su cuello, cerró los ojos y cuando sintió un diminuto y débil destello frente a él, que lo pudo visualizar en sus parpados se dio un golpe de fortaleza para abrirlos, gritando de desesperación, ya que delante, un poste de luz de concreto con el cual se impactó.

—En una serie de pensamientos desafortunados, preferiría que todo fuera un sueño, no estaba sintiendo dolor de ningún tipo, estaba bien… » Me sentía bien… » Me encontraba bien… » La idea de un sueño me parecía de lo más reconfortante —finalizo.

5 En la habitación 061 sonó una alarma, Leonardo se encontraba en la cama, desnudo, tapado solo con una de las sabanas que cubría el colchón, se había quedado dormido, la cabeza le daba vueltas, se sentía como si hubiera bebido anoche y con una ligera resaca, el aire acondicionado de la habitación no servía y estaba todo sudado, camino desnudo por el cuarto hasta el baño, entro, abrió la llave de la regadera y tomo una ligera ducha, estaba riendo, que cosas estaba alucinando y soñando, esos eran los sueños locos a los que se refería y que por muchos años le dieron de comer, eran grandes ideas: “la niña fantasma”, “la niña muerta”, “la niña anciana” «algo se me tenía que ocurrir».

Había llegado cansado del viaje.

No se había dado cuenta en qué momento se durmió, ya era tarde, las diez con cinco minutos, salió del baño, se cambió con dirección a la recepción.

Al llegar a la recepción lo atendió una mujer, muy bonita de piel clara, cabello suave, largo y sedoso, un color rubio intenso, y de lindas manos, Leonardo camino hacia ella, haciéndose el galán y el hombre más interesante del mundo, si antes lo había atendido un joven quien era su fan en este pequeño pueblo, que una mujer hermosa del mismo pueblo no fuera su fan también.

—Hola, buena noche, soy Leonardo Fuentes paz —lo dijo engrosando la voz.

—Hola Leonardo, mucho gusto, soy Marisa en que puedo ayudarte —dijo la cordial recepcionista.

—Antes me atendió un joven, le dije que si tenía más de mis libros le daría más de mis autógrafos —mentí para impresionarla.

—Lo siento, he estado yo sola aquí, no he visto a alguien más en recepción.

Leonardo la miro con profundo ser, omitió lo que la joven decía, dijo eso para evadirlo.

—Eres escritor, eso me parece increíble, que genero escribes —pregunto Marisa.

—Terror un poco de misterio, son los temas en los que suelo frecuentar, pero trato de no caer en la ciencia ficción porque me hago muy extenso y termino perdiendo las ganas de continuar esas novelas —presumí.

—Es increíble, serías la primera persona famosa que conozco y que realmente no conozco, pero dime, necesitas alguna ayuda de mi parte —corriéndolo de una forma muy sutil.

—Llegue hoy, pero hace muchos años que no vengo por acá, me vendría bien una mano para ubicarme por el pueblo —sonreía con miradas seductoras a la recepcionista—, un viejo amigo de la infancia falleció y me gustaría el poder llegar a su velorio, Enrique Salas, es su nombre.

—Lo siento mucho en verdad, Leonardo, es una pena, la perdida de tu amigo, pero no podría ayudarte de mucho, soy nueva en el hotel, no conozco a nadie y en meses eres nuestro único cliente —respondió Marisa.

Al ser un pueblo pequeño —pose mi brazo sobre la mesa y me quede pensando—, no has escuchado nada —insistí.

—Deja se lo comunicó al gerente, tal vez pueda ayudarte —finalizo la mujer, mientras se levantó y dejo su lugar.

Cuando la mujer dejo recepción, pude notar que se parecía a alguien que ya había visto, pero no podía recordar quien era, mi mente me estaba jugando otra mala pasada, primero la niña y después la mujer que no recordaba quien era, esperaba impaciente en recepción tratando de recordar a quien se parecía o a quien me recordaba Marisa, me desesperaba y me comía la curiosidad que mejor trataba de dejar eso y enfocarme en lo que en verdad importaba.

Unos segundos después hizo presencia un hombre alto, gordo y con una barba muy descuidada, parecía que su piel no la había cuidado en mucho tiempo, llagas y granos con pus infectados en la cara, dientes amarillos con comida entre ellos, cada vez que hablaba le apestaba la boca de forma horrenda.

—Muy buena noche sr.

Leonardo, soy Goyo, el gerente del hotel, dígame en que puedo ayudarlo —dijo el hombre desalineado.

—Busco la dirección de un amigo, Enrique Salas, acaba de fallecer, y necesito saber dónde es el velorio.

—Ese nombre me suena, caballero.

Pero el falleció hace tres meses y su velorio fue hace tres meses —me respondió.

Miro al señor, sabía que estaba bromeando y esperaba una risa por parte suya, pero nunca llego, la mirada del hombre era tan fría que parecía decir la verdad, no intente discutirle, muy por el contrario, le seguí la corriente al hombre, seguí su pequeño juego, asentí con la cabeza.

Nada de esto para mí era gracioso en lo absoluto, parecía que todos se habían puesto de acuerdo para jugarme una broma de mal gusto, primero lo que había soñado, y ahora esto, si ese hombre no me quería dar la dirección que no me la diera, porque decirme eso, no tenía sentido alguno, el hecho de estarme mintiendo de esa forma, como si yo fuera a caer tan fácil como un novato, está bien que llevara años sin haber venido por estos rumbos, pero porque jugar desea manera y luego más con la muerte de alguien.

—He estado muy desubicado estos últimos años, hace mucho que no vengo a San Juan Caído, de igual forma podría darme la dirección —mencione.

El hombre me sonrió, trataba de no respirar cada vez que me hablaba, la boca le apestaba al olor más podrido que alguna vez haya olido.

Hizo que lo siguiera hasta su oficina, donde saco un pequeño croquis con las calles del pueblo, indicándome por donde irme, me dio instrucciones detalladas para llegar, pero insistió y recalco mucho el que no fuera, aunque no me daba la explicación real o cierta para que me convenciera del todo más bien parecía un hombre loco.

—Disculpe el atrevimiento, pero dudo que pueda encontrar a los familiares, desde el entierro, todos partieron de aquí —dijo el generante del hotel.

—Porque me dice eso como si fuera verdad lo que estás diciendo, no comprendo por qué usted me esté mintiendo.

Eso de que el velorio, el entierro fue hace tres meses, y cree que yo le creeré que he estado hospedado aquí ya varios meses, si es un tipo de broma deje de hacerlo —le respondí enojado, la ira invadía mi cuerpo.

—Disculpe joven, pero solo le digo lo que es, usted lleva tres meses aquí desde que tuvo el accidente en su carro, bebiendo como loco, por la pérdida de su amigo, y el conocido al que quiere visitar falleció hace mucho más, todos los días alimenta esa pérdida con alcohol, lamentos y habla de una niña que nadie ha visto —expreso Goyo.

Leonardo se apartó del hombre, salió de la oficina, la mujer en la recepción estaba quieta, había escuchado todo eso, pero la verdad poco le importo a Leonardo, el cual estaba más molesto por el gerente que por otra cosa, se había cansado del juego, se aguantó las ganas de golpear al hombre y solo esperaba que el gerente dijera que todo había sido una broma.

Salió del hotel y sin pensarlo comenzó a caminar por donde el hombre le había mencionado, en un instante había olvidado que traía carro, pero estaba tan molesto para manejar que despejo su mente con la caminata, estaba muy lejos y se llevaría unos minutos.

La larga caminata por la carretera le llevo veinte| minutos, estaba cansado, pero no le importo ya estaba cerca de llegar.

Recordó el pequeño mapa del pueblo y camino entre calles, a unas cuantas casas de las que se encontraba, había mucha gente, rancheros, personas vestidas de negro, la calle estaba llena, sillas y mesas, el espacio se sentía muy triste, tranquilo y en paz.

Se acercó sin llamar la atención, la casa era de las de en medio de la cuadra, con un gran pateo delantero, estaba seguro que había llegado, camino entre la gente que estaba platicando y conviviendo en el asfalto, solo volteaban al verlo y seguían en lo suyo, uno que otro de lejos le daba el pésame y no importaba que no se conocieran, a unos cuantos metros de la casa, cerca de la puerta para ser específicos pudo reconocer a Josué quien estaba platicando con una de las hermanas de Enrique, pareciera que hubiera notado la presencia de Leonardo a su espalda, porque giro para recibirlo.

—Hola Leonardo, maldito bastardo, mírate, viviendo la gran vida del escritor que siempre quisiste ser, eres una súper estrella por acá, ¿te acuerdas de Karen?, la hermana de Enrique —dijo Josué sonriente y muy eufórico.

No pude aguantarme la risa y me acerque a él, lo abrace, después le di la mano a Karen, la abrace, le di el pésame, ella me abrazo y me dijo que Enrique siempre hablaba de mí, eso me hizo ponerme triste, dejamos de abrazarnos y Karen nos dejó a solas.

—Y… ¿tú que has hecho?, tampoco te ves nada mal —le dije.

Josué era un par de años más grande que nosotros, nos habíamos conocido desde la primaria, él era el que nos defendía, al ser más alto y fuerte, nadie se quería meter con él y por ende menos con nosotros, siempre fue nuestro protector, defendía más a Enrique, ya que Enrique siempre fue gordo desde niño y lo molestaban más.

—Me hice dueño de unos talleres mecánicos aquí en el pueblo, he tenido mucha demanda, siempre quise expandirme, pero no tengo tiempo de ir a otros lados, pero eso no importa, lo importante es que estas aquí, por cierto, he leído muchos de tus libros, espero que saques uno nuevo.

—¡Enserio!

Eso es genial, me da mucho gusto escuchar eso, sí, estoy trabajando en un libro nuevo —respondí con la mentira del libro.

—Pues no tardes mucho, que no tenemos mucho tiempo, ya ves Enrique, a todos nos llega la hora, la vida es pasajera, eso lo aprendí de él, hay que vivirla, disfrutarla y seguir.

—Lo se amigó, es triste, uno no se espera que se vaya gente buena tan rápido y joven, supongo que así lo quiso la vida, para allá vamos todos y algún día nos encontraremos de nuevo, aunque por teléfono no me dijiste el porqué de su muerte, ¿se ahorco por una enfermedad?, ¿tenía algún problema?

—pregunte.

Josué me miro, volteo a ver a todas direcciones.

—Sígueme no puedo decirlo aquí.

Caminamos rodeando la casa, una casa grande, rustica, muy hogareña, pero estaba lleno de mucha gente, un poco de música, por un lado, gente tomando por otro lado, y al fondo en el patio trasero unos hombres haciendo barbacoa, el patio trasero era todavía más grande que el delantero.

Rodeamos la casa y nos paramos a una buena distancia de esta, miro de nuevo a todos lados y volvió a caminar, un poco más allá de la casa, pasando por el alambre de púas, todo es un potrero rodeado de árboles, grandes y frondosos, nos detuvimos alejados de todos como si lo que me fuera a decir era ultra secreto.

—Y bien que pasa, porque tanto el misterio —pregunte.

—Enrique se ahorco, se suicidó por una mujer y no es su esposa.

—respondió Josué.

Me quede callado, por una parte, me hubiera gustado no haber preguntado.

Maldición, no encuentros las palabras para digerir esto, pero no sé porque mucho misterio.

—Lo que pasa es que se ahorco, porque tenía una amante, su mujer lo descubrió, y la mujer que era la amante desapareció, él nunca la volvió a ver, y de la tristeza se ahorco —dijo Josué Me quedé atónito, no creí que Enrique fuera así, y luego ahorcarte por una amante, debió quererla mucho.

—¿Y esto tu solo lo sabes?, por eso el misterio —pregunte.

—Sí, Enrique me conto todo antes de morir, pero no me dijo que pensaba ahorcarse, si no lo hubiera detenido, ahora tú también lo sabes y no debes de decirle nada a nadie, Enrique me hizo prometerlo, pero te lo cuento a ti, porque eran mejores amigos, María ya ha sufrido desde que supo que Enrique le fue infiel y ahora su muerte.

—De acuerdo, gracias hermano —estreche la mano de Josué.

Josué se fue de ahí, invitándome a entrar a la casa, tratar de no estar triste, no llamar mucho la atención y que la esposa de enrique no supiera que yo también lo sabía, ella manejaba una versión para no sentir vergüenza por la situación, y yo por mi parte iba a tener silencio absoluto, me quede un rato, apreciando el paisaje y respirando el aire fresco, hacia un poco de frio en el pueblo, lo bueno que había salido con un suéter delgado pero caliente que me ayudaba un poco.

Camino de vuelta a la casa, a la cual entró para poder darle el pésame a la esposa, y a la familia.

María quien era la viuda de Enrique lo vio primero y se acercó a él llorando y lo abrazo «lo siento, sé que querías a enrique como un hermano» le dijo en voz baja por el lamento «cuando me dijo eso, algo me hizo abrazarla con un pésame y compartir el dolor, no podía llorar, pero si me sentía devastado».

María siempre había sido el amor platónico de enrique desde que estábamos en la secundaria, el hacía de todo para llamar su atención, María no es que lo ignoraba, pero dejaba que Enrique hiciera sus payasadas porque le resultaba lindo y romántico la forma de conquistarla, ella siempre mantuvo un perfil bajo, a sabiendas de que su familia posee poder, tierras y dinero en el pueblo, ella asistía a nuestros campamentos y aventuras con tal de estar con Enrique, fueron novios desde la secundaria, se casaron a los veinte años, formaron una familia a los veinte y cuatro años, Ella se graduó como doctora y regreso para poner una clínica, Enrique era contador, administraba la clínica y unos negocios familiares que le habían heredado.

María se apartó de mí y me guio hasta el féretro con un acabado fino y elegante en madera.

En un momento de mi corta existencia, no quise ver hacia dentro de la caja, no podía ver a Enrique y hacerme la idea de que el ya no estuviera con nosotros, que él estaba muerto, que tenía que enterrar a mi mejor amigo, la tristeza me invadió por completo, ni una lagrima se hizo presente, en un par de minutos de mirar la caja, decidí ver hacia adentro con una pequeña ilusión de que Enrique se levantara.

Lo mire fijamente, pero obvio nunca hubo respuesta, Enrique había muerto, su cuerpo arreglado y maquillado yacía dentro, inmutado, con los ojos cerrados y sin ninguna una sonrisa en el rostro.

Lo seguí mirando por unos minutos más, pero me tuve que quitar, los familiares seguían llegando, y querían ver el cuerpo.

Me aparté, volví hasta donde estaba María y le di el pésame, le pedía mil disculpas por no haber estado, cuando el, mi mejor amigo, pudo haberme necesitado.

Salí de la casa para tomar un poco de aire, quería llorar, el pecho me dolía, estaba apuntó de gritar.

La muerte de mi amigo era impactante, si pudiera regresar el tiempo de verdad que hubiera venido al pueblo desde hace muchos años, no sé cómo pude volverme de esta forma, solo dejar todo atrás, olvidarme de la gente que alguna vez me amo y ame.

Enrique se quedó aquí después de haberse graduado como contador, daba clases en la secundaria y cuando yo me hice escritor, olvide a todo el mundo, lo olvide a él, a mi familia, ya nada me importo, pero ahora me está alcanzando la culpa de no haber hecho lo correcto.

María me alcanzo llorando, sabia mi dolor, ella sabía que éramos como hermanos, íbamos a todos lados juntos, éramos inseparables.

me pidió que, si por favor podía escribir y decir unas palabras para Enrique y recitarlas el día de su funeral, no se la razón por la cual acepte, fue más por impulso que por otra cosa, como escribiría unas palabras para Enrique, si hace muchos años que no lo veía, pero tenía el corazón roto y destruido, sabía que podía hacerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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