VERANO DEL 98 - Capítulo 6
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6: INHUMACIÓN 6: INHUMACIÓN Una mañana fría, era de recordarse, nunca había pasado tanto frio, golpeado por la resaca del dolor incontrolable de varias punzadas en la cabeza, la boca resaca y la garganta adolorida, la voz afónica y ronca, escupía flema con gargajos verdes.
Se despertó en un pequeño llano, a varios metros de la hoguera la cual estaba ya sin vida, sus llamas, hace rato que se habían extinguido, no había nadie a su alrededor, estaba completamente solo acompañado de su dolor de cabeza, dio ligeros masajes antes de despertar por completo, giro un par de veces en el suelo, el polvo y la basura a su alrededor lo habían abrazado toda la noche, se había prometido el no volver a beber y una vez más volvió a fracasar en ese intento con el que venía peleando cada noche, acomodo sus gafas las cuales estaban llenas de tierra, se encontraba desalineado en su totalidad, sucio y apestoso a cerveza, se levantó a tirones y acomodos, sumado el titiriteo en boca y brazos, camino entre el potrero alejándose de la casa de María, como pudo atravesó medio pueblo para llegar al hotel, iba mareado por todo lo que consumió anoche, vomito en un par de ocasiones, entro sigiloso, en recepción no estaba nadie, vacía por completo ni la mujer, ni el hombre y mucho menos el gerente se encontraba, no le prestó mucha atención a eso, debían de estar desayunando o tal vez descansado, siguió su camino hasta la habitación correspondiente, entro al baño agarrándose de todos lados, dejo su lentes por un lado y entro a la ducha, abrió de forma abrupta la llave de la regadera, el agua salía demasiado fría, pero unos segundos después se aclimato para después estar hirviendo, la adapto a su gusto, enjabono su cuerpo, mientras venían a él recuerdos turbio que le afectaban haciéndole doler más la cabeza, esos recuerdos eran de ver esas dos siluetas que en definitiva habían sido dos cosas muy diferentes, una detrás de la otra se habían presenciado, no tenía la explicación, recuerda haberle preguntado a Josué pero le ignoro como si no supiera nada, cada vez tenía más respuestas y cero preguntas a todo, había hecho una pausa para vomitar en el escusado.
¿Qué era lo que había visto?, se preguntaba todo el rato, el ser alado era lo que más le llamaba la atención y un poco los ruidos que caían en lo sexual de un animal en excitación por querer aparearse o el acto carnoso de estarlo haciendo, en consecuencia, a lo de anoche tenía más preguntas que respuestas.
Intento bañarse lo más rápido posible para dejar de perder tiempo, había olvidado por completo que el funeral de Enrique era hoy, se concentraba en no vomitar el hígado con sangre, estaba desecho por lo de anoche, la cabeza le seguía dando vueltas y muy debajo de sus expectativas sabía que el dolor tardaría en irse, ¿Qué fue lo de anoche?, se cuestionaba, el agua le caía en el cabello, se relajaba y el vapor inundaba el baño, cerro las llaves de la regadera, seco su cara y salió para lavar sus dientes, frente al espejo del baño acomodo sus lentes, intento peinarse, puso un poco de desodorante y dejo atrás el baño, permaneció un rato en la cama, pensando, dejando ir el tiempo, no quería ir al entierro, no quería ver por última vez a su amigo de esta forma.
Considerando que Leonardo daría el discurso y estaba quedando mal, que iba a decir, que palabras utilizaría para despedirlo en el funeral.
Dejo el cuarto no sin antes buscar y llevarse el encendedor que le perteneció a su amigo, con mucha prisa pasó por recepción, de nuevo un silencio de abandono, el hotel parecía estar vacío, el aura del lugar era triste, como si ninguna alma estuviera presente, se sentía soledad y muerte, el aire era irrespirable, te sofocaba con cada tragada de oxigeno que dabas para respirar, las emociones en Leonardo se hacían más tristes con forme pasaba más tiempo en el pueblo, le daba la emoción y ganas de no querer vivir.
Se dirigió al estacionamiento, esta vez tomaría el carro para llegar a la hora acordada con la que enterrarían a su amigo.
Miro la hora, iban hacer las diez y cuarto, él pensó que había pasado más pero aún era lo suficiente temprano para llegar a tiempo.
Encendió el gran Torino y condujo por la carretera devuelta al pueblo, volvió a pasar el cartel que le daba la bienvenida, rodeo el lugar acordándose a donde estaba el camposanto, aparco frente al lugar, bajo y guardado respeto.
Antes en sin siquiera acercarse hasta el entierro, recordó lo del choque que tuvo cuando llego al pueblo, busco la parte destruida y vio que todo fue una dura pesadilla, sintió alivio.
Una, porque solo fue una mala pasada de sueño, dos, porque su auto preciso no está arruinado y tres, porque lo que dijo el gerente fue falso y así ya no debía de sobre pensar en eso, que para él fue lo más reconfortante.
Usaba un traje negro, apropiado para la ocasión, pensó que había llegado tarde, pero la vedad fue que la gente apenas comenzaba a llegar, era un día soleado, la brisa era caliente y se podía respirar aire fresco, Leo aun no entraba, se limitó a observar de lejos, como la carrosa bajaba el féretro donde yacía su amigo, camino a paso normal para entrar al panteón, delante de él estaba Josué quien lo volvió a reconocer de espaldas, ese perfil de la parte posterior de Josué era reconocible ya sabias que era él.
Josué caminaba con su esposa, Leonardo no quería molestar, espero en una banca un poco más, quería que todo fuera de forma natural y orgánica, no quería ser intrusivo o parecer un extraño, muerto o arrimado, se sentía indiferente a los demás, todo había cambiado y el ya no se sentía parte de nada, había dejado de ser hijo de este pueblo.
Las personas pasaban para ir al entierro, al lugar a donde Enrique estaba siendo visto por última vez de las personas que alguna vez quiso y amo, un padre daba la última misa antes de que los mariachis entraran, el lugar cada vez se llenaba de más personas, creía que ya era momento de llegar, en todo caso él debía de dar las últimas palabras.
«Camine hacia María, ella lloraba descontrolada, perdió a la persona que por muchos años amo con toda su vida y ningún pésame se lo regresaría».
—Qué bueno que llegas, ¿estás listo para decir lo que escribiste?
—me pregunto María.
—Por supuesto —respondí.
Mintió con lo dicho, Leonardo no había escrito nada para despedirlo, no recuerda mucho de ayer, la ceremonia había empezado, la gente alrededor lloraba por la partida de Enrique, María estaba dando las palabras para despedirlo, después seguiría el, tenía que improvisar, no tenía nada en la cabeza para expresar, estaba en blanco, nervioso y triste.
María termino de hablar y de dar sus últimas palabras, volteo a verme con lágrimas en los ojos, se secó con un pañuelo, me anunciaba para poder despedir a Enrique, dar el último pésame y decir algo gratificante, yo estaba quieto, no podía moverme, como comenzaría hablar, expresarme, hacer que esta despedida fuera la última oportunidad de habla con mi mejor amigo, tenía que expresar algo digno.
observaba a todas direcciones, comprendía el dolor de todos aquí, sufría y lloraba está perdida como mía, es como si una parte de mí también se hubiera ido, todos aguardaban a que hablara, pero estaba frio inmutado y sin habla, cansado y el dolor en la cabeza era insoportable, escuchaba a todos en mi cabeza y miraba con dificultad, la garganta reseca, tenía pánico y ansiedad.
Respire fuerte y guante la respiración lo más que pude, exhale, lleve mis manos a las bolsas de mi pantalón, y pude sentir algo, la saque lentamente mientras los demás me veían, era una bola de papel, la desdoble por pocas, volví a ver a todos, miraban con emoción a lo que pudiera decir o mencionar, era como si necesitaran saber que diría, como si quisieran eso o les hacía falta, muy atentos, yo veía a mucha de la gente, muy diferente, cambiados con expresiones bizarras, las personas parecían leprosos, muertos en vida, parpadee en ciertas ocasiones para librarme y olvidarme de todo, pero la tarde se había puesto del mismo color cuando comienza a atardecer, vi a maría, la única que no había cambiado, el aura que desprendía era muy diferente a los demás, me observaba con mucha delicadeza, movía sus ojos de un lado para otro como si me quisiera decir algo, no le comprendí, Josué rio y me observo, pedazos de carne cayeron de su rostro podrido, las imágenes a mis lados, parecían haber salido de cuentos de terror, humanos y demonios, juntos, reunidos despidiendo a un féretro vacío que se quemaba mientras lo bajaban al hueco con seis metros de profundidad.
Apreté el pedazo de papel que había sacado de mis bolsas, sin comprender lo que pasaba a los trecientos sesenta grados de mí a los kilómetros de mi redonda eran inimaginables, la escena y el escenario eran grotescos, una pesadilla, a lo lejos el ser de una sola ala se acercaba, con una armadura, distorsionándose en el camino, adoptando una silueta humana y a lo lejos no podía ver su expresión, pero caminaba de una forma elegante y bien vestido.
Deje de apretar la hoja cuando una mano toco mi espalda, me regreso a mí, me reconforto y me hizo sentir aliviado, fue una sensación de calma, tranquilidad y paz.
La mano de María tocaba mi espalda y recorría hasta mi hombro, me hizo sentir que no estaba solo, me recordó que todo estaba en mí, que era el miedo, puse la hoja delante de mis manos, la terminé de desdoblar, las lágrimas en mis ojos corrieron mientras leía la hoja en mi cabeza, estaba escrito algo, le faltaba la otra mitad, me quedé sorprendido porque eran unas palabras de despedida para Enrique.
Yo no lo había escrito, de eso estaba seguro, no tuve ningún momento para mí, para hacerlo, para escribirlo, la incógnita era el hecho de haber llegado a mi bolsa, la coincidencia de haberlo sacado en el funeral, las palabras perfectas para que yo las dijera, la gente seguía mirándome y después de unos segundos, no tenía más opciones así que comencé a leer la hoja.
Hola a todos los presentes, en palabras de Enrique, quiero decir que no me he muerto, solo me fui antes para poder cuidarlos, el viaje hasta aquí ha sido largo, lleno de felicidad y tristeza, a mis grandes amores, María y Mis dos hijos, Ericka y Charly.
Les pido que no estén tristes, y me recuerden como la persona alegre, sonriente y carismática que fui, ayuden a los demás como yo trataba de hacerlo, hay muchas cosas que me hubiera gustado hacer después, pero este es el camino que dios me tenía preparado y eso no lo puedo reprochar, me siento feliz por quien soy y lo que fui, no me extrañen muy pronto nos veremos, a toda mi familia, amigos y conocidos.
Las palabras para mi sonaron bonitas, vi que los demás les gustaron en especial a María, quien se había alegrado un poco, esto no era mío, pero funciono, le doy las gracias al autor de esto.
El escrito finalizo de esa forma, le falta un pedazo a la hoja por la forma en que fue arrancada.
—Eso es todo, gracias —finalice quemando la hoja y tirándola junto con el encendedor al hueco donde estaban bajando el féretro.
Todos los que me observaron, me sonrieron y la ceremonia siguió con la sepultura, María me abrazo, me dio las gracias por todo, solo le asentía con la cabeza, el escrito no era mío, no podía llevarme ese crédito, pero no tenía ninguna explicación para lo que había pasado, los dos nos alejamos, yo seguí viendo el funeral de más atrás, los mariachis tocaban y cantaban, Josué se me acerco había llorado un poco se le veía en el rostro.
—Eso fue bueno —me felicito.
—Cosas que salen del corazón, supongo —mentí.
—¿Dónde te quedaras este tiempo que pases en el pueblo?
—pregunto.
—La casa de mis padres fue vendida hace varios años, supongo que seguiré viviendo en el hotel, a ver si llego a un acuerdo para que sea renta por mes, que salga más barato —respondió Leonardo.
—Aún conservo la vieja cabaña en el lago que era de mi padre, por si te interesa —dijo Josué.
—Lo considerare, es una buena opción.
—Y gratis —agrego Josué.
—Gracias amigo, es bueno estar de vuelta y empezar de nuevo.
—Siempre será un placer el ayudarte y siempre es bueno comenzar de nuevo, levantarte y dar la cara —expreso Josué.
—Sí, este cambio me vendría muy bien.
—De cuerdo nos vemos al rato en casa de María —se despidió su amigo.
Todos estaban invitados a la casa de María al finalizar el funeral, se iba a llevar a cabo una comida por agradecimiento, alcance a Josué quien ya había caminado algo, la gente estaba yéndose, pare a Josué para preguntarle sobre ayer, aprovechando que estaba solo.
—Espera Josué tengo que preguntarte algo, ¿viste a donde me fui anoche?
—cuestione.
El me esperaba, me había escuchado detrás que lo llamaba.
—Te fuiste de regreso al hotel, te dije que, si no querías quedarte en mi casa, pero te negaste.
¿Por qué?
—Solo pregunto, me puse muy borracho anoche, por eso me fui y no acepte la invitación —le mentí, no me había quedado anoche en el hotel, pero me daba vergüenza decirlo y Josué no me decía mucho.
—No, todos nos fuimos al mismo tiempo, ya era tarde, todos bebimos mucho anoche, aun me duele la cabeza, tu seguiste tomando, te fuiste de ahí con un par de cervezas, te perdí te adentraste entre la maleza y desapareciste, hablabas sobre algo que habías visto y que era tu deber investigarlo.
Josué me había mencionado algo que anoche me había pasado, pero yo no recordaba el haberle contado, no sabía que había visto, no sabía si era real y con lo que vi hace rato se desanublaba más mi mente, podía pensar con más tranquilidad, estaba creyendo que todo lo que veía era real, solo necesitaba las explicaciones correctas de las personas correctas, tal vez Josué me podría ayudar a responder ciertas dudas.
—¿Te encuentras bien, amigo?
—pregunto Josué.
Me había quedado cayado pensando por uno minutos y luego regrese en mí y en lo que estaba haciendo.
—Sí, estoy bien, solo que no he dormido, también tengo un dolor de cabeza horrible y he visto varias cosas desde que llegue al pueblo que no tienen explicación alguna, ¿Tú, has visto algo fuera de lo normal en San Juan Caído?
—pregunto Leonardo.
—Cosas paranormales, ¿te refieres a eso?
Si es a lo que te refieres, la verdad no, he escuchado que una vez sobre voló un platillo volador, pero son historias que cuenta la gente.
Similar a lo que nos contaban de niño —bromeo Josué al final.
—Algo más, como demonios o rituales, algo por el estilo de ese tipo de cosas, vi a un ser alado de una sola alada, llevaba una armadura, pero no pude ver su rostro, antes a eso en la hoguera que hicieron bailes, rituales, la gente estaba vestida completamente diferente, como si fuera alguna especie de tradición europea o por el estilo, sé que suena estúpido, pero lo vi.
—Tranquilo Leonardo, no es que no pueda creerte eso, pero San Juan Caído es solo un pueblo aburrido que no pasa nada interesante, eso tú lo sabes, las únicas historias de terror eran las que nos contaban de pequeños, lo de la santa inquisición con el juicio de las brujas en México, las apariciones de la mujer del lago, la leyenda del fundador del pueblo, ovnis, extraterrestres, la llorona, pero cosas como demonios y eso, no.
—Sí, recuerdo todo eso, he de estar alucinando, me servirá de mucho para un nuevo libro, una historia interesante, disculpa por hacer que perdieras el tiempo, te agradezco —termino Leonardo.
—De acuerdo —finalizo Josué.
Las preguntas de Leonardo no se aclararon ahora pensaba que Josué lo tacharía de loco, que su amigo que creería que era estúpido, tenía que dejar eso atrás y seguir, hizo la pregunta correcta pero no recibió nada a cambio, estaba como al principio, solo hubo interés de Josué cuando escucho lo del ser con armadura, pero no hubieron preguntas más al respecto y respuestas cero.
Salió del panteón en dirección a su carro, Josué le hizo una seña de lejos, de que lo veía en la casa de María o por lo menos fue lo que Leonardo le entendió, dejaba atrás el panteón con el recién entierro de su mejor amigo y así terminaba la historia de Enrique.
Conduje, mi intención era la de no llegar, estaba harto de esto, nunca antes había odiado tanto un funeral, y ya no era ni siquiera por la muerte de mi amigo, si no le que había estado viviendo estos últimos días, por las situaciones que pasa, porque estaba viendo o imaginando, no sabía que era real y que no, estaba pasando por mucho, vino a mi mente de nuevo esa nota que nunca escribí, pero curiosamente resultaba estar ahí, quien se habrá tomado la molestia de haberla puesto en mi bolsillo, porque quiso que la leyera o si fui yo el que la escribió y no lo recordaba por tener amnesia por el alcohol o la locura que estaba generando.
Pase por una calle, para entrar a un pequeño puente de unos metros de largo, vi al joven recepcionista que me había atendido el primer día que llegue al hotel, iba agarrado de la mano de otro hombre, caminando por ese puente, iban vestidos iguales con unos overoles de pantalones cortos atirantados y una playera amarilla a rayas debajo y tenis rojos, se podía ver en sus labios que iban hablando, sonriendo, riendo y se besaban, es su novio, pensé en lo más obvio.
Los había visto de espalda, pero lo identifique en los movimientos cuando hablaba con su pareja al ponerse de perfil, avance despacio, no les espiaba, solo no tenía humor por llegar a casa de María, voltee de nuevo por el retrovisor, quería asegurarme que era el recepcionista, solo para quitarme la duda y no pensar en realidad que estuviera loco, pero cuando lo mire por el retrovisor me lleve la sorpresa y pude ver que no era el joven recepcionista, si no que era la mujer de la recepción que me atendió después, con otra mujer, las dos vestidas de la misma forma en la que iban los hombres antes, también iban hablando, riendo y besándose, frene casi parando antes de pasar por completo el puente, talle mis ojos, unas dos veces y volví a ver de nuevo por el retrovisor, esperando ahora ver que veía, estaba a punto de renunciar a que ya nada me podría sorprender, abrí los ojos y estaba ves vi al hombre y la mujer de la recepción que iban de la mano vestidos iguales, sonriendo, riendo y besándose, cruzaron la calle ellos iban en su mundo, la mirada se me vino abajo apoye mi frente al volante ya no sabía que pensar, no sabía que estaba pasando, retire mis lentes talle mis ojos con delicadeza, había perdido de vista a los jóvenes, metí el pedal del acelerador muy despacio y avance de la misma forma, deje de prestar a tención a todo, estaba cerca de llegar a la casa y con gran arrepentimiento de quedarme, consideraba el cambiar de acción e ir de ahí este mismo día.
Por más que intente llegar tarde, fui de los primeros en llegar a la casa de María, pero no me baje esperé disimuladamente a que a que más gente llegara, encendí la radio a un volumen considerado que yo solo escuchara, el aire acondicionado del clima daba sobre mi cara de forma gratificante, en la radio sonaba una canción vieja de una estación local, en su momento había sido un clásico, ahora solo me parecía basura.
—Interrumpimos la transmisión, para darle la bienvenida a nuestro increíble amigo por su regreso a su hogar, quien se dice permanecerá ahí por el resto de su vida —expreso la voz de un hombre en la radio antes de distorsionarse.
Lo escuché fuerte y claro, pero no tendí ya que el mensaje se distorsiono al final, la música volvió a sonar, con distorsiones raras que parecían mensajes, pero no entendía para nada.
—Oh, Leo —la voz rara y distorsionaba se coreaba en la radio.
Podía escuchar mi nombre, aunque no lo entendía a la perfección, pero me estaba hablando la radio, se escuchaban risas en la transmisión, quejidos, ruidos extraños y sonidos perturbadores para el oído, pero seguía prestando mi atención a ello.
—Debes de irte —se escuchaba—, no es seguro para ti, eres el próximo.
La frase finalizo y el sonido de la radio subió de golpe, haciendo que forcejeara para bajar el volumen que no respondía al apretar el botón, golpee el estéreo, pero seguía sin bajar sin siquiera un nivel, la fuente de radio seguía sonando, me llamaba con susurros, apague el carro y se desvaneció el sonido latente que retumbaba aun en mi oído con la última frase «sal de aquí», dijo la voz de una mujer.
—¿Por qué estaba aquí?
¿Qué era todo este infierno?
—pensé.
Leonardo se encontraba en esta situación por la muerte de su mejor amigo de la infancia, era el ultima día, todos estarían reunidos, había salido de su carro, estaba esperando a que se llenara más el lugar, la gente llegaba por pocas, camino despacio y suave, pisando con firmeza, buscando cualquier excusa para dar la media vuelta e irse, le dolían los oídos por las voces distorsionadas que había escuchado, comprendía muy poco lo que había oído, nada había sido claro de entender.
Josué lo detuvo antes de entrar.
—Tranquilo velocista, ¿a donde iras después de esto?, te animaste con lo que te dije —me preguntó.
—Te agradezco mucho, amigo pienso regresar a la capital, despejar la mente y escribir, creo que empiezo a tener un poco de material para empezar —respondí.
—Vamos Leo, deberías de quedarte, aunque sea un tiempo, te vendría bien aquí, la propuesta de la casa en el lago sigue en pie, no huyas de tu pasado, venias con muchas ganas de quedarte.
—No huyo de mi pasado, pero no creo que haya algo más en San Juan Caído para mí, no es el pueblo que solía conocer, hay algo más que no me deja tranquilo —respondí y los dos comenzamos a reír.
—Piénsalo viejo, tal vez algo te haga cambiar de opinión, no dejes que te mate la conciencia —dijo Josué, mientras se alejaba.
Solo lo mire al irse, mi cabeza dejaba de dolor, la resaca se había ido, pero me retumbaban un poco los oídos.
Si podría describir ese momento diría que Josué es un profeta, adivino o alguien místico.
Cuando él se fue y entro a la casa con su esposa, frente a mi paso la mujer más hermosa del mundo que yo haya visto alguna vez en mi vida, me sonrió y quede fascinado, una mujer alta, de cuerpo perfecto, cabello largo, color negro cenizo, piel clara, unos ojos grandes, verdes, un vestido negro y con un sombrero elegante del mismo color, me sonrío y entro a la casa, perdiéndose entre la gente.
—¡Bueno… creo que lo pensare!
—me dije a mi mismo.
Entre a la residencia de María en busca de esa mujer, me interesaba conocer su nombre y talvez tener una cita, pero entre tanta gente no podía verla, no podía encontrarla, y en un rincón estaba ahí, sentada rodeada de un grupo de personas, hombres y mujeres, que podía yo hacer para llamar su atención de una mujer muy elegante que transmitía una buena vibra, nunca la había visto, parecía ser un poco más joven que yo, porque alguien como ella estaría en este pueblo.
—Veo que ya conociste a Abrahela —me dijo Josué, quien llego detrás de mí.
—¿La conoces?
—respondí—, ¿quién es ella?
¿es nueva en el pueblo?
—Sí, ella es la heredera de la fortuna Yamhir, hija del Dr.
Ysaak Yamhir.
—Es enserio, porque jamás escuche sobre ella, no sabía que el doctor había tenido una hija, siempre se encontraba solo.
—Ella vivió casi toda su vida en Europa, regreso hace un año y se ha adaptado a la vida del pueblo, ha ayudado mucho a la comunidad —respondió Josué.
—Es hermosa, en verdad que es una diosa —Y no solo eso, es tu fan, Leonardo, si fuera tú, le hablaría —dijo Josué.
Josué siguió hablando pero lo omití por no dejar de ver a la hermosa mujer a un rincón de la casa, la gente alrededor la observaba, la admiraba como yo también la admiraba por su enorme belleza, ella era el centro de atención, parecía que me veía con disimulo y yo hice lo propio, sentí que me hacía señas con sus ojos, indicándome alguna sección de la casa, pero los movimientos no los lograba descifrar, no comprendo su expresión corporal, me era inútil pensar que me quería decir, alrededor de unos minutos de pensar y que ella vio que no daba una para saber que estaba diciendo, se levantó y camino cerca de mi rosando su hombro junto al mío, ahí si entendí la seña de que la siguiera, ¡claro!
Obviamente hice lo propio, seguí a la mujer por uno de los pasillos de la casa hasta llegar al baño, entramos.
Sorpresivamente ella me tomo por el cuello, la tomé por la cintura y nos besamos —Hola Leonardo —me dijo la mujer, mientras nos besamos con intensidad—, ¡soy tu fan!
—¡Y yo soy el tuyo!
—dije con admiración—, ¡en verdad que eres hermosa!
Los besos no pararon, perdí la noción del tiempo entre caricias y abrazos, juegos y risas, todo afuera no importaba, había encontrado a la mujer de mis sueños y fantasías sexuales, la desnudé poco a poco, la ropa volaba por el baño, salimos de ahí para entrar a una de las habitaciones, desnudos la perseguí, era un momento inolvidable en aquel pueblo, afuera había ruido y mucha gente como para notar nuestra ausencia, la escena carnal de ese día no fue lo más rico y placentero, fue la dicha de estar con la mujer que se convertiría en el amor de mi vida, el amor a primera vista existe y me enamore de ella, hicimos el amor, cada quejido de ella, cada posición fue única, el placer fue mío con tanta devoción al estar con Abrahela.
Nos cambiamos por obligación, queríamos seguir, pero debíamos de regresar, fue un milagro que nadie subiera mientras nosotros estábamos arriba, no hubo ninguna interrupción ni molestia, había hecho el amor en la casa de mi mejor amigo.
Abrí la puerta, salimos disimulando, bajamos, yo baje primero y a los segundos ella, camine hacia la sala principal, como si nada hubiera pasado, todos en su mundo, ella paso detrás de mí, dibujando un corazón en mi espalda, regreso con la gente con la que estaba platicando antes de comernos, me fui del otro lado de la casa, comí un poco, tome una cerveza, no podía dejar de verla y seguirla con la mirada.
Después de unos minutos ella se acercó a mi oído, pero no susurro nada, metió su mano en la bolsa de mi saco, y se apartó de mí, saliendo por la puerta principal dejando el lugar, la mire perderse fuera de todo, una limosina, paso a recogerla.
¿Sera la ultimas vez que la veré?, me pregunte.
Me sentía triste y vacío, lleve mi mano a la bolsa y sentí algo, lo saque, era un pedazo de papel lo mire de reojo, lo volví a guardar, pero ahora en la bolsa de mi pantalón, salí de la casa, camine por el patío, saque de nuevo el trozo de papel y lo leí.
Calle Priv.
Santo Domingo, número 66.
Hacienda Ky´keyel.
Te espero esta noche.
–Abrahela Yamhir.
Era la dirección de Abrahela, una clara invitación, era el rancho de su padre en la colina, de cualquier parte del pueblo podrías ver la enorme mansión allá arriba.
Entre de nuevo a la casa para despedirme y regresar al hotel, mi nuevo plan era aceptar el quedarme en la cabaña del lago, conocer más a Abrahela y poder estar con ella, vi a Josué, quien se encontraba con su esposa, me levanto el pulgar y desvió su mirada hacia otro lado, busque a María para agradecerle por todo, que pronto nos estaríamos viendo con frecuencia, pero la realidad es que no la encontré por ningún lado, así que no pude despedirme de ella como era, ya la vería otro día, salí de rápido, ahora si con prisa aún faltaba varias horas para volverla a ver pero planeaba un poco lo que haría en esta noche, pare, ya que se me daba mejor la improvisación, estaba un poco nervioso, lo que paso hoy había sido tan rápido, aun no lo procesaba, no lo creía y se me hacía muy fantasioso, eso jamás me había pasado, había sido la especie del elegido por dios para esta misión.
Camine hasta el auto cuando me alcanzo Josué.
—Presiento que ya cambiaste de opinión —dijo Josué a mi espalda.
Di la vuelta y reí.
—Me quedare un rato más, la mirada de esa mujer me convenció, aceptare el vivir un tiempo en tu cabaña, ya después buscare una propiedad.
—Quédate todo el tiempo que quieras y gustes, bienvenido de vuelta, hermano —finalizo Josué, nos dimos un abrazo y se a parto del lugar.
La gente estaba yéndose, pasaba del medio día, habían despedido a Enrique como se merecía, todo había sido lindo, el descansaba en paz, y mi mente estaba ya tranquila, despejada y sentía que podía empezar de nuevo, debo regresar al hotel por mis cosas e irme a instalar al lago, y empezar a escribir de nuevo.
—Te vas así, sin despedirte —dijo la voz de María, antes de que pudiera subir a mi carro.
—Lo siento, no te encontré, pensaba pasar otro día a saludar, no me despido por que me quedare un tiempo, si llegas a necesitar algo, para los niños o para ti, no dudes en hablarme, Enrique era un hermano para mí, lo sabes y sé que él hubiera hecho lo mismo por mí.
—Muchas gracias por venir, Leonardo —dijo María llorando—, deberías irte ahora que puedes, no me gustaría que te pasara lo mismo que a Enrique.
—De que hablas, María, ¿qué es lo que sucede?
—pregunte.
—No puedo decir mucho, no me lo creerías, pero hay algo más en el pueblo que no quiere irse, liberaron una maldición, huye mientras puedes —dijo María, mientras se iba dándome la espalda sin más explicaciones.
Pensaba que tal vez le había afectado la muerte de su esposo, pero por otro lado si estaban pasando cosas inexplicables para mí, que afectan en lo psicológico y emocional, separar la realidad de la ficción es difícil y todo esto lo ponía aún más.
Regrese al hotel sin encender la radio, ya no quería más sorpresas de distorsiones raras y mensajes encriptados, estaba feliz, alegre y quería seguir así, esta noche tengo una cita con Abrahela y quiero que sea de lo más especial, me había enamorado de ella y no quería arruinarlo.
Estaba en mi habitación pensando que haría primero, si descansar un rato o alistar todo para irme a la cabaña, hoy iba hacer la gran noche de ver a esa hermosa mujer de la cual me estaba volviendo loco, me bañe y entre que me secaba el cabello y buscaba mi ropa, me entro sueño y cansancio, decidí recostarme en la cama un rato, el aire acondicionado medio enfriaba, estaba fresco por el baño, pero hacia un poco de calor en la habitación, me tire a la cama boca abajo y cerré los ojos, me estaba durmiendo, completamente dormido, comenzaron a venir recuerdos a mí, recuerdos que incluso ni eran míos, sentía como mi cuerpo se movía con brutalidad de un lado para otro, respire con problemas, me veía mí mismo desde otro plano, recuerdos invadían mi memoria, estaba sufriendo ataques epilépticos que antes no había experimentado y no podía hacer nada, estaba en un trance.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com