Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 17
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17: Capítulo 17 17: Capítulo 17 — ¿Despertaste?
— ¿Dónde me encuentro?
— Edmond observó con dificultad la figura que cambiaba sus vendas.
— ¿Noxillum?
— Así que sabes de nosotros.
No te muevas.
Edmond se encontraba aturdido y confundido por su situación.
¿Estaba soñando?
¿Cómo llegó ahí?
Varias dudas recorrieron su mente mientras observaba a la mujer de orejas puntiagudas untar una espesa mezcla verde en sus heridas.
— ¿Cómo llegué…?
Antes de poder terminar de hablar, sus ojos tomaron su forma original y su rostro se deformó.
Las lágrimas cayeron rápidamente mientras sus memorias iban acomodándose en su cerebro.
— Mamá… Su voz se quebró.
Los recuerdos de su madre a sus pies, sin poder abrazarla, sin ser capaz de cargarla debido a la anomalía de sus brazos.
«Ni siquiera un adiós» El peso en su corazón fue mayor al que alguna vez había sentido.
“Evitar su muerte”, “Darle una feliz vida” y más pensamientos se volvieron en su contra.
Se consideró un ingenuo, alguien débil, hasta inútil, pero nada podía hacer.
Mientras más culpa acumulaba, su cuerpo más se deformaba; escamas comenzaban a crecer y de su brazo derecho iba creciendo el ala; cuando su tronco comenzó a estirarse, un golpe contra su cabeza lo hizo regresar a la realidad.
— Detente.
No quiero que mi casa sea destruida por un extraño.
¿Así le agradeces a tu benefactor?
Los ojos de Edmond se abrieron.
Los cabellos dorados como el trigo de su contrario se sacudían con la ligera brisa que entraba por la ventana.
Aunque sus palabras fueron indiferentes, una amable sonrisa estaba plasmada en su rostro.
— Recién te había conseguido curar.
No vuelvas mis esfuerzos inútiles.
— Lo lamento.
— Respondió apenado.
El cuerpo de Edmond regresó a la normalidad mientras trataba de calmarse, pero las escamas que cubrían la mitad derecha de su frente no desaparecieron.
Noxillum se había retirado y acababa de regresar con una bandeja y dos tazas de té.
Dejando la bandeja en la mesa al lado de la cama, le entregó una de las tazas hechas de hojas a Edmond.
— ¿Estás mejor?
— Nn.
— ¿Qué hace un Dragon-blood acá?
— No sé cómo llegué.
Lo último que recuerdo es la expansión y luego… — Toma el té.
La voz de Edmond se estaba quebrando otra vez, pero antes de romper en llanto, obedeció al Noxillum.
Tras dar un pequeño sorbo al té, una fragante brisa recorrió su cuerpo desde su garganta hasta sus brazos, pasando por su estómago y cada uno de sus órganos.
Con un sabor extraño entre amargo y dulce, las complicadas emociones de Edmond se calmaron.
Sus pensamientos seguían siendo un desorden; su corazón seguía doliendo; pero ahora era capaz de controlarse.
— Gracias… — ¿Y bien?
— No soy un Dragon-blood – Edmond bajó la taza y observó por la ventana.
— Simplemente, fui un estúpido que utilizó la sangre de dragón.
— ¡¿Utilizaste la sangre de dragón?!
Las puntiagudas orejas del Noxillum se crisparon de la sorpresa; sus ojos se ensancharon enormemente y su cuerpo retrocedió unos centímetros.
La mujer Noxillum también detuvo sus movimientos, quedándose en la puerta unos segundos antes de salir.
La Sangre de Dragón era una especie de leyenda entre los Noxillum, pero el consumir la misma era un tabú.
Edmond lo sabía, por lo que continuó hablando.
— Una versión diluida.
Era necesario.
— sus ojos se cerraron – O al menos eso pensé en ese momento.
— Eso explica todo, pero ¿Qué clase de dragón era?
— No lo sé – mintió.
¿Cómo podía decirle que consumió la sangre de un primordial?
Debido a que la tierra era un planeta joven, solo dos o tres veces se vieron dragones jóvenes, pero para las razas como los Noxillum o Twars, los dragones estaban registrados como seres celestiales.
La sangre de un solo dragón, por más pequeña que sea la gota, contiene la voluntad del mismo, lo que trae muchos beneficios, pero para las personas débiles de cuerpo o mente, el consumir la gota más minúscula causara una mutación en el cuerpo, transformándolo en un draconiano y consumiendo su conciencia en el proceso.
El Noxillum había escuchado historias sobre los efectos, pero nunca de un caso como el de aquel humano, pero supuso que su forma anómala se debía a lo diluido de la sangre.
— ¿Y qué planeas hacer ahora?
Era claro, aunque el Noxillum lo había salvado, solo cumplía con su regla de «Salvar y curar a todo herido que caiga en su territorio».
Lo que le había sucedido antes, lo que había sufrido y sus dificultades estaban fuera de lo que le importaba.
— No estoy seguro.
No tengo a donde volver.
— Ya veo.
Por el momento quédate aquí, una vez puedas caminar e irte, hazlo.
— Eso haré.
Edmond no se sorprendió ni molestó por aquella indiferencia.
Comprendía las reglas de aquella raza; mientras no les dañe, ellos cuidarán de él cuando esté herido.
El Noxillum se levantó; sacudió su mano derecha y una rama entró por el orificio que hacía de ventana en aquella habitación.
La rama tomó el arco y el carcaj con flechas, para entregarlas al Noxillum que avanzaba hacia la salida.
— Este… ¿Qué territorio es?
— Allbik.
— Mencionó antes de cruzar la puerta verde.
— Así que el reino del alba.
¿Debería buscar a la princesa?
No.
Mejor consigo algo de dinero.
Necesito hojas de grukz.
Grukz, un árbol medicinal utilizado comúnmente por los Noxillum en sus tratamientos.
Aunque se dice que el olor de su madera quemada calma los nervios y neutraliza las emociones de quien lo huele, ellos se niegan a talar los árboles para su beneficio, por lo que solo utilizan su sabia y sus hojas tras un ritual de adoración y agradecimiento.
Mientras que la sabia tiene efectos anestésicos, las hojas poseen pequeñas toxinas que bloquean los cambios drásticos de emoción en quienes las consumen, aunque solo es recomendable hacerlo tras procesarlas debidamente.
Edmond tomó otro sorbo del té, sabía qué era lo que más necesitaba actualmente, pero, debido a su estado, poco podía hacer.
— Mejor… Voy a descansar.
Su cabeza no soportaba seguir procesando la información.
Al igual que las escamas en su frente, su ojo derecho no cambiaba a forma humana y el izquierdo no fue capaz de retomar su forma original.
Como resultado, el escenario frente a Edmond mezcló el plano de energías y el terrenal, causando incordio en su cerebro.
Los siguientes días, Edmond se quedó descansando en esa casa hasta que su cuerpo se recuperó.
No estaba seguro de cómo había llegado a Allbik, pero la primera noche, cuando se quitó la venda por curiosidad, pudo notar como todo su cuerpo estaba desgarrado de pecho hacia abajo; con algunos huesos a simple vista.
Si el Noxillum no lo hubiera salvado, de seguro su vida acabaría antes de que despertase.
— Muchas gracias por todo.
Con una pequeña bolsa en su espalda, Edmond se despidió de la familia de Noxillum.
Agachándose para acariciar los cabellos dorados del pequeño Noxillum, quien respondió mostrando su sonrisa carente de dos dientes.
— Que el bosque te cuide.
La mujer Noxillum expresó su calidez con aquellas palabras.
Edmond no había hecho nada por ellos, pero le habían cuidado durante más de una semana, dándole alojo, comida y tratamientos sin pedir nada a cambio.
Sabía que no lo harían, pero le dejaba un mal sabor de boca el no poder devolverlo; por eso, antes de saltar desde la entrada, entregó unas pequeñas palabras.
— Que Noxis despierte en su sangre.
La pareja de Noxillum abrió sus ojos con sorpresa.
Aunque en esos días Edmond demostró conocer mucho de su cultura, incluyendo su manejo fluido del idioma, nunca se esperaron que conociera sobre Noxis.
Estaban felices, aquellas palabras no se podían decir ligeramente.
— Entonces… Vamos al centro de Allbik.
Tras bajar en caída libre por diez metros, Edmond acomodó el parche de madera en su ojo derecho.
Levantó la mirada en busca del sol escondido por las copas de los árboles; tras encontrarlo, camino hacia el norte, masticando una hoja de grukz.
— Ahora que la tierra se adelantó… ¿Será bueno o malo?
Su viaje duró un día entero; durante el cual se cruzó con tantas bestias mágicas que parecía estar en un paseo por el zoológico, pues ninguna le atacó.
«Que el bosque te cuide».
Aunque para cualquiera pueda sonar como simples palabras, el peso que tiene no es pequeño.
Tanto las bestias mágicas como los Noxillum dependen y apoyan al bosque, por lo que no atacarían fácilmente a alguien bajo la protección del mismo.
— ¡Hey!
¡El Dragon-blood de ahí!
Una voz áspera llamó la atención de Edmond.
Dos hermosos caballos de cuernos rojos y melena naranja tiran de una gran carroza de madera; un hombre viejo cubría su rostro del sol con un sombrero de paja.
— ¿Sí?
Debido a las escamas doradas en su frente, Edmond califica a primera vista como un Dragon-blood.
Le era conveniente para evitar complicaciones.
— ¿Vas al punto de control?
Vamos, sube.
Te llevaré hasta ahí.
— Muchas gracias.
Sin considerarlo, accedió.
El viejo hombre aparentaba tener ochenta años, pero sus orejas puntiagudas y piel ligeramente oscura, sumado a sus cabellos plateados, eran prueba clara de que su edad superaba los cuatrocientos años.
— ¿Y qué hace un niño como tú por estos lares?
¿Y tu clan?
— No poseo un clan.
Solo estoy buscando ganar un poco de dinero.
— ¿Dinero?
Ya veo – El anciano río.
— ¿Y ya pensaste que harás?
— Escuché que hay un torneo cada cierto tiempo en la primera ciudad de Allbik.
Estoy seguro que ganaré algo ahí.
— Edmond masticó una hoja de grukz.
— Deberías tener cuidado con eso, niño.
— Lo comprendo mayor… Pero es necesario.
— ¿Es así?
Entonces has pasado por algo grande tú también.
— El anciano llevó una de sus manos a su sombrero de paja y se lo retiró.
— ¿Usted también es un Dragon-blood?
— Se podría decir que lo era.
— Suspiró.
— Ya veo… En la nuca con parcial calvicie, una cicatriz en forma de escama se notaba.
Soltando una melancólica sonrisa, el viejo Noxillum dio un vistazo a Edmond y comenzó con una historia.
— ¿Sabes por qué nos llaman Dragon-blood?
— Porque en nuestra sangre se encuentra el linaje de los legendarios dragones.
— Edmond respondió.
— Exacto.
Aunque ahora es muy diferente que antes.
¿Sabías?
– Observó el cielo – Cuando era joven, los rumores sobre los dragon-blood todavía eran malos.
Ser un dragon-blood era vivir en constante peligro, hasta para los de nuestro nivel.
Indiferentemente de sí tu sangre heredó una ínfima o notoria cantidad de sangre, todas las demás especies te cazaban, hasta los mismos dragones.
— Eso es… Aunque era una historia que ya conocía, las palabras del anciano cargaban con cierta tristeza.
Durante horas contó sobre su vida y los dragon-blood, disculpándose por qué le gustaba hablar de más.
Su historia comenzó como cualquiera.
Un joven Noxillum nacido entre el clan crepuscular con una vida tranquila; fue considerado un genio por su afinidad con la naturaleza, pero cuando llegó a la adolescencia, la única escama en su cuerpo apareció.
Con miedo, sus padres lo ocultaron con un sombrero de paja.
La caza de dragon-blood era una regla en esa época.
Seres que solo traen desgracia; Noxillum alocados que destruyen la naturaleza.
Miles de rumores e historias se contaron en su tiempo, tachados como un linaje maldito, fueron cazados.
Para ese tiempo, las leyes anti caza de dragon-blood se pusieron en vigencia, pero Noxillum con odio injustificado les seguían dando caza.
— Si no fuera por ‘quel héroe dragon-blood, no quedaríamos más de diez— añadió.
Un joven dragon-blood hizo un contrato con los dos reinos, Noxillum.
Si él se subordinaba, los dragon-blood tendrían una oportunidad.
— Tras casi cien años, el héroe dragon-blood demostró que no éramos un linaje maldito Sacrificando su vida por el linaje real, los dragon-blood demostraron ser lo contrario a lo que se creía, pero para ese momento, los hijos del Noxillum ya habían muerto por manos de otros; su esposa había sido raptada y su única escama arrancada.
— En desesperación, busqué la forma de encontrarla, no había señales, hasta que un día… El tono se volvió débil.
La escena de su esposa, clavada de manos frente a su casa, regresaba a sus ojos.
Una escena triste, pero soltando una sonrisa satisfecha, continuo.
— Sufrí mucho.
Me preguntaba qué había hecho para merecer eso, simplemente era un Noxillum como cualquiera, nunca dañe a alguien, pero por sus prejuicios, mi familia sufrió.
Lo peor es que mis hijos no eran dragon-blood.
Eran Noxillum normales.
Al menos esas personas recibieron su castigo.
Durante casi cien años, las hojas de Grukz y otras plantas fueron su alivio hasta que pudo superarlo.
En el ámbito humano, no había duda de que se drogaba para olvidarlo, pero era una droga que no le volvía agresivo.
«Solo agrandaba mi pesar».
Si no fuera por jóvenes que le ayudaron, el Noxillum se hubiera sufrido mientras buscaba su muerte, pero las palabras de su esposa, antes de ser raptada, habían marcado su futuro.
— Un «Contrato para nunca rendirse»… Fue una estupidez, pero ahora lo agradezco.
Costosos papeles firmados por sangre; su esposa había ahorrado por años para poder conseguir dos de ellos.
No quería que su esposo se rindiera nunca, por lo que le hizo firmar.
«Nunca te rindas y siempre vive» fueron las cláusulas.
Debido a eso, el Noxillum no fue capaz de acabar con su propia vida por más que intentó.
— Eso es… Edmond entendía, ese sentimiento de perder a alguien, a un ser querido, lo había sentido en su anterior vida.
Pero debido a los años que pasó dentro de la cuarta prueba, había olvidado cómo se sentía.
Una fuerte presión aplastó su pecho, lágrimas comenzaron a caer desde su ojo.
Sin decir nada más, el anciano Noxillum abrazo por el hombro a Edmond; él mordió con fuerza la hoja de grukz y se la tragó para calmarse.
Al cabo de unas horas, dos guardias los detuvieron.
— Viejo Ark.
Nos habíamos preocupado de que no llegaras.
— Hubo un pequeño contratiempo, no me atrevía a venir sin tener el cargamento completo.
— Explicó el Noxillum anciano.
— ¿Y ese es?
— Se puede decir que es un familiar.
— ¿Un familiar?
Sabes las reglas.
— Veinte monedas de plata por entrada.
Lo sé.
— Ark lanzó una pequeña bolsa de cuero al guardia más joven — Ahí están, revísenlo.
— No hay necesidad, confiamos en usted.
— Ja, ja.
Deberían ser un poco desconfiados.
Quién sabe qué trucos tenga un viejo como yo.
Tras pisar dos veces la madera bajo sus pies, los caballos plateados avanzaron, dejando detrás a los guardias que le despedían con una gran sonrisa.
Sin duda, era un anciano querido.
— Muchas gracias.
— No te preocupes niño.
Y recuerda.
La posada Carnero dorado, solo diles mi nombre y tendrás dónde dormir.
— Prometo pagarlo.
— ¡Relájate niño!
¡Son cosas pequeñas!
¡Los dragon-blood debemos cuidarnos entre nosotros!
Mencionando aquellas palabras, el anciano se alejó con sus caballos por la carretera.
El corazón de Edmond se sentía más tranquilo.
Aún dependía de la hoja de grukz para estar en calma, pero se sentía aliviado.
Aunque fuera poco tiempo, estaba agradecido con aquel Noxillum que le permitió llorar en su regazo.
— Su nombre no me suena… Ahora que estaba en la primera ciudad, había varias opciones para escoger qué hacer, pero lo importante era el dinero.
— Si aún tuviera las hierbas, podría venderlas por un par de cristales… — llevó su mano a su mentón – Ahora que lo pienso ¿Cuáles son los más valiosos?
Necesito ir a una de esas casas de evaluación.
Caminó por las aparentemente interminables calles; las construcciones a su alrededor parecían pertenecer a la edad media, aunque la mayoría estaban hechas de madera.
Algunos locales tenían dos pisos, hasta tres; otros se ubicaban en los troncos de los enormes árboles, pero el local que Edmond tenía frente suyo era completamente diferente a los demás.
Construida a base de ladrillos azules, uno pensaría que es una abandonada casa sobreviviente a las guerras, pero no puede diferir más de la realidad.
Desde su interior, agudas voces se escuchaban por montón; niños disfrutaban de su almuerzo con grandes sonrisas en sus rostros mientras una dulce voz les pedía que dejaran de jugar con la comida.
La sonrisa en el rostro de Edmond se hizo clara.
Lo que tenía frente a él era un orfanato, el único de la primera ciudad.
Su poco llamativo exterior no era por descuido, era una forma llamativa de hacer saber a los Noxillum que ese era el orfanato.
Al final, los humanos y los Noxillum no tienen el mismo sentido de belleza.
— ¡Niños!
¡No salgan corriendo!
¡Regresen!
— ¡Vamos señorita!
— ¡Intenten atrapa— auch!
— ¿Estás bien?
Edmond estiró su mano para ayudar al pequeño que acababa de caer tras chocar con él.
Debido a sus travesuras, los cuatro niños no observaban lo que había frente a ellos y solo veían a la joven de cabellos celestes que llamaba su atención.
— S-sí.
— mencionó el pequeño, apenado.
— Me alegro.
— Perdón.
— ¡Oigan!
¡Miren, miren todos!
¡Es un Drago!
— ¡¿Un Drago?!
— ¡¿Uno real?!
— ¿Eh?
Antes de siquiera poder reaccionar, Edmond había sido rodeado por decenas de niños emocionados.
— Lo lamento.
Estos niños se emocionan por todo.
La joven de cabellos celestes se disculpó con una reverencia.
No trató de detener a los niños; sabía que sus palabras serían ignoradas, por lo que habló con Edmond.
— ¿Te molesta acompañarnos?
— Para nada, pero no creo poder hablar con aquellos niños que no han terminado de comer.
Sus ojos fueron hacia los pequeños niños que instantáneamente reaccionaron y se fueron corriendo.
No le tenían miedo, por el contrario, querían hablar con él, por lo que se apuraron a terminar sus almuerzos antes de volver con sus platos vacíos como prueba.
— Eso fue inteligente.
— Lo aprendí de un viejo amigo.
— ¿Puedo preguntar que le trae por acá?
¿Planea adoptar a un niño?
La joven miró fijamente a Edmond; en sus ojos se notaban los destellos de esperanza, pero solo pudo decepcionarla con un movimiento de cabeza.
— Ya veo.
— Planeo ayudarte un poco.
— ¿Ayudar?
— A decir verdad, vine por el torneo, pero no conozco muchas cosas.
En mi camino unos señores me dijeron que necesitaban ayuda en este lugar.
— Y no se equivocaron.
Desde que el último se fue, solo he sido yo cuidando a estos niños.
— Me sorprende te veas bien.
— Los niños son más comprensivos de lo que parece.
— La joven río.
— Bueno, ahora podrás relajarte un poco.
— Eso espero — Volteó a ver a los niños por la ventana, luego regresó su mirada a Edmond preocupada — ¿Si eres consciente de que no hay paga, verdad?
— Solo necesito que me ayudes a conseguir algún trabajo, el qué sea.
Con eso podré valerme.
— Eso es fácil.
Entonces, espero que nos llevemos bien.
Confianza es lo que les sobra a los Noxillum.
No son ingenuos, pero nunca dudarán de la palabra de un desconocido mientras no cargue malas intenciones.
Sin necesidad de un contrato escrito, Edmond se volvió uno de los cuidadores de aquel orfanato.
— ¡Señor Dragon-blood!
¡Señor dragon-blood!
Mientras era guiado por la joven, varios niños se le acercaron con alegres sonrisas en sus rostros.
— ¡Mire!
¡Mire!
¡Hemos terminado!
— N-nosotros también.
Detrás de los pequeños niños, un grupo avergonzado enseñaba también sus platos vacíos.
A primera vista se puede adivinar que rondan los doce años y su timidez refleja la pena de compararse con los pequeños que recién les cambian su dentadura.
Aunque su pequeño orgullo recién se desarrollaba y se negaban a actuar con la misma vivacidad que sus menores, tenían curiosidad por el dragon-blood; al final, no era fácil ver un dragon-blood humanoide.
— Vale, vale.
Vayan y dejen sus platos, que aquí la señorita me enseñe el lugar y les contaré una historia.
— ¡Yeih!
— ¡Vamos, vamos!
— ¡Niños, con cuidado que se caen!
Edmond solo podía reír mientras ante la escena de pequeños niños corriendo en estampida.
Era consciente de que los dragon-blood no eran poco, pero también de que esos niños solo deben conocer sobre el «Héroe dragon-blood».
— Estos niños… — La joven suspiró, dejando caer sus hombros.
— Es bueno que estén emocionados.
¿O prefieres un lugar lúgubre?
– Edmond aún reía por lo bajo.
— ¡Para nada!
Pero aun así.
— La joven se recompuso – ¿Te molesta si pregunto tu nombre?
— ¿Mi nombre?
Ah, cierto.
Había olvidado por completo el presentarse.
Aunque los habitantes dentro de Allbik no suelen preguntar por sus nombres a cualquiera, ahora Edmond iba a quedarse un tiempo largo en aquel orfanato, por lo que estar llamándose entre ellos por “tú”, “oye” o “hey” no sería una opción.
Tras meditarlo por unos segundos, Edmond respondió.
— Llámame Kolt.
Aunque no le importase que le llamaran por su verdadero nombre, Kolt no fue capaz de pronunciar su propio nombre, en cambio, dio el primero que vino a su mente.
— Un placer Kolt.
Yo me llamo Phenjary.
— ¿Te puedo llamar Fen?
— ¡No hay problema!
– Asintió sonrientemente.
— Aquí están los baños; por esa escalera van a los dormitorios y… Durante casi media hora estuvieron caminando de un lado del orfanato al otro; aunque solo se veían dos pisos desde el exterior, realmente existen cuatro.
En la primera planta se encuentra el comedor, la cocina y la sala de juegos interior; en la segunda están los vestidores, una pequeña sala de entrenamiento y una biblioteca y el tercero era utilizado completamente para las habitaciones de los más de cien niños y las duchas.
El lugar fue construido por varios Noxillum y otras especies; entre ellos los Twars, que destacan por su herrería y manejo de materiales raros.
— ¿Piedras espaciales?
— ¡Exactamente!
Aunque es un conjunto mágico que las usa como base, siguen siendo piedras espaciales.
— ¿Crees que pueda conseguir alguna?
— ¡Claro!
¡Solo están unas treinta o cincuenta piedras espirituales de grado medio!
— Unas treinta o cincuenta… Kolt no sabía si Fei estaba siendo sarcástica o no.
Treinta o cincuenta piedras de grado medio eran poco si no sabías su valor original, pero Kolt no pudo hacer más que suspirar derrotado.
— Iré olvidándolo por ahora.
— Sé, burló de sí mismo en su mente.
«Imaginar que antes tener miles de esas era una estupidez, y ahora sufro por solo cincuenta» pensó.
Sus risas se escaparon de su interior mientras recordaba su pasado.
Al acabar el recorrido, una voz llamó la atención de Kolt; al voltear hacia la ventana, notó a los niños reunidos en el patio, lo estaban esperando.
Tras sonreír un poco y pedirle a Fei que le encontrase algún trabajo, fue caminando hacia los pequeños que habían formado un círculo.
Por un momento, la sonrisa de Kolt se torció.
En su mente pasaban las palabras que Fei le acababa de mencionar: «¿El valor?
Es de cien a uno», lo que significa que cien piedras de grado bajo valen lo mismo que una de grado medio.
«Con solo una me puedo comprar una casa…» pensó.
El reino de Allbik posee dos tipos de comercio.
Las famosas monedas de bronce, plata, oro y platino y las piedras.
El sistema de las monedas es muy conocido, diez monedas de bronce equivalen a una de plata y diez de plata a una de oro; pero el sistema de las piedras es más difícil de calcular.
Debido a la naturaleza de las mismas, nadie puede falsificarlas y su única obtención es a través de la minería.
Aunque las piedras no tienen un valor específico, una de baja calidad puede llegar a valer desde unas pocas monedas de oro hasta un par de platino y considerarse aún un precio barato.
Su apariencia de prisma rómbico, creado naturalmente, y el centro multicolor es su principal diferencia con otros minerales.
— Bien.
¿Están listos?
— ¡Nn!
— Los niños respondieron al unísono.
Una sonrisa se formó en su rostro.
Su corazón se sintió tranquilo cuando observó a decenas de niños ordenados.
Cualquiera que viera a esos niños podría asegurar que el racismo no existía en ese orfanato.
Desde Noxillum hasta Twars, pasando por semi-humanos, hombres bestia y los famosos demonios, con sus características colas con puntas en formas de flecha, se encontraban ahí sentados.
Escamas blandas para algunos, alas o cuernos para otros; tamaños más compactos, orejas largas, colas, cabellos en el cuerpo; cientos de características diferentes había en ese gran grupo de niños.
Todas y cada una, en conjunto, le dan felicidad al intranquilo corazón de Kolt.
— Bien.
Aunque esta no es una historia mía, es una famosa historia que me contó otro Dragon-blood.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com