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Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 16

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16: Capítulo 16 16: Capítulo 16 La sonrisa de su madre ante el primer regalo que le dio; la alegría y lágrimas cuando se enteró que sería abuela; lo emocionada que se encontraba en su boda.

Todos esos recuerdos recorrieron su mente con cada paso que daba; eran difusos; no debía de recordarlos, pero la sensación se había grabado en su alma.

«Quiero verla, quiero que viaje por el nuevo mundo, que vea a sus nietos, quiero…»  Lágrimas de desesperación caían por su rostro; sus emociones a flote causaron que perdiera el control de sus ojos, permitiéndoles retomar su forma original.

Ethan, Vi y Rosa estaban próximos a alcanzarlo, cuando la distancia volvió a incrementarse repentinamente.

El trío se detuvo tras unos segundos ante la sorpresa.

El pequeño temblor se volvió un gran terremoto tras cruzar la entrada de la ruina, la tierra se levantó y, aunque fue imperceptible para ojos, el continente comenzó a dividirse.

Confundidos, el trío retomó su camino, pero Edmond ya había desaparecido de su vista .

— ¿Qué carajos está pasando?

— No lo sé.

Sigo aturdida por su [Authority].

— Ese no fue [Authority].

Fue diferente, pero Ed… — ¿No vieron eso?

— ¿Ver qué?

— Ethan y Vi respondieron al unísono.

— ¡Una cola!

¡Le creció una maldita cola!

— ¿Una cola?

¿De qué hablas?

— Además, ¡¿No les parece extraño cómo reaccionó?!

Parecía saber lo que está sucediendo — Ahora que lo dices… — No, debe ser alguna habilidad pre cognitiva.

Digo, su habilidad para ocultar habilidades es… — ¿Qué es esto?

— preguntó Vi.

[Misión de Emergencia] Negándose a tomar la guía de los dioses, un individuo siguió el camino pagano y ha sido rechazado por la naturaleza; convirtiéndose en un peligro.

Elimina al «Errante» y mantén el orden en el mundo.

Recompensa: Bendición/sangre de Dragón Castigo: Ninguno.

Advertencia: No eliminar al «Errante» rápidamente supone una amenaza para la vida en la tierra.

— ¿Ese no es…?

— No puede ser… — Es tu amigo, Ethan.

— ¡Pero!

Una ventana azul apareció frente a cada uno.

Una misión de Emergencia junto a una imagen que se actualizaba a tiempo real.

No eran capaces de ver con sus ojos a Edmond, pero con esa imagen, sabían su situación actual.

Una escama dorada tras otra brotaba del cuerpo de Edmond, comenzando por la mitad derecha de su rostro y terminando en la parte baja de su columna.

Un hilo de escamas se formaron, la velocidad de Edmond se había duplicado al principio y seguía aumentando por cada escama que surgía.

Cada paso que Edmond daba hundía la tierra, hasta que dejó de pisarla.

Cinco minutos demoró en deformarse su cuerpo.

Una protuberancia apareció en su húmero derecho; la misma creció como un hueso extra cerca al codo hasta llegar al metro de largo.

Del nuevo hueso, tres más salieron imitando la estructura de un murciélago y llenándose posteriormente de escamas suaves que le dieron la apariencia de un ala.

Su torso se alargó medio metro y su tórax se ensanchó.

Las escamas erráticamente rodearon su cuerpo en un serpenteado camino, destrozando su ropa en el proceso.

Su cabello se transformó parcialmente en una melena dorada; sus orejas se alargaron y el lado derecho de su mandíbula se transformó.

Junto al aberrante estiramiento de su rostro, la aparición de un cuerno donde su ceja izquierda se ubicaba; la mitad de sus dientes se afilaron y su lengua se aplanó y estiró, volviéndose similar a la de una serpiente.

Finalmente, sus piernas se transformaron en patas; pero solo una estaba cubierta parcialmente por escamas, mientras la otra poseía agujeros en la deformada piel, permitiendo que los huesos se notarán a simple vista.

Para cuando su transformación terminó, Edmond ya había cruzado Cusco, llegando al límite con Ayacucho y Junín, pero no se detuvo.

Ignoraba completamente lo que pasaba a su alrededor.

Casas, edificios, postes, camiones, puentes; cada cosa que se cruzaba en su camino era arrasada por la fuerza del viento, dejando únicamente un rastro de destrucción ordenado entre tantos derrumbes.

El raciocinio de Edmond se vio degradado, el sudor salía por la parte humana de su aberrante cuerpo y era arrasado por el viento; su carne poco a poco fue rasgada, sus músculos humanos se exponían y volvían a cubrirse constantemente mientras avanzaba.

«Puedo llegar… puedo llegar… ¡Debo llegar!

¡Llegaré a tiempo!» Con un único y desesperado pensamiento, Edmond continuó avanzando mientras edificios caían a su alrededor.

No era su culpa, pero tampoco le importaba, solo quería llegar a su destino.

Un día ha pasado; el mediodía llegó otra vez; el sol se halla en su cúspide, pero los edificios caen uno tras otro por el aparente sismo eterno.

Los despertados actuaron tan rápido como pudieron, pero es imposible salvar a todos.

De cada cincuenta personas, tres terminan aplastadas por los escombros de los edificios.

Antes de darse cuenta, la barrera que protegía a los humanos de la gravedad desapareció; las murallas comenzaron a agrietarse por el desnivel de la tierra y los constantes movimientos sísmicos; miles de despertados de atributo tierra se encargaron de mantenerlo estable, pero era imposible.

Faltaba mano de obra.

Edificios cayendo como piezas de dominó es el único escenario ante las personas que solo podían rezar por su suerte; llorando de impotencia al no poder moverse, todos sufrían.

Al tener los físicos más débiles entre los despertados, el cambio en la gravedad era más notorio para los de primer y segundo rango que para los demás rangos.

Otra vez estaba aumentando y sus pasos se hundían en la acera para resistir su propio peso.

Algunos de primer rango tomaron el papel de los no-despertados, apenas eran capaces de mantenerse en pie, pero hacían lo posible por ayudar a los que no lograban levantarse.

El trío fue informado; dejaron de perseguir a Edmond para ir a ayudar.

La situación era un caos; la impotencia de muchos se escuchaba en sus gritos antes de ser aplastados por escombros; algunos habían aceptado su muerte con una sonrisa; otros se negaban, levantándose y cayendo repetidas veces mientras trataban de huir; hasta los animales lo hacían.

Las aves; los perros; los gatos y demás animales sufrían para moverse, muchos muriendo tras caer al suelo de gran altura, o siendo aplastados accidentalmente por despertados apurados en su labor.

Sea quien sea, nadie se salvaba del infierno que había comenzado.

«Ya casi, ya casi… ¡Por favor!» Un extraño rugido resonó en el aire; Edmond avanzaba con la única ala en su brazo impulsándole; los latidos de su corazón eran tan fuertes que cualquiera podría escucharlo si estaba lo suficientemente cerca, pero en ese escenario no había quien tuviera el tiempo o la oportunidad para hacerlo.

Tras media hora, por fin, fue capaz de llegar a su destino, redujo la velocidad drásticamente, causando una ráfaga que lanzó los escombros frente suyo al aire, y comenzó a girar su cabeza hacia toda dirección.

Su deformada nariz se movía ligeramente y sus ojos seguían el flujo de energías en el aire, pero no era capaz de encontrar lo que buscaba.

«Por favor, dime que sigues ahí» — Gr… Gryyy… Las palabras ya no salían de su boca, no era ni un rugido, ni las palabras de un humano.

Sus cuerdas vocales estaban atrofiadas por la malformación, algunas más largas que otras, enredadas o hasta rotas.

La destrucción a su alrededor no era menor.

Ante sus ojos se comparaban las escenas, sus recuerdos felices en aquel lugar, los recuerdos que debió olvidar tras acabar la cuarta prueba, y la triste realidad que le acompañaba.

Los juegos que tanto tiempo le acompañaron, hechos añicos; las casas uniformes, desmoronadas, elevadas junto a la tierra o hundidas; las personas tiradas en el suelo, algunas vivas, otras muertas.

Todo era ignorado por el tembloroso semblante de Edmond tras observarlo por menos de un segundo.

— ¡Mryy!

Encontró lo que buscaba, estaba feliz de que su miedo no fuera real; seguía viva; solo necesitaba sacarla de ahí antes de que algo pasase.

Sin importarle el miedo que su madre podría tenerle por su actual apariencia, se acercó lo más rápido que pudo, repitiendo las palabras «Me alegro que estés bien» que no eran más que fallidos chillidos ante los oídos de otros.

Las lágrimas de alivio brotaron de su ojo y recorrieron su piel humana; estaba feliz.

Aunque difícilmente se notaba, una sonrisa se esbozó en su rostro, su corazón se sentía tranquilo, no iba a repetirse la historia.

— Mryy Bryyy Mientras trataba de llamar a su madre, su cuerpo se congeló; dos segundos después, estruendosos gritos destrozaron los oídos de quienes se encontraban en un radio de cincuenta metros; la mayoría murió al instante, pero era lo que menos le importaba a Edmond.

El abominable cuerpo de apariencia semi dracónica cayó al suelo, al lado de su madre, mientras que lágrimas brotaban constantemente de ambos ojos.

Sus latidos aumentaron exorbitantemente, al punto de desgarrar sus venas por la misma presión.

Si no fuera por la sangre de dragón, podría explotar en cualquier momento.

Su deformada mano humana se acercó al rostro de su madre; desesperadamente trató de comunicarse con ella mientras la sangre recorría sus escamas.

La presión de su sangre fue tal que creó una herida en su espalda.

— Pryy Dryy Sin éxito en comunicarse, sus palabras quedaron en el aire.

Las lágrimas seguían cayendo.

Antes de poder rogar más, un incontrolable grito logró escapar.

Aquellos que milagrosamente sobrevivieron al primer grito, ahora no eran más que cadáveres.

— Porryy Desryy Siguió intentando en vano durante horas.

Sus palabras no eran capaces de salir correctamente, pero aunque lo hubieran hecho desde el principio, serían igual de útiles.

Al final, su madre no podía oírlas.

Debido al miedo de dañar a su madre al acercarse, Edmond redujo su velocidad al mínimo, pero no se esperó que el mundo estuviera en su contra.

Cuando faltaban pocos metros para llegar con ella, el sonido de engranajes oxidados resonó en su cabeza.

Sacudiéndola dos veces pudo deshacerse del sonido, pero cuando levantó la cabeza, lo vio.

Debido a la propia presión de la gravedad, las casas estaban hechas añicos, los galones de gas ya habían explotado, por lo que su madre no corría riesgo alguno.

Pero no esperaba que su suerte fuera tan mala.

La tierra bajo su casa se hundió, la casa detrás se levantó y varios escombros salieron disparados; como una lluvia, golpearon a varias personas, finalizando sus vidas; entre ellas, la madre de Edmond, quien fue atravesada por una pequeña roca en su pecho.

— ¡Ese es!

Antes de darse cuenta, sus gritos y llantos habían atraído a varios despertados de cuarto y quinto rango.

No sabía cuánto tiempo había pasado, tampoco le importaba, sus pensamientos solo estaban llenos de arrepentimiento, de culpa, de impotencia.

No había podido salvar a su madre, ni siquiera tras sacrificar su cuerpo.

«¿Por qué ahora?

¿Por qué?

¡Tenía muchos planes!

¡Quería que te sintieras feliz y orgullosa!

¡Tu hijo no solo podía ver, también sería quien evitaría el desastre de la humanidad!» A diferencia de con su padre, que murió por una enfermedad, Edmond tenía una relación cercana con su madre, quien le contaba sus logros y viajes.

Para Edmond, quien no podía ver, era fantástico; un mundo de ensueño.

Quería devolverle todo el agradecimiento, quería hacerla feliz.

Solamente quería pasar tiempo con ella.

— ¡Tengan cuidado!

¡No sabemos lo que un errante pueda hacer!

— ¡Sepárense en grupos!

— Eres… ¿Ed?

¿Por qué?

— ¡Tú!

Gryyy Mientras Edmond se lamentaba, una voz familiar vino de entre el grupo que lo rodeaba.

Con una amenazante mirada de ira, volteó a ver al dueño de esa voz, encontrándose con el joven de cabellos rojos.

«¡Todo es tu culpa!

¡Si solamente no hubieras encontrado la maldita tumba!

¡Si tan solo tu maldita suerte…!» La tristeza, el arrepentimiento y la soledad en su corazón se tiñeron de rojo ante la aparición de Ethan.

No era un hecho confirmado, pero ante su situación, Edmond consideró que era la única opción.

Si no lo fuera, ¿Cómo explicaría que ambos sucesos ocurrieron a la vez?

Sí, todo era culpa de aquella persona.

— ¡ROAR!

Un verdadero rugido.

La ira acumulada en su corazón salió de desde el fondo de su cuerpo acompañado de sangre.

Sus pulmones no estaban preparados para tal potencia, por lo que explotaron en el proceso, aunque se repararon al instante.

Sus ojos dorados reflejaban la figura de Ethan, quien lo miraba preocupado, era el único que no se alertó por su amenazante presencia.

— ¡Esperen!

Un grupo de despertados, dominados por el miedo, se abalanzaron contra Edmond.

Hielo y rayos aparecieron como hechizos lanzados hacia él.

En respuesta, sacudió su única ala y detuvo los ataques; sus escamas se destruyeron, pero tras pocos segundos otras ocuparon su lugar.

Al ver que sus ataques no hicieron nada, lo intentaron otra vez.

Sacaron pociones de sus inventarios y las tomaron mientras ignoraban las palabras de Ethan.

El miedo era mayor, al punto que todos se unieron contra aquella abominación.

La paciencia de Edmond se desgastaba lentamente mientras enfrentaba la tragedia en sus ojos.

Solo quería irse con el cuerpo de su madre; era más importante que su creciente ira contra Ethan, pero cuando bajó la cabeza, notó la ausencia del brazo derecho de su madre.

— ¡Gryyy!

Con una ira ardiente, dos puntos dorados brillaron sobre su cuerpo, seguidos rápidamente por un tercero, cuarto, quinto y sexto que se repartieron por todo su ser.

Seis meridianos se abrieron de golpe, liberando una intensa luz dorada.

En su boca, una luz más intensa empezó a destellar.

Antes de que los despertados pudieran reaccionar, una llamarada brotó de las fauces de Edmond, envolviendo a la mitad de los presentes, mientras que la otra mitad fue salvada por Ethan, quien sufrió leves quemaduras en el proceso.

— ¡Ed!

¡Detente!

— ¡Gryy!

Las palabras de Ethan solo aumentaron el odio dentro de Edmond.

Un séptimo meridiano se encendió y volvió a escupir la llamarada; esta vez fue totalmente bloqueada.

Un octavo meridiano apareció, un noveno y undécimo.

Las llamaradas aumentaron su potencia con cada meridiano que se encendía, pero Ethan seguía tratando de calmar a su amigo con desesperación mientras bloqueaba cada ataque.

Ethan era consciente que, si no lograba salvar a su amigo ahí, pronto todo el mundo le daría caza; su ubicación se encontraba en la ventana de la misión, así fue como llegó, y cómo llegaron los siguientes.

Si él, como un noveno grado, podía detener sus ataques, entonces uno de los otros despertados extranjeros podría acabar con él fácilmente, era algo que no aceptaría, por lo que tenía que calmarlo, aunque fuese por la fuerza.

— Tryyy.

«Tú, maldita sea.

Deja de hacerte el puto santo» La ira se mantuvo en su cabeza; las llamaradas cesaron, pero los puntos en su cuerpo aumentaron hasta ser veinte; las escamas en su cuerpo brillaban con la luz de la creciente luna.

Una sonrisa se formó en el rostro de Ethan, por fin lo había calmado, estaba cansado de hablar.

— Ven, vamos a casa, arreglemos esto.

— ¡Gryyy!

Con aquellas palabras, la ira de Edmond erupcionó como un volcán.

No lanzó una llamarada, pero el sonido explosivo que se originó llegó a los cuerpos de todos, mandando a volar a cada uno, incluyendo a Ethan, quien sintió su cuerpo hacer contacto con algo sólido.

Sus huesos se destrozaron, muchos despertados murieron y los que no, entraron en bancarrota o deudas con el sistema por méritos.

Aunque ahora les sería difícil vivir, al menos no estaban muertos.

Ethan volteó su cabeza para los lados, las construcciones que antes eran escombros, ahora eran polvo, pero su amigo no estaba por ningún lado.

¿Le había pasado algo?

No lo sabía y le preocupaba que así fuera, pero debía poner sus preocupaciones en orden.

Primero ayudó a los despertados y después notó aquello que Edmond protegía con sus alas.

Las lágrimas cayeron desde los ojos de Ethan; podía ser el más fuerte de los despertados, pero el ver el cuerpo magullado y aplastado, le afectó lo suficiente como para no poder aguantar su llanto.

Cuando Rosa y Vi llegaron, sus ojos rojos ya no podían llorar más.

Ethan se encontraba de rodillas, abrazando el cuerpo de quien consideraba su segunda madre, mientras se imaginaba a su mejor amigo, pasando por la misma desesperación.

Las dos chicas no se atrevieron a hablarle.

Se centraron en despejar el área; ayudar a los heridos y dejar que Ethan se ponga de pie por su cuenta.

Era la segunda vez que lo veían en ese estado; la primera fue en la invasión en Grecia.

En ambas ocasiones sus ojos se encontraron sin vida, lamentando por lo bajo el no haber sido capaz de ayudarles, el no ser más fuerte.

Pero ahora, no era algo que fácilmente pueda olvidar.

Su amigo, catalogado como el primer «Errante» sería cazado a nivel mundial; lo sabían, pero no eran capaces de decirle que hasta sus superiores ordenaron acabar con él apenas lo vieran.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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