Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 19
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Capítulo 19: Capítulo 18
— ¡Por aquí! ¡Dragon-blood!
— ¡Sí!
Con tres cajas en sus brazos, Kolt subió hacia una casa a medio árbol de altura. Aunque eran pequeños saltos, logró ascender los quince metros, apoyándose en las ramas y hojas.
— ¿Qué tal te sientes? ¿Ya te acostumbraste?
— Sigue siendo algo difícil… pero, al menos, puedo ganar un poco de dinero.
— ¡Muy bien! ¡Entonces espero que puedas ser igual de puntual las próximas veces!
— ¡En algún momento seré más puntual que nadie!
Con un falso grito de alegría, Kolt se deslizó desde lo alto del árbol hacia el suelo, pasando por las mismas hojas que había subido. Con los pies en la tierra, soltó un suspiro y comenzó su carrera a través de las desiertas calles, llevando en su espalda el paquete que le quedaba.
El día anterior, tras interrumpir la aventura del dragon-blood a la mitad y dejar a los pequeños con curiosidad, Kolt sonrió ante la buena noticia que Phenjary le trajo: El servicio de entregas carecía de personal debido a permisos y cambios entre las sucursales, por lo que no tuvo dificultades en ser contratado. Ahora, por las mañanas se encargaría de las entregas y en la tarde asistiría en el orfanato.
— El encargado de esta zona no está disponible, sus hijos acaban de nacer, por lo que el ritual todavía sigue en pie.
— Comprendo, pero ¿Cualquiera puede llevarlo?
— No cualquiera puede, pero en este momento, eres la única opción. Los demás se niegan.
— Entonces no hay problema. Mientras no haya víboras gigantes.
— Para nada. Pero la persona es un poco excéntrica. — mencionó el Noxillum antes de bajar su voz — Existe el rumor de que si le caes mal, tendrás mala suerte por varios años.
— Comprendo. Entonces voy para allá.
Debido a su urgencia por las hojas de grukz, Kolt pidió, con vergüenza en su rostro, un adelanto de su paga, a lo que el encargado accedió a cambio de que llevara el paquete sobre la mesa.
Kolt tomó el paquete, y la esfera negra a su lado, antes de partir. Todavía tenía un par de horas antes de que el sol llegase a la cima, así que su primer destino fue la calle comercial.
— ¡Hierbas mágicas, lleve sus hierbas mágicas!
— ¡Nueva apertura! ¡Solo por hoy! ¡Carne de Pedragarto a una plata el saco!
— ¡Apuestas de piedras! ¡Pruebe su suerte con las piedras!
Similar a los mercados humanos, la calle comercial de Allbik se compone por decenas de locales que abren y cierran con el sol. A pesar de eso, los diseños de cada local es minimalista o simplista para el ojo humano, pero, para los habitantes de Allbik, las pequeñas piedras de tenues luces eran signos de prosperidad y decoración pura.
No se puede confundir la falta de recursos con la simplicidad que estos comercios tienen. Si quisieran, podrían estar compuestos de oro puro y las piedras más caras que tuviesen, pero esa era una opción públicamente ignorante. De nada les serviría tener cincuenta pisos o luces capaces de cegar a las especies solares si su objetivo era llegar a la mayor cantidad de clientes. Los comerciantes no eran tontos y sabían que, a menor detalles, más podría llegar a las especies nocturnas, lo que trajo consigo un tácito acuerdo.
Mientras se dirigía hacia la herbolaria, Kolt notó un cartel con dibujos de rocas en la entrada de uno de los tantos locales: La zona de apuestas de la primera ciudad.
En los pequeños mostradores exteriores, o en los cajones de madera, se pueden observar decenas de piedras oscuras que provienen de las minas. Pulir piedras como esas, que no superan el tamaño de una mano, para no obtener resultado era un desperdicio para muchos, pero eso no significaba que la posibilidad de obtener algo sea nula. Debido a esto, surgió la idea de llevar las piedras sin pulir a locales específicos y ofrecerlas a precios accesibles, lo que pronto se transformó en un éxito.
— ¡WOOOOOOH!
— ¡Felicidades! ¡Es una piedra espiritual de bajo rango!
— ¡Intenta ganarme!
— No puede ser…
— ¡Ja! ¡Entonces es mi…!
— ¡Felicidades! ¡Una piedra espacial! ¡Y por su color parece ser de calidad media!
— ¿Decías algo?
Una competencia. No es raro ver a las diferentes especies competir entre ellos por su suerte o alguna disputa personal. Algunos tienen la costumbre apostar cuando no consiguen llegar a un acuerdo: El ganador se lleva las piedras obtenidas, mientras que el perdedor debe disculparse. En este caso, el joven lagarto perdió ante el joven Noxillum, quien alzaba su mentón con orgullo.
— Seis de bronce, por favor.
— ¿No te parece que es mucho?
— Supongo, es un encargo que me dieron.
La anciana Twars colocó una bolsa de cuero sobre el mostrador. Kolt dejó las seis monedas al lado de la misma y ambos tomaron lo suyo.
— ¿Tendrá savia roja?
— ¿De grukz?
— Se me olvidaba que la savia de los grukz se tornaba roja. — susurró — Me refiero a la savia de hongo de sangre.
— ¿Hongo de sangre? ¿Quieres ser un guerrero?
— Algo así.
— Dos de plata la botella.
— ¿Dos? — Kolt hizo una mueca de desagrado — Deme dos.
— Un placer. — La anciana sonrió con amabilidad.
Tras tomar las botellas, tan grandes como dos dedos, Kolt pagó por ellas y se marchó. En su interior sabía que quería quejarse, pero su cuerpo no reaccionaba. Las hojas de grukz seguían haciendo efecto.
«Cuatro monedas de plata» pensó.
Las botellas que acababa de comprar no debían de tener más de tres gotas cada una y su paga se había esfumado casi por completo. Es gracias a que come junto a los niños del orfanato y duerme en una habitación dentro de la posada que el viejo Ark le recomendó. En las noches, antes de dormir, se sentía mal por aprovecharse de esa amabilidad, pero no podía evitarlo, cinco monedas de plata al mes no era una mala paga, pero tampoco es lo suficiente para sus necesidades.
— Me faltan 127… Qué difícil.
Un pesado suspiro escapó desde lo más profundo de su ser. Los tres meridianos trabajaban sobre su cuerpo para aumentar su velocidad, aunque fuera un poco, pero más que felicidad, envolvía su corazón en capaz de complicados sentimientos, atadas por las cadenas de pensamientos que razonaban sobre cuánto se demoraría en cruzar hacia la siguiente fase.
Kolt guardó la esfera en su bolsillo derecho tras comprobar la ubicación; frente a él se encontraba una casa muy extraña. A diferencia de las construcciones de madera que abundan en Allbik, esa casa de dos pisos parecía hecha de gigantes escamas, haciendo que uno se cuestione si eran reales o solo tallados.
— Tok tok.
Usando sus nudillos, Kolt tocó la puerta sin recibir respuesta alguna. La casa carecía de ventana por la que observar el interior, por lo que solo podía volver a tocar mientras esperaba. Cuando estaba por tocar la puerta por tercera vez, una sofocante enredadera de ira escaló desde lo profundo de su estómago hasta su garganta, ahogándola con una hoja de grukz que sacó de la bolsa en su cintura.
Con un ligero suspiro teñido en duda, se dio una idea de por qué los repartidores no querían cruzar por esa zona: esperó durante media hora antes de notar como, cuando estaba por retirarse, la puerta se abrió levemente, revelando un brillante ojo entre la oscuridad.
— Te estaba esperando, Edmond.
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Acababan de mencionar su nombre, pero ¿En qué momento él lo dijo? Estaba seguro que nunca. Si alguien lo sabía, debía ser humano, lo que creaba otra inconsistencia. Antes de poder reaccionar y preguntar, Kolt fue interrumpido por la voz, que lo dejó con la boca a media palabra.
— No soy humana, si eso te preguntas. — Una extraña risa se le escapó — Todavía falta para que exploren estos lares.
— Usted… ¿Acaso…?
— Pasa.
La puerta se abrió bruscamente y una mujer de avanzada edad apareció. Con la piel arrugada, cabello alborotado y uñas largas como garras, cubiertas por una túnica escarlata. Su aspecto evocaba en cualquiera la viva imagen de una bruja, o un personaje de ultratumba, con una nariz ausente y piel que se derretía por el lado derecho de su rostro.
La mujer condujo a Kolt por los intrincados pasillos, llegando hasta una enorme mesa circular, donde una esfera mágica destacaba en su centro. Sin consideración aparente, tomó asiento y dejó a Kolt de pie frente a ella.
— ¿Quién eres? — Kolt no se anduvo con rodeos.
— Mi nombre es irrelevante para tus oídos. La verdadera cuestión es «¿Qué haces acá?»
— ¿Cómo llegué? Solo vine a entregar un paquete.
— ¿Entregaste un paquete a la tierra de los Noxillum? — Preguntó con sutil sarcasmo
— No sé cómo llegué acá. — el tono de Kolt perdió su ligera calidez.
— ¿Estás seguro de eso? ¿Entonces para qué son las hojas de grukz? ¿O debería preguntar por qué un humano posee escamas de dragón? — La mujer lo cuestionó, demostrando que sabía las respuestas.
— Esto es… — Kolt dudo, no tenía una excusa.
— Sé la respuesta — La mujer interrumpió.
— ¿Entonces? — Kolt se impacientó.
— Edmond Riviera. Te arrepentirás de tus decisiones. — Afirmó con sinceridad.
Ante la declaración, Kolt soltó una forzada risa. Ambos sabían que fingían, pero optaron por no mencionarlo. Para Kolt, la frase sonaba como las típicas palabras que el villano de una serie genérica diría antes de ser derrotado por el héroe. Le provocaba repelús.
— ¿Cómo sabes que me arrepentiré? — Hizo una pausa — Y aún no me has dicho como sabes mi nombre.
— «Heredero del tiempo»
Edmond se quedó en silencio. Un título tan importante acababa de ser mencionado sin titubeo. Si esa mujer era la heredera del tiempo, entonces estaba frente a quien conoce los del mundo, una figura muy apegada al concepto de Dios. Tras un momento de reflexión, la incredulidad surgió en su rostro.
— Si eres una «Heredera del tiempo», ¿por qué decirme que me arrepentiré? Ya deberías saber con lo que cargo.
— Lo sé, pero debes conocer las reglas. Los «Destinos absolutos» están grabados. — Aclaró.
— «Quien intente cambiarlo, solo lo estará apresurando» Sí, escuche sobre eso. — Edmond asintió, recordando la frase.
— Entonces sabrás que poco puedo decir. Todo lo que diga ya está grabado en el tiempo. — hizo una pausa — Será mejor que vayas a la quinta ciudad.
— No tengo alternativa, ¿verdad? — suspiró resignado.
— En algún momento tendrás que ir, ¿no es tu objetivo reclutar a la quinta princesa?
— ¿La princesa estará en la quinta ciudad? — preguntó incrédulo.
La mujer simplemente sonrió.
— ¿Cuándo? ¿Dónde? — insistió.
— Ve tan rápido o lento como quieras. Ya envié un paquete para la quinta ciudad, eres el único que puede llevarlo. — Explicó, juntando sus manos — Los eventos absolutos están escritos, no importa lo que hagas, llegarás al lugar indicado en el momento indicado.
Edmond guardó silencio varios segundos. Las ideas pasaban por su mente una por una, descartando las preguntas que no podía hacer y las que sí. A ese paso, tardaría otros diez minutos. La mujer levantó su mano izquierda y señaló al techo. Un cuadro oscuro se iluminó, revelando un extenso y detallado mapa del bosque que separaba la primera y quinta ciudad.
— Te preocupas por llegar a tu objetivo. Mientras lo sigas lo harás. — Aseguró.
— Me llevará décadas ¿Y si para ese momento ya se vuelve una deidad?
— En tu camino a conocer a la quinta princesa, notarás que el día que tanto anhelas llegará antes de lo pensado.
Kolt se despidió tras unas pocas palabras. Aunque no lo dijo explícitamente, la mujer le había asegurado que conseguiría su venganza, causando que una fresca sensación recorriera su cuerpo al saber que podía tomarse las cosas con calma.
En los próximos días, Kolt se aseguró de informar al orfanato sobre su partida. El tiempo que convivieron fue breve, pero los pequeños aclamaban querer escuchar más historias, mientras que otros admitían haberse encariñado por los divertidos momentos que pasaron.
Una semana después, Kolt se despidió de los guardias en la entrada de la primera ciudad. Descubrió que Ark se había ido un par de días atrás a las minas, dejándole un mal sabor de boca. Quería despedirse, pero, por su trabajo, recién podía partir.
Su viaje comenzó atravesando el gran bosque. Un bosque conocido desde la altura, ya lo había visitado varias veces en su vida pasada, pero ahora que no era capaz de sobrevolarlo, le era difícil ubicarse entre los cientos de árboles idénticos. Para su suerte, no muy lejos de donde estaba había una carretera, que dejó de seguir tras un par de kilómetros. Su objetivo principal fue llegar rápidamente a la quinta ciudad, pero se desvió, apenas encontró un hongo rojizo, que lo llevó a perderse antes de que se diera cuenta.
«Aunque estoy perdido, vale la pena» pensó mientras el sudor caía de su rostro.
Los meridianos en su mano derecha y hombros brillaron a través de su ropa, señalando la sobrecarga que experimentaban al recolectar energía del entorno. El tono rojizo que despedían los tres puntos indicaba que la savia del hongo de sangre estaba cumpliendo su labor.
Los hongos de sangre crecen absorbiendo la energía del entorno, tomando la energía predominante como principal y transformando las otras en impurezas. Aunque son un buen material para acelerar la apertura de meridianos, la cantidad de impurezas que poseen son exageradas. Un cultivador en la etapa de Alma Naciente no tiene problema con estas impurezas para Kolt, que sigue en la etapa de apertura, era cavar su propia tumba. Kolt era consciente de esto, pero, cada vez que se encontraba un hongo de sangre, lo devoraba de un bocado sin pensarlo. La única excepción eran aquellos que tenían la cabeza en forma de trébol con más de tres manchas verdes o azules.
En cierto momento, mientras saltaba de rama en rama, su pie derecho falló, haciendo que cayera al suelo. Sin embargo, estaba preparado y llevó sus brazos frente a su rostro. Su ropa apenas se rasgó, pero su piel se había separado, aunque comenzó a curarse rápidamente gracias a la sangre de dragón.
Sacó uno de los frascos de la bolsa de cuero y, retirando la tapa, se tomó el contenido. Su cuerpo empezó a fallar a un ritmo acelerado: sus latidos se ralentizaron, los brazos perdieron fuerza y su visión era cada vez más borrosa. Pero la sonrisa en su rostro se mantuvo mientras evitaba que su consciencia colapsara. Con un gran esfuerzo, se puso en pie y dio una gran bocanada de aire.
Comenzó a moverse e imágenes inundaron su mente una tras otra. Estas pertenecían al conjunto de técnicas llamado «Revolución de reyes».
Los movimientos que luchan contra la naturaleza, por la intención que desprende, le fueron compartidos por un viejo amigo, un mono cian que le arrebató su voluntad al mundo. Apareciendo en primera instancia bajo el nombre de «Manual de la supremacía del revolucionario Rey mono», fue una técnica creada tras reconstruir sus propias bases mil y un veces, esparciendo el rumor de que se apropiaba de la fortuna del mundo, yendo contra la naturaleza del mismo.
A diferencia de otras técnicas de cultivo, la «Revolución de reyes» ofrece mayores beneficios, pero sus requisitos también son mayores. Entre ellos, la necesidad de una energía extrema, que se obtiene cuando el sol y la luna se encuentran en sus respectivos picos, era lo principal, aunque Kolt no le daba importancia. Su verdadera molestia se encontraba en que, a pesar de los beneficios de esta técnica, su progreso era extremadamente lento, llegando solo a la apertura del tercer meridiano. Mientras el sol llegaba a la cima, Kolt meditó unos segundos sobre el motivo, llegando a la conclusión de que la sangre de dragón que ingirió era la causa de su problema.
— Qué estúpido fue.
Con ligero suspiro, su temblorosa mano fue a su bolsillo y mordió con dificultad la hoja de Grukz que sacó.
— De por sí es una sorpresa que no perdiera mi conciencia original.
En el momento que el sol llegó a su punto más alto, sus manos eran casi imperceptibles para Kolt. La savia roja había entumecido casi todo su cuerpo y solo era capaz de sentir su cuello y parte de su boca y su visión estaba completamente nublada.
Kolt estaba frente a una muerte indolora, pero, tras usar las técnicas de «Revolución de reyes», las impurezas fueron expulsadas como petróleo de su cuerpo, permitiendo que el cuarto y quinto meridiano se abrieran. Fue una gran sorpresa para él mismo ¿Había comido más de veinte hongos de sangre sin darse cuenta? Aunque no los había contado, estaba seguro de que los dedos en sus manos superaban la cantidad de hongos que había encontrado. La única respuesta era el qi del entorno; por desgracia, no se atrevía a utilizar su ojo izquierdo para revisar. La última vez que lo hizo, se expuso a un gran conjunto de energías que lo lastimaron como un láser apuntado directamente a su ojo.
Cuando su tiempo se acabó, la pegajosa sustancia oscura se deslizaba desde su frente hasta sus piernas. Los pocos animales a la vista escaparon, incluidas las bestias mágicas, por el fuerte hedor que desprendía. Tras recuperar su olfato, Kolt casi se desmaya por su propio olor, lo que lo llevó a buscar rápidamente un lugar donde bañarse.
Durante varios minutos espantó bestias y animales, hasta que pudo encontrar un arroyo, al que se lanzó para lavarse. Cuando salió, el arroyó mostraba una oscura corriente alejándose a lo lejos, con peces inertes flotando a la vista.
Los siguientes quince días, repitió el proceso con las incontables hierbas que había guardado, lamentándolo en los momentos que el efecto de las hojas de Grukz se debilitaba.
— Con un cuerpo alquímico sería más efectivo, aunque fuese el Destrozado Cuerpo Alquímico. No tendría que depender de mi estómago para eliminar todas las toxinas.
Las técnicas de la revolución eran capaces de expulsar las impurezas del cuerpo sin problemas, pero, a cambio, la mentalidad del practicante se volverá inestable, aunque para Kolt, que depende de las hojas de Grukz para mantener su mente estable, no le era algo a considerar. Aun así, no está en sus planes arriesgarse a tener un revés tras superar su problema con la sangre de dragón, tampoco pensaba en depender toda su vida del Grukz así que su objetivo más próximo era el volverse alquimista y conseguir un horno alquímico.
Al cabo de unos días, se perdió. La parte oscura del bosque se le hizo conocida, pero no recordaba el porqué. Al inicio algunos animales le atacaron, luego grupos de bestias le obligaron a despedirse del suelo y moverse por las copas de los árboles. Aunque las bestias mágicas no le atacaban, su número iba aumentando mientras más se adentraba.
— Una verdadera Planta Especial.
Kolt encendió los meridianos de su cuerpo. Haber llegado a ocho le permitió conectarlos por la fuerza, creando una vena de Qi temporal que, aunque no podía usar técnicas marciales o absorber el qi del entorno, le permitía cubrir su nariz y piernas con qi, para esconder el sonido de sus pasos y respiración.
Varias decenas de metas de metros después, una brillante luz captó la atención de Kolt en la oscuridad. Rodeada por diez toros de exagerados cuernos y colas dobles, una pequeña planta de diez centímetros cargaba una abultada fruta en su corola. Kolt soltó una ligera sonrisa ante el descubrimiento. Aquella amarillenta planta de verdes, similar a la pitahaya en forma, era una fruta espiritual de más de cien años.
Kolt al principio se preguntaba como aquella planta podía existir, pero tras pensarlo un momento, se dio cuenta de la respuesta.
— Esta tierra es una parte asimilada, no hay otra respuesta. — Afirmó. — Y por su apariencia, terminará de madurar en cualquier momento. Quizá en dos o tres horas, considerando que la última línea es casi del mismo tamaño que las otras.
«A esto se refería» pensó antes de masticar una hoja de grukz.
Kolt No quería sufrir un cambio de temperamento mientras esquivaba a los toros. En un caso cualquiera, pensaría dos o tres veces si ir o no por la fruta; su salud física era lo más importante, ya que solo tenía un par de hierbas curativas; pero esa fruta era todo menos una fruta cualquiera. Conocida como la «Fruta del Destino Celestial» o «Hija del cielo», es una fruta especial extremadamente rara.
— Por lo menos debe de esperarse seiscientos años para que se produzca una y la energía caótica debe ser abundante. Aunque me parece raro… La tierra no tiene tanto… — Kolt lo pensó durante un momento y llegó a la conclusión. — Asimilación, eso lo explica.
Kolt observó detenidamente la fruta, hasta que comprobó que aquella era una fruta espiritual.
— Ya que el qi no es la única energía existente, me temía que no fuera una fruta espiritual, por suerte sí lo es.
Debido a la diversidad de energías caóticas, la misma fruta tiene variantes, alineada a cada energía. Por lo mismo, es posible que esa fruta se alimentara del maná o esencia vital de bestias mágicas. La función se mantiene, pero el efecto varía, causando que se vuelva un tesoro para unos e inútil para otros.
Las líneas verticales en la fruta demostraban que era una fruta espiritual, que fue nutrida únicamente con qi. Si fueran horizontales sería maná y diagonales marcarían la energía vital.
Antes de que se diera cuenta, la hora llegó y la fruta estaba a minutos de madurar. Los toros se pusieron de pie y un aura de muerte se alzó con ellos; en respuesta, las bestias que aún estaban cerca se alejaron varias decenas de metros más.
Las cinco bestias mágicas comenzaron a embestir unas contra otras; mordiendo, clavando sus cuernos, pisando y arrancando notorios pedazos de carne de los demás. A pesar de que a los ojos humanos no fuera más que una burda pelea de animales; el mensaje que transmitió fue el de un combate clandestino, donde solo uno de ellos saldría vivo. Kolt comprendía el mensaje, pero no le importaba en lo más mínimo.
Al inicio fueron amables entre ellos, pero mientras más se acercaba el momento indicado, sus movimientos fueron más bruscos. Motivados por el dulce y creciente olor que desprendía el casi maduro fruto, las bestias ignoraron su propia seguridad, sacrificaron patas, cuernos y hasta un ojo por acabar con los demás mientras soltaban bufidos de dolor y odio.
Aunque la «Fruta del Destino Celestial» no destaca realmente por su tiempo de maduración o crecimiento, su atractivo radica en la capacidad de aumentar el potencial de una persona o dotar de inteligencia y poder a las bestias mágicas. Claro, las últimas no son conscientes de ello, pero sus instintos los llevan a luchar sin importar su vida por la oportunidad.
— Si tuviera los materiales para la píldora de potencial podría guardar la fruta, pero son igual y más difíciles. Solo puedo consumirla directamente.
Las bestias mágicas obtienen mayores beneficios al ingerir directamente las frutas especiales, pero con la «Píldora de potencial» podría suplir la deficiencia y conseguir mayores ganancias, pero los materiales extra que necesitaban eran tan fácil de conseguir como lo fue para la humanidad ir al espacio en la época medieval.
— Y para cuando reúna todos los materiales, la fruta ya habrá perdido sus efectos.
El resultado quedó claro con la caída de dos toros; el de la marca de rayo a un lado fue el ganador y los que quedaban tenían cuernos destrozados y patas que en cualquier momento se separarían de sus cuerpos. El toro marcado se lanzó contra los restantes cuando el dulce olor de la fruta explotó, abarcando varios kilómetros, anunciando su maduración.
Kolt encendió los meridianos en su cuerpo, dirigiendo el qi a sus pies para aumentar su velocidad y lanzarse hacia el fruto; los toros reaccionaron a su repentina aparición, pero no fueron tras él. En el momento en que un lado desviara su atención, sería aplastado por el otro, lo que le permitió a Kolt llegar sin dificultad al fruto, tomándolo sin cuidado antes de huir.
— Buff
Los toros, que estaban a pocos metros de golpear sus cabezas entre ellos, se detuvieron en seco. El toro marcado bufó con fuerza y los otros dos asintieron con dificultad, comenzando a perseguir al ladrón.
— Son más inteligentes de lo que pensaba.
Con varios saltos, Kolt subió rápidamente al árbol más cercano. Engulló el fruto de un bocado y escapó de los toros, saltando de árbol en árbol. Sabía que, si se detenía, terminaría como los árboles que estaba dejando atrás, destruido por los toros sin compasión.
Los toros superaban fácilmente a Kolt en velocidad, pero gracias a que cambiaba de dirección momentos antes de ser alcanzado, no eran capaces de atraparlo, alejándose en embestidas decenas de metros antes de corregir su rumbo. Tras un par de horas, el último toro, el de la marca de rayo, cayó rendido por las graves heridas de su cuerpo, lo que permitió que Kolt se escapase.
— Maldición.
Kolt escupió sangre mientras se sentaba en una de las ramas más altas. Aunque no había sido golpeado por los toros, la energía bruta del fruto golpeaba su estómago constantemente, lastimándolo, por lo que comenzó el proceso de absorción lo más rápido que pudo. Tomando una posición de loto, Kolt guio la energía desde su estómago hasta el resto de su cuerpo, siguiendo el camino de su sangre; como resultado, un aura dorada rodeó su cuerpo.
Durante las ocho horas que le tomó a Kolt absorber los efectos del fruto, una bestia similar a los cuervos arrancó y se alimentó de los pedazos de su hombro tras notar que Kolt no reaccionaba. Si no fuera por la regeneración de la sangre de dragón, su hombro y huesos hubieran desaparecido desde el inicio, aunque eso no ocultaba la montaña de carne que quedó a los pies del árbol. Cuando Kolt abrió los ojos, tomó a la bestia, aplastándola y lanzándola lejos.
— Si no fuera porque tuve que escapar, los efectos hubieran sido mayores. Aunque los beneficios siguen siendo enormes, puedo sentir que mi potencial casi se ha duplicado.
Kolt se puso de pie, estirándose, cuando casi se resbala.
— Mi cabeza… No sabía que absorber la fruta directamente causaba dolor de cabeza. — Kolt llevó su mano a su frente — Supongo que se debe a mi falta de fuerza, pero sigue siendo molesto este dolor.
Kolt llevó su mano a la parte baja de su nuca. Durante la absorción, sintió que algo andaba mal, pero al no descubrir que era, solo aceptó la incómoda sensación. Tras un par de respiros, se puso de pie; estiró sus brazos y dio varios saltos pequeños hasta sentirse mejor, luego bajó del árbol y buscó con la mirada a los toros.
— Al menos sabe cuando una batalla no tiene sentido. Sería complicado si me buscaran por venganza. Agradezco que no. — Comenzó a estirarse. — Pero bueno, mejor me apuro en llegar a la quinta ciudad.
Cuando la ciudad fue visible para Kolt, un pesado suspiro se escapó de sus labios. Estaba cansado por los días de viaje.
Debido al fruto, los efectos secundarios de forzar una vena de qi se demoraron en aparecer, pero fue un martirio para Kolt cuando lo hicieron. Su cuerpo estaba adolorido y su única fuente de alimento eran las plantas que encontraba en el camino; sumado a las pocas horas de sueño nocturno, los días se hicieron eternos. Kolt se sentía fastidiado de haber caído mareado o exhausto en más de una ocasión, era claro que su mente y cuerpo no estaban en sincronía.
Al llegar a la entrada de la ciudad, Kolt presentó el pase de entrega, sin él y el paquete, tendría que pagar por su entrada. Los guardias agradecieron a Kolt por su trabajo. Ellos sabían que el camino era largo y peligroso, por lo que era un trabajo noble a los ojos de cualquier noxillum.
Conocida también como la Capital Noxillum, la quinta ciudad se diferencia de las otras ciudades en su interior. Mientras más se aventura uno, más diferencias encuentra al compararla con las otras ciudades: los edificios están hechos de piedra y caliza; solo pocos árboles estaban habitados y la cantidad de especies diferentes era menor, pero la frecuencia con la que uno se cruza con un guardia es diez veces mayor.
Kolt tuvo que caminar varios minutos para encontrar la posada más cercana; quería entregar el paquete, pero el intenso sudor y los jadeos que parecían no cesar no se lo permitieron. Durmió durante más de un día, despertando antes de que llegara el alba y fue a completar la entrega.
— Muchas gracias por todo.
— Es parte del trabajo.
Kolt se despidió con una sonrisa y el viejo lagarto cerró la puerta.
Mientras caminaba hacia la plaza, tambores y trombones llamaron la atención de Kolt, la llegada de alguien importante estaba siendo anunciada. Kolt no sabía de quién se trataba, pero cuando recordó a la anciana, la respuesta se aclaró.
— ¿A esto se refería con encontrarme con la quinta princesa? Sí que es algo inesperado para mí
Estaba lejos de la plaza exterior, pero si se apuraba podía llegar en poco tiempo, así que comenzó a correr, pero a los pocos pasos se detuvo abruptamente, casi cayendo al suelo.
— ¿Te encuentras bien? — Un joven Noxillum se le acercó
— ¿Qué pasó?
— ¿Está enfermo?
— Llamen a los guardias
Las personas alrededor voltearon a verlo preocupados, el charco de sangre que Kolt escupió era más grande que su propia mano.
— Estoy bien, estoy bien, es solo una vieja herida.
— ¿Estás seguro?
— Sí
Kolt no podía hacer más que inventarse una excusa. Aunque no era común, tampoco era raro que un joven tuviera heridas internas. Tras unos minutos demostrando que estaba bien, el noxillum continuó su camino.
— Maldición. — Murmuró. — No esperaba que este fuese un efecto secundario.
Era la primera vez que Kolt creaba una vena de qi. Antes de su retorno, había escuchado de personas que forzaron la creación de venas de qi, pero nunca había escuchado de los efectos secundarios de hacerlo.
Llevando su mano derecha a su pecho, lo apretó ligeramente. Sus meridianos estaban erosionados, lo que ocasionó que apretara los dientes de manera inconsciente. Sabía que la sangre de dragón los arreglaría, pero no estaba seguro de cuánto tiempo sería necesario. Fastidiado, continuó su camino a paso tranquilo, por lo que llegó a la plaza a mitad de la presentación.
En la plaza, sobre una tarima, cinco personas se encontraban de pie: una mujer noxillum y cuatro noxillum armados con armaduras ligeras, hechas a base de cuero de bestias mágicas.
La mujer hablaba con calma, pero su voz resonaba con la fuerza suficiente para que cada uno de los cientos de espectadores pudiera entender hasta la última de sus palabras.
— Como se ha prometido, a partir del siguiente mes, las nuevas reformas para la zona exterior de la quinta ciudad comenzarán. Primero comenzaremos renovando las viviendas del lado sur y… — la noxillum continuó durante varias decenas de minutos. — Así que no se preocupen, porque yo, la cuarta hija del actual rey Noxillum, Nox ti Jerken, se encargará de que todo se cumpla.
— ¡Viva la cuarta princesa!
— ¡Larga vida a la joven princesa!
Las alabanzas estallaron con gran vivacidad, acompañados de pequeños comentarios felices y cotilleos, para despedir a la princesa que se retiraba.
— Por fin, aunque hubiera deseado que la zona norte fuera la primera
— ¿Estás loco? La zona norte ahora mismo es zona muerta
— Por eso mismo. Si comenzara por ahí, entonces habría más terreno para expandir mi negocio.
— Parece que no te has enterado. La mitad de los guardias del Rey están ahora mismo en la zona norte. Debido al gran cañón de la muerte, la zona norte está en constante conflicto con las bestias mágicas,
— ¡He escuchado que hay hasta monstruos!
— ¿Monstruos? No puede ser cierto.
— He escuchado que el amigo del gerente del gremio de aventureros fue por un encargo y vio de primera mano a un guardia de élite enfrentarse a un monstruo.
— No puede ser cierto… Entonces tiene sentido que la joven princesa no haya mencionado nada sobre el territorio nor…
— ¿Joven princesa? — Kolt interrumpió la conversación con clara confusión en su rostro.
— Claro. La cuarta y más joven de las hijas del rey Jerken, Atilla.
— ¿La princesa más joven no es la quinta princesa?
— ¿Quinta princesa? El rey Jerken nunca tuvo una quinta hija. Es más, no hay registros de algún linaje con más de cuatro hijos en Allbik…
— ¿Es verdad? Entonces fui engañado…
Chasqueando su lengua, Kolt se alejó; el grupo se lamentó la estafa por la que el joven había pasado, pero él no tenía oídos para escuchar sus palabras.
— ¿No hay una quinta princesa? ¿Entonces ella nunca dijo la verdad? No, puede ser diferente, quizá no sea esta tierra, quizá fuese otra tierra… — Kolt detuvo sus pasos — Espera ¿Siquiera había otra tierra? — Un fuerte pitido resonó en su cabeza, interrumpiendo sus pensamientos — Urk.
No pudo continuar con sus pensamientos, mientras más intentaba razonar, mayor era el pitido, al punto que decidió dejar de lado sus pensamientos. Al parecer, la erosión en sus meridianos fue mayor a lo que había calculado.
— Pero no consigo comprender algo… ¿No dijo la heredera que me encontraría con la quinta princesa? Cómo es posible que…
— ¡Cuidado! — Una estruendosa voz sacó de su pensamiento a Kolt.
— ¡Esquiven eso!
— ¡Rosa, reacciona!
— ¡¿Cuánto te falta, Wise?!
— ¡Ya casi está listo!
Wise, quien reunía maná en sus dagas, se encontraba diez metros detrás de Vi. A pesar de ser un repartidor de daño, tenía que cargar su habilidad para poder utilizarla, por lo que Rosa se encargaba de proteger a Vi y a él, lo que le dificultaba el trabajo. Ethan, por su parte, se enfrentaba uno a uno contra la serpiente de escamas negras.
En una situación normal, Ethan no necesitaría más de tres respiraciones para acabar con la serpiente de veinte metros, pero debido a la prolongada batalla contra las decenas de bestias, su maná se había agotado casi por completo y sus habilidades estaban inhabilitadas en su mayoría.
— ¡Ya está! ¡Señorita Rosa, apártese!
Gracias a la concentración de maná, el par de dagas se transformaron en dos largas y llamativas lanzas electrificadas; Rosa se impulsó contra uno de los tantos escombros que volaban en su dirección, dando paso libre a Wise, quien arrojó las lanzas a gran velocidad. Estas, acompañadas de un fuerte estruendo, atravesaron el herido cuerpo de la serpiente antes de que ella pudiera reaccionar, dejando un agujero en su cuerpo. Ethan se encargó de evitar que el cuerpo aplastara el carro de cuero que estaba cerca, enrollándola mientras caía.
— Fiu… — Rosa suspiro de alivio.
— ¡Por fin terminamos!
— Ni que lo digas, pensar que tantas bestias han surgido desde el segundo terremoto.
— Siento no haber podido hacer mucho…
— ¡Relájate Wise! No es tu culpa, no hubiéramos pensado que las oleadas de bestias se intensificarían tanto esta vez. — Ethan trató de animarlo, dándole una gran sonrisa. — De cualquier manera, si no fuera por eso último, estaríamos mucho más tiempo aquí.
— Exactamente. Tuviste un papel muy importante esta vez. — añadió Vi, quien se acercó a acariciar la cabeza del chico.
— ¿En serio? Me alegro. — Wise soltó una pequeña y tímida risa.
— ¡Ethan, Wise, Vi! — Rosa, quien se había alejado, volvió con un móvil negro en la mano. — Un mensaje de los superiores, dicen que en un par de días por fin terminarán la nueva barrera.
— ¿Por fin? Se han demorado mucho, no hemos tenido un descanso en meses. — bufó Vi.
— ¡Ya era hora! Lo primero que haré será visitar a la tía.
La conversación siguió durante unos minutos. Varios despertados de tercer rango salían y entraban a las murallas, cargando grandes carros de madera que contenían los cadáveres de las bestias. Aunque las oleadas eran una gran amenaza, traían grandes beneficios para los despertados y personas comunes tras superarlas.
El terremoto ocurrido semanas atrás marcó el inicio de la escasez de [Suero de despertar]. Los pocos despertados de séptimo rango pasaron de conseguir fácilmente dos sueros mensuales a uno, si tenían suerte, y cada vez se volvía más difícil debido a que el precio aumentaba con cada compra. Esto trajo consigo una drástica disminución en la tasa de nuevos despertados, pasando de dos mil despertados mensuales a poco más de trescientos. Vi y Rosa se lamentaron al saber que posiblemente apenas se reunirán tres dígitos de sueros.
Tras finalizar la construcción de las murallas, Perú ya no era un solo país unido, era un conjunto de cúpulas interconectadas y resguardadas por despertados de sexto y séptimo rango. Viajar de un lugar a otro ahora era casi imposible para las personas y solo los despertados que superaban el tercer rango eran capaces de salir sin ser aplastados por la gravedad.
Ethan pasaba sus días de descanso con su familia, pero ese día, como todas las semanas, visitaba las ruinas de lo que una vez fue su casa. Parado entre los escombros, planteaba en voz alta reconstruir el lugar para hacerlo habitable otra vez, ya había comprado el terreno con anterioridad y construyó varias tumbas para las vidas perdidas, pero la que estaba frente a él era especial. Su tía, como él la llamaba, yacía bajo esa lápida de piedra.
— Desde ese día no hay noticias de Ed. — mencionó con una melancólica sonrisa en su rostro — Pude calmar a las personas de buscarlo, la repentina oleada de bestias ayudó a que lo olvidaran, pero…
Una ventana surgió frente a Ethan.
— Este recordatorio lo hace difícil. — Suspiró. — Pensar que Ed se volvería un errante… Pero no consigo entenderlo, era claramente un despertado. No mostró ningún cambio, yo mismo le del suero ¿Qué pasó?
Ethan se sumergió en sus pensamientos, elevando su mirada al horizonte. A pesar de que la mayoría de despertados ignoraban la misión por falta de tiempo, no se podía evitar que pequeños grupos fueran en búsqueda de pistas, pero siempre regresaban con las manos vacías.
— ¿Es por culpa de ser un errante? Esa forma extraña parecía… — Ethan se detuvo, cubriendo su boca con su mano. — ¿Es mi culpa? Si no hubiera insistido en que se sometiera al trasplante, quizá nada de esto hubiera pasado… Tía, lo siento. Lo siento mucho.
— No te culpes a ti mismo.
Vi que esperaba a lo lejos, se acercó cuando vio que comenzaba a llorar, colocando su mano en el hombro de Ethan.
— ¿Vi?
— No puedes culparte de algo que no fue tu culpa.
— Pero…
— Tú también lo viste, eran escamas doradas. Ninguno de los dragones de ese momento era dorado.
— Sí pero…
— Sin peros — exclamó Vi. — Es triste que haya pasado, pero ¿qué vas a hacer? No sabemos dónde está, la misión no lo marca, y no hemos encontrado rastros hasta ahora. ¿Acaso planeas dejar todo de lado?
— Sabes que no es así.
— ¿Entonces? Vamos hombre, ponte de pie. Tenemos trabajo que hacer antes de tomar unas merecidas vacaciones, además ¿que pensaran los reclutas si ven a su ídolo derribado?
— Tienes razón… — Ethan se levantó, secó sus lágrimas y amarró sus cabellos en una coleta.
— ¡Vi, Ethan! — Rosa interrumpió, llegando en ropa deportiva. — Tenemos noticias. Hemos hecho contacto con Colombia.
— ¿Eso es cierto? — Vi preguntó con cierta emoción en sus ojos
Debido a los drásticos cambios que ocurrían, la comunicación entre países se había anulado. Las mismas cúpulas que defendían a las personas de la gravedad los aislaron totalmente de toda comunicación externa, dejando cada ciudad de manera independiente, pero ahora ese periodo había terminado.
El trío se dirigió a los cuarteles, encontrándose con Wise en el camino, quien se dirigía a informar de la limpieza de uno de los sectores. Una vez en la sala de operaciones, se entabló una larga conversación que reveló datos más allá de lo que el grupo presente pudo haber imaginado.
La primera sorpresa fue que Perú fue de los países que más demoró en establecer el contacto con otros. Colombia ya había retomado relaciones con otros cuatro países; de los cuales uno les reveló la existencia de una nueva especie inteligente.
— Aunque no podemos confirmarlo de primera mano, al sur de Canadá existen criaturas que se hacen llamar la “Raza de monstruos”.
— ¿Raza de monstruos? ¿Las bestias mágicas? — Vi preguntó.
— ¿Bestias mágicas? Al parecer todos usamos nombres similares, pero no son estas bestias.
— Si no son las bestias mágicas, entonces ¿qué son? — Ethan añadió.
— Primero que nada, dejemos de lado “Bestias mágicas”; llamémosla únicamente “Bestias”. Aún no es oficial, pero las bestias también pueden manejar las diversas energías y sumando las diferencias culturales, es mejor no pelearnos por si son mágicas, espirituales, pránicas o normales.
La voz masculina terminó con un suspiro y una voz femenina tomó el mando, sin dar paso a que preguntaran.
— La raza de monstruos o, para acortar, los monstruos, son bestias que han adquirido inteligencia similar a la humana. Un grupo de despertados se encontraba cazando bestias cuando fueron emboscados por monstruos con forma semihumana.
— ¿Semihumana? ¿Como Ed?
— Exactamente. Son similares al errante, pero no podemos asegurar nada. Lo único que sabemos es que parecen ser bípedos
— ¿Parece? — preguntó Vi incrédula.
— Como dije, todo esto es lo que la Unión canadiense nos reportó, no nos hemos encontrado con ninguno hasta ahora.
— Espera. — Rosa exclamó — ¿Unión canadiense? ¿No es Canadá?
— Eso es otro tema.
Debido a los problemas de comunicación, las noticias solo se limitaban al continente americano. Entre estas, la que más se esparció fue que Canadá se dividió en dos debido a conflictos internos, siendo el primero la mencionada Unión canadiense y el segundo, conformado por despertados que no querían ser controlados por el gobierno, denominado como Érable Libéré.
El tercer punto aclaró el porqué las comunicaciones habían fallado: Varios satélites artificiales cayeron a la tierra meses atrás y la Unión canadiense descubrió que unos cuantos salieron de la órbita planetaria, disparados al espacio. El grupo se quedó estupefacto con las noticias, aunque no tuvieron tiempo para comprobarlas debido a la construcción de las cúpulas, no se imaginaban que eso hubiera sucedido. Pero lo que menos esperaban era la próxima noticia.
— En cuánto a esto… Más que un rumor, es un hecho confirmado. — La voz masculina tomó un respiro y habló incómodo. — México se puso en contacto con los Estados Unidos. Algunos despertados lograron evitar que el observatorio Griffith, en California, se destruyera y lo utilizaron para ver los cambios externos a la tierra. Pensaron que así como la tierra, la luna pasaría por un cambio, pero no pudo ser más diferente.
El tono del hombre disminuyó, le era difícil aceptar lo que iba a decir. Antes de que haya silencio, una segunda voz masculina continuó la explicación.
— El observatorio Griffith reportó una preocupante desviación en las estrellas, desde los planetas al sol mismo. En palabras simples, el planeta tierra ya no pertenece al sistema solar.
Los ojos de Ethan y Rosa se ensancharon; el grupo volvió a verse entre sí y varias preguntas surgieron, causando revuelo entre las decenas de representantes.
— Eso no puede ser verdad. No ha habido cambios en el ambiente que prueben lo que están diciendo. — Vi respondió con incredulidad
— Pensamos lo mismo al inicio, pero tras comprobarlo nosotros mismos, podemos asegurar que la tierra se alejó del sol varios millones de kilómetros. En cuanto a por qué no hay consecuencia alguna, no lo sabemos en absoluto. Como saben, seguimos teniendo día y noche, verano e invierno, pero ya no depende del sol.
— No consigo comprender esto — mencionó Rosa.
— Estamos igual, pero solo podemos aceptarlo. Hasta hace unos años, los despertados eran cosa de comics, pero ahora son reales, así que todo es posible.
Cientos de preguntas quedaron flotando sin respuesta alguna, mientras más surgen, menos confiables se volvían las respuestas ya obtenidas. La charla terminó tras unos minutos más, los representantes colombianos se despidieron tras acordar una próxima reunión y Vi ordenó que se reconstruyeran los observatorios menos afectados con urgencia.
Durante los siguientes días, el ejército y los despertados de alto rango fueron los únicos sin calma. La noticia fue lo suficientemente alarmante para que decidieran no difundir la noticia y etiquetarlo como secreto de máximo nivel. Por otro lado, los despertados tecnológicos tuvieron su primer descanso tras varios meses; las amenazas fueron controladas al nivel que no necesitaban prestarle atención durante un tiempo y solo aquellos voluntarios participaron de la reconstrucción de los observatorios.
— Maldición, maldición.
Mientras se enfrentaban a otra oleada de bestias, Vi no dejaba de maldecir llena de frustración. Recién salían de un problema y estaba por tomarse unas merecidas vacaciones cuando la metieron en otro mucho más grande. ¿Qué iban a hacer ahora? La construcción del observatorio era solo el primer paso, pero la cantidad de trabajo y responsabilidad que sentía sobre sus hombros era mayor a lo que una chica de su edad quería enfrentarse.
— ¡Ni siquiera tengo 20 años y siento que ya me van a salir canas!
— ¡Cálmate Vi!
— ¡¿A ti no te molesta?!
— ¿Qué más podemos hacer?
— ¿Cómo que “qué más”?
Vi se limitó a refunfuñar mientras invocaba soldados de madera como distracción para las decenas de bestias que quedaban.
Aunque la actitud de Vi es de naturaleza serena, llevaba meses bajo constante presión, queriendo echarle en cara a Ethan que ella hizo su trabajo, pero no podía. Ya que Ethan era la esperanza del país, tenía que facilitarle las cosas para que pudiera pararse frente a la población y alentarlos, lo que llevo a que su carga de trabajo se duplicara, casi triplicándose, pues Rosa tampoco era buena en gestión, aunque era de esperarse. Por el contrario, la sorpresa era que Vi pudiera encargarse del trabajo de tres personas por su cuenta, a pesar de apenas haber terminado la escuela secundaria antes de ser reclutada tras despertar.
— ¡Necesito un descanso largo!
Vi soltó un grito lleno de fastidio mientras dejaba caer sus hombros; Rosa se acercó para masajear sus hombros y Ethan se encargó de separar los cadáveres.
— Ya puedes llamar al equipo de recolección.
Aunque estaba frustrada, el semblante de Vi se serenó apenas se acercaron los despertados de menor rango; cuando se presentó a dar su informe a sus superiores, el general y el ministro de defensa, se mantuvo tranquila, casi inexpresiva y con un tono de voz gélido como las primeras brisas de invierno. Solo cuando se encontraba con su pequeño grupo, se mostraba sonriente.
Rosa suele acompañar a Vi hasta la oficina del general. La mayor parte del tiempo la mira atentamente desde un lado, buscando aprender sobre las cosas que ella hace. Aunque no era buena con temas logísticos, quería aprender para apoyarla. Luego se iba por su lado a apoyar a los despertados de menor rango, ya sea entrenando o brindándoles de guía.
Cuando la noche cae, Rosa se acerca a la habitación de Vi; toca la puerta un par de veces y espera a que esta le permita entrar; suele esperar de tres a cinco minutos, pero ese día no se demoró ni la mitad. Rosa se sorprendió al entrar en la habitación.
— Hoy parece que estás libre— Rosa rio por lo bajo, viendo tres montañas de papeles.
— Demasiado libre, tanto que podré descansar 50 segundos — Vi rio sarcásticamente.
— Entonces haré que puedas descansar 55.
— Por favor. Aunque desearía que el general no fuese tan anticuado — Vi se lamentó.
— Pienso lo mismo. Comprendo los problemas, pero hacernos hacer todo a mano es… Lo peor es que utiliza mucho la función de correos del sistema como si fuera un teléfono. ¡La otra vez me llegó un correo mientras me estaba bañando! No sabes el susto que me llevé.
— Lo comprendo. A mí me dijo “tómate un descanso de medio día” y cuando salí de su oficina ya tenía decenas de correos suyos.
Como era costumbre, Vi y Rosa hablaron por horas. Desde que Rosa entró a la habitación; tomó el coletero en su brazo derecho y amarró sus cabellos en una corta coleta de caballo que no llegaba a sus hombros; dejó su sudadera en el espaldar de la silla y se sentó frente al escritorio que se ubica perpendicularmente al de Vi.
— Así que por fin hay resultados con la investigación de armas.
— Sí, fue un largo camino, pero parece que ya se pueden producir armas de primer rango.
— De primer rango — Rosa soltó un ligero suspiro — Supongo que algo es algo.
— Lo sé, antes hubiera sido más útil, pero al menos ahora, los despertados de bajo rango podrán entrenar.
Las hojas pasaban desde las manos de Vi a Rosa y de Rosa a Vi de vez en cuando.
Rosa leía los documentos, llenándolos, calculando y comprobando que todo esté correcto; cuando sentía que algo no estaba bien, o no estaba segura de lo que hizo, se lo entregaba a Vi para que lo lea y le enseñe. Ella no se negaba, por el contrario, siempre le enseñaba con una sonrisa en su rostro, después de todo, Rosa es su amiga más cercana y la única que le acompañaba en esas largas noches.
— ¿Ethan sigue en las mazmorras?
— Como siempre. No parece cansarse nunca.
— Es lo mejor que sabe hacer, ¿crees?
— Sí, y con lo del errante.
— ¿No hay noticias?
— Ninguna, pero Ethan sigue buscando, quizá lo encuentre. — Rosa le pasó una hoja a Vi.
— Ya veremos. El recordar esa apariencia me sigue causando escalofríos. — Vi le devolvió la hoja corregida. — ¿Y qué tal Wise?
— ¿Ese chico? No lo sé. Creo que está entrenando.
— ¿No se cansa? Esos dos parecen máquinas, todo el día y noche. Uno entrenando arduamente y el otro limpiando mazmorras como loco.
— Ni que lo digas. Aunque no entiendo el objetivo de Wise.
— ¿Quién sabe? Solo sé que le ha permitido crecer rápidamente.
Mientras hablaban, en otra ubicación, Ethan salía de una grieta. La dificultad de la misma no era alta, pero debido a la escasa disponibilidad, estaba cerca de romperse. Con esta mazmorra, Ethan ya había limpiado un total de diez, consiguiendo cuatro colisionadores.
— Cada vez es más difícil conseguir alguno.
Ethan sostenía el colisionador, con apariencia de teléfono móvil, mientras se rascaba la cabeza. Cada vez era más difícil conseguirlos; al inicio obtenía uno o más con cada mazmorra, siendo el enlace de la grieta, pero ahora que las mismas aparecían sin un enlace, solo podía confiar en su suerte.
— Ya hemos perdido varios colisionadores de almacenamiento… Esto es un problema.
Aunque era difícil dañar un colisionador, no era imposible. Las bestias de quinto rango podían destruirlos si se lo proponían, pero ese no era el principal problema. Las propias exploraciones a mazmorras y luchas contra bestias causaron bajas, trayendo como consecuencia la pérdida de varios colisionadores. Ethan y un grupo se encargaban de recogerlos en estos casos, pero en ocasiones no se encontraban rastro de los mismos.
— Al principio creíamos que se los comían, pero ¿Qué tal si solo desaparecen?
Ethan se planteaba las posibilidades mientras descansaba sobre una roca. Por cada diez colisionadores que se perdían, solo cuatro eran encontrados en buen estado, dos destrozados en diversos grados y dos dentro de los estómagos de algunas bestias, pero las restantes nunca eran encontradas.
Tras entregar el colisionador a un hombre con lentes negros y traje de camuflaje militar, Ethan regresó al campamento militar en la capital, llegando cuando el sol ya se había escondido.
— Sigo sin acostumbrarme a esto.
Una ligera, pero cansada sonrisa se notaba en su rostro. Sacó su teléfono para ver la hora; las cero con veintiséis minutos. Las veinticuatro horas de cada día ahora eran la duración del día y la noche por separado, creando un ciclo de cuarenta y ocho horas. Era difícil acostumbrarse, y los bostezos de Ethan eran la prueba de lo mismo.
— Sistema, tienda. — Una ventana azul surgió. Cientos de artículos se mostraron, junto a un pequeño sistema de búsqueda avanzada. — Píldora del sueño.
— Descontando 100 méritos. — Una voz mecánica resonó en su mente.
Una pequeña esfera café apareció frente a los ojos de Ethan; él la tomó sin demora y se la tragó junto a un sorbo de agua. Pocos segundos después, las ojeras de Ethan desaparecieron y su cansancio disminuyó considerablemente.
Ethan dio un par de saltos dentro de su habitación; se acercó al escritorio que tenía pegada a la pared y tomó asiento; abrió ligeramente la ventana, elevándola diez u once centímetros; de su bolsillo sacó un pequeño saco y de él, un par de bolsas con bocadillos.
Mirando hacia atrás, observó la puerta por la que había entrado. Luego dirigió su mirada a la pizarra al lado de la puerta. Una pizarra blanca, vacía, con un solo papel pegado en la esquina superior derecha, la foto de la escena donde su amigo había desaparecido. Tras pensar un momento, regresó su mirada al frente, observando el ordenador portátil; mientras esperaba que encendiera, abrió el segundo cajón superior del escritorio; sacó un boli y diez hojas de papel, luego amarró su cabello en una cola de caballo.
Con el ordenador encendido, abrió distintos archivos, leyéndolos uno por uno y anotando de vez en cuando en papel. Cuando los diez papeles no tenían más espacio donde poder anotar, abrió el cajón más alto; tomó las diez hojas extra que había y las leyó, comparando de dos en dos con las recientemente escritas. Por momentos emite pequeños ruidos de frustración; él tomaba una de las hojas y sacaba el brazo por la ventana. La hoja se incendiaba y convertía en cenizas en cuestión de segundos.
— ¿Dónde te has metido?… Ed.
. . .
Cuando el sol se posó en la cima del cielo, Wise se separó del trío de amigos. Tenía misiones que completar, entre ellas, el limpiar una mazmorra mientras guiaba a un grupo de despertados de primer rango. La misión no fue difícil, pero tampoco trajo muchos beneficios; no había colisionador alguno y las bestias en su interior apenas se podían considerar superiores al segundo rango. Para alguien como Wise, que acababa de llegar al sexto rango, era más divertido pasear a un perro.
Completó dos o tres mazmorras de tipo Amenaza, aunque ahora eran comunes, la dificultad no variaba mucho; los más difíciles necesitaban tres o cuatro despertados de quinto rango para ser completadas. Aun así, no era de más ser precavido; nunca se sabe cuando un dragón podía aparecer en alguna mazmorra. Tras cada limpieza, Wise se quedaba a llenar los registros de mazmorra, tanto de manera física como digital.
— ¿Alguien ha visto su rostro?
— Escuché que es un joven hermoso.
— ¿Un joven? ¡Yo escuché que era una chica!
— ¿Una chica? Para nada, es un hombre, un niño de familia adinerada.
— ¿Y por qué se cubre? Si fuera yo, presumiría a mi familia
— Nadie lo sabe, algunos dicen que está acomplejado de su rostro, otros que tiene una cicatriz.
— ¿Te imaginas que no sea humano?
— Con las noticias de los monstruos, no me sorprendería que fuese un vampiro la verdad.
— ¿Y si en realidad tiene dos bocas?
— ¿Dos bocas? ¡Vamos! ¡Tampoco te pases!
Mientras caminaba, decenas de rumores circulaban sobre Wise. Al principio le molestaba, pero tras notar que tratar de desmentirlos no servía, decidió dejarlos esparcirse. Viéndolo desde otro sentido, que se esparcieran cientos de rumores, era mejor que dejar de usar su habitual mascarilla y gorro deportivo.
Desde que llegó al sexto rango, a Wise no le gustaba sentirse observado al entrenar, por lo que rentó un gran espacio no muy lejos de las instalaciones.
[Falsa lanza doble]
Progreso: 0.5%
Requisitos: Maná, voluntad, asimilación
[Sello de Leo]
Progreso: 0.0213
Requisitos: –
[Creador]
Progreso: 10%
Adquirido: rayo
Tres ventanas verdes cubrían parte la visión de Wise, quien estaba de pie en medio de la gran habitación cuadrada. Wise sacó de su inventario dos dagas; durante sus incontables entrenamientos, estuvo practicando la forma de mejorar sus habilidades. Ya que la información era nula, solo podía inferir por su cuenta.
— Doble lanza.
Las dagas se iluminaron, el maná de Wise se reunió en sus manos y fluyó hasta las armas, formando lentamente dos lanzas de maná. Sostuvo las mismas sobre sus hombros, con los brazos cruzados.
Las lanzas ya se habían formado, pero el maná aún fluía desde su cuerpo. Pasaron diez; quince; veinte; treinta minutos… Hasta sentir náuseas. Cuando los síntomas de agotamiento de maná comenzaban a surgir, Wise dejaba de reunir maná, dispersando las lanzas.
— Qué cansado… Y solo para un 0.01% de progreso.
Wise llevó su mano derecha a su boca, luchando por no vomitar. Trago saliva, buscando aliviarse, salió de la habitación y trajo consigo un par de plantas, formando un círculo, luego se sentó en medio de las mismas.
— Por desgracia, no sé como mejorar el [Sello de Leo]
[Sello de Leo] era una habilidad que disminuía los daños cortantes. Sonaba como una gran habilidad y Wise se emocionó cuando descubrió de qué se trataba, pero la decepción se plasmó en su cara cuando notó que solo le protegía de leves cortes con papel. Tras unos segundos de pensar en cómo mejorar la habilidad, suspiró, dejando fluir sus pensamientos hasta vaciar su mente. Por desgracia, aunque trataba de concentrarse, se distraía constantemente.
— No es mi culpa, es que…
Algunas risas salieron, como si alguien le juzgara, se excusó. Wise se levantó y acomodó las macetas, luego se recostó en medio. Sí, como si fuera a dormir, se recostó; tomó una manta y una almohada de su inventario y se acomodó Estando cómodo, cerró los ojos. Le era más fácil concentrarse de esa forma.
[Creador], una habilidad que le permitía a Wise controlar el elemento rayo. Wise descubrió que podía controlar más elementos, pero debía hacerse más cercano a ellos y la mejor forma que encontró fue con los ojos cerrados, cuando llegaba a un estado cercano al sueño.
Cuando Wise se concentraba, podía sentir varias motas coloridas rodeándole que dependían del elemento. Las motas verdes representaban la naturaleza y era ese el elemento que Wise deseaba conseguir; para su mala suerte, le era difícil atraer esas motas y más aún juntarlas para formar un aro. Muchas veces, cuando lo conseguía, abría los ojos para darse cuenta que se había dormido.
. . .
La luna se levantaba, los relojes marcaban las diez. Rosa y Vi salieron a tomar un poco de aire a la terraza del cuartel; Ethan se estaba tomando un descanso, observando a través de la ventana junto a una taza de café, y Wise acababa de salir de su entrenamiento, corriendo alrededor del campo cuando sucedió.
[Alerta]
¡Felicidades! ¡El 95% de la humanidad ha despertado!
¡El sistema se actualizará inmediatamente!
[Actualización]
Se añadirán las funciones mundiales:
[Bestiario], [Herbolario] [Mapa]
[Actualización]
[Bestiario] y [Herbolario] reúnen información de las criaturas y hierbas encontradas por los despertados.
La información se actualiza cuando un despertado se encuentra con una bestia/hierba nueva.
La información es personal, pero puede compartirse si dos o más partes están de acuerdo.
[Mapa] señala la distribución de las [Energías Caóticas] en el mundo.
La información en las tres funciones es universal, no difiere con base en los conocimientos del usuario.
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