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Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 22

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Capítulo 22: Capítulo 21

Largas mesas, con capacidad para diez personas, forman cinco columnas y tres filas. Más de cien niños ocupan sus respectivos asientos de madera, uno frente a otro. Los príncipes y Phenjary corrían de un lado a otro: Lily se puso de pie entre las cuatro mesas más cercanas a la salida; el primer príncipe corrió hasta la esquina a la contraria a Lily; Davin, corriendo tras el primer príncipe, se detuvo en la mesa central, ligeramente más pequeña que las otras y colocó con cuidado cuatro ollas, luego de quedo en la esquina derecha a Lily, dejando al Twarz en la última esquina.

Con los cuatro príncipes posicionados, Phenjary y Sisiro avanzaron hacia la mesa central, donde Kolt estaba sentado. Dejaron las últimas cuatro ollas alrededor de la misma y, tras un repentino brinco, Sisiro giró un par de veces antes de caer sobre la mesa.

— ¿Listos? — Phenjary y Sisiro alzaron la voz.

— ¡Sí! — Los niños respondieron, alzando sus platos con ambas manos.

— ¡Entonces vamos! — Añadieron los cuatro príncipes con grandes sonrisas.

Cuando alzaron la voz, Phenjary lanzó una de las ollas al aire, causando que la misma diera vueltas en el aire mientras el contenido escapaba.

Sisiro pisó con fuerza la mesa; un sonido metálico se escuchó y el gran cucharón de madera se alzó. Sosteniéndolo por la parte metálica, que no era más de una tercera parte del asa, la hizo girar; Los cuatro príncipes hicieron lo mismo.

— ¡Uno, dos, tres!

— ¡Es hora de comer!

Los niños se dividieron en dos grupos. Aquellos que contaban hasta el tres y aquellos que cantaban con alegría. Juntos, formaron una animada canción.

Sisiro piso la mesa otra vez y un segundo cucharón comenzó a girar en el aire mientras ella bailaba al son de la música.

— ¡Uno!

Sisiro dio un giro, golpeando con precisión la comida que se dispersaba en el aire.

— ¡Dos!

Sisiro tomó el segundo cucharón y golpeó otra porción.

— ¡Tres!

Los príncipes se preparaban, los primeros niños lanzaban sus platos hacia ellos, y estos sacudían en círculos sus cucharones. Sisiro golpeó la tercera porción.

— ¡Uno!

Los príncipes atajaron la comida en el aire y, junto a un rápido movimiento, los tres platos vacíos rodearon a cada príncipe antes de regresar a los niños, con comida en ellos.

Durante la corta duración de la animada canción, Sisiro y los príncipes sirvieron poco más de trescientos platos, terminando con Lily y Phenjary usando magia para llenar los vasos de cada niño con un líquido azul semi translúcido

— Sí que es animado. — Kolt rio.

— Si no fuera por estos chicos, no sería posible.

— La realeza tiene que hacer posible lo imposible. — Afirmó el twarz.

— Es una tradición, los mayores tienen que servir la comida a los más jóvenes. — Añadió Lily — Aunque no negaré que me gusta hacerlo.

— ¡Los anteriores príncipes sufrían porque les faltaba una Sisiro! — El primer príncipe rio con orgullo.

— ¡Es cierto! — Añadió Davin. — Fue idea de Sisiro el servir la comida de manera tan divertida.

— Eso no es cierto. — Sisiro se avergonzó.

— Por cierto, eso me recuerda…

Kolt estaba curioso, su mente se cuestionaba por qué la quinta princesa se hizo llamar así en el pasado, sin revelar nunca su verdadero nombre. Pensó en su momento que, debido a la diferencia cultural, ese era su verdadero nombre, por lo que le sorprendió que se llamara Sisiro. Pero, ¿Cómo podía Kolt estar seguro de que ella era la quinta princesa? No tenía duda de ello.

Una joven de aparentes dieciséis años; cabellos dorados y plateados que dividen su cabellera en dos; piel lisa con difuminadas líneas que dividen las zonas blancas cuál nieve de la beige oscura; un traje ligero, similar al Badlah, pero con una falda que no llega a las rodillas, de color verde marino; llamativos brazaletes dorados en cada antebrazo, con dos piedras blancas en el derecho y azabaches en el izquierdo; una tela transparente que cruza detrás de su cuello desde una pulsera a otra y dos tobilleras doradas en los pies con cinco piedras que representaban los elementos.

La diferencia con la Sisiro de sus recuerdos es que la joven noxi no cubría su rostro con un velo, pero Kolt no tenía duda alguna de que era ella. ¿Quién más podría ser? Aun así, no se atrevía a llamarla “quinta princesa”. Una extraña sensación recorría la parte baja de su coxis cada vez que lo intentaba.

— ¿A qué se debe que se llamen príncipes?

— ¿Eso? — Phenjary tragó la verdura que masticaba. — Este orfanato fue fundado hace unos siglos por un Noxillum, era un viejo fanático de las leyendas. Había una leyenda en particular que le gustaba.

— ¿La leyenda de la quinta princesa?

— Esa misma, Aunque su verdadero nombre era “La leyenda de los Nox An”, la parte de la quinta princesa es solo un agregado, pero no puedo negar que es algo divertido.

— ¡A mí me gusta esa parte!

— ¡A mí también!

— igual aquí

— Pero esa princesa no es como la nuestra. — Lily volteó a ver a Sisiro.

— ¿Entonces es en honor a ellos que se llaman así?

— En parte sí, pero no realmente. — Phenjary continuó explicando.

El orfanato, aunque su nombre no era así al inicio, fue renombrado como Nox An debido a las constantes obras de teatro que interpretaban la leyenda. Una vez por semana, los encargados organizaban obras de teatro protagonizadas por los propios niños; los más jóvenes interpretando a los noxi y los mayores a los Nox An.

Con el paso del tiempo, los espectadores pidieron que se agregara más, querían observar la fantástica obra por más tiempo, por lo que se introdujo la parte de la quinta princesa. Para ese momento, a los mayores se les apodaba como “Nox An”, por las constantes prácticas. No era certero cuando sucedió, pero un día, los mayores dejaron de llamarse Nox An y pasaron a nombrarse como príncipes. Así fue como nacieron los cinco príncipes, cuando las obras de teatro cesaron, los títulos ya se habían asentado en el orfanato.

— Por eso los cinco mayores se llaman los cinco príncipes. El orden depende de sus edades.

— Se puede decir que yo soy Frija — Afirmó con orgullo el primer príncipe.

— Yo Laig — Añadió Lily

— Lio aquí — Davin levantó la mano.

— Yo soy Jan-O — El twarz rio. — ¿A que es un título perfecto para un twarz?

— Y yo soy Reig.

— ¿Reig? Yo diría que eres Dist. — Frija refutó en broma.

— Cierto, Dist te queda mejor que Reig

— Estamos de acuerdo —Davin y Jan-O asintieron.

Todos rieron. Aunque el orden no importaba, era claro el motivo por el que cada uno tenía su apodo. El primer príncipe era fuerte a primera vista, dando la impresión de un muro que siempre te cuidara; Lily, aunque burlona, constantemente observa a los niños y príncipes, disimulando su preocupación por que se puedan dañar. Davin era el internet de los niños, siempre se le acercaban para preguntarle cosas sobre sus días, pudiendo ayuda para sus problemas o temas triviales. El twarz no podía tener otro apodo que Jan-O. Como la mayoría de su especie, es un fanático de la creación e investigación.

— Aunque el anterior Jan-O era un medio lagarto, era mil veces más inteligente que yo, o que cualquier twarz que he conocido. ¡Tanto así que el rey Jerken lo llevó al palacio! — La emoción del twarz se notó en sus ojos.

Por su lado, era difícil para ellos decir que Sisiro era Reig. Debido a que era la quinta mayor, el título le tocaba por defecto, pero todos estaban de acuerdo en que Sisiro no sabía dirigir.

— Una vez intentó armar un mini teatro, no supo por dónde iniciar ni que hacer — Frija rio

Un par de semanas armando el espectáculo, pero la mayoría de lo que Sisiro hizo estuvo errado, al punto que ni los demás príncipes pudieron ayudarla para que se recupere. Al final la obra se tuvo que cancelar.

— Por eso es que Dist le queda mejor. — Añadió Lily

Dist, un término del lenguaje Nox para señalar la suerte. No había mejor palabra para señalar a Lily y Kolt estaba de acuerdo.

Mientras terminaban de comer, Phenjary contó sobre la primera experiencia que tuvo con Sisiro. Kolt reía lo más natural que podía, mientras que el rostro de Sisiro se teñía por la vergüenza. Cuando los niños finalizaron, formaron filas para salir del comedor, en dirección a la cocina, donde limpiaron sus platos de madera.

Kolt se levantó junto al grupo. Algunos príncipes se fueron por su lado. Frija y Lily se fueron a entrenar; Jan-O mencionó tener un proyecto que terminar y Davin se fue feliz con la fruta en mano, alegando que tenía algunas hierbas más que conseguir y no podía desperdiciar la oportunidad.

— Davin sí que está feliz.

— No es para menos. ¡Lleva tres meses intentando conseguir su duodécimo circuito!

— ¡¿Duodécimo?! — Phenjary saltó de la sorpresa. — ¡¿Tan rápido?! ¡Hace un año solo estaba en el décimo!

«Ahora que lo pienso ¿Qué edad tiene?» — Kolt observó con serenidad.

— Sí. Por algo es el tercer príncipe, le da honor a su título.

— Sigo sin entender cómo todos ustedes resultaron ser tan sobresalientes.

— ¿Qué dices? Solo somos promedios.

— Sí claro. Cada uno de ustedes, príncipes, son unos genios. Pareciera un requisito.

Sisiro rio tímidamente ante las palabras de Phenjary.

— Pero bueno. — Phenjary volteó hacia Kolt. — ¿Quieres ayuda para buscar eso?

— No es necesario.

— ¿Qué comes? — Sisiro señaló la hoja que Kolt se introdujo en la boca.

— Grukz.

— ¿Tienes un desvío? ¡Yo te puedo ayudar!

— No te preocupes. No es un desvío. — Kolt negó con la cabeza.

Kolt no quería explicar su situación, por lo que no dio más respuestas ante la pregunta.

Desde que comprobó la existencia de la quinta princesa, Sisiro, Kolt había evitado verla directamente, centrando sus ojos en la comida o en un punto fijo a lo lejos mientras ordenaba sus pensamientos. No quería incomodarla con una mirada fija, pero sus pensamientos no le llevaron a ningún lado.

«¿Cómo la reclutaré?», «¿Le pediré que venga conmigo?», «¿Que le digo?», «¿Y a dónde iré después?» Fueron unas de las tantas preguntas que se hizo.

Si bien, desde que supo que estaba en Allbik, se trazó el buscar a Sisiro, hasta el momento no había pensado en nada más. El llegar fue un punto de suerte, pero no tenía nada más a su favor, en cambio, en su contra, tenía varios puntos: Sisiro, siendo una Noxi, estaba acostumbrada a ese orfanato, a Allbik, pero Kolt la quería sacar de ahí, lo que le sería difícil. Varios motivos, como decirle que es para prevenir la caída de Allbik, cruzaron por su mente, pero, cuando se decidió por uno, otra duda cruzó su cabeza. Si es que reclutaba a Sisiro ¿Qué pasaría con sus oportunidades? Esa Sisiro no era la que conoció en su vida anterior, era cronológicamente cinco o seis años menor, por lo que había varias oportunidades que podría perderse si se la llevaba. Aun si su suerte lo compensaba ¿A dónde irían? Kolt no tenía un plan en mente para su siguiente destino. Su objetivo era llegar a desbloquear por lo menos ciento ochenta meridianos, pero no tenía un lugar físico al que requiriera ir.

Las dudas hicieron que Kolt se distrajera. Durante los siguientes días, visitó casi diariamente el orfanato tras terminar su trabajo. Aunque su entrenamiento se retrasó debido a los horarios, sintió que la paga fue compensación más que suficiente. Los elixires que compró cubrían los días perdidos, permitiéndole abrir su décimo meridiano tras el tercer mes

— El siguiente mes regresa, ¿verdad?

— ¿Tanto extrañas a la pequeña tía?

— ¡Kolt está enamorado de la pequeña tía!

— Para nada. — Kolt sacudió su mano en negación. — Solo me sorprende que ya hayan pasado tres meses. El tiempo pasa volando.

— Sí. ¡Pero eso no es lo importante!

Sisiro se levantó del suelo en un rápido salto. Apuntando a Kolt, le retó con una ligera risa.

— ¡Ya es hora! ¡Esta será mi décima victoria seguida!

— Sí, sí. Lo que digas — Respondió Kolt.

Desde que el sol se presentaba, Kolt y Sisiro diariamente compiten buscando frutas o materiales poco comunes en el bosque. Kolt propuso la idea, teniendo en mente la suerte de Sisiro y utilizando a su favor para conseguir materiales raros, lo que llevó a la racha de victorias por parte de la Nox, aunque estaba controlado por el humano. Cada vez que Sisiro se acercaba a los dos dígitos, Kolt milagrosamente encontraba una extraña planta o parte de animal que nunca había sido observado por los chicos del orfanato, obteniendo la victoria.

Aunque para el resto parecía suerte, Kolt hacía trampa cada vez que tocaba la décima victoria de la Nox, sacando de la perla algún objeto que había guardado tiempo atrás. Debido a la diferencia cultural entre ambas civilizaciones, cosas simples como juguetes, flores sin energías o huesos frágiles eran algo exótico, aunque no fueran llamativas visualmente.

Algo frecuente en sus competencias era Sisiro quejándose de la velocidad de Kolt. No podía entender cómo era que un dragon-blood era lento. Tanto que ella podía dar cinco a siete vueltas al camino del orfanato a la entrada del bosque en lo que él llegaba, pero después de tanto tiempo, empezó a utilizar ese tiempo. Compraba golosinas, que se terminaban en lo que esperaba a Kolt. Por otro lado, Kolt forzaba sus meridianos durante las primeras carreras, creando su vena de Qi, pero, tras enfrentar los efectos secundarios que se acumulaban tras cada uso, abandonó la idea. Ahora, aunque tenía trece meridianos desbloqueados y tenía la sangre de dragón recorriendo sus venas, su velocidad apenas era el triple de una persona promedio.

— Llegaste. — Sisiro mordió el sándwich de doble piso en sus manos.

— Llegue. — Respondió Kolt entre gotas de sudor.

— Entonces vamos.

Sisiro guardó la manta de cuero y la dejó en una bolsa al lado de un árbol. Planeaba recogerla tras salir del bosque. Tras cruzar los primeros tres árboles, los dos se separaron.

Sisiro aprovechó su ventaja en velocidad, corriendo y saltando de un árbol a otro para abarcar un mayor rango. Debido a que Kolt avanzaba lentamente y en línea recta, podía irse lejos y volver para encontrarlo, así que decidió alejarse lo más que podía, ya que en las cercanías no había más que pequeñas hierbas de tres o cuatro centímetros, ciruelos brotando del suelo o huesos de jabalíes y no le darían la victoria.

Mientras más se demoraba en encontrar algo, más se notaba la felicidad de Sisiro. Tanto en su rostro como en su tarareo. Ella sabía que era señal de que algo valioso estaba por aparecer, pero, aunque pasaron las horas, no encontró nada, solo una incómoda sensación de comezón en la parte baja detrás de su oreja derecha.

— Qué extraño.

Observó a los lados, a los pies de los árboles y bajó las piedras que estaban extrañamente posicionadas. Una de ellas llamó su atención, por lo que la levantó, asustados por el escarabajo que salió volando hacia su rostro. Sisiro se alejó tras golpearla por instinto y continuó buscando, llegando a cavar la tierra en lugares aleatorios.

— Nada. — Sisiro rascó su cabeza, notando un pequeño brillo entre los agujeros que cavó. — ¡Eso…

— ¡Groar!

Un rugido interrumpió a Sisiro, quien rápidamente volteó en dirección del mismo.

— ¡Kolt!

Reaccionó rápidamente, ignorando el objeto brillante a centímetros de su mano, y salió disparada en dirección al rugido. Un par de rugidos se escucharon antes de que llegara al lugar de donde se originaba.

— ¡¿Un toro de tres cuernos?! ¡¿Qué pasó!?

El toro, con un tercer cuerno entre las cejas, tenía un agujero que lo atravesaba cerca a su corazón. Sus patas estaban partidas, mientras que su cola parecía haber sido arrancada de un mordisco.

Sisiro se tapó la boca de la sorpresa, estaba aliviada de que Kolt no estuviera involucrado, pero no entendía que podía causar eso, lo único que llegaba a su mente era un Dellio; una criatura similar al cocodrilo, con dos colas y púas en su espalda. Era un animal territorial, por lo que le era imposible pensar que estuviera en ese lugar.

— Pero no suelen abandonar su presa…

Otro rugido. Aunque era diferente al de un dellio normal, eso solo aumentó su alerta. Las probabilidades de que fuera un dellio iluminado, o algo peor, eran mayores.

«¿Qué es eso?» Sisiro quedó estupefacta

Una extraña figura apareció ante sus ojos. En un instante contó seis toros de tres cuernos tirados en el suelo, con una figura apenas humanoide en el centro.

— ¡Groar!

La grotesca criatura reaccionó a la presencia de Sisiro, saltando contra ella. Sisiro trató de esquivar, pero su mejilla fue cortada por las filosas garras cuando saltó del árbol. Apenas tuvo tiempo de pensar, cada vez que recuperaba el equilibrio, la escamosa criatura dorada volvía a saltar contra ella, destrozando las ramas que usaba de apoyo.

— ¿Es una nueva criatura? ¡No!

La criatura volvió a saltar sobre Sisiro, pero ella pudo reaccionar a tiempo, girando sobre su pierna derecha para golpear su estómago con una patada giratoria. La criatura cayó varios metros hasta el suelo, parecía ser más débil de lo que aparentaba. Mientras se levantaba, Sisiro pudo notar con detalle su figura:

Decenas de puntos brillantes en su cuerpo, claramente eran meridianos; un hueso de casi un metro de largo saliendo desde su codo; varias espinas brotando desde su columna y una deforme cola huesuda brotando desde su cintura. Un deforme cuerpo con varias escamas doradas rodeándole; una caballera, bañada en oro, que se fundía en los extremos con su propio cuello, formando más escamas; un rostro que no era ni humano ni lagarto, largo y con agujeros que lo deformaba; colmillos puntiagudos, por un lado; molares deformados por el otro y una lengua que se dividía y alargaba solo por un lado.

Sisiro no sabía qué pensar tras observar aquella figura; un cúmulo de asco se formó en su estómago, subiendo por su esófago hasta su boca, la cual cubrió con su mano derecha. Con lágrimas en los ojos, tragó el cúmulo y levantó la cabeza, notando a la criatura de pie y preparándose para saltar sobre ella otra vez Aunque no le era difícil esquivarlo al principio, la velocidad con la que aquellas garras se acercaban a su cuerpo aumentaba constantemente.

— ¡Groar!

Dos, tres, siete ataques, la criatura no parecía detenerse en lo más mínimo, hasta que un hilo carmesí surgió desde bajo sus escamas, formando una capa que envolvió su cuerpo. Otro salto y el cuerpo de Sisiro salió despedida. Parecía haberlo esquivado, pero su abdomen recibió heridas visibles.

«¿Esta… Llorando?»

. . .

Sus miradas se cruzaron, pero solo una tenía vida. Él seguía sin entender el motivo, ¿Por qué tenía que pasar esto? No lo comprendía por más vueltas que daba. Solo podía llorar ante la impotencia que sentía. Su cuerpo hervía mientras gritaba ante la figura que se erguía frente a él.

— ¡¿Por qué?!

No lo entendía. Desde la última vez que fue tan sentimental habían pasado decenas de años, hasta siglos, que no lo recordaba, pero en los últimos meses sus emociones siempre estaban a flor de pie. Estaba confundido, tanto que se abalanzó contra él, contra el suelo y contra las paredes en búsqueda de alguna respuesta que acabe con sus dudas. De pronto, escuchó una voz al otro lado de la habitación, aquel que llamó su mejor amigo, preparándose para apuñalarlo.

— ¡Detente!

— ¡Adiós!

Dejó de lado la primera figura y saltó contra su amigo, golpeando con sus manos desnudas su rostro. Él le contestó y una pelea callejera comenzó. El hombre, Kolt, pateó el rostro de la figura, quien la sostuvo con ambas manos, atrapándolo y dando un par de giros antes de lanzarlo lejos. Kolt sintió algo clavarse en su espalda, pero no notó nada. Lleno de ira, gritó, activó los meridianos en su cuerpo y se lanzó contra la figura, pero, antes de poder despegar su pie del suelo, fue arrastrado por la misma, arrojándolo una segunda, tercera y cuarta vez.

Kolt creó una vena de qi dorada que recorrió desde su cabeza hasta sus pies, preguntando a aquella figura el porqué lo hizo, mientras lágrimas brotaban de sus ojos, pero no recibió respuesta alguna. Se sentía observado, burlado y menospreciado por aquella figura con armadura. Otra ola de ira golpeó su cuerpo; el aura de la forzada vena se acumuló en su rostro. Aprovechando el aparente cansancio de la figura, se agachó, colocó sus manos en el suelo y embistió contra la figura, estrellándose contra un muro invisible. Kolt se levantó y observó a la figura; levantó su puño y lo golpeó.

. . .

Sisiro corrió rápidamente a la quinta ciudad, a una tienda que no estaba muy lejos del bosque. No le fue fácil darse cuenta que aquella amorfa criatura era Kolt, pero, cuando lo hizo, supo que no tenía tiempo que perder. No entendía cómo es que aquella persona se había vuelto así, pero al menos comprendía que no era un dragon-blood; lo más cercano que conocía era la leyenda del dragón caído.

En su camino, pensó en contarle la situación a alguien, pero la duda de quién le creería y le ayudaría le impidió hacerlo, pues si se podía enfrentar a un oso de armadura escamosa, sería visto como una amenaza que debía ser erradicada.

Apenas llegó a la herbolaria, saludo rápidamente a la vieja señora y compró un par de hojas de grukz, era la única solución que venía a su mente tras ver como la bolsita de hojas que Kolt cargaba estaba destruida y sin alguna hoja cerca.

Cuando regresó al lugar de los hechos, el oso armado había perdido su armadura; sus patas traseras estaban destrozadas y las delanteras carecían de pelaje alguno, dejando ver las marcas de las mordidas que arrancaron pedazos de su carne.

La criatura, es decir, Kolt, parecía haberse calmado, pero no se encontraba en una buena situación. Cada vez que movía sus brazos, los huesos que salían desde sus codos perforaban sus costillas, desgarrando su piel en el proceso. Pero eso no era lo peor.

Desde la rama en la que Sisiro se encontraba, un agujero, tan grande como su antebrazo y con tres dedos de grosor, atravesaba su espalda, debajo de sus omoplatos. El rasgado pecho del oso se observaba sin esfuerzo a través de la herida, que estaba tan limpiamente hecha que era extraño. Ella sabía que el oso armado no podía causar ese tipo de heridas.

Sisiro observaba la escena consternada, sentía que había llegado muy tarde, que no entendía la situación y que ya nada podía hacer, hasta que notó el movimiento. La anomalía, Kolt, seguía moviéndose a pesar de no tener corazón. Sisiro confió en su instinto y arrojó la botella que sostenía hacia Kolt; en respuesta, él se la tragó como un cocodrilo engulle a la presa que descuidadamente camina a la orilla del río.

El deformado cuerpo empezó a cambiar lentamente, las escamas se redujeron, dejando ver su rasgada ropa, y su cuerpo volvió a ser uniforme. Como si anunciara su cambio, el oso armado exhaló su último aliento junto a un rencoroso pero débil rugido. Sisiro, que estaba a pocos metros de ambos cuerpos, soltó un sorpresivo grito ante lo que descubrió, no sabía si sentirse molesta o lamentarlo.

Volteó a ver a Kolt. Con una clara desconfianza en su rostro, no era capaz de comprender que era esa criatura frente a sí. Aunque considero que era una especie de noxillum, esa apariencia contradecía completamente su idea. Solo podía esperar a que despierte para preguntarle. Tras entrar en la cueva y volver a la quinta ciudad, Sisiro decidió ir por Kolt; él seguía dormido; por lo que lo cargó, notando como los meridianos en su cuerpo parpadeaban hasta disminuir a dieciséis, donde se apagaron completamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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