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Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 24

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Capítulo 24: Capítulo 23

Las familias saltaban de alegría mientras los niños observaban las pantallas con grandes sonrisas en sus rostros. La humanidad y los despertados estaban llenos de satisfacción en sus rostros al escuchar la noticia que se esparció como fuego en el bosque.

[Continente unido]

[Clase: Nacional]

[Contacta y unifica al menos el 80% de la humanidad en el continente]

[Recompensa: +2 “Suero del despertar” mensual]

Una misión simple y una recompensa simple, pero que a todos alegró. Era la primera vez que un logro así había sucedido. No, claro que había sucedido décadas atrás, pero solo en ese instante, tras ser inhibidos de esa comodidad, es que realmente lo apreciaron.

Hasta el momento, las misiones nunca tuvieron clase alguna, trayendo solo recomendaciones o pistas consigo, pero por primera vez ante ellos había un apartado de clase. Esto no solo significaba que completaron una misión en grupo a gran escala. Las cabezas de cada país eran conscientes de lo que implicaba: Misiones que involucren a grupos determinados, tanto grandes o pequeños, podían surgir en cualquier momento.

Para completar la misión, las naciones dedicaron semanas de esfuerzo para contactarse entre sí. Por el momento solo se usaba una red de ondas “primitivas” pero eran lo suficientemente eficaces para comunicarse. Esto permitió que cada país completara la misma misión, en diferente tiempo y con recompensas ligeramente distintas. De la información que pudieron recolectar, la recompensa entregaba entre uno y tres sueros, donde solo dos países fueron la excepción al recibir cuatro.

Aunque la comunicación a larga distancia se limitaba a comunicación de radio, aquellos que eran cercanos podían transmitir borrosas imágenes, como el caso de Ethan y su grupo, quienes discutieron, junto a los representantes de otros tres países, sobre las diferencias entre cada recompensa y sus motivos, concluyendo en que se debía a la diferencia poblacional entre cada nación.

— ¿Cómo van con el progreso de la siguiente misión?

— Algo retrasados. Nuestros mejores despertados resultaron ser de los que les gustaba completar todos los logros en los juegos. — Una femenina voz rio. — ¿y ustedes?

— Por ahí. Aunque pensamos hacer uno en la capital, no sabemos como los juntaremos.

Las palabras informales eran algo común entre los representantes de cada país, no solo porque eran jóvenes. Aunque aún no se conocían en rostro, decenas de veces habían hablado entre ellos, llegando al punto de llamarse amigos.

— Lo bueno es que ya sabemos para qué sirve el título de [Representante (Nación)] — Rosa rio mientras observaba directamente a Ethan.

El título se entregó a varios despertados a lo largo del mundo. Aunque fue el primer título público que apareció, debido a la carencia de beneficio, y la breve descripción de «Representa a una nación», nadie le prestó atención, llegando a olvidar su existencia.

Ethan recibió ese título por herencia en la batalla que ocurrió años atrás, una batalla que costó incontables vidas y que marcó su corazón. Durante la misma perdió a un gran amigo, un líder, que confió en él al entregarle dicho título, como un rey que entregó su corona al sucesor con su último aliento. Ese era el motivo por el que Ethan, quien creció siendo alguien limitado a sus amistades, defendió con fervor y sacrificio al país, buscando estar a la par del legado que le entregaron. Un esfuerzo que por momentos le hizo vacilar, pero que ahora tomaba sentido.

— Ja, ja. No esperaba que ser el representante me hiciera acreedor de recompensas nacionales. — Ethan rio avergonzado.

— Aunque tiene sentido. — Mencionó la voz femenina.

— ¡Hola, hola! — Un estruendoso pitido interfirió en su llamada.

— ¿Puedes evitar gritar cuando te unas? — Vi regaño a la voz masculina.

— Sí, sí. ¡Déjalo para después! ¿Cómo van? ¿Ya completaron la misión? ¡Escuché que hay otra más!

— ¿Otra?

— ¡Exac-

Un estruendoso golpe metálico, similar al de una sartén golpeando una piedra, resonó. Seguido, una segunda voz masculina, más calmada y refinada que la primera, habló.

— Lamento la actitud de nuestro representante. Espero que lo sepan disculpar.

— No pasa nada, es bueno que se mantenga alegre. — Respondió Ethan.

— ¿A qué se refería con “otra misión”? — preguntó — Vi.

— Hablamos con países del norte hace unos minutos. Ellos completaron la misión [Un nuevo futuro] — Respondió. Tomó un corto silencio y continuó — [Camino al futuro] es el nombre de la siguiente misión. Se debe desarrollar una forma de reunir talentos de manera segura y constante.

— ¡Los dioses se preocupan por nosotros! — Exclamó Rosa dando un brinco. — ¿Y cuál es la recompensa?

— Un medidor de talento

— ¿Medidor de talento? — Ethan inclinó su cabeza

— El nombre lo dice todo. — Wise habló. — En algunos comics asiáticos solían mencionarlos. Son aparatos que pueden leer el talento de cada uno, dándonos los datos sobre su rango potencial y afinidades. De esa manera podremos elegir en quienes usar el suero ¿Me equivoco?

— No lo sabemos, pero también pensamos lo mismo.

— Pero eso es innecesario, podemos hacerlo por nuestra cuenta con las máquinas desarrolladas. ¿No?

El trío observó a Ethan en silencio. Era el único que desconocía el proceso de medición, por lo que era de esperar que no entendiera lo que conllevaba dicha máquina.

— Hasta ahora, siempre hemos medido el talento tras usar el suero, lo que nos llevó a despertar personas con poco potencial. Con este medidor podremos evitar el malgasto de puntos de mérito. Ya sabes lo difícil que es conseguir uno solo.

Todos asintieron.

No era necesario gritar a los cuatro para que supieran que más de la mitad de los despertados actuales tenían su límite en el Segundo Rango, sumado al coste del suero Que igualaba el de curar las heridas de un despertado de quinto rango al borde de la muerte — que va en aumento, las misiones nacionales fueron motivo de celebración. Un suministro de sueros mensual asegurado, sin importar lo pequeño que fuera, les libraba de la preocupación de quedarse sin nuevos despertados.

— Hablando de eso. Para nosotros es un alivio total. Apenas éramos capaces de llegar a los dos dígitos entre todos, aunque completamos todas las misiones posibles para maximizar la cantidad de méritos reunidos. — La voz femenina explicó.

— Nuestra situación era la misma. Según predicciones, en medio año ya no tendríamos la capacidad de despertar a una sola persona. — Mencionó la voz refinada, terminando con un pesado suspiro.

— Nosotros ya no podemos llegar ni a los tres despertados mensuales, así que pueden hacerse una idea. — añadió Vi.

Ethan guardó silenció tras soltar un corto “comprendo”, la situación era peor de lo que pensaba. Llevó su mano al aire y, con un simple movimiento, abrió su sistema, comprobando el progreso de la misión.

[Un nuevo futuro]

[Clase: Nacional]

[Progreso: 68%]

[Descripción]

Crea un centro para encaminar a los futuros despertados.

Cuando los grupos surgen, los genios nacen.

[Recompensa: +2 “sueros del despertar” mensuales]

La misión era simple. No necesitaba actuar, pero su nuca le picaba mientras más leía la misión. Crear una academia fue parte de sus planes al notar que varios jóvenes, incluyéndose, eran despertados, pero la aparición de la misión nacional cuando las cosas se calmaron era extraña. Además, el nuevo bestiario y herbolario que se implementaron con la actualización le daba la sensación de que estaban siendo guiados a un objetivo en específico, como un rebaño de ovejas al que le dan forraje para atraerlas al corral.

Su conversación se desvió con el paso del tiempo. Mezclaron temas personales con los importantes. Por otro lado, tras un par de horas, la cantidad de ventanas ascendió a los dos dígitos, más de diez países estaban conectados. Ya que la base de la proyección eran ondas de radio, cualquiera con la frecuencia correcta podía unirse. Al ser consientes de las horas transcurridas, Ethan y su grupo se retiraron de la llamada.

No muy lejos, despertados hacían su propia investigación. Era de conocimiento público que el mundo estaba en calma, no solo por las misiones nacionales, también por las grupales.

Además de las misiones nacionales, diversas clases de misiones surgieron: Grupales, Duales, Exclusivas, Limitadas, etc. Los despertados se llevaron una grata sorpresa, aunque era esperado. Cada misión permitía que progresen; ya sea como persona, grupo o nación; y nadie se negaba a hacerlas, lo que conllevó que las mismas perdieran su valor: Las recompensas eran mínimas, lo mínimo dentro de lo decente, mientras que otras eran solo los resultados que obtenían al completar la misión.

Una de las misiones grupales, para todos los que tenían habilidades cosmológicas, se trataba de observar y apuntar las diferentes constelaciones del cielo, junto a sus cambios. La recompensa dependía de cuantas encontraban, pero, sin contar la primera, solo escribía la información respectiva en el libro de constelaciones, junto a pequeños detalles extra.

Otra misión grupal fue; cuando un par de países llevaban casi la mitad de los mismos, anotar por lo menos mil hierbas diferentes y analizarlas. La recompensa se limitó a corregir los datos y dar pistas de su cuidado y reproducción. Lo mismo pasó con las bestias, aunque solo fueron cien las requeridas.

La última misión conocida, [Una vida sostenible], que es la que más trabajo le está costando a cada nación, era encontrar una manera sostenible de no pasar hambre.

Aunque era lento, las empresas de comida comenzaban a hacerse millonarias. Debido a lo sucedido, solo los cultivos y animales que habían sido almacenados en los colisionadores sobrevivieron. Ni un solo grano de trigo quedaba fuera; y si quedaba, era imposible conseguirlo.

Las decenas de colisionadores permitieron producir miles de alimentos, pero la cantidad demandada seguía siendo mayor. Para reducir esta carga, la mayoría de despertados no comían, valiéndose únicamente de carne seca, raciones de campaña y píldoras vitamínicas compradas del sistema. Estas últimas eran compradas por los altos rango para repartir a sus menores, pero claramente no era viable.

La creatividad no faltaba. Algunos países, arriesgados o inteligentes, alimentaron a sus despertados con la carne de ciertas bestias de apariencia porcina, mientras delegaban algunas píldoras a las comunidades. Una sola píldora disuelta en agua podía calmar el hambre de una familia entera, pero no de suplir los nutrientes necesarios.

En cierto país, el progreso alcanzó el cinco por ciento con su ingenio y reglas, mientras que, aunque apenas cubrían el tres por ciento, una nación de habla inglesa comenzaba a descubrir la verdad que se ocultaba tras las fronteras.

Lejos de las apodadas “Murallas”, un joven investigaba una ruina poco común. Durante los últimos años, su patria sufrió incontables y considerables cambios a nivel estructural, geográfico y poblacional, pero sus costumbres no fluctuaron en lo más mínimo, ni mostraba señales de hacerlo.

Rodeada por altas murallas de piedra, talladas con jeroglíficos nunca antes vistos y acompañada de dos grandes estatuas — similares a los demonios dibujados en los libros para niños — había una mesa blanca. Se ubicaba en el centro de un anillo de huesos amontonados, hecha de un material similar al marfil y cubierta por un pedazo de cuero marrón. Sobre ella, un juego de tres tazas se hallaba, mientras que la cuarta era sostenida por una impecable mano.

El reloj marcaba las cinco. A pesar de ser un antiguo reloj de bolsillo, estaba bien cuidado.

La figura dio un sorbo, luego dos, tres y así hasta que se acabó el té y las galletas de acompañamiento. Tras ver la pequeña manilla cruzar las seis, volteó y observó los jeroglíficos, que, a su impresión, contaban la importante historia de una, ahora inexistente, civilización.

Pasaron varios meses desde que salió de aquella cueva. Si no fuera un despertado, sería un marginado a ojos de todos. Cada cierto tiempo, un grupo de despertados se acercaba, bajando por el profundo agujero de casi un kilómetro para traerle comida, papeles, bolis y noticias.

— Señorita Nat, Los funcionarios han mandado la orden de que suba.

— ¿Otra vez? ¿No subí hace apenas cinco días?

— Fue un mes, señorita. — murmuró la chica con la cabeza ligeramente inclinada. Tenía miedo a que le gritaran. — Mencionaron que se trata de la misión nacional. — Explicó

— Ah. Esa misión. ¿Qué tiene que ver conmigo? ¿Acaso no ven que tengo mejores cosas que hacer? ¡En vez de perder el tiempo podrían apoyarme!

— Señorita…

La joven no se atrevía a decir más. Estaba segura de que si lo hacía, un largo monólogo comenzaría. La mujer, caracterizada por sus rasgos salidos de la fantasía idealizada, suspiro; señaló la mesa y los trastes, y se fue. La joven le siguió.

En uno de los palacios de la superficie, frente a una famosa mesa de piedra, se reunían doce personas. Dos de pie, acompañando a quien se sentaba en el trono rojo. No tenía corona alguna, pero el aire que solo los reyes poseían le rodeaba.

Un portazo. La puerta abriéndose estrepitosamente sacudió los dorados cabellos de aquella persona, haciendo que las puntas marrones de su cabellera revoloteen. Frente a él estaba un hombre vestido en traje, idéntico a los que esperaban sentados, pero con un collar que posee un dije marrón de polilla.

— Escuche que me llamaban. ¿Qué sucedió?

— Seño… — Uno de los hombres en traje recibió un codazo, lo que le hizo reconsiderar sus palabras. — Señorita Nat, le esperábamos.

— Lo sé, ¿A quién más esperarían? — Una mirada feroz fue lanzada a aquella persona.

El rubio tosió un par de veces antes de hablar, llamando así la atención de los presentes y evitando un conflicto.

— La misión [Un nuevo futuro] fue completada.

— Lo sé. También me apareció la notificación. — Respondió con sequedad.

— Correcto, entonces, para no arrebatar tu tiempo…

— Gracias. — Interrumpió.

— Cómo iba a decir… — En su mirada se marcó la molestia. — ¿Qué ideas tienen para completarla?

— Mi señor. Aunque el bestiario sea corto y haya varias bestias similares a los animales que conocíamos, no considero que sea viable.

— Eso es verdad, mi señor. No sabemos qué efectos secundarios tendrán en las personas normales.

— ¿Entonces qué sugieren?

— Injertos. — Mencionó el hombre a la derecha de Nat.

— ¿Injertos?

— Exacto. Las plantas de antes no pueden crecer en las nuevas tierras. Según parece, el maná llena las células de las plantas, lo que conlleva la mutación y muerte de las mismas. — Explicó. — Todavía está en proceso de investigación, pero, si insertamos pequeñas partes de las hierbas mágicas en las plantas y usamos los colisionadores para que proliferen seguras, en un par de años podremos tener cosechas resistentes a la nueva tierra.

— Un par de años. Eso es mucho tiempo…

Varias ideas surgieron durante la reunión. El hombre sacó su reloj de bolsillo y lo observó, moviendo su pie inconscientemente por la impaciencia. ¿Para eso le llamaron? ¿Solo para hacerle quedarse sentado y sin decir nada? Comprendía las ideas que iban de boca en boca, pero nada de eso tenía que ver con ella, tampoco le importaba. Mientras más pasaba el tiempo, más difícil le fue aguantar, hasta que llegó a su límite.

— ¡Maldita sea! — Pisó con fuerza el suelo, causando que se agrietara. Al darse cuenta de su acción, se cubrió la boca y movió su pie. El suelo se reparó. — No tengo nada que decir acá. Entonces si no hay más, me retiro a continuar mi investigación.

Todos se sorprendieron por el ruido. El rubio le miró, llevó sus dedos a sus ojos, apretándolos mientras ordenaba sus ideas. Bajó sus dedos y habló.

— Tu investigación ¿Cómo va?

— ¡Va avanzando! — Una sonrisa se formó en su rostro. — Verá, he descubierto varios nuevos símbolos. Aunque parecen contradecirse entre sí, creo que la forma…

Y una larga, muy, pero muy larga, explicación se llevó a cabo. Nat sabía que aquella persona, a la que todos llaman por “mi señor” no estaba interesado en su investigación en lo más mínimo, pero no podía desaprovechar el momento para compartir sus conocimientos. Le era incómodo no tener con quien hablar de tales fantásticos descubrimientos.

— ¡Se puede decir que es la segunda vez que ocurre este suceso!

Una declaración que nadie esperaba. Hasta aquellos que parecían estar en un profundo sueño por haber escuchado casi una hora de explicación y los que aprovecharon su habilidad de [Sonambulismo] para fingir que escuchaban saltaron y abrieron sus ojos como platos.

— ¿Segunda vez?

— ¿Cómo puede ser posible?

— ¿Entonces…

— ¿Cuándo fue la primera? — preguntó el rubio, que se había inclinado hacia adelante por la curiosidad.

— No tengo idea. — Nat movió sus brazos. Suspiró con molestia antes de continuar. — Algunas personas me interrumpieron mientras traducía las ruinas así que no lo he descubierto.

Y con esas palabras y un par de formalidades más, Nat regresó a las ruinas.

En las ruinas, la mujer cambió su vestimenta. Lucía un atuendo que, a sus palabras, era digno de una arqueóloga. Las mujeres a su alrededor le preguntaban a qué se debía la poca ropa que llevaba, que apenas era capaz de cubrir la mitad de sus muslos y brazos, pero ella solo le respondió que debía mostrar al mundo lo que era, que para eso estaba hecho el mundo, para verla.

Las mujeres, sus subordinadas, no podían quejarse. Las palabras de la mujer de notables curvas eran parcialmente bromas a las que ya estaban acostumbradas.

Durante días observaban las ruinas los dibujos, la forma en la que estaban escritas y como algunas parecían tachadas. El grupo, hecho únicamente de féminas, estaba en un alegre ambiente a pesar de las penumbras que les acompañaban ¿Qué más podían pedir? Todas eran fanáticas de la arqueología a quienes se les había negado la profesión años atrás. Si no fuera por su jefa, ahora mismo estarían en sus casas o trabajando como cazadoras de mazmorras en la superficie. Si bien no les parecía una mala opción, no era algo que quisieran hacer solo por hacer y menos si tenían la oportunidad de descubrir nuevas ruinas.

— ¡Madam Bombish! ¡Una grieta!

— ¡¿Ahora?! ¡Eso es bueno! ¡Síganme todo el grupo dos! Que el grupo uno se quede y ordene los datos recolectados, luego que algunas chicas se encarguen de subirlas a la superficie.

Un total de siete personas entraron a la grieta. A la mazmorra.

Por lógica común, cuando un grupo entra a una mazmorra, suelen prepararse correctamente, comprando armas y pociones adecuadas, luego analizar el tipo de mazmorra y su nivel de peligro, pero el grupo de Bombish no lo hizo. Apenas se reportó la mazmorra, en menos de un minuto tras su aparición, el grupo comenzó a entrar, equipadas con libretas, cámaras antiguas, de esas que usan rollos y necesitan revelarse, y varios útiles que parecían estar hechos de acero.

Aunque el grupo rechazaba la idea de entrar a las mazmorras en la superficie, aquellas que aparecían en esa zona de varios cientos de metros cuadrados eran diferentes. Los peligros eran, hasta el momento, nulos y las recompensas eran igualmente nulas, al menos para un despertado ordinario. Para aquellas fanáticas de la arqueología, que hacían sus propias recompensas al recolectar fragmentos de paredes y fotografiar las estatuas, era una mina de oro; un oro desconocido, en forma de información encriptada que les daba la esperanza de estar frente a un nuevo descubrimiento, algo que, esperaban, contradiga y rompa todos los esquemas que se creía conocer sobre el pasado.

Tras entrar en la mazmorra las mujeres se dispersaron, comenzando a escarbar y recolectar con cuidado las losas que tenían a mano. Cada fragmento recogido era etiquetado para luego guardarlos en sus mochilas. Primero uno, luego dos, tres… cuatro y así. Las risas surgían cuando veían el tamaño de los fragmentos de pared que guardaban en las pequeñas mochilas. Les recordaba a los dibujos animados que veían de pequeñas, donde guardaban hasta un cohete en una pequeña caja del tamaño de sus manos. Todo gracias a los colisionadores recolectados.

— ¿Ven eso?

— ¿Qué cosa señorita Nat? — Todas voltearon a mirar.

— Eso.

Nat apuntó a una puerta libre de paredes, ubicada en el centro del lugar, a quince metros de donde se encontraban.

La puerta, adornada con piedras, gemas y escrituras ajenas a su conocimiento, se erguía sostenida por dos pilares de siete metros, emitiendo un brillo oscuro que, extrañamente, se diferenciaba de la penumbra de la mazmorra. Un brillo negro que solo Bombish podía ver.

— ¿Qué hace una puerta dentro de esta mazamorra? ¿Será la entrada a un segundo piso?

— No puede serlo… No hay nada detrás.

Una de las chicas lanzó una piedra a la puerta, no tenía la mejor puntería y se demostró al fallar por un gran margen.

Otra aprovechó el momento, recogió la piedra y, con su habilidad, observó lo que se encontraba detrás y luego se acercó a Nat, posando su mano en su frente.

— Es extraño… Está vacío. — Nat tomó la mano y la apartó con cuidado. — Gracias.

— No es nada señorita Nat.

La mujer retrocedió, su labor estaba hecha y se sentía mareada, llevando su mano a su cabeza. No estaba acostumbrada a compartir sus recuerdos.

— De cualquier forma, no se acerquen, chicas.

Nat estiró su mano derecha, un par de mujeres estaban por dar un paso adelante. Querían ver de qué se trataba. Dos casi se caen. Se tambalean un par de veces antes de retomar el equilibrio.

— Esos son… ¿Lualgia y Melania?

— Lugalrriga y Meslamtaea.

La versatilidad de las habilidades se presentó en las mujeres que fueron acercándose a la puerta. Algunas desactivaban trampas y otras aseguraban la información. Aunque era un equipo hecho de arqueólogas e historiadoras, la diversidad de sus habilidades es notoria. Ni los equipos experimentados del mismo país tienen la misma cantidad de habilidades que ellas y, quienes les igualaba, no siempre tenían la sinergia perfecta.

Recolectar información, compartirla, verificar, apuntar y comparar. Aunque les quitaran sus capacidades arqueológicas, aún podrían ganarse la vida como una agencia de inteligencia. Gracias a esas habilidades, la misión [Sello de Gemini] fue compartida entre todas.

— ¡Felicidades, señorita Nat!

— ¡Felicidades!

— Ya era hora.

La ventana azul frente a Nat indicaba su misión, una misión difícil para muchos, pero que, para ella y su grupo, no eran más que un juego de niños.

[Sello de Gemini]

[Descripción]

Gemini ha encontrado un candidato.

Completa los requisitos para recibir la herencia de Gemini.

[Restricción]

Solo un candidato heredará el sello de Gemini.

El candidato no puede fallar.

Aquel que tome el sello recibirá la maldición de Gemini.

El candidato es la excepción a lo anterior.

[Candidatos: Nataleon Bombish, ¿?]

Aunque el grupo desconocía el nombre del segundo candidato, no les importaba. La segunda ventana, que mencionaba los requisitos, estaba casi completa.

[Prueba de Gemini]

Conoce el pasado de [Gemini] (completa)Recolecta los fragmentos de [Gemini] (completa)Visita el [Palacio de Gemini] (completa)Identifica a [Gemini] (completa)Comprende a [Gemini]¿?

Mientras se aproximaban a la enorme puerta, las mujeres murmuraban. No sobre la prueba, sino sobre qué era exactamente el [Sello de Gemini].

En sus exploraciones descubrieron fragmentos en idiomas conocidos, mezclados entre los textos de un desconocido lenguaje. En ellos se encontraba la existencia de los [Sellos], un elemento del cual solo conocían su nombre y un par de apariciones, pero no su origen.

Aunque se conocen la existencia de veinticuatro [Sellos], solo obtuvieron registros de dos: Uno que apareció en Grecia y otro en la antigua Mesopotamia. Sumado a su actual encuentro con Gemini, no podían evitar especular y emocionarse al saber que los sellos estaban relacionados con las constelaciones.

— Pero si es así ¿No sería raro? Que una haya aparecido en Mesopotamia…

— Para nada. Las constelaciones también existieron en otras culturas.

— Las constelaciones son astros, por lo que, aunque tengan diferentes nombres, son lo mismo.

— Exacto, y no podemos estar seguros de que estos sellos sean las constelaciones que conocemos.

— Yo creo que, si bien están relacionadas, no son constelaciones. Puede que sean más las estrellas que…

— «Estrellas que guían, engendros que ayudan»

— ¡Exacto! A ese mismo fragmento me refería. ¿Qué tal si los sellos son cúmulos de estrellas?

— Pero la pregunta sigue siendo la misma ¿Qué habilidad es el sello de Gé…

— Silenció. Cuando volvamos podemos discutir eso, ahora centrémonos en que yo obtenga el sello.

Aunque esas fueron sus palabras, no pasó mucho para que estuvieran frente a las estatuas. Siguiendo los pasos y “pruebas” de Gemini, Nat se había hecho una idea de lo que seguía, por lo que se arrodilló y dio sus respetos a la puerta, no a una de las estatuas, sino a lo que estaba en medio.

Nat se había dado cuenta de la verdad apenas vio la ventana de prueba. Aunque su nombre era prueba, se trataba de una especie de ritual de sucesión. Todas sus pruebas tenían que ver con lo que es “ser Gemini”, principalmente la quinta: [comprender a Gemini]. Por otro lado, cuando presentó sus respetos ante la puerta, la sexta prueba [Presentate a Gemini] apareció, marcada como completa.

— Se siente raro que sea tan fácil.

— ¿Quizá somos demasiado buenas?

— ¡Obviamente lo somos! ¡Yo y ustedes no tenemos igual! — Exclamó Nat.

Aun así, Nat también se sentía incómoda. Fuera de seguir todos los pasos de un ritual de sucesión, no hizo nada más. Una séptima prueba marcada como desconocida surgió en la ventana de estado y la puerta entre ambas estatuas se abrió, dejando ver un vasto espacio blanco.

— ¡Vamos señorita Nat!

— Ya es la última prueba.

— Usted puede.

Nat soltó una gran sonrisa, una sonrisa orgullosa y segura de sí misma. Se puso de pie y avanzó hacia la puerta. Su mano derecha fue levantada, mientras se despedía del grupo con un “nos vemos ahora, con el sello en mis manos”. Tras eso, el grupo se quedó esperando a la mujer de fantasía… Hasta que la mazmorra cerró y las expulsó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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