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Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 5

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5: Capítulo 5 5: Capítulo 5 Mientras que Edmond apretaba el puño con frustración y sus padres, al igual que los de su amigo, observaban la pantalla del televisor con nervios, en espera de actualizaciones sobre el desastre que ocurría, Ethan se encontraba de camino a Bulgaria.

Frente a él, un hombre vestido de negro estaba parado, con una computadora portátil en sus manos y un par de gafas negras sobre su corta cabellera.

— Estas son las grabaciones.

Por ahora, no hay mucha actividad, pero tememos que pueda pasar a más.

Girando la computadora en dirección a Ethan, el hombre reprodujo el video.

En él se podía ver cómo seis personas se acercaban a la mazmorra ubicada en Atena en busca del colisionador, pero que tras varios minutos de búsqueda, no consiguieron encontrar nada.

— ¿Una mazmorra sin colisionador?

Ethan soltó su pregunta, más el hombre no respondió en lo más mínimo.

El video continuó.

Al no encontrar el colisionador, decidieron informar rápidamente; mientras uno se encargaba de eso, los otros sacaron de una mochila no muy grande un dispositivo de un metro y medio de alto.

Aunque no era el invento más nuevo, la mochila de la cual salió dicho objeto era un invento creado al incrustar un cristal de almacenamiento en una mochila, lo que agilizo la forma en la que guardaban las cosas, pues ya no era necesario activar el cristal cada vez que querían sacar o introducir algo.

Por otro lado, el dispositivo era el más reciente medidor creado por la IAA; todavía estaba en fase experimental pero tenían confianza en que podría diferenciar las mazmorras de hasta quinto rango, aunque no fueron capaces de probarlo.

Cuando el grupo estaba preparando el dispositivo, un sonido, similar al que se escucha tras jalar el gatillo, causó que todos voltearan en dirección a la mazmorra, un par de segundos después, el video se detuvo.

— Y esto fue grabado al mismo tiempo por un transeúnte.

Un segundo vídeo comenzó.

En él se escuchaba la voz de un hombre grabando a su hijo de diez años jugando, ambos estaban lejos de la grieta, pero podían ver cómo las personas se alejaban de ahí, mencionando que una grieta apareció y que la IAA actuó rápido, como siempre.

En ese momento, la cámara dio un giro en dirección a la mazmorra, las personas iban alejándose de esa zona, algunas corriendo y otras caminando, cuando algunas sombras pasaron por el aire en dirección contraria.

Era el grupo de exploración.

El padre no dudó en poner su teléfono en su bolsillo e ir a por su hijo, olvidando completamente que seguía grabando, cuando de pronto un terremoto se dio.

La voz asustada del padre se escuchó y por el movimiento de la cámara, a Ethan no le fue difícil suponer que él mismo corrió hacia su hijo.

Por suerte, el sismo no duró más de algunos segundos, al punto que, cuando el padre había tomado en brazos a su hijo, ya se había detenido.

— Pero que… El padre, sorprendido, sacó su teléfono, teniendo a su hijo en brazos, y apuntó hacia la misma dirección que antes.

Los edificios y el parque que ahí se encontraban habían desaparecido, en su lugar, estructuras destruidas, hechas a base de piedra, se encontraban pintadas con cenizas; el verdoso pasto ahora era roca ligeramente fundida y el calor podía sentirse desde su ubicación — Como puedes notar, una especie de tierra volcánica “Invadió” Atena.

— ¿Cómo qué invadió?

Literalmente se tragó Atena y la reemplazó por eso.

— También pensábamos eso, pero observa esto.

En la misma pantalla, varias imágenes se juntaron, desde diferentes perspectivas se podía ver la misma escena, Un parque y edificios normales, a pocos centímetros de la roca volcánica.

Ethan se demoró algunos segundos en darse cuenta, pero al hacerlo, no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa.

— Esto es… — Exactamente, aunque ese territorio ha aparecido, Atena sigue “intacta”.

No se destruyó ningún edificio, ni siquiera se movió una sola lata de su estante a pesar de la intensidad del sismo.

Lo único que desapareció fue lo que se encontraba dentro de un radio de 10 metros de la grieta.

Para nuestra desgracia, el veinteavo grupo de exploración griego se encontraba dentro de ese rango.

— Es extraño… Demasiado.

Pero pudieron usar a los despertados griegos para lidiar con todo si fuera solo eso ¿Por qué llamaron a despertados de otros países?

— ¿Eres ciego?

Mira bien esto.

Pasando por sobre el hombro de Ethan, una mano se acercó a la pantalla, en ella, señaló una pequeña mancha en la foto que se encontraba en la esquina inferior izquierda.

— ¿No se te hace conocido?

— ¿No es solo un… — Antes de terminar de hablar, la imagen fue agrandada, dejando ver con mayor claridad la mancha que resultó ser una sombra — Dime que no es lo que creo que es.

— Por desgracia, lo es.

— ¿Por qué más nos llamarían?

— Mencionó la chica de cabellos negros que había notado la sombra.

— ¡Al menos podremos hacernos llamar “Caza dragones”!

— agregó el hombre sentado a dos asientos detrás de la chica.

— Qué suerte tienes Ethan — Un joven de lentes y cabellera corta habló con un tono sarcástico.

— Solo tienes que pedirles que te den sus ojos y tu amigo podrá ver.

— ¿Pedirles?

Pero si solo es uno — Una voz infantil se asomó desde detrás de uno de los asientos.

— No es tan difícil de deducir si lo piensas un poco.

— Respondió el joven de lentes.

— Más de cien países envían a sus despertados de Octavo Rango y los únicos países con despertados de Noveno Rango se arriesgan enviándoles ¿Crees que es solo por uno?

— Me temo que pueden ser más de cien… — un ligero miedo se escuchó en el tono de la chica de cabellos negros.

— Por suerte, no son tantos — mencionó el hombre de negro.

— Hasta donde se ha podido captar, solo hay una docena de ellos, pero nos preparamos teniendo en mente que pueden ser el doble, o hasta el triple de ellos.

— ¡Hay problemas!

— Desde la cabina del piloto, un joven, no mayor a Ethan, salió apurado.

— El presidente Müller ha convocado una reunión virtual de emergencia.

— Conéctanos — Respondió.

— No puede ser nada bueno.

Siguiendo las órdenes, el joven volvió a la cabina para presionar un pequeño botón azul al lado derecho de la puerta; una pantalla de 100 pulgadas salió desde el techo del avión, dejando ver así a un hombre rubio de mediana edad, fornido a primera vista.

La insignia colgando de su blanca camisa demostraba su posición como presidente de la sucursal griega de la IAA.

— Lamento la descortesía pero por la urgencia del asunto, voy a dejar de lado los saludos.

— Expresó Müller.

— Hace unos minutos, uno de los dragones se alejó de las tierras volcánicas y llegó a la zona sur de Atenas.

Müller no se demoró en explicar a fondo la situación en la que se encontraban.

En el sur de Atena, a un par de kilómetros de las tierras volcánicas, un dragón negro se encontraba de pie sobre uno de los edificios.

Sus garras habían atravesado los bordes de la estructura, dejando varios agujeros como prueba de que había estado ahí.

Gracias a eso, los despertados pudieron posicionarse y rodear a la criatura en un radio de medio kilómetro, aunque no le atacaron, por el contrario, formaron tres anillos de despertados y estudiaron su patrón de movimiento bajo las órdenes del general.

Detrás del primer anillo de vanguardia, una mujer joven, con el cabello recogido como cebolla militar, se encontraba observando a la criatura a través de un monitor.

Acercando y alejando la vista con sus dedos, iba dándole instrucciones a las personas que se encontraban tras ella.

— ¿No es raro que no se esté moviendo?

Uno de los chicos que se encontraba de pie, levantó la mano a la altura de su cabeza antes de hablar, sus cabellos llegaban hasta sus omóplatos, aunque estaban desordenados.

— Parece que estuviera esperando algo.

— Opino lo mismo, vamos casi tres horas observando y lo único que ha hecho es moverse sobre esa azotea.

— agregó una chica.

— Deberíamos agradecerlo, si fuera agresivo desde el inicio, no hubiéramos podido evacuar a las personas.

— Respondió la mujer — Sé que muchos están impacientes, deben de querer ver de cerca a la criatura y muchos ganarse uno de los famosos títulos, pero no podemos arriesgarnos hasta que lleguen los despertados de otros países.

Debido a la distancia, una gran cantidad de despertados se encontraban a varias horas de camino; los despertados griegos se encontraban en constante tensión durante la espera.

Ya que era la primera vez que una criatura como aquel dragón había aparecido, no sabían que esperarse; muchos habían escuchado de los dragones en la mitología pero, a diferencia de lo escuchado, este no tenía más de diez metros de alto y poseía dos colas y pares de alas.

Según el informe hecho, sus actitudes eran extremadamente tranquilas; durante el tiempo transcurrido, solo se recostó en el primer tejado que llego, levantándose para caminar e ir a otro tejado aunque tras varios minutos volvía al inicial; otros dragones que habían salido del terreno volcánico hicieron lo mismo, tanto en el lado norte como este de Atena.

Para cuando la séptima hora de espera llegó, el sol estaba a minutos de esconderse y los despertados se encontraban cada vez más relajados debido a que los refuerzos estaban llegando.

Uno esperaría que los grupos se separaran por sus lenguajes pero debido a que todos tomaron la decisión, guiados por las palabras de Amanda, de adquirir la habilidad de [Lengua universal], podían comunicarse sin problema alguno.

En cierto punto, algunos despertados decidieron comer por su cuenta; varios representantes, confiados de sus habilidades, sacaron; de las mochilas que trajeron consigo; cubiertos y envases con comida que empezaron a repartir entre los suyos, creando un banquete en menos de diez minutos.

La mujer de cabellos negros negó la idea por completo, prohibiéndoles a muchos el bajar la guardia, pero casi nadie le hizo caso fuera de los despertados griegos; aunque tras ser influenciados por otro despertado hasta la mujer, de nombre Diana, se vio afectada por dicha habilidad, uniéndose al grupo en su comida.

Los únicos despertados que faltaban eran los provenientes de América, quienes se encontraban a pocas horas de llegar.

Apenas el sol se escondió en el horizonte, Atena se vio inmersa en un grotesco rugido.

La mayoría de los dragones habían dejado por completo las tierras volcánicas y se asentaron sobre edificios a varios kilómetros uno de otro, rugiendo a la caída del sol como si de lobos aullando a la luna se tratase.

Esto alertó a varios despertados, aunque sus reacciones fueron demasiado lentas.

Al unísono, los dragones, anteriormente recostados, se pusieron de pie sobre sus cuatro patas y empezaron a mover sus alas con tal fuerza que los edificios sobre los que se encontraban se derrumbaron al instante; los despertados no dudaron en ocupar las posiciones que habían definido con anterioridad, cuando el viento proveniente de los aleteos derrumbó su formación.

— ¡No se confíen!

Diana, quien fue tomada de sorpresa, pudo recomponerse más rápido que nadie y resistir la corriente de viento; varios despertados habían salido volando, mientras que otros apenas lograron mantenerse de pie.

No se demoraron mucho en recomponerse y cuando lo lograron, un espectáculo de colores se llevó a cabo en Atenas.

La variedad de deidades y sus orígenes crearon una enorme variedad de despertados, al punto que no podían clasificarse de una única manera.

Cada país y cultura tenía sus propias clasificaciones, basados en sus mitos y leyendas: Los chinos diferenciaban a los suyos en dos tipos: cultivadores del Dao y cultivadores físicos; los japoneses en tres tipos: conjurador, samurái y ninja; los Coreanos los dividían en Hechiceros y Artistas marciales, y los europeos clasificaron a sus despertados en Magos y guerreros, teniendo cada uno sus variantes que dependían del elemento que manejaban o el arma que usaban.

Por su parte, la forma de clasificación de Estados Unidos fue la más usada en América, en la cual cada despertado se clasificaba según sus funciones, como si de un trabajo se tratase; mientras que algunos países, tanto de América como de África y Oceanía, tenían a una clasificación extra de Salvajes, en la cual dividían a los despertados según sus capacidades de transformación.

Todas estas formas se encontraban en el campo de batalla, creando una fantástica escena.

En un parpadeo, varios despertados pusieron en uso sus habilidades; algunos se transformaron en animales, ya sea parcial o totalmente; otros recolectaron el maná del entorno en sus las palmas de sus manos; los terceros mostraban auras de colores rodear sus cuerpos; había quienes mostraron elementalización en partes de sus cuerpos, cabellos incendiados, brazos vueltos piedra, agua saliendo de sus espaldas o rayos recorriendo desde sus pies hasta sus cabezas; un quinto grupo tenía canales de prana en su cuerpo, la mayoría de estos con el mismo patrón, unos más brillantes que otros; varios habían sacado pinceles, lápices y hasta papeles, en los cuales pintaron y dibujaron mientras una luz blanca se reunía en sus trazos; despertados que, vestidos con trajes tradicionales de sus respectivos países comenzaban a bailar al compás de otros despertados, que formaban una enorme y nueva sinfonía al combinar tantos estilos que, curiosamente para todos, armonizaban; otros sacaron pequeños inventos que tomaron forma animal o que se volvieron accesorios para los mismos y unos pocos recolectaban pequeños puntos de luz que provenían desde distintas direcciones a grandes velocidades.

Estos últimos eran un grupo extremadamente extraño de despertados, los cuales poseían una categoría mundial denominada como “Santos”.

Los santos eran capaces de reunir Fe, una energía diferente a las cuatro caóticas energías que aparecieron en la tierra a mediados del primer año A.R.G, la cual rodea el cuerpo del santo creando una pequeña capa dorada.

El festival de colores se reflejó en las pupilas de la criatura, que mostraba señales de enojo en respuesta.

Debido a la ausencia del sol, los despertados al sur de Atena tuvieron dificultades para poder visualizar la sombra de la criatura, quien, agitando sus cuatro alas, enviaba constantes ráfagas contra ellos.

En defensa, decenas de despertados crearon barreras, las cuales fueron destruidos tras algunos asaltos.

Tres rondas de barreras se originaron antes de que la criatura dejara de atacar con aquellas ráfagas; la mayoría de los despertados encargados de las defensas se habían agotado para ese punto, haciendo que agradecieran el alto de la criatura; por desgracia, en los pocos segundos de descanso que se dieron, algunos despertados se asustaron al ver como los que estaban al frente suyo caían al suelo carentes de cabezas.

Sin entender qué había pasado, el nivel de alerta de los despertados pasó de precaución a alerta de amenaza, los gritos de inicio fueron silenciados por habilidades de algunos Tops nacionales y por la música que llenaba sus oídos.

El ritmo de la música, que en un inicio era sereno, pasó a ser contundente y pesado, era un ritmo de guerra que erizó la piel de los despertados y tranquilizo sus nervios, al punto que uno pensaría que están hechos de acero.

— ¡Tengan cuidado!

¡Y si ven oportunidad, ataquen en grupos, uno tras otro, no le dejen tiempo a reaccionar!

Diana, la general de los despertados griegos, hizo llegar su voz hasta los despertados más alejados.

Debido a experiencias pasadas, como la ruptura de osos que sucedió en enero en la misma Atena, nunca subestimaba a sus enemigos, siempre se preparaba para lo peor, y buscaba la forma de eliminarlos antes de que estos pudieran hacer algo aunque, como el dragón se mostró inofensivo al inicio, había decidido estudiarlo.

Encontrar a la criatura en la oscuridad de la noche era tan fácil como encontrar una aguja en un pajar; solo un grupo de despertados era capaz de verlos debido a sus habilidades, pero la cantidad no era suficiente como para coordinar a las decenas de despertados.

Debido a eso, en media hora, un décimo de los despertados había perdido la vida.

La criatura, en cierto punto, recibió el ataque de una docena de despertados a la vez, más salió completamente ileso, haciendo que sus ataques se volvieran considerablemente más agresivos, como si hubiera estado siendo cuidadoso hasta el momento.

Los despertados no podían hacer más que defenderse y tratar de contraatacar inútilmente, hasta que a un joven chino se le ocurrió la idea de lanzarse contra la criatura audazmente.

Le tomó una decena de segundos llegar hasta la criatura alzada en el aire; sus pasos eran como si caminara en el aire, dejando ver tenues espirales en los lugares que pisaba.

El dragón no dudó en centrarse en este joven para evitar su avance pero, aunque le arrebató un brazo y pierna, no pudo evitar que el valiente se le acercara lo suficiente.

Las pupilas del joven se notaban ligeramente difuminadas, su brazo izquierdo colgaba inertemente y su pierna izquierda y brazo derecho yacían en el aire, cayendo hacia un recientemente destrozado edificio.

La vida del chico se esfumaba a la misma velocidad que sus pupilas se difuminaban; sus dientes, con las fuerzas que le quedaban, sostenían el mango de la cuchilla que utilizó para cortar parte del cuello del dragón, tras lo cual, cayó sin que nadie fuera a por su inerte cuerpo.

Más que preocupados por la vida del valiente, cuyo cuerpo ahora yacía sobre escombros, se encontraban felices por lo que había logrado.

Los despertados habían perdido esperanzas de poder hacer algo contra el dragón cuando el valiente joven logró herirlo.

En ese momento sus esperanzas se dispararon y tomaron una postura más ofensiva contra la criatura; los ataques comenzaron a ser más desmedidos, algunos que se habían limitado a atacar cuando el dragón se acercaba decidieron lanzarse contra él, ignorando no solo los ataques de sus aliados, sino que también las órdenes de Diana, que les repetía que no rompieran la formación.

Más de dos horas pasaron desde el ataque de los dragones.

La baja de despertados no era pequeña, pero gracias a la despertada de noveno grado, tampoco habían sido exageradas.

El grupo sur fue el último en recibir ayuda; más de la mitad de los despertados habían perdido la vida y, de los que quedaban, al menos una tercera parte había perdido las calificaciones para continuar en la ahora destruida zona pero, por más que quisieran, no se podían ir.

Considerando que eran capaces de tomarse un descanso, Diana, quien había perdido su brazo izquierdo, ordenó que se retiraran a los incapacitados.

Despertados médicos cargaban consigo colisionadores de campo, debido a que, en ocasiones, era difícil llevar a un herido de gravedad hacia un hospital, era común que estos cargaran en los colisionadores edificaciones médicas bien equipadas, donde colocaron a los heridos.

Cuando los despertados de toda América llegaron, quedaba menos de una decena de heridos que necesitaban ser trasladados a los respectivos colisionadores.

Los despertados de Estados Unidos y México llegaron al norte; al este, Canadá y algunos países centroamericanos apoyaron a los despertados alemanes; al oeste, los despertados del noreste de Sudamérica y Brasil apoyaron a los Rusos; mientras que al sur, donde la situación era peor, llegaron los demás países de Latinoamérica, junto a un segundo estruendoso rugido.

Sin tiempo a presentarse, los despertados recién llegados y los lastimados se prepararon ante la nueva amenaza.

A diferencia de antes, ahora eran tres dragones, de tamaño similar al primero, los que aparecieron.

— ¿No se supone que solo eran una docena?

— Preguntó Ethan en un grito.

— Se dijo que podían ser el doble.

— una voz respondió por el intercomunicador en el oído izquierdo de Ethan.

— ¡No sé quejen, el norte y el oeste tiene cinco, así que no podrán ayu… La transmisión se interrumpió, a la vez que otro estruendoso rugido se escuchó.

Ethan sostuvo la espada de un metro y medio que su compañera le lanzó; al instante, la misma se prendió en llamas, acompañando sus oscuros cabellos que rápidamente se tiñeron en un rojo vivo hasta la altura de sus orejas.

A pesar del tamaño del arma, Ethan había tomado una posición similar a un esgrimista; su saco rojo, que llegaba hasta sus talones, iba rozando las ligeras flamas que surgían de sus cabellos.

Debido a que estaba hecho de la piel de osos encontrados en mazmorras volcánicas, no se incendiaba en lo más mínimo, por el contrario, conducía las flamas por sus bordes, dándole así una llamativa apariencia.

Para cuando los dragones se encontraban a doscientos metros del segundo anillo creado por los primeros despertados, Ethan y varios despertados se habían abalanzado contra ellos; la espada de Ethan había pasado de sostenerse en dirección a su objetivo a mantenerse en su hombro.

Al igual que el primer valiente, Ethan era capaz de saltar en el aire, dejando pequeñas plataformas de fuego que desaparecieron rápidamente donde pisaba.

Pocos metros detrás de él se encontraban varios despertados más, todos abalanzándose contra el tercer dragón, característico por su color dorado.

Momentos antes de que los despertados pudieran golpear a la criatura, varios juegos de luces y elementos golpearon a la criatura, obligándole a ocupar dos de sus tres pares de alas para defenderse.

En ese momento los despertados aprovecharon para acercarse completamente y atacar; muchos no llegaron, perdiendo sus vidas a causa de los otros dos dragones, pero aquellos que sí llegaron, fueron capaces de dejar varias heridas en su cuerpo.

Uno de los pocos despertados chinos que quedaban fue capaz de arrancarle de una mordida varias escamas a cambio de sus dientes; otro, perdiendo en el acto su arma, perforó el lado izquierdo de su cuello y un tercero partió a la mitad una de las alas, dejando atrás su vida tras ser alcanzado por una ráfaga que separo su cabeza del cuerpo.

Contra el primer dragón, varios santos habían participado en la primera línea, pero ahora centraban sus esfuerzos en defender y curar a los despertados.

La mayoría había perdido más del sesenta por ciento del brillo dorado que los rodeaba e iban perdiendo más con el tiempo.

Los despertados en retaguardia apenas podían mantener los ánimos, horas tocando y bailando los habían cansado por más que se turnaron; los artistas se quedaban sin materiales y sin energía y los despertados que dependían de inventos eran prácticamente inútiles ahora.

Cuando la media noche llegó, dos dragones quedaban en el sur, la cantidad de despertados había disminuido notablemente y empezaban a dudar si iban a sobrevivir, al punto que varios países decidieron mandar despertados de Séptimo rango como apoyo, con la esperanza de que esa pequeña diferencia hiciera algo.

Uno de los dragones tenía pequeñas heridas por de todo su cuerpo, mientras que el otro tenía inutilizadas cuatro de sus seis alas; para esto, más del setenta por ciento de los despertados habían perdido la vida, la mayoría partidos a la mitad por las ráfagas causadas por los dragones; otros calcinados bajo su infernal aliento; una pequeña cantidad había sido agarrada bajo las garras y dientes de los mismos mientras que varios fueron heridos de gravedad al ver que sus ataques se regresaron a ellos con mayor potencia tras impactar con la cola de las criaturas.

Ethan tenía heridas por todo su cuerpo y algunos tendones en su cuerpo se habían partido; si no fuera por una de sus habilidades, habría quedado inutilizado como muchos otros.

En ese punto, la mayoría de los despertados que continuaban luchando poseían habilidades como la de Ethan, que les permitían forzar sus cuerpos a que se movieran, o ignorar el dolor completamente.

Los heridos eran dejados en su mayoría a su suerte, oleadas de asalto y defensa sucedían una tras otra, hasta que el segundo dragón cayó inerte, no sin antes soltar un rugido varias veces más fuerte que los anteriores, al punto que la tierra no pudo evitar temblar.

Junto al último rugido del dragón, los despertados médicos y los heridos sufrieron más que los otros.

El sismo de séptimo grado se sintió en todo el sur de Atenas; los colisionadores de campo que los médicos poseían comenzaron a vibrar, al punto que, tras varios segundos, se hicieron añicos.

Aumentando drásticamente la intensidad del sismo; los despertados se vieron dispersos y separados por varias centenas de metros.

Los espacios dentro de los colisionadores aparecieron en la tierra, ocupando un espacio de manera idéntica que las tierras volcánicas, cuando estos fueron destruidos.

Los heridos y las edificaciones médicas estaban expuestas; cientos de heridos, tras ver la situación y ser alertados por una despertada argentina, tuvieron que apoyar como podían.

Para este punto, Diana, quien dirigía los movimientos en el sur, había caído tras defender a Ethan y otros tres despertados.

Al mismo tiempo, la zona oeste y norte de Atena había acabado con los cinco dragones que fueron hacia ellos.

La cantidad de despertados sobrevivientes era menos de una centena en cada zona, pero el tiempo que los despertados de Noveno Rango tenían para descansar era nulo.

Apenas acabaron con el último, fueron enviados a la zona este y sur de Atena.

Elena, la despertada de Noveno Rango de Rusia, se encontraba en camino al sur de Atena, sus cabellos eran albinos casi en su totalidad, dejando solo cinco centímetros de cabellos rubios en la raíz; sus ropajes celestes se diferenciaban gracias a la actual luz de la luna y a su espalda, un círculo formado por infinidad de cristales de hielo se veía, de los cuales dos brazos de dos metros de largo surgían.

Se podía notar el cansancio en su rostro; sus codos estaban cubiertos por hielo teñido de rojo, evitando así que la sangre saliera debido a la carencia de brazos.

Cuando Elena llegó al Sur, observó por el rabillo de su ojo derecho como los edificios médicos aparecían de la nada, pero no se detuvo a pensar en aquello; solo se lanzó contra el último dragón que quedaba.

Tras el impacto, ambos brazos de hielo se destruyeron, haciendo retroceder a la criatura varios metros, pero rápidamente reaparecieron con la adición de una lanza de hielo, repitiendo el asalto una y otra vez hasta que la criatura fue capaz de contraatacar.

Los despertados heridos fueron a la ayuda de Elena, aunque sus esfuerzos solo resultaron en la pérdida de varias vidas más a cambio de unos pocos segundos de respiro.

De cientos de despertados que habían llegado a defender en el sur de Atenas desde el mediodía, el número actual, incluyendo a Elena, no superaba los veinte.

La criatura tenía todas sus alas completamente inutilizadas, dos habían sido cortadas, mientras las otras cuatro fueron dañadas al punto de no servir.

Cuando dos de sus alas derechas habían quedado inutilizadas, la estabilidad de la criatura se redujo drásticamente; pero cuando los despertados se deshicieron de la última, esperando que cayera, su estabilidad se recuperó por completo.

Soltando un gran rugido, las alas de la criatura se desprendieron de su cuerpo como si de prótesis se trataran y a su espalda, similar al círculo en la espalda de Elena, la energía en el aire se comenzó a reunir, girando a una velocidad que iba incrementando exponencialmente con el tiempo.

No demoró más de cinco segundos para que la energía en su espalda formara una espiral de color blanco, celeste y azul.

El último despertado chino pudo confirmar, en un grito, que la energía de color celeste era el Qi; Elena afirmo que el azul era el maná y una pareja de despertados añadió que la blanca era la esencia vital; pero no fue todo.

Aunque no quedaban despertados, que usaran prana, vivos, la forma en la que “venas” se marcaban en las escamas de la criatura obvia la existencia del prana en su cuerpo.

Los canales de prana, a la vez que la espiral se formaba, tomaron forma de runas en el cuerpo de la criatura.

Ningún despertado entendía qué estaba sucediendo, pero Elena no se detuvo a pensar, sabía que las cuatro caóticas energías no podían coexistir entre sí.

Los rusos habían intentado que uno de sus despertados dominara tanto el maná como los canales de prana; tras varios estudios, comprendieron cómo crear un solo canal de prana con maná, en teoría.

Sería doloroso pero exitoso, más tras varios intentos descubrieron que era imposible; si se intentaba combinar el prana y el maná, aunque ambos se suponía eran el mismo tipo de energía interpretada de diferente manera por diferentes culturas, las energías chocaban entre sí, lo que los llevó a inferir que eran completamente diferentes.

Cada intento que hicieron tenía uno de dos resultados: perdían la capacidad de usar el maná o morían irremediablemente.

Debido a eso, en la cabeza de Elena, el ver las cuatro energías existiendo en un mismo cuerpo era una señal de peligro total.

Del círculo, a espaldas de Elena, tres pares de brazos surgieron, cada uno sosteniendo un arma diferente; sin esperar alguna reacción de la criatura, sé abalanzó.

Los despertados detrás de ella estaban atónitos por lo que veían, hasta Ethan, quien tomaba la iniciativa en los asaltos, parecía una estatua en confusión.

La espiral a espaldas del dragón empezó a concentrarse, cada vez se hacía más pequeño y parecía introducirse en su nuca; una esfera de energía comenzó a brillar entre sus colmillos, hasta que, tras ser golpeado por la habilidad de Elena, dejó salir una gran llamarada que derritió varios kilómetros de Atena a lo largo de veinte segundos.

Para cuando la llamarada terminó, el cuerpo de la criatura cayó inerte sobre sus alas con un estruendoso choque; los despertados que quedaban se pusieron felices por dicho evento, el infierno había pasado y Elena logró acabar con la criatura.

Todos estaban, de una u otra manera, eufóricos, hasta que cayeron al suelo uno tras otro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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