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Vestigios de un viejo mundo: Los dos lados de una moneda - Capítulo 6

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6: Capítulo 6 6: Capítulo 6 Desde el incidente de las tierras volcánicas pasaron tres días; Ethan se encontraba en un hospital en Lima, capital de Perú, durmiendo, mientras que su familia, y la de Edmond, esperaban angustiados que despertara.

Cuando vieron que abrió los ojos, sus corazones fueron invadidos por alivio y alegría.

— Mi cabeza me duele… — Ethan trató de sentarse.

— ¡Por fin despertaste!

— Exclamó su madre entre lágrimas.

— Evita moverte.

— Mencionó con una sonrisa su padre.

— Puede que aún no te hayas recuperado por completo — Agregó Edmond.

— ¿Papá?

¿Mamá?

¿Dónde estamos?

Tras un tiempo de lágrimas, los familiares de Ethan le explicaron la situación.

Debido a la exposición continua a potenciadores, la mayoría de despertados habían entrado en un momento de adrenalina máximo, por lo que, cuando sintieron que el peligro había llegado a su fin, sus cuerpos se relajaron, causando que todos cayeran desmayados.

Ethan quería preguntar donde estaban sus compañeros, pero tras recordar el infierno que vivió, se quedó callado y se limitó a cerrar los ojos.

Desde el día anterior, la humanidad se encontraba en luto total.

De los más de dos mil despertados de octavo rango enviados a Grecia, menos de cincuenta habían sobrevivido, terminando más de la mitad con heridas graves, mientras que Rusia había perdido a su único despertado de Noveno Rango.

Esta pérdida no fue solamente un golpe para Rusia como país, también lo fue para la humanidad como conjunto; se había previsto que para enero del segundo año llegaría a Décimo Rango, siendo la primera en alcanzarlo.

El tiempo de luto duró alrededor de una semana, tiempo por el cual los colisionadores disminuyeron su aparición considerablemente.

Según Julia Castle, hermana menor de Amanda, los dioses, al ver el gran sacrificio hecho por los humanos, decidieron sacrificar parte de su divinidad, dándole tiempo a la humanidad para que se recupere.

Edmond, ante esta noticia, golpeó la mesa con rabia, maldiciendo.

Para cuando el segundo año desde el regreso de los dioses inició, varios países se habían recuperado parcialmente, nuevos Octavo Rango habían surgido, como Nataleón en Reino Unido, Oliver en Estados Unidos o Anastasia en Rusia, a quien apodaron como la heredera de Elena.

Los despertados sobrevivientes fueron honrados y premiados, aunque Ethan decidió devolver todos los premios y usar la mayor parte de sus pertenencias para obtener un par de ojos de dragón, cosa que consiguió.

La premiación se dio a mitad de diciembre, y aunque cada despertado participante del incidente se presentó junto a decenas de despertados de Séptimo Rango, sosteniendo retratos de los caídos, no se pudo ver a ni un solo despertado chino.

Muchos consideraron que su pérdida los llevo a aislarse, por lo que la IAA decidió mandarles sus condolencias y conmemoraciones de manera privada días después.

Para enero del segundo año, Ethan se reunió con la familia de Edmond, les explicó sobre experimentos que se estaban llevando a cabo, los riesgos que estos conllevaban y el hecho de que podía costarle la vida si fracasaba.

Los padres de Edmond se preocuparon, dudaron si era buena idea arriesgarse pero Edmond, quien conocía el resultado, los convenció diciendo que, si tenía la oportunidad frente a sí, quería arriesgarse a fracasar, que quedarse con la idea de que pudo intentarlo pero no lo hizo.

Sus padres lo meditaron, pero lo que les convenció finalmente fue la responsabilidad que sentían al, según ellos, obligar a Ethan a deshacerse de sus pertenencias y reconocimientos por el par de ojos que se encontraban en la pequeña caja roja frente a ellos.

— Está bien… tienes nuestra aprobación — ¡Verán como todo resultara!

— afirmó Ethan con una gran sonrisa en su rostro.

Edmond no lo demostró, pero, saber que se encontraba cerca de volver a ver, le hacía muy feliz, más de lo que podía imaginar, al punto que esa noche le fue difícil dormir.

A la mañana siguiente, un coche negro estaba estacionado frente a la casa de Edmond; Ethan había venido a recogerlo junto a un pequeño grupo de investigadores para escoltarlo hasta un centro médico bajo el mando de [Tres Nubes].

Ahí, Edmond fue puesto en un contenedor, el cual llenaron a tope de un líquido azul.

Durante los dos meses siguientes, una gran disputa se llevó a cabo entre todos los países.

Un nuevo territorio había surgido en medio del océano Atlántico, pero los países no querían arriesgarse, causando que, tras días de reuniones, la camaradería que había surgido entre los países se destruyera fácilmente.

Rusia, quejándose debido a la pérdida de su Noveno Rango y la pequeña compensación que recibió a cambio, anunció que no participaría en ningún combate que se diera en los próximos meses, dejando de lado aquella tierra misteriosa.

En respuesta a esto, muchos países se negaron a participar, todos perdieron sus mayores fuerzas y no consideraban beneficioso el actuar; al final, el nuevo territorio había aparecido en medio del océano, por lo que no les afectaba.

Muchos pensaron que sería algo temporal, pero con el paso del tiempo, las relaciones entre los países se volvieron más complicadas, declarando uno tras otro que cerraban sus fronteras y que se harían cargo de los problemas de sus propios territorios.

Al finalizar enero, solo los países pertenecientes a la ONU se mantenían participando en conjunto, lanzando así un grupo de investigación a la isla en medio del océano, que terminó en fracaso con la desaparición de los integrantes del grupo.

Con este hecho, hasta dichos países comenzaron a separarse y trabajar por su cuenta.

Para cuando Edmond por fin salió del hospital, no quedaba algún país que tuviera sus fronteras abiertas.

La operación de Edmond tomó dos meses en total, el primero fue para preparar el cuerpo y que pudiese aceptar el implante, mientras que el segundo se centró en que su cuerpo se adaptara a los nuevos ojos.

Para la segunda semana de marzo, Edmond era capaz de ver; tanto para Ethan como para los médicos, fue una gran sorpresa que el experimento funcionara a tal grado.

Aunque la teoría mencionaba que, aunque funcionara, los ojos del paciente serían idénticos a los del donante, Edmond poseía unos ojos completamente normales, a excepción de los iris dorados.

Los científicos estaban confusos y Edmond se limitaba a mirarlos con confusión cuando le hacían preguntas; ocultando el hecho de que él mismo era el que cambiaba la forma de sus ojos.

— Me es difícil mantenerlo por mucho tiempo.

Frente al espejo, Edmond utilizó dos de sus dedos para poder ver su ojo derecho.

En un parpadeo, su pupila se volvió un tajo negro que partía la dorada iris a la mitad; en otro parpadeo, el tajo se expandió y la esclerótica tomó la misma tonalidad dorada que poseía su iris, idéntico a los del dragón al que le pertenecían en un inicio.

— Esta vista me trae nostalgia — Mencionó con una ligera sonrisa.

Al igual que en su anterior vida, Edmond poseía un delgado cuerpo y sus cabellos se encontraban completamente desordenados.

Quería peinarse, pero sabía que si lo hacía sería raro.

Mientras observaba su descuidada apariencia, se sentía limitado e incómodo pero, tras unos segundos de verse al espejo, rechisto y golpeó la pared al lado del mismo, enojándose durante unos segundos antes de retomar la compostura.

— Tengo que controlar mis nervios, maldición.

El tono de su voz era áspera, llenó de una controlada pero ansiosa irá.

Desde que Edmond salió de la operación y volvió a casa, se la pasaba la mayoría de su tiempo en solitario, enojándose y calmándose en un ciclo sin aparente final.

Debido a los ojos de dragón, sus emociones eran un mar en calma que en cualquier momento se volvería un caos.

Él sabía que se debía a la propia característica de esos ojos, la «verdad» no podía ocultarse fácilmente, pero lo que conllevaba eso no era algo simple; un ejemplo de eso, fue cuando, en su vida pasada, terminó destruyendo un bosque en un ataque de ira tras una pequeña provocación.

— Si tan solo no hubieran hecho eso — mencionó en un suspiro — Tengo que apurarme.

Con un largo suspiro, Edmond pudo calmar su surgente ira y sentarse a meditar en silencio.

Ahora que tenía aquellos ojos, le era más fácil darse cuenta del problema por el cual, en los dos años de su regreso, la técnica de meditación que utilizó no funcionaba.

No se debía a un mal empleo de la misma, o un mal recuerdo de su contenido, el problema radicaba en que el Qi en el aire era tan delgado que cualquier intento anterior de Edmond atraía maná en su lugar, lo que causaba una barrera que inutilizaba cualquier intento de atraer alguna energía distinta a sí.

Fue la primera sorpresa que Edmond se había llevado.

Cuando comenzó a practicar la meditación china en el pasado, las caóticas energías estaban repartidas de manera similar en cada rincón del mundo, pero la escena que estaba frente suyo fue diferente; el Qi del entorno era como un barril de agua, mientras que el maná era una piscina que lo cubría.

Esto causó cierta curiosidad en Edmond, pero no era momento, por lo que sacudió su cabeza y cerró los ojos.

— Cinco elementos (…) y un solo ser (…) contrarios entre sí pero dependientes el uno del otro (…) La naturaleza sigue su curso como un río y solo el pez que escala la cascada se convierte en dragón.

Durante su meditación, Edmond repetía las mismas palabras una y otra vez, dejando que el delgado Qi del entorno entrara con dificultad en su cuerpo por la parte trasera de su cuello.

Cuando el Qi comenzó a penetrar en los huesos de su columna vertebral, el rostro de Edmond se arrugó del dolor, obligándolo a detenerse tras media hora.

Jadeos salían constantemente mientras llevaba su mano a su cuello.

Él sabía que lo que hacía era peligroso, pero era la única opción que tenía si quería evitar varias catástrofes futuras.

— Si tan solo tuviera las hierbas necesarias… Por desgracia, aún no aparece esa grieta.

Tras diez minutos de descanso, Edmond volvió a meditar, permitiendo que el Qi entrara otra vez en los huesos de su columna.

Durante cuatro horas, Edmond repitió el proceso, hasta que se terminó por desmayar del dolor.

Comúnmente, y en la mayoría de manuales que leyó antes de su retorno, este proceso conocido como “Lavado de médula ósea” es hecho con ayuda de varias hierbas centenarias a través de un baño.

Debido a la carencia de las mismas y su apuro, Edmond no dudo en usar un método conocido como [Lavado del rey cangrejo] que consistía en imitar el proceso de lavado de médula utilizando el Qi del entorno.

Edmond eligió este método tras ver que la primera técnica que usó era inútil por la falta de Qi.

Sabía que si continuaba, nunca alcanzaría a Ethan, por lo que decidió arriesgarse por completo.

Sin dudarlo, se saltó el templado de cuerpo y pasó al lavado de médula, lo que equivale a construir la base de una casa sobre un terreno sin preparar.

Sumado al dolor que conlleva la técnica misma; Edmond sufría constantemente de un dolor similar a ser clavado por pequeñas agujas que recorrían sus huesos una y otra vez — Aunque el dolor es infernal, vale la pena.

No puedo permitir que esas desgracias se vuelvan a repetir por su culpa.

Durante un tiempo, Edmond repitió el proceso cada vez que se encontraba solo en casa, lo que era la mayor parte del día.

Desde el aislamiento, ya sea parcial o total, de los países, la globalización cesó por completo, las empresas internacionales se fragmentaron, volviéndose empresas independientes de cada país.

En esencia seguían igual que antes pero las conexiones físicas habían desaparecido por completo, creando así una carencia de materia prima.

En respuesta, varias microempresas comenzaron a surgir y las personas comenzaron a depender más de los colisionadores y las mazmorras para sustentarse, lo que aumentó la demanda de recursos humanos enormemente.

Muchas personas sin despertar, más que enojarse, se alegraron al saber que podían volver a ganarse la vida.

En unos meses, cada país se había vuelto independiente; la cantidad de mazmorras que aparecían habían vuelto a aumentar pero, a comparación al año anterior, el ritmo con el que se limpiaban era ligeramente menor al de aparición.

La pérdida de despertados seguía siendo un peso enorme para las naciones y la aparición de nuevos despertados disminuía drásticamente con el paso de las semanas.

Ante esta situación, los dioses decidieron actuar.

En promedio, los despertados pasaban cuatro horas de su semana observando actualizaciones en la tienda del sistema que los dioses les dieron al despertar, ya sea en busca de nuevos materiales o habilidades, o en espera de que los ya agotados volvieran a estar disponibles.

Cuando la tasa de aparición de despertados se volvió menor a la tasa de mortalidad de estos, un artículo, de aparente disponibilidad infinita, se posicionó primero en la tienda.

Poseía la apariencia de una jeringa con un líquido amarillento y el nombre que le acompañaba era una salvación a ojos de todos.

“Suero del despertar” fue un tema que reventó en las redes, los países habían prohibido la salida y entrada de personas a sus territorios, pero no podían evitar que la información fluyera a través de las redes.

El nuevo artículo tenía una descripción breve: “Permite despertar a las personas” y los despertados no dudaron en gastar sus méritos en comprarlos.

Para los países que necesitaban ayuda urgentemente para limpiar sus mazmorras, fue una salvación, mientras que para algunas empresas se volvió un negocio.

Debido a que la única forma de obtener este suero es a través de un despertado, y la forma en la que ellos lo obtenían era gastando sus preciados puntos de mérito, el coste de un solo suero llegó a valer miles de dólares.

Algunos no entendía por qué el precio era tan caro si a los despertados no les servía pero, debido a la cantidad de puntos que costaba, solo los despertados de Octavo Rango podían hacerse con media docena mensualmente; mientras que los de Séptimo Rango se tenían que esforzar para obtener uno.

Los de Sexto Rango, para abajo, tenían que sufrir incontables expediciones para siquiera llegar a la mitad del precio requerido; por lo que la disparidad de poder entre las naciones se hizo mayor, y el lamento de los rusos creció.

Para mayo del segundo año A.R.G., un segundo despertado de Noveno Rango apareció en Estados Unidos, incrementando la tasa de aparición de despertados diaria hasta las dos cifras, siendo el primer y único país en lograrlo.

Alemania, España, Argentina y México eran los países más cercanos a obtener un Noveno Grado para finales junio; al menos uno de sus despertados poseía más del cuarenta por ciento de sus cabellos teñidos de algún color, señal de que estaban acercándose a su deidad y, por consecuencia, de ser un noveno grado.

En el caso de Ethan, quien fue uno de los tres sobrevivientes peruanos en su momento, solo tenia sus cabellos pintados de rojo en un quince por ciento desde las puntas, llevando una gran diferencia con los otros del mismo rango, quienes apenas mostraban algún cambio de color en las mismas.

Indiferente a la situación que afrontaba su amigo y patria, Edmond pasó los días encerrado en su habitación; meditando mientras los arrebatos de ira disminuían y el tiempo que sus ojos podían estar transformados aumentaba.

Con las piernas cruzadas, las horas pasaron hasta que un grito de dolor se escapó desde su interior.

Edmond se dejó caer de lado sobre la cama.

— ¡Tan cerca!

A este paso me tomará años.

Edmond pasó los últimos cuatro meses usando él [Lavado del rey cangrejo], logrando lavar seis vértebras en total.

El mayor contratiempo que él sufría con este método es que, cada vez que fuera interrumpido, el Qi se dispersaría por completo, lo que le obligaría a reiniciar el proceso para dicho hueso y muy probablemente su sistema inmunológico sería afectado negativamente.

— Si tan solo…  Una alarma interrumpió a Edmond y una sonrisa se formó en su rostro.

Sin demorarse un solo segundo, se levantó de la cama y se cambió; con un guante negro, sin dedos, en su mano derecha y una polera verde, salió corriendo de su habitación, tomando su teléfono antes de cruzar la puerta y apagando la alarma en el camino.

Edmond cruzó varias cuadras hasta la salida del complejo de viviendas, en donde su casa se ubicaba; giró a la derecha, sin disminuir el paso, y observó con nostalgia la institución militar que abarcaba los cientos de metros que recorrió.

Tras casi media hora, su respiración se tornó pesada y su caminar era lento; estaba exhalando fuertemente y acelerando por cortos momentos tras ver su teléfono.

Cuando llegó al lugar, volvió a ver la hora; luego vio a su alrededor y cuando notó que no había nadie cerca, parpadeo un par de veces.

Sus ojos tomaron su forma original y las partículas invisibles se hicieron visibles, las tres o cuatro energías caóticas se movían como pequeñas corrientes de aire, dirigiéndose en la misma dirección que él.

Siguiendo las corrientes de energía, Edmond pudo encontrar su objetivo.

Un par de metros frente a él, las caóticas energías convergieron en el suelo, tomando una forma similar al lanzón monolítico que brillaba con fuerza; con un parpadeo, sus ojos cambiaron y la casi cegadora luz desapareció.

Aunque no podía verlo, sabía que la convergencia de las energías era cada vez más rápida y feroz, chocando entre sí y forjando algo.

Al haber terminado de contar hasta diez, sus ojos volvieron a cambiar y Edmond vio frente a él un pequeño lanzón monolítico de no más de diez centímetros de largo.

— La forja de un colisionador… Un proceso desconocido por la humanidad hasta el momento y una duda muy grande se resolvía frente a los ojos del cansado Edmond, quien no se veía sorprendido por dicho evento.

No era la primera vez que lo veía, pero tampoco podía decir que era un evento del día a día para él.

Pasaron solo cinco minutos desde la llegada de Edmond a esa esquina, cuando una grieta apareció en el aire, junto a un colisionador nuevo.

Al igual que en casos anteriores, Edmond y muchas más personas fueron tragadas en un instante.

— Tenía miedo de no llegar a tiempo, pero pensar que así se veía la tierra dentro del pequeño lanzón monolítico.

Edmond recuperaba el aliento sentado sobre el pequeño terreno de césped amarillo bajo sus pies.

En el pasado solo había escuchado de dicho colisionador en las noticias tras ser limpiada la grieta, y años después fue capaz de escuchar los testimonios de los participantes, por lo que no estaba seguro de la hora.

En precaución colocó su alarma una hora antes del momento que pudo inferir que era el correcto.

— Ahora es momento de buscar las hierbas.

Un pequeño suspiro salió de entre sus labios antes de ponerse de pie; ignorando a las personas a su alrededor, Edmond caminó varios metros hasta el portón de cinco metros frente a él, el cual se abrió, apenas sintió una presencia acercarse.

Tras el portón, una fantástica escena se presentaba: cientos de criaturas paseaban tranquilamente por el aire, peces que volaban con un collar hecho de agua cubriendo sus branquias; caballos jalando, carruajes mientras parecían romper el espacio bajo sus pies y plantas extrañas por todos lados.

Era un mundo completamente distinto al suyo y no parecía estar limitado como las tierras en otros colisionadores.

— ¡Ahí está!

Edmond se acercó a una flor amarilla que logró diferenciar a la distancia y la recolectó con cuidado, evitando dañar la raíz.

Después de muchos años de haber sido regañado cientos de veces por una amiga en su vida anterior, él había aprendido a cuidar de las hierbas para poder seguir recolectándolas en el futuro.

No era fácil conseguir hierbas de cien años.

Una vez recolectada, Edmond acercó la flor a su mano derecha pero, al ver que nada sucedía, no pudo evitar soltar una leve risa de molestia.

— Maldición, me había olvidado que no tengo mi anillo… — Edmond medito unos segundos — ¿Eso no significa que no podré llevarme conmigo estas hierbas espirituales?

¡No puede ser!

La frustración se notó en el rostro de Edmond, principalmente en sus pupilas, que se achicaron ligeramente en señal de enojo, y en su pisar fuerte que, instintivamente, evitó lastimar la planta que recién había cortado.

Ahora que era consciente de que no podía llevarse las hierbas espirituales consigo, no había mucho que hacer.

Las personas que estaban atrapadas en la grieta con él aún se encontraban asustadas en el inicio y, si no interfería con los eventos, faltarían al menos cinco días para que fuese limpiada.

Edmond lo debatió durante varios minutos antes de chistar su lengua en molestia; la hierba en su mano mostraba signos de deterioro, más rápido de lo que esperaba, por lo que se apresuró a meditar.

— Cinco elementos… Repitiendo el mantra escrito dentro del [Lavado del rey cangrejo], Edmond volvió a tratar de lavar su médula ósea; esta vez apoyándose, de manera poco ortodoxa, de la flor que acababa de recoger.

Apretando el ligero tallo de la misma con sus dientes, sus labios chocaron con los dos únicos pétalos que poseía y las anteras se introdujeron ligeramente en sus fosas nasales.

El Qi a su alrededor era como un riachuelo en comparación de los pequeños hilos con los que había trabajado hasta el momento, lo que aceleró su progreso.

En unas pocas horas, la quinta vértebra estaba completa.

Las personas ya habían superado su miedo al ver que nada sucedía y se dispersaron tras formar pequeños grupos de tres a cinco personas en su mayoría, aunque había quienes preferían aventurarse por su cuenta.

Entre los últimos, un adolescente de cabellos castaños se acercó a Edmond.

— ¿Qué estás haciendo?

— Preguntó.

— Solo estoy tomando un descanso.

— Respondió Edmond mientras se estiraba.

— ¿En este lugar?

— ¿Por qué no?

No veo nada peligroso, los animales son tranquilos y el clima es agradable.

— ¿Eres un despertado?

— ¿Lo parezco?

— En lo más mínimo.

Si lo fueras, tratarías de limpiar esta mazmorra.

— ¿Dónde encontraste eso?

Edmond llevó su mirada al chico de sudadera azul y apuntó a la pequeña piedra verdosa que colgaba de su bolsillo derecho.

En respuesta, el chico tomo el collar y se lo mostró.

— ¿Esto?

— No, lo otro.

— Respondió con sarcasmo.

Luego agregó — ¿De dónde lo sacaste?

— De por ahí.

— El chico llevó su mirada al aire, dando a entender que no se lo diría, pero al ver como Edmond sacaba de su bolsillo lo que parecía ser una jeringa, cambió su respuesta.

— Salimos en búsqueda de comida, resulta que ninguno de nosotros ha despertado y no sabíamos qué hacer.

— Qué mala suerte tuvieron — Expresó Edmond con una ligera sonrisa.

— ¿Verdad?

Por eso salimos a explorar, resulta que este lugar es más extraño de lo que habíamos escuchado.

— “Hasta ahora ninguna criatura nos ha atacado” ¿verdad?

— Exactamente.

Edmond soltó una sonrisa ante aquella respuesta; se levantó y llevó su mano derecha al hombro del chico.

— ¿Prefieres ser un despertado o esto?

— Preguntó Edmond tras tomar el collar de las manos del chico — ¡Obviamente, prefiero ser un despertado!

— Respondió con determinación.

— Entonces sé uno, te deseo suerte.

Dejando aquella jeringa en el bolsillo del chico, Edmond se fue caminando.

Semanas atrás, Ethan le había entregado el [Suero del despertar] a Edmond, explicándole cómo podría ayudar a su familia y a su patria si se volvía un despertado de grado alto; que no dudaba que eso sucedería, ya que él le apoyaría; a lo que Edmond le respondió con una indecisa sonrisa y un “Voy a pensarlo”, pero internamente se negó a la idea.

En el pasado, él había aceptado aquel suero sin retraso y con emoción, lo que lo llevó a ser el segundo despertado de Doceavo Rango tras unos años, superado solamente por su mejor amigo.

Pero sabía que la mayoría de esos logros no se debían a su esfuerzo, sino al apoyo que recibió de la persona que causó su muerte tiempo después; aun así, siempre llevaba la jeringa consigo, no sabía en qué momento la necesitaría como intercambio y este había sido el momento indicado.

— ¿Entonces de aquí salieron los primeros?

— Mencionó observando el collar.

Tras caminar sin rumbo por un tiempo indefinido, Edmond se encontró frente a una pagoda de tres pisos.

Decenas de personas se encontraban saliendo, o entrando, por la gran puerta de madera con una enorme sonrisa en su rostro.

— ¿Qué es esto?

El desconcierto distorsionaba el semblante de Edmond.

No se cuestionaba el tipo de estructura que era, pero no entendía a qué se debía su aparición en esa mazmorra en específico.

— ¿No es obvio?

¡Es una sala del tesoro!

Resulta que cruzamos un colisionador de tipo «Almacenamiento» ¡Si tenemos suerte podremos tener esas nuevas mochilas gratis!

— Con los ojos encendidos en felicidad, un señor que aparentaba cruzar la mediana edad respondió.

— Pero solo se puede entrar una vez al día y solo puedes tomar una opción.

— ¿Una vez al día?

¿Cómo estás seguro?

— ¿Cómo no lo estaría?

Al inicio intentamos entrar por segunda vez apenas salimos, pero por más que tratamos, no lo conseguimos, solo fue al día siguiente que pudimos volver a entrar.

— Tengo una pregunta… ¿Cuántas veces has entrado?

— Edmond, confundido, inclinó ligeramente su cabeza y levantó de manera inconsciente su dedo para señalar a su contrario.

— Unas… ¿10 veces?

Al principio buscaba comida, me moría de hambre, pero luego decidí pasarme unos dos o tres días sin comer para elegir otra cosa.

— Mencionó apuntando con su dedo índice a los collares que colgaban de su cuello.

— ¿Eso no significa que han estado 10 días en esta mazmorra?

— ¿Diez?

Probablemente, más, pero no encontramos salida y ya nos cansamos de seguir buscando, solo aprovecharemos.

Además, ¿No se supone que este tipo de mazmorras se limpian al recoger todos los objetos?

— El señor elevó sus manos a la altura de sus hombros y añadió con desinterés — Solo aprovecha y recoge lo que puedas antes de que nos vayamos.

Edmond no respondió más y el señor se alejó, reuniéndose no mucho después con otras personas.

La cara de Edmond se retorcía en la confusión; para aquellas personas, esa era exactamente una mazmorra creada por un colisionador de almacenamiento; pero para él, que estuvo experimento las diferentes mazmorras en su vida, era completamente diferente, algo no cuadraba pero por más que pensara no conseguía recordar que tipo de mazmorra debería ser.

Solo estaba seguro de dos cosas, siendo uno el texto escrito en el cartel sobre la entrada a la pagoda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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