Vilus Cazador De Grietas - Capítulo 7
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
7: ECOS DE LO QUE NO SE DICE 7: ECOS DE LO QUE NO SE DICE El camino de regreso fue más largo de lo que debería.
No porque el bosque hubiera cambiado.
Sino porque nadie hablaba.
El sonido de las hojas bajo sus pies era lo único constante.
CLAY caminaba al frente, con la mirada baja, apretando su arma con más fuerza de la necesaria.
RUSELF avanzaba en silencio, pero sus ojos no dejaban de analizar cada rincón, cada sombra.
TALIA sostenía uno de sus frascos, aunque esta vez no lo observaba… solo lo apretaba, como si eso le diera seguridad.
Cali caminaba cerca de Vilus.
Pero no lo miraba.
No directamente.
Y Vilus… Iba detrás de todos.
Como siempre.
El encuentro había terminado.
Pero no había acabado.
No realmente.
—Esa cosa… —murmuró CLAY finalmente— …no era normal.
Nadie respondió de inmediato.
—Nada de esto lo es —añadió RUSELF.
Su voz era firme.
Pero más baja de lo habitual.
TALIA levantó la mirada.
—No atacó como las otras… —No —dijo Cali—.
Pensaba.
Silencio.
CLAY se detuvo un momento.
—Y habló.
Eso fue lo que más pesaba.
No la fuerza.
No el peligro.
Sino… la conciencia.
El grupo siguió caminando.
Pero ahora el aire era diferente.
Más pesado.
Más cercano.
—Dijo algo… —continuó TALIA— …algo sobre “no ser el momento”.
RUSELF asintió.
—Eso implica que volverá.
CLAY soltó una risa seca.
—Genial.
Cali finalmente habló.
—Y dijo algo más.
Se detuvo.
Miró hacia adelante.
—“Especialmente tú”.
El silencio que siguió fue distinto.
Más denso.
Más incómodo.
Nadie necesitó preguntar a quién se refería.
Vilus no levantó la mirada.
No reaccionó.
Pero su agarre sobre la pala se tensó ligeramente.
—Tal vez solo estaba provocando —dijo CLAY rápidamente.
Demasiado rápido.
—Sí… —añadió—, esas cosas hacen eso, ¿no?
TALIA no respondió.
RUSELF tampoco.
Cali miró de reojo a Vilus.
—Tal vez… Pero su voz no sonó convencida.
El resto del camino continuó en silencio.
Cuando finalmente llegaron a la cabaña, nadie entró de inmediato.
Se quedaron afuera.
Como si cruzar esa puerta significara aceptar algo que aún no estaban listos para enfrentar.
CLAY fue el primero en romper.
Entró sin decir nada.
RUSELF lo siguió.
TALIA dudó un segundo… pero también entró.
Cali se quedó afuera.
Vilus también.
El viento movía suavemente las hojas.
El bosque parecía tranquilo.
Pero ya no lo era.
—No me gusta esto —dijo Cali finalmente.
Vilus no respondió.
—No es como antes.
Silencio.
Cali bajó la mirada.
—Antes… el bosque era peligroso.
Levantó la vista.
—Ahora… se siente diferente.
Vilus habló.
—Está cambiando.
Cali lo miró.
—¿Cómo lo sabes?
Pausa.
Un segundo.
Dos.
—Lo siento.
Cali lo observó en silencio.
Como si intentara encontrar algo más en esas palabras.
Pero Vilus no dijo nada más.
Ella suspiró.
—Eso no me tranquiliza.
Silencio.
—Esa cosa… —continuó Cali— …te miró diferente.
Vilus no reaccionó.
—No como a nosotros.
El viento pasó entre ellos.
—¿Sabes algo que no nos estás diciendo?
La pregunta quedó suspendida en el aire.
Vilus levantó la mirada lentamente.
Sus ojos se encontraron.
—No.
Respuesta directa.
Sin dudar.
Pero no había emoción.
No había defensa.
No había nada.
Cali sostuvo la mirada unos segundos más.
Luego desvió la vista.
—Está bien.
Pero no lo estaba.
Entraron.
Dentro de la cabaña, el ambiente no era mejor.
CLAY estaba sentado, mirando el suelo.
RUSELF revisaba su equipo, aunque era evidente que no estaba concentrado en eso.
TALIA observaba sus frascos, intentando estabilizar alguno… sin éxito.
—Tenemos que hablar —dijo RUSELF finalmente.
Todos levantaron la mirada.
—Esto ya no es exploración.
Su voz era firme.
—Esto es otra cosa.
CLAY asintió.
—Sí… eso que vimos… no es algo que podamos ignorar.
TALIA añadió: —Y está relacionado con las sombras.
Cali se apoyó contra la pared.
—Entonces tenemos dos problemas.
Levantó dos dedos.
—Las cosas que salen del suelo.
—Y esa cosa.
—No —corrigió RUSELF.
—Es uno solo.
Silencio.
—Todo está conectado.
CLAY suspiró.
—Genial… cada vez mejor.
RUSELF miró a todos.
—Si vamos a seguir… necesitamos confiar unos en otros.
La palabra quedó en el aire.
Confianza.
Cali no dijo nada.
Pero miró brevemente a Vilus.
TALIA también.
CLAY… dudó.
Vilus no reaccionó.
—No podemos permitir dudas —continuó RUSELF.
—Si alguien sabe algo… debe decirlo.
Silencio.
Vilus bajó la mirada.
No dijo nada.
Y nadie lo obligó.
Pero algo cambió en ese momento.
No fue evidente.
No fue inmediato.
Pero estaba ahí.
Una grieta.
Pequeña.
Pero real.
Más tarde, cuando todos se dispersaron, Vilus salió de la cabaña.
La noche había caído.
El bosque era distinto de noche.
Más silencioso.
Más profundo.
Se alejó unos pasos.
Lo suficiente para no ser visto.
Clavó la pala en el suelo.
Se quedó mirando.
Silencio.
—No fue igual… —murmuró.
Cerró los ojos.
Recordando.
No imágenes.
No lugares.
Sensaciones.
Las sombras.
Las grietas.
La criatura.
Y esa otra cosa.
Diferente.
—Puede pensar… Abrió los ojos.
—Y me reconoció.
Apretó el mango de la pala.
—Pero yo no… El viento sopló.
Las hojas se movieron.
Pero algo más… Un susurro.
Leve.
Casi inexistente.
Vilus no se movió.
—…aún no… Sus ojos se abrieron ligeramente.
Giró la cabeza.
Nada.
El bosque estaba vacío.
Pero la sensación… No.
Seguía ahí.
Observando.
Esperando.
Vilus arrancó la pala del suelo.
Y por primera vez… Dudó.
No de los demás.
Sino de sí mismo.
En la cabaña, Cali no dormía.
Miraba el techo.
Pensando.
Recordando.
—“Especialmente tú”… Cerró los ojos.
Pero no encontró descanso.
Porque en el fondo… Sabía algo.
Aún no lo entendía.
Pero lo sentía.
Y eso… Era suficiente para inquietarla.
El bosque guardó silencio.
Pero esa noche… Nada estaba en calma.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com