Viuda por Contrato - Capítulo 94
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Capítulo 94: Capítulo 93: La puerta
Las Puertas de Obsidiana
Al llegar a la entrada de la ciudad, se encontraron frente a un arco colosal. No había inscripciones en piedra, sino grabados que parecían circuitos integrados orgánicos. Jena pasó la mano por la obsidiana; estaba caliente al tacto, latiendo con una energía que reconoció de inmediato.
—Es la misma frecuencia que los cristales de la cueva —murmuró Jena—. Damian, esto no fue construido por manos humanas. O al menos, no por humanos que la historia recuerde.
Entraron en lo que parecía ser una plaza central. Las paredes de las casas, si es que se podían llamar así, estaban hechas de un material translúcido que recordaba a la madreperla. Dentro de las estructuras, flotaban esferas de luz que se activaban al sentir su presencia.
La Biblioteca de Luz
En el centro de la ciudad se erguía una pirámide invertida. Jena, impulsada por una intuición que ya no cuestionaba, guio a su familia hacia el interior. No había escaleras, solo rampas de cristal que descendían hacia el corazón de la estructura.
Allí, en una sala circular, encontraron la Biblioteca de Luz. Miles de cilindros de cuarzo estaban dispuestos en estantes que desafiaban la gravedad. En el centro, un holograma de baja intensidad proyectaba un mapa estelar que no coincidía con el cielo actual de la Tierra.
—Es una cápsula del tiempo —dijo Damian, revisando los perímetros con su linterna—. Silas mencionó que tu familia era la “Arquitecta del Velo”. Jena, creo que tu linaje no solo protegía la isla, sino que custodiaba este conocimiento.
El Mensaje del Pasado No Humano
Jena se acercó al proyector central. Al tocar la base, el holograma cambió. Apareció la imagen de una mujer que se parecía tanto a Jena que Mia soltó un grito de sorpresa. Pero la mujer tenía ojos que cambiaban de color según la intensidad de sus pensamientos, y su piel tenía un ligero rastro de luminiscencia.
—“A quienes hereden el silencio” —comenzó a decir la figura en un idioma que Jena ya no necesitaba traducir, pues lo sentía directamente en su mente—. “La Tierra es un organismo vivo, y Punta Silencio es uno de sus nódulos de memoria. No somos de fuera, somos de aquí, de antes de que el hielo cubriera los continentes. Guardamos la tecnología de la simbiosis. Si estás aquí, es porque el Velo se ha roto y la oscuridad del progreso ciego amenaza con consumir el equilibrio.”
La figura mostró imágenes de máquinas devorando bosques, de océanos negros de petróleo y de una humanidad que había olvidado cómo escuchar al planeta.
—“Usa el cristal no para destruir, sino para recordarles quiénes son” —concluyó la imagen antes de desvanecerse en una lluvia de chispas plateadas.
La Amenaza en el Horizonte
Un pitido agudo interrumpió la revelación. Venía del comunicador que Damian llevaba en el cinturón.
—¡Damian! ¡Jena! —era la voz de Silas, cargada de estática—. El pulso se está disipando. El mar está empezando a reclamar su lugar. Tienen diez minutos antes de que la marea regrese con la fuerza de un tsunami. Y lo peor… hay tres firmas de calor acercándose desde el noreste. Helicópteros furtivos. La corporación Thorne ha encontrado la brecha.
El pánico intentó apoderarse de ellos, pero Jena se mantuvo firme. Miró a su alrededor, a la ciudad de coral que estaba a punto de desaparecer de nuevo bajo el agua.
—No vamos a huir esta vez —dijo Jena. Su voz tenía una autoridad que hizo que hasta los cristales de la sala vibraran—. Damian, saca a los niños de aquí. Llévatelos a la Cueva de los Cristales, es el lugar más alto y seguro. Yo tengo que cerrar la puerta.
—¿De qué hablas? —preguntó Damian, agarrándola del brazo.
—La biblioteca. Si Thorne pone sus manos en esta tecnología, será el fin de todo lo que amamos. Tengo que activar el protocolo de inmersión total. Solo alguien de mi sangre puede hacerlo.
El Sacrificio de la Guardiana
Damian dudó por un segundo, el conflicto entre su deber como soldado y su amor como esposo reflejado en sus ojos. Pero al ver la determinación en el rostro de Jena, asintió. Tomó a Mia en un brazo y a Alexander en el otro.
—Te esperaré en la entrada de la cueva. No te atrevas a no llegar —dijo Damian, dándole un beso rápido y feroz antes de salir corriendo hacia la superficie.
Jena se quedó sola en la Biblioteca de Luz. El sonido del mar regresando comenzó a escucharse como un rugido lejano de mil leones. Se dirigió al panel central y colocó el relicario de su madre en una ranura específica.
—Identidad confirmada: Jena Silva. Iniciando secuencia de ocultamiento profundo —dijo una voz melódica que surgía de las paredes.
Los cilindros de cuarzo empezaron a girar, emitiendo un sonido ultrasónico que hizo que el aire se volviera denso. Jena sintió cómo la energía de la ciudad se conectaba con su propio sistema nervioso. No era doloroso; era una expansión de la conciencia.
El Regreso del Agua
Mientras los helicópteros de Thorne aparecían como motas negras en el cielo gris, una pared de agua de veinte metros de altura se precipitó desde el horizonte. Jena activó el último comando justo cuando el primer helicóptero lanzaba una sonda de escaneo sobre la ciudad.
Un domo de energía azul transparente se expandió desde la pirámide, cubriendo toda la ciudad de coral justo un segundo antes de que el agua la golpeara. Jena sintió el impacto, pero el domo resistió. Bajo el agua, la ciudad se hundió en una fosa tectónica que se abrió por debajo, sellándose para siempre de cualquier radar o sonda humana.
La Huida por las Venas de la Isla
Jena no se quedó a esperar. Un túnel de transporte, impulsado por corrientes de agua presurizada, se abrió a sus pies. Se lanzó al vacío, sintiéndose como una bala de plata atravesando las entrañas de la isla.
Segundos después, fue expulsada con suavidad en la piscina natural del Invernadero de las Almas. Estaba empapada, exhausta, pero viva.
Subió a la cabaña justo cuando los helicópteros sobrevolaban la isla. Damian estaba en el porche, con un lanzagranadas de pulso que había sacado del búnker de Silas, apuntando al cielo.
—¡Baja eso! —gritó Jena, saliendo al porche—. Ya no pueden vernos. El velo ha sido restaurado con la energía de la ciudad. Para ellos, solo somos una masa de nubes y tormenta en medio de la nada.
El Nuevo Orden de Punta Silencio
Los helicópteros dieron varias vueltas, sus potentes focos barriendo la selva, pero las plantas del jardín de Jena, cargadas ahora con la energía del pulso de inmersión, absorbían la luz y refractaban las señales térmicas. Para los pilotos de Thorne, no había nada allí más que árboles y rocas.
Frustrados, los intrusos finalmente viraron y desaparecieron en la oscuridad.
Esa noche, la familia se reunió en la seguridad de la cabaña. El mar había regresado a su nivel normal, ocultando de nuevo la ciudad de coral. Jena se sentó frente a la chimenea, secándose el pelo, mientras Mia dormía profundamente, cansada de tanta aventura.
—¿Qué fue lo que viste allí abajo, Jena? —preguntó Damian, entregándole una taza de café con cacao.
Jena miró el fuego. Sus ojos aún conservaban un rastro de aquel brillo azulado.
—Vi el futuro, Damian. Un futuro donde no tenemos que escondernos para siempre, sino donde tenemos que prepararnos. Somos los guardianes de una biblioteca que contiene el secreto para sanar el mundo. Pero primero, tenemos que aprender a leer sus libros.
En el diario de la cabaña, Jena escribió la entrada más reveladora:
”La amnesia fue un regalo para protegerme, pero el conocimiento es la herramienta para luchar. La ciudad de coral duerme bajo nosotros, pero su corazón late en el mío. Ya no somos náufragos en una isla; somos los capitanes de un acorazado de vida en un mar de máquinas. Y la guerra silenciosa acaba de comenzar.”
La mañana tras la inmersión de la ciudad de coral amaneció con una calma antinatural. El mar, ahora liso como un espejo de mercurio, ocultaba bajo sus profundidades el secreto que Jena acababa de sellar. En la mesa de la cocina, tres cilindros de cuarzo —los únicos que Jena logró arrebatar a la marea antes de activar el protocolo— emitían un zumbido apenas audible, una frecuencia que solo ella y, curiosamente, el pequeño Alexander parecían percibir.
Jena no había dormido. Pasó la noche observando los cilindros. Al tocarlos, su mente no recibía imágenes, sino sensaciones: el sabor de la lluvia ácida, la vibración de una tierra herida y, por encima de todo, una fórmula matemática que parecía describir la estructura del alma humana.
—No son solo libros —susurró Jena, mientras Damian entraba en la cocina con el rostro marcado por la tensión—. Son llaves genéticas. Están diseñadas para resonar con nuestro ADN.
Damian dejó su rifle sobre la encimera.
—Resuenen con lo que quieran, pero tenemos compañía. El radar de largo alcance de Silas ha detectado algo. No es un helicóptero esta vez. Es un resto de naufragio. Y hay una señal de vida.
El Dilema del Guardián
En la playa este, donde la corriente suele depositar los restos de las tormentas, yacía un bote salvavidas de alta tecnología, fabricado en fibra de carbono negra. Dentro, un hombre de unos treinta años, vestido con un traje de neopreno desgarrado, jadeaba sobre la arena. Su piel estaba cubierta de quemaduras químicas y sus manos se aferraban a un maletín metálico como si fuera su último aliento.
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