Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Vornex: Temporada 1 - Capítulo 156

  1. Inicio
  2. Vornex: Temporada 1
  3. Capítulo 156 - Capítulo 156: Capítulo 156: Convergencia de amenazas
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 156: Capítulo 156: Convergencia de amenazas

Mientras tanto…

El camino hacia el reino de Beinever, se extendía entre colinas y senderos marcados por el paso del tiempo. El viento movía la hierba con suavidad, y todo parecía en calma… demasiado en calma.

Suli avanzaba sin prisa, pero sin detenerse.

Su respiración era estable.

Su mente, clara.

Pero su percepción… no descansaba.

De repente, algo cambió.

No en el entorno.

En la energía.

Suli redujo ligeramente el paso.

No se detuvo.

Pero su mirada se volvió más atenta.

—…Interesante.

Había varias presencias.

Tres.

Dos eran fuertes… pero una…

Una destacaba.

Era diferente.

Densa.

Firme.

Comparable a la suya.

Suli no cambió su dirección.

No se ocultó.

No se apresuró.

Simplemente… continuó caminando.

Van hacia Beinever…

Lo entendió al instante.

Y tomó una decisión.

No interferir.

No todavía.

Pero sí… seguirlos.

A una distancia prudente.

Observando.

Midiendo.

—

Unos metros más adelante, el grupo de Roger avanzaba sin aparentes preocupaciones.

—Dijiste que faltaba poco —comentó Selindra, mirando al frente.

—Y sigo diciéndolo —respondió Yercal con tranquilidad—. Relájate.

Roger no habló.

Pero su mirada se desvió apenas…

Como si también hubiera notado algo.

Roger dio un paso más…

Y entonces se detuvo.

Silencio.

Selindra lo miró.

—¿Qué pasa?

Roger no respondió de inmediato.

Su expresión cambió.

Ligero.

Pero suficiente.

—…Tenemos compañía.

El ambiente se tensó al instante.

Selindra giró levemente, preparada.

—¿Dónde?

Roger sonrió de lado.

—Llevamos un rato siendo seguidos… ¿no crees que ya es suficiente?

Elevó un poco la voz.

—Puedes salir.

El viento sopló entre los árboles.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Y entonces…

Suli apareció.

Caminando sin prisa.

Sin ocultarse.

Como si nunca hubiera intentado hacerlo.

Se detuvo a unos metros.

Los observó a los tres.

Sin tensión… pero sin relajarse.

Roger la miró directamente.

Y en ese instante…

Lo sintió.

Esa energía.

—…Así que eras tú —murmuró.

Su sonrisa creció levemente.

—Ahora entiendo.

Selindra entrecerró los ojos.

—¿La estabas sintiendo desde antes?

—Desde hace rato —respondió Roger—. Pero quería ver hasta dónde llegaba.

Suli no reaccionó a eso.

—No estaban en mi camino —dijo simplemente.

Directa.

Sin intención de conflicto.

Pero tampoco de evitarlo.

Roger soltó una pequeña risa.

—Y aun así nos sigues.

—Van a Beinever —respondió Suli—.

No era una pregunta.

Era una afirmación.

El silencio se volvió más denso.

Selindra intercambió una mirada rápida con Yercal.

Roger dio un paso al frente.

—Puede ser…

La miró fijamente.

—¿Y tú?

Suli sostuvo su mirada sin dudar.

—También.

Un segundo de silencio.

Y ahí…

Algo quedó claro.

Ninguno era débil.

Ninguno iba a retroceder.

Y ninguno confiaba en el otro.

Roger inclinó ligeramente la cabeza.

—Entonces tenemos un pequeño problema…

La tensión volvió a subir.

Pero esta vez… más controlada.

Más peligrosa.

Porque ninguno atacaba.

Pero ambos estaban listos.

Y el choque…

Era inevitable.

—

El silencio se estiró unos segundos más.

Nadie se movía.

Pero la decisión ya estaba tomada.

Roger fue el primero.

—Veamos si vales la pena —dijo, con una leve sonrisa.

Y desapareció.

Un destello.

Un paso.

Ataque directo.

Suli reaccionó al instante.

Giró el cuerpo lo justo y bloqueó el golpe con el antebrazo.

El impacto levantó polvo a su alrededor.

Ninguno retrocedió.

Sus miradas se cruzaron a centímetros.

—Rápido —dijo Suli.

—Lo suficiente —respondió Roger.

Se separaron al mismo tiempo.

Suli avanzó ahora.

Un movimiento limpio.

Preciso.

Roger esquivó por poco, sintiendo el aire rozarle el rostro.

—…Interesante —murmuró.

Volvió a moverse, más serio.

Intercambio rápido.

Golpe.

Bloqueo.

Esquiva.

Ninguno dominaba.

Ninguno fallaba.

Selindra observaba con atención.

Yercal… analizaba en silencio.

—No estás huyendo —dijo Roger mientras detenía otro ataque.

—No tengo motivos —respondió Suli.

Otro choque.

Más fuerte.

El suelo crujió levemente.

Ambos se separaron unos metros.

Respiración estable.

Pero ahora… diferente.

—No eres una cualquiera —dijo Roger.

—Tú tampoco —respondió Suli.

Breve pausa.

—¿A dónde vas? —preguntó Roger.

—Beinever.

Selindra reaccionó.

—…Nosotros también.

Suli entrecerró ligeramente los ojos.

—¿Por qué?

Roger sonrió levemente.

—Porque tenemos un problema.

Silencio.

Suli no respondió de inmediato.

Yercal dio un paso al frente.

—Un mago —dijo con calma—. Uno que nos superó sin esfuerzo.

La mirada de Suli cambió apenas.

—¿Un mago?

Selindra asintió.

—Y no es cualquiera.

—Se llama Cristel —añadió Roger.

El nombre quedó en el aire.

Suli no lo reconocía.

Pero…

La forma en que lo dijeron…

No dejaba lugar a dudas.

Era serio.

Muy serio.

—…Entiendo —murmuró.

Breve silencio.

—Entonces no pierdan el tiempo aquí.

Roger bajó ligeramente la guardia.

—Eso mismo digo yo.

Se miraron una vez más.

Ya no como rivales.

Sino como piezas del mismo tablero.

—Pero no confío en ustedes —añadió Suli.

Roger soltó una risa corta.

—Perfecto. Yo tampoco.

Selindra negó con la cabeza, aunque con una leve sonrisa.

El ambiente se relajó… lo justo.

Suli se giró.

—Síganme.

Comenzó a caminar.

—Beinever está cerca.

Roger la observó un segundo…

Y luego la siguió.

—Supongo que ahora tenemos guía.

Selindra y Yercal hicieron lo mismo.

Mientras avanzaban, el silencio era distinto.

No cómodo.

Pero tampoco hostil.

Era… expectante.

Suli caminaba al frente.

Ahora con algo más en mente.

Un nombre.

Una nueva amenaza.

Y la certeza de que…

Lo que estaba ocurriendo en Velthar era más grande de lo que imaginaba.

A lo lejos…

Beinever comenzaba a dibujarse en el horizonte.

Y con él…

El lugar donde todo empezaría a unirse.

—

Ayer a la noche…

En lo profundo del bosque, lejos de los caminos principales, donde la luz apenas lograba atravesar las copas de los árboles, una pequeña cabaña de madera resistía el paso del tiempo. Las paredes estaban desgastadas, cubiertas por musgo y marcas antiguas, pero el lugar seguía en pie… como si se negara a desaparecer.

Dentro, el ambiente era cálido.

El sonido suave del fuego crepitando llenaba el silencio, y el aroma de hierbas recién hervidas flotaba en el aire.

Sentados frente a una mesa sencilla, dos figuras conversaban.

—Hace tiempo que no venías por aquí —dijo Emir, el leñador, sirviendo té en dos tazas de madera—. Pensé que ya te habías olvidado de este viejo bosque.

Frente a él, Kim, el llamado mago blanco, sonrió levemente.

—No podría hacerlo, aunque quisiera —respondió con calma—. Este lugar… siempre tiene algo que decir.

Emir soltó una risa baja, pero no respondió de inmediato. Su mirada se perdió un momento en la ventana, hacia la oscuridad del bosque.

Algo en su expresión cambió.

—Entonces… ya lo sentiste.

Kim no levantó la vista de su taza, pero su silencio fue suficiente.

Emir apretó los dedos alrededor de la madera.

—Cada noche es peor… —murmuró—. El bosque no duerme. No como antes.

El viento sopló afuera, haciendo crujir la estructura de la cabaña.

—Se mueve… —continuó Emir—. Respira… como si algo estuviera despertando bajo la tierra.

Kim dejó la taza lentamente sobre la mesa.

—El Gran Espectro…

El nombre quedó suspendido en el aire.

Emir asintió, con el rostro tenso.

—Más de cincuenta años… —dijo—. Cincuenta años alimentándose… esperando.

Hubo un silencio pesado.

—Antes era diferente —siguió—. Cada cinco años… una sola alma. Eso bastaba para mantenerlo dormido… para calmarlo.

Kim cerró los ojos un instante.

—Lo sé.

Emir bajó la mirada.

—Yo… guiaba a la gente.

El silencio volvió, esta vez más denso.

—Los llevaba por ese camino… —añadió, casi en un susurro—. Siempre el mismo. Siempre hacia él.

Sus manos temblaron ligeramente.

—No lo hacía por maldad… —dijo, con la voz quebrada—. Era eso… o dejar que despertara antes de tiempo. Era la única forma de mantenerlo contenido.

Kim no lo interrumpió.

—Si no lo alimentaba… —continuó Emir—, habría salido hace años. Habría destruido todo el bosque… tal vez más.

Apretó los dientes.

—Pero ahora… ya no importa.

Kim alzó la mirada.

—Está a punto de despertar completamente —dijo Emir—. Lo siento… cada noche. Ya no necesita esperar. Ya no necesita descansar.

El aire pareció enfriarse.

—Cuando despierte… no se detendrá.

Kim asintió lentamente. No había sorpresa en su expresión… solo gravedad.

—Lo conocí hace años —dijo con calma—. No es una criatura común. No solo consume almas… las usa. Las convierte en extensión de su voluntad.

Emir levantó la vista, preocupado.

—Entonces sabes lo que pasará…

—Sí —respondió Kim—. Si no se detiene ahora… se volverá imparable.

El leñador apretó los puños.

—No sé qué hacer… —admitió—. No puedo seguir haciendo lo mismo… no después de todo este tiempo.

Kim lo observó en silencio unos segundos.

—No tendrás que hacerlo.

Emir alzó la mirada.

—Esta vez… no vamos a contenerlo.

Una leve corriente de energía recorrió la cabaña.

—Vamos a acabar con él.

El leñador se quedó inmóvil.

—¿Acabar con…?

—Sí —afirmó Kim—. Para siempre.

El fuego chisporroteó con más fuerza, como si reaccionara a sus palabras.

—Hay gente en Beinever —continuó—. Guerreros… más fuertes de lo que este mundo ha visto en mucho tiempo. Si alguien puede enfrentarlo… son ellos.

Emir dudó un momento.

—¿Crees que llegarán a tiempo?

Kim se levantó.

—Llegarán —dijo con seguridad—. Pero primero… tienen que saberlo.

Caminó hacia la puerta y la abrió. El aire frío del bosque entró de golpe, trayendo consigo esa sensación… esa presencia.

Emir también la sintió.

Más intensa que nunca.

—Se está moviendo… —susurró.

Kim dio un paso afuera.

—Entonces no hay tiempo que perder.

Levantó una mano… y la energía comenzó a concentrarse a su alrededor.

Fragmentos de luz blanca se unieron en el aire, tomando forma poco a poco, hasta convertirse en una criatura majestuosa: un grifo hecho de pura magia cristalina, con alas translúcidas que brillaban suavemente en la oscuridad del bosque.

La criatura descendió frente a él con elegancia.

Kim apoyó una mano sobre su cabeza.

—Cuida este lugar —dijo, sin girarse—. Y esta vez… no cargues con esto tú solo.

Emir no respondió de inmediato.

Pero por primera vez en mucho tiempo…

no parecía completamente solo.

Kim montó sobre el grifo, que desplegó sus alas con un sonido cristalino.

—Beinever necesita saber lo que viene.

Con un impulso poderoso, la criatura se elevó hacia el cielo, atravesando las copas de los árboles y perdiéndose entre las nubes.

Emir lo observó desaparecer.

Luego giró lentamente la cabeza hacia el bosque.

La oscuridad… lo observaba de vuelta.

Y esta vez…

no estaba dormida.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo