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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 157

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Capítulo 157: Capítulo 157: El susurro del gran espectro

Liam estaba de pie en el centro del Santuario del Poder, respirando hondo.

Horas de entrenamiento habían pasado, y sus músculos y mente comenzaban a acostumbrarse a la tensión constante de su energía. La V en su pecho parpadeaba débil, un recordatorio silencioso de lo que estaba aprendiendo a dominar.

—Concéntrate en el flujo, no en la fuerza —le recordó Teneb, observando desde un costado—. No trates de controlarlo todo de golpe. Solo siente.

Liam cerró los ojos y dejó que su respiración marcara el ritmo. Notó cómo la energía subía y bajaba, como olas dentro de él. No luchó contra ella. No trató de reprimirla. Solo… la escuchó.

Poco a poco, la presión en su pecho disminuyó. La V dejó de temblar, iluminándose con un resplandor tenue pero constante. Por primera vez en horas, Liam sintió que tenía control, aunque fuera temporal. Podía mantener la energía dentro de sí sin que estallara.

—Ahí está —dijo Teneb, con una leve sonrisa—. No es definitivo, pero lo lograste. Puedes sostenerlo.

Liam abrió los ojos y los enfocó en Teneb. No había alivio total, pero sí confianza. Esa sensación de poder bajo control… era nueva.

—Esto… esto se siente bien —susurró, dejando que la calma llenara su cuerpo.

—Bien —asintió Teneb—. Mantente en ese estado todo el tiempo que puedas. Mañana seguiremos, y cada día durará un poco más.

Liam respiró hondo otra vez, sintiendo la V en su pecho estable. Por un instante, el Santuario estaba en silencio, como si también reconociera el progreso.

Por fin, después de tanto esfuerzo, Liam había dado el primer paso real para dominar su poder.

—

Liam respiraba profundo, concentrado en mantener la V estable. El flujo de su energía ya no era un torrente desbocado, sino una corriente que él podía guiar… al menos por ahora.

—Bien, vamos a ponerlo a prueba —dijo Teneb, con calma—. No demasiado, solo lo suficiente para que sientas que sostenerlo no es trivial.

Antes de que Liam pudiera reaccionar, Teneb levantó una mano y lanzó un pequeño fragmento de roca flotante hacia él, impulsado por su propia energía. El pedazo giró y se acercó rápido, buscando desequilibrarlo.

Liam tensó los músculos y extendió sus manos frente a él. Sintió cómo la energía en su interior respondía, estabilizándose contra la fuerza externa. Por un momento, la V parpadeó más brillante, vibrando ante la tensión. Respiró hondo y suavemente guiando la energía, logró detener la roca a medio aire.

—Mantén la calma —le recordó Teneb—. No trates de empujarla con fuerza, acompáñala, siente su peso.

Liam inclinó ligeramente las manos y la roca, como si bailara con su propia energía. Poco a poco, logró mantenerla flotando sin que cayera ni explotara la V en su pecho.

—Eso es —dijo Teneb con aprobación—. Tu control es real, pero recuerda: cada acción requiere tu atención completa. No puedes relajarte ni un segundo.

Liam dejó escapar un suspiro de alivio, aunque su cuerpo seguía tenso. No había victoria fácil, ni dominio completo, pero podía sentirlo: ahora tenía una ventana de control. Una pequeña, pero tangible.

—Mañana intentaremos algo más complicado —dijo Teneb—. Hoy celebramos lo que lograste.

Liam sonrió débilmente, sintiendo que cada hora de esfuerzo finalmente empezaba a rendir frutos.

—

Liam y Teneb salieron finalmente del Santuario del Poder, atravesando las grandes puertas interiores que daban a uno de los patios de Beinever. La luz del atardecer entraba por los ventanales altos, iluminando las piedras talladas y los jardines cuidadosamente cultivados del lugar. Liam aún sentía la energía vibrando en su pecho, donde la V parecía más estable, pero sus músculos estaban agotados después de horas de concentración.

—Buen trabajo hoy —dijo Teneb—. Necesitábamos esto para prepararte para lo que viene.

Mientras avanzaban por los pasillos y jardines del reino, Liam levantó la vista y vio figuras acercándose desde la plaza central: Eiden y Karl, acompañados de Lujius y Azerion. Sus energías eran claras, familiares, y Liam sintió un alivio inmediato.

—¡Eiden! ¡Karl! —exclamó, corriendo unos pasos hacia ellos.

Eiden sonrió, sorprendido y a la vez orgulloso. Karl arqueó una ceja al ver a Teneb junto a Liam, evaluando la fuerza que ahora emanaba de su amigo.

—Veo que Liam ha estado trabajando duro —dijo Lujius, con su calma habitual—. No esperaba menos.

Azerion, detrás de ellos, observaba atentamente, midiendo la concentración y el control de la energía que Liam mostraba ahora. No dijo nada, pero su mirada lo decía todo: estaba impresionado.

Teneb colocó una mano en el hombro de Liam:

—Ha sido un entrenamiento intenso. Pero esto no termina aquí. Esto es solo el inicio de lo que debes aprender.

Liam, aunque cansado, sintió orgullo y determinación. Miró a sus amigos y comprendió que ahora podían trabajar juntos.

—Entonces… ¿todos aquí ahora? —preguntó, mezclando emoción con cautela.

Eiden asintió con una sonrisa, mientras Karl esbozó un gesto apenas perceptible de aprobación. Lujius mantenía su serenidad, y Azerion evaluaba a Liam con una mezcla de respeto y curiosidad.

El grupo se reunió finalmente dentro de Beinever, sintiendo que cada uno había avanzado por caminos distintos, pero que ahora todo empezaba a unirse. La calma del reino los acogía, pero todos sabían que algo más grande se acercaba, y que cada entrenamiento, cada esfuerzo, estaba llevando a este momento.

—

Mientras avanzaban por el sendero que conducía a Beinever, Suli sintió que era un buen momento para detenerse y hablar tranquilamente. El bosque les ofrecía un pequeño claro, con rocas y un riachuelo que murmuraba suavemente. Allí se sentaron, dejando que la tensión del camino se disipara un poco.

Roger observaba el lugar con desconfianza, sus manos cruzadas sobre el pecho. Selindra y Yercal bajaron la guardia, aliviados por la pausa, aunque sus miradas no dejaban de escanear el entorno.

—Antes que nada… —empezó Suli, con calma—, me dijeron algo sobre Dark. ¿De qué se trata?

Roger frunció el ceño, conteniendo palabras que prefería no decir aún. No quería revelar la situación completa ni exponer a sus aliados. Selindra y Yercal notaron su silencio, pero respetaron su decisión.

—Sí… —intervino Roger finalmente—, estamos buscando ayuda. Pero no puedo dar detalles hasta llegar a Beinever.

Suli asintió, comprendiendo la cautela del joven.

—Ya veo… —dijo ella, con cuidado—. Entonces ustedes se preparan para enfrentarlo también.

Roger no respondió más que con un leve gesto. Su orgullo se retorcía al pensar que debía pedir ayuda, y no quería que nadie interpretara su situación como una debilidad. Por eso, miró a Selindra y Yercal: ellos sabían cómo manejarlo si él hablaba primero.

—Hablaremos nosotros —les dijo en voz baja, y ambos asintieron. Selindra, con su habitual calma y paciencia, entendió sin objeciones, mientras Yercal parecía aceptar la estrategia con cierta curiosidad.

Suli sonrió levemente y propuso:

—Si quieren, podemos ir más rápido. Puedo volar, así llegaríamos antes a Beinever.

Selindra y Roger intercambiaron miradas, evaluando la propuesta, y finalmente aceptaron. Pero Yercal se quedó en silencio, nervioso.

—Yo… no sé volar bien —confesó, bajando la mirada.

Roger suspiró, un poco molesto, y refunfuñó:

—¿¡No podías decirlo antes!? Podríamos haber avanzado mucho más rápido.

Yercal bajó la cabeza y murmuró un tímido “Lo siento”.

—Por eso es raro para ti —respondió Roger, suavizando un poco el tono—. Nunca hablas lo suficiente para que pueda entenderte. Pero sé que eres hábil en magia… y eso no me molesta.

Selindra, entre risas y calma, agregó:

—No está bien enojarse ahora. Gracias a él vamos a tener ayuda.

Roger asintió, convencido, y se inclinó hacia Yercal:

—No te muevas. Te llevaré en mis brazos.

Yercal, sorprendido, apenas tuvo tiempo de asentir antes de que Roger lo alzara con cuidado. Suli los observó desde arriba, percibiendo la dinámica del grupo: no eran muy unidos, pero podían confiar en que cada uno tenía su lugar y sus habilidades.

Con un leve impulso, Suli se elevó en el aire, llevando al grupo volando sobre los árboles. Roger sostuvo a Yercal con firmeza, Selindra se mantuvo cerca, y ellos siguieron a Suli, quienes marcaba el camino con precisión.

El viaje fue mucho más rápido que por tierra. Los minutos se acortaron, y pronto pudieron ver los primeros muros de Beinever emergiendo entre los árboles. El grupo, aunque agotado por la concentración y el esfuerzo de volar, sentía que la misión estaba un paso más cerca de comenzar.

Ya por fin, llegando a reino…

—

El bosque estaba en silencio, salvo por el susurro de las hojas movidas por un viento tenue. Pero no era un viento natural. Algo en el aire parecía cargado de intención, como si la misma tierra contuviera una presencia dormida que comenzaba a removerse.

Entre los árboles, figuras humanas se movían con sigilo y precisión. Sus ojos brillaban con un destello oscuro, y sus movimientos no eran propios, sino guiados por una voluntad invisible. Cada uno llevaba alimento, agua, hierbas, incluso pequeños artefactos que podrían servir a aquel que dormía en las profundidades del bosque.

El Gran Espectro, aún oculto en su descanso, sentía cada paso, cada acto de sus súbditos. Aunque su cuerpo permanecía inmóvil, su conciencia recorría el bosque, absorbiendo cada pequeña ofrenda, cada acción que le permitiera sostener su fuerza creciente.

Las figuras se movían con obediencia ciega, pero su fuerza era limitada. Ninguna podía defender al espectro si alguien intentara atacarlo directamente, y su habilidad dependía de que él permaneciera en reposo, permitiéndoles moverse sin peligro. Cada vez que Emir se topaba con uno de estos, sabía que podía acabar con ellos sin dificultad… pero no lo hacía. Cada vida absorbida en el pasado era un fragmento del poder del espectro, y matarlos innecesariamente aceleraría su despertar.

El Gran Espectro, a través de ellos, observaba el bosque y las rutas por donde pasaban viajeros desprevenidos. Su hambre por almas era creciente, y la habilidad de sus aliados poseídos le permitía acumular energía sin gastar su propia fuerza.

Sin embargo, había límites. Si alguna vez se quedaba sin estas personas, sin el suministro constante de fuerza y cuidados, se vería obligado a despertar antes de tiempo. Solo entonces podría sostenerse por sí mismo, pero su aparición sería más brusca y peligrosa. Por eso, cada movimiento de sus súbditos era cuidadosamente observado.

Emir lo sabía. Por eso dejaba que los poseídos siguieran su camino, vigilando desde lejos. No interfería, aunque cada encuentro le recordaba la delicada balanza en la que vivía aquel bosque: un ente dormido y hambriento, y seres atrapados entre su fuerza y su obediencia.

El bosque parecía tranquilo… pero solo mientras el Gran Espectro permaneciera parcialmente dormido, alimentándose de sus aliados. Cada sombra, cada crujido de rama, era un recordatorio de que, tarde o temprano, esa calma terminaría, y con ella, la necesidad de detenerlo antes de que su despertar fuera completo.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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