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VRMMO: El Primer Nacido de Glifos del Mundo - Capítulo 139

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Capítulo 139: Magia real

Diez lenguas de fuego brotaron de las manos de Valerie, una por cada dedo, y comenzaron a arremolinarse rápidamente para formar una única bola de fuego rugiente. Esa bola creció y creció, hasta que tuvo el tamaño de una pelota de béisbol y el fuego de sus manos cesó. Todo ello en el transcurso de un solo segundo.

La ardiente pelota de béisbol crepitó con un poder apenas contenido antes de salir disparada. Dejó un rastro de llamas que iluminaba la larga pista metálica a su paso.

Tras 20 metros de vuelo ininterrumpido, la estructura de la bola colapsó sobre sí misma y estalló en una rugiente explosión de llamas devastadoras. La fuerza de la explosión hizo que el búnker se estremeciera muy ligeramente, pero eso fue todo.

Cuando las llamas se dispersaron, no quedó rastro de humo ni el metal de alrededor parecía ni remotamente caliente. Pero eso no hizo nada para mermar el entusiasmo de Percy.

Gritó con alegría y asombro infantiles, corrió hacia Valerie y la sacudió por los hombros, pues apenas podía contenerse.

—¡Joder, Ray-gun! ¡Eso ha sido increíble! Tenía mis dudas, ¿pero después de esto? ¡Mierda santa, de verdad que sabes hacer magia! O sea…, ¡¿magia de verdad?! ¡Esto es…! ¡Joder!

Parloteaba con entusiasmo, zarandeándola aún más mientras no paraba de moverse, rebosante de energía.

Valerie rio con debilidad. El rostro se le había puesto un poco pálido por el esfuerzo y no deseaba otra cosa que ir a descansar en aquella cómoda cama, pero el entusiasmo de Percy era demasiado contagioso. Lo apartó y luego lanzó el hechizo dos veces más.

Ambas veces, la bola voló exactamente veinte metros antes de explotar, igual que la anterior.

Con la tercera bola de fuego, Valerie se desplomó en la silla, con el pecho agitado por el gran esfuerzo mientras el sudor le corría por su pálido rostro. Percy le dio un vaso de agua, que ella apuró con avidez mientras él observaba la pista con aire pensativo.

—Mismo alcance, mismo daño las tres. Ni siquiera es tan diferente de las que he visto lanzar en el juego. Aun así, cuesta creer que sea real —masculló Percy antes de volverse de nuevo hacia Valerie.

—Entonces, ¿eso significa que debería felicitarte por ser la primera hechicera del mundo?

—Magos… —dijo, jadeante, después de terminarse el vaso de agua—. Soy una Magos. En absoluto una hechicera. Además, no creo que sea la primera. Tengo la sensación de que hay alguien por ahí que me lleva la delantera.

Su mente se desvió hacia el tipejo que había conocido con los no muertos. Su cálculo sobre el plazo de los dolores de cabeza podía estar completamente equivocado, ya que hasta Percy empezaba a sufrirlos un poco, por no hablar de ella. Pero su seguridad en sí mismo tenía que venir de alguna parte.

Si estuvo dispuesto a contárselo, entonces a ella no le cabía duda de que él mismo lo había experimentado. Ahora bien, de dónde había sacado la información, no tenía ni la menor idea.

De hecho… Era demasiada coincidencia para creer que la empresa que vendía D-fuel, la bebida con fuertes dosis de magia, hubiera creado también el juego que los entrenaba sobre cómo usar esa magia.

Entonces, si él era un posible infiltrado, ¿significaba que la empresa también tenía acceso a la magia? De ser así, estarían mucho más avanzados que ella.

Aun así, cuando Valerie abandonó sus pensamientos y dirigió la mirada hacia el idiota sonriente, no pudo evitar sonreír y adoptar un aire pomposo, adecuado para su extravagante entorno.

—Aunque una felicitación sería agradable, y un poco de servilismo hacia tu nueva y mágica Reina no estaría de más.

Percy se rio antes de adoptar una expresión seria de admiración. Se llevó un brazo al estómago e hizo una reverencia formal y muy bien ejecutada, digna de un auténtico príncipe de antaño. Se inclinó profundamente, y lo hizo durante unos segundos más de lo que Valerie esperaba para una broma, antes de enderezarse por fin con una sonrisa genuina y de auténtico orgullo en el rostro.

—Entonces, ¿has terminado ya?

Valerie cerró los ojos y calmó su respiración, percibiendo el estado de su cuerpo y el maná a su alrededor. Estaba totalmente agotada, pues tenía que usar todavía más de su propio y limitado maná sin fuente para compensar la escasez en el ambiente.

Pero no estaba del todo agotada.

—Creo que me queda uno más —dijo con una risa débil mientras se miraba las manos, que no tenían marca alguna del fuego que había danzado sobre ellas hacía tan solo unos instantes.

—Además, hay algo que quiero intentar.

Percy enarcó una ceja con curiosidad, pero por el momento se guardó las preguntas y se hizo a un lado para darle espacio a la Magos para trabajar. Valerie le sonrió brevemente antes de replegarse a la oscuridad de su mente y depender exclusivamente de sus sentidos del maná.

Esta vez no miró hacia fuera, sino hacia dentro. Un sentimiento familiar en un cuerpo que sin duda conocía, pero la mezcla de ambos hacía que el proceso pareciera extrañamente ajeno.

Revolviendo las últimas briznas de maná en su interior, Valerie las agitó y las canalizó por las mismas vías que había sentido momentos antes. No había lanzado las otras dos bolas de fuego solo para hacer pruebas, sino también para practicar.

Imbuyó su maná con la esencia del fuego mientras lo movía a través de su cuerpo, concentrándose en desandar el camino que había seguido al lanzar el hechizo.

Pero esta vez no hizo ningún gesto con las manos ni pronunció una sola palabra.

Y, sin embargo, a los pocos segundos su mano empezó a brillar con una tenue luz anaranjada bajo la piel. La luz aumentó de intensidad hasta que finalmente atravesó la piel y su mano entró en combustión.

Esas llamas brotaron de su mano, alzándose como zarcillos que se enroscaron hasta formar la misma bola de fuego del tamaño de una pelota de béisbol. Y siguió creciendo.

El rostro de Valerie se había quedado blanco como la cera mientras alimentaba el fuego con más maná. Ríos de sudor le corrían por la frente y la espalda mientras se concentraba por completo en mantenerlo contenido a medida que crecía hasta alcanzar el tamaño de un coco.

Finalmente, cuando ya no pudo alimentarlo más, los ojos de Valerie se abrieron de golpe y arrojó la bola de fuego por la pista.

Surcó el aire, volando más rápido y más lejos que las tres anteriores, y recorrió más de 30 metros antes de explotar por fin.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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