Waifu yandere(Collection) - Capítulo 261
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Capítulo 261: Nero claudius part 5 Fgo
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
—
¿Zorra de Babilonia?
¿Puta?
Qué curiosos títulos me han dado.
Ja… no importa.
Cuando el orden humano caiga
y la humanidad suplique de rodillas,
dime, oh bárbaro,
¿a qué dios le rezarás?
¿A Odín?
¿Crees que ese tuerto sabrá
qué hacer ante esto?
¿A Thor y su martillo valiente?
¿Un trueno bastará para borrarme?
Creo que no.
El coliseo ya se ha llenado
de sangre y podredumbre,
los gritos son cánticos
y la fe se pudre junto a los cuerpos.
No existe ser por encima de una bestia
cuando la bestia acepta lo que es.
Te lo advertí.
Te dije que obedecieras.
¿Acaso no fui una emperatriz?
¿No fue mi palabra ley,
mi silencio sentencia?
Pues ahora no gobernaré.
Ahora conquistaré.
No habrá dioses que miren desde el cielo,
no habrá héroes que lleguen a tiempo.
Solo quedará mi nombre
escrito en ruinas,
grabado en huesos,
susurrado por quienes sobrevivan
lo suficiente para temerlo.
Rezad si queréis.
Gritad si os queda voz.
La emperatriz ha muerto.
La conquistadora camina.
_______________________________—————————————————-
El Coliseo se alzó ante ellos como una montaña de piedra viva. Sus cuatro niveles de arcos parecían tragarse el cielo: columnas dóricas abajo, jónicas encima, corintias coronando la fachada. Nerón caminó con paso seguro, disfrutando de cada mirada que se inclinaba a su paso, mientras Tn alzaba la vista en silencio, reconociendo la grandeza… y el horror que respiraba aquel lugar.
—Hermoso, ¿no crees umu? —dijo ella, sin mirarlo—. Ochenta arcos, cuatro pisos… Roma no construye para durar años, construye para la eternidad umu.
—La eternidad hecha con sangre —respondió él, bajo.
Una sonrisa se dibujó en sus labios.
—La sangre también es un cimiento umu nuestro fundador sacrifico a su hermano por este imperio.
Descendieron por los pasillos internos. Nerón señaló con un gesto despreocupado el suelo bajo la arena.
—Ahí abajo está el hipogeo. Pasadizos, jaulas, montacargas… veintiocho, para ser exactos. Bestias y hombres suben como ofrendas. Todo perfectamente calculado.
—Como ganado —murmuró Tn.
—Como espectáculo —corrigió ella—. Y Roma ama el espectáculo.
Tomaron asiento en la posición real. Desde allí, la arena se extendía como un mar pálido de madera y arena fina. El velarium se desplegaba sobre las gradas, filtrando el sol. El rugido del público era un trueno constante. Sirvientas se acercaron con bandejas; vino, frutas, carnes. Nerón aplaudió cuando un gladiador derribó a su oponente; el público respondió con un clamor.
—Mira cómo vibra umu —dijo, paladeando el momento—. Aquí luchan hombres y bestias: leones, tigres… hasta hipopótamos, cuando queremos recordarles a todos que Roma domina el mundo.
—Dominar no es lo mismo que ser justo, perra.
Ella bebió un sorbo y se recostó.
—umu La justicia es un lujo de los vencedores. Además, este lugar está consagrado al Sol Invictus. El sol que no cae, el que ilumina a Roma por encima de cualquier dios… bárbaro umu.
Tn giró el rostro hacia la arena, luego hacia ella.
—En mis tierras, Sól —Sunna— guía el carro del sol por los nueve reinos. Ilumina a dioses y hombres por igual. No necesita gradas ni sangre para brillar, je eso ya lo pone por encima de tu escualido dios.
Nerón soltó una risa breve.
—umu Qué poético. Pero dime, ¿tu sol protege a los tuyos aquí? —señaló la arena, donde otro combate comenzaba—. El mío sí. Mi sol alumbra mi imperio. umu
—El sol no pertenece a nadie —replicó él—. Solo pasa… y ya, estara observando cuando caigas y tengas que afrontar al padre de todo.
Ella lo observó con interés renovado, los ojos encendidos por el desafío.
—Umu… siempre tan grave. Tal vez por eso me aburro menos contigo. —Aplaudió de nuevo cuando la multitud rugió—. Mira bien, mi bárbaro. Roma es esto. Poder, orden, espectáculo. Y mientras el sol nos cubra… seguirá siéndolo.
Tn apretó los dientes, escuchando el clamor, sintiendo el peso del lugar.
—Los soles también se ponen cuando los grandes lobos los devoren.
Nerón inclinó la cabeza, divertida.
—umu Entonces será un atardecer digno de ser visto desde el mejor asiento.
WOOOOOOOOAHHHHHHAAAAAAAAAA
*victores*
El rugido del Coliseo no cesaba. En la arena, dos gladiadores chocaban acero contra acero mientras la sangre oscurecía la arena bajo sus pies. Nerón bebía con calma, disfrutando del espectáculo, mientras Tn se sentó en el suelo a su lado, encadenado, la mirada fija en el combate.
—Míralos —dijo ella, dando un pequeño aplauso—. Viven y mueren para entretener a Roma. Es… honesto, a su manera umu.
—Honesto no es la palabra que usaría —respondió él, sin apartar los ojos de la arena.
Ella giró apenas la cabeza, divertida.
—Siempre tan serio. Dime algo mejor… cuéntame de tus costumbres. Las de tu gente. Esas… bárbaras umu.
Tn tensó la mandíbula, pero habló.
—Vivimos de la tierra. Agricultura, caza. Respetamos la naturaleza porque de ella dependemos. Celebramos el Yule, el solsticio de invierno, cuando el sol regresa y la oscuridad retrocede.
—Umu… romántico —murmuró, observando el vino girar en su copa—. ¿Y sacrificios? He oído rumores.
—Blót —corrigió—. Ofrendas. Animales, alimentos. Para honrar a los dioses, no por crueldad. Enterramos a nuestros muertos con sus pertenencias… a veces en barcos. Para que no lleguen vacíos al más allá.
Nerón rió suavemente, sacudiendo la copa.
—Qué imaginación. Los paganos bárbaros siempre tan… intensos. Menos mal que Roma existe para guiarlos umu.
—Algún día —dijo él, con voz baja— acabaré contigo.
Ella lo miró por fin, sorprendida solo un instante antes de reírse con ganas.
—¿De verdad? No te atreverías. Además… —sus ojos brillaron— ¿y si tenemos un hijo umu?. Aun conservo tu semilla dentro de mi ademas de esa concubina.
Un gruñido escapó del pecho de Tn.
—Usar una vida para mantenerme atado es sucio perra.
—Oh, pero tan apropiado —replicó ella, sin perder la sonrisa—. Muy romano umu.
Se recostó un poco, pensativa.
—Nueve meses… mi figura arruinada, una barriga incómoda. Un verdadero calvario. Pero valdría la pena.
—¿Por qué? —escupió él.
—Primero, dejaría un heredero al Imperio. —Levantó un dedo—. Segundo…umu los ancianos del Senado morirían de ira al saber que el padre es un bárbaro.
La risa de Nerón estalló, tan fuerte que el vino se derramó sobre sus ropas y el mármol.
—¡Oh, solo imaginar sus rostros! Eso sí que sería arte.
Tn la observó, comprendiendo por fin. No era solo poder. Era narcisismo, excentricidad, una obsesión enfermiza por la belleza y el escándalo.
—Te llamas artista —dijo con desprecio.
—Y lo soy —respondió ella, limpiándose el vino con indiferencia—. Busco la belleza en todo… incluso en el caos. Y un hijo tuyo sería la obra más provocadora de mi vida umu.
En la arena, uno de los gladiadores cayó. El público rugió. Nerón aplaudió, extasiada, mientras Tn comprendía que para ella, incluso las vidas —incluida la suya— no eran más que pinceles para su obra.
El murmullo del Coliseo se convirtió en un rugido expectante cuando uno de los gladiadores quedó de rodillas, la espada del vencedor alzada sobre su cuello. Miles de miradas se alzaron hacia el palco imperial. El silencio cayó como una losa.
Nerón levantó la mano con calma estudiada. Por un instante, pareció disfrutar la tensión… y luego giró el pulgar hacia abajo.
El gesto fue claro.
La espada descendió. La sangre manchó la arena. El público estalló en vítores.
—Hecho —murmuró ella, levantándose con un suspiro ligero—.umu A veces olvidan que la piedad también se administra y el publico siempre pide al mejor.
Tn apartó la mirada, el gesto tenso.
—Lo llaman justicia… pero es solo capricho.
—Umu, no seas aguafiestas —respondió, acomodándose la túnica—. Roma necesita símbolos. Y yo soy el más claro de todos.
Bajó del palco escoltada por su guardia personal. Mientras avanzaban por los pasillos, Nerón dejó escapar un gemido de fastidio, casi infantil.
—Qué tragedia… hoy quería tocar la cítara en mis jardines. El sonido del agua, las rosas, la música… umu—chasqueó la lengua—. Pero no, el deber me reclama.
—El Imperio no se gobierna solo —dijo Tn con sequedad.
—Oh, créeme, si pudiera, lo haría —replicó con una sonrisa torcida—. Pero tengo ancianos que calmar umu.
Salieron a las calles y Roma volvió a desplegarse ante ellos. Tn miró los templos, las estatuas, la gente. La molestia era evidente en su expresión.
—Odias este lugar —comentó ella sin mirarlo.
—No. Odio lo que hace a los hombres.
Nerón rió suavemente mientras el edificio del Senado aparecía ante ellos, solemne y pesado.
—Te acostumbrarías. Todos lo hacen umu.
Dentro, tomó asiento en su lugar de honor. Los senadores comenzaron a hablar: provincias senatoriales, disputas judiciales, ratificación de decretos, impuestos, fronteras que pedían más legiones. Las voces se mezclaban en un zumbido interminable.
—Más informes de Hispania —dijo uno—. Requieren fondos.
—Las provincias orientales exigen arbitraje —añadió otro—. Hay conflictos de jurisdicción.
Nerón se reclinó, apoyando el rostro en la mano, los ojos esmeralda apagándose poco a poco por el tedio.
—Hablen, hablen… —murmuró apenas—. El Imperio crece y ustedes envejecen.
Tn la observó en silencio. Allí, rodeada de poder y burocracia, parecía aún más distante… y peligrosa.
—¿Eso es gobernar? —susurró él—. Escuchar quejas.
Ella sonrió sin apartar la vista del Senado.
—Gobernar es soportarlas… y decidir quién vive con ellas umu.
.
.
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Las voces del Senado se arrastraban una tras otra, quejas interminables, disputas menores disfrazadas de asuntos de Estado. Nerón apenas escuchaba; jugaba con un anillo en su dedo, los ojos perdidos. Tn permanecía quieto a su lado, contando los latidos, esperando que aquel suplicio terminara.
Entonces, una voz cambió el tono del recinto.
—Noticias de Britannia.
El murmullo se apagó.
—La reina Boudica de los icenos se ha rebelado. Una aldea romana ha sido arrasada. No hubo supervivientes. —El consejero tragó saliva—. Está reuniendo tribus bajo un solo estandarte: icenos, trinovantes… se estima un ejército entre cien mil y doscientos treinta mil guerreros.
Un temblor recorrió la sala. Los ancianos comenzaron a hablar todos a la vez.
—¡Una locura!
—¡Eso es una guerra abierta!
—¡Britannia no puede perderse!
Nerón alzó una ceja, apenas interesada. Tn, en cambio, sintió algo arderle en el pecho. Por primera vez desde su captura, sonrió… por dentro.
—¿La causa? —preguntó ella, con voz plana.
El consejero bajó la mirada.
—Se informa que la reina y sus dos hijas fueron ultrajadas. La rebelión sería… venganza.
Un silencio pesado cayó sobre el Senado. Nerón miró al techo, pensativa, como si contara las grietas del mármol.
—Venganza… —murmuró—. Qué palabra tan mundana umu.
Tn apretó los puños.
—No es venganza. Es justicia por lo que causaron, acaso no te arrepientes de las acciones de tu gente.
Varias cabezas se giraron hacia él, indignadas. Nerón levantó la mano sin mirarlo.
—Basta. —Luego, con desinterés—. Envíen al mejor general. Quiero esto resuelto rápido.
—¿Suetonio Paulino, emperatriz? —preguntó uno de los senadores.
—Él umu. —Asintió—. Que aplaste la rebelión… y que azoten a Boudica 200 veces. Roma no negocia con reinas bárbaras umu.
Tn alzó la vista, furioso.
—No la vencerán.
Nerón giró la cabeza lentamente, una sonrisa peligrosa naciendo en sus labios.
—¿De verdad? Dime, mi bárbaro… ¿quién crees que ganará?
—Mi pueblo —respondió sin dudar—. Luchan con un gran ejercito y dudo que puedas enviar un numero equivalente a ellos.
Ella rió, clara y musical.
—Entonces veremos a qué dioses favorece el destino.
Se puso de pie.
—La reunión ha terminado.
Los senadores comenzaron a levantarse cuando, de pronto, Nerón llevó una mano a la frente con exagerado dramatismo.
—Umu… qué agotador. Creo que no tengo fuerzas para caminar.
Las miradas se dirigieron a Tn.
—Llévame —ordenó, señalándolo—. En brazos umu.
Un gruñido escapó de él. Vio cómo la guardia de élite tensaba las manos sobre las empuñaduras.
Suspiró.
—Algún día te arrepentirás de esto.
—Tal vez —respondió ella, acomodándose contra su pecho—. Pero hoy no~.
Tn la alzó. El peso era ligero gusto como cuando tuvo relaciones con ella, pero la carga, insoportable. Mientras avanzaban por los pasillos del Senado rumbo a los aposentos imperiales, Nerón apoyó la cabeza en su hombro, satisfecha.
—Dime, —susurró— ¿si tu reina vence… vendrás a rescatarme?
Él no respondió aun. Caminó en silencio, con Britannia ardiendo en su mente y Roma temblando.
—Por mí, dejaría que te colgaran —escupió Tn al fin, con la voz baja pero cargada de veneno.
Nerón soltó una risa clara, casi alegre, acomodándose mejor en sus brazos.
—Umu… qué directo. —Giró un poco el rostro—. ¿Sabes? Ya mandé matar a alguien que significaba mucho más que tú.
Tn frunció el ceño.
—¿Asi..quien podria ser?
Neron parecio pensarlo entrecerrando los ojos.
-Mi madre.
—Agripina la Menor —respondió sin titubear—. Ambiciosa, dominante… quería gobernar a través de mí. Intenté ahogarla en un barco en Baias. Falló. —Se encogió de hombros—. Así que envié soldados a su finca. Fin de la historia.
Los brazos de Tn se tensaron. El peso de la emperatriz pareció duplicarse.
—Eres un monstruo —murmuró—. ¿Cómo puedes matar a quien te dio la vida?
Ella alzó la vista. Los ojos esmeralda brillaron con algo que no era burla.
—Porque ser emperatriz no es un cuento. Es una carga. —Su voz se volvió más grave—. No sabes quién te traicionará. Tu hijo, tu hermano, tu padre,tu familia, el Senado, tu amante, una puta cualquiera… o tu propio pueblo quemándote viva.
Siguieron avanzando por los pasillos. Nerón continuó, casi en un susurro—Por eso vivo cada día como si fuera el último. Como lo que quiero. Amo el arte, la música, el vino. Concubinas, placeres… cualquier cosa que llene el alma antes de que alguien decida vaciarla.
Apoyó la cabeza en el pecho de Tn, escuchando su respiración.
—Tú no lo entenderías. Eres… simple….un barbaro…Umu.
Él apretó la mandíbula.
—Tal vez. Soy un campesino. Luché cuando tuve que hacerlo. Nunca goberné a nadie.
—Y por eso aún duermes tranquilo —respondió ella, con una media sonrisa cansada.
Llegaron a los aposentos reales. La guardia de élite se detuvo afuera. Nerón levantó la mirada.
—Déjame en la cama.
Tn suspiró y la colocó con cuidado. Ella se arrastró entre las almohadas, dándole la espalda, el cansancio venciendo al teatro.
—Ahhh~ Solo quiero dormir —murmuró—. Mañana… Roma seguirá exigiendo….
El silencio llenó la habitación. Tn permaneció de pie unos segundos, mirándola. Por primera vez, no vio a la emperatriz… sino a una mujer agotada por el peso del mundo que había elegido dominar.
Tn miró a Nerón tendida sobre la cama. La emperatriz respiraba con lentitud, el pecho subiendo y bajando bajo las sábanas de lino. Por un momento, su mente se alejó del mármol, del oro y del perfume caro del palacio.
Pensó en el boticario Amán.
—Hace días que no lo veo… —murmuró sin darse cuenta.
Recordó sus manos firmes, la forma en que había limpiado las heridas del látigo sin juzgarlo, sin miedo. Aquella sensación extraña en el pecho volvió a aparecerle, incómoda.
Mientras tanto, Nerón habló con voz cansada, pero autoritaria, llamando a un sirviente.
—Masaje. Ahora. Y traigan comida para él —añadió, señalando a Tn sin siquiera mirarlo.
El sirviente inclinó la cabeza.
—Como ordene, Augusta.
Tn observó cómo las sirvientas se movían con precisión aprendida: aceites, telas calientes, manos expertas sobre la piel de la emperatriz. Nadie hablaba más de lo necesario. El silencio era pesado, casi ritual.
Pasaron las horas.
Nerón estaba visiblemente más relajada. Su respiración se volvió profunda, su cuerpo menos tenso. Abrió los ojos y notó a Tn de pie, inmóvil, mirando un punto inexistente en la habitación.
—¿En qué piensas? umu —preguntó de pronto.
Tn tardó un segundo en reaccionar.
—En… nada que te importe,Nero.
Ella frunció el ceño, se levantó despacio y caminó hasta él. Sin pedir permiso, lo abrazó por detrás, apoyando la frente entre sus omóplatos.
—Mientes mal umu—susurró—. Cuando te quedas así, es porque tu cabeza de barbaro esta pensnado en algo umu.
Tn sintió el peso de su cuerpo, el calor, y respondió con voz baja:
—Estoy empezando a entenderte.
Nerón parpadeó.
—¿Entenderme?
—Gobernar cansa. No es solo el poder… es la sospecha constante. No saber quién te es leal de verdad, admito que te detesto.
Ella se quedó en silencio unos segundos.
—No deberías entender eso —dijo al final—. No a tu edad. No en tu posición umu.
Luego añadió, casi como si hablara consigo misma:
—Pero no tendré que preocuparme mucho tiempo.
Tn giró un poco la cabeza.
—¿Qué quieres decir?
Nerón sonrió, pero no había alegría en su rostro.
—El mundo se mueve incluso cuando yo gran emepratriz no lo ordena.
Se separó apenas de él y murmuró—Quédate. Acompáñame a dormir esta noche umu.
Tn dudó un instante… y asintió.
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Mientras tanto, lejos de Roma, en Britania, el general enviado ajustaba su armadura. El campamento hervía de actividad.
—Diez mil hombres —dijo uno de sus oficiales—. La XIV completa, parte de la XX y los auxiliares.
El general apretó la mandíbula.
—No será suficiente… pero será todo lo que Roma nos dé.
Miró el horizonte oscuro.
—Prepárense. Será la mayor lucha que hayamos enfrentado.
El destino ya había comenzado a moverse.
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(Suculencia)
Ambos recostados en la cama de Neron, Tn comenzaba a aceptar ese lugar.
Ella parecía vacía. Ambos se miraron.
Y luego, finalmente, suavemente, se besaron.
Sin urgencia. Sin presión. Solo la presión de sus labios en el silencio, su pecho contra el suyo, la piel cálida en la cama más fría encontrándose en ese punto intermedio perfecto.
La urgencia sólo comenzó cuando las manos de Tn pasaron de su cintura a su trasero.
—¡Mmmmmm…! El gemido de Tn se apagó cuando los labios de Neron reclamaron los suyos, deslizándose con la lengua con una urgencia voraz. Sus manos se enredaron en su cabello, acercándolo más mientras el calor de las mantas los envolvía, cubriendo sus cuerpos con una densa y suave neblina. Sus pechos se apretaban firmemente contra el suyo.
Neron rompió el beso con una sonrisa burlona, con su cabello dorado pegado a su rostro en mechones. Sus ojos verdes brillaban con una mezcla de diversión y algo más oscuro, más primitivo. Empujó su pecho, obligándolo a recostarse contra el borde liso de la cama. “Umu”, ronroneó, “parece que tienes algo impresionante, tenemos que conseguir a mi umu heredero”.
El rostro de Tn se sonrojó al seguir su mirada hacia atrás, hacia su enorme pene, que ya empezaba a hincharse a pesar de la frescura de la cama. Era enorme: flácido, medía fácilmente veinticinco centímetros, y ahora, al endurecerse bajo su mirada depredadora, parecía crecer aún más, extendiéndose centímetros. La punta sobresalía por encima, brillando en la tenue luz de la habitación.
Su sonrisa se ensanchó, con el torso frente a esa polla gorda. “¡Umu, umu!”, murmuró, extendiendo la mano para recorrerlo con un dedo. El roce provocó una sacudida en el cuerpo de Tn, quien respiró hondo. “He visto muchas armas, pero esto… esto es algo especial, umu acaso ya me desea de nuevo dentro de mi. “.
¿Dónde estaba eso? La melancolía había desaparecido, reemplazada por una emoción. Sospechaba que era la misma emoción que emanaba del arte y la crueldad. Ahora, esa emoción se dirigía hacia él y su pene. Ella se desprendió de él y lo empujó hasta que se incorporó de nuevo.
Sus dedos rodearon su miembro, su agarre gloriosamente placentero. Empezó a acariciarlo lentamente, deslizando la otra mano bajo para acunar sus testículos, amasándolos con una facilidad experta. Las caderas de Tn se sacudieron involuntariamente, un gemido escapó de sus labios mientras el placer se aferraba a sus entrañas.
“umu Y yo que pensaba que me odiabas de verdad”, bromeó Neron, inclinándose para darle un beso húmedo en la punta del pene. Sus labios eran suaves pero insistentes, dejando un rastro de humedad a medida que lo recorría. No lo tomó en la boca —todavía no—, pero los besos fueron deliberados, cada uno enviando chispas de electricidad por sus venas.
“Umu”, tarareó ella contra su piel, mientras su lengua salía rápidamente para trazar una vena particularmente sensible que corría a lo largo de la parte inferior de su eje.
Tn solo pudo asentir, con la voz entrecortada mientras Neron continuaba su asalto. Sus manos trabajaban en perfecta armonía: una lo acariciaba con un ritmo enloquecedoramente lento, la otra masajeaba sus testículos con la presión justa. Sus besos se volvieron más frenéticos, más húmedos, como si no pudiera resistirse a saborear cada centímetro de él.
—Joder —dijo con voz ahogada, agarrando el borde de la cama con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos—. Neron…
—Shh umu —lo silenció, levantando la cabeza para mirarlo con una mirada ardiente—. Déjame cuidarte, como tu emperador es mi deber real.
Sus labios encontraron de nuevo la punta de su miembro, y esta vez se demoró, succionando suavemente mientras su lengua se arremolinaba alrededor de la sensible punta. Las caderas de Tn se sacudieron de nuevo.
Ella lo besó de regreso, dejando un rastro de saliva en sus labios, que se mezclaba con el cama que se acumulaba a su alrededor. Sus dedos se apretaron a su alrededor, sus caricias se volvieron más rápidas, más urgentes. Su otra mano continuó su trabajo en sus testículos, rodándolos suave pero firmemente, cada roce lo acercaba más al borde.
“Cerca”, jadeó Tn, con todo su cuerpo temblando por la fuerza de su inminente liberación. “Estoy tan cerca…”.
Las palabras no significaban nada para ella, solo acción. Antes de lo esperado, Tn se corrió con fuerza, su polla se sacudió en la mano de Neron mientras chorros de semen salpicándole los labios y la barbilla. Sus labios se tragaron la punta e intentó tragar, pero…
Su garganta se movía como una emperatriz mientras absorbía todo lo que podía, pero era demasiado: su semen era espeso y copioso, derramándose de su boca y goteando sobre su pecho. Tragó saliva, lo intentó, pero tuvo que retroceder.
Tres cremosos chorros de semen cayeron sobre sus pechos. No podía creerlo, hasta que el último chorro le impactó la cara. Simplemente… no tenía sentido. Superó con creces sus cálculos.
Por un instante, solo se oyó la respiración agitada de Tn y el suave mecer de la cama cuando Neron finalmente se apartó, con la cara aún manchada con su semen. Parecía… aturdida, una expresión poco común en alguien tan segura y serena como ella.
En silencio, Neron se limpió los restos de semen de Tn de la barbilla con el dorso de la mano. Su cabello dorado se le pegaba a la piel húmeda mientras lo miraba fijamente, con la respiración entrecortada. Su sonrisa habitual desapareció, reemplazada por un destello de algo… ¿incertidumbre? No. No podía ser. Ella era Neron: segura de sí misma, en control, siempre.
Pero entonces sus ojos se posaron en su pene, aún palpitante y brillante en la cálida neblina de las camas termales. Treinta centímetros de pene puro e inquebrantable. « U-mu quiero mas, es tan viril, umu », pensó Neron, traicionando brevemente su compostura. Se lamió los labios inconscientemente; su sabor aún persistía, intenso y primario.
Con una inhalación profunda, se inclinó hacia adelante, presionando sus manos contra su pecho. El vapor se elevó a su alrededor como un velo.
“¿Crees que eso es todo lo que tengo umu?”.
Ella lo montó a horcajadas, presionando sus muslos contra sus caderas mientras se posicionaba sobre su enorme pene. El calor de la cama pareció intensificarse, o tal vez era solo la electricidad que los unía.
“Umu, es hora de seguir mi querido bárbaro”, dijo, recuperando su sonrisa, más arrogante que nunca. Pero había un destello en sus ojos: un desafío, sí, pero también algo más. ¿Un atisbo de desesperación? ¿O era un anhelo? Ya no lo sabía. Solo sabía que necesitaba demostrar su valía, dominar a este hombre que ya la había dejado completamente destrozada.
Ella se agachó, agarrando su pene con una mano, guiándolo hacia su entrada. Su coño ya goteaba, su cuerpo la traicionaba tanto como su mente. Se jugueteó con la punta, frotándola contra sus pliegues apretados y húmedos, disfrutando de cómo la hacía estremecer. Pero entonces, en un momento de torpeza inusual —¿o sería desesperación?—, lo dejó deslizarse dentro.
Y oh dioses , la sensación.
Neron jadeó con dificultad, sus labios se separaron en un suave jadeo mientras centímetro a centímetro la llenaba gloriosamente. Piénsalo, esta era una mujer noble. Una Romana orgullosa, la emperatriz conocida como Nero claudius augustus se dedicó a abatir bárbaros y paganos hacia su imperio.
Era demasiado, demasiado, pero no pudo evitar hundirse, absorbiéndolo cada vez más hasta quedar completamente dentro, con su coño estirado hasta el límite. Sus estrechas paredes se apretaron a su alrededor instintivamente, como si intentaran reclamarlo, pero no había forma de dominar a ese monstruo de polla. Era él quien la poseía ahora.
“¡Ahghghg umu~!”, maldijo e intentó mantener la compostura. De verdad que lo intentó. Movió las caderas experimentalmente, un suave gemido escapaba de sus labios mientras cada pequeño movimiento le provocaba oleadas de placer por todo el cuerpo. “¡E-esto es… hnnggh! Esta cosa dentro de mí umu.”.
Ella no podía retirarse. Debería haberlo hecho, pero no pudo.
Las manos de Tn descansaban sobre sus caderas. La observaba con una mezcla de diversión y deseo, con el cuerpo tenso. “Tú mandas, ¿recuerdas?”, dijo, sonriendo burlonamente.
Neron lo fulminó con la mirada, pero carecía de su habitual ardor. En cambio, había un destello de vulnerabilidad en sus ojos mientras intentaba moverse de nuevo, frotando sus caderas contra él. Cada embestida le provocaba oleadas de placer que le recorrían la columna, mientras su coño se apretaba y se relajaba alrededor de su miembro en un intento desesperado por seguirle el ritmo. Pero era inútil: él era demasiado grande, demasiado poderoso, y ella estaba perdiendo el control rápidamente.
“Mmmm”, gimió ella, echando la cabeza hacia atrás mientras se mecía contra él. Sus pechos rebotaban con cada movimiento, el cama chapoteando a su alrededor al ritmo de su movimiento. “¡T-tu umu es…! ¡Demasiado! ME ENCANTAAAAA”.
Pero Tn no se conformó con dejarla forcejear encima de él. Sin previo aviso, la agarró por el culo con ambas manos, sacándola sin esfuerzo del cama antes de volver a azotarla sobre su polla. Para él, todo esto era demasiado normal. Demasiado casual.
Como era de esperar, Neron dejó escapar un grito agudo, sus uñas clavándose en sus hombros mientras él tomaba el control, follándola con una fuerza que la dejó sin aliento.
—¡Espera! —jadeó, con la voz quebrada mientras él la penetraba sin descanso—. ¡No puedo… ! ¡Oh, umu!
¿Por qué se detendría? Era una especie de duelo. Ella intentaba ganar antes y ahora le tocaba a él. Se puso de pie en la cama, con una fuerza innegable mientras la sujetaba, su pene penetrando más profundo que nunca. Neron lo rodeó por la cintura instintivamente, sus brazos apretándose alrededor de su cuello y…
¡PLAAATTTTTT—! ¡PLAATTTTTT—! ¡PLAATTTTTTT—! ¡PLATTTTTTT—! ¡PLAAATTTTTT—! ¡PLAATTTTTTT—! ¡PLAAAATTTTT—!
La cogió a un ritmo que no dejaba lugar al pensamiento, a nada más que a un placer puro y abrumador.
“¡Umuuuuuuu Me corro otra vez!”, gritó, casi un sollozo, mientras el orgasmo la embestía con brutal fuerza. Su coño se estremeció a su alrededor, ordeñando su polla mientras oleadas de éxtasis la invadían. “¡Ahhh umu ahhhh umu aaahhhhh! ¿Por qué siento esto tan fuerte? ¿Bárbaro mioooooo ohhhhhhh mas mas mas mas ahhhh ahhhhh…?”.
Tn no respondió y sonrió, apretándole el trasero con más fuerza. Ese jugoso trasero una vez estuvo atrapado en una tela de seda. Ya no.
¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—! ¡PLATTTTTT—!
Neron no echó la cabeza hacia atrás. Lo miró fijamente.Amaba sentirse amada, sentirse especial, sentir como el barbaro que decia odiarla se entregaba al placer.
“¡ahhh ahhhhh umu E-espera! ¡ahhhh ahhhh Esperaaaaa! ¡Solo necesito… necesito…!”.
Interrumpido orgasmo tras orgasmo. “¡Vamos! ¡Contesta ya!”.
Sus ojos se pusieron en blanco. Gimió. Jadeó. Casi echó la cabeza hacia atrás como una puta. “¡Yo-dentro! ¡Una emperatriz sí que desperdicia la semilla de un hombre!”.
Él se corrió en su interior, su pene palpitando mientras la llenaba hasta el borde. Neron gimió suavemente ante la sensación, sus piernas temblando alrededor de su cintura y los dedos de sus pies enroscándose. Se aferró a él, completamente agotada.
Todo estaba en silencio. La cama los envolvia suavemente. Entonces Tn presionó sus labios contra los de ella en un beso profundo y apasionado, y Neron le devolvió el beso sin dudarlo; su arrogancia anterior fue reemplazada por algo mucho más primario. Algo que no dejaba lugar a dudas: ahora era suya .
“Umu si fueras emperador”, dijo Neron, resoplando y sonriendo, “serías dueño de mí”.
“¿Propiedad?” Le dio una palmada en el trasero. “Suena bien, pero creo que te seguiría odiando”.
Su corazón dio un vuelco. No se había dado cuenta hasta ese momento, pero se estaba enamorando de ese hombre. Su pene sepultado en ella, su semen goteando y la luz de la luna como testigo, no le importaba esa sensación de amor. Como emperatriz, era ridículo eludir sus responsabilidades. Como mujer, solo deseaba quedarse allí y besar a ese hombre.
La luna ya estaba más alta cuando salieron de la cama. El aire se había enfriado, las cigarras habían sido reemplazadas por el ocasional susurro del viento, y las dos figuras solitarias en la habitacion.
Tn se recosto, con el leve rumor de la brisa isleña rozando su piel. La cama era suave bajo él, pero su cuerpo se sentía vivo, de una forma que exigía atención.
“Nunca he tenido un amante verdadero”, admitió Neron. “Ni un marido, para el caso. Mi vida siempre ha sido… solitaria umu.”.Llenaba todo con los placeres del imperio.
Tn no lo entendía mejor que la mayoría. Su pasado, sus luchas con la gente que odia, la ambigüedad moral que conllevaban sus actos… era mucho para cargar.
“¿Y cómo te sientes ahora?” preguntó, mirando esos ojos verdes tan cautivadores.
Ella sonrió. Una sonrisa genuina y espontánea que iluminó todo su rostro. “Feliz”, dijo simplemente. “Nunca me he sentido más feliz umu”. Sus embestidas se detuvieron y ella quedo encima de Tn mirandolo.
Nero era un monstruo, pero un monstruo pequeño al final del dia, era cruel, alguien despiadada que envio a masacrar a cientos de inocentes, era justamente una lider.
Un líder conquistador suele poseer una moral utilitarista y teleológica, donde el fin justifica los medios. Se caracteriza por un alto sentido de misión, ambición de gloria y riqueza, y una creencia en la superioridad de su causa (o cultura) para justificar la apropiación de tierras y recursos, a menudo con una férrea disciplina.
Eso fue todo lo que hizo falta. Una palabra, un instante, y la presa se rompió. Neron giró la cabeza, sus manos encontraron su rostro mientras presionaba sus labios contra los de él. El beso fue eléctrico, suave al principio, tentativo, como tanteando el terreno, pero luego se profundizó, se convirtió en algo más. Su lengua rozó la de él, y él gimió en su boca, sus manos buscando instintivamente su cintura.
Su piel estaba cálida bajo sus dedos; la tela de la seda apenas era una barrera entre ellos. Quiso arrancársela, sentirla completamente contra él, pero ella se apartó, respirando entrecortada e irregularmente.
Su sonrisa se transformó en una más suave, con una nueva confianza brillando en sus ojos. “Relájate. Déjame cuidarte.”.
Y lo hizo. Sus embestidas eran perfectas, cada deslizamiento descendente calculado para excitarlo. Su pulgar rozó la cabeza de su pene, esparciendo el líquido preseminal mientras lo acariciaba.
“U-mu ahhh ahhh manejo c-casi cualquier instrumento”, bromeó Neron. “Pero ahhhhh esta es mi especialidad”.
Él gruñó. No exageraba, tenía razón. Esta paja, ¡joder!, solo podía seguir gruñendo. Sintió un hormigueo, y fue entonces cuando su otra mano decidió unirse y masajearle el testículo. Se le había acumulado entre los muslos.
Esta era la diosa de las pajas. La más grande de todas.
No detuvo sus divinas caricias. Al contrario, aceleró el paso, apretando su agarre lo justo para hacerle ver las estrellas. Con Neron, no se sentía apretado, solo placentero. Con ella, las pajas eran simplemente eso: deliciosamente placenteras.
Y entonces se corrió, con fuerza, y su liberación se derramó sobre su mano y el mar mientras gemía su nombre. Fue una cantidad copiosa de semen que irrumpió en la cama.
-Umu~.
Tenía la mitad de la mano cubierta de una rica y cremosa masa para bebé. La lamió seductoramente. Tenía las mejillas sonrojadas y los labios hinchados por el beso, pero su postura y su nueva manicura revelaban una renovada confianza.
“Espero que esto no haya sido malo.”.
Tn se rió. “No está nada mal”.
Ella sonrió con suficiencia de nuevo, deslizando las manos por su pecho mientras se acercaba. “¿Por qué no vemos qué más puedo hacer?” Sin esperar respuesta, se sentó a horcajadas sobre él, su cuerpo epresionando contra el suyo mientras agarraba su pene aún erecto y lo frotaba hacia su entrada.
-Quiero sentirte dentro de mí, Tn. Quiero que me folles aquí mismo umu,concebir lo que seria mi mayor obra.
Su cabello dorado cayendo sobre su cuello como una cascada de seda, y sus labios en forma de corazón… Tn jamás los olvidaría. No mientras viviera. De color rojo, en el juego real, estaban ocultos por una máscara.
Ya no. No cuando estaba con él.
Él se cernía sobre ella, su pene de treinta centímetros le golpeaba el estómago, ya resbaladizo por el presemen, prueba de cuánto la deseaba. Le apartó la braguita , dejando al descubierto su coño húmedo, y le abrió las piernas, colocándose en su entrada.
La respiración de Neron se entrecortó cuando sintió la punta de su enorme polla presionando contra sus pliegues. ” Umu, es tan jodidamente grande “, pensó, su mente ya nadaba con una mezcla de deseo y desesperación.
Ella no se dio cuenta que lo dijo en voz alta.
Apenas tuvo tiempo de prepararse cuando Tn la penetró con una fuerza que le hizo arquear la espalda en la cama. Su polla la llenó por completo, dilatando su coño de maneras que jamás hubiera creído posibles. Un gemido gutural escapó de sus labios. Sentía los brazos como fideos.
Primer empujón, un orgasmo. Segundo empujón, otro orgasmo.
Sus ojos se pusieron en blanco y en japonés gritó su orgasmo al mundo: “¡TE AMO!”.
¡PLA-! ¡PLA-! ¡PLA-! ¡PLA-! ¡PLA-! ¡PLA-! ¡PLA-!
La polla más grande. El testículo más grande. Lo más profundo que alguien podría alcanzar. Lo más profundo que alguien había alcanzado. Neron estaba experimentando esto por primera vez, un nivel que nadie en ningún mundo podría igualar.
Una prensa de apareamiento.
Una posición para aparearse, reproducirse y domesticarse.
Neron no estaba preparada para un festín sexual, no en ese momento.
“¡LO SIENTO MUCHO! ¡ME VOY A CORRER UUMUUUUUUU! ¡ME VOY A CORRER! ¡ME ESTÁS HACIENDO CORRERME~!”.
Se dio cuenta, mientras su mundo se quedaba en blanco, de que era demasiado tarde. Sí, solo después de veinte embestidas, comprendió que todo había terminado. Sus ambiciones, sus sueños, sus responsabilidades.
“¡LO SIENTO MUCHO, AHGHHGGHGHHG! ¡NO PUEDO VOLVER ATRÁS! ¡NO LO HARÉ! ¡ESTA POLLA! ¡ESTA POLLAAAAA!”.
Ella estaba rota. Sí, se rompió en un tiempo récord.
¡ESTOY SOLO! ¡SOY UNA EMPERATRIZ SOLITARIA! ¡SOLO QUIERO POLLA! ¡SOLO QUIERO A UMU! ¡SOLO QUIERO ESTOOOOO !
¡Eres bastante ruidosa! —Tn no se detuvo. La embistió una y otra vez, moviendo las caderas implacablemente mientras hundía su polla más profundamente en su coño apretado y húmedo. El sonido de sus testículos golpeando su trasero resonó por la habitacion vacía, mezclándose con el romper de la habitacion.
“¡PERO LO SOY! ¡YO SOYMMMM~ UMU! ¡SOY UNA CONCUBINA PERSONAL! ¡TODO LO QUE ME IMPORTA ES TU POLLA! ¡TU POLLAAAAA! ¡MI SEÑOR! ¡MI UMU!” La mente de Neron era un torbellino de sensaciones. La forma en que su polla la abría, la forma en que rozaba cada punto sensible de su interior… era abrumadora. No podía pensar con claridad. Solo podía sentir . Sus habilidades telepáticas, normalmente tan agudas y concentradas, ahora estaban nubladas por la pura intensidad del placer que recorría su cuerpo. “¡MI EMPERADOR CONSUL, ME ESTÁS HACIENDO CORRERMMMM~!”.
Esto era diferente a todo lo que Tn había experimentado. Esta devoción, esta necesidad absoluta de él y solo de él….. Habia encontrado una nueva forma de hacer venganza.
¡Maldita sea, se está poniendo tensa! ¡No sé si podré parar aunque quisiera!
¡Probablemente este era el coño más estrecho que había follado hasta ahora! ¡Rayos!
¡PLA-! ¡PLA-! ¡PLA-! ¡PLA-! ¡PLA-! ¡PLA-! ¡PLA-!
¿Por qué? ¿Por qué estaba tan apretado?
Con las bolas hundidas, se detuvo de repente. Se quedó allí. La miró fijamente, con la cara llena de lágrimas y la lengua fuera. No se parecía en nada a la mujer de los juegos. No se parecía en nada a lo que era antes.
Ese comentario la impactó y se tensó de nuevo. Tn contuvo el aliento. «¡No te corras, no te corras…!».
La dejó calmarse. La dejó respirar, lo que le llevó un buen minuto dado que estaba hasta las pelotas.
“Yo… yo estaba sola. No tengo a nadie. Ni a un consul ni a ninguna de las personas que conozco. Yo…”, jadeó. Le temblaban las piernas y casi le rebotaron en la sien. “Lo siento… es que…”.
—Eres debil…Una emperatriz necesitada y mimada que requiere castigo. —Sonrió con dulzura y le acarició la mejilla—. No estarás sola. Yo mismo te me encargare de que pagues cada uno de tus pecados…Freya sera testigo de eso.
Las bolas volvían a balancearse. La polla volvía a penetrar.
—¡Umu ahhhh Prométemelo! ¡Nunca estare sola ahhhhh!
Aislamiento. Miedo. Amistad. No se trataba solo de su tiempo aquí ni de los eventos que se aproximaban, sino de toda su vida. A Neron le faltaba algo y solo Tn podía compensarlo ahora.
“¿Por qué? ¿Por qué no puedo parar de correrme? ¿Por qué esta polla es tan buena? ¿Por qué esta polla es tan jodidamente grande?”, balbuceó, jadeando mientras otro orgasmo la atravesaba. Su coño se apretó a su alrededor, sacándole la leche mientras oleadas de placer la inundaban. “¿Por qué la polla de mi umu es TAN perfecta?”.
Las manos de Neron se movieron hacia su trasero, aferrándose a él como si fuera lo único que la mantenía en pie. Intentó formar pensamientos coherentes, intentó hablar, pero solo salieron gemidos y quejidos incoherentes. Su cuerpo ya no era suyo; pertenecía a Tn. Él la poseía, y ella disfrutaba cada segundo.
El calor del sol en su piel, el aroma salado del océano en el aire, la forma en que la polla de Tn la llenaba por completo… todo era demasiado. Neron se sentía al borde de otro orgasmo devastador, de esos que la transformarían como el de la noche anterior.
“¡Tn, mi umu, por favor! ¡No puedo más!”, suplicó, con la voz quebrada al sentir otra oleada de placer. Su coño se convulsionó alrededor de su pene, apretándolo con fuerza mientras se corría con fuerza, empapándolo de sus fluidos. “¡Córrete! ¡Córrete dentro! ¡Toma mi vientre! ¡Dame tu semen!”.
¡Joder, ni siquiera tuvo opción! El coño más estrecho se apretó aún más y lo sujetó. La punta de su pene se apretó contra su útero, y su semen espeso y caliente inundó su coño salvajemente. Neron gimió al sentir su semilla llenándola, desbordándose y derramándose sobre la cama.
Sus brazos y piernas lo encerraron.
¡Joder! ¡Eres una codiciosa, ¿verdad?! Así que la embistió una y otra vez, intentando que se le pegara la leche. “Ya está, tómalo todo”. Gimió y se vació dentro de ella. Las extremidades de Neron se aflojaron, brazos y piernas lo abandonaron.
La polla gigante se retiró lentamente, observando cómo cada centímetro la hacía retorcerse y gemir. Su semen goteaba de su coño hinchado.
Por algún milagro, despertó y le hizo la señal de paz con las dos manos. Tenía las piernas abiertas, su coño rebosaba la cremosa carga de un semental divino, y esbozó una sonrisa después. Fue como si un lado primario de ella entrara en acción. Abrió más las piernas y le invitó a una segunda oportunidad.
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(fin de suculencia)
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Al despertar, Nerón miró a su lado.
Aquel bárbaro seguía allí.
El corazón de la emperatriz —cruel, artístico, endurecido por el poder— palpitó una vez… y luego otra. Frunció el ceño, molesta consigo misma, y observó el rostro fornido y sereno de Tn. Dormía profundamente, como si el mundo no pudiera alcanzarlo. El fluido blanco dentro de ella habia manchado de nuevo sus sedas.
—Al principio eras solo un juguete… umu—susurró—. Una bestia peligrosa.
Recordó cómo había pensado en castigarlo, quebrarlo, hacerlo pagar por cada desafío silencioso. Y, aun así, con el paso de los días, algo había cambiado. No quería admitirlo, pero el bárbaro parecía… quererla.
—Qué ironía umu—murmuró—. Yo, Nerón Claudia César, tentada por ser solo una consorte.
La idea era peligrosa… y dulce.
No malinterpretaba su propio orgullo: amaba su título, su corona, su poder. Pero la soledad en la cima era real. No había nadie allí arriba. Solo ella… y el vacío.
Su mano descendió, inconsciente, hasta su vientre.
—Un heredero… —dijo en voz baja—. Si pudiera dejar uno… entonces sí… podría irme en paz.
Se incorporó despacio, dejando las sábanas atrás. Tomó las sedas y se las colocó sin prisa, cubriendo solo lo necesario. Sonrió con diversión al recordar cierta sesión del Senado.
—Aún recuerdo sus caras… —rió suavemente—. “Indecente”, dijeron.
Negó con la cabeza.
—Viejos buitres. Avariciosos, corruptos… esperando hurgar en mi cadáver umu para ganar poder. No aman Roma. Solo se aman a sí mismos umu.
Un leve movimiento la hizo girar la cabeza.
Tn despertaba.
Abrió los ojos lentamente, desorientado, hasta que su mirada se encontró con la de ella.
—Buenos días, bárbaro —dijo Nerón con tono ligero.
—Tch Neron… —respondió él, incorporándose—. ¿En que piensas?
Ella soltó una risa corta.
—Dormir no es un crimen… aunque el Senado seguramente lo intentaría tipificar.
Se acercó a él, inclinándose un poco.
—Tengo una idea.
Tn la miró con cautela.
—Cuando dices eso… suele doler.
—Oh, no seas dramático umu —replicó—. Te enseñaré arte. Música, para empezar.
Él parpadeó.
—¿Música?
—Sí umu—dijo ella con una sonrisa orgullosa—. No puedes seguir siendo solo un guerrero barbarico. Si planeo tenerte a mi lado… debes tener cultura romana.
Tn bajó la mirada.
—No sé si eso sea la mejor idea que hayas dicho.
Nerón levantó su barbilla con dos dedos.
—Umu es una buena idea porque yo lo digo.
Luego añadió, más suave—Llamaré a escribas, maestros… filósofos incluso. Aprenderás a leer, a escribir, a tocar instrumentos. Roma deberá aceptarte… y si te portas bien dejare que me castigues~.
Ella lo tomo suavemente dle menton mirándolo.
Tn sostuvo su mirada.
—¿Y si no quiero hacerlo y decido que cambien de opinión?
Ella sonrió de medio lado.
—Entonces lo harás por mí umu.
Por un instante, ninguno habló. Solo el sol entrando por las ventanas, iluminando mármol y seda.
Nerón se dio media vuelta.
—Prepárate. Hoy comienza tu educación, bárbaro umu.
Y sin saberlo, ambos acababan de cruzar una línea de la que ya no habría regreso.
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