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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 262

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Capítulo 262: Sniper wolf metal gear

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

________________^____________________________________________________——-_________

Arrastrarse por la nieve y tratar de correr con aquella cola blanca que le llegaba casi a la cintura no era ningún beneficio.

La sangre caliente se escapaba de la herida en su costado, empapando la tela oscura mientras el contraste con el blanco la delataba.

Sniper Wolf gruñó entre dientes.

El vapor escapó de su boca en nubes cortas y desordenadas.

Los oía.

Botas.

Voces apagadas.

El crujir de la nieve quebrándose bajo el peso de hombres armados.

—No… aún no… —murmuró, obligándose a seguir.

El bosque estaba a pocos metros. Espeso. Cerrado. Oscuro.

Cobertura.

Un disparo pasó silbando junto a su cabeza. Otro golpeó un árbol cercano, arrancando astillas. Wolf se lanzó detrás del tronco más grueso que encontró, apoyó la espalda contra la corteza y respiró con dificultad.

Tomó su rifle con manos temblorosas.

Apuntó.

Disparó.

Dos tiros rápidos. No para matar. Para frenar.

Se volvió a cubrir y siguió avanzando entre los árboles, forzando su cuerpo más allá del límite. El terreno se elevaba ligeramente; saltó… y entonces sintió el impacto.

—¡Ngh…!

El disparo le atravesó el muslo.

Cayó de rodillas y luego de costado, hundiéndose en la nieve.

—¡La tenemos! —gritó uno de ellos.

Eran ocho.

Podía sentirlos cerrando el círculo.

Wolf gruñó, levantando la cabeza con esfuerzo. Sonrió.

Una sonrisa torcida, salvaje.

Sus dientes blancos estaban manchados de sangre.

El sabor metálico le picaba la lengua.

—Vengan… —susurró—. Llévenme.

El líder del escuadrón avanzó, sacando una Colt 1911.

La apuntó con calma.

—Se acabó, perra.

Entonces, una voz rompió el momento.

—Vaya… vaya… vaya~

El clic seco de un arma siendo amartillada llenó el aire.

—¿Qué hacen ocho caballeros… —la voz sonó tranquila, casi divertida— …y una dama en medio de un bosque a estas horas?

Nadie se movió.

No muy lejos de ellos, entre los árboles, un joven con ropa de caza invernal observaba la escena.

Chaqueta gruesa, pantalones resistentes, abrigo largo con ribetes de piel.

Entre sus manos, un Winchester .30-30 perfectamente alineado.

—Bajen las armas —dijo—. No me gusta repetirlo.

Wolf levantó la vista.

Lo miró.

Por un instante infantil, pensó que él moriría igual que ella.

No tuvo tiempo de pensar más.

Siete disparos sonaron en rápida sucesión.

No fueron apresurados.

Fueron limpios.

Cada cuerpo cayó antes de que el eco del anterior se extinguiera.

Los casquillos golpearon la nieve uno a uno, enterrándose en silencio.

El Winchester tenía un cartucho extra.

El último disparo fue para el líder.

El joven bajó el rifle lentamente.

—Mph. Supongo… —murmuró— …que no eran buena compañía.

Wolf soltó una risa breve, ahogada, que se convirtió en un jadeo.

El frío, la sangre, el cansancio… todo la alcanzó al mismo tiempo.

Sus ojos se cerraron.

La loba cayó dormida en la nieve.

.

.

.

Cuando despertó, el mundo era… distinto.

Calor.

El olor a madera, humo y algo más… carne secándose.

Wolf abrió los ojos de golpe, intentando incorporarse. Un dolor punzante le recorrió el cuerpo.

—Eh. Tranquila.

La voz era la misma.

El joven estaba sentado cerca de la chimenea, limpiando con calma el cañón del Winchester.

—Si te mueves así, vas a abrirte los puntos.

Ella bajó la mirada.

Su costado estaba vendado. El muslo también.

—…¿Dónde estoy? —preguntó con voz áspera.

—En mi cabaña —respondió—. A tres horas del pueblo más cercano.

La miró de reojo.

—Y viva. Que no es poco.

Wolf guardó silencio.

Analizó el lugar. Salidas. Distancias. Posibles armas.

—Pude dejarte ahí —continuó él—. Pero no me pareció correcto, al menos no de la forma tradicional.

—¿Por qué? —preguntó ella.

El joven sonrió apenas.

—Porque no cazó cosas que no están de pie, no le disparas a un venado recostado. Le quit toda la gracia a la persecucion.

Wolf lo observó con atención.

—¿Cómo te llamas?

—Tn~.

—Sniper Wolf.

Él arqueó una ceja.

—Nombre raro para mi porpia opinion querida~.

Ella cerró los ojos por un segundo.

—No me dispares mientras duermo.

—No lo hago —respondió con calma—. Pero tampoco confíes tanto.

Un silencio cómodo se instaló entre ambos, roto solo por el crepitar del fuego.

Finalmente, Wolf habló—Necesitaré medicación.

Tn la miró.

—No tengo eso. Pero puedo ofrecerte un te de miel es muy bueno por aqui.

Los dedos de ella temblaron apenas.

—Entonces… —murmuró— tendré que acostumbrarme.

Él sonrió de lado.

—Aquí todos lo hacen.

Tn se recargó en su rifle, usándolo como un bastón improvisado.

—Es… lindo —dijo con un deje irónico— ser buen samaritano de vez en cuando.

Sniper Wolf lo miró desde la cama improvisada. Sus ojos no eran hostiles, pero sí atentos.

Demasiado atentos.

—Cometiste homicidio —dijo sin rodeos—. Eran soldados.

Tn ladeó la cabeza.

—O pudieron ser animales salvajes —respondió con tranquilidad—. En estos bosques hay cosas peores que hombres armados.

Ella soltó un bufido bajo.

—Ajá. Animales salvajes que usan rifles.

El sarcasmo nunca fue su fuerte, pero suponer que a dichos soldados los mato una bestia seria como decir que un criminal se suicidio de tres disparos en la espalda.

Él negó suavemente, sin molestarse.

—Poco o nada le importa a la comunidad en esta zona remota del mundo —explicó—. Aquí la gente desaparece. Siempre lo ha hecho.

La miró directamente.

—Mientras no toques a los locales, nada importa realmente.

Simple, no cazas en la zona donde vives, vas y buscas presas al exterior.

Wolf guardó silencio.

¿Loco… o asesino en serie?

La idea cruzó su mente con rapidez. Lo observó mejor: postura relajada, respiración estable, ningún temblor. No había placer en su voz al hablar de la muerte. Tampoco culpa.

No…

No es eso.

Era otra cosa.

Ella, como soldado, comenzó a armar un perfil psicológico casi por reflejo.

Tn volvió a sentarse cerca del fuego.

—Cuando estés curada —continuó—, eres libre de irte.

Wolf alzó una ceja.

—¿Así de simple?

—Así de simple.

—¿Y por qué matarlos?

Él apoyó los codos en las rodillas.

—Porque eran una amenaza —respondió—. Para usted buena dama… y para mí propia seguridad~.

Se encogió de hombros.

—Y cualquier hombre bajo amenaza se defiende.

Wolf cerró los ojos por un segundo.

Claro.

Lo entendió.

Tn no era un monstruo sin reglas.

Era un animal territorial.

Defendía su espacio. Su bosque. Su orden.

Los trastornos psicóticos, como la esquizofrenia o el trastorno delirante, implican una pérdida de contacto con la realidad, lo que a menudo altera el juicio moral convencional. Sin embargo, un psicótico puede seguir reglas morales o éticas cuando sus delirios (falsas creencias) están estructurados internamente o cuando el trastorno permite períodos de lucidez y funcionamiento social.

Aquella conclusión le trajo una calma inesperada.

Un depredador… con ética. Eso era muhco mas seguro que un loco aislado.

—Entiendo —murmuró.

El silencio volvió a caer. El fuego crepitaba.

El cansancio la venció poco a poco.

Wolf se durmió.

Tn la observó durante unos segundos más.

Suspiró.

—Problematico madame~… —murmuró para sí.

Se levantó y salió por la parte trasera de la cabaña. El aire nocturno era frío y limpio. Allí colgaba un ciervo recién cazado.

—Vamos~—dijo—. No te desperdiciaré.

Comenzó el trabajo con calma.

Metódico. Preciso.

Separó la piel con cuidado; la usaría como decoración, quizá como alfombra.

Las astas las colgaría sobre la chimenea.

La carne… esa sería para sobrevivir.

—Naaaa~ laaaaaaa~ cuando el mundo triste este~ solo canta hasta que duerma~ muestra una sonrisa al jugar~—comentó en voz baja tarareando. Cortes precisos y algo del liquido carmesi cayo en su mejilla, su ojo apenas lo miro, no importaba, habia cazado.

Sus manos se movían con la misma seguridad con la que había disparado horas antes. No había prisa. El proceso podía tomar una o dos horas, y él lo sabía.

Mientras trabajaba, su mente volvió a la mujer dormida dentro.

—Una loba~… —pensó—. Herida.

Por el equipo y arma de la mujer, era obvio que debia ser una soldado. Esos ojos de bestia lo hbaian juzgado antes de aceptarlo.

Miró al bosque oscuro.

—Y los lobos heridos son peligrosos~.

Terminó de preparar la carne y la puso a cocer lentamente, formando un estofado espeso que llenó la cabaña de un olor reconfortante.

Cuando volvió al interior, Wolf estaba despierta, observándolo desde la cama.

—Huele bien —dijo ella.

—Ciervo —respondió—. Te ayudará a recuperar fuerzas.

—¿Siempre haces esto solo?

Tn removió el estofado.

—Oooh Siempre~.

Wolf lo estudió un momento más.

—No pareces un hombre que viva solo por gusto.

Él sonrió apenas.

—Ni tú una dama que debería estar aquí.

Sus miradas se cruzaron.

Algo… silencioso, denso, se instaló entre ambos.

No era confianza.

Tampoco hostilidad.

Era reconocimiento.

Dos cazadores en su oficio.

Tn comenzó a servir el estofado en dos cuencos de metal.

El olor era espeso, reconfortante… casi peligroso para alguien que llevaba días sobreviviendo con el cuerpo al límite.

Wolf gimió en voz baja al intentar incorporarse. El movimiento le arrancó un latigazo de dolor que le cruzó el costado y el muslo.

—No te esfuerces —dijo él sin mirarla—. Si te caes, no pienso cargarte otra vez.

Ella apretó los dientes, pero logró sentarse.

—No pedí ayuda —murmuró.

—Y aun así la aceptaste~.

Le tendió el cuenco. El calor le quemó un poco las manos, pero no se quejó. El primer bocado le arrancó un suspiro involuntario.

Carne real.

Caliente.

Durante un rato comieron en silencio.

Wolf observó la cabaña con calma quirúrgica.

Pieles de caza en el suelo y las paredes. Astas colgadas. Nada innecesario. Nada decorativo sin propósito.

—Vives solo —comentó al fin.

—Desde siempre —respondió Tn.

—¿No te molesta?

Él se encogió de hombros, removiendo su estofado.

—A algunas personas les sirve la ciudad. El ruido. Las reglas de otros.

Cerró los ojos un momento mientras masticaba.

—A mí no~.

Ella lo observaba con detenimiento.

Atenta.

Evaluando.

—Aquí hay todo lo que puedo pedir —continuó él—. Soledad. Puedes pensar sin que nadie te diga cómo hacerlo.

Abrió los ojos.

—Vivo como quiero. Pongo mis reglas. Tengo pasatiempos.

—¿Y la violencia? —preguntó Wolf.

Tn sonrió apenas.

—También es una herramienta.

La miró de frente.

—Soy libre de usar fuerza letal si algo representa una amenaza a mi persona.

Dejó la pregunta flotando.

—¿Qué te parece eso, Wolf?

Ella bajó la mirada a su cuenco casi vacío.

Pensó.

Fría.

Paciente.

Misándrica por costumbre.

Su lealtad siempre había sido clara. Inquebrantable.

Pero Big Boss no estaba allí.

“Saladino” no existía en ese bosque.

Alzó la vista de nuevo.

—Serías un buen soldado —dijo finalmente.

Tn soltó una risa baja entre dientes.

—No —negó—. Me hecharian de ahi en cuanto no pueda hacer el entrenamiento.

—Tan pesimo pensamiento tienes de ti.

—Exacto, nunca fui alguien de actividad fisica rigurosa.

Wolf inclinó un poco la cabeza.

—Eres menos molesto de lo que podria pensar.

—Oh~ agradesco el cumplido —respondió él.

Se miraron durante unos segundos.

No era hostilidad.

Tampoco confianza.

—Si me quedo —dijo ella con voz neutra—, no obedeceré órdenes entiendes.

—No doy órdenes descuida.

—Y si te veo como una amenaza…

Tn apoyó el cuenco vacío sobre la mesa.

—Entonces harás lo que tengas que hacer —dijo—.

Se levantó.

—Como yo.

Wolf lo siguió con la mirada mientras se alejaba unos pasos.

.

.

Las interacciones siguientes fueron, en opinión de Wolf, más amenas.

Tn parecía vivir bajo su propio cronómetro invisible.

Se despertaba antes del amanecer.

Salía a buscar leña.

Revisaba las zonas de caza.

Desaparecía entre los árboles durante horas.

Regresaba antes del anochecer.

Preparaba comida.

Luego se sentaba en el porche a mirar el clima, como si el cielo fuera un viejo conocido.

No había cambios notables.

Y eso… era extraño.

Wolf sanaba lento, pero el dolor había cedido casi por completo. Podía caminar sin apoyo, aunque aún con cautela.

Una mañana, mientras se ajustaba las vendas, habló:

—¿Dónde dejaste mi ropa… y mis armas?

Tn levantó la vista desde donde afilaba un cuchillo.

—Buena parte estaba arruinada por la sangre —respondió—. La dejé atada cerca del río. La corriente es suave, no se la llevará.

Se levantó y le tendió un paquete.

—Mientras tanto… usa esto.

Era ropa hecha de pieles. Algo holgada, pero bien cosida.

Wolf se la puso con cuidado.

Se movió un poco.

—Es… cómoda —murmuró, casi molesta consigo misma.

Tn soltó una risa baja.

—Cuando termine de limpiar tu vestimenta anterior, la coseré. No será perfecta, pero aguantará~.

Ella lo miró.

—Vives no muy lejos de un pueblo, ¿verdad?

—Sí —asintió—. Voy de vez en cuando. A conseguir lo que no puedo hacer aquí.

—¿No te miran raro?

—Me miran, pero la localidad es muy acogedora —corrigió—. No preguntan demasiado siendo honesto.

Wolf asintió lentamente.

—Ya respondí muchas de tus preguntas —dijo él al cabo de un rato—. Supongo que ahora te toca a ti.

Ella lo miró sin sorpresa.

—Es obvio que soy soldado —continuó Tn—. Pero… ¿qué misión cumples? ¿Cuál es tu propósito?

Wolf tardó un poco en responder.

—Francotiradora de élite —dijo finalmente—. Unidad FOXHOUND.

—¿Ejército?

—Militares privados.

Tn parpadeó.

—Hm. Vaya.

Se recostó contra el marco de la puerta.

—Pensé que eras de algún gobierno local… o soviética, por lo que dicen las radios últimamente.

—Las radios mienten —respondió ella.

—Seh pero transmiten buena musica ultimadamente.

Hubo un silencio breve.

—Es posible que me cure —dijo Wolf—. Y que me vaya.

Tn inclinó la cabeza, exagerando una expresión de falsa tristeza.

—Una lástima. Eras… una compañía agradable~ ooohhh pobre de mi estare tan solo.

Ella bufó.

—Estarías igual incluso sin mí.

—Probablemente —admitió—.

La miró de reojo.

—Pero sería más silencioso eh de admitir.

Wolf no respondió de inmediato. Miró el bosque por la ventana. La nieve cayendo despacio.

—El silencio… —dijo— no siempre es pacifico.

Tn sonrió apenas.

—Pero a veces se le parece bastante.

Se quedaron ahí, compartiendo ese momento simple, sin amenazas ni disparos.

Sin darse cuenta, el bosque ya no les parecía tan ajeno.

.

.

.

.

.

En una ocasión —o quizá ya era rutina— Tn preparaba su rifle y su ropa para salir a cazar otra vez.

Wolf ya podía caminar por sí sola.

Aún con cuidado, pero sin apoyo.

—¿Puedo usar mi arma? —preguntó desde la mesa.

Tn, ajustándose el chaleco, respondió sin mirar atrás—Está debajo de la cama, en la habitación de al lado.

Ella fue a buscarla.

Tal como temía, el rifle tenía golpes. Nada irreparable, pero suficiente para incomodarla.

Suspiró, molesta.

—Hmph…

Al levantar la vista, vio el pequeño taller improvisado: herramientas simples, un banco de trabajo, moldes para balas, aceite, trapos, piezas ordenadas con precisión casi obsesiva.

—Minimalista… —murmuró.

Se sentó y comenzó a desarmar su arma con movimientos automáticos.

Limpió.

Engrasó.

Ajustó.

Cada pieza volvía a su lugar como si nunca se hubiera separado.

Mientras tanto, afuera, Tn se frotaba las manos para entrar en calor, observando el bosque.

—Tal vez conejos… —murmuró—. Si hay suerte.

Desapareció entre los árboles.

Pasaron un par de horas.

Cuando regresó, sacudiéndose la nieve del abrigo, se detuvo al verla.

Wolf estaba sentada, el rifle ya reensamblado, apoyado a su lado.

—¿Qué tal estuvo? —preguntó él.

Ella lo miró de reojo.

—Esperaba verte en unas horas más.

Tn arqueó una ceja.

—No es un buen día para cazar —respondió—. El viento cambió y trajo más nieve de lo que espere.

Se quitó los guantes y los dejó cerca del fuego.

—¿Mi taller fue de tu gusto?

—Es funcional —dijo ella—. Simple… pero eficiente, me sorprende que tengas todo tan preparado.

—Es todo lo que necesito de hecho.

Wolf pasó la mano por el cañón de su rifle.

—Tienes buena disciplina —comentó—. No eres descuidado.

Tn sonrió apenas.

—Tú tampoco querida~.

Se miraron un segundo más de lo necesario.

—Supongo que ya te acostumbraste al lugar —dijo él, sirviéndose un poco de agua caliente.

—Supongo —repitió ella.

—¿Y a mí?

Wolf dudó apenas.

—Aún no —respondió—.

Luego añadió, más bajo—Pero empiezo.

Tn soltó una breve risa nasal.

—Quién diría.

El silencio volvió a ocupar la cabaña, pero ya no era incómodo.

Era… familiar.

Dos cazadores, compartiendo el mismo refugio.

Sin darse cuenta, ambos habían bajado un poco la guardia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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