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Wednesday: The Strongest Psychic (Final Arc) - Capítulo 1

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Capítulo 1: Execution

Luego del encuentro poco convencional y mucho menos “familiar” con los Frumps, continuaron su camino.

Wednesday se acercó a Luke con paso preciso. “Muy diplomático de tu parte”, comentó con su habitual tono seco y sarcástico.

Luke se encogió levemente de hombros mirándola de reojo. “Fui bastante educado y diplomático. Comparado con la mirada que me dedicó tu abuela, fui casi… encantador”.

Enid se unió a ellos también, y agregó con una sonrisa: “Si eso es diplomacia, no quiero ver como eres cuando no eres diplomático”.

“¿Fui tan grosero?”, preguntó Luke mirándolas a ambas con una ceja alzada.

“Sí”, respondieron Wednesday y Enid al unísono.

“Les diste justo donde más les duele: el hecho de que mi hermano y yo llevamos el apellido Addams”, añadió Wednesday.

“Tengo que admitirlo, me gustó lo incómodo que los hiciste sentir… pero, perdón Wednesday, no me agradó mucho tu abuela materna”, dijo Enid, dudando un segundo antes de hablar.

“No hace falta que te disculpes. A mí tampoco me agrada”, dijo Wednesday sin dudarlo. En ese momento miró a Luke. “Bien hecho”, añadió.

Luke sonrió levemente. “¿Tengo tu bendición?”.

“Deja de tentar la suerte y camina”, dijo Wednesday, dándole un ligero empujón.

Sacándole una leve risa a Luke. Haciendo caso de inmediato.

Finalmente llegaron al patio donde se llevaría a cabo la ejecución.

Una vasta explanada circular de mármol, abierta al cielo nublado. Filas de bancos elevados se curvaban alrededor de una plataforma central.

No fueron los primeros en llegar para nada. Más de la mitad de los asientos ya estaban ocupados. Luke reconoció algunos rostros familiares: Xavier y Ajax con sus respectivas familias. Los Thorpe y los Petropolus. Su abuelo Stanley también estaban ahí, con Verónica y el resto de la familia Umbrio.

Por breves instantes, la mirada de Luke se cruzó con la de Verónica. Ella al notarlo, le devolvió una sonrisa familiar, hasta cierto punto, cálida y genuina.

Algo que hizo que Luke se sintiera raro, pero a su vez, le devolvió el gesto; después de todo era su prima.

Un asistente los guío a asientos preferenciales con vista directa a la plataforma de ejecución, lugares reservados solo para familias de alto rango y figuras clave del Consejo.

La ejecución era pública; sin embargo, no era el tipo de evento al que una familia marginada normal viajaría para asistir, no con los peligros de un posible rescate o la pesada atmósfera llena de figuras poderosas.

Al sentarse, Luke notó que varias personas lo miraban discretamente. Xavier y Ajax lo saludaron a pocos metros de distancia, y él les devolvió el saludo.

Cuando el reloj dio la hora exacta, casi cien marginados estaban reunidos en el patio. Había llegado la hora.

Una puerta lateral de piedra se abrió silenciosamente.

El Juez Supremo del Consejo hizo su entrada, caminando con paso firme hacia la plataforma central. Su túnica ceremonial era blanca. Su rostro era severo, inmóvil, como si hubiera sido tallado en tierra.

Tras él, dos prisioneros eran escoltados. Cada uno llevaba grilletes en las muñecas y tobillos. A su lado marchaban dos verdugos encapuchados, figuras imponentes que irradiaban energía psíquica contenida.

Anna y Jane Spellman.

Sus rostros ya no reflejaban la arrogancia que habían mostrado la primera vez que se encontraron a Wednesday durante la batalla en la mansión Marlowe. Parecían cansadas y resignadas a su destino, tal vez aferrándose a una pequeña esperanza de escapar.

Claro, en su posición, era solo eso; esperanza vacía.

El Juez Supremo se detuvo en el centro de la plataforma, levantó la mano y el murmullo se acalló por completo. Su voz resonó alta y clara: “Hoy, en presencia de de representantes del Consejo y de familias marginadas de todos los rangos, ejecutamos la sentencia impuesta a Anna y Jane Spellman por los siguientes cargos…”.

Desenrolló un pergamino y empezó a leer, lentamente. Crimen tras crimen.

Pasando unos segundos eternos, Luke, quién estaba sentado con los brazos cruzados, suspiró y envió un mensaje telepático al chat que tenía mentalmente con Enid y Wednesday.

[¿Soy solo yo o ese tipo lee más lento que un zombi intentando salir de su tumba?]

[No eres solo tú. Lo cronometré. Tarda nueve segundos en decir cada maldito crimen], respondió Wednesday, siendo la primera en hacerlo.

[Al menos su voz es relajante… perfecta para conciliar el sueño durante una ejecución], comentó Enid.

[Sí, ¿deberíamos simplemente matarlos y terminar con esto?] Sugirió Luke.

[Tan diplomático como siempre. No, solo causarías más problemas. Debemos estar alertas por si hay un intento de rescate], respondió Wednesday.

[¿De verdad crees que alguien vendrá a rescatarlos?] Preguntó Enid.

Era una duda razonable.

Estaban en la sede central del Consejo, el lugar más seguro y protegido del mundo marginado en todos sus siglos de historia.

Las defensas eran supuestamente de primera categoría. A eso se sumaban los cien asistentes, entre ellos figuras de renombre como Gómez, Fester, Stanley, Morticia… y Luke.

No solo ellos. Luke había analizado a algunas personas más. Dos en específico.

Estrakión Faulkner: El patriarca de una de las Seis Grandes Familias Psíquicas de Estados Unidos. Gómez le habló un poco sobre él. Es una fuerza a tomar en cuenta sin lugar a dudas. Su cabello era rubio casi brillante, sus ojos eran celestes penetrantes. Denotaban calma y presencia a la vez. Su cuerpo era lo que le sorprendía un poco a Luke.

Ancho, esbelto y fuerte. Posiblemente medía más que el mismo Lurch. Solo que tenía más músculos que apretaban su traje formal para la ejecución.

Su aura era naranja, lo que indicaba una afinidad elemental. Aunque aún no sabía cuál podría ser. Y a su lado, su esposa. Elena Faulkner. Poderosa, sin lugar a dudas. Junto a otros miembros del linaje. Incluido su profesor, Charles.

El otro sujeto, era Lucca Von Drachen: El patriarca de otra de las Seis Grandes Familias Psíquicas. A pesar de no contar con una apariencia o tamaño muscular como el señor Faulkner, sin dudas su mirada y aura delataban su poder.

Su cabello era negro, muy bien cuidado. Sus ojos color ámbar eran penetrantes, vestía de forma elegante, formal.

Pareciendo como si una ejecución fuera un evento digno de semejante traje invaluable.

Su aura era blanca, lo que indica que es clarividente. Algo que llamó la atención de Luke, no había conocido a casi ningún psíquico clarividente, además de Edgar. Aunque claro, ya no contaba en la actualidad.

Estaba junto a su esposa, Freya Von Drachen. Curiosamente, es la jefa del Departamento de Investigación Psíquica. Uno de los departamentos de la Policía Marginada. Se veía muy sociable, hermosa, con un vestido que resaltaba su figura. Los Von Drachen siempre quieren mostrar el peso de su prestigio.

Y su supremacía.

Pero había algo más en él. Algo que era externo a su aura psíquica. Era la energía que solía desprender de vez en cuando. No había duda. Lo veía en Natasha algunas veces.

Magia oscura.

Pero era una cantidad significativamente mayor a la que Natasha jamás usaría. Por riesgo a volverse loca como una bruja.

Pero el patriarca de los Von Drachens ahí se mantenía: impecable.

Las auras de ambos eran poderosas. Demasiado a su parecer.

Las comparó con las auras de sus tres maestros, por así decirlo: Gómez, Fester y Stanley.

Monstruos de poder, eran comparables a ellos. O probablemente, superiores.

Pero no aseguraba nada. Aún no los había visto en acción. Podrían ser patriarcas de sus respectivas familias, pero en combate no tener mucha destreza.

No se hizo ilusiones en ese momento. Decidió verlo en el futuro con sus propios ojos o directamente preguntarle a Gómez si realmente eran poderosos.

No hace falta decir que Wednesday desconfía un poco de los Von Drachen. ¿La razón?, son la familia fundadora de la Academia de Artes Oscuras. Fundada por su antepasada: Eleonora Von Drachen.

Academia que, a diferencia de Nevermore, tiene una supremacía descarada respecto a los normies.

Lo que los coloca en desconfianza subjetiva por parte de Wednesday. Incluso sin haber pruebas de ello.

Pero algo era indudable, todos ahí estaban listos.

Con tantos seres marginados poderosos, un ataque frontal de parte de los Spellman sería un suicidio.

Incluso si Edward Spellman apareciera con todos sus antiguos miembros y aliados, probablemente no sobrevivirían.

A menos que varios de los presentes fueran traidores, listos para cambiar de bando en el momento oportuno.

Sin embargo, esa opción parecía poco probable.

[Dudo que alguna persona importante ataque de frente. Creo que intentarían una distracción, quién sabe cuántos traidores hay entre el público o algo similar. No una pelea directa.] Wednesday respondió con firmeza, sin apartar la vista del escenario.

Luke hizo lo mismo, al igual que Enid.

“Tiene razón. ¿Cómo atacarían en una posición así?”, pensó Luke relajando los hombros.

Era descabellado pensar en la posibilidad de un ataque directo. Además de que el Consejo ya había planeado distintas tácticas y trampas en caso de un intento de rescate; un error que si los Spellman llegaban a cometer, desataría el caos.

Por ahora, se mantenían en guardia.

Todos en la gran sala prestaban atención al momento. Completamente ajenos a lo que sucedía afuera.

…

Uno de los dos guardias que estaban en la entrada de la sede del Consejo miró a lo lejos una silueta que se acercaba a paso lento.

Apenas alcanzaba a divisarse.

“Marcus… ¿Ves eso?”, preguntó el guardia encapuchado. Moviendo ligeramente a su compañero.

Le hizo caso, entrecerrando los ojos para ver detenidamente. “¿Llega tarde?”, cuestionó sin reconocer a aquel hombre.

Sin embargo, no hizo falta. Sintieron como sus cuerpos se expandieron poco a poco desde su interior. Antes de que pudieran reaccionar o simplemente gritar, estallaron en vísceras y sangre. Manchando la impecable entrada al Consejo.

El hombre solo continuaba su camino sin mostrar expresión o remordimiento alguno, pasando en medio de el borboteo de sangre de ambos parias muertos.

Nadie adentro se había percatado de eso. Mientras la silueta seguía caminando sin detenerse para nada.

…

En ese momento la voz del Juez Supremo resonó con mayor fuerza:

“Y basándome en todas las pruebas presentadas, el Consejo declara a Anna y Jane Spellman culpables de todos los cargos. La sentencia es la muerte.”

No hubo aplausos, ni murmullos. Sólo silencio.

Los guardias/verdugos avanzaron con armas ceremoniales en manos: uno empuñaba una guadaña, el otro una espada curva.

Los guardias obligaron a las hermanas Spellman a arrodillarse. Tenían la cabeza inclinada hacía adelante, colocada con precisión sobre bloques de piedra oscura. Todo estaba listo.

El juez levantó la mano para dar la orden final, cuando de pronto el aire cambió y la presión se hizo sentir.

Todos percibieron una presencia enorme entrando por la puerta principal y reaccionaron al instante.

Más de cien marginados en la sala se tensaron al notar esa energía increíblemente fría y poderosa.

Luke dirigió la mirada hacia el lugar de donde provenía, y todos lo imitaron.

El juez, por instinto, bajó la mano lentamente, mientras los verdugos quedaban paralizados ante tal presencia.

Las puertas se abrieron de par en par y un hombre entró caminando con total calma.

Cada paso resonaba en un eco del silencio que se había manifestado.

De su aura se desprendía un humo criogenizante mientras avanzaba con paso meticuloso, sin dirigir la mirada a nadie a su alrededor.

No hacía falta preguntar.

Ese cabello rubio platino, sus ojos grises penetrantes, su traje formal y sus pasos que congelaban el suelo y las partículas del aire mismo, su apariencia no era para nada antigua, parecía más alguien que rondaba sus 30 años.

Su capa roja revoloteaba elegantemente a pesar de que el aire era prácticamente inexistente en ese momento donde todos contenían la respiración.

Finalmente, Luke lo pudo ver.

Aquel que asesinó a su tatarabuelo Edgar.

El patriarca Spellman que forjó el pacto con los demonios hace siglos. El que masacró a la familia Poe y la llevó a su casi extinción. El enemigo principal de esta guerra.

El máximo traidor de los marginados.

Su enemigo a destruir desde que llegó a este mundo.

Edward Spellman.

Caminaba de manera totalmente normal, como si fuera un invitado de honor, como si después de siglos aún formara parte del Consejo.

Nadie se atrevió a dar un paso o atacar. Algo tramaba, no querían arriesgarse.

Muchos se sorprendieron del hecho de que no hubo ni señal en el exterior de una infiltración; las trampas que tenían ni siquiera se habían activado.

Los más de 100 parias presentes, una vez teniendo a su enemigo frente a ellos, dudaron en atacar.

Cualquier clarividente podía ver las poderosas auras psíquicas de Edward.

Su aura amarilla brillaba con intensidad y combinada con energía demoníaca. Lo mismo con su aura naranja. Ambas estaban profundamente arraigadas al poder de un demonio. Era como ver dos imponentes nubes gigantes que rodeaban a Edward, mismas que aterrorizaban a cualquiera que pudiera ver sus auras.

Luke hizo aparecer a Eclipse en su mano derecha. La espada vibró al reconocer la presencia de Edward, casi queriendo saltar a atravesarlo por su cuenta. Siendo detenido por Luke.

Gómez y el resto de los patriarcas de las familias hicieron lo mismo. Se pusieron en alerta y en guardia. Sin decidir si atacar o no. Incluso entre ellos, dudaban.

Edward caminó hasta llegar al centro de ejecución. Su mirada plausible ante el centro de la alianza de los parias era inquietantemente intimidante.

Donde se encontraban Jane y Anna. Ambas lo miraron con sorpresa, esperanza, respeto y… miedo.

El Juez Supremo estaba ahí, frente a frente con el que se supone, es el enemigo de toda la sociedad marginada.

Los verdugos que tenían sus armas apenas las sostenían entre temblores.

La sola presencia de Edward provocó un descenso grande en la temperatura del ambiente. Antes estaban a unos agradables 23 grados.

Ahora, se acercaban a temperaturas negativas.

El silencio abrumó a toda la sala.

El plan que se tenía para repeler y contrarrestar un intento de rescate de parte de los Spellman, se había congelado; en ambos sentidos de la palabra.

Esperaban decenas de enemigos; no uno.

Mucho menos aquel al que todos conocían y era el causante de toda la guerra.

Wednesday y Enid miraron de reojo a Luke. Se mantenía serio, su mirada fija en Edward. Atento a cualquier mínimo movimiento. Con algunas dudas que todos en ese momento tenían.

¿Por qué estaba ahí solo? ¿Quería morir?

Todos esperaban de alguna forma un intento de rescate. Pero no detectaban a nadie más que desprendiera un poder abrumador, aparte de Edward.

No solo eso. Luke expandió su dominio para rodear toda la sede principal del Consejo. Incluso más allá. Pero nada.

Edward había venido solo, no había nadie acompañándolo.

Ningún Spellman o algún anciano demoníaco. Nada.

Lo que hacía esto aún más misterioso y peligroso.

Algo que le irritaba a Luke un poco, fue el hecho de que Edward ni siquiera lo volteó a ver. A pesar de tenerlo frente a él. Como si no le importara su presencia.

No se precipitó a ejecutar una acción, no todavía.

Todos esperaban algo de el patriarca de los Spellman. Con la guardia al máximo. Cualquier movimiento de Edward era visto por absolutamente todos.

Hasta que sucedió.

Edward inhalo aire suavemente. Posteriormente soltó el aire en un suspiro que congeló aún más el ambiente.

Sus ojos grises se posaron en el Juez Supremo. Seguido de rodear con la mirada a todos los presentes en el Consejo.

“Ah… La sede principal del Consejo. Hace siglos que no pisaba este lugar. Lo han remodelado un poco estos últimos años”, habló tranquilamente, analizando el entorno meticulosamente con su mirada, haciendo una breve pausa por unos segundos. “Eso y… Añadido a un par de basuras más”, continuó mientras detenía su mirada en algunos representantes del Consejo en la cima.

Los cuales solo fruncieron el ceño ante la insinuación de Edward.

Luego, su mirada se dirigió a donde todos esperaban, a Luke.

Esto aumentó más la tensión del ambiente. Nadie sabía si atacar en ese preciso momento. Después de todo, estaba solo contra todos ellos.

“Y cómo no, el chico Poe. Quien cambió el rumbo de la guerra a su favor, se lo reconozco. Al menos fuiste mejor que toda tu familia muerta… Incluso mejor de lo que fueron tus padres”, comentó tranquilamente. Sin una pizca de rencor o odio. Su voz desprendía más bien, sarcasmo disfrazado de un cumplido seco.

Esto hizo apretar los dientes a Luke. Eclipse vibró más ante los sentimientos de su portador.

Edward sonrió con suficiencia al ver esa expresión en Luke.

El Juez tragó saliva y se puso firme nuevamente. “¡Edward Spellman!, fuiste muy osado al venir a este lugar tu solo, este será el último gran error que cometiste en tú vida”, exclamó con firmeza. Pero se detuvo al ver la sonrisa complacida de Edward.

No parecía intimidado en absoluto, aún estando en una clara y enorme desventaja numérica.

Era como si… Fueran hormigas para él.

“Como si no lo supieras… Astorius”, murmuró fríamente. Sus ojos grises se endurecieron levemente.

El Juez Supremo titubeo un poco al ser mencionado por su nombre con tal indiferencia y superioridad.

“¿De verdad crees que eres el Juez Supremo aquí?”, comentó Edward minuciosamente. Una burla contenida en su voz fue notada por algunos.

“Piensa un poco… ¿crees que estos 170 años me he quedado escondido sin hacer nada?”, replanteó Edward.

Nadie dijo nada. Luke trataba de prevenir el futuro usando su clarividencia. Sin embargo, no había nada. Ninguna posibilidad; ningún resultado futuro.

Algo que lo desconcertó aún más de lo que ya estaba. Era como mirar a alguien sin intención alguna, lo suficiente como para que incluso su visión del futuro no pudiera darle distintas posibilidades.

Edward continuó.

“Yo diría, que tengo más poder en esta sala que tú y los ancianos del Consejo de este lugar. Veo rostros conocidos aquí, aliados, leales, buenos sirvientes míos. ¿Crees saber quiénes son?”, insinuó Edward. Generando desconfianza entre todos en la sala. Cada familia, cada manada, cada clan se miraron los unos a los otros.

Estaba jugando con la mente de todos.

Sin necesidad de tener aura azul o roja.

Solo con sus frías palabras que probablemente, decían la cruda verdad.

Ante el silencio y las miradas, Edward soltó una risa de unos pocos segundos. Resonando por cada rincón.

Una risa gélida, elegante y ciertamente, atemorizante.

Al tranquilizarse, se giró para verlos a todos.

Ahora, lo escuchaban. Nadie se atrevería a atacar en ese momento.

Edward miró a Anna y Jane con indiferencia. No venía a salvarlas, hacerlo sería complicado en la posición en la que se encuentra; venía a dar un mensaje.

Su último mensaje.

“Marginados del Consejo, no hace falta que me presente. Todos ya saben quién soy yo. Lo que represento, lo que significo y por lo que lucho. Durante casi dos siglos, he visto el progreso de la humanidad. Pero también, he visto más de lo mismo, una y otra vez: guerras, muerte y destrucción”, habló mirando a todos en la sala. Nadie se salvaba de su penetrante mirada gélida.

Wednesday frunció el ceño, Enid entrecerró sus ojos y Luke se irritó al oírlo decir eso. No tenía tiempo para su monólogo del villano o un discurso barato.

Pero Gómez le advirtió en ese momento con su mirada: “Aún no”.

Fue lo que alcanzó a comprender.

Tuvo que guardarse sus ganas de decapitarlo en ese instante.

Si es que podría hacerlo.

Edward continuaba su discurso:

“Los normies desde siempre han sido el mayor veneno de la humanidad. Aquellos que nos tratan como monstruos cuando alguna vez nuestros ancestros los protegían. Los mismos a los que salvábamos, eran los mismos que nos cazaban y mataban como brujas, como fieras”.

“Los marginados no debemos escondernos, ¿Por qué ocultarnos y excluirnos de un mundo que nos pertenece? ¿Por qué aceptar los desprecios de los normies? Con una simple orden mental basta para doblegar gobiernos mundiales, con un pensamiento podríamos borrarles sus recuerdos y reescribirlos. De un golpe los partiríamos en dos. Los normies casi nos extinguen en el pasado, pero no lo harán ahora. Somos mejores que ellos. No quiero una guerra entre marginados, es una idiotez matarnos entre nosotros”, dijo confundiendo a muchos.

Algunos ya comenzaban a bajar la guardia, otros la mantenían y algunos ya la habían bajado por completo.

Luke y los demás sabían que estas palabras eran puras falacias. Era un hipócrita que disfrazaba su ideología con palabras bonitas.

Lamentablemente no todos tienen la misma capacidad de ver eso.

“Así que les doy una última oportunidad para rendirse y unirse a nosotros, un mundo gobernado por marginados. Con los normies fuera del plano, siendo… reubicados o exterminados. Ellos son peores que los mismos demonios”, recalcó de forma convincente.

El silencio abrumó la sala, nadie dijo ni una sola palabra. Todos estaban incómodos sin saber que decir o hacer.

Hasta que el Juez Supremo volvió a hablar.

“¡Es una falacia!, este es el mismo hombre que ha otorgado almas de normies y marginados inocentes durante siglos a los demonios. A ti no te importan los parias, te importa tú propio poder”, respondió con audacia.

Algunos volvieron a reaccionar. Apuntando sus armas en contra de Edward nuevamente.

Edward miró esto sin inmutarse. Parecía más decepcionado que amenazado.

“¿Hasta cuándo van a abrir los ojos? ¿Cuando algún país se atreva a lanzar una bomba atómica y, como daño colateral, nos arrastre a nosotros también? ¿Cuando los normies vuelvan a atacarnos como antes? Yo sé que la situación con ellos no ha cambiado nada. Siguen odiándonos como siempre, excluyéndonos… Y ustedes todavía creen en esa tontería de la coexistencia”, soltó Edward con frialdad. Cada palabra que decía pesaba y quedaba grabada en las mentes de quienes lo escuchaban.

Antes de que siguiera, lo interrumpieron.

“¡No nos uniremos a un traidor como tú!, alguien que ha hecho pactos con demonios no tiene derecho a existir!”, dijo el líder del clan Noctaris. Uno de los Siete Grandes Clanes Vampiro.

Otros más se unieron a ellos. Desprestigiando y despreciando al Spellman.

Los clanes vampiros, las manadas de lobos, familias de sin rostros, gorgonas y psíquicos. Muchos más.

Edward suspiró, como si escuchara a niños quejarse de cualquier estupidez. Ya sin ganas de seguir convenciéndolos.

“Ya veo… En ese caso, tendré que destruirlos a ustedes también antes de empezar con la exterminación”, murmuró para sí mismo.

Sin embargo, los marginados con sentidos agudos y poderosos como los hombres lobo, vampiros o psíquicos escucharon a la perfección.

Edward alzó la mirada a todos nuevamente.

“Que así sea. ¡Esta es la declaración de guerra contra el Consejo Marginado!”, dijo Edward, girando su cabeza y colocando su mirada fija en Luke.

“Ya salí de mi ‘cueva’, mocoso. ¿Solo vas a mirarme o vas a atacar?”, incitó Edward mirando fijamente a Luke de forma serena y retadora.

Sin miedo ni vacilación a un ataque frontal directo de más de 100 parias frente a él. Incluso teniendo a Luke o monstruos como Gómez, Stanley y Fester.

Wednesday y Enid al recordar un poco, supieron a lo que se refería. Al igual que Luke y los que estuvieron involucrados en la misión de la mansión Marlowe.

La respuesta a las palabras de Luke.

Básicamente, le estaba devolviendo el gesto. Una respuesta que indicaba una confrontación directa, una burla hacía Luke por su notable falta de movimiento ante la presencia del más grande enemigo de su tatarabuelo Edgar y la familia Poe.

En ese preciso momento, varios marginados se abalanzaron hacia al frente con la intención de llegar a Edward. El plan se había activado. La diferencia es que, esta vez, todo estaba dirigido a un solo hombre.

Luke en ese momento se abalanzó directamente hacía Edward en un estruendo telequinético.

Usando Shambles, reapareció justo detrás de Edward. Listo para decapitarlo con Eclipse en una fracción de segundo.

Pero Luke vio algo que lo inquietó al instante.

Edward giró levemente su cabeza. Lo suficiente para mirarlo de reojo sobre el hombro.

Sin parpadear, siguiéndolo con la mirada mientras todo se veía a cámara lenta. Todo sucedía en fracciones de segundo.

Luke apenas creía en la velocidad de reacción de Edward; sabía de sobra que tendría poderes demoníacos. Pero que pudiera seguirlo con la mirada de forma sencilla era, en pocas palabras, aterrador.

Se miraron directamente a los ojos. Por primera vez, Luke sintió un escalofrío recorrer su columna en mucho tiempo.

En ese momento, las alarmas en su cerebro se activaron de forma frenética. Con todos sus instintos gritando que se alejara inmediatamente de Edward.

Su clarividencia actuó rápidamente.

Su visión del futuro se activó en ese momento. Por primera vez, una visión de su enemigo.

“Tsk”, exclamó Luke para teletransportarse de inmediato lejos de Edward. Seguido de varios más marginados que se estaban acercando, al Juez Supremo junto a los verdugos y las hermanas.

Los alejó más de 10 metros en una milésima de segundo. La reacción más rápida que pudo ejecutar.

Justamente después de hacer eso, una enorme presión telequinética se hizo presente alrededor de Edward. Aplastando el suelo de mármol y agrietándolo con facilidad.

Todos abrieron los ojos de golpe.

Luke calculó en un instante ese poder telequinético que Edward estaba demostrando.

En pocos segundos, lo comparó con la telequinesis de Mortimer. Sin embargo, era completamente superior incluso a ese anciano demonio.

Mortimer tenía un poder psíquico de hasta 70 toneladas. Gracias a sus pactos demoníacos.

Pero el de Edward, era otro nivel. Más de 100 toneladas de poder telequinético. Para ser exactos, unas 180 toneladas de poder psíquico. Pero considerando que no se esforzaba al hacerlo, su nivel era mucho mayor.

Recordó la escala de poder del aura amarilla. Aquella que Edgar le explicó hace tiempo.

Tomando en cuenta eso, Edward estaría en el nivel 6. En el peor de los casos, en el nivel 7. Una telequinesis suprema.

No dio tiempo a pensar más.

En ese momento, Edward sonrió.

“¿Esa es toda la fuerza del último de los Poe? Qué miedo…”, comentó con ironía. Claramente se estaba burlando de él.

Luke apretó los dientes, estando apunto de lanzarse nuevamente a Edward y intentar sacarlo de su inmensa presión telequinética que lo rodeaba.

Edward sacó una piedra de teletransportación de su bolsillo mientras miraba a todos.

Jane y Anna miraron como planeaba irse sin ellas. Algo que las hizo bajar la cabeza.

Su función ya había terminado.

No eran lo suficientemente fuertes como para ser útiles en la guerra ni ser salvadas.

Incluso para Edward, intentar salvarlas en ese momento era una apuesta peligrosa. Las piedras transportadoras solamente sirven para una persona. Y el resto de marginados no se la dejarían tan fácil.

Además, Edward tenía algo en mente; un plan improvisado de intentar rescatar a las gemelas de otra forma. Una sorpresa que descubrirán en segundos.

Edward rompió la piedra. Desapareciendo antes de que Luke pudiera lanzarse nuevamente contra él.

Pasó todo en menos de 10 segundos. Luke apenas procesaba que estuvo apunto de ser aplastado por la poderosa telequinesis de Edward.

Todos se quedaron viendo el lugar donde antes estaba Edward.

De la nada, un temblor se hizo presente, los más sensibles se dieron cuenta de inmediato.

Luke levantó la cabeza. Mirando fijamente al cielo gris.

Todos hicieron lo mismo, al ver que muchos más miraban al cielo.

El cielo tembló y luego se abrió.

Era como si algo rasgara el tejido de las nubes, un zumbido que se transformó en rugido.

Y del cielo, empezaron a caer criaturas. Primero una, luego tres, luego una docena.

Cayeron desde alturas imposibles, como meteoritos hechos de carne y músculos.

Luke, Wednesday y Enid los reconocieron al instante: Morraks.

Seres grotescos, semi-alienígenas, de unos cuatro metros de altura, con cuerpos fibrosos en músculos y piel azul brillante y viscosa.

Sus brillantes ojos rojos irradiaban un odio inhumano. Sus pequeñas bocas estaban llenas de dientes afilados como agujas.

Tenían brazos anchos y largos que terminaban en garras negras. Su postura era encorvada y caían docenas de esos seres demoníacos.

Los primeros cayeron al suelo con un estruendo devastador. Levantando polvo y grietas. La tierra tembló.

“¿Del cielo?”, pensó Luke. Frunciendo el ceño mientras expandía su dominio. Vio una cantidad enorme que seguía cayendo. Pero no desde un punto claramente definido. Eso significaba que caían desde miles de metros de altura.

Era un ataque planeado por los Spellman y por Edward, de eso no había duda. Por eso se fue casi al instante.

Uno de los Morraks se enderezó mientras su espalda crujía violentamente. Se abalanzó sobre la primera persona que vio: un guardia del Consejo.

El guardia sin dudarlo activó su transformación parcial y su brazo se transformó en uno más grande y musculoso con pelaje negro. Lanzando un poderoso puñetazo a la cara del demonio.

El rostro del Morrak se hundió hacía atrás. Los dientes volaron en todas direcciones y la densa nube de sangre salpicó el suelo. La onda expansiva del impacto partió el suelo bajo sus pies.

Sin embargo, a pesar de la evidente diferencia de fuerza, el Morrak no murió instantáneamente y ocurrió algo inesperado.

El demonio comenzó a convulsionar violentamente. Su cuerpo se retorció, se sacudió… y explotó.

Fue una detonación potente, como si llevara una bomba adentro. El cuerpo del guardia salió despedido por los aires, destrozado, sin siquiera tener tiempo de gritar. Fragmentos de piedra, sangre, entrañas y humo se esparcieron por todo el lugar.

Fue entonces cuando realmente comenzó el caos.

Otros Morraks ya se estaban levantando. Otros ya estaban atacando a otros marginados.

“¿Desde cuando explotan?”, preguntó Luke mientras Wednesday y Enid llegaban junto a él.

“Deben tener alguna especie de maldición demoníaca o quién sabe”, respondió vagamente Wednesday.

“Maldito seas Edward”, murmuró Luke con notable desprecio en su voz.

Era inusual que los Morraks actuaran como kamikaze, pero considerando que los Spellman han usado el libro demoníaco de Nekrathis durante mucho tiempo, no les sorprendía.

Aunque aún conocían el verdadero poder y peligro de un demonio mayor.

“¿Tenemos que matarlos de un solo golpe para que no exploten?”, preguntó Enid, observando el caos.

“Supongo que sí, aunque no es una tarea fácil”, dijo Morticia, con la mirada y el tono sereno, de pie y con una postura perfecta.

Aunque los Morraks no representaban una gran amenaza para los marginados de nivel intermedio, eso no significaba que pudieran morir instantáneamente de un solo golpe. Solo los más fuertes podían aplastarlos como moscas.

Después de todo, seguían siendo demonios de gran durabilidad que habían caído desde cientos de metros y levantarse como si nada.

Eran lo más bajo de la jerarquía demoníaca, pero no por eso eran débiles para nada.

El guardia que Luke había visto claramente dominaba al Morrak, pero probablemente necesitaba uno o dos golpes más para acabar con él, simplemente no tenía tiempo.

Luke, atento, miró a Morticia. Le pareció curioso lo tranquila que estaba.

Era la más débil del grupo, al menos en combate. Su aura violeta no estaba hecha para el combate. Y aunque su cuerpo era más fuerte que el de un humano promedio, no sobreviviría a una explosión directa. Quizás confiaba en Gómez sin dudarlo.

“¡Por fin algo de acción!”, grito Fester con una sonrisa frenética.

Su cuerpo quedó envuelto en una electricidad azulada y salió disparado hacía adelante como un rayo. En menos de un segundo, estaba frente a un Morrak que se alzaba entre el humo.

El demonio apenas logró girar la cabeza cuando Fester le estrelló el puño en la cara. Una enorme onda expansiva acompañó el impacto.

El Morrak quedó aturdido. Se le quebró el cuello y se le hundió parte del cráneo. Pero no murió inmediatamente.

Fester lo notó rápidamente.

“¡Tch!”, chasqueó la lengua y en una fracción de segundo, lanzó una brutal patada hacía arriba.

El cuerpo del Morrak salió despedido hacía el cielo. Medio segundo después… explotó.

Una bola de fuego estalló en el aire con una onda expansiva que sacudió los árboles cercanos y levantó polvo, pero no lastimo a nadie.

Fester se rio como si se lo estuviera pasando en grande. “¡Qué cabrones! ¡Provocan la explosión en cuanto mueren! ¡El margen es de menos de un segundo! ¡Tienen que matarlos de inmediato, no les den tiempo de sufrir!”, gritó a todo pulmón para que todos pudieran oírlo.

No bastaba con ser más fuerte.

No bastaba con golpear más fuerte.

Tenías que ser letal en el primer intento.

Luke en ese momento empuñó a Eclipse más firmemente.

“Si a esto quieres jugar Edward, ¡Que así sea!”, pensó Luke girando levemente la muñeca y asestó un tajo.

De la espada negra, una onda telequinética visible salió disparada: una afilada línea blanca que atravesó el aire a una velocidad supersónica. Justo cuando alcanzaba su objetivo, un Morrak cayó del cielo… y fue cortado en dos, como si fuera mantequilla caliente.

Las dos mitades azules se estrellaron contra el suelo sin siquiera rugir o aterrizar.

Wednesday lo vio todo. Sabía que esa coincidencia no era casualidad.

Luke había visto ese momento antes de que sucediera.

Gómez, quien hasta entonces había estado conteniendo su poder, se crujió los dedos mientras la oscuridad lo envolvía. Sus guantes de oscuridad aparecieron y de un golpe limpio en la cabeza de un Morrak lo acabó sin darle la oportunidad de explotar.

“Wednesday, Enid, Natasha”, dijo Luke sin mirarlas, captando su atención. “Vigilen a las hermanas Spellman, en este caso podrían intentar escapar. Aunque Edward no lo hizo, no sabemos que pueda pasar”.

Wednesday asintió sin discutir. Enid ya se había acercado al borde de la plataforma, al igual que Natasha desde el otro lado.

Aunque podían derrotar a un Morrak en una pelea, no podían hacerlo de un ataque, por lo que las criaturas explotarían. Mejor le dejarían eso a Luke, Fester, Gómez y a los parias más poderosos del lugar.

Entonces Luke desapareció usando Shambles. Reapareció a más de treinta metros de distancia, justo encima de tres Morraks que se estaban poniendo de pie. La espada Eclipse brilló con energía telequinética condensada.

Tres Morraks fueron decapitados en un solo segundo, sin posibilidad de explotar.

Luke se movía como una sombra afilada por el campo de batalla, volando a gran velocidad. Su espada, cargada de telequinesis y de un peso enorme, mataba a los Morraks en un instante. Con su clarividencia podía ver el momento perfecto para atacar, incluso mientras caían del cielo.

Era una máquina de matar demonios hiper eficiente. Cada golpe era una muerte instantánea. Cero margen de error.

Más letales que todos los demás, incluido Gómez, Fester, Stanley y otros poderosos guerreros marginados: hombres lobos curtidos en batallas y vampiros centenarios.

Todos ellos eran adultos poderosos con décadas de experiencia.

Pero Luke, con apenas 17 años, ya los superaba a todos. No solo era fuerte, sino también eficiente, imparable y preciso. Contra un enemigo que explota inmediatamente si no se le mata, Luke era la respuesta perfecta.

En parte, era gracias al arma del alma Poe: Eclipse.

Lo ayudaba a condensar sus ondas telequinéticas y auras de mejor manera. Sirviendo como un multiplicador y potenciador de su propio enorme poder.

Pero incluso sin Eclipse, podría matar a los Morraks con facilidad.

Sin desmeritar al arma del alma Poe, quien facilitaba hasta 100 veces la rapidez y letalidad con la que lo hacía.

Pero Luke también miró a los demás.

Estrakión Faulkner seguía en su mismo lugar, a un lado de su esposa y el resto de sus miembros de la familia luchando.

5 Morraks se acercaron a ellos peligrosamente. Luke estaba por intervenir, pero lo que vio lo sorprendió un poco.

Estrakión levanto su mano derecha con total calma. Al cerrar su puño, los 5 Morraks se evaporizaron en llamas feroces. Quedando reducidos a polvo.

Elena Faulkner tenía una expresión tranquila e imperturbable. Estrakión no dejaba que nadie se le acercara ni un solo metro. Luke la comparó con la calma de Morticia.

Las dos tenían toda la confianza en sus esposos.

El fuego de Estrakión era potente. No desprendían el tono habitual de las llamas de fuego, sino que eran más doradas y brillantes.

No eran llamas de fuego común, eran más poderosas.

Mucho más de las que había visto en Margaret Spellman o incluso Crackstone con sus tratos demoníacos.

Su atención también se desvío a Lucca Von Drachen. Evadía a los Morraks con una facilidad enorme. Regresando ataques de magia oscura que los exterminaba al instante.

No era el único monstruo aquí.

Estaba rodeado de ellos.

Muchos de los presentes lo vieron pelear por primera vez y quedaron atónitos por la fuerza que demostró.

De todos los marginados reunidos, solo unos pocos podían matar Morraks al instante. Por eso Luke con su eficiencia y letalidad salvó muchas vidas.

Mientras seguía masacrando Morraks, miraba a Wednesday, Natasha y Enid con las hermanas Spellman. No por desconfianza, por si acaso.

El Juez Supremo seguía mirando la escena, con la expresión dura y con el ceño fruncido.

En un momento dado, Luke notó cuatro nuevas sombras que caían desde el cielo. Cuatro Morraks que descendían como meteoros, dirigiéndose directamente al centro de la plataforma, donde se encontraba el Juez, los verdugos y las prisioneras.

Luke ya miraba hacía esa dirección, siguiendo la trayectoria. Apretó con más fuerza a Eclipse.

“Setenta por ciento”, murmuró.

Y entonces atacó.

Un solo corte, pero a diferencia de los anteriores, esta vez se extendió como un rayo de luz y presión, una brutal media luna que atravesó el aire en línea recta y destrozó a los cuatro demonios antes de que pudieran tocar la plataforma.

La onda expansiva dispersó los los cadáveres de los Morraks con las entrañas y órganos expuestos.

El Juez Supremo miró los cadáveres de los Morraks y tomó una decisión.

“¿Esto es lo que planeabas, Edward?”, pensaba el Juez Supremo con molestia.

Se volvió hacía los verdugos y gritó: “¡Ejecutad a las condenadas! No deben ser liberadas”.

Los verdugos no dudaron.

Uno levantó su guadaña, el otro su espada curva. Las hojas cayeron, y los cuerpos de Anna y Jane Spellman quedaron decapitados.

Pocos fueron testigos de sus muertes, ya que los combates continuaban y aún había explosiones por aquí y por allá.

Gracias a Luke, Gómez, Fester, Stanley, Estrakión, Lucca y a varios otros marginados poderosos se logró reducir la cantidad de explosiones y bajas.

Hubo heridos, algunos muertos, pero no fue una masacre.

Podría haber sido peor. Mucho peor.

Cuando la última criatura cayó del cielo, Luke la mató instantáneamente apareciendo frente a ella con Shambles.

Entonces, expandiendo su dominio, alzó la vista. Ya no había más Morraks. Se acercó a Wednesday y Enid, con los sentidos aún muy agudos.

“Esto no fue un intento de rescate como pensábamos”, dijo Wednesday.

Luke la miró. Esperando que continuara.

“Fue el inició de la guerra de forma directa. Un mensaje de Edward que ni en la sede principal estamos seguros”, añadió.

El Juez Supremo la escuchó, estuvo de acuerdo con ella.

Fue una muestra de debilidad que ocurriera tal cosa y no debería quedar impune.

“Ese bastardo de Edward se atrevió a irrumpir como si fuera su propia casa. Como si no fuéramos nada para él, es hora de acabar con esto”, dijo el Juez firmemente.

El Juez, Gómez y otros miembros del Consejo rápidamente comenzaron a dar órdenes para despejar toda el área y saber como es que Edward Spellman entró a la sede principal sin que nadie se percatara.

Ahí vieron la respuesta: decenas de guardias muertos.

Algunos habían sido explotados, otros reducidos a bolas de carne.

Telequinesis pura. Una de las auras de Edward.

Sumado a la hazaña de invocar Morraks desde el cielo, se daban una idea del verdadero poder de los Spellman en esta guerra que ya había sido declarada oficialmente por el mismo que la empezó de forma silenciosa.

El lugar había quedado devastado por las explosiones y los contraataques de los marginados que defendieron el lugar.

Luke caminó hasta recargarse en una pared algo destruida. Ante la mirada de los demás.

Varias familias ya estaban retirándose del lugar. Algunas lamentaba la pérdida de algunos miembros.

Enid se acercó a Luke. “¿Qué pasa Luke?”, preguntó al ver su comportamiento. Lo conocía, Luke estaba algo tenso.

Luke la miró fijamente. Sintió su preocupación e interés genuinos.

“Es solo que… Edward… es más poderoso de lo que pensaba”, respondió mientras miraba a Eclipse.

Su voz era de cierta frustración, pensaba que ya estaba en la cima o aunque sea cerca.

Pero comparado a Edward, sigue estando varios peldaños debajo.

Aparte que notó que las dos auras de Edward eran enormemente poderosas.

Su aura amarilla probablemente estaba en la cima del nivel 6.

Mientras que su aura naranja estaba en la cima. Su hielo era muy frío. Pero no solo sintió eso, sintió mucho más poder.

La brecha se volvía a abrir.

Enid se acercó y se puso a su lado, Wednesday hacía lo mismo.

Stanley se acercó al igual que Natasha.

“No bajes la cabeza tan rápido, chico. No estás solo. Seguiremos entrenando y haciéndonos más fuertes entonces para matar al bastardo de Edward”, exclamó Stanley con firmeza en su voz. Digno de un anciano militar veterano.

Luke lo miró y sonrió levemente. Ya estaba algo acostumbrado a la actitud de su abuelo luego de tantos meses entrenando con él.

“Pensé que Edward se vería más… viejo”, comentó Natasha algo desconcertada.

“Es igual a Aldric y Vespera. Jóvenes en apariencia, pero ancianos por dentro”, respondió Enid. “Quizás el resto sea así”.

Wednesday asintió.

“Siendo el que empezó todo, no me sorprende que mantenga su apariencia joven. Debe tener mejor relación con los demonios al ser el pilar de su familia”, añadió con desprecio.

Luke en ese momento vio a Estrakión acercarse. De lejos era imponente; de cerca aún más.

“Joven Poe. Verte en acción en persona es diferente a escucharlas de las historias que cuentan sobre ti”, dijo Estrakión con su gruesa voz serena y calmada que irradiaba poder.

Stanley lo miró y sonrió. “¿Ya vuelves a la acción, Faulkner? Te daba por retirado”, comentó Stanley con sarcasmo.

Estrakión alzó la ceja. Divertido.

“Sigo siendo más poderoso que tú, Gómez y Fester juntos”, respondió con confianza.

Wednesday suspiró y Enid no sabía qué decir.

Luke se separó de la pared. Respetaba el aura de Estrakión. Aún sin saber realmente su elemento.

“Gracias, pero la guerra acaba de empezar. Debemos prepararnos”, dijo seriamente.

A lo que todos asintieron.

Era hora de irse. Los demás tenían que limpiar todo este desastre.

La ejecución de Jane y Anna Spellman terminó con éxito. Pero con un resultado que cambiaría la historia marginada y normal.

La declaración de guerra de Edward de forma directa y presentándose en la sede central del Consejo como si nada.

La invocación de los demonios y el ataque que sufrieron.

A la vez que eran testigos de la enorme diferencia de poder entre los marginados y Edward.

De algo estaban seguros.

La guerra había comenzado.

…

Lugar desconocido – EE. UU.

La sala era oscura. La luz tenue de las lámparas apenas iluminaba tranquilamente.

La chimenea crujiendo la madera mientras un hombre estaba sentado en lo que parecía ser un trono.

Con un rostro despreocupado, como si no acabará de declararle la guerra a todo el Consejo.

La puerta se abrió, un hombre entró sin decir nada. Solo para detenerse a unos metros y hacer un saludo muy respetuoso.

“Lord Edward”, dijo con total respeto. Aunque una leve sonrisa se alzaba en su rostro.

“Rodric… ¿Lo conseguiste?”, preguntó Edward. Mirándolo fijamente.

Sus ojos miraron un libro que desprendía energía demoníaca con poder y peligrosidad.

Rodric asintió.

“Lo encontré, después de un poco de tiempo. Otro de los libros demoníacos”, dijo entregándole el libro en sus manos con vanidad en el rostro.

Rodric Spellman era otro de los siete ancianos demoníacos que quedaban.

Su aura violeta y azul le permitían una enorme capacidad de búsqueda e investigación. Sin contar sus poderes demoníacos.

“Buen trabajo, Rodric. Tenemos que conseguir más”, dijo halagando a su leal confidente.

Ya tenían ahora dos libros demoníacos.

Rodric asintió y se retiró de la sala. Sin decir mucho más; tenía más cosas por hacer ahora que la guerra había comenzado.

Edward miró el libro con cautela. Parecía tener piel escamosa rojiza propia. Con algunos símbolos paganos ardientes e iluminados por calor.

“El libro de Zartos… por fin”, murmuró Edward.

Las cosas estaban cambiando, y sin duda en una guerra así, los demonios mayores serían sus mejores aliados.

En la práctica, estaban en desventaja.

Eran la familia Spellman, sí. Pero considerando las enormes bajas que sufrieron a lo largo de estos últimos años a manos de Luke Poe y sus aliados, estaban en problemas.

Solo tenían a la segunda rama de la familia, unos pocos de la principal y a los demás ancianos demoníacos. No eran un número muy grande a comparación de sus adversarios.

Pero Edward no era tonto, sabía que aún con esos números, podría librar la guerra en contra del Consejo Marginado con total seguridad. ¿Por qué? Simple:

El Consejo tenía a 65 representantes de cada familia marginada de Estados Unidos. Algunos más o menos poderosos. Pero tal como le dijo al Juez Supremo; hay varios traidores escondidos entre ellos.

Tenían a varias familias ocultas en el Consejo, alianzas que forjaron en estos 170 años desde las sombras. Más grupos marginados rebeldes o familias minoritarias que buscaban la supremacía sobre los normies.

Muchos otros grupos paganos que practicaban magia oscura para fines egoístas, estaban bajo su control.

Incluso otros audaces que hacían tratos con demonios a escondidas de la sociedad. Aunque claro, con demonios de menor rango; sin compararse a un libro demoníaco.

Pero sin duda, esa era su arma principal en esta guerra. Su arma desde que todo comenzó.

El libro de Nekrathis era aquel que Edward consiguió hace mucho tiempo. Hace casi 200 años, alrededor de 1840.

Desde entonces, el demonio detrás del libro ha recibido infinidad de almas desde aquella época.

A cambió, les otorgaba poder, inmortalidad, regeneración y muchas otras habilidades a los Spellman.

Gracias a Nekrathis, podían controlar gran número de demonios menores, Morraks sin conciencia controlados por ellos.

Incluso algunos demonios intermedios con los que mantenían algunos acuerdos.

Aún así, estarían un poco en desventaja. Pero ahora, con un segundo libro demoníaco en su posesión, las cosas cambiaban.

Anteriormente, el libro de Soyga, obtenido por un sirviente Spellman durante la resurrección de Crackstone y la batalla entre Luke, Wednesday, Fester y Dolores Spellman, lo tenía Elliot: el falso patriarca.

Sin contárselo a Edward ni al resto de ancianos demoníacos.

Solo queriendo el libro para vengarse de Luke Poe por la muerte de sus dos hijos y su esposa: Ingrid, Sebastian y Dolores.

Sin embargo, por la ‘debilidad’ de Elliot y de la milagrosa aparición de la cuarta aura de Luke Poe durante la batalla de Sunnyvale, el libro fue confiscado por Gómez Addams y el Departamento de Exterminio de Demonios.

Una pérdida que a Edward le molestó de sobremanera.

No tanto por Elliot: lo consideraba alguien incompetente como patriarca y les había mentido. Sino que fue una pérdida por el libro de un demonio mayor.

Ahora, volvían a tener dos libros demoníacos, dos demonios mayores con los cuales hacer tratos: Nekrathis y Zartos.

Después de todo, ya tenía a Nektrahis de su lado desde hace 170 años.

Y Zartos, tendría que colaborar si quería obtener almas. Es lo que todo demonio desea y anhela; su fuente de alimentación y poder.

Con esto, ya tenían ubicado también el libro de Soyga. Pero por ahora, tendrían que cuidar sus pasos. No lanzarían un ataque a gran escala ahora; sería estúpido e imprudente.

En esta guerra, deben moverse con cautela y meticulosamente. Si quieren evitar perder miembros valiosos.

Ya no están en posición de perder a alguien más. No después de las recientes muertes de Vespera y Aldric. Junto a Margaret, Jane y Anna.

Por eso, tener a los demonios mayores de su lado era, aparte de caer en lo más bajo, era su único camino óptimo para ganar esta guerra.

Pero necesitarían más. Aún faltaban más libros demoníacos por encontrar; 3 para ser exactos.

Si conseguían el resto, ni todo el Consejo o Luke Poe podrían contra los 6 seres más poderosos del segundo plano dimensional, el infierno.

Los seis demonios mayores.

Se acabaron los juegos. Era hora de la guerra marginada, luego de siglos de estarse evitando.

Fin del capítulo

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Tema recomendado: “Crystal Castles – Empathy” (Aparición de Edward).

…

Dato curioso: el Edward Spellman de esta versión está basado en el que se nos había mostrado inicialmente. Específicamente en los capítulos 43 (Demons) y 44 (Farewell).

Mismo donde se nos muestra la doble aura de Edward. En el capítulo 32 (Power Scale), se nos dice explícitamente que Edward sí es usuario de doble aura: telequinesis y control elemental.

Por cierto, en la historia original de Nathe07, Edward solo aparece de forma presencial en tres ocasiones en toda la historia, en solo tres capítulos:

-Farewell (Capítulo 44)

-The true patriarch (Capítulo 123)

-Final (Capítulo 274)

¿Qué dices, Nathe?

¿Me das luz verde o me guardo esta historia para mí solo?

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