Wednesday: The Strongest Psychic (Final Arc) - Capítulo 2
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Capítulo 2: War of the Outcasts
Habían pasado casi 3 días desde el día de la ejecución de Jane y Anna Spellman.
La sentencia fue ejecutada con éxito, pero no sin consecuencias en absoluto.
El ataque de los demonios fue un golpe bajo que recibió el Consejo. Como resultado de la feroz batalla, hubo 8 muertos de diferentes familias.
Ya se había anticipado un ataque, sí.
Pero nadie se había imaginado que Edward aparecería por su cuenta en la sede principal del Consejo, sin ningún otro Spellman ni ancianos demoníacos a su lado.
Mucho menos que pudiera controlar a tantos demonios menores y abrir un portal desde los cielos; de donde cayeron decenas de esos seres semi-alienígenas.
Todos fueron testigos del inmenso poder de Edward, no solo Luke. Todos vieron perfectamente su poder telequinético y su capacidad de controlar el hielo de forma pasiva e intimidante.
Fue por eso que Edward estaba tan tranquilo, tan sereno, imponente. Estaba confiado, más aún cuando generó confianza entre las familias y clanes del Consejo solo con palabras.
Puso en duda la lealtad y confianza que había dentro del Consejo haciendo mención de los traidores ocultos.
Trató de convencer a todo el Consejo de unirse a él. Claramente, la gran mayoría se negó. Aunque de algunos cuantos se vio la duda genuina en sus rostros, la chispa que los Spellman querían implantar.
Desde entonces, la guerra finalmente comenzó. Dejó de ser una guerra tensa y casi silenciosa, para pasar a ser una guerra abierta y directa.
Los Spellman sorprendieron al Consejo justo un día después del ataque a la sede.
Varios ataques bien orquestados en puntos estratégicos se dieron durante el primer día de la guerra directa.
Comenzaban a haber ataques a pueblos pequeños normie. Como Jericho, Shadyside, Williston y incluso en varios Estados del país.
Desde las sombras, los Spellman controlaban la guerra. Los traidores empezaron a salir a la luz.
Decenas de familias de nivel bajo y medio comenzaron a ponerse del lado de los Spellman. Incluyendo grupos rebeldes y terroristas que vivían en el bajo mundo de los marginados de Estados Unidos.
Incluyendo sectas normie. Aprovechando la situación, se unieron al caos que se estaba orquestando alrededor de todo el país. Provocando una oleada de muerte y sangre derramada a nivel nacional.
El Consejo tuvo problemas iniciales al detectar a los traidores. Se había filtrado mucha información por culpa de las familias y clanes que habían traicionado al Consejo. Dándole una ventaja inicial al bando Spellman.
La situación era peligrosa, ya que el Consejo tenía que afrontar tres frentes de forma simultánea:
El primer frente se dedicaba a las batallas contra los Spellman, sus aliados abiertos y los demonios menores que controlaban.
El segundo frente enfrentaba a las familias del Consejo que resultaban ser traidores, provocando emboscadas y muerte entre los marginados.
El tercer frente era el más común, los ataques de grupos marginados de bajo nivel o excluidos que influenciados por el caos y la ideología de Edward, comenzaron a lanzar incursiones a pueblos normie.
En dos días, las tensiones con el gobierno se hicieron más notorias al verse involucrada la población normie como daño colateral de una guerra entre parias.
A pesar de eso, el Consejo eventualmente tomó una ligera ventaja de la situación.
No solo por la superioridad numérica, sino por la clase de parias que tenían en su poder y de su lado.
Parias guerreros como Gómez Addams: patriarca de la familia Addams y jefe del Departamento de Exterminio de Demonios.
En esta guerra, era uno de los departamentos más activos dado la aparición de los demonios y el aumento exponencial de sectas o grupos paganos con demonios de menor rango.
Su loco hermano Fester, barría campos de batalla en cada misión. Sus rayos eran poderosos, su velocidad atronadora ante cualquier enemigo.
Los líderes y miembros poderosos de los siete grandes clanes vampiro también demostraron su poder. Incluidas las siete grandes familias de lobos de sangre pura, eran aliados poderosos.
Stanley Umbrio con su enorme poder físico gracias a su aura verde era también uno de los parias más fuertes del país, por no decir que del mundo.
Pero sin duda su arma principal, era aquel chico con cuatro auras que empezaba a hacerse conocido en cada batalla que libraba.
…
Nueva Jersey – Highlands – EE. UU.
En el tranquilo pueblo costero, con unos 5.000 habitantes, estaba estallando un caos que los lugareños jamás habrían imaginado.
Seres que hasta ese momento creían leyendas, mitos o historias de terror de libros y películas; estaban atacando el pueblo de forma sangrienta.
Vampiros y seres sin rostro fijo estaban atacando el pueblo con agresividad.
Los sin rostros deformaban la apariencia de los normales antes de asesinarlos brutalmente. Los vampiros devoraban su sangre como si fuera un buen festín. Algo que anhelaban desde hace décadas. Algunos, siglos.
La policía local trató de hacerles frente, pero no fue suficiente. Fueron los primeros en caer ante las garras de los vampiros.
El Consejo fue avisado rápidamente, enviando a algunos marginados cercanos al ataque.
La batalla se estaba dando entre los parias del Consejo, más específicamente del Departamento de Contención de Marginados.
Parias especializados en neutralizar y eliminar a otros marginados que hacían daño tanto a su sociedad como a los normies.
Pero esta vez, era la guerra.
No había neutralización, era exterminación ante cualquier aliado o simpatizante de los Spellman.
Aún así, las cosas se complicaban. Los vampiros eran feroces y potenciados con más sangre humana eran una amenaza mayor. Lo mismo con los sin rostro.
Eran capaces de alterar la materia física durante el combate. Incluso podía crear cosas de la nada, armas u objetos que casi aplastaban o aparecían cerca de sus enemigos.
El grupo inicial de 12 parias del departamento se redujo. 4 murieron a manos de los vampiros y otros 2 fueron heridos por los sin rostro.
El único que seguía luchando sin rendirse era Gabriel, un vampiro del clan Rastafor; uno de los siete grandes clanes de vampiros.
Sin embargo, pese a su poder, la diferencia numérica y estratégica era superior a ellos. Habían estimado mal.
Antes de que llegaran, solo había menos de 10 parias locos. Ahora, esa suma se había duplicado de forma espontánea.
Como si fuera una trampa, una emboscada, algo hecho a propósito para hacerlos caer.
“¡Mantengan la posición!”, gritaba Gabriel mientras esquivaba el zarpazo de un vampiro. Aquellas afiladas garras aún estaban manchadas con la sangre de inocentes normies que había devorado.
Gabriel al evadir el ataque con un movimiento rápido de su torso, logró contratacar de inmediato a una velocidad enorme; un poderoso golpe atronador que atravesó el pecho de su enemigo.
Seguido de otro ataque cortante con la palma de su mano abierta, dando un corte con sus garras directo a la cabeza de su enemigo.
Pero no era el único, dos más atacaron por la espalda, dispuestos a atravesarlo.
“Maldita sea”, Gabriel apenas pudo desmaterializarse en murciélagos antes de reaparecer en otro lugar nuevamente. Sin embargo, un sin rostro ya lo estaba esperando.
Alzó su mano hacía Gabriel, con las comisuras de su rostro sin forma con burla y desprecio. “Muy mal, Rastafor”, murmuró para volver el suelo intangible a los pies de Gabriel.
Apenas pudo reaccionar antes de que sus piernas y torso cayeran abajo. El sin rostro volvió tangible el suelo una vez que Gabriel solo quedó con su cabeza al aire libre.
El concretó se hizo duro, Gabriel apenas podía respirar estando apretado por la enorme presión del concreto duro que lo rodeaba hasta el cuello.
El sin rostro lo miró, rascándose la barbilla con naturalidad.
“Un vampiro del clan Rastafor… caído por mí… que regalo”, murmuró nuevamente. Si tuviera una boca, sin duda una sonrisa perturbadora se formaría en su rostro.
Gabriel no podía hablar. Su torso estaba siendo apretado por el concreto. Luchaba por zafarse de ahí. No podía desmaterializarse nuevamente en murciélagos, mucho menos usar su arte de sangre vampiro. Estaba agotado.
El sin rostro estaría atento ante cualquier movimiento. De hecho, lo estaba haciendo.
Gabriel estaba hundiéndose cada vez más hacía abajo. Teniendo que alzar la cabeza hacía al cielo para poder seguir respirando.
“¡Gabriel!”, gritó una de sus compañeras y aliadas, una mujer lobo que enfrentaba a 2 vampiros a la vez a 30 metros de distancia.
El resto estaban siendo neutralizados por otros sin rostros y vampiros experimentados de grupos terroristas que habían estado ocultos del Consejo durante años.
No hacía falta ver que entre más sangre humana consumían los vampiros, más fuertes se hacían.
Los vampiros no tenían necesidad de beber sangre humana normie. Su alimentación podía ser como el de cualquier paria o humano normal. Incluso podían satisfacer sus deseos de sangre con animales ganaderos.
Pero sin duda, para los vampiros, la sangre humana era la más deliciosa.
Por eso, el tratado entre vampiros y normies de hace dos siglos, que prohibía el consumo de sangre humana, fue rechazado por algunos grupos menores, mientras que otros tuvieron que guardar silencio y resignarse a aceptar la nueva Ley de Abstinencia de Sangre.
Ahora, con la guerra, eso era lo de menos. Los normies ahora eran solo eso, su comida. Un simple ‘daño colateral’.
Al menos para el bando enemigo, para el Consejo causaba tensiones con el gobierno. Era exactamente lo que los Spellman buscaban.
Los vampiros tomaban ventaja en la batalla, Gabriel era enterrado sin poder hacer nada para evitarlo.
El sin rostro reía levemente. Antes de que un poderoso corte telequinético lo partiera en dos. Justo a la mitad.
Gabriel, quien todavía miraba con desprecio al sin rostro, se sorprendió por ver como su adversario era partido desde la cabeza hasta los pies.
Se detuvo de enterrar en la tierra justo cuando su cuello y parte de la cabeza estaban casi bajo el suelo.
Con las pocas fuerzas que tenía, miró al cielo para ver a una silueta flotando.
Portaba una espada corta en su brazo, a varios metros de altura.
No hacía falta preguntar quién era. Ya lo conocía, lo vio en la sede del Consejo en acción hace 3 días.
Luke, al verlo, usó Shambles para sacarlo de allí, intercambiando su posición con una mota de polvo invisible para cualquiera, excepto para él.
Gabriel pudo respirar por fin, mientras veía como Luke miraba a otro lado: hacía sus enemigos.
[Enid, Nyra, ahora] Dijo en mediante su enlace telepático.
En ese instante, un estruendo resonó justo donde los miembros del departamento luchaban por sobrevivir.
Los vampiros vieron cómo una silueta, parecida a la de una niña, comenzaba a destrozar a varios de sus compañeros con gran facilidad.
“¡Mueran! ¡Mueran!”, decía Nyra mientras usaba sus garras y patadas como armas letales.
Enid apareció justo detrás de ella, con los brazos parcialmente transformados, y comenzó a ayudar al resto de los aliados, atacando a los sin rostro que estaban en los techos del pueblo.
Luke observaba desde lo alto todo lo que ocurría. Su mirada se desvió hacia otro punto y, gracias a su dominio expandido, a 185 metros alcanzó a ver a tres vampiros a punto de asesinar a un grupo de normies.
“Shambles.”
Llegó justo a tiempo para dar un corte preciso con Eclipse. No hizo falta concentrar telequinesis; el filo de la espada por sí solo bastaba.
Los vampiros no alcanzaron a reaccionar. En menos de un segundo, sus cabezas salieron volando por los aires.
La gente miró con incredulidad al chico que surgió, literalmente, de la nada en menos de un parpadeo.
Fue aún más sorprendente verlo acabar con esos monstruos sin mostrar la menor expresión.
Luke se volvió ligeramente hacia el grupo. “¿Están todos bien?”, preguntó mientras observaba a cada uno. Nada grave en lo físico, pero mentalmente, todos estaban horrorizados tras presenciar semejante masacre.
Todos asintieron sin responder. Seguían incrédulos. Luke lo notó de inmediato.
Sin decir una palabra más, se lanzó al cielo para volver al centro del pueblo, donde tenía lugar la batalla más intensa.
En ese momento, recibió un mensaje. [¿Cómo vas?] preguntó una voz que conocía muy bien, serena, directa y calculadora. Esa misma que tanto le encantaba.
Luke sonrió levemente. [Perfecto, ¿ya evacuaste a los demás?] respondió con calma a su novia gótica.
Wednesday estaba evacuando a decenas de normies a puntos seguros.
Gracias a su control de las sombras podía hacerlo con relativa facilidad.
Mejor después de los entrenamientos con su padre, Gómez. Un experto en el aura que tenían en común: el aura oscura.
[Sí, hay incluso más enemigos de los que esperábamos. Menos mal que nos avisaron a tiempo] respondió con su habitual tono serio, pero dispuesta a que todo salga bien.
[Bueno, esto se acaba ahora] dijo Luke antes de ir rápidamente con Nyra y Enid.
Los enemigos ahora estaban en problemas con ambas guerreras atacando al mismo tiempo.
Pocos podían creer que un wendigo estuviera en el campo de batalla. Cruzaba casas y enemigos como si nada.
Parecía disfrutar de su miedo, de su dolor.
A diferencia de Enid, ella prefería enfocarse en eliminar rápidamente a sus enemigos en lugar de torturarlos psicológicamente antes de matarlos
Justo en ese momento, Luke descendió del cielo y cayó directamente al suelo, levantando una nube de polvo a su alrededor.
Gracias a sus ondas telequinéticas, logró crear una barrera que absorbió todo el impacto.
Todos giraron la vista hacia él. Enid solo soltó un soplido, acompañando con una leve sonrisa.
“Tan dramático como siempre”, pensó, observando las distintas reacciones de sus enemigos.
Nyra sonrió de forma tétrica, pero también con cierta felicidad al ver a su ‘padre’.
El polvo se disipó, revelando a Luke en una postura natural: ni demasiado tenso ni completamente relajado.
Parecía estar en un paseo por el parque, aunque su mirada era severa y cortante frente a sus enemigos.
Habían asesinado a gente inocente. Aunque Luke estaba acostumbrado a acabar con sus rivales y la muerte no lo afectaba demasiado, jamás toleró el asesinato de inocentes.
Fueran personas comunes o marginadas. Ni ahora, ni nunca.
Los vampiros se pusieron tensos al verlo. Esa espada, esa presencia, esa apariencia. Les habían hablado de él, habían oído historias, pero jamás lo habían visto en persona.
Luke Poe estaba frente a ellos.
No era cualquiera; era el pilar de la guerra, el principal enemigo de los Spellman.
El psíquico de las cuatro auras.
Luke guardó apenas unos segundos de silencio antes de lanzar cinco cortes precisos con Eclipse, concentrando solo cinco toneladas de poder telequinético en cada uno.
Fue tan rápido y certero que cuatro vampiros fueron partidos en menos de un segundo.
El último intentó escapar, pero el quinto corte cambió de trayectoria en el último instante, cortándolo sin darle oportunidad.
Sus entrañas se desplomaron al suelo como sacos tibios cubiertos de sangre.
Los demás retrocedieron instintivamente; la diferencia de poder era evidente.
Donde antes había miradas confiadas y amenazantes, ahora solo quedaban respeto y miedo hacia aquel chico.
Luke no dio tregua. En menos de un parpadeo apareció detrás de dos vampiros, justo a sus espaldas.
Antes de que pudieran reaccionar, Eclipse les cortó las cabezas de un solo tajo.
Otros tres vampiros intentaron moverse, pero sus cuerpos no respondieron, inmovilizados por una fuerza invisible.
Con su telequinesis, Luke les privó del movimiento y, con un simple pensamiento, los aplastó, dejándolos convertidos en tapetes de carne, sangre y vísceras esparcidas por el suelo.
Vampiros y enemigos quedaron impactados: en menos de cinco segundos habían perdido a más de la mitad de sus hombres.
Cuando hace unos minutos estaban en ventaja ante el resto de los parias del Consejo.
Enid y Nyra no se quedaron atrás y siguieron atacando al resto de los enemigos.
Wednesday ya había evacuado a la mayoría y, sin perder tiempo, se dirigió hacia el lugar donde se libraba la batalla principal, que ya estaba a punto de concluir de forma aplastante.
Luke, gracias a su clarividencia, logró detectar a un sin rostro que escapaba saltando de techo en techo.
No lo permitiría.
“Shambles”, murmuró, apareciendo justo al lado del sin rostro y cambiando de lugar con un simple ladrillo.
Al verlo, el sin rostro intentó crear un escudo de la nada, pero Luke ya lo había detectado. Su visión del futuro no le fallaba.
Sin necesidad de usar a Eclipse, concentró un feroz ataque telequinético en una esfera de ondas comprimidas y la hizo aparecer justo detrás del sin rostro, a sus espaldas.
Como resultado, este terminó estallando en miles de pedazos, mientras Luke levantaba una barrera a su alrededor para no mancharse de sangre.
Volvió a expandir su dominio al máximo, rodeando todo el pueblo y más allá. Con 4,936 habitantes, ya había habido varias bajas antes de su llegada.
Solo quedaban cuatro enemigos, de los que Enid y Nyra ya se estaban ocupando.
Luke sabía que ese día no solo Highlands estaba bajo ataque, sino que muchos otros lugares pasaban por lo mismo.
Por suerte, ahora contaba con el apoyo del Consejo, que cubría más terreno en todo el país.
Luke regresó con su grupo, listo para terminar la batalla de esa noche. De paso, curar a sus aliados.
“Y apenas han pasado tres días…”, pensó intrigado, sabiendo que esto solo era el inicio de la guerra más grande que los marginados habían vivido en siglos.
Sin más, continuó su camino por el aire a una velocidad moderada, confiando en Nyra, Enid y Wednesday.
Después de todo, ahora iban juntos a misiones, como parte del extraño trato de la reconquista, propuesto por Wednesday y aceptado de inmediato por Enid.
En otros lugares, como bien sabía Luke, había ataques en distintas partes del país, no solo en Nueva Jersey, Nueva York o Vermont.
También en New Hampshire, Maine, Pensilvania, Ohio y otros estados del este. Incluso en el oeste, como California o Arizona, y en zonas más centrales.
No era solo una guerra, también era un movimiento para muchos parias que siempre habían vivido bajo la creencia de la supremacía y el desprecio hacia los normies desde las sombras.
Ahora, con todo el caos desatado, salía a la luz todo aquello que tanto anhelaban.
Todo causado por un solo hombre.
…
Maine – Madawaska – EE. UU.
Decenas de parias se enfrentaban como podían a diversos monstruos controlados por cultistas que usaban magia oscura, incluidas brujas.
Ataques por todas partes, hogares destruidos y normies evacuados y rescatados por otros parias y la policía local.
Andrew Sinclair estaba en plena batalla. Atacando de forma letal a sus adversarios sin piedad.
No estaba totalmente transformado, pero aun así tenía un poder físico de hasta 50 toneladas. Un joven fuerte sin duda alguna.
A su lado, estaba otro hombre lobo que luchaba a la par de él. Ambos eran un dúo casi imbatible contra sus enemigos.
“¡Vamos Tommy! ¡Parece que estás algo flojo hoy!”, gritó Andrew sonriendo. A su vez, despedazaba a una bruja controlada de un solo golpe.
Tommy se lanzó contra un cultista que tenía en la espalda varios tentáculos gruesos, producto de la magia oscura que estaba utilizando.
Con sus garras, deshizo sus tentáculos de forma sencilla y se deslizó por el suelo hasta quedar casi por debajo de su adversario.
De un solo rasguño a la garganta de corto por completo el cuello; matándolo casi al instante al cortarle la yugular y gran parte de la garganta.
Tommy se reincorporó rápidamente, se puso de pie y sonrió ante el comentario de Andrew. “¿Flojo? Soy mucho mejor que tú en este tipo de misiones”, respondió, algo molesto pero con un aire competitivo.
Andrew continuó su marcha, abriéndose paso entre tantos enemigos.
Además de Tommy, tenían a más aliados de otros departamentos. Sumado a algunos parias locales aliados al Consejo.
Luego de graduarse de Nevermore hace 2 años, comenzó a trabajar para el Departamento de Control de Monstruos.
Tommy también se unió al mismo departamento sorpresivamente. Comenzaron con ciertas diferencias y rivalidades poco convencionales.
Pero luego de tantas misiones y combates juntos, ahora definitivamente eran compañeros, amigos y hermanos de armas. Peleando juntos en cada batalla.
Incluso Tommy, que ya tenía una esposa y estaba esperando un hijo suyo, decidió que sería el padrino de su hijo; para su sorpresa.
Fortaleciendo más su vínculo, algo que Andrew nunca espero. Dos años seguidos juntos, cambian las cosas.
Mientras Andrew estaba en combate, no pudo evitar pensar en como estaba Enid y su familia. Estos 3 días de guerra se sintieron como una eternidad.
Llena de tensiones y traidores por todos lados. Sangre derramada y amigos caídos.
Se preocupaba por Enid, pero sabía que era fuerte; no solo eso, estaba en buenas manos de su cuñado.
Al menos así lo llama ahora, aunque según lo que Enid le dice, todavía no han formalizado nuevamente su relación.
Pero eso a él, no le importa. En realidad, siempre le cayó bien Luke. Solo hubo un altibajo con él cuando rompió su promesa con Enid. Pero por lo que escuchó, fue necesario.
Andrew en ese momento, escuchó a uno de sus aliados decir: “Aroostook esta despejado”. Lo que dio un pequeño alivio. Hace unas horas toda la región norte de Maine estaba bajo ataque.
Ahora, lo habían reducido considerablemente. Pero la noche no terminaba ahí.
…
Vermont – Montpelier – EE. UU.
La noche caía sobre la capital de Vermont. A lo lejos, todo parecía tranquilo, pero en realidad era todo lo contrario: varios aliados de los Spellman estaban atacando el pueblo.
No solo eso, 15 Morraks estaban presentes atacando a los normies.
Además de la presencia de cinco parias competentes del antiguo clan Kairia, estos se habían unido a la batalla, aprovechando los disturbios ya provocados por la guerra.
Ya eran aliados de los Spellman desde hace un tiempo.
Atacaban sin compasión, con la intención de empeorar todavía más las relaciones entre el Consejo Marginado y el gobierno normie.
Según los Spellman, con eso obligarían al gobierno a tomar cartas en el asunto, incluso con posibles represalias.
Era justo lo que buscaban: que el gobierno le demostrara al resto de parias bien intencionados lo patéticos que son al intentar proteger a una ‘raza inferior’.
Demostrarles que, los normies siempre verán a los parias como monstruos.
Si el gobierno atacara ahora, eso aseguraría que incluso los parias más leales al Consejo le dieran la razón a Edward, ganando así más aliados en el proceso.
Por ahora, ese era su objetivo. Y lo estaban logrando.
A juzgar por las reacciones del gobierno y la sociedad normie que ya se estaba dando cuenta de la verdad del mundo marginado.
En una intersección solitaria, una mujer corría con su bebé en brazos. Aterrada y desesperada por encontrar refugio y huir de aquellos monstruos demonios que habían asesinado a decenas de personas.
Cuando avanzó más pasos, logró ver a uno se esos seres infernales parado en medio de la calle. A su lado, varios autos destruidos y edificios en llamas.
Cadáveres por todos lados, el demonio estaba devorando el alma de uno de los civiles que tuvieron la mala suerte de estar ahí.
La mujer trató de retroceder. Se escondió en un borde. Tratando de regular su respiración.
Pero su bebé, apenas de unos cuantos meses, soltó un pequeño llanto. Mismo que trató de ser callado por su madre.
El demonio se detuvo. Alzó la vista y giró hacía atrás de una forma inhumana. Casi torciendo su cuerpo.
Olfateó una vez, luego otra. Sus ojos de reptil se abrieron de par en par. Se lanzó, clavando sus garras en el concreto, y corrió casi a cuatro patas hacia la mujer y su hijo.
Antes de que llegara, un poderoso rayo golpeó al demonio, haciéndolo rugir y provocando graves quemaduras eléctricas en su gruesa piel.
El demonio vaciló antes de fijar su mirada con intensa furia. Al alzar la vista al cielo, vio a un hombre calvo flotando, vestido de oscuro.
Soltó una risa divertida antes de hablar. “Vaya, vaya… más demonios que cazar”, dijo, y en un instante desapareció para reaparecer entre chispas crepitantes justo frente al demonio.
El Morrak no alcanzó a reaccionar a tiempo. Un brutal golpe, envuelto en rayos de energía descomunal, le atravesó el pecho, seguido de una intensa descarga eléctrica que lo sacudió por dentro.
Sus órganos estallaron y sus ojos se derritieron.
Luego, miró en dirección a la mujer. Se acercó un poco.
“Ya está a salvo, bella dama”, dijo intentando sonar tranquilizador, aunque su rostro de loco y piel pálida no ayudaban demasiado.
La mujer se sobresaltó un poco, pero quedó aún más impresionada al ver a ese hombre calvo desprender electricidad de su cuerpo y, más sorprendente todavía, acabar con ese demonio.
En ese momento, otra explosión se escuchó al otro lado de la calle.
Seguido de rugidos de demonios que, al parecer, estaban siendo erradicados.
Entre sombras, apareció Gómez. Con su sonrisa divertida y tétrica de siempre. Disfrutando la batalla.
“¡Hermano! ¡No es momento para coquetear! Tenemos que despejar la zona”, exclamó al ver a Fester junto a la mujer.
Fester levantó las manos con cierta indignación. “¡No estoy intentando hacer eso! ¿Y Estrakión?”, preguntó.
Esta vez, la mujer fue conducida por otro hombre que apareció. Un normie.
Fester apenas se dio cuenta. Soltando un bufido leve. Su hermano tenía razón, estaban ahí para terminar con sus enemigos.
Fester y Gómez fueron rápidamente a enfrentarse a más demonios.
Morraks que podían lanzar vehículos con sus manos y devorar almas como animales estaban en todos lados.
Pero un hombre también los estaba exterminando.
De un solo golpe, podía derribar a los demonios con relativa facilidad.
Al llegar, Gómez y Fester silbaron con admiración: Stanley Umbrio.
Los miró con una ceja arqueada. “¿Qué hacen parados ahí? ¡Hay que terminar con esto!”, exclamó antes de lanzarse contra más Morraks en el lugar.
Gómez y Fester asintieron entre risas. Ambos se movieron al combate.
Los 5 parias del clan Kairia ya se habían percatado de las presencias de sus enemigos. Pero sus ganas de luchar se desvanecieron al ver de quienes se trataban.
El patriarca Addams, su loco hermano y el patriarca de los Umbrio.
Tres monstruos de poder que ni locos se atreverían a enfrentar.
Uno de ellos dio un paso atrás. Pero chocó con alguien que parecía un muro.
Al voltear, vieron a un hombre alto de mediana edad. Voluminoso en músculos y una mirada tranquila.
“¿Clan Kairia? No pensé que todavía fueran tan molestos”, comentó el hombre, con una voz cuya firmeza imponía respeto y temor.
Antes de hacer algo, los 5 comenzaron a quemarse de inmediato.
Gritaron de dolor de forma atroz. Pero aquel hombre no se inmutó en lo más mínimo.
Las llamas abrasantes los consumieron por completo. En segundos, quedaron reducidos a polvo. Quizás menos.
Sus ojos azules miraron al resto pelear.
No podía quedarse atrás. Se lanzó de inmediato al combate.
Fester lo miró desde lejos. Solo esbozó una sonrisa cómplice al ver su poder.
“El gran patriarca Faulkner haciendo su entrada triunfal”, bromeó; siempre era un placer verlo en acción.
Estrakión lo escuchó y sonrió con orgullo, mientras cargaba su puño envuelto en una energía llena de brasas ardientes.
Reventando el rostro de un Morrak, al mismo tiempo que lo desintegraba.
Los tres lo presenciaron. Su poder era de temer. Sin duda alguna.
Entre los cuatro, no tardaron nada en barrer toda la zona. Eliminaron a casi todos los demonios de la zona.
Solo faltaba uno.
“¡Es mío!”, gritó Fester, envolviéndose en rayos antes de salir disparado hacia el Morrak. Pero Stanley lo detuvo con un solo brazo, sin inmutarse ante la descarga.
“¡Espera, idiota! Tiene a una rehén…”, avisó para que observara con más detalle.
El Morrak tenía en sus manos a una joven aterrada justo en sus brazos.
“Tsk… Maldito demonio…”, murmuró Fester, ahora poniéndose más serio.
No retrocedió, el Morrak había descuidado a alguien: su hermano.
Gómez, de repente, hizo desaparecer a la joven de las manos del Morrak. Con su impecable dominio de las sombras, logró ponerla a salvo en apenas un segundo.
El Morrak al ver que estaba acorralado, se echó a correr directamente hacía el bosque.
Fester lo persiguió, Stanley, Gómez y Estrakión hicieron lo mismo.
El Morrak era rápido. No se esforzaba en esquivar los árboles. Simplemente los atravesaba como si nada.
En cuestión de segundos, ya estaban frente a una colina bastante empinada. Tuvieron que subirla para continuar persiguiendo al demonio.
“¡Es rápido!”, exclamó Fester con entusiasmo.
Gómez hizo aparecer su guadaña en manos. El arma del alma Addams.
También conocida como Perdición.
Una guadaña que parecía absorber la luz misma, el legado de los Addams.
Estrakión no se quedó atrás. En su mano apareció una gran hacha de doble filo, brillante y con un aura dorada.
Divinidad. El arma del alma Faulkner.
Siguieron avanzando hasta llegar a la punta de la colina. El demonio se quedaba sin terreno.
Fester se lanzó con más fuerza. “¡No tienes escapatoria!”, exclamó con una amplia sonrisa, como un depredador a punto de atrapar a su presa.
El Morrak dio un salto hacia abajo. Lanzándose al precipicio. A lo que Fester, Gómez, Stanley y Estrakión dieron un gran salto para alcanzar al Morrak.
El demonio abrió un enorme portal justo cuando saltó al vacío.
Los cuatro al voltear hacia abajo, se quedaron sorprendidos.
El Morrak entró al portal. Pero pudieron ver lo que había más allá.
Decenas, cientos, miles de demonios en diferentes lugares de ese lugar desolador e infernal.
Algunos con diferentes formas de cuerpos, cuadrúpedos, bestias demoníacas enormes.
Algunos con apariencias asquerosas y otros más intimidantes. No todos eran Morraks comunes.
Las brisas hostiles y calientes se transmitían a través del portal demoníaco. El eco del vacío era abrumador, un lugar de pesadillas.
Todos ellos, mirándolos fijamente. Sin quitarles la vista.
Como una colmena de depredadores hambrientos mirando deliciosas comidas.
Ojos negros, ojos de reptil, ojos que no cuadraban con lo normal. Eran los ojos de los demonios.
El panorama era escalofriante. Lo que hizo que un frío recorriera sus espaldas estando en el aire.
Algunos demonios tenían rasgos o cuerpos ligeramente distintos a los Morraks normales.
Algunos en su modo berserker y varios intermedios.
Eran demasiados, más de los que jamás habían visto en toda su vida.
El portal comenzó a cerrarse.
“¡Mierda!”, gritó Gómez antes de que pudiera alcanzar al Morrak con su arma.
El portal se cerró.
Los cuatro cayeron al suelo, desde varios metros de altura.
Resoplaron un poco. Aún incrédulos por lo que acababan de presenciar.
Guardaron silencio unos segundos. Incluso Fester estaba atónito ante la situación.
Estrakión guardó su arma, haciéndola desaparecer. Mirándolos a los tres.
“¿Qué demonios fue eso? Nunca había visto un portal tan grande”, dijo, más confundido que nunca.
Stanley no respondió. Estaba igual o más confundido que el propio Estrakión.
Todos miraron a Gómez. Ya sabían la respuesta, pero apenas la estaban procesando.
Gómez suspiró algo tenso.
“Es su dimensión… el hogar de los demonios”, respondió con una seriedad muy grande.
“Es… el infierno”, terminó de decir.
El silencio se apoderó de los cuatro. Esto ya era otro nivel.
Se sabía que los Spellman controlaban demonios menores. Era común ver Morraks en las batallas, pero esta era la primera vez que había demonios en la guerra desde el ataque al Consejo.
Pero nunca imaginaron ver un portal tan grande. Menos ver tan a detalle ese lugar al que nadie ha podido entrar jamás. Y si lo ha hecho, nunca ha salido con vida.
Estrakión se acomodó, se puso erguido y miró con seriedad a Gómez y a los demás. “Tenemos que avisar al Consejo”, dijo con firmeza, y todos asintieron sin vacilar.
Si los Spellman realmente pudieran controlar miles o incluso cientos de miles de Morraks, sería un problema enorme. Y no solo para los parias, sino para la humanidad entera.
No sabían exactamente el número de demonios.
Según teorías y algunos registros de hace siglos, los demonios son incluso menos que los propios marginados.
Pero… ¿Cómo saber realmente cuántos demonios existen?.
¿Cómo podrían estimar la población de una raza completamente diferente que habita en otro plano externo al suyo?.
No podían. Basaban su información en estimaciones hechas por parias y el propio gobierno normie.
Y eso, era aterrador.
Los cuatro se retiraron. No sin antes volver a recorrer el área para corroborar que no hubiera más demonios o enemigos en el lugar.
Fin del capítulo
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Dato curioso: Ningún paria conocido en la actualidad ha logrado entrar al inframundo. No se tiene una forma de poder entrar a ese lugar y destruir a los demonios. Aparte, no se sabe qué tan poderosos sean realmente los demonios antiguos. Por lo que nadie en la historia ha entrado a ese lugar temible y vivido para contarlo… o sí.