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Wednesday: The Strongest Psychic (Final Arc) - Capítulo 34

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Capítulo 34: Greater demon V

10 minutos antes – Mansión Addams.

Ya había pasado un tiempo desde que Luke, Fester y Stanley partieron para cumplir la misión de eliminar a un posible anciano demoníaco.

Si la información era verídica, entonces no sería tan complicado para ellos tres erradicar a un anciano Spellman.

Wednesday pensó que, como mucho, el anciano aguantaría unos pocos minutos contra Luke. Con la ayuda de Fester y Stanley, en un tres contra uno, tal vez incluso menos.

Luke ya había demostrado ser capaz de enfrentarse a enemigos del calibre de un demonio intermedio de alto rango, así como de ser responsable de la muerte de dos ancianos demoníacos: Aldric y Mortimer.

Por lo que, en este caso, no había de qué preocuparse.

Enid estaba con ella en la sala. Sin intenciones de retirarse.

Nyra estaba al acecho. A veces intentando llamar la atención de Wednesday, Enid, o de ambas.

La razón por la que estaban ahí era por si acaso, atentos a cualquier señal que pudiera llegarles en ese momento.

Aunque Luke sea muy poderoso, siempre existe el riesgo al enfrentarse a posibles enemigos peligrosos.

Claro, sabían que en el mundo marginado en general no había casi nadie que le diera pelea. Eran contados los que llegaban a su nivel.

Sin embargo, los ancianos demoníacos, especialmente Edward Spellman, no son cualquier cosa. Un ataque bien planeado por ellos contra Luke acabaría con su vida.

Quizás se lleve a algunos, pero la ventaja que tendrían los Spellman sería mucho mayor, sobre todo al demostrar que pueden controlar Morraks en masa y contar con demonios intermedios de su lado.

Una posibilidad que a nadie le gustaría para nada. Más bien, temían.

Especialmente ellas dos.

Enid era la que más se preocupaba, sobre todo cuando se trataba de Luke. No se sentaba; permanecía de pie, observando con atención el comunicador general del Consejo, el mismo que tenían en la mansión Addams por ser una de las familias principales en esta guerra.

Wednesday, por su parte, se mantenía impasible. Eso no significaba que estuviera menos atenta o alerta que Enid; al contrario, conservaba la calma y se concentraba, mientras ese mal presentimiento seguía resonando en su mente.

A lo largo de su vida aprendió que su aura violeta podía predecir o darle pistas sobre eventos futuros o pasados; no con una visión exacta de los hechos, sino a través de señales.

Nyra las observó con curiosidad, al notar que no hacían más que esperar. “Mamá… ¿Por qué miran tanto esa cosa?”.

Wednesday parpadeó una vez, con un gesto neutral.

“Es por si las cosas se complican, Nyra”, respondió, sin siquiera mirarla.

Nyra alzó una ceja, entendiendo perfectamente de qué iba todo. “¿Es por papá?”.

Wednesday y Enid asintieron, esta vez mirándola de reojo.

“¡Pero si papá es muy fuerte! Es imposible que le pase algo”, exclamó, alargando las palabras. “Además, va con el tío Fester y el maestro Stanley. No van a perder”, añadió como si fuera lo más obvio del mundo.

“¿Maestro Stanley?”, repitió Enid, viéndola asentir.

“Sí, me dijo que es el maestro de papá. Siempre lo presume cuando él no está cerca, algo extraño…”, comentó Nyra, pensativa con lo último, aunque decidió dejarlo pasar por esta vez. “¡Pero Stanley es increíblemente fuerte!”, afirmó con admiración en el rostro.

Nyra sentía un gran aprecio por Stanley, no solo por su imponente fuerza física que la superaba por decenas de toneladas, sino también porque a veces entrenaban juntos.

Él sabía corregir los errores durante el entrenamiento, con la precisión de un militar.

Para ella, fue impresionante, sobre todo al verlo doblegar a Luke solo con fuerza bruta; aunque, claro, Luke se contenía, sin recurrir a sus otras tres auras ni a Eclipse, usando únicamente la verde.

Enid dejó escapar una risita ante el entusiasmo de Nyra, mientras Wednesday solo parpadeó de nuevo, aunque esta vez con un aire más relajado.

“Quizá exageramos un poco”, bufó Enid, sentándose por primera vez desde que Luke se marchó.

Wednesday se cruzó de brazos y suspiró. “Probablemente… estamos en guerra, y cualquier cosa puede pasar. Me preocupa un poco que Luke pueda caer en una trampa de esos desgraciados”, añadió, mirando a Enid.

Ella asintió con una sonrisa amistosa. “Lo sé, a mí también me preocupa. Aunque a veces es un poco terco con eso de ir solo a las misiones”, comentó, sonriendo levemente al recordar cómo es.

Wednesday asintió, compartiendo ese pensamiento.

Nyra soltó una pequeña risa mientras escuchaba a Verónica acercarse por el pasillo.

“Oh… No pensé que todavía estuvieran aquí. ¿Todo bien?”, preguntó Verónica, vestida con su atuendo habitual de misiones y preparada por si acaso.

“Sí, todo bien. Gracias por preguntar”, respondió Wednesday con sequedad, lo que hizo que Verónica frunciera el ceño.

“¿Qué pasa? No me digas que estás de malas ahora, Addams”, insinuó con tono juguetón y un toque de sarcasmo. No era ninguna novedad para ella verla así.

“No, para nada. Solo que tu atuendo es un tanto… sugerente”, remarcó Wednesday, mirándola de pies a cabeza. Enid y Nyra hicieron lo mismo para corroborar.

Verónica se dio cuenta de esto, lo que solo aumentó su confusión e indignación.

“¿Sugerente? ¡Es mi traje para las misiones! No voy a ir a matar enemigos en pijama. Ni que fuera Enid”, se defendió, provocando una expresión incrédula en la licántropa.

“¡Oye, eso no es cierto!”, se defendió rápidamente, sin dejar que eso pasara por alto.

“A papá le encantaría, sin duda”, comentó Nyra de repente, dejando un silencio incómodo en la sala.

Wednesday la miró con severidad. “¿Qué?”, preguntó con frialdad, como si una brisa de oscuridad emanara de su cuerpo.

Nyra tragó saliva, algo nerviosa. “Eh… nada”, contestó de inmediato.

Podía percibir el olor y la presencia intimidante de su ‘madre’ frente a ella.

Era realmente aterradora.

‘Ahora entiendo lo que siente papá’, pensó Nyra, temblorosa, comprendiendo el miedo de Luke a ver a Wednesday enfadada.

La Addams volvió a mirar a Verónica. “Tú no vas a usar eso delante de Luke”, dijo, más como una orden que como una sugerencia. Gracias a Nyra, había empezado a desconfiar un poco.

“¿Eh?”, expresó incrédula, frunciendo el ceño con fastidio. “Otra vez con eso… ¡Somos primos, joder!”, exclamó Verónica, harta de que insistieran con esa idea.

Se llevaba bien con Luke porque lo apreciaba como a un miembro de la familia, nada más.

Eso no quería decir que quisiera tener una relación amorosa con él en lo absoluto; solo era una suposición que había surgido por un comentario que Nyra hizo días atrás.

Y ahora, volvía a repetirlo, como si de pronto se le encendiera un foco en la cabeza.

“Entre los parias, la endogamia no influye genéticamente en la descendencia. Lo leí en uno de los libros que Fester guarda en su laboratorio”, comentó Nyra.

“Así que, entre primos, podrían tener hijos sin inconvenientes”, añadió, segura de haber hecho el mayor descubrimiento del mundo. Se sentía muy intelectual; al menos, según ella.

Wednesday afiló aún más la mirada hacia Verónica, mientras Enid fruncía el ceño, intrigada y confundida, imaginando qué tipo de libros podría guardar Fester en su lúgubre habitación.

Verónica, sonrojada de vergüenza, apretó las manos. “¡Eso no tiene nada que ver!” protestó, cerrando con fuerza los ojos y los labios.

Las cosas se tranquilizaron un poco con la llegada de Natasha, Thing y Eudora, quienes presenciaron la escena dramática frente a sus ojos.

“Entonces, ¿ninguna señal?”, preguntó Eudora.

Todos movieron la cabeza en negación. Desde que se marcharon, no hubo ni una sola noticia. Al parecer, todo había salido bien.

Nyra encendió la televisión junto a Thing, solo para distraerse. Era una de las pocas cosas que la entretenían, además de dedicarse a cazar a sus presas y enemigos.

No obstante, algo extraño paso.

A los pocos segundos de estar viendo un canal de televisión, comenzó la interferencia. Luego, la señal se cortó de golpe, dejando la pantalla completamente en negro.

“¿Pero qué? ¡Maldita basura!”, murmuró Nyra, acercándose a la pantalla para intentar arreglarla, algo molesta.

Thing tuvo que impedir que le diera un zarpazo para que, según ella, se arreglara. A veces veía a Luke darle un golpe leve a algún aparato para que se arreglara mágicamente, casi nunca fallaba.

No solo eso, Enid notó que en su teléfono no había señal de ningún tipo, ni de internet ni de nada.

Verónica lo confirmó en el suyo, al ver que ni siquiera podía acceder a la radio. Todo estaba completamente cortado.

En ese momento, Gómez bajó a toda prisa por las escaleras. Se había dado cuenta de lo ocurrido. Morticia lo seguía con paso apresurado.

“Padre, ¿qué sucede?”, preguntó Wednesday, intrigada al verlo así. Su expresión lo decía todo.

Cuando dijo eso, el comunicador de la sala sonó:

[¡A todo el Consejo! ¡La batalla en New Castle está destruyendo parte de la ciudad! Se logra divisar a dos posibles ancianos demoníacos y… Maldición… ¿Qué es esa cosa?]

En ese momento, el comunicador se apagó, justo tras un estruendo brutal antes de perder la señal. No había lugar a dudas.

Eran los supuestos parias que habían proporcionado la información inicial de la presencia de un solo Spellman en la ciudad.

De la nada, el comunicador se llenó de mensajes de varias partes del país.

Reportando ataques de Morraks, parias enemigos y más seres aliados a los Spellman. Todo se volvió un caos en pocos segundos.

Pero sin dudas, donde más peligrosidad había, era en New Castle.

Esto puso en alerta a todos. De inmediato, se prepararon en segundos. Con toda la intención de salir rápidamente a dirigirse a la ciudad.

Tuvieron que usar la máquina de teletransportación para dejarlos bastante cerca, dentro de Pensilvania, a unos cuantos pueblos de distancia de New Castle, acelerando el paso.

Gómez, Wednesday, Enid, Nyra, Natasha y Verónica iban rumbo a New Castle a toda velocidad. Habían tardado demasiado en reaccionar.

Wednesday corría y se movía entre sombras. Al igual que su padre, Gómez.

Nyra corría rápidamente, Natasha y Verónica estaba casi a la par.

Enid estaba parcialmente transformada. Corriendo con velocidad y estando casi al frente. Solo por detrás de Gómez.

La preocupación creció al ver, a varios kilómetros de distancia, explosiones y ataques masivos a la lejanía en la ciudad.

“Resistan”, pensaban todos. Apresurando el paso.

No sabían quién era ese supuesto enemigo desconocido, aparte de los ancianos demoníacos.

Pero sabían que, si incluso ellos tres estaban en problemas; el enemigo debía ser extremadamente poderoso.

…

Luke estaba de rodillas, apenas logrando mantenerse consciente después de usar Shambles con lo último que le quedaba de energía psíquica.

Por esa razón, su telepatía tuvo que anularla para no gastar más energía de manera innecesaria.

Además, poco tiempo le daba Zartos de siquiera pensar en nada.

Sus heridas causadas por los latigazos seguían palpitando y ardiendo como el infierno.

No sanaban, aunque usara el aura verde con todas sus fuerzas y enfoque.

Sostuvo a Eclipse con ambas manos temblorosas al ver a Zartos surgir del humo residual que el viento dispersaba.

Sus pasos imponían miedo. Con cada uno que daba, resquebrajaba el concreto de la casi inexistente calle.

Su mirada, demoníaca e imponente lo miraba fijamente a él. La presión atmosférica era absurda, irreal.

Era como si su sola presencia alterara por completo la propia naturaleza y las reglas de la lógica.

Una calamidad pisando nuevamente un mundo que le pertenecía en la antigüedad.

Luke intentó levantarse y alejarse, pero una potente fuerza telequinética lo detuvo en seco.

‘Tsk… su telequinesis… es poderosa’, pensaba, incrédulo.

Zartos ya había demostrado poseer poderes psíquicos demoníacos, además de extrañas habilidades físicas y un dominio notable de su energía demoníaca.

No por nada, los demonios mayores pueden conceder nuevas auras a los psíquicos que pactan con ellos; incluso son capaces de otorgar habilidades sobrenaturales a personas comunes.

Seres que otorgan inmortalidad a cambio de almas, capaces de potenciar el cuerpo y las habilidades de cualquier raza marginada existente. Incrementan la fuerza física, la regeneración, los reflejos, las técnicas, los hechizos, o cualquier otra capacidad.

Dinero, poder y fama, todo eso pueden manipularlo los demonios mayores desde su propio plano en el inframundo a través de sus libros demoníacos.

Solo por darles almas que devorar.

Si Zartos poseía ese tipo de habilidades, ni siquiera podía imaginar las que tendrían los demás demonios de su misma jerarquía.

Finalmente, el demonio se acercó frente a él. Separados solo por 5 metros de distancia.

Luke estaba arrodillado, con los brazos inmóviles y el cuerpo tenso, completamente paralizado por una fuerza que lo sobrepasaba con creces.

Zartos medía más de 3,5 metros. Probablemente podría hacerse más grande, pero prefiere mantenerse así.

La diferencia estaba en su tamaño corporal. Era ágil, musculoso y poseía una armadura biológica natural. Sus garras podían partirte en dos con solo verlas.

Unas piernas que partían el suelo solo con tocarlo de forma casual.

Lo miraba sin mostrar emoción alguna, con una expresión que Luke no lograba descifrar del todo. Ahora estaba completamente a su merced, y él lo sabía.

Podía matarlo ahí mismo, y acabar con la guerra entre los Spellman y los Poe de una vez.

Eso alegraría mucho a sus enemigos.

Sin duda, Edward Spellman luciría una amplia sonrisa triunfante si eso ocurriera.

En el peor de los casos, podría devorar su alma, la de Fester y la de Stanley; después de todo, eran muy poderosas.

Cualquier demonio sueña con almas poderosas y deliciosas como las suyas; almas capaces de llevarlos al siguiente nivel evolutivo de su raza.

En ese caso, Luke ya no tenía la confianza de volver a reencarnar.

Cuando un demonio devora un alma, simplemente deja de existir; se acabó definitivamente.

No por nada son seres temidos y está estrictamente prohibido realizar tratos con esos seres que atentan contra la existencia de la humanidad.

Luke mantenía la cabeza agachada. Apretando los dientes y sus músculos para tratar de zafarse; pero era inútil.

Usó su visión del futuro, y Zartos le permitió nuevamente anticipar su siguiente movimiento: si intentaba usar Shambles para escapar, acabaría decapitado antes de poder teletransportarse por completo.

Estaba entre la espada y la pared, pero la espada ya se hallaba clavada en su corazón; solo hacía falta un leve empujón para acabar con su vida.

Zartos miró al cielo, admirando el paisaje nocturno y respirando el aire que recorría el lugar, ahora libre del humo que dejó el caos de la batalla.

La simple esfera de energía demoníaca había arrasado gran parte de la zona, incluyendo los alrededores, con estructuras que salieron despedidas en todas direcciones.

La usualmente tranquila ciudad de New Castle, ahora era una zona de guerra.

‘Así que él también lo tiene’, reflexionó Zartos, mostrando una expresión ilegible para cualquiera.

‘Aunque claro… a coste del resto de su energía psíquica. Y aún no domina su clarividencia divina.’

Volvió a mirar a Luke, esta vez para hablar. “Podría devorar tu alma en este instante. Podría destruir yo solo a todo el Consejo de Marginados. Después de todo… eso es lo que ellos quieren…”, dijo, haciendo una breve pausa y refiriéndose a los Spellman.

Entrecerrado los ojos y con disgusto: “Lo que él quisiera”. Murmuró pensando en su némesis.

Ya estaba aquí. Se supone que debe terminar el trabajo que le enviaron a realizar; los Spellman tienen su libro. Ellos le darían almas a cambio de lo que tiene que hacer.

Le haría un favor a Nekrathis… Y eso jamás lo permitiría.

Tomó una decisión en ese momento. Solo le quedaban menos de dos minutos para que su tiempo en la tierra se agotara; el hechizo ya estaba dando indicios de estar debilitándose.

Luke debía de hacerse más fuerte. Y por eso, lo llevaría al borde de la muerte.

Zartos sonrió de oreja a oreja, mostrando sus afilados colmillos como un depredador que por fin encuentra a su presa servida en bandeja de plata.

Luke al verlo, sintió un escalofrío recorrerle todo su cuerpo.

No sabía qué más hacer.

Usar Shambles solo lo debilitaría más.

Zartos lo encontraría antes de siquiera aparecer en otro sitio.

Su energía psíquica estaba por los suelos.

Luchar usando cuatro auras durante tres minutos seguidos, sin descanso, contra un demonio mayor que bloqueaba todas sus técnicas y parecía absorber sus auras resultaba sumamente agotador.

Con sus heridas abiertas sin sanar, dolorosas a más no poder, le era imposible moverse.

La carne aún crujía a borbotones por dentro.

El aura verde que Luke concentraba al máximo solo servía para detener la expansión de las heridas.

Estaba indefenso en ese momento.

No se sentía así desde hace bastante tiempo.

Zartos se fue acercando paso a paso. Mientras el aire se contorsionaba alrededor de su cuerpo.

Fester estaba al borde del colapso, rodeado de escombros a varios metros de distancia, con heridas por todo el cuerpo y el cerebro latiendo con fuerza.

Luke trataba de idear una estrategia, pero no se le ocurría nada. Incluso si los refuerzos estuvieran en camino, sabía que eso no cambiaría en absoluto el resultado.

Ahora mismo, le servirían las piedras de teletransportación. Lastimosamente, no las trajo consigo al confiarse en la supuesta ‘sencillez’ de matar a un anciano demoníaco.

No fue uno, fueron dos.

Y ahora ni siquiera se enfrentaban a ellos. Se enfrentaban a algo mucho peor.

Zartos estaba a 3 metros de Luke.

Cuando de la nada, giró sus ojos levemente a la derecha.

Viendo a una silueta correr hacía él en un potente estallido de velocidad.

¡BLAST!

Fin del capítulo

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