Wednesday: The Strongest Psychic (Final Arc) - Capítulo 35
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Capítulo 35: Greater demon VI
Stanley.
Para cualquier paria o persona común, su velocidad sería imperceptible. Para los ojos de Luke y Fester era visible, pero seguía siendo monstruosa.
Para Zartos, era como ver a un caracol muerto intentando moverse más rápido que un leopardo.
Sin embargo, permitió que se acercara.
Con ferocidad, intentó embestir al demonio, pero al chocar contra su duro cuerpo, lo único que consiguió fue que la inercia destrozara todo el pavimento a sus espaldas.
‘¿Este viejo otra vez?’, pensó Zartos. Juraría que dejó de sentir su presencia por completo en cierto punto.
Luke abrió los ojos de par en par al verlo aparecer de la nada.
Fue una sorpresa, ya que estaba preocupado por su ausencia y temía que estuviera grave.
Por un instante, pensó que estaba muerto.
Entonces recordó que Stanley sabe ocultar su aura psíquica cuando quiere.
Y ahora, había logrado despistar a un demonio mayor.
Fester sonrió y soltó una ligera risa al verlo, tosiendo un poco de sangre en el proceso. “Ese bastardo no se rinde…”, murmuró con orgullo, mientras aún sentía decenas de huesos rotos.
Con un leve empujón de su brazo izquierdo, Zartos apartó bruscamente a Stanley, haciéndolo retroceder hasta quedar justo frente a un arrodillado Luke.
Stanley jadeó levemente. Respiraba con dificultad, pero sus ojos, llenos de determinación, permanecían fijos en su enemigo.
“¿Estás bien, Luke?”, preguntó Stanley sin volverse. Su preocupación genuina se reflejaba al ver el estado de su nieto.
“Un poco… estoy al límite”, respondió Luke con un ligero cansancio en su voz, mientras intentaba regenerar aún sus heridas.
“Fester está fuera de combate. Tú tampoco puedes seguir luchando”, dijo Stanley mientras evaluaba la situación.
Luke frunció el ceño mientras se limpiaba la sangre que le cubría parcialmente un ojo. “Puedo pelear… No podrás contra él solo”, replicó de inmediato.
“No, no puedes. Si sigues desgastándote más, sufrirás otra PLPE. Y ese maldito nos matará a los tres… quién sabe a cuántos más”, decía Stanley, incapaz de encontrar una salida óptima a la situación de peligro.
Escapar no era una opción. No había manera de huir del alcance del demonio ancestral de forma improvisada. Él notaría cualquier intento antes incluso de que ocurriera.
El dominio expandido de Luke llegaba a más de 100 kilómetros.
Pero, al ver la velocidad de Zartos, su poder, sus habilidades y el hecho de que era un demonio mayor milenario, no había duda de que los atraparía en menos de segundo.
No había escape.
Pero no se rendiría sin luchar.
Luke apretó los dientes, consciente de que tenía razón.
La cabeza le dolía, como si agujas se clavaran lentamente en su cerebro.
Mentiría si dijera que antes había estado en una situación peor.
Su enfrentamiento con Elliot había sido el más peligroso, a punto de morir de no ser por el despertar de su aura verde.
Pero ahora, con Zartos, la cosa era distinta.
Estaban en un peligro absoluto. No había nada que pudiera salvarlos; y siendo sinceros, ni siquiera otro milagroso despertar de una de las nueve auras lo haría.
Aún quedaba más de un minuto para que, supuestamente, volviera al inframundo.
No sabían qué tan cierto era eso, pero por ahora, era su única esperanza.
Zartos entrecerró los ojos con una amplia sonrisa. “Lo siento, anciano, pero no tengo tiempo para ti ahora”, dijo, atrayendo la atención de ambos.
Al instante, de su brazo derecho brotaron grandes secciones de músculos y huesos demoníacos, expandiendo sus tejidos corporales.
¡ZAS!
En menos de un segundo, golpeó brutalmente a Stanley por el costado derecho, provocando un estruendo que resonó en todo el lugar.
El Umbrio se tensó al instante y la mayoría de sus costillas se destrozaron en ese preciso momento.
La velocidad de Zartos fue tan aplastante y repentina que incluso Luke apenas pudo percibir su movimiento.
Stanley salió disparado como una bala hacia decenas de estructuras completamente destruidas, incrustándose en ellas y desapareciendo entre los escombros.
Fester apretó los dientes, lleno de frustración e incredulidad, incapaz de asimilar por completo el verdadero alcance de un demonio mayor.
Luke apretó a Eclipse con una mezcla de impotencia y preocupación que crecía en su pecho. Trataba de incorporarse con todas sus fuerzas, intentando ignorar el dolor insoportable de las heridas ardientes que marcaban su cuerpo.
“Bah… Esperaba demasiado”, murmuró Zartos con decepción, deshaciendo sus tejidos y devolviendo su brazo a la normalidad, demostrando un control perfecto sobre su cuerpo.
Giró de nuevo hacia el chico. Al verlo intentar levantarse, Luke le lanzó una mirada llena de odio y un toque de… temor.
Eso le arrancó una risa entre sus dientes siniestros, mientras comenzaba a caminar otra vez hacia él.
Apenas dio un simple paso cuando, de repente, un estruendo y un destello verde aparecieron frente a él en un parpadeo.
Stanley estaba envuelto en suaves brisas de aura verde que emanaban de su cuerpo con intensidad.
Frente a Luke, quien lo observaba con sorpresa y admiración al ver cómo se levantaba una y otra vez cada vez.
La ancha espalda de Stanley lo cubría, mostrando su intención de protegerlo sin importar nada.
Su puño, cargado con todo el poder físico concentrado al máximo, se preparaba desde atrás con la clara intención de golpear a su objetivo.
Zartos entreabrió los ojos, sorprendido.
Luego esbozó una leve sonrisa al ver la firme determinación de proteger a los suyos.
Stanley, por su parte, lanzó un potente puñetazo directo al rostro, logrando impactar de lleno con su puño.
¡BOOM!
Lo mandó a volar estrepitosamente hacia atrás como un proyectil perdido a toda velocidad.
Fue el primer golpe que lograba impactar en Zartos, el primero de toda la batalla.
Todo sucedió en apenas un segundo.
El demonio atravesó varias manzanas de la ciudad de New Castle en segundos.
Terminando por frenarse a una distancia considerablemente lejos.
Mientras Stanley jadeaba levemente, sin bajar la cabeza ni un instante, sonrió al sentir cómo todo el flujo de energía psíquica recorría cada rincón de su cuerpo como una corriente a presión.
‘Gracias, Monfield’, pensó con respeto.
Luke y Fester se dieron cuenta de la diferencia de poder que Stanley había demostrado.
Ese golpe y velocidad no eran de un psíquico con 80 toneladas
Pertenecían a alguien que superaba las 100 toneladas de fuerza en su estado más puro, distribuidas de manera perfecta en cada rincón de su cuerpo.
Luke podía ver cómo la energía psíquica recorría su cuerpo, fluyendo por cada músculo, cada fibra y cada tejido, todos envueltos en un aura verde perfecta.
Pero no lo sanaba; lo fortalecía.
Era otra forma de emplear el aura verde desde un enfoque psíquico distinto.
Pero eso tenía un costo…
Zartos emergió de entre los escombros, teletransportándose de inmediato al centro de la batalla. Se tocó la mandíbula suavemente, manteniendo una sonrisa divertida.
“Ahora tienes toda mí atención, anciano.”
Stanley se puso en guardia, mientras Luke finalmente lograba ponerse de pie con mucho esfuerzo.
Se colocó a su lado, con Eclipse en las manos, apuntando su espada hacia Zartos.
“Oh… Abuelo y nieto juntos”, dijo de forma sarcástica.
“Aunque… lamentablemente, estás agotando toda tu energía psíquica cerebral de manera abrupta y súbita. Ese poder extra que tienes no durará mucho; un par de decenas de toneladas adicionales de fuerza no te servirán de nada si se te fríe el cerebro”, añadió.
Zartos podía notar el impresionante incremento de poder en Stanley.
Esto se debía a que concentraba su aura verde en los músculos con total precisión.
En lugar de emplear la sanación, aprovechaba la fuerza que su propia aura podía otorgarle.
Rompiendo el límite que su propio cuerpo puede soportar.
Claramente, esa es su desventaja. Su cuerpo no puede soportar sus ataques masivos y su cerebro pierde energía con cada segundo que pasa.
Pero eso a Stanley, no le importaba.
Se estaba enfrentando a un demonio mayor; si quería tener alguna posibilidad contra un ser como él, tenía que darlo todo.
No dijeron una palabra. Simplemente se lanzaron al ataque de frente: Stanley desde el suelo, Luke surcando el aire.
Con una estocada, Luke intentó atravesarle la cabeza de lado a lado; sin embargo, Zartos solo inclinó la cabeza para esquivar la espada, dejando que Luke pasara de largo y se detuviera en pleno vuelo.
Stanley apareció a su lado, intentando dar una patada cortante que cortaba el aire por la velocidad vertiginosa con la que se movía.
Zartos la detuvo con una sola mano, sin inmutarse en lo más mínimo. La sujetó con fuerza y lo golpeó contra el pavimento repetidas veces en menos de dos segundos.
Luke regresó a toda velocidad, lanzando a Eclipse y concentrando 15 toneladas de poder telequinético en el filo de su espada, reuniendo todo lo que podía pese a su fatiga.
Salió disparado más rápido que un proyectil supersónico, silbando mientras el viento se partía a su paso.
El demonio sonrió para sí al presenciar esa jugada. Sujetó a Stanley por una pierna y la nuca, utilizándolo como escudo humano ante el inminente ataque de Eclipse.
Luke abrió los ojos de par en par, apretó los dientes y apenas logró desviar a Eclipse en el último instante. De lo contrario, habría atravesado por completo a Stanley, sin importar cuánta durabilidad física tuviera.
‘Bastardo’, pensó Luke, con la ira reflejada en su mirada.
Zartos agarró a Stanley por el cuello y, de un golpe seco, lo lanzó volando en dirección hacia él.
Luke lo atrapó en pleno vuelo.
Pero su visión del futuro le dio un destello fugaz al que no logró reaccionar.
Zartos apareció de nuevo sobre ellos. Sin dudar, con un estruendo telequinético, los lanzó contra el suelo, enviándolos por caminos distintos de forma abrupta.
Stanley cayó de espaldas con fuerza sobre el concreto, incrustándose y rebotando un poco antes de quedar boca abajo, tosiendo sangre.
Vio cómo Luke se precipitaba, protegido apenas por una barrera psíquica mal sostenida, para luego incrustarse también en el pavimento.
El impacto lo dejó aturdido por la brusca desaceleración.
El cerebro de Luke se sacudió dentro de su cráneo, provocándole un dolor insoportable que casi lo hizo perder la conciencia. La barrera no resultó lo bastante efectiva.
Zartos aterrizó de pie al caer. Le quedaba apenas un minuto antes de regresar al inframundo.
Observó a Stanley incorporarse con gran esfuerzo: primero apoyó una pierna, luego se impulsó con ambos brazos, hasta ponerse de pie nuevamente.
Hizo gárgaras y escupió un poco de sangre persistente, dejando en su boca ese sabor metálico que se aferra entre los dientes.
‘Este viejo es realmente persistente. Su aura impone y su mirada… es digna de admirar’, pensaba Zartos, observando a Stanley levantarse una vez más.
Sabía que había algo más que impulsaba a Stanley a seguir adelante, sin importar sus huesos rotos ni sus heridas expuestas al aire libre.
Una voluntad que no se rompería fácilmente, porque es inquebrantable.
Dirigió la mirada hacia Luke, aún aturdido en el suelo a unos veinte metros de distancia. Stanley lo notó gracias a su increíble visión, agudizada al máximo.
En un parpadeo, Stanley apareció frente a Luke en un borrón de velocidad, dejando tras de sí una estela de viento y recorriendo más de treinta metros en un segundo.
Luke se incorporó como pudo, aunque ya apenas podía moverse. Sus músculos no respondían y sentía que su mente estaba al borde del colapso; lo sabía.
Zartos aplaudió con sarcasmo, avanzando despacio, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
“Vaya, vaya… ¿Luchas con tanta intensidad para proteger a tu nieto? Qué emotivo”, comentó con ironía.
Stanley no se apartó de su nieto; al contrario, reforzó su postura.
Luke podía notar un leve temblor en él, y distinguir destellos de sus emociones: voluntad, determinación, desesperación y… otro sentimiento igual de intenso que los anteriores.
Tenía miedo.
Un miedo más grande del que cualquiera podría llegar a sentir.
“S-tanley… Vete de aquí… Adviérteles a todos…”, dijo Luke con dolor e impotencia en la voz.
No era pesimista; era realista.
¿Cómo podían vencer a un demonio mayor al que nada podía dañarlo? Y si algo lo lograba, se recuperaba en segundos.
Fester estaba al borde de la muerte. Luke también, y Stanley estaba entregando lo último que le quedaba.
Si Luke usaba Shambles, su visión del futuro, telequinesis o cualquier otra aura, caería en coma de inmediato.
Eclipse permanecía firme en sus manos, decidido a no abandonar a su último portador.
Zartos escuchó a Luke y esbozó una sonrisa. “Ya oíste, anciano. Abandona a tu familiar otra vez”.
“Después de todo, es lo que siempre haces. No te será complicado hacerlo de nuevo”, añadió maliciosamente. Haciendo estremecer a Stanley.
Sabía a lo que se refería. De alguna forma, Zartos lo supo.
Daba igual el método. La cuestión es que le hizo recordar a su hija, Sophie.
Apretó los dientes con resignación y decepción hacia sí mismo. Retrocediendo un paso.
Luke lo observó, comprendiendo su reacción. “Stan… No te preocupes… Ya has hecho mucho por mí. Te daré tiempo…”
“No”, interrumpió Stanley con sequedad, sorprendiendo tanto a Luke como a Zartos.
El demonio se detuvo a unos diez metros de distancia, solo para escucharlo mejor, intrigado por lo que pudiera decir.
“No voy a abandonarte”, aseguró. “No protegí a tu madre en aquel entonces… No cometeré el mismo error contigo. Así que déjame salvarte ahora”, añadió con total determinación y un tono paternal, apretando los puños con fuerza mientras emanaba un intenso poder psíquico de tonalidad verdosa.
Esas palabras, y la manera en que las pronunció, hicieron que Luke sintiera un nudo en el pecho. Se notaba visiblemente afectado, con un brillo de admiración y un toque de preocupación en la mirada, algo que pocas personas lograban provocarle.
Stanley lo miró por encima del hombro, sonriendo con firmeza. “Tranquilo… después de esto, tendremos que entrenar mucho más”.
Lo dijo para aliviar la tensión.
Para dar esperanza.
Zartos soltó una risa baja. “Admiro tu valor, de verdad. Por eso…”, murmuró mientras sus ojos destellaban con una intensidad demoníaca.
“Te mostraré una parte de lo que represento.”
Stanley se puso de pie, miró fijamente a Zartos y, sin pronunciar palabra, corrió hacia él sin darle tiempo de reaccionar.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, Fester se subió a un escombro alto para tener mejor vista. “Tú puedes, viejo”, murmuró.
Cuando Stanley llegó, dio un salto audaz para lanzar una patada certera al rostro de Zartos, concentrando toda su fuerza muscular y gran parte de su aura verde en ese punto, potenciando su impacto explosivo.
Más de 90 toneladas de pura fuerza y velocidad concentradas en un solo impacto; para Zartos, fue como si un tanque de guerra lo embistiera como un meteorito.
Bloqueó con el brazo izquierdo y trató de contraatacar con un zarpazo al abdomen de Stanley, pero este, con un giro sorpresivo de torso y todavía en el aire, esquivó por poco el ataque, rasgando apenas su saco.
Cayó al suelo y enseguida retomó el movimiento de su puño derecho, envuelto en un aura verde que recorría todo su brazo.
‘Este viejo es un genio’, admiró Zartos.
En respuesta, levantó el puño cerrado con aire despreocupado y lo estrelló con fuerza contra el superpuñetazo de Stanley.
El impacto generó una violenta ráfaga de viento que recorrió varios kilómetros de la ciudad en forma de onda expansiva, destrozando vidrios y ventanas en todo su amplio rango de poder.
Desde lejos, la gente podía ver la batalla incluso a kilómetros, sin comprender qué pasaba en el infierno en que se había transformado la ciudad de New Castle.
Era como presenciar dos bombas chocando entre sí al mismo tiempo.
Stanley mantenía el puño cerrado, sin ceder un ápice, apretando los dientes mientras las venas se marcaban en su frente y cuello por el esfuerzo sobrehumano.
Por su parte, Zartos mostraba una sonrisa sombría, disfrutando cada instante del combate.
“Sabes… rara vez he visto a un psíquico de aura verde emplear su poder de esta forma…”, alcanzó a decir.
“¡Cállate!”, gritó Stanley, soltándole una patada que los separó de inmediato.
El demonio apenas se desplazó un par de centímetros, como si fuera un muro.
Stanley retrocedió lo justo para recuperar el aliento, respiró con agitación y sin notar el dolor.
Zartos se sacudió con un simple gesto de la mano el lugar donde había recibido el golpe. Como si se quitara polvo. “Pero usarla así te está causando más daño que beneficio”, comentó con calma.
Utilizaba el aura verde de una forma poco común, por no decir única.
El aura verde tiene dos ramas de habilidad más conocidas: la sanación y la fortaleza.
La sanación es la razón por la que esta aura es más reconocida, con su característico destello verde capaz de devolver fuerzas y curar heridas propias o ajenas.
La fortaleza, en cambio, surge de las capacidades que otorga: mayor oxigenación, una conexión neuromuscular más afinada y un metabolismo acelerado.
Liberaba la fuerza potencial del psíquico de una forma que ninguna otra aura podía lograr, un potenciador permanente que elevaba el poder físico más allá de lo posible con cualquier otra.
Pero Stanley estaba combinando ambos conceptos en uno solo.
Canalizaba la energía del aura verde en sus músculos, fibras y su reclutamiento para llevar su fuerza más allá de los límites conocidos.
Se potenciaba a sí mismo con su aura.
En vez de sanar, desviaba su enfoque psíquico para aumentar su fuerza.
El problema era que rompía esos límites, más de lo que podía soportar.
Miró su puño derecho tembloroso; la piel de los nudillos y parte de la mano se había perdido, dejando la sangre fluir y el hueso casi al descubierto.
Luke lo notó también. ‘Maldición… es más poder del que su cuerpo puede resistir’, pensó, mientras observaba la mano medio destrozada.
La adrenalina mantenía a Stanley casi sin sentir dolor, gracias a que sus nervios también estaban destrozados.
Una de las maravillas de ser un psíquico marginado era poder adaptar las auras y sus habilidades con enfoque, y utilizarlas a tu propio estilo.
Luke recordó las palabras de Edgar en uno de sus tantos entrenamientos: “Las auras psíquicas obedecen la voluntad de sus portadores. Cada psíquico es distinto; aunque compartan la misma aura, su enfoque los hace únicos. No todo depende del poder del aura, sino de cómo la adaptas a ti y la usas con tu propia voluntad”.
Gracias a eso, pudo innovar sus técnicas, especialmente Shambles, su técnica híbrida.
Pero Stanley lo lleva al límite.
Su capacidad física natural rondaba las 80 toneladas, y ahora la superaba por decenas.
Lo habían hablado antes: “Si tu fuerza supera tu durabilidad, destruirás tu propio cuerpo con cada movimiento y ataque.”
Eso le había dicho Stanley tras reprenderlo por distraerse en la práctica.
Un recuerdo difuso que llenó de melancolía a Luke, quizás porque se estaba desangrando y su cerebro latía con fuerza.
Zartos permaneció erguido, observando la mano ensangrentada de Stanley. “Es irónico que el ‘aura curativa’ sea la causa de tu propio daño. Y también esas heridas que ya tenías antes de que yo apareciera”.
Stanley observó las marcas que Albert le había dejado. Aún estaban allí; la oscuridad evitaba que el aura verde las curara, anulando su poder.
Así era el nivel psíquico de ese anciano demonio de élite, que poco a poco lo consumía.
“Al paso que llevas, morirás sin entretenerme lo suficiente… pero lo justo para ver morir a tu nieto”, provocó Zartos, encendiéndolo.
Stanley tensó los músculos y concentró la energía en las piernas, apareciendo detrás de él y deslizándose por el suelo con la mano izquierda envuelta en un aura verde que potenciaba su fuerza.
El demonio reaccionó al instante, girando de manera antinatural y desviando el ataque con un simple movimiento de los dedos, para luego intentar aplastarle la pierna izquierda.
Stanley apenas alcanzó a apartarla antes de que Zartos hundiera el suelo y lo atravesara como si fuera papel.
Sin pensarlo más, ambos empezaron a lanzarse golpes a una velocidad increíble.
Cada puño, cada patada, cada corte y cada grito eran parte de una batalla por ver quién se rendía primero.
La pelea ya no se distinguía a simple vista. Fester entrecerraba los ojos para apenas alcanzar a ver los borrones de velocidad.
Luke podía verlos, pero le sorprendía el nivel que habían alcanzado.
Superaban la velocidad del sonido en plena velocidad de combate, y cada vez aumentaban más la intensidad.
Sus puños agrietaban el suelo bajo sus pies, extendiéndose las grietas cada vez que chocaban entre sí.
Zartos luchaba únicamente con su fuerza, mientras que Stanley lo hacía con todo lo que tenía.
Sus manos comenzaron a desvanecerse, con la piel y los tejidos desprendiéndose a cada golpe contra el puño afilado y duro de su enemigo.
Sus tibias se quebraban con rapidez, mientras su torso recibía los feroces ataques del ente demoníaco, escupiendo sangre con cada impacto mortal.
En un momento, Zartos dejó de atacar, dejando que Stanley lo golpeara en el rostro, el torso, las piernas, por todas partes.
“Treinta segundos”.
Relajó los brazos, dejándolos caer a los lados, mientras Stanley continuaba lanzando golpes de más de cien toneladas, cada impacto resonando con un estruendo que hacía vibrar el suelo.
No se rendiría. No cedería. No dejaría que nadie muriera esa noche.
Zartos no sufría ni un rasguño ante los incesantes golpes y patadas que hacían temblar el terreno bajo Stanley. Permanecía firme, sin moverse un solo centímetro.
Poco a poco, su cuerpo fue creciendo hasta llegar a los 5 metros, parecido a un Morrak, pero mucho más temible y poderoso.
Luke abrió los ojos, atónito. Fester apretó los dientes con frustración al ver a Stanley forzarse más de lo que su cuerpo podía aguantar.
Un psíquico de más de cien años, en la última etapa de su vida, no debería someter su cuerpo a un estrés tan insoportable.
El corazón de Stanley latía con una taquicardia descomunal: más de 200 pulsaciones por segundo, mientras la sangre ardía en sus venas.
Su cerebro ya pasaba factura, y la energía psíquica se agotaba de forma repentina.
En cualquier momento, colapsaría.
Y ese momento llegó.
Sintió cómo la oscuridad de Albert se adentraba aún más en sus heridas, obligándolo a detenerse y tensando su cuerpo en una clara señal de dolor insoportable.
Zartos le sujetó la cabeza con una mano. Stanley intentó liberarse del enorme y firme agarre con desesperación.
“¡Stanley!”, gritó Luke con exasperación desde donde se encontraba, llevándose una mano a las costillas, entrecerrando un ojo por el dolor de sus heridas y fracturas.
Le importaba Stanley; y mucho.
Ya no lo veía como aquel que dejó a su suerte a su madre y a su padre.
Tuvo sus razones. No podía hacer nada en ese momento.
Pero ahora, demostraba todo lo contrario. Estaba luchando con todas sus fuerzas con tal de protegerlos.
Con tal de que salieran con vida.
Aún si sabía que no tenía ninguna oportunidad contra uno de los demonios más poderosos.
Stanley intentó doblar los dedos de la entidad infernal con todas sus fuerzas, pero no lo logró.
Zartos lo arrojó como un costal de papas, estrellándolo contra un muro que se vino abajo en pedazos.
“La oscuridad te matará de manera dolorosa…”, murmuró Zartos, teletransportándose unos metros detrás de él, quien ya se incorporaba con dificultad.
“No mereces morir así”, murmuró en voz baja, lanzándose en una embestida directa hacia Stanley, con los cuernos afilados apuntando contra él.
Stanley no pudo hacer nada más.
Los cuernos de Zartos se clavaron en su cuerpo: uno en la pantorrilla derecha y otro en el pecho, cerca del corazón, pero ligeramente a un lado para no matarlo al instante.
Como resultado, fue empujado hacia atrás, todavía con los cuernos atravesándolo de lado a lado.
Stanley no gritó; soltó un gruñido de dolor. Ya no tenía fuerzas ni para gritar.
Tal como Zartos quería. La oscuridad de Albert se desvaneció ante su poder demoníaco. Aunque claro, el daño estaba hecho.
Luke y Fester lo vieron incrédulos, sin poder reaccionar de ninguna manera, quedando completamente en shock.
Como un toro, Zartos lanzó a Stanley al suelo sin miramientos, retirando sus cuernos de su cuerpo con agresividad.
Lo miró tendido en el suelo, con un charco de sangre que comenzaba a salir de sus heridas; especialmente de las que le provocó.
Esto llenó de desesperación a Luke. Con todas sus fuerzas intentó levantarse, ignorando el dolor que sentía en cada parte de su cuerpo.
No podía soportar ver a Stanley sufrir de esa manera.
Fester lo mismo, arrastrándose por el suelo entre los escombros y forzando su cuerpo al máximo para poder llegar.
Como pudo, Stanley se incorporó usando ambos brazos, poniéndose de rodillas y respirando con pesadez y dificultad.
La sangre llenaba su pulmón izquierdo, y varias venas importantes ya estaban dañadas.
Cada respiración era una lucha por seguir con vida, pero sentía un extraño alivio al no tener que soportar más la penetrante oscuridad de Albert en su cuerpo.
Zartos se acercó, reduciendo su tamaño una vez más y quedando de pie frente a él.
Le quedaban solo diez segundos.
Si lo salvaba, sería demasiado obvio para Edward. Y más para Nekrathis.
Esto, era necesario. Un sacrificio. Los que sean necesarios.
Este no era el final, solo el comienzo de algo mucho más grande que se avecinaba en el futuro.
Aprovechando sus últimos segundos, habló con cierto respeto.
“Eres fuerte. En mis más de 700.000 años…”, murmuró, en un tono indescifrable.
“Tú, viejo…”
“No… Stanley Umbrio…”, se corrigió a sí mismo. Mirándolo a los ojos.
“Eres uno de los hombres más fuertes que haya visto en toda la historia”, fue lo último que dijo con total sinceridad.
El patriarca Umbrio no respondió con palabras, solo escuchaba al demonio mayor. Una leve sonrisa de triunfo se dibujó en el rostro de Stanley, una que Zartos interpretó sin dificultad.
Era la expresión de alguien que había ganado, no la batalla, sino su verdadero objetivo: proteger a quien ama.
De cierta forma, a Zartos le recordó la otra cara de los humanos. No la arrogante, ni la supremacista, o avariciosa que buscaban estar en la cima de la cadena alimenticia del poder (como cierta familia psíquica).
Más bien, la que él mismo conoció hace más de 1.000 años en el pasado.
Sabía que su alma pronto caería en manos de la Muerte, que sin duda lo enviaría a un lugar mejor.
De repente, Zartos sintió una fuerza invisible que tiraba de su cuerpo sin previo aviso. Intentó resistirse, pero era inútil: su tiempo se había acabado.
Su estadía en el plano humano, había terminado. Por ahora.
Sintió la abrumadora y agresiva presencia de cuatro auras que se dirigían directamente hacia él, cargadas de unas intenciones asesinas inmensas.
De los escombros, Luke se abalanzó contra Zartos, envuelto en furia. Apuntando a su cabeza con Eclipse en una estocada letal.
“¡Muere, bastardo!”, gritó con odio, concentrando todo el poder telequinético que podía reunir en ese instante.
Antes de que pudiera tocarlo, de repente, un portal dimensional arrastró a Zartos con un tirón espectral.
Haciéndolo desaparecer al instante en la masa oscura del portal.
No sin antes, dirigirle una mirada retadora a Luke.
Una que decía que el juego apenas estaba empezando.
Luke pasó de largo, deteniéndose en el suelo, apenas manteniendo el equilibrio.
Fester por fin logró ponerse de pie, aunque avanzaba con dificultad, teniendo que recorrer varios metros para llegar hasta Stanley.
Un silencio absoluto fue el eco del fin de la batalla.
Fin del capítulo
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Tema recomendado: “Starset – It Has Begun” (Stanley Umbrio vs Zartos)