Wednesday: The Strongest Psychic (Final Arc) - Capítulo 37
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Capítulo 37: Forever
20 de Junio del 2023.
Solo habían pasado dos días desde el incidente en la ciudad de New Castle, Pensilvania.
Fue un desastre total para el gobierno normie, y aún más para el Consejo Marginado de América.
La ciudad quedó con daños en su infraestructura, calles, generadores eléctricos y un poco de todo.
Los ciudadanos fueron controlados por psíquicos para intentar frenar la anarquía en el país, aunque, claro, sirvió de poco.
Daños colaterales de millones de dólares en una ciudad afectada por la lucha incontrolable entre parias increíblemente poderosos.
Pero eso no era todo.
Lo que realmente tenía inquietos al Consejo y al gobierno no fue el ataque de dos ancianos demoníacos de los Spellman, sino la aparición de un demonio mayor, cuya presencia no se veía desde hace siglos.
Un ser increíblemente poderoso, capaz de arrasar con todo a su paso sin siquiera proponérselo, con un poder descomunal acumulado durante siglos y milenios en la cima del dominio demoníaco.
Ya era un hecho: los Spellman llevaban la ventaja en la guerra.
Tener a un demonio mayor de su lado les daba una ventaja absoluta, especialmente porque Zartos, como se le conocía, era muy superior a Luke Poe, quien se suponía era el más poderoso del Consejo.
Por pura lógica y jerarquía de poder, si Luke no podía contra él, nadie más podría.
La aparición de Zartos desestabilizó las relaciones entre el Consejo, el gobierno y la S.S.A.
Nadie sabe cómo los Spellman lograron tener ese nivel de contacto con esos seres, ni cómo consiguieron convencer a un demonio mayor de ayudar en una guerra así.
Pero el hecho es que lo hacen. Y esa incertidumbre causa temor y paranoia.
Ahora, la situación era más tensa que nunca. Nadie sabía ni esperaba el momento en el que los Spellman decidieran mandar a otro demonio mayor a destruir gran parte del Consejo.
No sabían nada.
Y eso, les atemorizaba.
El Consejo, el gobierno y el S.S.A. estaban en completo alboroto. La noticia incluso cruzó fronteras.
Los Consejos de parias europeos y asiáticos ya sabían de la presencia de un demonio mayor en Estados Unidos, lo que encendió aún más las alarmas.
Por eso reforzaron la custodia del libro demoníaco de Soyga. Los Spellman ya tienen en su poder dos libros demoníacos: el de Nekrathis y el de Zartos.
Un tercer libro en sus manos sería un desastre. Los otros tres, siguen escondidos o en posesión de personas menos conocidas.
El objetivo de los Spellman es conseguir los seis libros demoníacos. Así, no solo serían los vencedores en Estados Unidos, sino en todo el mundo.
El gobierno y el Consejo volvieron a chocar, principalmente por los daños ocasionados en toda la ciudad. Hubo agentes de policía muertos y una interminable lista de desacuerdos.
No solo fue New Castle, aunque fue la ciudad más afectada, sino que también otras ciudades y centros estratégicos de la alianza del Consejo en todo el país fueron atacados por aliados de los Spellman o, directamente, por los ancianos demoníacos.
Edward no era ingenuo; estaba inclinando la guerra a su favor.
Cada día que pasaba, un simpatizante más se sumaba a su causa, lo que complicaba aún más el conflicto.
No se enfocaban solo en los Spellman, sino también en otros frentes: los traidores del Consejo y quienes sacaban provecho de la situación.
Y ahora, un cuarto frente se había abierto, uno que exigía concentrarse exclusivamente en la presencia de los demonios más poderosos de la historia.
Fue un golpe devastador para la alianza del Consejo y su frágil relación con el gobierno.
Pero el impacto más grande que causaron los Spellman fue la muerte de Stanley Umbrio, un miembro clave de la alianza, un aliado increíblemente fuerte y, por supuesto, muy querido y respetado por muchos representantes del Consejo.
Su funeral fue por la tarde, en Florida.
Al mismo asistieron bastantes parias reconocidos e importantes. Además de la presencia de muchos representantes del Consejo.
Miembros de las seis grandes familias psíquicas asistieron al funeral para dar el pésame. Incluso los Frump se presentaron como muestra de respeto hacia Stanley.
El Juez Supremo también estuvo presente junto a varios ancianos del Consejo, reconociendo su valentía al enfrentarse a un demonio mayor para proteger a los suyos.
Verónica no dejaba derramar lágrimas silenciosas, consciente de que su abuelo se había ido para siempre.
William, su padre, estaba a su lado, mientras Elizabeth, la esposa y ahora viuda de Stanley, tenía la mirada perdida, incapaz de aceptar lo que veía.
Luke no estaba mucho mejor; seguía lastimado por los daños que Zartos le había causado.
Ni siquiera manteniendo su aura verde activa todo el tiempo había logrado recuperarse del todo. Calculaba que tardaría al menos cinco días en sanar por completo, si es que se esforzaba.
Enid, Wednesday, Natasha, Nyra, Gómez, Fester, Morticia, Eudora, Pugsley, Lurch y Thing estaban presentes. Todos guardaban silencio, observando cómo cada uno se despedía de Stanley a su manera.
Fester mantenía la mirada baja, observando cómo uno de sus compañeros de batalla se había ido, sacrificándose para protegerlos.
“Adiós, amigo…”, murmuró Fester con tristeza.
Estrakión permanecía en silencio, despidiéndose con respeto de Stanley, uno de sus más grandes amigos, su hermano de armas desde hacía un siglo.
Lucca estaba con los brazos cruzados, su esposa Freya a su lado, rodeados por toda la rama principal de la familia Von Drachen en el funeral.
Aunque no era muy cercano a Stanley, compartían negocios familiares y, además, lo respetaba por ser el mejor usuario de aura verde del último siglo.
Un guerrero que sin duda alguna, merecía su respeto.
Para sorpresa de Enid, su hermano Andrew también asistió.
Se acercó a ellos y Luke lo saludó con neutralidad. No porque le desagradara, sino porque realmente no estaba de ánimo para nada.
Aun así, valoraba mucho la empatía de Andrew. Podía percibir su sinceridad y preocupación genuina gracias a su clarividencia, aunque incluso sin ella podría notarlo.
También vio a Tommy… la última vez que lo había visto fue hace mucho tiempo, cuando era el novio de Verónica. Y ahora, estaba allí, ofreciendo sus condolencias a la familia Umbrio. Y, por supuesto, a Luke.
Le sorprendió ver a tanta gente reunida.
Al mismo tiempo, sentía un nudo en el pecho. Stanley significaba mucho para muchos.
Más de un siglo en el mundo marginado, ayudando y compartiendo con las antiguas 65 familias del Consejo, se reflejaban en ese momento.
Nyra observaba el cuerpo de Stanley con una mezcla de melancolía y tristeza. En estos últimos meses se había encariñado mucho con él. Para ella, siendo el abuelo de Luke, también formaba parte de su familia.
Lurch se mantenía estoico, aunque comprendía todo lo que aquello significaba para los presentes. Thing descansaba sobre su hombro, observando todo con pesar.
Incluso Octavius Addams asintió junto al resto de la rama secundaria de los Addams, y, para sorpresa de todos, también lo hizo Itt con la tercera rama de la familia.
Era la segunda vez que Luke veía a Itt en persona, al menos desde el cumpleaños de Wednesday del año pasado. Tal como imaginaba, seguía completamente cubierto de pelo.
Gómez estaba junto a Morticia, pero su habitual sonrisa había desaparecido. En su lugar, sus ojos reflejaban impotencia y un dolor genuino. Al igual que Fester, había perdido a uno de los suyos.
Natasha no podía dejar de recordar las veces que Stanley había hablado con ella, disculpándose por el trato que recibió de los Umbrio hacía ya varios años.
Stanley nunca la menospreció. Fue el único que continuó tratándola como lo que era: parte de la familia y amiga cercana de Sophie.
Incluso después de que decidiera unirse a Sophie y John en su lucha contra los Spellman, Stanley jamás la odió. No era ese tipo de hombre.
Y ella lo sabía.
Stanley no solo estaba ahí para obtener el perdón de Luke. Sino también el de ella. Y sí, lo logró.
Pero ahora… ya no está.
Wednesday y Enid estaban junto a Luke, quien no movía ni un solo músculo de su cuerpo y mantenía la mirada fija en Stanley.
El ataúd tenía un hechizo mágico que impedía la putrefacción del cadáver. Era un regalo del Consejo, algo que los Umbrio, especialmente Elizabeth, aceptaron.
Si había algo que Stanley temía en vida, era pudrirse bajo tierra junto a los gusanos. Era una frase que solía repetir de vez en cuando.
Wednesday no sabía qué decir en ese momento; no era muy buena con las palabras en situaciones así. Aun así, se mantuvo cerca de Luke todo el tiempo, sin separarse de él.
Enid percibía su inmensa tristeza. Aunque él no quisiera demostrarlo y aparentara ser fuerte, por dentro se sentía culpable.
Una mezcla de dolor, pérdida, impotencia, tristeza… y furia.
Por eso, tomó la mano de Luke con suavidad, haciéndole entender que estaría a su lado en todo momento.
Luke la miró de reojo y pudo sentir sus intenciones. Wednesday lo abrazó por el hombro, permaneciendo ahí para él.
Ahora Luke lo veía más claro: ambas le demostraban su cariño y preocupación. Algo que alguna vez creyó imposible, estaba sucediendo.
Se calmó un poco, agradeciendo con la mirada.
Volvió a mirar a su abuelo, recordando todo lo que habían vivido en esos meses.
Pensaba en cuando recién había llegado a la mansión Addams y descubrió la otra faceta de Stanley: un anciano obsesionado con el entrenamiento, como un militar experimentado.
Cada regaño, cada combate, cada prueba que lo llevaba al límite; todo para que se volviera más fuerte.
Las conversaciones que compartieron, los pasatiempos que crearon juntos, aunque fueran poco convencionales para los estándares comunes.
Poco a poco, el rechazo y la hostilidad que sentía hacia él fueron desapareciendo.
Por extraño que parezca, llegó a sentir un afecto genuino por Stanley, sobre todo por la sinceridad de sus intenciones. Su verdadero rostro, el de alguien dispuesto a todo por él.
Pocas personas consiguen causar ese efecto en Luke, pero quienes lo logran dejan una huella significativa en él.
Estar en esta situación es duro. Es la primera gran pérdida que enfrenta desde que llegó a este mundo.
Aunque la partida de Edgar le afectó, sabía que él había muerto hace 170 años. Él mismo se lo dijo. Fue una despedida de algo que siempre debió ser así.
En cambio, Stanley podría haber seguido con vida, de no ser por Zartos, de no ser por su debilidad.
Luke decidió hablar, en un murmullo bajo que solo unos pocos escucharon.
“¿Por qué…?”
Nyra alzó una oreja, captando la voz baja de Luke y sintiéndose intrigada por su tono triste.
Wednesday y Enid escuchaban en silencio, mientras Andrew y el resto de los chicos de las manadas permanecían callados, sin querer interrumpir nada.
“¿Por qué tardamos en llevarnos bien… y te vuelves a ir?”, murmuró con voz apagada.
Sin mostrar ninguna emoción en el rostro, solo un estoicismo imperturbable. No era por falta de sentimientos; dentro de él, sus emociones eran un huracán desatado.
Su tono reflejaba más la culpa que cargaba en su interior.
Ya no quedaba espacio para arrepentimientos; el pasado no se puede cambiar.
El comentario de Luke resonó en los oídos de quienes lo escucharon, haciendo sentir el peso de sus palabras.
Se notaba que le afectaba, y mucho.
Y la guerra no llevaba ni medio mes desde que había comenzado abiertamente.
El funeral terminó poco tiempo después. Ya no había mucho más que hacer o decir.
La guerra continuaba.
Este era uno de muchos funerales que se llevaban a cabo día con día.
Con cada familia que perdía a un miembro importante.
…
Todos regresaron a la mansión Addams.
Verónica fue a recoger sus cosas a la habitación donde solía quedarse. Ya no tenía nada que hacer allí.
Luke la ayudó con sus cosas. Verla así solo aumentaba su sentimiento de culpa por lo que le había pasado a Stanley, el abuelo de ambos.
Cuando finalmente Verónica empacó todo, Luke habló.
“Lo intenté…”
Verónica levantó la mirada hacia Luke, con algunos mechones castaños cayendo sobre su rostro.
“¿A qué te refieres?”, preguntó con desconcierto.
Luke dejó escapar un suspiro profundo. “Trataba de ayudarlo. Quería salvarlo. Usé toda mi fuerza, concentré toda mi aura verde en su cuerpo… pero nada resultó”, confesó.
Verónica entreabrió los ojos, observando cómo los puños de Luke se apretaban con cada palabra.
“No lo protegí. Solo fui el blanco de esos Spellman y de ese maldito demonio. Si hubiera ido solo yo…”, intentó seguir, pero Verónica lo interrumpió en ese instante.
Se acercó y lo tomó por los hombros. Sus ojos color ámbar irradiaban una calidez curiosamente familiar.
“No te culpes por eso. Sé que lo hizo para protegerte a toda costa. Siempre confió en ti… en lo que eres capaz de lograr”, susurró con voz suave. “Eres el chico más fuerte y terco que conozco. Y, al mismo tiempo… eres muy especial con quienes realmente se ganan un lugar en tu corazón”.
Luke escuchaba cada palabra con atención y, de alguna manera, se sintió algo aliviado al oírlas.
Sin previo aviso, Verónica lo abrazó con cariño, poniéndose de puntillas para alcanzar a rodear su fuerte cuello.
Fue un gesto que lo tomó por sorpresa, pero no lo rechazó; al contrario, se lo devolvió.
Tuvo que inclinarse un poco, pues aunque Verónica era un año mayor que él, en altura era más baja.
Luke sabía perfectamente que ella también estaba ahí para intentar mejorar su relación familiar. La diferencia era que, con ella, ya lo había hecho desde hacía mucho tiempo. Solo que ahora, ese vínculo se había fortalecido, algo que nunca creyó posible dentro de sí.
¿Estaba creciendo como persona?
Tal vez. Ya no se mostraba tan cerrado emocionalmente con su círculo más cercano.
Sentimientos que pensaba que nunca tendría, ni en esta vida ni en la anterior, ahora los tenía. Vivos y encendidos.
Luke, aún apoyado en el hombro de Verónica, susurró: “Sí… como tú”.
Lo dijo de repente. Sin sarcasmo, sin ironía, sin su habitual gesto burlón. No.
Su voz transmitía sinceridad, gentileza, era genuina y, al mismo tiempo, afectuosa.
Algo que, viniendo de él, resultaba completamente nuevo.
Verónica sintió un cosquilleo por lo cerca que estaba de Luke, feliz de que él la viera de esa manera, como alguien especial para él.
Tras unos segundos, se separaron. Sus miradas seguían siendo francas. El tiempo se agotaba. Afuera de la mansión, esperaban a Verónica, listos para partir.
Antes de irse, Verónica recordó algo importante. Se detuvo en seco, provocando que Luke frunciera el ceño, mientras cargaba todas las maletas con sus brazos y su telequinesis.
“Oh… ¡Espera! No tardo”, dijo Verónica, mientras Luke la observaba con la cabeza ladeada, sin entender a qué se refería.
Después de unos minutos, Verónica volvió. Además de ordenar su habitación, también se encargó de la de Stanley, aunque él no tenía muchas cosas.
Verónica le entregó con ambas manos un objeto envuelto en un sobre de regalo, lo que lo dejó aún más confundido.
Parecía una fotografía, pero no quiso arruinarse la sorpresa usando su clarividencia.
“Es para ti… a nuestro abuelo le habría gustado que la vieras. Es un regalo para ti, Luke”, fueron sus últimas palabras, justo cuando Luke tomó el presente.
Verónica se marchó de la mansión Addams, no sin antes despedirse amistosamente de Enid y también de Wednesday, quien dejó de lado su habitual tono cortante para adoptar uno más respetuoso y sutil, a su manera, claro.
Después de todo, Verónica había sido clave en las misiones: valiente, fuerte.
Participó en la destrucción de la granja de almas en Oregón y colaboró en la muerte de Robert Spellman. Su historial hablaba por sí solo.
También se despidió de la pequeña wendigo, quien le regaló a Verónica un juguete de madera con forma de gárgola.
“Para ti… tía Verónica”, murmuró Nyra con una suave sonrisa.
La mención la sorprendió, pero respondió con el mismo gesto. Aceptó el regalo y acarició el pequeño cráneo de wendigo que llevaba sobre su tierna cabeza.
“Gracias, Nyra”, dijo, retirándose lentamente.
Se subió a una limusina que destilaba prestigio. Nyra sintió una ligera melancolía al ver partir a Verónica. Si era la prima de Luke, su padre, entonces pasaba a ser parte de su familia. Así funcionaba su lógica familiar.
La moral de la mansión y de toda la sociedad marginada se vino abajo después de esa fatídica noche.
Se notaba en cada sitio al que iban, y hasta en la propia mansión se percibía el golpe emocional que aquello había provocado.
Luke recorrió un poco la mansión antes de decidir salir a pasear por el patio.
El sol ya comenzaba a ocultarse, y las heridas en su cuerpo aún le molestaban. Ni siquiera con toda el aura verde que empleaba lograban sanar por completo.
No se quejó; sentía que era lo mínimo que merecía por no haber podido hacer nada contra su adversario. En su lugar, Stanley tuvo que tomar el control de la batalla.
En ese momento, quería estar a solas.
Abrió el regalo con curiosidad. Era el mismo del que Stanley le había hablado justo antes de llegar a New Castle.
Se suponía que él mismo se lo entregaría, una vez completada con éxito la misión.
Lo abrió con cuidado, como si fuera lo más frágil del mundo, sin querer dañar nada de su interior.
Al verlo, no supo cómo reaccionar ante la foto.
Era un recuadro pequeño, pero notorio. Una foto algo antigua, no por la época, sino por el desgaste que mostraba. Aun así, se distinguía bien.
En la imagen aparecían John, su padre, y Sophie, su madre, sosteniendo juntos a un bebé.
Tenía el cabello castaño claro, ojos azules que apenas se abrían, un cuerpecito pequeño y frágil, inconsciente de que había vuelto a nacer.
Era él.
Hace al menos 17 años, justo la noche en que nació.
Y la noche en la que perdió a sus padres. Sin siquiera conocerlos.
Qué curioso que en ambas vidas nunca sintió el verdadero cariño de una familia; en la anterior, por ausencia.
En esta, por los Spellman.
Quizás el universo se estaba riendo en su cara. Algo tan común como el amor de una familia, de un padre y una madre presentes; era algo que jamás había experimentado.
Se veían serios, pero con un toque de apego y un orgullo silencioso entre ellos, a pesar de la difícil situación que estaban atravesando en ese momento.
Huyendo de la cacería de los Spellman, libraban una guerra ellos dos solos, acompañados por Natasha.
Esa misma noche, su madre tuvo que dar a luz mientras huían de las garras de Alfred, Elliot, Mortimer y otros sirvientes.
Hasta que llegaron Albert y Rodric.
En la foto, se veían ellos con la decisión de hacer cualquier cosa para seguir con la lucha y revelar al mundo quiénes eran en realidad los Spellman.
No parecían asustados. Se sentían orgullosos de ver nacer a su hijo, aun sabiendo que, tarde o temprano, tendrían que separarse para aumentar sus posibilidades de sobrevivir.
Si iban por Natasha y Luke, podrían continuar la lucha contra los Spellman. Pero ella y su hijo hubieran muerto.
Si iban por ellos, entonces solo ocultarían las pruebas y pelearían a muerte.
Y si no se separaban, todos iban a morir.
Era todo o nada.
No habían muerto por él.
Solo se enfocaron en las probabilidades del destino.
A pesar de que a Luke le indignó descubrir esa cruda realidad, al final lo aceptó.
Eran tiempos duros. Las opciones eran escasas y se encontraban rodeados.
De todas formas…
Le habría encantado haberlos conocido.
Por lo que le han contado, al menos sabe que eran buenas personas, queridas por los Faulkner y apreciadas por los Addams.
Sophie seguía confiando en los Umbrio, incluso después de haberse separado de su familia.
Quizá se debía a la presencia de Stanley al frente de la familia.
En cuanto a los Faulkner, Estrakión fue el director de ambos y también el jefe del Departamento de Exterminio de Demonios en aquella época.
Para ellos era un mentor y un amigo de confianza, además de ser el patriarca de su familia.
Con los Addams había una amistad verdadera.
Al fin y al cabo, Gómez era amigo de John, su padre, durante la época de Nevermore entre 1987 y 1991. Compartieron cuatro años juntos desde noveno grado.
Esa foto debió de haber sido tomada por Natasha, aunque probablemente la perdió en el momento en que huyeron de nuevo, pocos minutos después.
Además, en la esquina estaba la fecha escrita y firmada por ella en esa época, justo el día en que se supone que cumple años.
Stanley debió de hacer un esfuerzo sobrehumano para encontrar esa fotografía, ya que ni siquiera estaba ya en el lugar donde se escondían y donde Luke había nacido.
A Luke se le encogió un poco el corazón. No sabía cómo había recuperado esa fotografía, pero lo agradecía.
Al girarla, vio unas letras escritas en ella.
Más al centro, escrito por Stanley: “No sé si me creas, pero ellos te amaban. Juro que jamás dejaré que nada malo te pase, Luke. A partir de ahora, nunca estarás sin mí apoyo. Por siempre, tu abuelo: Stanley Umbrio”.
No pudo evitar sentir un nudo en la garganta, apartando la vista del recuadro por unos segundos.
“Mierda… Odio este sentimiento”, murmuró, apretando la mandíbula. No quería dejar escapar otra lágrima traicionera en ese instante.
A lo lejos, Nyra lo observaba desde la ventana, triste al verlo así.
“Mamá… no me gusta ver a papá así. Su corazón late de forma irregular. Sus ánimos y emociones han cambiado mucho. Está triste”, decía Nyra, sin quitarle la vista de encima a Luke ni por un segundo.
Wednesday, que también observaba, asintió con pesadez.
“Lo sé. A mí tampoco me gusta verlo así. Pero por ahora… quiere un momento a solas”, dijo ella, sin estar muy convencida. Aunque no era una experta en emociones, no le agradaba verlo de esa manera. Le dolía presenciarlo.
Enid no parecía muy distinta. Lo observaba desde la entrada de la mansión y, al igual que Nyra, podía percibir todo lo que emanaba sin pronunciar una sola palabra.
Su lenguaje corporal, sus temblores, su mirada, todo lo que conocía de él.
Le rompía el alma ver al chico que ama en ese estado. En cuanto Luke se calmara un poco, correría hacia él para acompañarlo. Por ahora, sabía que necesitaba su espacio.
Luke no lloró en el funeral, ni había llorado para nada después de la batalla.
Solo soltó dos lágrimas cuando murió Stanley. Debido a un mar de emociones incontrolables.
Pero eso, viniendo de Luke, tenía un gran significado. Solo había llorado por dos personas: por Edgar y, ahora, por Stanley.
Y muy en el fondo, tenía miedo de tener que derramar lágrimas otra vez.
Por perder a otra persona importante en su vida.
En ese momento, Luke entendió que no podía ser el pilar de la guerra y esperar que sucedieran cosas buenas.
En esta vida, no había sufrido pérdidas importantes, principalmente porque eran muy pocos los que realmente le importaban.
La primera vez fue solo Edgar, viéndolo desvanecerse al fusionarse con el Arma del Alma Poe justo frente a sus ojos.
Y ahora, a Stanley.
Ahora tiene más vínculos que nunca, y eso le provoca miedo.
Miedo de perder a alguien más.
Miedo de volver al punto de partida. Débil, incapaz de proteger a los suyos. Igual que cuando llegó a este mundo, sin poder cuidarse ni a sí mismo, ni a Enid, y apenas a Wednesday.
Los ancianos demoníacos, y los demonios mayores, eran su mayor preocupación ahora.
Aun así, las palabras de Zartos se le quedaron grabadas en la mente. Como un bucle mental.
“¿A quién se refería con ‘ese hombre’? ¿aura verde?”, pensaba Luke, mirando al cielo con intriga y odio hacia Zartos.
Había cuatro seres que más deseaba eliminar en este mundo: Edward, Rodric, Albert y, ahora, un demonio mayor.
Irónicamente, son los más poderosos enemigos hasta ahora.
Sin pensarlo más, Luke volvió a la mansión. Ya no tenía tiempo para perder.
Estaba exhausto, herido y rendido, tanto física como mentalmente.
Pero al dar unos pasos, vio a Enid, de pie en la puerta principal. A su lado, Wednesday lo observaba con un rostro empático. Nyra las acompañaba.
“Luke…”, murmuró Wednesday, acercándose a él.
Enid y Nyra hicieron lo mismo, pero Nyra fue la primera en correr a abrazarlo, aferrándose con fuerza a su cuerpo.
Luke sonrió levemente, devolviendo el abrazo, mientras miraba a Wednesday y Enid frente a él.
Ellas no sabían qué decir o hacer. Luke no era precisamente alguien sensible ni solía estar así normalmente.
Pero sabían que tenían que estar ahí para él, las dos.
“No pasa nada, estoy bien”, dijo Luke con aprecio hacia las tres. No sabía qué haría sin ellas.
“Te lo dije… Siempre estaré a tu lado. Déjame ayudarte”, susurró Enid con cariño, acercándose para ayudarlo a caminar. Wednesday la imitó.
Luke aún llevaba las marcas de los latigazos que Zartos le había dado. No estaba ni de cerca en buenas condiciones.
Mientras se adentraban en la mansión, el mundo marginado giraba sin parar. Y con él, el gobierno.
Fin del capítulo
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Arma del Alma Von Drachen: Cataclismo