X-Colonus:Semillas de la Rebelión - Capítulo 52
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Capítulo 52: Secuestros salvajes.
Vandal al intentar ponerse de pie, viendo cómo los drones y naves se llevaron al Brontax, quedó observando el punto donde el Brontax había sido arrastrado por las naves. Su cuerpo aún dolía, pero su mirada estaba fija, encendida. De pronto, un rugido atravesó la montaña. No era uno… eran varios. Desde la espesura, más Brontax emergieron, enormes, furiosos, golpeando el suelo con fuerza.
Las naves del régimen reaccionaron de inmediato, disparando arpones y descargas, pero esta vez no era una sola bestia. Era una manada. Los Brontax se abalanzaron sin miedo; ellos siempre estuvieron observando la pelea de Vandal, al salir contra esas naves y destruyendo drones, arrancando piezas metálicas, protegiendo a su integrante de manada.
Dentro de una de las naves, el Brontax que había peleado contra Vandal abrió los ojos de golpe. La electricidad aún recorría su cuerpo, pero su instinto era más fuerte. Rugió con una fuerza brutal y se levantó. Golpeó las paredes internas, destrozando los mecanismos, aplastando y rompiendo mecanismos dentro de la nave. Un soldado le dispara, pero el Brontax estalla su cabeza de un golpe, arrojándolo contra el piloto.
La nave perdió estabilidad. Desde afuera, comenzó a girar sin control hasta estrellarse contra la montaña. La explosión sacudió toda la zona. Los Brontax aprovecharon el caos, recuperaron a su compañero y desaparecieron en la selva como sombras gigantes.
El silencio volvió poco a poco. Vandal exhaló lentamente mientras el Kor se desvanecía de su cuerpo. Anya se acercó, observando con atención, evaluando cada detalle.
“Sobreviviste… y cambiaste,” dijo.
Vandal no la miró de inmediato.
“No fue suficiente… pero ya entiendo cómo funciona, pero ahora el régimen está aquí y debemos hacer algo al respecto.”
Anya cruzó los brazos, interesada.
“Ese control… no es normal. ¿Dónde aprendiste eso? Y si tienes razón, el régimen llegó de alguna forma, pudo entrar a la selva quebrada, me lo temía.”
Vandal finalmente la miró.
“No fue cuestión de esta pelea, aunque ayudó; mi entrenamiento previo, venir aquí me cambió. En la selva… encontré cosas.”
Su tono cambió ligeramente, más profundo.
“Criaturas que no deberían existir.”
“Habla,” dijo Anya, directa.
“Encontré y peleé contra una serpiente gigante… llena de espinas. Lanzaba rayos. Intentó matarme.”
Anya frunció el ceño.
“¿Rayos?”
“Sí… la llamé Voltyrax.” Anya, muy emocionada, contesta: “No sabía cómo llamarla, solo la he visto debajo del pantano; saltó y la dejó atrás.”
Vandal continuó.
“También una araña enorme. Sombra y yo la matamos… y la comimos.”
Anya levantó una ceja.
“Esa es una Arakthra. Son depredadores de alto nivel.”
Vandal asintió levemente.
“Era fuerte… pero no suficiente.”
Anya lo observó con más atención ahora.
“Eso no es lo importante. Dijiste ‘cosas’. ¿Qué más viste?”
Vandal guardó silencio unos segundos.
“Tribus.”
Anya se tensó ligeramente.
“¿Tribus?”
“Sí. Inteligentes.”
Anya dio un paso más cerca.
“Descríbelas.”
“Los Krahgar… son bajos, fuertes, cabezones. Como ogros.”
Hizo una pausa breve.
“Y los Theryns… altos, piel de reptil. Brazos largos, piernas fuertes. Como cocodrilos caminando.”
Anya quedó en silencio unos segundos.
“Eso… cambia todo, eres el único que los ha visto, ¿estás seguro?”
Vandal continuó.
“Estoy muy seguro, incluso los espié y estaban en guerra.”
“¿Y tú?”
“Me metí, no sé cómo, pero terminé justo dentro de la guerra.”
Su expresión se endureció.
“Intentaron matar a Sombra, los líderes de esas tribus, que eran muy fuertes, casi lo matan.”
En la lejanía, mi lobo estaba indefenso y veía cómo querían atravesarlo con lanza.
“No lo permití.”
Anya lo miró fijamente.
“¿Qué hiciste?”
“Cuando casi lo pierdo… algo cambió.”
Vandal apretó el puño.
“Enfrenté a sus líderes. A ambos.”
Anya abrió ligeramente los ojos.
“¿Solo?”
“Sí.”
“Y ahí… controlé el Kor.”
Su voz era firme ahora.
“No por instinto… no por rabia.”
“A voluntad.”
El viento sopló entre los árboles.
Anya lo entendió. Eso era peligroso.
“Entonces ya no eres el mismo,” dijo en voz baja.
Vandal negó levemente.
“No… apenas estoy empezando.”
Ambos quedaron en silencio, sabiendo que algo mucho más grande se estaba moviendo.
En otro punto de la selva, la noche caía sobre un claro devastado. El Voltyrax emergió entre los árboles en un pantano y su cuerpo cubierto de espinas eléctricas, iluminando la oscuridad con destellos azules.
El aire vibraba a su alrededor. Rugió, liberando una descarga que partió árboles en segundos. Pero no estaba solo.
Las naves del régimen descendieron nuevamente, más numerosas. Drones rodearon la zona, apuntando sin dudar. Disparos de energía atravesaron el aire.
El Voltyrax respondió con furia, lanzando rayos que derribaron varias máquinas. Algunas explotaron en el aire. Pero no era suficiente.
Arpones se clavaron en su cuerpo. Descargas lo recorrieron. Rugió con violencia, destruyendo soldados que se acercaban demasiado.
Sin embargo, las armaduras del régimen resistían. Avanzaban sin miedo, coordinados, precisos.
Uno a uno, fueron reduciéndolo con disparos y misiles; al ver que no podían hacer mucho con las descargas, decidieron ir con las armaduras, con soldados que golpearon al Voltyrax hasta hacerlo caer.
En otras zonas, la cacería continuaba. Criaturas de todo tipo eran capturadas. Algunas luchaban, otras huían, las más pequeñas.
Los soldados caían en ciertos enfrentamientos, pero las armaduras avanzadas mantenían la superioridad.
No era una misión… era una recolección sistemática.
Lejos de allí, dos figuras avanzaban entre restos de batalla. Zack y Dax observaban el suelo cubierto de cuerpos Krahgar.
“Débiles,” dijo Zack con desprecio.
Dax pateó uno de los cuerpos.
“Ni siquiera valieron el esfuerzo.”
Un pequeño grupo de Krahgar intentó resistir. Fue inútil.
En segundos, fueron masacrados. Algunos fueron capturados, encadenados sin piedad.
“El régimen pagará bien por estos,” murmuró Dax.
Más adelante, encontraron a los Theryns.
Altos, imponentes, listos para luchar.
Pero incluso ellos cayeron ante la tecnología.
Las descargas y armas perforaron sus defensas naturales.
Uno de ellos logró escapar. Herido, sangrando, corriendo entre la selva.
Su respiración era pesada, desesperada.
No miró atrás ni una vez.
Finalmente llegó. Cayó de rodillas frente a su rey.
Habló en su idioma, rápido, desesperado.
Advertencia. Muerte y vienen más como el simio sin pelo, el gris, pero ellos tenían huesos por fuera, escudos en el cuerpo.
El rey Theryn se levantó lentamente.
Sus ojos se endurecieron. Avanza ante sus soldados y en su idioma, con sonidos diferentes pero la misma palabra: “THERYNS”, gritando.
La guerra… no había terminado.
En otra parte, el rey Krahgar permanecía herido, respirando con dificultad.
No sabía lo que se acercaba.
Pero la selva… ya lo sentía, ahora la selva quebrada debía unirse para destruir a un enemigo invasor, y el régimen por fin está tomando su territorio, los primos de Vandal no tienen idea que se encontrarán con quien en el pasado los derrotó, esta vez Vandal mostrará su poder.
Ante la recién batalla con el Brontax, no pudo reaccionar muy rápido por ver al régimen intentando llevarse al Brontax. Cayó desmayado, fue mucho uso del Kor. Anya una vez más decide curarlo; junto con Sombra hicieron un pequeño lugar para dormir de nuevo en la copa de un árbol alto. Pasando la noche, al amanecer
Vandal despertó con el cuerpo pesado, como si cada músculo recordara el golpe del Brontax. El dolor era profundo, constante, instalado en los huesos. Aun así, no se quejó. Abrió los ojos lentamente desde lo alto de una plataforma improvisada entre ramas gigantes.
No se movió de inmediato. Solo respiró, sintiendo cómo el aire frío recorría su cuerpo. El Kor estaba ahí… pero distinto, más estable, más silencioso. No ardía ni explotaba como antes, ahora obedecía. Era como si hubiera aprendido a quedarse en su lugar.
“Despertaste.” La voz de Anya llegó desde un nivel superior entre las ramas. Vandal giró apenas la cabeza y la vio observando el horizonte, seria. Sombra, más abajo, levantó las orejas al notar que estaba consciente.
“¿Cuánto tiempo?” preguntó Vandal mientras intentaba incorporarse con lentitud. “Tres días,” respondió Anya sin apartar la mirada del horizonte. El silencio cayó entre ellos, pesado, lleno de cosas que no necesitaban decirse.
“El régimen sigue aquí,” añadió Anya con voz firme. Vandal finalmente se puso de pie, aunque su cuerpo aún se sentía rígido. Miró hacia la selva y notó el cambio, humo elevándose, zonas en silencio, vida desaparecida.
“No vinieron a explorar,” dijo Vandal. Anya negó levemente. “No… vinieron a tomar.” Sombra gruñó suavemente, como si confirmara lo que ambos ya sabían.
Vandal descendió entre las ramas, apoyándose en el tronco principal. Cerró los ojos un instante, recordando la pelea con el Brontax. Ese momento en que todo cambió, cuando el Kor dejó de ser caos o al menos era un caos que podía controlar.
Apretó el puño lentamente, sintiendo el flujo dentro de su cuerpo. “Necesitamos movernos,” dijo finalmente. Anya lo miró por primera vez con atención. “No aún, los drones siguen patrullando, si bajamos ahora nos detectan.”
Un zumbido atravesó el aire en ese instante. Ambos se quedaron completamente quietos. Un dron cruzó entre los árboles, escaneando con pulsos de luz azul. Pasó de largo, pero dejó claro algo… estaban cerca.
“Se están expandiendo,” murmuró Vandal. “Están cazando,” corrigió Anya con frialdad. El silencio volvió, pero esta vez cargado de tensión. La selva ya no era un refugio… era un campo de captura.
Las horas pasaron lentamente, sin moverse demasiado. Solo observaban, escuchaban, aprendían. La selva seguía viva, pero su sonido era distinto, más contenido, más temeroso.
Fue Sombra quien reaccionó primero, soltando un gruñido bajo. Vandal abrió los ojos de inmediato y giró la mirada. “¿Qué es?” preguntó, atento. Sombra no miraba al cielo… miraba hacia la espesura.
Las hojas se movieron lentamente. Algo se acercaba, pero no con la fuerza de un depredador. Era más controlado, más consciente. Anya tomó su arma sin hacer ruido. Vandal no se movió, solo observó.
Entonces apareció. Una figura baja, robusta, de piel gruesa y cabeza grande. Un Krahgar. Pero no atacó. Se quedó ahí, mirándolos fijamente. Sombra gruñó con más fuerza, pero no avanzó.
El Krahgar inclinó ligeramente la cabeza. Sus ojos se posaron en Vandal. Y entonces habló. “Tú… no eres como los otros, soy Vekkar ¿me recuerdas?”
Anya tensó el cuerpo. Vandal no reaccionó de inmediato. Solo lo observó. “Hablas…” dijo Anya finalmente. “Sí,” respondió el Krahgar con voz áspera pero clara.
“Eso no es normal,” dijo Anya con desconfianza. El Krahgar la miró brevemente. “Nada de esto lo es.” Vandal descendió un poco más, acercándose con cautela.
“¿Qué haces aquí?” preguntó Vandal. El Krahgar llevó su mano al pecho. “Vekkar escapar.”
“Te vi,” continuó Vekkar. “Contra el gran líder y contra el rey Theryn, y al ser atacados solo pensé en buscar tu ayuda.” Vandal, sorprendido, no respondía.
Anya no bajó su guardia. “¿Qué quieres?” preguntó ella. Vekkar la miró con calma. “Sobrevivir.”
“Los de metal… matan. Capturan. No paran.” Sus ojos se endurecieron. “Nuestro rey… está herido, tú lo lastimaste.” Vandal sintió el peso de esas palabras. “Sí lo hice, perdón.”
“¿Los atacaron?” preguntó Vandal. “Sí,” respondió Vekkar. “Muchos murieron… otros fueron llevados.” Sombra dejó de gruñir, ahora solo observaba.
“¿Para qué?” preguntó Anya. Vekkar negó lentamente. “No sabemos.” Vandal dio un paso más cerca.
“¿Por qué hablas nuestro idioma?” preguntó con firmeza. Vekkar dudó por un instante. Sus ojos se desviaron ligeramente. “Escuché… aprendí, es confuso…”
No era una respuesta completa. Pero tampoco era una mentira. Vandal lo notó, pero decidió no insistir. “¿Por qué viniste?” preguntó.
Vekkar lo miró directamente. “Porque tú… no eres presa.” El aire se tensó. “Y tampoco eres como ellos.”
“¿Entonces qué es?” preguntó Anya. Vekkar respondió sin dudar. “Depredador.” Sombra gruñó bajo, como aprobando la respuesta.
“La selva está cambiando,” continuó Vekkar. “Lo sabemos,” dijo Vandal. “No… no lo entienden,” respondió él.
“Antes peleábamos entre nosotros… ahora viene algo peor.” Anya bajó ligeramente el arma. “El régimen.” Vekkar no entendió la palabra, pero sí la intención.
“Los de metal,” corrigió. Vandal apretó el puño. “Sí.” Vekkar dio un paso atrás.
“Los Krahgar observan… te observan.” Vandal no respondió. “No confían… pero te vieron luchar.” El viento sopló con más fuerza.
“Y eso importa.” Anya miró a Vandal con seriedad. “Esto es más grande de lo que pensábamos.” Vandal no apartó la mirada.
“Siempre lo fue,” respondió. Vekkar inclinó la cabeza una vez más. “La selva no necesita más guerra…”
Sus ojos brillaron con intensidad. “Necesita un líder.” Nadie respondió.
Pero en la distancia… entre los árboles… sombras se movieron. Muchos ojos observaban. Esperando.
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