X-Colonus:Semillas de la Rebelión - Capítulo 53
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Capítulo 53: Enemigo en común
Ante la recién batalla con el Brontax, no pudo reaccionar muy rápido por ver al régimen intentando llevarse al Brontax. Cayó desmayado, fue mucho uso del Kor. Anya una vez más decide curarlo; junto con Sombra hicieron un pequeño lugar para dormir de nuevo en la copa de un árbol alto. Pasando la noche, al amanecer
Vandal despertó con el cuerpo pesado, como si cada músculo recordara el golpe del Brontax. El dolor era profundo, constante, instalado en los huesos. Aun así, no se quejó. Abrió los ojos lentamente desde lo alto de una plataforma improvisada entre ramas gigantes.
No se movió de inmediato. Solo respiró, sintiendo cómo el aire frío recorría su cuerpo. El Kor estaba ahí… pero distinto, más estable, más silencioso. No ardía ni explotaba como antes, ahora obedecía. Era como si hubiera aprendido a quedarse en su lugar.
“Despertaste.” La voz de Anya llegó desde un nivel superior entre las ramas. Vandal giró apenas la cabeza y la vio observando el horizonte, seria. Sombra, más abajo, levantó las orejas al notar que estaba consciente.
“¿Cuánto tiempo?” preguntó Vandal mientras intentaba incorporarse con lentitud. “Tres días,” respondió Anya sin apartar la mirada del horizonte. El silencio cayó entre ellos, pesado, lleno de cosas que no necesitaban decirse.
“El régimen sigue aquí,” añadió Anya con voz firme. Vandal finalmente se puso de pie, aunque su cuerpo aún se sentía rígido. Miró hacia la selva y notó el cambio, humo elevándose, zonas en silencio, vida desaparecida.
“No vinieron a explorar,” dijo Vandal. Anya negó levemente. “No… vinieron a tomar.” Sombra gruñó suavemente, como si confirmara lo que ambos ya sabían.
Vandal descendió entre las ramas, apoyándose en el tronco principal. Cerró los ojos un instante, recordando la pelea con el Brontax. Ese momento en que todo cambió, cuando el Kor dejó de ser caos o al menos era un caos que podía controlar.
Apretó el puño lentamente, sintiendo el flujo dentro de su cuerpo. “Necesitamos movernos,” dijo finalmente. Anya lo miró por primera vez con atención. “No aún, los drones siguen patrullando, si bajamos ahora nos detectan.”
Un zumbido atravesó el aire en ese instante. Ambos se quedaron completamente quietos. Un dron cruzó entre los árboles, escaneando con pulsos de luz azul. Pasó de largo, pero dejó claro algo… estaban cerca.
“Se están expandiendo,” murmuró Vandal. “Están cazando,” corrigió Anya con frialdad. El silencio volvió, pero esta vez cargado de tensión. La selva ya no era un refugio… era un campo de captura.
Las horas pasaron lentamente, sin moverse demasiado. Solo observaban, escuchaban, aprendían. La selva seguía viva, pero su sonido era distinto, más contenido, más temeroso.
Fue Sombra quien reaccionó primero, soltando un gruñido bajo. Vandal abrió los ojos de inmediato y giró la mirada. “¿Qué es?” preguntó, atento. Sombra no miraba al cielo… miraba hacia la espesura.
Las hojas se movieron lentamente. Algo se acercaba, pero no con la fuerza de un depredador. Era más controlado, más consciente. Anya tomó su arma sin hacer ruido. Vandal no se movió, solo observó.
Entonces apareció. Una figura baja, robusta, de piel gruesa y cabeza grande. Un Krahgar. Pero no atacó. Se quedó ahí, mirándolos fijamente. Sombra gruñó con más fuerza, pero no avanzó.
El Krahgar inclinó ligeramente la cabeza. Sus ojos se posaron en Vandal. Y entonces habló. “Tú… no eres como los otros, soy Vekkar ¿me recuerdas?”
Anya tensó el cuerpo. Vandal no reaccionó de inmediato. Solo lo observó. “Hablas…” dijo Anya finalmente. “Sí,” respondió el Krahgar con voz áspera pero clara.
“Eso no es normal,” dijo Anya con desconfianza. El Krahgar la miró brevemente. “Nada de esto lo es.” Vandal descendió un poco más, acercándose con cautela.
“¿Qué haces aquí?” preguntó Vandal. El Krahgar llevó su mano al pecho. “Vekkar escapar.”
“Te vi,” continuó Vekkar. “Contra el gran líder y contra el rey Theryn, y al ser atacados solo pensé en buscar tu ayuda.” Vandal, sorprendido, no respondía.
Anya no bajó su guardia. “¿Qué quieres?” preguntó ella. Vekkar la miró con calma. “Sobrevivir.”
“Los de metal… matan. Capturan. No paran.” Sus ojos se endurecieron. “Nuestro rey… está herido, tú lo lastimaste.” Vandal sintió el peso de esas palabras. “Sí lo hice, perdón.”
“¿Los atacaron?” preguntó Vandal. “Sí,” respondió Vekkar. “Muchos murieron… otros fueron llevados.” Sombra dejó de gruñir, ahora solo observaba.
“¿Para qué?” preguntó Anya. Vekkar negó lentamente. “No sabemos.” Vandal dio un paso más cerca.
“¿Por qué hablas nuestro idioma?” preguntó con firmeza. Vekkar dudó por un instante. Sus ojos se desviaron ligeramente. “Escuché… aprendí, es confuso…”
No era una respuesta completa. Pero tampoco era una mentira. Vandal lo notó, pero decidió no insistir. “¿Por qué viniste?” preguntó.
Vekkar lo miró directamente. “Porque tú… no eres presa.” El aire se tensó. “Y tampoco eres como ellos.”
“¿Entonces qué es?” preguntó Anya. Vekkar respondió sin dudar. “Depredador.” Sombra gruñó bajo, como aprobando la respuesta.
“La selva está cambiando,” continuó Vekkar. “Lo sabemos,” dijo Vandal. “No… no lo entienden,” respondió él.
“Antes peleábamos entre nosotros… ahora viene algo peor.” Anya bajó ligeramente el arma. “El régimen.” Vekkar no entendió la palabra, pero sí la intención.
“Los de metal,” corrigió. Vandal apretó el puño. “Sí.” Vekkar dio un paso atrás.
“Los Krahgar observan… te observan.” Vandal no respondió. “No confían… pero te vieron luchar.” El viento sopló con más fuerza.
“Y eso importa.” Anya miró a Vandal con seriedad. “Esto es más grande de lo que pensábamos.” Vandal no apartó la mirada.
“Siempre lo fue,” respondió. Vekkar inclinó la cabeza una vez más. “La selva no necesita más guerra…”
Sus ojos brillaron con intensidad. “Necesita un líder.” Nadie respondió.
Pero en la distancia… entre los árboles… sombras se movieron. Muchos ojos observaban. Esperando.
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