X-Colonus:Semillas de la Rebelión - Capítulo 64
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Capítulo 64: La trampa necesaria
Listo, solo corregí ortografía, tildes y pequeños errores gramaticales, sin cambiar tu contenido:
Lejos del arresto de Zorn en Valmora, gracias al poder de la nave, en la que viajaban los chicos, los 12 minutos que tenían para la desactivación de la nave alcanzaron para dejarlos cerca de la Prisión Espejo.
La oscuridad de Alyabar no era silencio, era un murmullo constante de metal, fuego químico y vidas rotas. Dentro del distrito de Valmora, ese subdistrito era el vertedero donde el Régimen arrojaba lo que no quería ver. Y en el corazón de Alyabar se alzaba la Prisión Espejo, una torre de cristal negro donde la luz no se reflejaba, se deformaba. Kynox avanzaba al frente sin dudar, como si algo lo llamara desde dentro.
Dentro de la prisión existían paredes y límites, también recuerdos convertidos en castigo. Liora estaba de rodillas frente a una versión joven de Valtor, cuyos ojos no mostraban odio, sino algo peor: comprensión. El entorno se fragmentó en una plaza llena de gritos y juicio. Arkan estaba ahí, arrodillado, sangrando frente a una multitud que exigía su muerte.
“Mira bien”, dijo aquella versión fría de Liora. “Este es el destino de los débiles”. El grito de Arkan rompió el aire mientras la ejecución se repetía una y otra vez sin final. Liora tembló, atrapada ahora en el lugar del espectador, incapaz de cerrar los ojos. El castigo no era el recuerdo, era entender lo que había hecho.
Valtor la observó en silencio, sin rabia ni furia, solo con una calma devastadora. “¿Valió la pena?”, preguntó sin levantar la voz. Liora cayó al suelo inexistente, sus manos temblando mientras su mente se quebraba lentamente. “Si estás vivo… perdóname”, susurró con una voz que ya no parecía suya.
Afuera, el sonido de disparos y explosiones sacudía las calles de Alyabar mientras el grupo avanzaba con todo. Luke evadía y golpeaba a los soldados fuertemente, Lyss cubría los flancos con precisión con su arco y flechas. Rin, herido, se mantenía en pie por voluntad. Zary corría mientras desviaba balas en movimiento. Kynox no hablaba, solo avanzaba, cada golpe era definitivo.
Las naves descendían disparando ráfagas que hacían estallar el suelo a su alrededor. “¡Estamos cerca!”, gritó Lyss al ver la torre en el radar. Kynox levantó la mirada y vio la Prisión Espejo imponerse sobre el caos de Alyabar. Sus pechos ardían. Todo lo que enfrentaron juntos y aun así deben superar la prueba más difícil: rescatar a la madre de su amigo, pero no se detuvo Kynox. Entonces, sin aviso, todo se detuvo.
Los soldados bajaron las armas al mismo tiempo, como si una sola orden los controlara. El silencio fue tan repentino que resultó más violento que la batalla. Rin frunció el ceño, sintiendo el peligro en el aire. “Esto no está bien”, murmuró mientras observaba a los enemigos inmóviles.
Un sonido estático rompió el momento y todas las radios se activaron al unísono. “Unidad completa, retírense de combate. Permitan el ingreso”, dijo una voz fría e inconfundible. Kynox apretó los dientes al reconocerla de inmediato. “Kael Dravos…”, murmuró con rabia.
En lo alto, Kael observaba la torre. Al apresar a Zorn, se fue rápido en una nave, con absoluta calma, como si ya conociera el resultado. “Entren”, gritó con fuerza, aunque luego dijo en voz baja mientras activaba los protocolos internos de la Prisión Espejo: “No los maten… rómpanlos”, ordenó a los guardianes desplegados en Alyabar. Sus ojos reflejaban la torre como si ya los viera caer uno por uno.
Las puertas de la prisión se abrieron solas con un sonido profundo, casi orgánico. El interior era un laberinto de reflejos que no coincidían con la realidad. Lyss dio un paso atrás, sintiendo la distorsión. “Esto es una trampa”, dijo con claridad. Kynox avanzó sin detenerse.
“Lo sé… pero ahí está mi madre”, respondió antes de cruzar. En el instante en que entraron, los reflejos parpadearon como si la prisión los reconociera. El aire se volvió más pesado, más consciente. Cada uno sintió una presión distinta, como si algo los estuviera leyendo por dentro.
En lo más profundo de la Prisión Espejo, Liora levantó lentamente la cabeza. El ciclo se había detenido por primera vez desde que comenzó su tormento. Sus ojos, cansados pero atentos, buscaron algo que no podía ver. “Kynox…”, susurró, sintiendo una presencia que rompía el infierno.
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