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yo no pedí ser un dios maldita sea - Capítulo 75

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Capítulo 75: La petición de una amiga

“Es extraño volver a la rutina.”

Mientras lo decía, observaba cómo todo avanzaba.

El auge inventivo que antes era puro desarrollo teórico había entrado en su fase inevitable: la militarización.

Las armas que antes solo existían como ideas ahora se estaban preparando frente a mí. El conocimiento básico de química que enseñé estaba dando origen a las primeras armas químicas. La física comenzaba a utilizarse para diseñar artefactos cada vez más destructivos. Incluso las pociones de secuencia estaban siendo explotadas, mostrando un patrón claro: muchos cazadores planeaban ascender en medio de la guerra, utilizando el caos como catalizador para un crecimiento explosivo.

Todo funcionaba como un dominó.

Y ya estaba en marcha.

En cuanto a mi opinión… no tenía mucho que decir. La guerra no me atraía, pero era algo natural. Algo que, aunque desagradable, resultaba necesario.

Después de todo, irónicamente, es en estos periodos donde la humanidad más crece. Sin guerra, quizá nunca habríamos alcanzado el cielo… ni las estrellas.

“Pareces muy reflexivo.”

La voz, con un tono burlón, llegó desde atrás.

Giré por reflejo y me encontré con una chica de cabello rubio. Mi asistente. Una de mis pocas amigas.

“¿Qué puedo decir? Soy un filósofo”, respondí, adoptando una pose exagerada de pensador.

“Claro… otra cosa en la que eres bueno”, comentó Eris con expresión plana. “Sinceramente, eres tan competente en tantas cosas que si algún día dices que no puedes hacer algo, pensaría que eres Zeus disfrazado.”

“Ni lo digas”, respondí con evidente desagrado. “Ese bastardo sería capaz. Y no quiero ni considerar esa posibilidad.”

No era exageración.

Uno de los peores escenarios que podía imaginar era ser suplantado por Zeus. Después de todo, tenía un historial… preocupante.

Desde hacerse pasar por su propio hermano para acostarse con su esposa, hasta transformarse en animales, ni se diga de la maldita lluvia dorada.

“Waaaa” me estremeci de asco por esa última.

“Pareces tener cierto asco hacia Zeus”, comentó Eris.

“Si supieras lo que yo sé, no dormirías por la noche”, respondí, con un dejo sincero de incomodidad. “Mejor no hablemos de eso.”

“Como quieras”, dijo ella, encogiéndose de hombros. “Entonces… ¿en qué estabas pensando cuando llegué?”

“No en mucho”, respondí. “Solo en cómo la gente siempre termina usando el conocimiento para la guerra… y cómo, al final, eso impulsa a la civilización.”

“Suena profundo.”

“No lo es. Es una estupidez”, repliqué, esbozando una leve sonrisa bajo la máscara. “Por cierto, ¿ya terminaste tu trabajo? ¿O hay alguna nueva idea en tu escuadrón de brujas?”

Ante la mención de su escuadrón, la expresión de Eris cambió por completo. Sus ojos, antes tranquilos, se iluminaron con un entusiasmo casi infantil.

“¡Mi escuadrón va excelente! De hecho, estamos considerando añadir cal a una bomba junto con una solución especial que hace que las lágrimas del enemigo literalmente le sellen los ojos”, explicó, empezando a divagar con entusiasmo.

Siguió hablando.

Una idea tras otra.

Cada una peor que la anterior.

Por un momento, me pregunté seriamente si aquella chica amable que conocí alguna vez había desaparecido… o si simplemente estaba descubriendo su verdadera naturaleza.

“En la próxima guerra… por favor, no usen esas cosas cerca de aliados”, pensé, con una mezcla de resignación y preocupación, mientras la escuchaba describir atrocidades que harían sentir orgulloso a cierto sujeto con el bigote chistoso.

“Por cierto, Crow… ¿podrías hacerme un favor?”

Su tono cambió de golpe. La emoción se desvaneció, sustituida por una súplica inesperada.

La miré.

Eso no era buena señal.

“Claro… mientras no implique probar armas químicas en nuestra gente o en esclavos, bueno ex esclavos.

Hice una pausa.

“Los enemigos… bueno, ese tema ya está perdido, por más pena que me dé ellos ya están condenados.”

Y los sátiros…

Mejor ni pensarlo, los pobres ya están fuera de la salvación, las brujas ya les tomaron gusto por lo robustos que son.

Mientras pensaba en eso, recordé cómo ya había rechazado dos veces seguidas la propuesta de ese grupo de locas para llevar a cabo su primera disección en alguien vivo. Habían argumentado que un sátiro era lo más cercano a un humano… y lo suficientemente resistente como para, con suerte, sobrevivir a los peores experimentos el tiempo necesario bajo observación.

No ayudaba.

En lo más mínimo.

“¿Qué clase de impresión tienes de mí y de mi grupo de amigas?”, preguntó Eris, inflando las mejillas en un claro berrinche.

“Una más acertada de lo que me gustaría”, respondí con total honestidad. “Recuerda que estoy encargado de aprobar experimentos peligrosos o poco éticos… y eso incluye la absurda cantidad de solicitudes de tu grupo. Un grupo del cual estoy bastante seguro de que ni siquiera me informan de la mitad de lo que hacen por temor a detenerlas.”

“Ah… cierto”, murmuró Eris, algo sonrojada, sonriendo con una culpa apenas disimulada.

“Solo haz tu petición antes de que la rechace sin escucharla.”

“Bueno, la cuestión es que… más de mis amigas, incluyéndome, han visto el diseño del equipo de Gherman y el del rey, y queríamos—”

“No”, la interrumpí sin dudar. “No les voy a permitir investigar armas de fuego. Ya tenemos suficiente con el equipo del rey y Gherman. Dudo que Esparta aguante si ustedes también se unen al grupo de demolición.”

“Bam.”

Como si el mundo quisiera burlarse de mis palabras, una explosión sacudió la ciudad. El suelo tembló levemente, y desde nuestra posición se pudo ver una columna de humo elevándose desde la zona norte: el área más peligrosa de Esparta… y, por supuesto, el taller de ese grupo de cazadores.

Eris ni siquiera se inmutó.

“En primer lugar”, dijo, cruzándose de brazos, “aunque me gustan las armas, estoy más interesada en lo biológico y la química.”

Hizo una pausa, claramente ofendida.

“Y en segundo lugar… no me metas en el mismo saco que ese grupo.”

“……Descuida”, respondí con calma.

No lo haría.

Porque ustedes ya tenían su propio saco.

“Estás pensando en algo que me va a molestar”, dijo Eris, mirándome fijamente con unos ojos completamente muertos.

“……No.”

“Haa…”, suspiró Eris, dejando caer los hombros antes de recomponerse. “Lo que quiero es obtener una secuencia.”

“¿Eh…?”, solté, genuinamente confundido. “¿Hablas en serio?”

Por un instante, mi mente se quedó en blanco.

La miré como si estuviera completamente loca.

Ella, más que nadie —aparte de Gherman—, sabía lo jodido y peligroso que era el sistema de pociones. Había visto lo que me hizo. Había visto cómo ese proceso me arrancó la cara… literalmente.

Que me pidiera algo así…

Era como si tu amigo, después de ver a otro intoxicarse, te preguntará si cree que él también sería envenenado si bebía lo mismo… mientras sostenía el recipiente en la mano.

“Bastante en serio”, respondió Eris, sin apartar la mirada.

“¿Y puedo saber cómo llegamos a esto?”, pregunté, señalando mi máscara con el dedo. “Ya sabes lo que esa cosa puede hacerte.”

“Lo sé.”

Su voz bajó.

Alzó la mano y tocó mi máscara con cuidado, con una mezcla incómoda de pena… comprensión… y algo más difícil de nombrar.

“Pero si no avanzo… me quedaré atrás.”expresó mientras sacaba algo que se había estado guardando por mucho tiempo.

Y todo mientras recordaba el cómo lentamente gherman y crow la estaban dejando atrás, algo que apenas empezaba, pero que gracias a sus desagradables experiencias pasadas, era algo muy importante para Eris.

“Gherman avanza. Tú avanzas. Todos avanzan”, continuó. “Si no hago lo mejor que puedo… algún día simplemente ya no estaré a su nivel.”

Hizo una pausa.

“Y, entre tú y yo… quiero ser un beyonder. Igual que tú. Igual que Gherman.”

Guardé silencio unos segundos.

“Sabes qué podría darte otro camino”, dije finalmente. “Como hice con Esparta. No necesitas convertirte en un beyonder.”

“Lo sé.”

No dudó.

“Pero quiero seguir el mismo camino que ustedes.”

Sus ojos no temblaron.

“Quiero ser como ustedes. No solo porque quiera avanzar… sino porque quiero cargar con lo mismo.”

Una leve sonrisa, extraña y cansada, apareció en su rostro.

“Después de todo… como dijiste… la miseria ama la compañía.”

Con esas palabras, y viendo la determinación en el rostro de Eris, Crow dejó de lado cualquier intento de convencerla. En su lugar, la observó en silencio durante unos segundos antes de hacer una leve seña.

“Dos días dame dos días y , te llevaré a las vasijas y te dejaré escoger una secuencia”, explicó sin apartar la mirada.

“Me parece bien… pero ¿por qué tanto tiempo?”, preguntó Eris, con un brillo de emoción mezclado con duda.

“Digamos que quiero ver si consigo más opciones para que elijas”, respondió Crow, esbozando una leve sonrisa.

La verdad era más compleja.

Crow estaba considerando seriamente si debía hacer lo que tenía en mente. Aunque no le agradaba la idea, ya sabía qué secuencia encajaría perfectamente con Eris y su grupo.

Y, precisamente por eso… era una de las que más le inquietaban.

El grupo de Eris tenía una afinidad casi natural con los venenos y las sustancias tóxicas. Disfrutaban experimentar sin importarles el dolor ajeno. De hecho, en algunos casos… parecía que lo preferían, especialmente cuando trabajaban con criaturas como los sátiros. Además, eran, en esencia, las primeras biologas.

En pocas palabras…

La secuencia ideal para ellas era la de brujas.

Encajaba demasiado bien con la imagen que Crow tenía de ese grupo. Dejando de lado cualquier connotación sexual del camino, ellas eran prácticamente la personificación de esa vía.

Como un anillo al dedo.

Pero ese encaje perfecto no lo tranquilizaba.

Al contrario.

Lo inquietaba más.

Porque si ya daban miedo en su estado normal… darles acceso a una de las secuencias más peligrosas no sería muy distinto a repetir el error de Hefesto al crear la caja de Pandora.

“Déjame adivinar… la vía que tienes en mente para nosotras es peligrosa”, dijo Eris de pronto, sacándolo de sus pensamientos.

“¿Cómo lo supiste?”, preguntó Crow, genuinamente confundido.

“Te quedaste callado demasiado tiempo… y haces eso cuando algo te preocupa”, explicó ella con naturalidad. “Además, tu aura cambia mucho en esos momentos. En alguien como tú, esos cambios son tan evidentes como el sol del mediodía. Sería raro no notarlos.”

“…Tengo que hacer algo con ese problema.”

“……”

“……

Un silencio profundo e incómodo se instaló entre ambos.

“¿Puedo al menos saber el nombre de la secuencia…?”, preguntó Eris al final.

“Bruja, el Nombre de la secuencia es bruja”, respondí con cierta ironía, antes de añadir:

“……”

“Sabes que no somos brujas”, dijo Eris. “Pero, de alguna forma, todos nos llaman así. Incluso la secuencia que más dices que se adapta a nosotras… es la de bruja.”

“¿Y tu punto es…?”

“¿En qué nos parecemos tanto a ellas?”, expresó Eris, genuinamente afligida… y ligeramente impotente.” Tal Vez sí te presenta mejor a mis amigas podrías entender que no son “

“…… En unos días iremos a ver las secuencias”, respondí, intentando cortar la conversación.

Y luego intenté huir.

No por miedo… sino por autopreservación.

He visto demasiados informes sobre Eris y su grupo. Y, si es posible, prefiero no ponerme de su lado malo.

Especialmente después de lo de ayer.

Cuando me informaron que ese grupo de locas estaba haciendo pruebas con el pene que le arrancaron a un sátiro… intentando comprobar si podía reconectarse sin rechazo.

Solo diré una cosa:

No.

Resultado negativo.

Algo completamente esperable, considerando la falta de equipo médico adecuado. Un equipo que, aunque no habría salvado al pobre desgraciado… al menos habría evitado la necrosis que terminó causando la perdida de sus esferas del dragón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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