Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

yo no pedí ser un dios maldita sea - Capítulo 76

  1. Inicio
  2. yo no pedí ser un dios maldita sea
  3. Capítulo 76 - Capítulo 76: Una lamentable tradición familiar
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 76: Una lamentable tradición familiar

«Laguerra empezará en unos días…», murmuré mientras me dejaba caer en mi asiento del taller y alzaba la mirada hacia el techo.

Faltaban días. Literalmente. Y

entre todas las preocupaciones que tenía, una no dejaba de molestarme: la

petición de Eris.

No quería darle la secuencia de

Bruja. No era solo por el peligro evidente de poner la manipulación de

enfermedades en manos de ese grupo de locas, sino porque ese sería el camino

más peligroso para ellas. Al igual que darle un lanzallamas a un pirómano,

darles ese camino solo potenciaría sus tendencias destructivas.

Y, si podía evitarlo, preferiría

que eligiera algo más ortodoxo. Algo menos destructivo.

Aunque, siendo honesto, no era que

eso fuera a volverla menos peligrosa. Solo diferente.

El problema era que, entre las

opciones existentes, ninguna encajaba mejor. Bueno, sí había una. Una perfecta.

El camino de la Luna. El de

Boticario.

«Ese encajaba con ellas al cien por

ciento. Con Eris. Con su grupo. Con su forma de pensar, de experimentar… y, a

la vez, también podría calmarlas un poco.»

Pero no lo tenía, y ya les había

dado mi palabra de que les daría una poción de secuencia, así que no podía

posponerlo más.

«Sistema… ¿tú qué opinas?»,

pregunté, dejando escapar el cansancio mientras buscaba una segunda voz que me

diera otro punto de vista o incluso una solución.

[Siendo honesto, el sistema

coincide con su evaluación.]

Hice una mueca.

Por supuesto que sí.

[Sin embargo, a diferencia de

usted, el sistema considera viable obtener nuevas vías. Después de todo, si los

caminos actuales no son satisfactorios… siempre puede intentar generar más.]

Solté una risa breve y sin humor.

«Para ti es fácil decirlo. Tú no

eres el que se está cayendo a pedazos.»

[En la opinión del sistema:

eventualmente se caerá de todos modos, así que ¿por qué no hacerlo cuando se

requiera?]

Silencio.

[Aún quedan unos días antes del

inicio de la guerra. Invertir un último esfuerzo por una amiga… no parece una

mala decisión.]

Exhalé lentamente.

«…Eres un hijo de puta bastante

listo», murmuré, sin ganas reales de discutir.

No respondió. Tampoco esperaba que

lo hiciera.

Cansado y sin querer seguir dándole

vueltas, levanté la mano y abrí la interfaz del sistema frente a mí.

[Estado básico:

• Nombre: Crow

• Divinidad: Rebelde / Resistente

al fuego / El Loco

• Títulos: Nací con un martillo en

la mano / El Loco

• Trabajo: Artesano avanzado (EXP

para el siguiente nivel: 1 000 000)

• Habilidades: Artesano Lv. 7, Ojos

de dragón Lv. 7

[Secuencias: Secuencia 7: Refutador

89/100 – Secuencia 7: Ladrón de Materia 30/100]

Mis ojos fueron directamente a las

secuencias. El porcentaje del Refutador estaba a punto de subir. Algo anormal

en circunstancias normales, pero ya no lo eran.

«El Loco.»

Ese título explicaba demasiado. No

era una mejora, era una advertencia: el caos me estaba observando.

No constantemente ni de forma

evidente, pero lo suficiente como para empujar mi progreso. Cada acción que

realizaba bajo esa mirada aceleraba el proceso de digestión de la secuencia. En

tales circunstancias sería extraño que no avanzara rápido.

Y, aun así, eso era precisamente lo

inquietante. No sabía qué quería ni por qué me observaba. ¿Curiosidad?

¿Aburrimiento? No importaba. No podía hacer nada al respecto.

Lo único que me quedaba era

aprovecharlo.

Si me concentraba en estos días, en

cada oportunidad, podría forzar un avance, subir de secuencia y tal vez

encontrar un camino distinto para Eris.

Tal vez.

Y si no, Esparta tendría su primer

grupo de brujas. Una idea que no me gustaba, pero que tampoco podía negar. No

cuando Eris tenía motivos de sobra.

«Me voy a arrepentir de esto… lo

sé», murmuré, observando la barra de progreso del Refutador.

Suspiré, resignado.

Si iba a hacerlo, lo haría bien.

Incluso si requería pedir ayuda. En mis sueños, una de las más importantes era

Hipnos. Con ella siempre intentaba refutar antes de que Ares apareciera y todo

terminara en una pelea a muerte dentro del mundo onírico.

Después de decidir mi curso de

acción, pasé día y noche refutando. Cada momento libre lo llenaba con eso.

Era agotador, pero también

extrañamente satisfactorio. Cuestionarlo todo me obligaba a ver el mundo desde

ángulos que antes ignoraba.

En creencias, aprendí cómo los

demás entendían la realidad, lejos de mi perspectiva moderna. En las armas,

descubrí algo curioso: los espartanos tenían una visión casi optimista de

ellas, pero sostenían un sentido del honor extraño y rígido. Uno que les permitía

dispararte en la frente sin dudar, pero nunca por la espalda.

En términos económicos… solo pude

sentirme decepcionado. Esparta dependía en gran medida del trueque, y su moneda

era una molestia en sí misma: piezas de metal rosadas, pesadas hasta el

absurdo. Incómodas de transportar, incómodas de usar, incómodas de existir.

Refutación tras refutación, fui

entendiendo el mundo.

O eso creía.

Porque en medio de ese proceso que

en teoría debería haber sido esclarecedor, descubrí algo mucho más amargo: la

verdadera naturaleza del Refutador.

Estaba destinado a comprender todos

los puntos de vista y, aun así, negarlos todos. Incluso si la verdad más bella

se presentara ante mí, encontraría una razón para rechazarla. Si una flor

florecía roja, cuestionaría por qué no era azul. Si era azul, preguntaría por

qué no era otra cosa.

Nunca bastaba. Nunca sería

suficiente.

En cierto sentido, el Refutador era

un loco. No alguien que no entendía el mundo, sino alguien que lo entendía

demasiado y, aun así, lo rechazaba.

Esa realización me golpeó tres días

antes del inicio de la guerra.

Estaba acostado bajo el cielo

nocturno, mirando las estrellas, refutándome a mí mismo.

Mis decisiones. Mis creencias. Todo. Como un idiota hablando solo. O peor, como alguien que ya no podía dejar de hacerlo.

Después de días refutando sin

descanso, mi mente estaba agotada, tensa y sobreestimulada.

Y fue entonces, en ese estado,

cuando una idea apareció con claridad inquietante.

Si el caos me estaba observando…

¿podía responderle? ¿Podía… refutarlo?

No aparté la mirada del cielo.

No tenía nada que perder.

Estaba a punto de ascender de

secuencia. Solo me quedaba una última “trama”. Y si era la última, entonces no

tenía prisa.

[Secuencia 7: Refutador 99/100]

«Oye… caos», murmuré mirando al

cielo. «¿Por qué me vigilas?»

Era una pregunta que llevaba tiempo

arrastrando. Había pensado en varias razones: mi transmigración, el hecho de

ser una anomalía o el conocimiento que estaba introduciendo en este mundo. Pero

ninguna encajaba. Nada parecía suficiente para atraer la atención de un ser en

un plano tan superior, muy por encima de los olímpicos, los titanes e incluso

los primogénitos.

Pensarlo en términos humanos era

absurdo. Era como intentar llamar la atención de un dios ciego y ajeno que ni

siquiera percibe a las hormigas que aplasta. Y yo no era más que eso.

«¿Por qué alguien como tú se

fijaría en alguien como yo?», insistí, frunciendo el ceño. «No soy diferente de

una hormiga. Dudo que estés tan aburrido como para observarme sin razón.»

El silencio fue la única respuesta.

Pesado. Inmóvil. Era lo esperado. Si aquello realmente era “caos”, no debía

pensar como nosotros. No era una mente ni una voluntad humana. Era algo

distinto… incomprensible.

«¿Hice algo que llamara tu

atención?», murmuré finalmente, ya sin convicción. Me sentía estúpido, como si

estuviera hablándole al vacío.

Entonces el cansancio llegó de

golpe. Pesado. Antinatural. Mi conciencia empezó a hundirse y, justo antes de

caer, sentí algo. No fue una voz ni un pensamiento claro. Fue una sensación,

una intuición impuesta. Algo que no debería poder entender… y aun así

comprendía.

Se sentía familiar. Cercano.

Extrañamente amigable.

Las palabras no llegaron como

lenguaje, sino como significado directo:

«Conceptos. Evolución. Promesa.

Espera.»

Cuatro ideas. Nada más. Y aun así…

demasiado.

Intenté procesarlas, pero mi mente

no pudo sostenerlo. Todo empezó a fallar. La realidad se volvió pesada,

borrosa… lejana.

Y entonces… oscuridad.

Un instante tan grande que fui

incapaz de notar cómo, en medio de todo, mi propio estado sufría un cambio.

[Secuencia 7: Refutador 100/100]

Con ese último destello, mi mente

cayó en un sueño profundo. Y mientras lo hacía, algo más ocurrió. Un destello

cruzó mi mente, similar a las palabras de antes, pero esta vez no provenía del

caos. Venía de mí.

No pude retenerlo. No pude

entenderlo.

«Qué molesto…», pensé con

frustración sorda.

Era siempre igual. Sabía que

olvidaba algo, pero nunca qué. Y peor aún, sabía que al despertar volvería a

perderlo.

Con esa sensación de impotencia,

cerré los ojos y me dejé caer en un sueño sin sueños, sin notar cómo un líquido

rojo comenzaba a filtrarse entre mi ropa. Otra vez… otra parte de mi cuerpo

cediendo ante el avance de la secuencia.

«Mmmm…»

Un leve gemido escapó de mis labios

al recuperar la conciencia. El sol de la mañana se asomaba en el horizonte y yo

yacía sobre una colina, bajo un cielo azul, con una jaqueca brutal tras la

noche en la vega. Era tan aguda que se sentía como un pitido persistente.

«Mierda… ¿me habrá caído una

tortuga mientras me contradecía?», maldije con voz débil, incorporándome con

dificultad.

Me llevé la mano a la cara y

entonces lo noté.

Mis manos estaban pegajosas.

Pesadas. Extrañas.

Bajé la mirada. Incluso a través de

la máscara, vi que mis palmas estaban manchadas de un rojo oscuro.

«Sangre…», murmuré. «Se cayó otra

parte de—»

Me detuve en seco.

La sangre no venía de arriba.

Venía de más abajo.

El silencio cayó sobre mí, denso e

incómodo. Durante unos segundos mi mente aturdida intentó procesarlo… intentó

negarlo.

No. No podía ser eso.

«Por favor… no seas lo que creo…»,

susurré, casi al borde de quebrarme.

Con manos temblorosas, bajé

lentamente hacia mi cintura. Desabroché el cinturón y, con un miedo que me

hacía temblar hasta los huesos, empecé a levantar la tela.

El silencio se volvió aún más

pesado.

Mi mente casi se rompió.

«Se… cayó…», murmuré con voz

completamente vacía.

Durante unos segundos —o quizá más—

dejé de pensar. El shock fue demasiado grande. Mi mente simplemente se apagó.

No sentía nada. Ni dolor. Ni rabia.

Nada.

Mi soldado había muerto antes de la

guerra. Mis “esferas del dragón”… se habían perdido para siempre.

El pensamiento era tan absurdo como

devastador.

Y, sin embargo… real.

En medio de ese vacío, una voz

mecánica —extrañamente incómoda, casi avergonzada— resonó en mi cabeza:

[Felicidades por ascender de

secuencia]

[Secuencia 6: Hereje]

{Perdón si es algo diferente o hay errores. Tuve muchos problemas con este capítulo; literalmente lo rehice tres veces: una por accidente y dos porque me falló el programa que uso para escribir.}

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo