All.of.us - Capítulo 27
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 27: The hanged man
” Mis amigos no caminan; ellos corren. Pintamos las rosas de rojo con la sangre que gotea en el jardín. Este sueño, que es matar, me hace sentir vivo. Hace que me sienta a salvo”
…
Alice
Tres días después
9:30 pm
Camino sin rumbo por las sombrías calles del campus. Las mismas que tienen manchas de sangre en cada esquina. Por primera vez sé qué estoy buscando: paz mental. Necesito ayuda; me estoy perdiendo a mí misma. No soy capaz de reconocerme cuando me veo en el espejo, preguntándome muchas veces si esto es el infierno.
Mis pensamientos están abarrotados de dudas y mi habitación está llena de pruebas vacías. Mientras más busco respuestas, más pierdo la claridad. La mente se me nubla y mis ojos solo piden llorar.
Abrazo mi cuerpo frío, caminando por el húmedo césped; no está mojado sino congelado. Lleno de pequeños témpanos de hielo formados por escarcha en el suelo.
Me siento como si estuviera embrujada o maldita. Sé que es mi culpa haber acabado aquí; lo he repetido tantas veces que he perdido la cuenta.
Las luces son tenues; los edificios están vacíos. Nadie quiere abrir los ojos y reconocer lo que pasa; eso me enferma. ¿Por qué parece que soy la única que lo nota?
— Todo esto es una especie de venganza bien planeada… pero… ¿qué tiene que ver Maxton?
Saco mi teléfono del bolsillo y comienzo a escribir el mensaje con un nudo en el pecho.
Para Mell:
Perdóname por todo lo que te he hecho. Nunca quise que esto pasara, tal vez sí tenías razón cuando dijiste que soy una mala persona. Sé que tu intención nunca fue herirme sino hacer que abriera los ojos. Si soy una mala amiga, no pude protegerte una vez y ahora ni siquiera tengo certeza de quién soy. Por favor, háblame, responde a mis mensajes. Quiéreme, aunque sea, una última vez…
Suspiré; enviando aquel mensaje sabiendo que no respondería…
Continúo avanzando, deseando dejar de pensar al menos por un segundo. No hay ningún carro circulando a esta hora. Los últimos días se han sentido pesados; no he comido ni dormido. Mi cuerpo se niega a hacerlo porque mi mente solo se centra en encontrar al responsable de todo esto.
— Ya tiene lo que quiere, ¿por qué seguiría asechándome? —Y tengo razón al preguntarme eso. Tal vez no desea matar a Elizabeth ni a mí. Puede que ya haya cumplido su cometido y por fin nos deje en paz, pero… no creo poder soportarlo . La agonía, los desvelos y los traumas en mí ya son demasiado grandes como para una redención.
Mis pies se mueven despacio, calculando cada paso. Todo esto se siente tan falso como una pesadilla de la que pronto despertaré.
<>
Me detengo en seco
El reloj no suena a estas horas.
<>
Volví a escucharlo desde lejos, al igual que aquel día…
—¿Sabías que cuando un reloj se detiene, te está indicando la hora exacta a la que murió? — sentí esa respiración caliente detrás de mí.
— T-tu… — me paralice.
— Alice, no sabes cuanto disfruto esto — su gruesa voz hace eco en mis timpanos — Es una lastima que aun sigas lejos de la verdad, aunque… tengo que admitir que lo de la cafeteria fue todo un show — arrastraba su lengua, siseando entre palabras — Me gustaría saber que mas hay dentro de esa retorcida cabeza, ya que no soy el único que se las ingenia para hacerle daño a quienes ama…
— ¿Q-que…?— tartamudee. Siento el crujir de mis huesos bajo mi piel.
—¿Aún no te preguntas por qué no le llegan los mensajes a tu amiguita…? — enrosco su mano a mi cintura. Pegando mi cuerpo al suyo. Había cierta similitud con el de… — No creo que te haya bloqueado.¡Vamos a llamarla! ja,ja,ja.
Se reía a carcajadas cínicamente. Su aliento tenía un fuerte olor a tabaco; siempre me había repugnado el aroma de la nicotina.
Metió su mano en mi bolsillo y volvió a sacar mi teléfono. Lo coloco frente a mi cara y busco el número de ella como si nada.
Un timbre…
Dos timbres…
Tres timbres…
Comencé a sudar frío al ver que no respondía. Tal vez solo me está ignorando… no quiere que la moleste a esta hora.
— Ups, vas a tener que encontrar a tu amiguita antes de que yo lo haga. Mi objetivo principal nunca has sido tú. Sé que dentro de esa jodida cabeza… — lamio la punta de mi oreja. Agarrando con una de sus manos mi nuca, apretándola fuertemente— …En el fondo deseas que te mate porque esa es la única forma que tienes de escapar de todo esto. Disfruto de tu sufrimiento más de lo que puedes imaginar… y la única manera que tengo de destruirte no es asesinándote, sino a ella… y si en verdad la amas, vas a tener que dejarla ir…
— No… no le hagas daño. — Mis ojos se aguaron. — ¡¿Matame a mí si quieres, qué más te da?! ¡Yo soy el estorbo en medio de tu camino, no ella! ¡Déjala en paz! —apreté ambos puños contra los costados de mi cuerpo.
— Nada en este mundo te haría sufrir tanto… ni siquiera tu propia muerte. En cambio… — pauso sus palabras.
Vi cómo relucían las luces a través del filo de la navaja con la que jugueteaba frente a mis ojos. Meneándola de un lado al otro. Lentamente la acercaba más a mis ojos. No podía moverme; él estaba detrás, acorralándome con su enorme cuerpo.
Sentí el toque frío del metal filoso contra mi rostro y cómo deslizaba sobre mi mejilla. Enterraba despacio la filosa punta. Todo mi cuerpo temblaba; su mano cubrió mi boca; así no podría gritar.
— Es ella… o tú… — mi rostro ardía y mi estómago saltaba de la ansiedad.
La sangre se impregnó en sus dedos. Abriendo de lado a lado las fibras de mi piel, dejando expuesta la carne que había debajo. Mi mejilla palpitaba, dando punzadas; cada una dolía más que la otra. Cerré los ojos con fuerza dejando que las pesadas lágrimas brotaran por sí solas. Los gritos se ahogaban en mi garganta, tapados por su grotesca mano.
— Te voy a dar diez segundos… — susurro — Huye lo antes que puedas… pero si te atrapo no tendré piedad a la hora de destrozar su cuerpo, y tú, vas a contemplarlo todo en primera fila…
Solto lentamente su agarre de mi cintura. Mis ojos seguían cerrados; mis pies se tambaleaban sobre sí mismos. Sabía que no llegaría muy lejos si corría, pero él me estaba dando la oportunidad…
— Uno… — comenzó a contar — Dos…
Ni siquiera me di la vuelta; comencé a avanzar manteniendo una mano sobre mi cara. Aguantando el dolor entre jadeos.
— Tengo que correr. — Traté de convencerme a mí misma. — Tengo que salvarla…
Una pierna sostenía a la otra; comencé a avanzar más rápido. El aire se entrecortaba frente a mí, no entraba tan siquiera por mi nariz. Daba fuertes arcadas al tratar de respirar. Corría torpemente por mi vida, atravesando entre edificios apagados y árboles sin hojas. El suelo estaba resbaladizo debido al hielo. Me caí de frente al intentar saltar un pequeño muro tras un gran resbalón. Mi cabeza se estampó contra el suelo. Creí que moriría ahí…
— ¿Dónde estás, Alice? — silbaba detrás de mí — Vamos a jugar…
— No… — me arrastré por el suelo con ambas manos, dejando de sentir mis piernas como si les hubieran disparado. Oro por mi vida, buscando cualquier lugar donde esconderme.
Miro desesperada a todos lados; no hay nada. Sé que todas las puertas están cerradas a esta hora.
— Aliceee — alargo la vocal, arrastrándola con su lengua — ven conmigo, no seas aburrida. Después de todo, yo soy el único que se ha empeñado tanto en seguirte.
— No — vuelvo a decir con la voz temblorosa.
Me arrastró debajo de una mesa de hierro; es lo primero que veo. Coloco ambas de mis manos en mi boca, tapándola sin hacer ruido. Mi respiración está agitada; todo mi cuerpo se siente cansado y pesado.
— Si te quisiera muerta, ya te habría matado; tú misma lo dijiste. ¿No que eras tan valiente?… ¿Entonces por qué ahora te escondes, por qué estás siendo tan cobarde?… Juraste que ibas a encontrarme, pero yo soy quien tiene el cuchillo y tú, la que se sigue escondiendo.
No respiro.
No me muevo.
Solo mantengo mis ojos cerrados, intentando no hacer ningún sonido que revele mi ubicación. Contraigo mis pies hacia atrás y me enrosco lo más que puedo.
— Entiende que no puedes atraparme… Este es el crimen perfecto. Ni tú ni nadie… nunca lo sabrán…
Escucho sus pasos acercarse acompañados de ese incesante silbido.
— A nadie le importa nada… ¿Crees que a ellos les interesa que tú estés sufriendo? —Sus pasos están cada vez más cerca de mí. —¿Crees que a alguien de aquí le importe todo lo que estás pasando ahora? El trauma, el miedo que corre por tus venas y el dolor que se oprime en tu pecho ¡No! JAJAJA. — se regocijo. Su risa es malévola, como escuchar al mismísimo diablo carcajearse. — ¡CLARO QUE NO! ¡A NINGUNO LE IMPORTÓ LO QUE YO TUVE QUE PASAR CUANDO ELLA MURIÓ!
Ella…
¿A qué se refiere con ella?
Vi unas enormes botas negras frente a mí; se detuvieron justo cuando llegaron a la mesa, donde yo estaba a punto de desmayarme. Asustada, con el corazón queriendo salirme de mi pecho.
— Si tú fueras yo, sé que también lo harías. Ambos solo estamos buscando justicia a nuestra manera… Tú deseas atrapar al asesino; yo anhelo que alguien me vea. Nadie te escuchó cuando les pediste que te sostuvieran… a mí nadie me oyó cuando grité al sostener su cuerpo sin vida entre mis manos. Tan frío y pálido. No respiraba; sus ojos estaban blancos, su boca llena de sangre. No pude decirle cuánto la amaba… ¡ELLOS ME LA ARREBATARON! ¡SE LA LLEVARON!
Gritaba como loco.
Sostenía ahora en la mano un chuchillo gigante .
Sigue parado frente a la mesa. Esperando a que yo responda alguna de sus insinuaciones.
— ¡Únete a mí! ¡Hagamos justicia! ¿No te encantaría ver sufrir a todos aquellos que te han hecho daño? Todos los que te juzgan por sentir demasiado, te dan la espalda y te hacen creer que eres insuficiente. Cada vez que lloras sin consuelo en el baño porque sientes que, por mucho que llores, nadie te escucha. Mateémoslos a todos…
Negué con la cabeza sin soltar ni una palabra. Apretando con más fuerza la mano en mi boca.
— Nadie en este mundo va a amarte; nadie, incluyéndote a ti. Te arrastras por migajas pidiendo misericordia. Tu única amiga te ignora porque te odia; es egoísta contigo. Escógete a ti misma por encima de ese amor tan patético que sientes por los demás. Amar también es dejar ir, y tú, mi querida Alice, ya estás lo suficientemente rota como para seguir permitiendo que los demás decidan lo que es bueno o no para ti.
Hablaba desde el odio. Puedo percibir ese tono frío en su voz, arañando cada palabra con la lengua antes de escupirla. Mientras más habla… más me hace dudar de si tenía razón o no…
— Si no lo haces por las buenas… créeme que vas a terminar como yo…
…
Di un salto en la cama. Estampando mi cuerpo contra el suelo, sintiendo el impacto en cada hueso. Estoy bañada con un sudor ardiente que hace a mi cuerpo pegarse entre las sábanas. Mis manos trepidan, escalando mis mejillas en busca de aquella herida latente que él había marcado en mi piel.
— T-todo fue un s-sueño… — tiré enterrando mi cara en el suelo. — Hay… hay algo que está mal en mí. ¡Lo sé! ¡¿Tengo algo muy malo que me persigue… p-por qué soñaría yo con…?!
Melanie…
¡MELANIE!
Me desenrosqué de las sábanas. Mi cuerpo está tenso; cada músculo se aprieta cada vez más provocándome un fuerte dolor al caminar. Llegué hasta la mesa de noche, donde descansaba mi teléfono.
— Por favor responde… — metí uno de mis dedos a mi boca mordiendo mis uñas por cada timbre que el teléfono daba.
“El número al que usted marca no existe”
— Tiene que haber un error… — volví a marcar.
“El número al que usted marca no existe…”
No
No…
¡NO!
“El número al que usted marca no existe…”
— ¡Tiene que haber un… error… tiene que serlo!
Siento cómo la piel de mis dedos empieza a desprenderse de las esquinas. Golpee la pantalla con una de mis manos. — Tal vez yo… no tengo servicio… ¡ES ESO!
Salí corriendo de la habitación a la sala. Golpeando una y otra vez la pantalla con mi puño cerrado. Arrasco mi cabeza desesperada y vuelvo a marcar.
“El número al que usted marca no existe…”
— Ni siquiera da timbre. —Todo mi mundo se fue abajo. Termino de arrancar con mis dientes un pedazo de mi piel. Mi dedo chorrea sangre por la cutícula.
Respiro irregularmente, con el pecho apretado.
Abrí de inmediato la puerta delantera. El aire frío de afuera me golpeó en todo el rostro; son las siete de la mañana y yo estoy en pijama. Salgo corriendo impacientemente. Varios chicos caminan hacia sus clases; ninguno me presta atención.
— Es la señal… ella está bien…
Sostengo el teléfono en una de mis manos, alzándolo lo más que puedo para conseguir señal. Pero… el número encima de mi pantalla parece normal. Las estadísticas lo estan…
Mi cabeza vuelve a palpitar, pero esta vez tiene razones para hacerlo. Camino descalza por la fría acera, dando vueltas en círculos mientras golpeo la pantalla de mi celular.
— ¡VETE AL CARAJO! — grito estampando el teléfono contra el suelo. Cayó en seco sobre el duro asfalto, estallando en mil pedazos.
No es lo único que se ha roto…
— Disculpen… — me paro delante de dos chicos que iban pasando. — ¿Han visto a una chica… se llama Melanie y tiene el cabello castaño y-y…? —comienzo a hiperventilarme.
Ambos me miraron con extrañeza, como si se tratara de un extraterrestre lo que veían. Siguieron su camino, ignorándome por completo. Las lágrimas se me escapan de los ojos como gotas de lluvia.
Un enorme remolino se ha formado en mi estómago.
— ¡¿Disculpe… sabe quién es Melanie?! — detengo a otras chicas que avanzan en grupo. Parándome en medio. — ¡Ella es mi mejor amiga y está en peligro…!
Se miraron las unas a las otras. Sonrieron…
Se aguantan las ganas de burlarse de mí por cómo me veo y actuo.
—Está loca… —susurró una de ellas; e hicieron exactamente lo mismo que los dos chicos. Siguieron su camino como si nada.
Empiezo a preguntarle a cualquier persona con la que me topo. Tengo frío, pero mi cuerpo está caliente, sudando grandes gotas que me corren por la frente. Nadie me escuchó, nadie se detuvo a preguntarme por qué lloraba… a nadie le importaba.
<> Las palabras que dijo en ese sueño hacen estragos en mí, resonando en mi memoria.
Tenía razón en cada palabra que dijo.
Ninguna de estas personas me va a escuchar, ni siquiera si les ruego que lo hagan. Todos aquí son indiferentes; todos lo saben y aun así lo ignoran. Todos y cada uno de ellos son culpables…
— ¿Di-disculpe…? — me acerqué a un hombre mayor, parado de espaldas. —¿Usted ha visto a una chica de cabello castaño oscuro y ojos marrones? Se llama Melanie y está desaparecida…
El hombre se dio la vuelta al instante. Sus ojos se posan sobre mí con cierta intriga. Inclino un poco la cabeza y entrecerro los ojos.
— ¿Oye, tú no eres la chica que lloraba en el hotel? — dice en un tono suave— ¿Por qué estás llorando ahora? — se compadecía de mí. Por primera vez alguien me estaba escuchando.
— ¿Yo?… ¿Hotel?
Las memorias de mi mente están tan cuarteadas que tratar de recordar algo es muy complicado. Hasta que di en el clavo…
— ¡USTED SABE QUIÉN ES MI AMIGA! — me sobresalté señalándolo con el dedo. — ¡Por favor, ayúdeme! — inhale, tragándome las lágrimas.
— Vamos a ver — el señor se acercó a mí, poniendo su mano sobre mi hombro —. Cuéntame qué sucede. Es curioso cómo cada vez que te veo estás llorando, ja,ja,ja — soltó una pequeña risa, no de maldad, sino para tratar de hacerme sentir mejor.
— Mi amiga… ella… tengo miedo. No la veo desde hace días y… creo que está en peligro. — Miro hacia ambos lados, nerviosa; él podría estar escuchándome.
— ¿Cómo se ve tu amiga? ¿No tienes ninguna foto?
Negué con la cabeza. — Rompí mi teléfono. — Coloque ambas manos frente a mis ojos, escurriéndome las lágrimas mezcladas con el sudor. — Usted… usted la vio y habló con ella ese día.
— ¿Que? — dijo extrañado.
—Sí — murmure temblando—. Ella fue a buscarme…
La expresión de aquel hombre se tornó aún más extraña. Entrecerro los ojos, cuestionándome un poco con la mirada.
— Ese día… tú te fuiste sola del hotel.
— ¿Qué?! ¡NO!
— Mira… — suspiro sobando la mano que tiene sobre mi hombro. — No sé de qué me hablas. No tengo idea de cómo te sientes ahora… pero no te ves bien. Son las siete de la mañana. Deberías calmarte primero…
— ¡QUE ME CALME! ¡¿CÓMO CARAJOS QUIERE QUE ME CALME!?
Lo empujé bruscamente con ambas manos, alejándolo de mí.
— ¡TODOS EN ESTE LUGAR QUIEREN VOLVERME LOCA! ¡MI AMIGA PODRÍA ESTAR MUERTA Y A NADIE IBA A IMPORTARLE!
— Cálmate… — volvió a decir intentando acercarse.
— ¡NO SE ME ACERQUE! —Doy un paso hacia atrás
— Te juro que no sé de quién me hablas… Ese día quien estaba al teléfono era un hombre.
— ¡MIENTE! ¡TODOS EN ESTE LUGAR MIENTEN!
Coloque ambas manos alrededor de mi cabeza. Lista para tirarme al suelo y volver a gritar dando patadas.
<>
¡EL TIENE LA MALDITA CULPA!
…
Mis dientes rechinan; tengo los puños entumecidos de lo apretados que estaban.
—¡Todo esto es culpa de Maxton! —Exhalo con prepotencia.
Doy pasos firmes por primera vez en toda mi vida; sé perfectamente bien a dónde tengo que ir y a quién voy a culpar. Todo comenzó con Maxton… Y cada camino me lleva a Maxton…
&&&
Pongo un pie en el salón de historia sintiendo cómo la sangre dentro de mi cuerpo hierve. Apenas son las siete y cincuenta de la mañana, pero yo estoy dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de desenmascararlo.
Todo siempre estuvo tan claro.
Cada que aparecía sin razón en el momento y lugar adecuados. Cada una de sus frases estúpidas. Todas esas veces que intento tratarme de esquizofrénica como si me estuviera imaginando las cosas… el conejo blanco.
¡Él es el asesino…!
¡TODO ESTE JODIDO TIEMPO LO HA SIDO!
Me mantiene aquí, encerrada dentro de esta enorme jaula, para que no lo exponga ante el mundo. Me miente a la cara haciéndome creer que me ama. ¡TODO ES UNA MALDITA MENTIRA!
— Esa mierda no es amor… el mismo lo dijo; es una asquerosa y enfermiza obsesión que vive dentro de su retorcida mente. ¡Eso soy para él! ¡UN MALDITO JUEGO!— gruñía con cada palabra que soltaba.
— ¿Alice? — Entra al salón como de costumbre. Sosteniendo un café en la mano derecha. Se ve limpio, bien descansado. Todo lo opuesto a mí.
— Felicidades, Maxton Hernes. Me tienes justo donde querías —abro mis brazos —. ¡Mátame si eso es lo que quieres! ¡Arráncame los ojos y saca mis viseras por mi garganta si eso deseas! ¡Pero deja a Melanie en paz!
— ¿De qué hablas, Graham? —Termina de entrar al salón, poniendo su café sobre el escritorio. Se ve tan calmado; eso solo me altera aún más.
—¡Que lo sé todo…!— Higo una pausa para levantar el mentón — ¡Eres tú… siempre has sido tú…!
— Por Dios, Graham, ve a seguir durmiendo, aún estás en pijama. —Su voz igual de fría que siempre. Volviendo a fingir que nada sucede.
—¡Sé que quieres hacerlo! ¡Sé que deseas acabar conmigo!
— Alice, ya te lo dije. M.E.D.I.C.A.T.E — Deletreo.
— ¡YA BASTA! ¡DEJA DE MANIPULARNOS A TODOS DENTRO DE TU MAQUIAVÉLICO JUEGO! — Doy dos pasos acercándome a él con la cabeza en alto. — ¿¡Dime la verdad… cuánto hace que estás usándome!?
— Graham… —suspiró lentamente, llevando una de sus manos a su frente —, ¿Qué diablos hiciste ahora?
— ¿¡QUÉ HICE YO?! ¡¿QUÉ HAS HECHO TÚ DURANTE TODO ESTE TIEMPO?! ¡ERES UN MALDITO HIPOCRITA!. ¡DIJISTE QUE ME PROTEGERÍAS! ¡DIJISTE QUE ME QUERÍAS! — Me doy un golpe en el pecho — todo fue mentira…
Maxton también da unos pasos hacia adelante. Quedamos frente a frente. Él cruza los brazos sobre el pecho, con esa típica expresión de ególatra. Listo para burlarse de mí.
—¿Qué tienes para decir en tu defensa, Maxton Hernes?
— Qué estás loca, Alice Graham… — inclino aún más el rostro hacia adelante —. Amo tu perseverancia, pero culparme a mí por todos estos crímenes es algo muy poco creativo, aún más tratándose de ti. ¿Ya te rendiste? Porque hagas este escándalo tan temprano solo porque crees que yo soy quien ha matado a tanta gente que ni siquiera me importa; suena mucho a que te quedaste sin ideas, ya no tienes rumbo y solo actúas desde la desesperación.
—¡Lo estás haciendo otra vez! —hablo a regañadientes — . ¡Me estás manipulando!
—¿Tú crees que yo te estoy manipulando? — abre los ojos expresivamente —. Revisa bien todo tu historial y luego me preguntas quién manipula a quién.
— ¿Qué?
— Fue muy cruel tratar de usarme en la cafetería. Yo estaba preocupado por ti; el corazón no me cabía en el pecho de tan solo pensar que podría perderte…
— ¡DEJA DE SER UN IDIOTA! —Golpeo su pecho con fuerza. Él no retrocede, ni siquiera se inmuta. —¡RESPÓNDEME! ¿¡DÓNDE ESTÁ MELANIE!? ¿¡QUÉ HICISTE CON ELLA!?
— No tengo ni idea de dónde está Melanie.
— ¡DEJA DE MENTIR! — le doy otro golpe. No se niega ni una vez; tampoco me detiene. Solo los recibe, uno detrás del otro.
Mis ojos arden de tantas lágrimas que he derrochado. Mientras continúo golpeándolo con fuerza.
— Alice… — agarro mi mentón entre sus dedos — Cálmate… esto no me lastima; eres tú quien se hiere.
— No… — mi labio tiembla mientras lo miro directamente a esos ojos azules. Los mismos que han sido mi perdición durante todo este tiempo.
— Vamos a hablar. —El tono de su voz se volvió dulce. — Si quieres saber la verdad, tienes que estar dispuesta a afrontarla con los ojos abiertos y los pies clavados en la tierra. Pero quiero que sepas que esto no solo te hace daño a ti, sino también a mí. Te pierdo lentamente y tengo miedo de que Alice, mi Alice… desaparezca.
Me tragué todas mis palabras.
— Ven aquí, pequeña policía. — me tiro del brazo hasta quedar completamente pegada a su cuerpo e hizo una de las cosas que en toda mi puta vida imaginaria a el haciéndola…
Sus brazos envolvieron mi cuerpo como una barrera protectora. No como aquel día en el partido de fútbol, cuando había menos intimidad entre nosotros. Me abraza con fuerza, pegando sus labios a mi cabeza, plantando un delicado beso en medio de mi cabello.
— Ya te pedí perdón por no poder amarte como tú lo deseas. No soy ese príncipe azul de cuento de hadas… pero tampoco me hagas ser el asesino que te persigue en tus pesadillas. —Pasa su mano con delicadeza por mi cabello — Déja de culparme y escucha mis palabras.
— Tu lo arruinas todo… tú me haces pedazos. Llegas a mi vida como un maldito huracan que destroza toda mi estabilidad mental, para luego sostenerme dulcemente entre tus brazos. Tú mismo lo dijiste: “o soy tuya o estoy contra ti, pero las dos no se pueden”. Decidete tú también: o me amas por completo o me odias. Porque conmigo no existe un término medio. Estoy cansada de tener que rogar amor en todos lados; mientras más doy, menos recibo.
— Te lo dije, si quieres que te sostenga con suavidad… entonces lo haré; si deseas que te asfixie hasta que no puedas respirar también lo haré. Tú decides cuál concepto de atracción te gusta más. Se la protagonista y yo, el villano; ese que hará arder el mundo por ti.
— El de… protegerme… — murmure apenada. —Explícame, hazme entender que tú no eres a quien estoy cazando, si lo haces, aunque sea una mentira… yo te creeré.
— Entonces permíteme contarte toda la verdad, lejos de aquí. En un lugar donde puedas respirar con claridad, alejada del bullicio y de todas esas dudas que te envuelven.
— ¿El hotel?
— No, aún mejor. —Elevo mi rostro separándolo de su cálido pecho. Paso una de sus yemas por mi boca, metiéndola en mi labio. — Mi apartamento…