All.of.us - Capítulo 28
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 28: The emperor
“La obsesión no comienza con el deseo, sino con la idea de que alguien te pertenece… incluso antes de tocarlo.”
…
Alice
Una vez más estoy dentro de este auto negro tan lujoso, sentada en el asiento delantero, viendo los árboles pasar a través de la ventana. Los minutos pasaron, y nada mas salir del campus, volví a la normalidad. Ya no estoy tan alterada. Odio admitirlo, pero él me tranquiliza… Mi cuerpo esta acurrucado en una esquina, con las piernas encima del asiento. No deseo voltearme hacia su dirección, solo disfruto del paisaje. Este pueblo no es tan malo después de todo; tiene ciertas vistas hermosas que parecen sacadas de una escena de una película vieja.
Nunca antes he ido tan lejos; la carretera se hace cada vez más estrecha, de solo dos carriles, uno para cada sentido. ¿Qué tan lejos puede vivir alguien? Pronto tendre la respuesta.
Chismeo un poco con el rabillo del ojo hacia Maxton. Maneja concentrado, con la vista al frente; una de sus manos esta en el bolante, mientras que la otra reposa junto a su pierna. Me quedo observándolo con intriga; se ve tan sexy manejando. Escaneo cada parte de su cuerpo; como sus pantalones se ajustan perfectamente a sus piernas a pesar de ser holgados. La camisa debajo de su saco está completamente tensa; parece más apretada de lo que debe, haciendo rehalzar sus pectorales. Su corbata bien atada al cuello. ¿Cuándo se volvió tan… hot?
—¿Qué tanto me miras? — dijo completamente serio. Concentrado en el camino.
— ¿Yo?
— Llevas cinco minutos mirándome fijamente.
Mi rostro se puso rojo; puedo sentir el calor en mis mejillas. Creía que todo este tiempo había disimulado al observarlo; al parecer no…
— Acércate. — Hizo un leve gesto con la mano, apenas moviendo los dedos, ordenándome acercarme, como si ya supiera que no iba a resistirme.
Me acomodo en el asiento, sentándome correctamente, quedando un poco más pegada a él.
Maxton gira lentamente su rostro, enseñandome esa maldita y sexy sonrisa de victoria. Lamió sus dientes mientras coloca su mano sobre mi muslo, apretando sus dedos y transmitiendo el calor de su cuerpo al mío.
— Mucho mejor. — hablo sobando mi muslo. Metía ligeramente la mano entre mis piernas, cerca de aquella delicada zona. Mi estómago da saltos de nerviosismo, pero aun asi yo no deseo apartarlo de mí.
— Es gracioso cómo te llenas la boca diciendo lo mucho que odias a la gente, el contacto físico y a mí… pero mirate ahora. Vulnerable ante mi toque, podría hacer lo que quiera contigo y aun así lo disfrutarías…
— ¿Q-que?
— Nada Graham. — solto una pequeña risita mientra sigue conduciendo.
— No me llames Graham — exigi, cruzándome de brazos—. Ya te lo había dicho: odio escuchar mi nombre en tu boca.
Mentirosa…
— Cierto… — hizo una pausa manteniendo esa sonrisa. — tu prefieres tener mi lengua rozando la tuya.
Me quedo paralizada sin saber qué responder a eso. Un calor enorme me invade; esta conversación se esta subiendo un poco de tono.
— ¿Que… quetan lejos vives? — trato de recuperar la compostura.
— Ya casi llegamos. ¿Por qué?… ¿Quieres bajarte para que deje de tocarte?
— Yo… no…
— JAJAJA. — Se carcajeó abiertamente, metiendo un poco más la mano entre mis piernas; yo las mantengo cerradas, apretándolas un poco. Siento un cosquilleo que sube y bajaba por todo mi cuerpo. — ¿Por que no te gusta que te diga Graham? yo me siento original. Todos te llaman Alice, pero para mí eres ‘Mi Graham’.
— N-no me gusta; siento como si me estuvieras regañando. Sigues siendo mi profesor… Además, eres mayor que yo…
— A mí me gusta.
— A mi no. — me muerdo los labios aguntando las ganas de sonrerir.
—¿A ti qué cosa te gusta… aparte de mí, digo…?
Muerdo aún más fuerte el interior de mis mejillas. No voy a darle ese privilegio de escuchar lo que quiere; no lo haré.
—¿Alguna vez has tenido novio, Graham? — pregunta muy despreocupadamente. Mis ojos se abren de par en par ante esa pregunta tan repentina.
¿Por qué diablos quiere hablar de estas cosas justo ahora?
— No lo sé, dime tú — volteé los ojos — ya que según tú llevas muchísimo tiempo vigilándome.
— Solo me interesa saber si alguien más que yo te ha tocado. Pero viendo el rojo en tu cara, parece que no… Eso me gusta. ¿No me digas que ese fue tu primer beso?
Me quedo callada, sintiendo el calor volver a subir por todo mi cuerpo. Mi silencio fue la respuesta a su pregunta.
— Ja,ja,ja —rió con tristeza —. Ya lo sabía, igual fuiste un poco torpe cuando intentaste seguirme el ritmo — Acarició mi piel con suavidad, usando la misma mano que tiene metida entre mis piernas. — Te ves linda cuando te avergüenzas de lo que digo, aunque no está mal tener fantasías… yo también las tengo… ¿Deseas que algo más pase entre nosotros?
— ¡CÁLLATE Y MANEJA!
Él volvió a carcajearse. Voltee mi rostro por completo hacia el otro lado. Si antes estaba apenada, ahora soy capaz de explotar de tanta vergüenza.
Él continuó conduciendo; para mi suerte, no volvió a hablar; solo mantenía su mano sobre mi pierna, apretándola de vez en cuando. Yo me dediqué a seguir mirando el paisaje, preguntándome mentalmente, con impaciencia, cuándo íbamos a llegar.
…
&&&
Unos veinte minutos después, Maxton se desvió a un camino aún más estrecho, como si fuera una calle privada, incluso introdujo un código para que dos gigantescas rejas se abrieran permitiéndonos el paso.
Tal vez planea matarme en medio del bosque en donde nadie jamas me encontrara, y yo soy solo una estupida que cayo en otra de sus mentiras…
Pero mi paranoia se detuvo en el instante en que vi una enorme casa de dos pisos. Tenía una estructura moderna, con paredes cuadradas y cimientos asimétricos. Completamente pintada de blanco, con ventanas de cristal nublado y una entrada de piedra.
¿Apartamento?
— Yo vivo en un maldito apartamento, esto es una jodida mansion. — susurro. Una gran puerta se abrió a nuestra llegada; era el garaje donde él metió el carro para estacionarlo de una buena vez.
Su mano soltó mi pierna y por fin pude volver a respirar con normalidad.
—Quédate aquí — dijo antes de abrir la puerta y salir.
Lo observo rodear el auto desde adelante para abrir mi puerta y extender su mano, ayudándome a bajar. Yo la tomé sin chistar.
— Vamos a arriba. — empezo a avanzar agarrando mi mano entre la suya, nuestros dedos se entrelazaban unos con otros. Yo lo sigo desde atrás, mirando a todos lados.
Subimos por una escalera que esta entre dos paredes oscuras, como si se tratara de un pasillo. Caminamos hasta otra puerta; esta es blanca y plateada. Echa completa de cristal.
Mis ojos no estaban preparados para observar tanta perfección y orden en un mismo sitio. Las paredes, el piso, el techo… todo es blanco, parece un maldito manicomio. El espacio no esta vacío, pero puede percibirse como si lo estuviera. Hay muy pocos muebles en lo que parece ser la sala; todos tienen un tono negro mate. Un gigantesco mueble, una mesa de centro, un televisor y una lámpara. ¿Qué clase de loco vive aquí?… cierto… Maxton.
—Siéntate. —Me lleva hasta el mueble obligándome a sentarme.
Miro a mi alrededor otra vez con esa extraña sensación. Parece que las paredes me vigilan; no hay cuadros ni adornos. Más que una casa, parece una extraña cámara de tortura.
¿Por qué siento que ya he estado aquí?
Maxton se dio la vuelta con la intención de dejarme sola. Lo agarré de nuevo del brazo; él se detuvo en seco.
—¿Dónde vas? Empieza a hablar. —Me cruzo de brazos, sentándome sobre el cómodo mueble. Admito que está bastante suave. —Accedí a que me trajeras aquí con la condición de que me contaras… ¿Cuánto tiempo llevas observándome? ¿Qué relación tienes con el asesino?
— Voy a cocinar algo para ambos. No te muevas de aquí. —Quito mi mano de la suya en un solo movimiento.
— Ahi estas otra vez evadiendome. Yo sí puedo responder tus preguntas, pero tú no a las mías… —resoplo con fastidio.
Él se quedó pensativo mirando hacia una esquina.
— Ven… entonces hablemos en la cocina.
Me levanto fingiendo desinterés, cuando claramente es mentira. Camino una vez más a la derecha de él, pasando por grandes pasillos totalmente blancos; todas las luces estan apagadas, lo que le da un aspecto aún más sombrío a todo el lugar.
— ¿Vives solo aquí? ¿Dónde vive Preston? — pregunté
— El se queda en el campus, jamas dejaria que alguien tan desastroso como el entrara a mi casa. — dijo lo ultimo con asco
— Entonces, ¿por qué me tragiste a mí? Según tú, soy “La reina del desastre”. Aún no olvido cómo insultaste mi casa… cuando la tuya parece un manicomio. —resoplé otra vez
— Se llama orden , tú no conoces esa palabra.— Camina con ambas manos atrás de su espalda. Puedo ver ese reloj sobresaliendo de la manga de su traje. — Eres un desastre en todo el sentido de la palabra.
Llegamos hasta lo que parece ser la cocina y, para sorpresa de nadie, también es blanca, con muebles negros. A este paso voy a acabar más loca de lo que ya estoy si sigo estando en esta casa por un segundo más.
— Toma asiento. —Señalo la barra.
Hago exactamente eso, me siento lo más cerca a él que pude. Siguiéndolo con la mirada mientras lo veía rodear el mesón.
—¿Qué quieres desayunar?
—¿Cuándo vas a hablar?
— Huevos revueltos y verduras… ok… — me ignora por completo dandome la espalda.
—¿Por qué evades mis preguntas?
— Porque tú no me dejas seguir mi propio plan.
— ¿Y ese es? — pongo ambas manos sobre el meson con molestia. — todo contigo es un juego, un plan o un maldito misterio. Sé sincero, dame una dichosa razón por la que yo debería confiar en ti y no creer que todo esto solo es un “plan” para despistarme mientras que el asesino mata a alguien más en el campus. Lo prometiste, dijiste que me contarías.
Maxton sigue de espladas a mí. Comienza a quitarse el saco y lo deja a un lado de la barra. Puedo ver que esa camisa blanca, en efecto, le quedaba demasiado ajustada. Algunos de los botones estaban tan tensados que dejaban espacios entre sí. También se desabrochó la corbata con cuidado. Remanga ambas mangas de su camisa hasta la mitad de los brazos y empieza a encender la estufa. Yo lo observo fijamente, casi perdida en sus movimientos.
— ¡La investigacion! — sacudo la cabeza saliendo de mis pensamientos. — Dime que sabes…
— ¿Cafe o jugo?
— ¡MAXTON! — le grito.
— ¿Alice? —Ni siquiera me miro. Abrió la nevera para sacar unas cuantas cosas, un par de huevos y algunas verduras. — Callate.
— No, no me voy a callar hasta que empieces a hablar. — me negué. Se ve relajado mientras cocina; eso me altera aún más. — ¡MAXTON! — vuelvo a gritar.
— Callate Graham.
—¿Y si no me cayo, qué? ¿Vas a matarme?… Entonces, ¿estarías confirmando que eres el asesino? —Dije todo eso con el mentón levantado.
— Sabes algo… nunca me ha importado nada de lo que dices, ahora menos. Pero es curioso… que nunca hayas notado nada…
— ¿Notar que?
— Que nada entre nosotros ha sido coincidencia. Querías respuestas; yo empezaré dándotelas… —Comenzó a echar los ingredientes a la sartén con suma tranquilidad. — Todo… el café, la clase de historia, el hotel… el club. Cada cosa que ha pasado entre nosotros no ha sido solo “casualidad”
—¿A qué te refieres? —Me tensé. Él sigue de espladas a mi cocinando, moviendo la sartén con agilidad entre sus manos. Una enorme llama se elevó frente a mis ojos; jamás en toda mi vida imaginé que un hombre tan gigante pudiera ser tan delicado a la hora de cocinar.
— Que nuestro primer encuentro, el que ni siquiera lo recuerdas… porque jamás te diste cuenta. Nunca fue culpa de aquel café… — Al fin se dio la vuelta, agarra la sartén entre sus manos, transportándola hasta el mesón donde hay dos platos. — ¿Nunca pensaste en por qué yo te regalaría un café exactamente igual al tuyo, cuando luego de eso jamás me has visto tomar otro que no sea negro y sin azúcar?
— Yo… pues no —levanto una ceja—. ¿Qué tiene que ver eso?
Él se acercó a mí con uno de los platos poniéndolo frente a mí.
— Piensa un poco: si fueras tan buena detective, lo habrías sospechado. —Se sentó en la silla al lado de la mía. — No suelo comer aquí, pero hay algo de los mesones que me atrae… ¿o es que tampoco te acuerdas?
— Yo… —vuelvo a sonrojarme. — Ese no es el punto…
— Ya te lo ha dicho, Alice, te ves tan tierna cuando te sonrojas. —Coloco una de sus manos sobre mi mejilla, dándole suaves toques. —Me encanta tu inocencia. A veces imagino todas las cosas que podría hacer con…
— T-tu… — Dejo la frase a medias. Ni siquiera puedo verlo a los ojos.
— En fin… —suspiró un poco, aún con su mano en mi rostro—. Tal vez sí tenías razón cuando jurabas que yo mentía… —sonrió, acercando uno de sus dedos a mi boca. — Porque he estado mintiendo desde hace un muy largo tiempo. Quería saber cuándo te darías cuenta, pero no fue más que otra decepción para mí.
— O sea, tú… —Las palabras no me salen.
— El café, la clase de historia, el hotel, el club. Te dije que te he observado incluso más tiempo del que crees; siempre he estado ahí. Mirándote, analizándote, asechándote… deseándote con cada célula de mi cuerpo. — Abrió mi labio y metió su pulgar en mi boca. Lame lentamente sus labios mientras me mira directo a los ojos. — Pero tú pareces haber estado demasiado ocupada como para darte cuenta.
Él se levanta de la silla y se para frente a mí. Aún con su pulgar en mi boca.
—Llámame pecador por todas aquellas veces en que me imaginé teniendo tu cuerpo contra el mío; fueron tantas que perdí la cuenta. Tenerte así, doblegada ante mí, mirándome con esos ojos de muñequita, llenos de inocencia interrumpida. Tú, haciendo lo que fuera por mí. Que me vieras como tu salvador y no como el enemigo que te atormenta. Ha sido muy interesante observarte durante todo este tiempo, mientras más te asechaba desde la oscuridad, más ganas tenía de que fueras solo mía. — Este hombre está loco…— La primera vez que te vi, caminabas sola por el campus en medio de la tarde, con los audífonos puestos y parecías estar absorta en tu mente. Luego por alguna razón te detuviste y comenzaste a hablar sola, creía que te referías a mí, pero tú parecías ni siquiera notarme. De tus ojos se escurrían lágrimas de dolor; no entendía el porqué en aquel momento. Fueron noches en donde solo podía pensar en esos hermosos ojos acuosos; me gustaron tanto que juré que las próximas lágrimas que derramaras serían teniéndote frente a mí. Y así fue… yo siempre tengo lo que quiero, cuando lo quiero. Y no ha pasado ni un solo día en el que lo único en lo que he podido pensar sea en ti, preguntándome: ¿Quién carajos es esta chica y por qué está tan loca?… Te dije que no te amaba porque no serían suficientes palabras para describir la enferma obsesión que siento por ti.
Lo veo morder ligeramente la esquina de su labio. Mi cuerpo está paralizado, sin saber qué hacer ni qué decir. Mis ojos solo lo miran a él, con ese extraño sentimiento en el estómago… Maxton… es… un enfermo, un psicópata, un acosador…
Entonces…
¿Por qué en vez de asustarme del monstruo, solo puedo mirarlo con deseo?
— Desde aquel día te busqué en todos los registros del campus, aprendí tu horario, cada uno de los lugares que frecuentabas y con quién. He estado obsesionado contigo hasta el punto de planear todo un encuentro en una cafetería, pedir un café que jamás me tomaría ni aunque me pagaran, y hacer que me lo lanzaras encima solo para poder hablar contigo. Arriesgándolo todo por cruzar solo dos palabras contigo. Me volví tu profesor en la materia que más odias para que te dieras cuenta de mi existencia. Ha sido difícil para mí, pero nada más complicado que lograr traerte aquí. Teniéndote ahora sumisa ante mí, dime que estoy loco, Alice, que soy un jodido enfermo, pero ya he arruinado mi vida por ti… y lo volvería a hacer… porque tú y yo estamos hechos el uno para el otro…
— ¿V-vas a… ¿Matarme? — hablo, atragantada, con su dedo dentro de mi boca. Envuelve su mano a mi mentón, apretándolo fuertemente.
Maxton da un paso más, pegando mi cuerpo al suyo. Saca de una vez su mano de mis labios, pero solo para agarrarme el rostro con ella. Son tan grandes que me da miedo que pueda aplastar mi cara con ellas hasta reventarla.
— Dime, Graham, sé que tú me deseas tanto como yo a ti. Amo escuchar el sonido que hace tu voz cada que dices mi nombre con desprecio, tratando de fingir indiferencia cuando es más que obvio que, si pudieras decirlo ahora mismo, sería entre gemidos.
— Yo…
—Cállate, Graham. —Su mano se estampó contra mi cara en una dura cachetada, haciendo que la piel se erice. —Míenteme; eso me gusta. Olvida tu maldita investigacion por un segundo y finge que esta todo bien. Así como yo lo he hecho desde que te conozco, aparentando cordura cuando lo único que he deseado es tenerte acostada pegada a mí con las piernas abiertas, gritando mi nombre hasta que tu cuerpo no pueda más.
— No… no puedo. —Es lo único que logró decir.
— Si puedes, ignora al mundo así como ellos te ignoraron a ti.
— No. —Estoy sumisa ante su toque. Sé que sus palabras no han sido en absoluto las más románticas y que todo entre nosotros está jodido… pero entonces, ¿por qué carajos se siente tan bien?
En el fondo… he estado esperando durante todo este tiempo que él lo dijera. Reflejando en sus sucias palabras mis oscuros deseos, igual o aún más retorcidos.
— Entonces yo seré el encargado de hacerte olvidar todo aquello que te agobia. Tal vez si menti, quizas llevo todo este tiempo haciendolo pero lo hice porque tu, Alice, eres lo unico que me importa en este maldito mundo. Y ver cómo vas deteriorándote mentalmente, poco a poco, me vuelve aún más loco de lo que ya lo estoy; yo también sufro en este proceso. Olvídalo todo, sé mía y yo seré tuyo. Dejalo todo atras, la investigacion, la universidad, cada maldita cosa que te destruye. Si quieres, yo me encargo de quemar esquina tras esquina dentro del dichoso campus, haciéndolo estallar y quemando todos tus malos recuerdos junto a él. Pero por favor… — Maxton hizo algo que jamás imaginaria. Bajo su cabeza, ante mí, me agarró de la cintura y, cuando volvió a levantarla, sus ojos estaban aguados. — Deja todo eso por mí. Esto ya no se trata de quien tiene el control, se trata de que no puedo perderte y eso es lo unico que estoy haciendo cada que te dejo seguir con esta maldita investigacion.
Cada una de las palabras que dijo quedó incrustada en mi mente. Se repiten una y otra vez. Es como escuchar a Lucifer pidiéndole perdón a Dios.
— Por favor, no me hagas correr más detrás de ti. Soy capaz de hacer lo que sea con tal de tenerte.
— ¿Qué? —frunzo el ceño aún más confundida.
Maxton se apartó de mí bruscamente. Dio pasos firmes hasta la cocina, abrió una de las gavetas y sacó un enorme cuchillo de mango negro. Mis ojos se abren atemorizados por lo que estoy viendo. Su rostro está rojo, sus ojos aún más aguados y su pecho agitado. Camino de regreso, empuñando aquel cuchillo con su fuerte agarre. Mi cuerpo solo tiembla sin saber qué hacer.
— ¡Hazlo! —Extendió el cuchillo hacia mí. Su mandíbula está completamente tensa —¡Hazlo y verás que no soy el asesino; hazlo para que así tengas las pruebas que necesitas! ¡De una maldita vez comprobarás cuánto te amo…!
— M-Maxton… — mi voz tiembla. Niego con la cabeza desesperada. — Calmate…
— ¡Si no lo haces tú, entonces lo haré yo! — agarro una de mis manos junto a la suya, envolviendo el cuchillo entre ambas. Todo mi cuerpo tiembla, resistiéndose a lo que sea que es esto.
— No… por favor. — suplique
— Era esto lo que querías; ahí está… Matame. Si lo haces y en el campus continúan los asesinatos, tendrás la conciencia igual de sucia, pero ya no tendrás a quién carajos culpar.
— N-no puedo… — mi respiración está demasiado agitada como para permitir que el aire circule bien en mis pulmones. — ¡¿Q-qué haces, Maxton?!
Nunca imaginé ser yo quien tratara de calmar a Maxton. Solto mi mano, pero el cuchillo aún sigue en la suya. Elevo la otra hacia adelante, asegurándome de que yo lo observara. El aire dejó de circular; todo mi mundo se detuvo. Enterro lentamente la punta en su piel sin siquiera parpadear. Deslizaba el cuchillo por toda la palma de su mano, la sangre rápidamente comenzó a brotar, dejando caer unas gotas sobre el blanco suelo de mármol. Es tedioso ver con cuánta calma lo hacía.
— ¡PARA! ¡NO! — avancé sobre él tratando de quitarle el cuchillo de las manos.
—¿Quieres hacerlo tú? —Volvió a ofrecerme el cuchillo, ahora bañado en ese líquido carmesí.
Mi cabeza volvió a palpitar dolorosamente al ver tanta sangre brotando de su mano.
—¿Quieres que me detenga Alice? —insinúo— ¿Te duele la cabeza?
Asentí rápidamente, respirando con fuerza. ¿Cómo sabe que…?
— Entonces, besame y soltaré el cuchillo. —Sonrió cínicamente
— ¡E-eres un maldito psicopata! — me avalance sobre el pegando mi cuerpo al suyo, volviendo a sentir ese calor que me encanta y envuelve hasta hacerme perder la poca cordura que me queda.
— Ves que no era tan difícil. —Escuché el estruendo que resonó por todo el lugar al soltar el cuchillo y dejarlo caer al suelo. — Besame, quiero que lo hagas.
— Yo… — dude a centímetros de sus labios.
— Haz que este “asesino”sea feliz antes de morir… aunque sea otra mentira… solo hazlo.
Pegué mis labios a los suyos sin pensarlo un segundo más. Cerré los ojos, seducida por su aroma corporal mezclado con el olor a sangre fresca. Él bajó su mano hasta mi trasero, pegándome más a su enorme y ardiente cuerpo. Nuestras lenguas se entrelazaban. No solo sentía mariposas en el estómago, sino también una extraña sensación de placer… no por el beso… sino por el olor que su sangre desprendía.
— Quiero sentir, quiero probar… quiero hacerte completamente mía. Pero primero tienes que corromperte tú misma, antes de que yo coloque mis sucias manos sobre ti…