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Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 10

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10: Capítulo IX 10: Capítulo IX I Victor vio la luz.

Algo dentro de él lo hizo reaccionar, y empujó hacia Romina detrás de la cubierta de un árbol.

Richard vio las estrellas, y observando la luz lo entendió.

Levantó su pistola y disparó a una de las plumas.

La pluma se movió, y un rayo se movió a través de la noche, pasando por el metal.

Victor observó como la electricidad se meció en el viento.

Una chispa lo alcanzó.

Una fuerza devastadora tocó con una suavidad ajena su ojo.

Por unos momentos se echó hacia atrás, y cuando se dio cuenta había perdido el equilibrio.

“¿Por qué no veo bien?

¿Me cerró el párpado?” Se preguntó a sí mismo, mientras caía.

Pronto, un dolor súbito vino.

Se arrastró ardiente y atroz.

No pudo evitarlo, y gritó, llevándose la mano al rostro.

Le había quemado el ojo con el golpe eléctrico.

Richard no pudo evitar que lo golpeara, pero sí pudo evitar que fuera mortal.

El rostro de Victor tenía una marca de quemadura.

Richard sentía como se revolvía su estómago y gritó.

Levantó su arma, dejándose llevar y disparó.

El Covragón emprendió el vuelo, metiéndose entre las hojas.

No podía evitarlo.

Lo invadió una sensación que se esparció desde su estómago, y subió como un calambre que se metía en sus nervios hasta casi hacerlo sentir entumecido.

Aun así, seguía.

Sus ojos todavía se movían.

Sus manos todavía se movían.

Estaba apuntándole, pero no lograba acertar.

El Covragón bajó del cielo en picada, sobre él.

Lo vio venir, y una parte de él no se movió.

Disparó, clavándole un proyectil en un ojo al Covragón, aun así, la bestia no se detuvo.

“Richard.

Un hombre sereno como tú jamás pierde la compostura ante el peligro.” Escuchó, en su mente.

Las palabras de Helena resonaron en su pecho.

Fue entonces que despertó de su trance, y se dio cuenta que había caído en desgracia.

“Tienes razón.” Musitó, suspirando.

Botó todo el aire de sus pulmones, y se lanzó hacia un costado.

El Covragón golpeó una de sus piernas, e hizo una herida profunda con las garras.

La bestia, se posó frente a él.

Su pico metálico relucía en la oscuridad.

Richard cayó al piso, herido.

Levantó su arma, miró a la bestia y le apuntó.

“Me encargaré de que no te olvides nunca de lo que significa enfrentarse a un Cazador, pájaro de mierda.” Comentó, sonriendo.

Su vista estaba nublada, y no apuntaba bien por el dolor.

Sabía que no lo mataría, pero al menos, dejaría la oportunidad para que, herido, no pudiera seguir a Romina y Victor.

Richard entonces, miró la sangre en el piso, viendo su hemorragia.

Levantó la mano, apenas podía sostener el arma.

Perdía fuerza a toda velocidad, y pronto se escuchó un disparo.

II Un disparo resonó, y rompió la noche de inmediato.

Helena miraba fijo al Covragón apuntándole con el rifle.

Sus ojos observaban a su presa, devolviéndole la mirada al abismo.

El Covragón emprendió el vuelo, retrocediendo ante el sonido.

Helena lo vio alzarse, y no quitó su vista de él.

Movió el cañón con una precisión casi quirúrgica y disparó otra vez.

El sonido resonó en cada rincón del bosque y el proyectil viajó hacia la bestia pero esta se ocultó entre las ramas.

Graznó, y el sonido hizo estremecer a Helena por dentro.

Aun así, por fuera, no hizo ni una sola mueca.

Se levantó desde la posición que estaba, y comenzó a correr en esa dirección.

“AICA, Covragón Anómalo.

Criatura capaz de usar electricidad y pensar en estrategias complejas, usando el entorno a su favor.” Unos pocos segundos después, la voz de su traje resonó.

“Escaneo terminado.

Activando modalidad de combate en terreno complejo.

Botas de propulsión activas.

AICA reforzando traje.

Mira asistida activada, desvío compensatorio del arma.” Helena saltó, y al pisar la corteza de un árbol se impulsó hacia lo alto.

Volvió a pisar, y se impulsó de nuevo.

Subió hasta la zona alta.

“Activando modo de visión térmica.” Resonó de AICA.

Frente a los ojos de Helena se desplegó un visor y miró a su alrededor.

Vio al Covragón moviéndose.

Se posó sobre una rama, se apoyó y lo vio.

Disparó, y la bala impactó algo, desviándose.

“Bastardo inteligente.

Tengo que terminar esto rápido.

” Susurró Helena.

“AICA, camuflaje óptico.” “Camuflaje óptico activado.” Helena caminó entre las hojas, y pronto desapareció.

Se sintieron los movimientos entre las ramas, y el Covragón entonces las rompió con sus garras.

Luego, escuchó con atención usando su graznido, y se movió hacia ángulos con cobertura.

Helena se cubrió detrás de un árbol.

“El bastardo tiene ecolocalización.

Puede verme aunque sea invisible a sus ojos.

Además, entiende como funcionan las armas de fuego y usa coberturas.” Helena cambió la munición de su arma, se descubrió.

“AICA, sonar.” Unos segundos después, frente a Helena con realidad aumentada se mostró al Covragón en su cobertura.

Helena apuntó a la corteza del árbol.

“Así que entiendes como funcionan las armas de fuego.

Bueno, estoy seguro que esto nunca lo has visto.” Susurró, disparando.

El disparo atravesó la corteza del árbol, y perforó el cuerpo del Covragón también.

Un disparo en extremo perforante.

La sangre cayó, y vio como la sangre tenía un color metálico con un opaco reluciente.

El Covragón chilló, y Helena preparó el siguiente disparo.

La bestia emprendió el vuelo, y se elevó más allá de las hojas, huyendo por la altura.

Helena bajó de los árboles, hubiera preferido seguirlo y acabar con él, pero eso implicaría dejar morir a Richard.

Al bajar, se acercó y notó su herida.

Estaba perdiendo mucha sangre.

Usó un vendaje de cazador.

Este se adhirió a la herida y la selló, evitando que la hemorragia continuara.

Richard la miró, apenas manteniendo la consciencia.

“Ve a los demás…” Le susurró, quedando inconsciente.

Helena corrió a ver a Victor.

Él estaba en el suelo.

Usó un unguento para la quemadura, pero solo era temporal, debía llevarlos a un hospital.

Romina estaba paralizada por lo ocurrido.

Helena se acercó a ella.

“Está bien, ya pasó.

La bestia se fue.”  Romina levantó la vista, con los ojos llenos de lágrimas y no pudo evitar abrazar a Helena.

Ella, la abrazó de vuelta.

Miró hacia un lado, viendo lo que quedaba de Geto.

Cerró los ojos.

“No llegué a tiempo.” Se dijo a sí misma, con un tono melancólico.

III Victor despertó.

Estaba en la cama de un hospital.

Frente a él estaba sentada Romina.

Parecía que no había dormido, y tenía los ojos rojos.

Sus mejillas tenían quemaduras, de lagrimas dedujo él.

“¿Qué pasó?” Sonó aturdido.

“La Taroth La Emperatriz nos salvó…

pero, Geto…” Victor se sentó, y se acurrucó con sus piernas.

“No puedo creerlo…” “El estúpido…” Las lágrimas comenzaban a brotar de rostro de Romina otra vez.

“De verdad pasó…” Victor se llevó la mano al rostro.

Notó el parche.

“¿Qué pasó con mi ojo?” “Los doctores dicen que lo perdiste.

Se calcinó al contacto con la electricidad.

De hecho, fue una suerte que no te llegara el impacto de lleno, sino te habría matado también.” Susurró Romina.

“El profesor desvió el rayo cuando disparó a sus plumas…

¿Cómo está el profesor?” Su voz sonaba aterrada.

“Está bien, pero la herida fue muy profunda.

Tuvieron que volver a pegarle la pierna.” Victor se levantó, cuando Helena entró a la habitación.

“Despertaste.

Muy bien pequeño Cazador.

Necesito hablar con ambos.” Romina miró con su rostro lleno de lágrimas a Helena.

“¿Qué pasó?” “Supongo que ya saben que ese Covragón era un animal mutado.

Lo que hablemos debe quedar entre nosotros, y no deben compartirle a nadie la información de lo que saben o lo que vieron.

Lo llamamos Alaluz, el Archidemonio de las Estrellas.

No pude matarlo, pero apenas pueda iré a cazarlo y acabaré con él.” “Quiero acompañarte.” Contestó Victor.

Su mirada se clavó en los ojos de Helena.

Ella sintió sus emociones por dentro.

“No.

Aún eres un aprendiz.

Además, no se caza a una bestia con rabia o venganza.

Eso solo te nubla el juicio.

Ya vieron a su profesor.

Tuvieron que volver a pegarle la pierna porque no tuvo autocontrol.” “¿Cómo lo iba a tener cuando vio morir a Geto y no pudo hacer nada?” Cuestionó Romina.

Helena la observó con atención, y puso la mano sobre la cabeza de ella.

“Es cierto.

Pero mantener la compostura evita que un animal te ampute la pierna.

Las garras de Alaluz atravesaron carne y hueso.

Casi lo mata de la hemorragia.

No solo fue irresponsable por haber perdido la calma, sino también porque todavía tenía que protegerlos a ustedes dos.” “No quiero ser protegida.

Quiero poder protegerme a mí misma.” “No puedes, niña.

Aún eres una Aprendiz de Cazador.

Alaluz había matado a dos cazadores antes que ustedes fueran, y también a un Le’Haviazar.

Esa cosa es muy peligrosa, y muy inteligente.

La táctica que usé la última vez no volverá a funcionar.” “Yo quiero darle caza.

Señorita Helena, usted es la mejor cazadora del mundo ¿No puede enseñarme?

¿Dejar que la acompañe?” La voz de Victor permanecía firme.

“Ugh.

No me gusta tratar con niños.

Vuélvete al menos un Cazador y lo pensaré.

Por cierto, te pondrán una prótesis, puede serte útil porque usas Den.

Podrías utilizarlo como aumento para los trajes AICA y combinarlo con la Realidad Aumentada y los injertos de nanocomputadoras biológicas.

Será útil para análisis de datos y escaneos.

Por otra parte, todos los cazadores tienen cicatrices, la tuya será más visible solamente.” “¿Dónde tiene sus cicatrices, señorita Helena?” Preguntó, intentando secarse las lágrimas.

Helena se quitó el abrigo que llevaba, y dejó al descubierto su brazo izquierdo.

Tenía una enorme cicatriz casi desde el hombro hasta el codo.

“Esa herida me la hice cazando a un Docruma.

Casi me mata el bastardo.

Fue de mis primeras cacerías en solitario.

Al menos no fue una experiencia tan traumática como la del Taroth el Juez.” “¿El Juez?” Preguntó Victor.

“¿El que mató al Rudrask con sus manos desnudas?” “Sí, le partió la mandíbula solo con las manos.

Podría ser de los Cazadores más fuertes solo por fuerza bruta.

La gente lo ve como un héroe mitológico por esa proeza, pero cuando he hablado con él sobre ello, él lo ve más como un trauma que como un recuerdo de gloria.” “¿Todos los Cazadores pasan por esto?” “Así es, niño.

Un Cazador debe aprender a lidiar con el miedo y el trauma.

La naturaleza no tiene moral como nosotros.

En ella no existe el bien, el mal o la empatía.

Esas solo son concepciones humanas, nunca lo olviden.” Helena se levantó y caminó hacia la puerta.

“Como sea, descansen por ahora.

Tarde o temprano tendrían que pasar por algo así, me apena que fuera antes de lo esperado.” Comentó, saliendo de la habitación.

Romina observó a Victor.

Ambos se quedaron en silencio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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