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Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 9

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9: Capítulo VIII 9: Capítulo VIII “La mayor victoria de mi vida ha sido romper el ciclo de abuso en el que mi familia me sumergió.

Ellos me hundieron tan profundo que dejé de ver la luz.

Tan profundo que dejé de ver la esperanza.

Caí, tan abajo que nunca creí que podría regresar.

Pronto, me di cuenta que no solo había tocado fondo…

estaba cavando para llegar más abajo todavía.

No se trataba de que solo quedaba subir, se trataba de que, cuando tocas fondo, aún puedes cavar para hundirte más.” Geto I Helena llegóhasta el vehículo de Richard.

Se bajó, con su respiración agitada y tomó las trampas y armas de su VAD.

Su Rifle de Caza estaba preparado.

Al poner el primer pie tras el árbol que estaba frente a ella, lo notó.

La tensión en el aire, el silencio abrumador.

Parecía que había entrado hacia una cúpula.

Su corazón se aceleró, su pecho se apretó.

Suspiró, soltando el aire y comenzó a correr.

Sentía la sensación detrás.

No había animales, no había nada más que silencio.

Notaba las huellas en el piso, y las siguió por instinto, preparándose para lo que venía.

“El Material Extraordinario es peligroso.

No sabemos los efectos adversos que puede provocar en las formas de vida.

No sé quien ni como lo sintetizaron.

Debo estar preparada para cualquier cosa.” Miró a su alrededor, analizando el lugar.

Lo escaneó mientras corría.

Notaba tantos detalles como le era posible de las ramas, el suelo y el aire.

Había algo más.

“Este lugar me hace acordara al Bosque de Agamoth, y el escape del Proyecto Simbiosis Gémnis.

Tengo la sensación de que encontraré algo tan aterrador como ese monstruo en este bosque…” Susurró para sí misma, aferrando sus dedos a su arma.

II El Covragón usó sus enormes garras de ave rapaz e intentó agarrar a Richard.

Él esquivó deslizándose por el suelo.

Las garras golpearon la madera del árbol y lo cortaron profundo.

Richard observó esto con atención, y dirigió su mirada hacia la bestia.

“Su fuerza es descomunal.

Si esas garras me toman me partirá como ese árbol.” Pensó para sí mismo.

La bestia miró a sus estudiantes.

Victor aprovechó este momento y levantó la pistola y disparó.

El Covragón recibió el impacto eléctrico de la pistola aturdidora.

Retrocedió, pero las plumas recepcionaron la carga.

El Covragón se posó en la rama de un árbol y extendió sus alas mirando a Richard.

Sus alas se movían de forma frenética.

Sus músculos se contraían y dilataban, mostrando su amenaza a Richard quien no se dejó amedrentar.

El Covragón graznó, y el sonido le helaba los huesos.

Romina se ocultó detrás de un árbol.

Apretó su báculo entre los dedos e intentó calmar sus nervios.

Miró en todas direcciones.

“El profesor no puede pelear solo.

Tengo que ayudarlo.” Tomó algunas piedras del suelo.

Victor cargaba a parte de la espada, la pistola que el profesor le había recomendado.

No tenía mucho más.

“Debí haber hecho caso.

Haber tomado herramientas y trampas para estar mejor preparado.

Mierda.” Pensó, ocultándose detrás de otro árbol.

Tomó posición mirando desde la lejanía y levantó su arma.

Era también una pistola de choque.

Su corazón casi parecía que iba a escapar por la boca.

“Tranquilo.

Esto iba a pasar tarde o temprano.

No estamos solos…” Geto, por su parte, avanzó un poco más.

Pisó firme y volteó.

Miró al Covragón y levantó su rifle.

Tenía algunos proyectiles sedantes.

Pensó que podrían ser útiles.

Se apoyó intentando mejorar su precisión.

“Vamos Geto.

Si queremos regresar con vida no podemos dejar solo al profesor Richard.

Concéntrate Geto, concéntrate.” Pensó.

Richard sacó de su bolsillo una red trampa comprimida.

Comenzó a correr alrededor de la rama donde se posaba el Covragón para que lo siguiera con la vista.

La bestia se dobló, y comenzó a levantar su cuerpo.

Aprovechó ese momento.

Vio como empezaba a cambiar de postura y lanzó la red.

Esta se abrió mientras viajaba en el aire.

El Covragón entonces se cubrió con el ala y la golpeó en pleno vuelo, quitándosela de encima.

Richard sonrió, y apresuró el cuchillo.

El Covragón no lo vio, pero alcanzó a moverse, sin embargo, el cuchillo pasó al lado de su cabeza, cortándolo un poco.

“Mierda, pensé que podría engañarlo.” Susurró.

Levantó su arma y volvió a disparar.

El proyectil golpeó el cuerpo del Covragón y descargó electricidad.

La bestia chilló y ese sonido hacía que quisieran taparse los oídos.

Richard aguantó la sensación pero los demás no pudieron evitarlo, desconcentrándose.

La criatura miró, con esos ojos inyectados en rabia.

Giró la cabeza, abriendo el pico y reposicionándose.

Se veía cada vez más enérgico.

“Las descargas no parecen afectarlo para paralizarlo, pero algo está mal…” Notaba Richard, observando sus plumas blancas y las metálicas.

“¿Por qué?” Geto se recompuso, y apuntó otra vez con su rifle intentando mantener su fuerza de voluntad.

Apretó los dientes y disparó.

El Covragón se elevó, esquivando el disparo.

Richard entonces intentó apuntar a la cabeza esta vez, notando que lo ignoraba.

La criatura voló entre los árboles acercándose rápido a Geto, abriendo las garras.

Richard lo vio y comenzó a correr en esa dirección.

“¡No dejen que los agarre!” Gritó, eufórico.

Romina se subió a un árbol, y desde esa altura se lanzó contra el Covragón.

Usó su bastón, empleando toda su fuerza y rotando el torso para intentar darle más energía y lo golpeó en el cuerpo.

La bestia perdió altura, y la golpeó con el ala lanzándola al piso.

Victor notó esto, y dejó de apuntar corriendo hacia ella.

Se lanzó, y la atraparó en el aire, cayendo ambos al piso.

“¿Estás bien?” “Sí, pero hay que ayudar a Geto.” Comentó Romina, intentando ponerse de pie.

Richard corría a toda velocidad, y Geto se paralizó.

Vio los ojos del Covragón frente a él, acercándose.

Su espalda comenzó a sudar, no se movía.

“¡Geto!” Gritó Romina, por unos momentos, su mente asimiló la voz a la de Marisol.

Geto apretó su rifle, estaba demasiado encima y no podría esquivarlo.

No tenía más opción y lo usó para golpear al Covragón de frente.

El cuerpo de la bestia impactó el largo cañón del rifle, y aunque usó la bes para aumentar su fuerza, sus brazos cedieron, retrocediendo.

Su cuerpo fue empujado, doblándose.

Geto cayó al piso, y el Azilf se elevó sobre él.

Miró hacia arriba, no podía mover los brazos.

“Mierda, es como si me hubiera arroyado un camión.” Pensó, mirando a la bestia bajar.

Su mente se nublaba, y observó sus brazos.

No solo no se movían, sino que casi parecían invertidos.

Sus dedos estaban fuera de lugar, y sus codos al revés.

Intentó levantarse, su cabeza daba vueltas.

“No…

no puedo…

Marisol…

me está esperando…” Richard corría, y sintió su corazón casi detenerse mirando la escena.

Estaba demasiado lejos, era demasiado lento.

“¿Por qué no tengo bestialidad para correr más rápido?

¿Por qué por más que corro parece que no avanzo?

¿Por qué?

¡¿Por qué?!” Richard sintió como el tiempo parecía relentizarse frente a él.

El Covragón agarró a Geto, y lo levantó por el aire, entre las ramas de los árboles, cubriéndolo entre las hojas.

De allí, Victor y Romina vieron una lluvia que se desprendía, cayendo desde las hojas hacia el suelo, manchando todo de rojo.

Romina se llevó la mano a la boca, aterrorizada.

Victor quedó paralizado, mirando como caían pedazos de carne desde el aire.

Su rostro no hizo ni un solo gesto, sus ojos permanecían completamente abiertos y sin pestañear.

Pronto, de la lluvia roja comenzó a volverse todo a blanco y negro.

Richard pensó que su vista se había cegado por la frustración.

Apretó sus dedos, y sus dientes mordiéndose el labio hasta sangrar.

Romina notó como todo a su alrededor se oscurecía.

Una suave tela nocturna caía tras la lluvia escarlata que manchó su mente, y rajó su interior sin saberlo.

Richard soltó el aire, y quiso gritar pero nada salía de su interior.

Dejó de correr mientras todo se oscurecía.

Sus piernas, pronto se detuvieron, y casi parecía que su corazón y mente también.

Vio los restos triturados en el suelo.

Vio los pedazos de carne.

Vio la masa sanguinolienta que alguna vez fue Geto.

Había visto a muchos Cazadores morir en las escuadras, sobre todo primerizos.

La primera misión siempre era difícil pero esta vez no era ni siquiera su primera misión.

“Tan…

antes…” Susurró Richard, sintiendo como su pecho se aplastaba, y detrás de ese aplastamiento notó las sombras que venían.

Victor entonces miró hacia el cielo, sin pestañear.

Vio la noche, y detrás de ella las estrellas.

Las estrellas brillaban con radiante malicia, y un depravada mirada del vacío se veía detrás.

Unos ojos aterradores los observaban en la noche más negra, aunque estuviera llena de estrellas.

Fue cuando una estrella brillante se mostró.

Un sol ardiente blanco y poderoso que acompañaba a los ojos del abismo.

Victor estaba viendo el infinito ante él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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